Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a sus OC (Evolet y Cedric).

Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).

Género: General. Tiene un poco de todo.

Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.


18

Noche de eclipse


Hao Asakura

Sabía que esa visión que tuvo Yoh no sería fácil de olvidar. Fue… espeluznante. Había podido adentrarme en los pensamientos de mi gemelo con la ayuda de mi Reishi, y pude observar esas horribles imágenes por mí mismo. A pesar de que sentía un gran pavor, hacía todo lo posible para no demostrarlo. Yoh ya estaba bastante agitado con la situación, no quería que se preocupara por mí. Así que opté por hacerme el fuerte, pues finalmente uno de los dos tenía que serlo.

Ese día me reuní con mis dos mejores amigos para pasar la tarde. Estuve un buen rato intentando persuadirlos para que llegaran de visita a la casa. Estaba seguro de que les caerían muy bien a todos, pues Redseb y Nichrom eran muy divertidos, inclusive cuando no se lo proponían. Solían decir o hacer tantas cosas que al final alegraban a quien sea que tuvieran cerca. Finalmente lo logré. Los llevé hasta la residencia y les presenté a casi todos. Únicamente Kaoru, Anna y Evolet no se encontraban en la casa, y pensé que habrían salido juntas. Todos se mostraron muy amables… Incluso Keiko los trató cordialmente, cosa que me alivió. No sabía si estaba enterada de que ellos también solían decir palabras soeces normalmente. Tenía la ligera sospecha de que no le agradaría saberlo.

A pesar de que nos encontrábamos en la sala común, me parecía extraño que nadie se asomara siquiera. A lo mejor y querían darnos un poco de privacidad.

—Relájense —me reí al ver sus caras de incomodidad—. Ya les dije que pueden sentirse como en su casa.

—Bueno, si lo dices de esa forma… —Red se acomodó sobre el mueble e hizo ademán de colocar sus pies sobre la mesa de cristal que se encontraba frente al sofá. Lo miré como si estuviera loco. Mi amigo se partió de la risa, mientras volvía a sentarse correctamente—. Tranquilo, sólo estaba bromeando.

—¿Cuándo dejarás de hacer tantas pendejadas? Espera, eso ya es defecto de fábrica —me burlé. Nichrom se echó a reír por lo bajo—. Deberías comportarte como alguien de tu edad. Sigue mi ejemplo, yo no actúo como si fuera un niñito.

—¿Tú? ¿Un ejemplo a seguir? —soltó una risotada ante mis palabras—. Vamos, sabemos que tú eres el más infantil de los tres. Sólo mírate. Apuesto a que aún tienes esa tonta obsesión por los chocolates.

—N-no sé de qué estás hablando —aparté la mirada hacia cualquier otro punto de la habitación, sintiéndome ligeramente avergonzado.

No pensé que recordarían mi pequeña obsesión.

—Red tiene razón —coincidió Nichrom—. Es más, nunca la dejarás.

—¡Puedo dejarla cuando yo quiera! —exclamé, divertido.

Esos estúpidos estaban retándome. Obviamente aceptaría, no iba a quedar como un debilucho que no pudo con algo tan simple como abandonar a sus bebés por un tiempo. Sin embargo, mi sonrisa se esfumó al ver el semblante burlón de ambos. Algo tramaban.

—¿En serio? Pues qué lástima —expresó Nichrom, fingiendo tristeza. Rebuscó algo en la mochila que cargaba. Cuando lo encontró, su sonrisa se ensanchó. Podría jurar que vi un brillo de victoria en sus ojos verdes—. Te traje un pequeño regalito.

Era un idiota, de eso no tenía ni la menor duda. Tragué duro al ver que me tendía una tableta de chocolate. No quería quedar como un mentiroso. Deseaba ganar esa apuesta, pero esos tontos me lo estaban poniendo difícil. No necesité usar mi Reishi para saber lo que pensaban. Estaban seguros de que no lo resistiría.

—Lo vi en una chocolatería muy famosa en Canadá, e inmediatamente pensé que te encantaría —comentó Nichrom con sorna. Sentí que mi nerviosismo iba en aumento—. Recibió un premio por ser el MEJOR chocolate del mundo. ¿Vas a dejar pasar una oportunidad así?

Mi detestable amigo empezó a mover la tableta de una forma tentadora. Apreté los puños, deseando no dejarme vencer por mi adicción. Lograr eso no era tan fácil, especialmente cuando tenía semejante tentación frente a mí. Fruncí los labios, maldiciendo en mi interior el instante en que había aceptado ese desafío.

Tres, dos, uno

—¡DAME ESA MIERDA! —le grité, arrebatándole el chocolate.

Sentí que me ruborizaba, al tiempo en que mis dos amigos se carcajeaban por ese momento de debilidad. Me deshice del empaque con rapidez, para llevar aquel manjar a mi boca. En un santiamén, ese delicioso sabor me invadió completamente. No obstante, no contaba con que el placentero sabor del cacao mezclado con uva y cereza se convertiría en algo más nauseabundo. Corrí hasta el baño para expulsar dicho alimento de mi organismo.

Luego de un rato, regresé a la sala de estar. Mis amigos me veían con gran preocupación, tal vez desde que salí disparado hacia el sanitario. Traté de mentirles, diciéndoles que me encontraba mejor. Intenté ocultar una mueca de malestar, aunque me resultaba algo difícil. En ese instante, había olvidado que ahora sólo podía beber sangre, pero por lo menos ya estaba consciente de las consecuencias que tendría si volvía a ingerir algún otro tipo de alimento.

Ambos intentaron distraerme con otros temas, y pronto volvimos a sumergirnos en una plática donde no faltaron un par de bromas, típicas entre nosotros. Estaba tan distraído que no noté que tocaron el timbre de la casa. Quizás eran las chicas, que seguramente habían ido a una "sesión de compras". Noté que Yoh atravesó la sala, dispuesto a ver quién llamaba a la puerta. Desde donde estaba sentado podía ver perfectamente la cara de mi gemelo. Frunció levemente el ceño, como si estuviera confundido. Sin embargo, por alguna extraña razón no alcancé a oír lo que charlaba con la persona que acababa de llegar… ya que, obviamente, no eran las chicas.

—Hao… —despegó la vista de la entrada para verme, algo extrañado—. Tienes visitas.

Fue mi turno de estar confundido. ¿Quién vendría a verme?

Yoh se movió para dar paso a tres chicas que nunca había visto en mi vida. Supuse que también eran participantes del torneo, dado que traían consigo sus oráculos virtuales. Parecían tener nuestra edad, o eso pensé. La más alta de ellas tenía un largo cabello azul y ojos del mismo color. Estaba… muy destapada, por lo que intenté no mirarla demasiado. Las otras dos tenían casi la misma estatura, eran mucho más bajitas. Una era rubia y de ojos verdes, quien traía un vestido negro, y la otra de cabellos naranjas y ojos morados. Esta última me recordaba a mi hermanita. ¿Por qué? Al parecer también tenía una fascinación por el Halloween, ya que llevaba consigo una escoba de brujas y algunos accesorios de calaveras. No supe si asustarme o qué, porque tenía tres pares de ojos que me veían como si fuera alguna especie de divinidad.

—¡Hao-sama! —exclamó la de cabello naranja, dando pequeños saltitos—. No puedo creer que luego de tanto tiempo pudimos dar con usted.

¿…Hao-sama?

Volteé a ver a mis amigos para verificar que no fuera un sueño, y efectivamente no lo era. Ellos tenían la misma expresión de desconcierto que yo. Al menos, no estaban burlándose del ridículo apodo que me habían puesto.

—Oh, disculpe nuestros modales. Ni siquiera nos hemos presentado, mi nombre es Kanna Bismarch —me sonrió la chica de cabellera azulada—, y estas son mis amigas: Matilda Matisse y Marion Phauna.

—Puede llamarme Mari, si gusta —habló la rubia por lo bajo, abrazando contra sí el extraño muñeco que cargaba.

Noté que Redseb se removió un poco incómodo en su lugar. Bajó la mirada hacia sus pies, como si fueran lo más interesante, y sus mejillas se ruborizaron. No lo podía creer… Bueno, nadie dijo que no existía el famoso primer flechazo. Le había pasado a mi hermano con su prometida, después de todo.

—Y a mi puede llamarme Mati. También estamos participando en el Torneo de Shamanes. Somos el equipo Hana-Gumi —nos relató con gran emoción—. Esperamos poder clasificar a la etapa final del torneo, para que alguna de nosotras se convierta en la primera Shaman Queen.

Me llamó la atención que su equipo también tuviera la terminación "-Gumi" en el nombre. ¿Coincidencia? Lo dudaba mucho.

—…Eso es genial. Es un placer, creo —comenté, sin saber qué más decir.

Me incomodaba un poco el hecho de que se hubieran presentado en la casa como si nada.

—¡Teníamos ganas de conocerlo! —soltó Mati, sin poder contenerse. Se puso frente a mí, tomándome de las manos. Miré a los chicos sin saber qué hacer. Mi gemelo y amigos se habían quedado mudos de la impresión—. Hemos visto cada una de sus peleas y todas han sido espectaculares. ¿Le molestaría que nos tomáramos una foto?

—Eh…

—¿Tienes un club de fans, Hao? —intervino Redseb, sonriendo de lado.

Debía intuir lo mucho que me incomodaba dicha situación. Cuando me mudé a Tokio, noté que llamaba la atención de muchas jovencitas, pero ninguna se había atrevido a acercárseme para entablar una conversación.

—…Supongo que no hay problema.

—¡Muchas gracias!

Las tres se acomodaron a mi lado, mientras la más alta nos tomaba una selfie. Ni siquiera pude sonreír cómodamente, pues no me sentía así. Incluso mis amigos y hermano sentían que sobraban ahí.

—Esperamos ver su primera pelea individual muy pronto —manifestó Kanna—. Además, admito que es mucho más guapo de cerca.

¡¿Qué?!

Las tres se aproximaron de una manera extraña. Comencé a ponerme nervioso. Nunca me había gustado que invadieran mi espacio personal. Sentí que Marion colocó una de sus manos en mi pierna, impidiendo que pudiera levantarme. Por otro lado, Kanna me había tomado del mentón y estaba muy cerca de mi rostro. Maldición, no sé qué hacer…, pensaba para mis adentros. Esa era la verdad, jamás me había visto envuelto en una situación como esa.

—Mari piensa que Hao-sama es muy lindo.

Cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde. No supe en qué momento ocurrió, pero de repente tenía los enormes pechos de Kanna frente a mí. Me sonrojé como nunca antes lo había hecho. Las chicas rieron muy divertidas, mientras seguían en lo suyo.

Un carraspeo hizo que nos sobresaltáramos. Me puse pálido al ver que Anna y Kaoru entraban a la casa, y nos miraban con sorpresa… y algo de nerviosismo. No, no, no, no… por favor, pensé con terror al notar a Evolet parada detrás de ellas. También contemplaba la escena algo desorientada. De pronto, cambió su expresión a una de asco, y finalmente se puso muy seria. Las chicas habían dejado de tener sus "atenciones" conmigo, pero no se habían apartado.

—¿Qué sucede aquí? —inquirió una confundida Kaoru.

Me levanté de golpe, sorprendiendo a nuestras invitadas. Fue como si la voz de Kaos me trajera a la realidad. De pronto, tuve miedo.

—Este… yo…

—Kaos, ¿podrías dejar estas bolsas en mi cuarto, por favor? —Evolet pareció ignorar lo que intentaba decir, dirigiéndose a mi hermana. Luego, volteó a ver a su mejor amiga—. Acabo de recordar que el abuelo me había encargado algo. Volveré más tarde, ¿sí?

Anna pareció confundirse por lo que decía, pero luego asintió.

De pronto, me sentí mal al ver esa expresión de decepción en sus ojos; me había acostumbrado a verla tan radiante todo el tiempo. En cierta forma, me recordaba a esa vez que había hecho la apuesta con los chicos, de cambiar mi actitud por una semana. No obstante, esta vez era distinto. Pensé que estaba envuelto en otro grandísimo malentendido.

—¡Espera! No te vayas. Puedo explicarlo… —intenté detenerla, al ver que hizo ademán de retirarse.

Sentí que el nerviosismo se apoderaba lentamente de mí. Ella me miró como si no comprendiera mi actitud.

—No entiendo por qué deberías darme explicaciones a mí. Está clarísimo que estabas pasando un buen rato y no sería justo que interrumpiera tu momento. Además… que yo recuerde no somos nada en particular, así que despreocúpate. Sé buen anfitrión y atiende a tus amiguitas.

Si algo había aprendido al convivir con mi madre y hermana, era que las mujeres nunca usaban la palabra "amiguita" en el buen sentido. Estaba celosa. Terminó por salir de la casa, azotando la puerta. En cuanto a mí, lo sentí como una tremenda cachetada. Estaba dándole la espalda a los demás, pero supuse que todos debían tener la misma expresión en sus rostros. Sin embargo, Anna fue la única en reaccionar.

—¡¿Qué demonios significa esto, Hao?! —me reclamó la rubia.

Al igual que Evolet, también lo estaba malinterpretando.

—Anna, esto no es…

—L-lo sentimos. No sabíamos que tenías novia.

Mati debía estar muy nerviosa como para haberme tuteado. El aura maligna que rodeaba a mi cuñadita debía aterrarla mucho.

—S-sí. Sentimos mucha admiración por ti, pero de haber sabido que estabas con alguien, no habríamos actuado de esa forma —trató de explicarse Kanna.

—No fue nuestra intención —susurró Marion, conteniendo un mohín.

—Luego se disculparán o lo que sea —las cortó la itako, fulminándolas con la mirada—. ¡Ahora lárguense de aquí!

Las chicas obedecieron a la sacerdotisa y corrieron despavoridas, disculpándose atropelladamente en el proceso. Kaoru estaba dudando en subir a cumplir con el pedido de Evolet o quedarse por si Anna intentaba matarme. La rubia se quitó el rosario que colgaba de su cuello y golpeó la pared con él, provocando que todos nos encogiéramos en nuestros lugares.

—Anna, deja que Hao te explique lo que pasó. No malentiendas las cosas, por favor —le rogó Yoh, mirándola a los ojos.

La Kyoyama se relajó un poco cuando mi hermano tomó su mano. Soltó un leve suspiro, correspondiendo a esa suave caricia.

—Tienes un minuto, Hao. De lo contrario, yo misma te enviaré al infierno. ¡Habla!

No sabía a ciencia cierta si me había dado a entender, pues había narrado todo con una velocidad sorprendente. Anna me miraba fríamente, parecía como si estuviera debatiéndose entre creerme o no. Esperaba que pudiera confiar en mí; no quería ser asesinado lenta y dolorosamente ese día.

—Ni siquiera sé cómo rayos supieron dónde vivía. Sólo se aparecieron aquí de un momento a otro. Tienes que creerme.

Anna arqueó una ceja, pero se mantuvo impasible.

—Es la verdad. Nosotros también estábamos aquí y lo presenciamos todo.

Nichrom trató de defenderme. Frunció los labios con nerviosismo al ver que mi cuñada lo miraba seriamente.

—¿Por qué habría de confiar en ustedes? Son unos desconocidos.

—¡Somos sus mejores amigos! —dictó Redseb, un poco molesto. Se arrepintió cuando notó que la furia volvía a reflejarse en los orbes de Anna—. Eh… Nunca mentiríamos con algo tan delicado como lo que acaba de pasar.

—Annita… —la llamó Yoh, mirándola tristemente—. Tienen razón, fue un gran malentendido.

La aludida suspiró nuevamente, colocándose de vuelta el rosario alrededor del cuello. Nos sentimos aliviados al saber que estábamos a salvo.

—Intentaré hablar con ella, pero no te prometo nada. Kaos, será mejor que llevemos estas cosas al cuarto de Evolet —le sugirió a mi hermanita, tomando una de las bolsas de papel—. Ya sabes cómo se pone con el trato delicado a su ropa nueva.

Kaoru me miró con lástima antes de desaparecer por el pasillo. Me quedé a solas con mis amigos y mi gemelo. Me dejé caer en el sofá más cercano y solté un enorme suspiro. Tomé uno de los cojines y cubrí mi rostro con él, sintiéndome derrotado. Estaba pensando en que había sido un gran error dejar que esas muchachas se me acercaran así.

—…No sabíamos que tenías novia.

Solté una pequeña risa sarcástica luego de oír lo dicho por Nichrom. Novia… Probablemente había perdido esa oportunidad.

—Sé que no les había hablado sobre ella, pero me resultaba extraño abordar el tema. Nunca habíamos hablado sobre… chicas —aparté un poco el cojín de mi rostro. Mi semblante debía reflejar perfectamente cómo me sentía por dentro, pues se preocuparon. Nichrom y Redseb se sentaron a mi lado, mientras que Yoh lo hacía frente al sofá. Agradecí internamente el apoyo de los tres—. Evolet no es mi novia… y, después de todo esto, dudo mucho que lo sea.

Siempre me había mostrado ante los demás como un sujeto creído, egocéntrico, sarcástico… pero casi nadie sabía que lo utilizaba para ocultar muy bien mis emociones. Dicha máscara se acababa de romper en ese instante, dejando ver lo acongojado que me sentía. Sólo esperaba poder hablar con ella para aclarar lo sucedido. Sentí que lo ocurrido con Yoh semanas atrás volvía a repetirse, pero esta vez con Evolet. No quería volver a pasar por lo mismo. El menosprecio de la chica que tanto me gustaba dolía igual que el que me había mostrado mi gemelo. Los dos eran indispensables en mi vida, por lo que me ponía muy mal estar peleado con alguno de ellos. La poca confianza que había reunido cuando me le declaré a Evolet se había esfumado… Esa maldita inseguridad hacía que tuviera mi autoestima por los suelos.


•❈•


Darkar se encontraba sentado frente a una mesa de madera de aspecto muy elegante, intentando disfrutar de su lectura. Estaba muy estresado y pensaba que ese libro lo distraería de lo que fuera que lo tuviera en ese estado. No funcionaba, puesto que aún no podía dejar de pensar en lo que había sucedido en la batalla de los gemelos Asakura contra ese equipo de cuarta, cuyo nombre ni siquiera recordaba. Había decidido probar sus poderes con ellos, tal y como se los había dicho. Su teoría fue acertada, ya que su control mental había tenido efecto en ellos, provocándoles un intenso dolor de cabeza. De hecho, les afectó a todos menos a esa chica de ojos dorados… La sentía extrañamente familiar.

—No lo entiendo —susurró el vampiro, visiblemente frustrado. Apartó el libro de su vista, pensando que no servía de nada leer si no podía distraer su mente—. Hay algo extraño con esa niña, pero ¿qué es?

Repasó brevemente la pequeña historia que le narró Meene, a quien había enviado para que investigara un poco sobre la misteriosa jovencita. Su súbdita era muy buena obteniendo información, pero por muy extraño que sonara, esta vez no había conseguido gran cosa. Sólo sabía que la niña había sido acogida por los Asakura cuando era una bebé. Era una simple huérfana, pero debía admitir que el patriarca de la familia la había criado muy bien.

Ella no era la única que lo había dejado intrigado. También estaba el misterioso encapuchado que interrumpió su ataque en esa misma ocasión. Era la segunda vez que se inmiscuía en sus asuntos. ¿Por qué? ¿Qué ganaba con defenderlos? ¿Acaso sabía cuál era su destino?

Bueno, él sí que lo sabía desde hacía mucho tiempo. Por ese motivo los había involucrado en sus planes para la exterminación de los humanos, aunque ahora pensaba que ya no eran tan necesarios. Si ellos no querían colaborar, no había problema. La victoria siempre estaría de su lado, les gustara o no.


•❈•


La tarde fue pasando muy lenta para mi gusto. Nunca antes me había sentido tan ansioso por algo. No veía la hora en que Evolet llegara de su extraña salida para poder hablar con ella. Intenté animarme lo más que pude, diciéndome que tal vez ella entendería todo si me dejara explicárselo.

Iluso…

La hora de la cena había llegado y ni rastros de ella. Kaoru se había ofrecido a ayudar a Tamao con la cena, en vista de que tenía que preparar mucha comida. La mesa estaba repleta de una variedad de platillos japoneses. Para complacer a Len, también habían decidido incluir comida china. De esa manera, no se iniciaría una disputa por tener "preferencias" a la hora de cocinar. Fue entonces cuando Evolet regresó. La vi entrar por la puerta del comedor, luciendo un poco exhausta. Al parecer, fui el único que se percató de ello. Me senté en mi lugar preferido, junto a Yoh y Anna, pensando que tal vez Evolet se sentaría junto a mí como lo hacía normalmente. Noté que se aproximó al otro lado de la mesa y llamó la atención de Lyserg, poniendo una mano en su hombro. El inglés, quien estuvo a punto de sentarse, la volteó a ver y pareció sorprenderse por su pedido.

—¿Te molestaría cambiar de lugar por hoy, Lyserg? —no sabía si agradecer u odiar mi excelente sentido de la audición de vampiro.

Sentí que algo dentro de mí se rompía. Ella ni siquiera quería que estuviéramos cerca. Observé cómo Lyserg pareció meditarlo y le ofreció una sonrisa amable, asintiendo. Evolet se lo agradeció y acabó por sentarse entre Horo y Chocolove, quienes no tardaron en iniciar una conversación animada… En este momento, me estaba odiando a mí mismo. Mi mente estaba tan ida, que me sobresalté con el ruido del arrastre de la silla que estaba a mi lado. Lyserg tomó asiento junto a mí, sonriendo con burla.

—Tranquilízate, Hao. Tu grandiosa alegría va a agobiarnos a todos.

Hice una mueca de disgusto ante su tono sarcástico.

—Cállate. No estoy de humor.

Sólo conseguí sacarle una pequeña carcajada. Decidí ignorarlo, volteando a ver de nuevo hacia donde estaba Evolet. Se encontraba escuchando atentamente a Chocolove, quien contaba uno de sus malísimos chistes. Logró sacarles un par de risas a Tamao, Evolet y a Pilika, e hizo que Horo-Horo rodara los ojos.

—Todos saben que las chicas adoran reírse —me susurró el casi-detective—. Y Chocolove no apesta tanto en eso, ¿no crees?

Me estaba provocando, lo sabía.

—No voy a seguirte el juego.

El ainu, harto de las bromas de su amigo, tomó un buen trozo de pan y se lo lanzó a la boca, haciendo que el bufón de Chocolove se atragantara. Esto hizo que más de uno a su alrededor se riera. Si Evolet amaba tanto las bromas de Chocolove, ¿debería empezar a decir esa clase de tonterías para llamar de nuevo su atención? No pude evitar imaginarme a mí mismo, vistiendo con la extravagante ropa que utilizaba Chocolove, mi cabello transformado en un enorme afro, con el Espíritu del Fuego disfrazado de Mic… Terminé por soltar un grito de espanto, llamando la atención de todos en la mesa. Escondí mi cara entre mis manos, avergonzado. Primero muerto.

Sólo Lyserg pareció entender lo que pasaba por mi mente y se echó a reír. Lo fulminé con la mirada, sin dejar que desapareciera esa aura depresiva que se había formado a mi alrededor minutos atrás.

—Evolet es muy linda, Hao… —comentó, como quien no quiere la cosa—. Si te soy honesto, hasta yo me fijé en ella cuando la conocimos —sus palabras me tomaron por sorpresa. Intenté interrumpirlo, pero él no me lo permitió—. Sin embargo, hay una gran diferencia contigo y todos los demás que lo notaron. Tú debes ser el único estúpido que logró llamar su atención, pero no has hecho nada para asegurarte que sepa que la quieres.

—¡¿Estás bromeando?! —musité por lo bajo, completamente en desacuerdo—. Hemos hablado sobre lo que sentimos y…

—¿Y tú crees que eso es suficiente? Digo, si ella estuviera tan segura como tú piensas, no se habría puesto así por encontrar a tres desconocidas acosándote en tu propia casa —arqueé una ceja, haciendo que Lyserg soltara un suspiro—. El punto es que creo que deberían intentar aclarar lo que va a suceder con ustedes. Ya sabes, ver si en realidad quieren estar juntos o no… y que sea algo formal.

No dejaba de sorprenderme la habilidad que tenía Lyserg para intuir lo que sucedía con los demás. Sería muy buen detective, no tenía dudas sobre eso.

—…A veces detesto que tengas razón —sonreí suavemente. Lyserg estaba en lo correcto. Aunque Evolet estuviera molesta conmigo, debíamos hablar para aclarar nuestra situación. Decirle lo que sentía por ella y dejarle en claro que quería que estuviera a mi lado formalmente—. Gracias por el consejo.

—¿Para qué están los amigos? —se encogió de hombros, sonriendo de vuelta.

Luego de esa pequeña plática que nunca creí tener con Lyserg, veía las cosas un poco más claras. Ahora sabía qué debía hacer para recuperar a mi chica. La cena acabó entre risas y demás, y fue cuando aproveché para subir a mi cuarto y buscar a la persona que me ayudaría con mi plan.

—¿Qué te pasa? ¡Casi me matas del susto!

Yoh desvió su atención del manga que estaba leyendo con un ligero sobresalto al oír el azote de la puerta de nuestro cuarto.

—¿Podrías hacerme un favor? —musité en voz baja, ganándome su atención.

Estuvimos un rato charlando sobre lo que quería que hiciera y sonrió levemente. Bajamos hasta el jardín, el cual se veía muy hermoso por la noche. Era el lugar perfecto… de no ser por esas extrañas nubes que se estaban formando en el cielo. Una vez allí, Yoh se acercó a un hermoso rosal que nuestra madre había plantado un tiempo atrás.

—Creo que tengo una idea.

Mi hermano se concentró y, pronto, empezaron a florecer varias rosas blancas. Una más bella que la otra, pero hubo una en particular que me llamó la atención. Era muy diferente, pues sus pétalos tenían varios colores: entre rojo, naranja, amarillo, verde, azul y rosa. Era la flor más hermosa que había visto en mi vida. La miré maravillado, antes de tomarla.

—Es perfecta —susurré, contento—. Espero que le guste.

—Verás que sí —me aseguró Yoh, feliz de haber hecho un buen trabajo. Pronto cambió de tema—. Si no te molesta que pregunte, ¿qué planeas hacer? No pude evitar oír parte de tu pequeña conversación con Lyserg.

—Me gustaría aclarar mi situación con Evolet, pero para eso debo contarle absolutamente todo sobre mí —no me inmuté al ver el asombro en sus ojos.

—¿Qué? ¿Estás seguro?

Asentí como respuesta.

—Quiero hacer las cosas bien. Bueno, sólo si ella en verdad quiere estar conmigo, pero si fuera así, necesito saber si va a aceptarme con todos los problemas que tengo —confesé, apartando un poco la mirada.

Yoh permaneció en silencio por un momento, pero luego me sonrió comprensivo.

—Eso está muy bien, Hao —mi hermano siempre fue partidario de la sinceridad, cosa que yo también apreciaba en una persona—. Estoy orgulloso de ti, y creo que tengo algo en mente que podría servirte.

No pude evitar que la curiosidad me invadiera por completo.


•❈•


Unos ligeros golpes hicieron que se despertara. Parpadeó confundida y miró hacia la puerta de su habitación. Tomó su celular que yacía en la mesita de noche para ver qué hora era: dos y veinte de la madrugada. ¿Quién estaría molestando a altas horas de la noche?

Suspiró cuando volvió a oír los golpes en su puerta y decidió salir de la cama para saber de quién se trataba. Se cubrió con un fino albornoz de seda que hacía juego con su pijama y se calzó en un par de pantuflas. Notó que Mizu aún estaba dormida y decidió dejarla descansar. Abrió la puerta, conteniéndose para no mandar a la mierda a quien sea que estuviera molestando, pero grande fue su sorpresa cuando no vio a nadie. Miró a la izquierda y luego a la derecha, y ni rastros de alguien. Iba a cerrar la puerta cuando notó algo más en el piso. Había pétalos blancos esparcidos frente a su cuarto, mas lo extraño de la situación era que estos formaban un camino que iba directo a las escaleras que conducían a la planta baja.

—Bueno, ya estoy despierta —creyó que no volvería a dormir aún si lo intentaba.

Decidió seguir el camino con gran curiosidad. Fue bajando las escaleras con cuidado de no hacer ruido para no terminar por despertar a los demás. Pronto, notó que el camino de rosas se acompañaba de pequeñas velas que, sin pensarlo siquiera, la hicieron sonreír de manera involuntaria. Llegó al jardín, notando que los pétalos se terminaban ahí. Las suposiciones que revoloteaban en su cabeza sobre lo que podía estar pasando fueron interrumpidas cuando sintió un toque en su hombro. Ahogó una exclamación, cubriéndose la boca y volteando a toda prisa.

—¡Hao! —Evolet se aseguró de no elevar el tono de voz, pero eso no ocultó su disgusto—. ¡Me diste un susto de muerte!

—Lo siento —sus disculpas se vieron interrumpidas cuando se quedó viéndola, pensando en que no podía lucir más hermosa. Sacudió la cabeza—. ¿Podemos hablar?

—¿…Ya viste qué hora es? —intentó no sonar molesta, cruzándose de brazos y suavizando la mirada.

—Lo sé, pero no quiero dejar pasar más tiempo… Por favor.

Ella se sintió mal por mostrarse tan inflexible y decidió que era mejor dejarlo hablar. Siempre lo decía: todos merecían una oportunidad de explicarse.

—Te escucho.

—Entiendo si me odias por lo que sucedió hoy, pero…

—¿Odiarte? —pareció horrorizarse con la simple idea, por lo que se apresuró a añadir—. Yo jamás te odiaría, Hao.

—Igualmente no te culparía, estoy acostumbrado —él sabía que estaba sonando demasiado deprimente, mas esa era su triste realidad. Por desgracia, no era ningún papel actuado—. Escucha, sé que probablemente no quieras escuchar el típico "no es lo que parece", pero… en serio no es lo que parece —ella inclinó un poco la cabeza hacia la derecha, dando a entender su confusión—. No conozco a esas chicas. Se presentaron en la casa a decir que me admiran. Que han visto nuestras peleas, y sólo se emocionaron un poco.

—¿Un poco? —repitió Evolet, sarcásticamente.

—Bueno, está bien —admitió Hao, derrotado—. Fue más que eso, pero ellas no sabían que tú me gustas —no pudo evitar notar que sus mejillas habían tomado esa tonalidad rosa que tanto le gustaba. Eso hizo que sintiera más confianza—. Se los dejé muy en claro y se han disculpado. Yo también te debo una disculpa por no cuidar tus sentimientos… Evolet, te juro que sólo tengo ojos para ti.

—Hao… —susurró ella muy conmovida.

El Asakura pensó que tenía la suerte de su lado esa noche, pues el espíritu acompañante de la chica no estaba presente. Sabía que Mizu era muy volátil y cualquier paso en falso sería peligroso.

—¿Recuerdas que prometí abrirme contigo? —ya se había disculpado, y ahora venía la parte más difícil—. La verdad es que tengo más problemas de los que te imaginas; no siempre tengo esa infinita confianza que aparento todo el tiempo, a veces tengo miedo de lo que pueda pasar o equivocarme, no sé muy bien cómo relacionarme con los demás porque mi desconfianza es más grande de lo que parece, y es posible que existan otros aspectos negativos de mí que desconozco. Todo eso ha sido a causa del… maltrato que sufrí cuando era pequeño.

La joven no se atrevió a interrumpirlo en ningún momento, mas era evidente la gran tristeza en sus dorados ojos.

—He ocultado tanto tiempo mi verdadera forma de ser con esa máscara, que a veces ya ni sé lo que es real o no. No estoy seguro de quién soy. Lo único que sé es que soy una persona muy rota —hizo una breve pausa—. Y me pone mal porque soy consciente de que te mereces algo mucho mejor, pero yo…

Evolet trató de borrar la pequeña lágrima que se le había escapado de los ojos.

—Quiero… intentar ser la mejor versión de mí mismo, porque tú te lo mereces. Quiero estar a tu lado si me aceptas tal y como soy, y te prometo que haré un esfuerzo por lo nuestro todos los días —Hao acabó por acortar la distancia que los separaba para tomar el rostro femenino entre sus manos. Las lágrimas de Evolet no dejaban de salir—. Perdóname, no quise hacerte llorar.

—No es eso, es que no puedo creer que alguien haya tenido el corazón tan negro como para hacerte creer que vales tan poco —él abrió sus ojos, sorprendido por su confesión.

—Como te dije, estoy tan confundido que no sé qué creer —unió su frente con la de ella, mientras secaba sus lágrimas con delicadeza.

Hubo un momento de silencio donde permanecieron viéndose como si fuera la primera vez. Fue entonces que Evolet pudo ver por primera vez al verdadero Hao Asakura, y sonrió.

—Hao… —tomó sus manos y las separó de su rostro con ternura—. A mí también me gustaría estar a tu lado para hacerte ver que la vida no es como te la hicieron creer. Quiero ayudarte a superar esos problemas, y sé que va a ser difícil, pero nos iremos conociendo, haremos cosas juntos, nos descubriremos… Te prometo que nunca te abandonaré.

El muchacho se había quedado estático por su confesión. Ella redujo la distancia que separaba sus rostros, para después presionar levemente sus labios contra los de él. Hao cerró los ojos, complemente feliz de que lo hubiera aceptado con todos sus defectos. Correspondió a sus besos con la misma dulzura, sintiendo que recuperaba poco a poco la confianza en sí mismo. Acarició su rostro con suavidad, arrancándole un par de suspiros. Estuvieron así por un buen rato, sin permitir que la falta de aire pudiera más que sus ganas de besarse, o así fue hasta que ambos sintieron que pequeñas gotas de lluvia fueron cayéndoles encima. Se separaron y alzaron la vista hacia el cielo. La lluvia los había atrapado en pleno acto y los obligó a buscar dónde refugiarse. Por suerte, uno de los cerezos del jardín no estaba tan lejos y pudieron resguardarse debajo de él.

Evolet rio por lo bajo. Probablemente no esperó terminar empapada. Se quitó el albornoz, pues estaba bastante mojado. De esa forma, sólo quedó en ese vestido para dormir de seda que le daría muchísimo frío luego. Hao lo notó y la acercó hacia él, abrazándola contra su pecho. Ella sonrió y se acurrucó al sentir un pequeño calorcito que provenía de su mismo cuerpo. ¿Serían sus poderes?

—Gracias por todo —Hao bajó la mirada, curioso—. Fue hermoso.

Estaba señalando con la mirada los pétalos y las velas ahora apagadas por la lluvia, sonriendo con ternura. El Asakura sonrió igual, besándole la frente.

—Me alegro… Tengo algo más para ti —estiró una de sus manos para tomar la hermosa rosa de colores que había dejado sobre el borde de la fuente del jardín, la cual por suerte estaba casi a su lado—. No sabía si tenías alguna flor favorita y no es que haya regalado tantas flores en mi vida, pero espero que te guste —admitió, notando el ligero brillo en sus ojos al ver la rosa—. Yoh es muy bueno con sus poderes, ¿no?

—Sí que lo es.

—Es tan colorida, tan bonita y llena de luz. Resalta entre las demás, como tú. Me recuerda a ti, por eso quise dártela —tomó la flor con delicadeza, mientras él agradecía haber recordado quitarle las espinas al tallo.

La acarició con ternura, como si se tratara de un regalo muy frágil. La giró entre sus manos, hasta que notó que tenía un pequeño papel amarrado por su tallo. Lo desató, curiosa por el mensaje que podría tener escrito en su interior.

—"¿Quieres ser mi novia?" —se sorprendió en demasía al leer esas palabras.

Se separó un poco de Hao para verlo, como si esperara que le confirmara que aquello se trataba de una broma.

—¿Quieres ser mi novia? —repitió él, encogiéndose de hombros.

Sonrió divertido por la situación. Ella volvió a conmoverse, mas esta vez ninguna lágrima escapó de sus ojos. Le devolvió el gesto; esa sonrisa que lo volvía loco.

—…Sí —nunca creyó que una sola palabra lo haría tan feliz. El Asakura sintió que Evolet rodeaba su cuello con sus brazos, así que imitó su acción al abrazarla por la cintura—. Me encantaría ser tu novia.

Esta vez, el shaman de fuego se adelantó a robarle un beso. Aún sentía cómo las gotas de lluvia se deslizaban por su rostro, pero no le importó en lo absoluto. Ambos disfrutaban estar perdidos en los labios del otro. Se separaron con lentitud para luego sonreírse con toda la felicidad del mundo. Evolet se acomodó en su pecho, viendo maravillada la flor, y Hao se dedicó a abrazarla para protegerla de la lluvia. Descansó el mentón sobre su cabeza. Pensó que iban a estar un largo rato así; en silencio. De pronto, tuvo una extraña sensación. Se sentía algo… observado.

Sin moverse mucho para no molestar a Evolet, alzó levemente la mirada hacia el pasillo de la segunda planta y se quedó estático del susto. Su madre estaba cómodamente apoyada en el balcón que tenía una perfecta vista hacia donde ellos se encontraban. Debió haber visto más de lo que a él le gustaría, pues se la veía bastante enternecida. Al darse cuenta, le guiñó un ojo, haciéndole señas para que luego ambos entraran a la casa. Las mejillas del gemelo mayor enrojecieron al instante. Ella rio en silencio, para luego dar media vuelta y alejarse. Seguro directo a su habitación.

Qué vergüenza.

Sin embargo, Hao decidió no darle tanta importancia, pues ni así cambiaría ese momento por nada. En ese instante, se sentía con ánimos de ponerle un altar a los mismísimos Grandes Espíritus. Era uno de los momentos más felices de su vida. Luego de esos malentendidos que había tenido con su hermano y su ahora novia, volvía a tenerlos a su lado. Ambos eran como dos rayitos de luz en su vida, por lo que se prometió a sí mismo que los cuidaría ahora y siempre.


•❈•


Yoh Asakura

Me sorprendió ver a mi hermano completamente empapado cuando volvió a la habitación. Incluso por un momento pensé que todo había salido mal, pero él me tranquilizó, diciéndome que su estado se debía a la lluvia. Una gran sonrisa de idiota lo delataba. Finalmente me contó lo que había sucedido y no dudé en darle un gran abrazo. Evolet por fin era su novia, y no había cosa que me pusiera más feliz en ese momento. Era perfecta para él. Sin embargo, aun quería hablar con ella. Quería asegurarme de que los sentimientos y la confianza de mi hermano serían muy bien correspondidos.

Estuvimos charlando un buen rato, hasta que el sueño pudo más que nosotros y nos quedamos dormidos. Me pareció que apenas pasaron unos minutos cuando unos gritos me despertaron, y por supuesto que a Hao también. Miré mi reloj y noté que tan sólo eran las seis de la mañana. ¿Quién estaría armando tanto escándalo?

—¿Y ahora qué? —gruñó mi adormilado gemelo, furioso por haber dormido tan poco tiempo.

Por los gritos, pude deducir que se trataba de Len y Horo-Horo. Asomamos las cabezas fuera del cuarto y notamos que la pelea venía del cuarto de Pilika, que estaba al fondo del pasillo. Todos los demás salieron de sus cuartos, aún en pijamas, igual que nosotros, y se apresuraron a acercarse. En el camino, nos topamos con la ahora novia de mi hermano y decidimos preguntarle.

—¿Por qué están peleando? —inquirió Hao, acariciándole el hombro para tener su atención.

—…Creo que Horo acaba de enterarse.

¿Enterarse de…? Oh, no. Que no sea lo que estoy pensando.

Nos apresuramos a llegar al cuarto de la ainu, viendo con sorpresa la escena que teníamos en frente. Ambos muchachos parecían estar a punto de darse a golpes, así que corrí para sostener a Horo, mientras Lyserg y Chocolove hacían lo mismo con Len. Tamao intentaba consolar a Pilika, quien estaba llorando amargamente en una de las esquinas del cuarto.

—¡¿Qué diablos está pasando aquí?! —exclamó una histérica Anna—. ¿Tienen idea de la hora que es?

—¡Todo es culpa de ese estúpido que violó el código masculino!

Finalmente, había ocurrido lo que tanto temíamos. Len estaba metido en un grandísimo lío, ya que Horo-Horo era extremadamente celoso con Pilika. Lo comprendía, pues era su hermana menor y sólo quería protegerla de cualquier idiota que pudiera hacerle daño. El problema era que se trataba de Len, y Horo no iba a aceptarlo tan fácil. A pesar de eso, ya todos sabíamos que ambos llevaban un tiempo siendo pareja. Lo habían ocultado muy bien, tanto que se asustaron muchísimo cuando nos enteramos. Nos habían pedido que no le dijéramos nada al Usui, hasta que ambos reunieran el valor suficiente para explicarle la situación. Por supuesto, eso nunca pasó.

—Tranquilo pue', hombre. Len sólo estaba besuqueándose con Pilika —intervino Chocolove, en un intento por calmarlo.

Todos vimos con fastidio al afroamericano, pues sólo había empeorado las cosas aún más.

—¡¿CÓMO QUIERES QUE ME TRANQUILICE?! ¡LEN ESTABA COMIÉNDOSE A MI HERMANA!

—Ya basta, Horo —intentó calmarlo Lyserg, forcejando con él—. No tiene nada de malo que estén juntos. Len es tu mejor amigo y Pilika es tu hermana. Sabes que él no le haría daño.

—Si han estado juntos todo este tiempo, es porque van muy en serio —añadió un nervioso Manta, quien se había interpuesto entre ambos.

—¡¿Ustedes ya lo sabían?! —exclamó, dolido—. ¡Todo este tiempo lo supieron y no me dijeron nada! ¿Qué clase de amigos son?

Supuse que ese comentario le había dolido a más de uno. Sin embargo, confiaba en que él no terminaría con nuestra amistad por haber "traicionado su confianza".

—Si no te dijimos nada, fue porque así nos lo pidieron ellos —comentó Kaoru. Conocía demasiado bien a mi hermanita como para saber que estaba nerviosa. Las disputas entre ellos solían alterarla—. Han querido decírtelo muchas veces, pero mira cómo te pones. ¿Crees que es fácil hablarte cuando no escuchas?

—¡No lo entienden!

—Quien no quiere entenderlo eres tú —lo interrumpí, mirándolo con seriedad—. A ver, respóndeme esto. ¿Acaso Pilika está molesta porque tú te entiendes con Tamao? Digo, eres su hermano y ella su mejor amiga. ¿No te suena la situación?

Solté a Horo cuando me aseguré que ya no intentaría atacar a Len. El susodicho se quedó pasmado ante mis palabras. Casi podía jurar que su mente estaba hecha un caos en este momento. Giró su cabeza lentamente, para ver a su hermana. Pilika ya se había tranquilizado un poco.

—¿Qué piensas de lo mío con Tamao? —preguntó, temeroso.

Se le veía un poco sacado de onda. Pilika parpadeó un par de veces, sintiéndose confundida al ver que su hermano mayor se había tranquilizado rápidamente.

—Estoy muy feliz por ti, hermano. Sé lo mucho que te gusta Tamao.

—Pilika, yo… Lo siento mucho. Perdóname por haberte hecho sentir mal.

—Perdóname tú. Debí haberte dicho lo que sentía por Len desde el principio.

Ambos se vieron a los ojos por un momento, para luego abrazarse fuertemente a la vez que rompían en llanto. Varios soltamos una risa al ver una típica escena emotiva de los hermanos ainu. Eran un par de dramáticos. Una vez que se calmaron, Horo buscó con la mirada a su amigo, quien se había acercado hasta quedar frente a él.

—…Supongo que a ti también te debo una disculpa.

—Por supuesto, actuaste como un animal sin cerebro —se burló Len, mirándolo con una pequeña sonrisa.

—Muy bien, tienen mi bendición —Len rodó los ojos—, pero si me entero que le arrebataste su virginidad a temprana edad, yo mismo te enviaré varios metros bajo tierra, ¿oíste?

—¡¿QUÉ COSAS DICES, IDIOTA?!

Las risas divertidas de Horo-Horo hicieron que Len callara de forma abrupta. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios; sabía que su amistad también había vuelto a la normalidad. Una vez que todo se solucionó, decidimos salir del cuarto de Pilika para volver a los nuestros, pues aún estaba presente el hecho de que todos seguíamos en ropa de dormir… Y lo habríamos hecho, de no ser porque alguien tuvo la brillante idea de abrir la boca.

—Bueno, parece que Len y Pilika no son la única pareja del momento —comentó Kaoru con malicia, señalando a mi gemelo y a mi ahora cuñada.

Ninguno de los dos había notado que iban tomados de la mano. Al darse cuenta, ambos se soltaron muy ruborizados.

—¿Qué? ¿Ya son pareja? ¿Cuándo saliste de la zona de amistad? —inquirió Horo, perplejo.

Sonreí con simpatía, pues supuse que muchos habían olvidado parte de lo que había ocurrido en la pijamada, donde ya habíamos descubierto que Hao y Evolet se entendían. Mi hermano no supo qué decir, pero Evolet ni siquiera dio tiempo a que ninguno dijera nada y salió huyendo de la escena. Oh, rayos…

—Gracias, hermanita. Me la espantaste —soltó mi sarcástico hermano.

Lanzó un resoplido antes de salir a buscar a su novia. Miré con cierta molestia a Kaos. Esa niña no entendía.

—Deja ya de ser tan entrometida, Kaoru. Ellos iban a decirlo cuando se sintieran preparados…

—¡¿Qué?! ¿Tú lo sabías y no pensabas decírmelo?

—Obviamente no, y parece que hice bien en no hacerlo, chismosa —hablé con fastidio. Esperaba que Evolet no estuviera tan apenada como para ya no disfrutar de la compañía de Hao—. Iré a buscarla y hablaré con ella. Luego te disculparás por haberla avergonzado de esa manera y no respetar su decisión de mantenerlo en secreto por un tiempo.

—Pero yo… —levanté una ceja, esperando que no se atreviera a decir la primera excusa que se le viniera a la mente. Soltó un suspiro, resignándose—. Está bien.

Me dispuse a buscar por toda la casa, pero no la encontré. Me preocupé, pues esperaba que esto no la hiciera pensar en cortar con mi hermano. Ni siquiera llevaban un día completo como pareja… Finalmente pude encontrarla. Estaba en un balcón, mirando hacia el jardín con un semblante pensativo. ¿Estaría pensando en lo que sucedió?

—…Hola —sonreí levemente para llamar su atención—. ¿Te molestaría que te acompañara un momento?

Me devolvió la sonrisa amistosa.

—Claro que no.

Intenté ordenar las ideas en mi cabeza. Quería hablar con mucho cuidado sobre el tema, pues no sabía si ella o Hao se molestarían por meterme en sus asuntos. No podía evitarlo, me sentía extrañamente protector con mi gemelo por primera vez. Evolet aún permanecía en silencio, pues veía el jardín como si fuera lo más interesante del mundo.

—No le hagas caso a Kaoru, ya sabes cómo es —mencioné, queriendo aligerar el ambiente.

La chica se giró un poco para mirarme, viéndose muy adorable. Supuse que cuando ella hacía ese gesto, mi hermano se derretía por dentro.

—Me gustaría hablar contigo, si me lo permites.

—Dime que no tiene relación con lo que pasó hace unos minutos. Qué vergüenza —susurró, al tiempo que sus mejillas se coloreaban en un tono rojizo.

Sonreí de lado, haciendo un esfuerzo por no reírme.

—Siento no poder complacerte en eso —ella parpadeó, confundida. Miré hacia el jardín, sin dejar que esa pequeña sonrisa escapara de mis labios. Así era yo, despreocupado—. Quería hablar contigo sobre Hao, precisamente.

—¿…No te agrada la idea?

—¿Qué? ¡No! No es eso —me apresuré a añadir, soltando una risita nerviosa. No quería que me malinterpretara—. Al contrario, me pone muy feliz que ambos estén juntos. Es sólo que… Me preocupa un poco. Hao me contó que te habló sobre sus problemas —Evolet asintió, dándome a entender que lo sabía todo—. Créeme, a mí también me parte el alma que se sienta así. Por eso quería pedirte un gran favor.

—Dime.

—Cuida mucho de sus sentimientos —me sinceré—. No es fácil para él confiar en los demás, y lo ha hecho contigo, contándote todo por lo que tuvo que pasar. En verdad le gustas.

De repente, tuve la extraña sensación de que no estábamos solos. Miré por el rabillo del ojo hacia una de las puertas del balcón, y me pareció ver una larga y conocida cabellera castaña escondiéndose detrás. Evolet no se había percatado, pues estaba de espaldas a esa misma puerta. Mi gemelo tenía una pequeña sonrisa plasmada en su rostro. Se había conmovido por lo que estaba haciendo por él. ¿Por qué no lo haría? Era mi hermano, después de todo. Sonreí de lado, pero fingí no haberme dado cuenta de nada.

—Confía en mí, prometo que lo cuidaré —aseguró ella, sonriendo—. Me gustaría que sepa que no todas las personas tienen maldad en su corazón y que nadie volverá a lastimarlo de esa manera. Él tiene sentimientos muy hermosos.

—Lo sé, Hao es muy especial —coincidí—. Sólo necesita sentirse bien consigo mismo, para así mostrarse tal cual es. No va a ser nada fácil y tal vez lleve mucho tiempo, pero tenle mucha paciencia, por favor.

Ella sonrió ante mis palabras. Sin embargo, su sonrisa pronto fue reemplazada por una mueca apesadumbrada.

—…Yoh.

—¿Estás bien? —pregunté, curioso.

—Tengo miedo de echarlo a perder, ¿sabes? —no esperaba que me dijera algo así. Siempre me pareció que tenía un exceso de confianza—. La verdad es que nunca estuve así con alguien. Hao es… el primero —se sonrojó, pero la entendía a la perfección.

Ya que también sentí lo mismo con Anna.

—Bueno, para todo hay una primera vez, ¿no? —le regalé una sonrisa, a la vez que me encogía de hombros—. Te entiendo. Yo tampoco estuve con nadie más antes que Anna. A pesar de que siempre estuvimos "juntos", le pedí que fuera mi novia recién en mi decimosexto cumpleaños. ¿Te lo imaginas?

—Puedo hacerme una idea.

—Sé que me tardé, pero es que ella me daba miedo… Por favor, no le digas eso.

Creía que, si mi Annita llegaba a enterarse, me castigaría terriblemente. Evolet rio por lo bajo.

—Tranquilo, no diré nada —me sonrió, mientras me guiñaba un ojo.

—¿Sabes? Somos más parecidos de lo que pensé —comenté con diversión—. Quizá fuimos hermanos en alguna vida pasada.

Evolet se echó a reír, relajándonos visiblemente. Le eché una discreta ojeada al escondite de mi gemelo, quien también se estaba riendo por mi comentario.

—¿Por qué no? Es una posibilidad que no deberíamos descartar. Sería genial saber si fuimos mellizos. Oye, ¡podrías usar tu Uranai para descubrirlo! —sugirió con emoción—. A lo mejor y podrías averiguar quién fuiste anteriormente. Oh, ¿Te imaginas que hubiésemos sido hijos de alguna diseñadora famosa?

Eso me sacó un poco de onda, pero luego me eché a reír por sus ocurrencias. Debía amar demasiado la moda como para anhelar haber sido fashionista en su vida anterior.

—No sé si algún día podré controlar así mi Uranai, pero se vale soñar.

Eso nos sacó una carcajada a ambos. Estuvimos charlando durante un buen rato, hasta que oímos el tono de algún celular sonando. Me aguanté una risita al notar que Hao estaba intentando colgar la llamada. Evolet me hizo una seña con los ojos y asentí. Sonrió divertida y ambos fingimos irnos. Pasamos junto a la puerta, detrás de la cual estaba un abochornado Hao. Evolet fingió sorprenderse al verlo ahí y le dio un piquito en los labios, antes de despedirse con una sonrisa divertida. Por mi parte, le di un par de palmadas en la espalda. Seguro que no cabía en su vergüenza. Solté una risa divertida, dejándolo solo en el pasillo.

Luego tendría que buscar la forma de combatir su mal humor… A menos que un par de besitos de su novia arreglaran la situación. Dicen que el amor es el mejor remedio para todos los males, y confiaba mucho en ello. Esperaba que en este caso también funcionara.


•❈•


—Admítelo, es nuestra única opción.

Luego de esa horrible visión apocalíptica que tuve, mi gemelo y yo habíamos llegado a la misma conclusión: necesitábamos otro método de entrenamiento. Era verdad que contábamos con un furyoku muy elevado. Sin embargo, aún estábamos muy por debajo del mismo Darkar. Lo habíamos comprobado el día de nuestra última batalla. Aún me zumbaban un poco los oídos desde esa vez.

—Olvídalo, Yoh —se negó Hao, orgulloso—. No esperes que vaya a rogarle a ese sujeto para que nos entrene. ¡Ni siquiera lo conocemos!

Estábamos afuera de la casa, sentados en las escaleras de la entrada principal. No estábamos discutiendo exactamente, pero sí que teníamos diferentes puntos de vista esta vez.

—Ya escuchaste a los abuelos, Hao —suspiré, harto de hablar de lo mismo—. Hemos hecho todo lo posible por ser más fuertes, pero incluso con los poderes de Myorei no es suficiente… Hemos visto a Cedric, es muy poderoso. ¿Y quién mejor que un vampiro para ayudarnos a entrenar de forma correcta?

—No puedes pedirme que confíe en alguien que tiene un rostro idéntico al de mi peor enemigo.

—Te recuerdo que fue el único que pudo hacerle frente ese día, sin mencionar que también tiene poderes mentales —intenté hacer desaparecer mi frustración y lo miré—. Si tienes una mejor idea, dímela. Soy todo oídos.

Hao me miró con un poco de rabia.

—Eso pensé —hice ademán de ponerme de pie—. Demos un pequeño paseo. Tal vez encontremos a Cedric por ahí.

—¿Me llamaban? —un tono de voz grave hizo que nos sobresaltáramos.

El susodicho se encontraba sentado en la rama más baja de un árbol que no estaba muy lejos de la entrada de la casa. Nos veía con una sonrisa burlona, haciéndome suponer que lo había oído todo.

—¿Ahora nos espías? —inquirió un malhumorado Hao.

—¿Por qué perdería mi tiempo en eso? —se acomodó en el árbol, cerrando levemente los ojos—. Son ustedes los que han interrumpido mi siesta.

Mi hermano estuvo a punto de replicarle, pero le puse una mano sobre la boca. No era tiempo para discutir por tonterías. Me dispuse a hablar.

—Supongo que ya lleva ahí un largo rato, así que podemos ahorrarnos las explicaciones —comenté con tranquilidad—. ¿Podría ayudarnos?

El vampiro de largos cabellos morados pareció meditarlo.

—¿Por qué no? —aceptó, mientras su sonrisa socarrona aparecía de nuevo—. Sólo les advierto que soy algo exigente como mentor.

Bueno, no creo que sea peor que Anna, pensé para mis adentros.

No puede haber nadie peor que esa bruja que tienes por prometida, Yoh, opinó mi gemelo.

—Muy bien, empezaremos hoy mismo. Los veo en el bosque en una hora.

—¡¿Qué?!

Quizás hablamos muy pronto, pensó Hao, soltando un bufido de exasperación.

Cedric tornó el gesto de nuevo. Debía tomarse los entrenamientos muy en serio, pues regresó a su actitud solemne.

—Aprovechen este tiempo para saciar su sed. De paso, díganles a los que fueron convertidos de igual manera que hagan lo mismo. Luego les explicaré por qué.

Dicho esto, bajó del árbol y se alejó a toda velocidad, dejándonos con una gran incógnita en nuestras mentes. Tal y como lo ordenó, nos aseguramos de beber sangre hasta que nos sentimos repletos. Les sugerimos a nuestros familiares y demás conocidos que hicieran lo mismo, aunque les pareció de lo más extraño. ¿Por qué era tan importante hacerlo hoy?

Llegamos al bosque quince minutos antes de lo acordado. No nos sorprendió ver que Cedric ya se encontraba en ese lugar.

—El entrenamiento de hoy no será fácil —nos advirtió seriamente. Levantó una de sus manos, para señalar hacia el cielo. Nos sorprendimos al ver que se había producido una sutil sombra en la luna—. En un par de minutos, el eclipse lunar estará en su fase parcial. Los eclipses tienen efectos negativos en los vampiros. Pueden presentarse distintos síntomas, como entorpecimiento de los sentidos y un gran descontrol de la sed.

No pudimos evitar asustarnos al oírlo.

—¡¿Ahora nos lo dices?! ¡Podríamos matar a alguien! —exclamó Hao, mirándolo contrariado.

El Espíritu del Fuego flotaba a su lado, viéndolo con ligera preocupación.

—Por eso les pedí que bebieran hasta saciarse. Aún quedan varias horas antes de que sientan sed nuevamente, pero en caso de ser necesario, les enseñaré un pequeño truco —nos aseguró, acercándose—. Cuando sientan ese picor en la garganta, muérdanse su propia muñeca y las ansias desaparecerán. Probar de su propia sangre los hará volver a la realidad, ya que es asquerosa.

Qué curioso, no sabía ese pequeño dato.

—Este eclipse les ayudará a fortalecer su condición vampírica. Es esencial que puedan dominar esos síntomas, y no al revés —hizo una breve pausa y se acercó a uno de los árboles del bosque. Sacó un trozo de tela roja y lo amarró por una de las ramas—. El entrenamiento de hoy consistirá en una pequeña carrera. Tendrán que saltar entre las ramas de estos árboles que ven aquí, hasta llegar a la meta, que es donde estaré sentado. El tramo es relativamente corto, pero si llegan a caerse, tendrán que volver a empezar.

—Pff, ¿es todo? —se burló mi gemelo. Cedric lo miró con interés—. Debe ser el entrenamiento más ridículo de todos los tiempos. Te aseguro que lo habremos terminado en menos de un minuto.

—Muy bien —el vampiro pareció burlarse de sus palabras, pero fingió creerle a mi hermano—. Espero que cumplas con tu palabra, te estaré tomando el tiempo —Hao apretó los dientes—. Les indicaré cuando puedan comenzar.

Tan rápido como el sonido, Cedric nos dejó solos. Hao soltó un suspiro, al tiempo que procedía a amarrarse el cabello en una cola de caballo alta.

—Vamos, Yoh —me hacía gracia que ya hubieran empezado con mal pie—. Le demostraremos a ese idiota que no debió desafiarnos de esa forma.

Nos dirigimos hacia el árbol donde el vampiro había colocado ese trozo de tela para indicar el punto de inicio del trayecto. Oímos el pitido de un silbato gracias a nuestra mejorada audición, dando así inicio a la prueba. De un salto, subimos hasta las ramas más altas del primer árbol, y pronto noté lo frágiles que eran. Al ver esto, supe que ese entrenamiento no sería como cualquier otro. A medida que avanzábamos, la visión se me volvía más borrosa. Noté que me costaba mantener el equilibrio. Ni siquiera habíamos llegado a la mitad del camino cuando la primera rama se rompió y me dejó caer. Segundos después, lo mismo le pasó a Hao.

Se oyó una risa sarcástica a lo lejos, provocándole un intenso malhumor a mi hermano mayor.

—Tenías razón, Hao. Terminaron en menos de un minuto… pero en el suelo.

—Maldito —susurró mi furioso gemelo.

—Tranquilízate —le aconsejé, poniéndome de pie para nuevamente subir de un salto hasta la cima del árbol—. Jamás lograremos llegar si no nos calmamos.

Algo me decía que los entrenamientos de Cedric eran mucho más complejos de lo que parecían… Quizás hasta eran peores que los de Anna. Esperaba que los Grandes Espíritus se apiadaran de nosotros y que nos dieran una solución a nuestros problemas con prontitud.


•❈•


Anna estaba muy inquieta desde la tarde. Había presenciado el momento en que su novio y cuñado habían informado a la familia que debían saciar muy bien su sed esa noche. Esto le había parecido hasta extraño, pero no opinó nada. Por supuesto, sus suegros y cuñada habían obedecido, sin mayor explicación.

Yoh la tenía muy preocupada, y sólo los Grandes Espíritus sabían cuánto ella detestaba sentirse así. Ya estaba pensando en la manera de desquitarse de su prometido por eso, cuando oyó algo extraño fuera de la casa. Parecía un ligero gemido de dolor, y el tono de voz le sonaba familiar. Tomó un abrigo y decidió salir a echar un vistazo. Había poca iluminación afuera, pero alcanzó a ver algo que la asustó mucho. Varios metros lejos de ella, una silueta cojeaba lentamente, mientras se dirigía hacia el bosque. Presionaba con ambas manos una enorme herida abierta que tenía en un costado, de la cual brotaba la sangre. Apenas y podía sostenerse. Lo malo del asunto fue que Anna pareció reconocerlo.

—¡Yoh! —exclamó, acercándose.

El susodicho no pareció oírla y se adentró al bosque sin más. La itako no se puso a pensarlo y lo siguió, muerta de la preocupación. Ni siquiera se había dado cuenta que alguien más la seguía también.


•❈•


Kaoru soltó un suspiro de frustración. Desde hacía un buen rato que intentaba tener una conversación animada con Anna, pero la chica estaba especialmente insoportable esa noche. En realidad, ya estaba acostumbrada, pues cuando la rubia estaba de malas, todos pagaban las consecuencias… Pensó que quizá se debía a que ya no era responsable de los entrenamientos de Yoh.

Otro que también la tenía extrañada era Yami. Desde que se encontró con Anna, había estado mirándola con recelo y se negaba a acercársele. ¿Qué le pasaría? Se distrajo de sus pensamientos cuando otro pequeño ser entró a su habitación. Mizu entró a paso tranquilo, pero luego notó que se quedó rígida y su pelaje se erizó. Sus ojos se volvieron un par de rendijas y comenzó a gruñirle a Anna. Evolet entró segundos después, sorprendiéndose por lo que ocurría.

—¿Qué pasa, Mizu? —la azabache cargó a su espíritu, intentando apaciguarla.

—Debe estar así por el eclipse —la itako se encogió de hombros, juntando sus manos—. Ya sabes, afecta a los vampiros. También podría con los espíritus.

—Ya veo…

Ambas parecieron darse cuenta de algo.

—¿Cómo sabes eso? —cuestionó Evolet, apretando a Mizu contra sí misma.

—Oh, fue Yoh quien me lo dijo cuando vinieron por la…

No tuvo tiempo de terminar con su frase cuando fue sorprendida por una patada de parte de la chica Sakurai. Kaoru ahogó un grito de sorpresa cuando la rubia cayó a unos metros de ella.

—¡¿Qué te pasa?! —exclamó Kaoru, viendo a Evolet como si estuviera loca—. ¿Por qué golpeaste a Anna?

—Esa no es Anna, Kaos —musitó la mayor con seriedad—. Ella no habló con ninguno de los gemelos hoy, apenas tuvieron tiempo de hacerles un aviso a los demás y luego se fueron… ¿Quién eres en realidad?

La Asakura no se esperaba ese comentario. Cuando volteó a ver a la itako, notó que efectivamente no se trataba de ella. La ilusión que la confundió comenzó a desvanecerse, dejando ver la silueta de otra persona muy conocida. Jeanne Renault se levantó con dificultad, sonriendo con cierta malicia.

—Creí que eras mucho más lista, niña —la menor la miró con rabia, apretando los dientes—. No puedo creer que cayeras tan fácil, pero ese descuido les va a costar muy caro. De todas formas, en este momento mi querida prima ha de estar muerta.

A pesar de la distancia, los oídos de Kaoru captaron un grito femenino a lo lejos. Era la voz de Anna. En ese momento, la francesa aprovechó la oportunidad para escapar por una de las ventanas del cuarto, trepando luego por el techo. La Asakura intentó perseguirla, pero su amiga la detuvo, alegando que no tenían tiempo de ir tras ella. Primero tenían que encontrar a Anna.


•❈•


—¡Otra vez!

Lancé un pequeño suspiro, intentando mantener la calma. Era un hecho que mi hermano no pensaba lo mismo que yo. En ese momento debía estar soltando mil y un maldiciones en contra de nuestro nuevo mentor. Miré de reojo a Hao, notando que había fruncido tanto sus labios hasta convertirlos en una delgada línea blanca. En verdad estaba haciendo un gran esfuerzo por no insultar en voz alta a Cedric.

Intenta ser paciente por una vez en tu vida, le rogué a través de nuestra telepatía.

Quizá me había vuelto loco. Nadie en su sano juicio le pediría a Hao Asakura que fuera paciente. Mi inestable gemelo soltó un bufido, antes de contestarme con el pensamiento.

Lo haré. Sólo porque tú me lo pides.

Finalmente tuvimos éxito… Luego de nuestro intento número trecientos cuarenta y siete. Era lamentable, pero al menos lo logramos. Cedric trató de animarnos a su manera.

—Nada mal, Hao. Sólo te tomó cincuenta y nueve minutos más de lo que habías dicho —lo felicitó con sarcasmo.

Imbécil, pensó con ira.

Sin embargo, le sonrió fingidamente al de cabellos violetas.

—¡Yoh!

Los tres volteamos, notando que mi hermana menor y la novia de mi hermano se acercaban a nosotros. Se les veía muy exasperadas.

—¿Han visto a Anna? —preguntó Kaoru, ansiosa.

—¿No estaba en la casa? —inquirí, poniéndome nervioso.

—No, y no la encontramos por ninguna parte —respondió Evolet, asustada.

Maldición…

No esperé un segundo más y corrí hacia el bosque para buscar a mi prometida. Ni siquiera necesité voltear para saber que los demás venían siguiéndome. Sentía una terrible opresión en el pecho. Trataba de no pensar en lo peor, pero el hecho de que justo esa noche había un eclipse lunar que volvía vulnerables a los vampiros no me ayudaba en nada. Tenía demasiado miedo.

Ese miedo incrementó cuando, finalmente, encontramos a Anna desmayada en un claro del bosque. No obstante, estaba acompañada. Se trataba de Marco y de otro vampiro rubio, cuyo nombre desconocía. El primero tenía un semblante un tanto aliviado, mientras que el otro sonreía con gran sadismo. Me molestaba enormemente que estuvieran regodeándose con el sufrimiento de mi novia. Sin pensarlo, mis poderes actuaron por sí solos. El suelo comenzó a temblar y varias rocas salieron disparadas hacia ellos. Sin embargo, no fueron suficientes, pues terminaron huyendo de todas formas.

Me acerqué rápidamente hacia Anna. Mis manos temblaban al verla tan pálida y me alteré más al colocar una mano en su mejilla. Estaba helada. También tenía muchas heridas por todo el cuerpo, de las que obviamente emanaba sangre. Su respiración iba acompañada de jadeos, como si estuviera haciendo un enorme esfuerzo por respirar con normalidad. Sentí cómo la cruda realidad me golpeaba en la cara. Anna estaba muriendo…

—Oh, no —Evolet se arrodilló a su lado, tomándole el pulso en la muñeca. Las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas. Me miró suplicante—. Tienes que salvarla. Conviértela, Yoh.

¿Qué la convirtiera? No sabía si sería capaz de hacer algo así. Ni siquiera sabía qué tenía que hacer para poder segregar ponzoña. Tenía muchísimo miedo de perderla, claro estaba. Sin embargo, tampoco quería obligarla a llevar una vida que ella no quería, siendo una vampiresa. Se acababa el tiempo y no sabía qué demonios hacer.

—No sé si pueda… —murmuré, sintiendo que mi cuerpo empezaba a temblar.

Volteé a ver a Cedric, intentando no echarme a llorar ahí mismo.

—Sólo tienes que beber de su sangre hasta saciar tu sed. Como estas algo lleno, lo harás rápido y no habrá riesgo de que la mates. Las glándulas accesorias que contienen la ponzoña la segregaran eventualmente. Percibirás una señal cuando eso suceda —explicó claramente el vampiro mayor.

—Por favor, Yoh —me rogó Evolet entre llanto. Tanto Kaoru como Hao intentaron contenerla—. Te lo suplico. No la dejes morir.

Miré a mi chica, quien parecía que iba a perder la vida en cualquier momento. Me acerqué hasta su cuello con temor, esperando que Cedric tuviera razón y pudiera convertirla. Inconscientemente, Anna hizo una pequeña mueca de dolor cuando perforé su yugular con mis colmillos, los cuales crecían como normalmente lo hacían cuando bebía sangre. Empecé a beber de ese líquido de color carmesí que tanto me gustaba, notando que su sabor era más exquisito que nunca. Cerré los ojos, disfrutando del placer de poder beber su sangre. Conforme bebía, noté un inusual sabor ácido en la garganta. A pesar de ello, continué saciando mi sed hasta que esa acidez se convirtió en algo más asqueroso que no pude identificar. Me separé de ella, notando que su respiración se ralentizaba cada vez más… hasta que se detuvo.

—¿…Anna? —la llamé, sacudiéndola con suavidad—. ¡Anna!

Sin embargo, no obtuve ninguna respuesta por parte de ella.

—¡ANNA! —le grité, sintiendo que algo se desgarraba en mí—. ¡POR FAVOR, NO MUERAS!

Escondí mi rostro entre mis manos, echándome a llorar como nunca antes lo había hecho. Evolet también estaba devastada, llorando fuertemente entre los brazos de Hao. Mi gemelo también me atrajo hacia él, consolándome al mismo tiempo que lo hacía con su novia. Nos susurraba palabras de aliento, intentando convencernos de que tal vez había funcionado. Esperaba que tuviera la razón. Deseaba tanto tener a Anna conmigo, ver sus hermosos ojos ambarinos, esa sonrisa que me provocaba un cosquilleo en el estómago… Aunque tampoco me perdonaría si ella no quisiera tener esta vida, y hubiera preferido morir a permanecer eternamente como una vampiresa.


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Me sentí aliviado luego de que Fausto revisara a Anna, confirmando que se convertiría en un ser inmortal, pues había entrado una cantidad considerable de ponzoña en su organismo. La mayoría de los presentes se pusieron muy felices cuando el shaman médico nos dio dicha noticia. A pesar de eso, yo no sabía qué pensar. Le había arrebatado la humanidad a mi prometida, y eso me hacía sentir terrible. Yo mismo detestaba haberme convertido en un vampiro. Pensaba que ella se sentiría igual y me odiaría tanto que no querría volver a verme en su vida.

Pasaron dos días en los que tuve que lidiar con mis pensamientos depresivos, hasta que Fausto anunció que Anna había despertado. Fue una de las pocas veces en las que agradecía ser inmortal, puesto que mi condición me permitiría entrar al sótano para ver a mi novia… y así fue. Caminé por el pasillo que me llevó a dicho lugar. Me detuve frente a la gran puerta, intentando mantener un semblante tranquilo. Aquello me resultaba un poco difícil, porque no lograba sacarme de la cabeza que había transformado a mi linda prometida en vampiro. Como pude, reuní fuerzas y abrí la puerta de la mazmorra.

Anna se encontraba en una de las celdas. Abrió sus ojos como platos al verme.

—Yoh.

—Annita… —la miré con una pequeña sonrisa, a la vez que cerraba la puerta del lugar—. Te ves muy hermosa. Bueno, siempre estás hermosa, pero te ves… distinta —corregí, temiendo que malinterpretara mi comentario.

Mi chica se echó a reír, maravillándome con el sonido de su voz. Me asusté un poco cuando calló de forma tan abrupta. Bajó un poco la mirada, contemplando su ahora pálida piel.

—¿Por qué me convertiste, Yoh? —preguntó entre susurros—. Pudiste dejar que muriera y no lo hiciste. ¿Por qué?

—Perdóname, Anna. Quizá fue un poco egoísta de mi parte haberlo hecho sin tener en cuenta lo que opinabas al respecto… pero tenía tanto miedo —confesé, esperando que ella no me odiara por la decisión que había tomado—. No quería perderte… porque te amo. Te amo más que a mi propia vida.

—¿…En serio? —inquirió, levantando una de sus cejas.

Me reí por lo bajo al ver ese pequeño gesto.

—Vamos, no me lo pongas tan difícil —bromeé, logrando sacarle una breve risa.

—¿Podrías abrir mi celda? —me pidió, luciendo un poco ansiosa. Me sentí algo incómodo cuando escuché esa petición y ella, al notar la expresión en mi rostro, se apresuró en añadir—. No es lo que piensas. Quiero que entres y estemos un rato juntos… Por favor.

Demonios, nunca podría decirle que no a esa preciosura que tenía por pareja. Acepté, pidiéndole al Espíritu de la Tierra que entrara por un momento en la cerradura. Funcionó, porque la puerta se abrió, permitiéndome acceder a su celda. Me senté a su lado luego de asegurarme que la celda estuviera bien cerrada, recostándome sobre una de sus paredes. Abracé a mi prometida contra mi pecho, sintiendo que ella se acomodaba entre mis brazos. Permanecimos un breve lapso de tiempo en silencio, disfrutando de la compañía del otro.

—Hace poco leí una frase que me encantó —comenté, acariciando suavemente sus cabellos—. "El amor no es eso que queremos sentir, sino algo que sentimos sin querer". Pienso que es muy cierto. Apenas y me di cuenta del momento en que empecé a quererte… Y ahora, luego de seis años, finalmente estamos juntos sin esa presión del compromiso.

—Es verdad —coincidió ella, con un pequeño sonrojo en sus mejillas—. Somos novios… y realmente estoy ansiosa por poder vivir a tu lado, siendo tu esposa. No importa que me hayas transformado —se volteó, para mirarme directo a los ojos—. En este mismo momento, no me importa ser humana, vampiresa o hasta extraterrestre…

Me eché a reír con su extraña confesión. Su sonrisa se ensanchó. Me encantaba verla así.

—…Mientras pueda estar a tu lado, nada más me importa.

Terminé por acortar la distancia que había entre nosotros, atrapando sus labios en un cálido beso. Ella me correspondió, abrazando mi cuello con ternura. Me sentía tan contento de poder besarla como quisiera, sin temor a herirla por mis colmillos… Aunque si lo pensaba bien, en realidad nunca me había importado ese aspecto. Me separé de ella, pues ese pensamiento provocó que me riera un poco. Anna sonrió; quizá se preguntaba el motivo de mis risas… a menos que lo supiera gracias a su Reishi.

—Te amo, Yoh —susurró con ternura, enterrando su rostro en mis cabellos.

Besé su coronilla dulcemente.

—Yo también te amo, Annita.

Me sentía feliz de que todo hubiera resultado bien. Anna ahora era una neófita y necesitaría toda la ayuda posible para poder superar esa complicada etapa. Era consciente de que los demás iban a ayudarla en lo que fuera posible, sin acercársele mucho en los primeros diez días, claro, para no cometer ninguna estupidez como lo que sucedió cuando mi gemelo y yo estuvimos encerrados esa primera vez. Después de todo, ella tenía a los abuelos, que eran como sus padres, y a Evolet que era como su hermana, y yo era muy suertudo de tener a Anna como novia y futura esposa.


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¡Hola! ^^

¿Qué les pareció la conversión de Anna? :3 Jajaja no se lo esperaban, ¿verdad? Por cierto, lamento no haber podido pasar por aquí el mes pasado. Estuve viendo otras cosas, siempre relacionadas al fic. Aún hay mucha trama por delante, que espero que les guste. Faltan muchas cosas por descubrir… como lo del siguiente capítulo xD

Quiero agradecer a Sabr1, por ayudarme a revisar la redacción de los capis :3 Además de las ideas geniales que me ha dado. ¡Gracias, nee! :3

También muchas gracias a ti, querido lector, por seguir esta historia n.n Espero que les haya gustado el capi. Si tienen algún comentario, sugerencia o duda, pueden hacérmela saber por medio de un review. ¡Me hace muy feliz conocer lo que opinan acerca de esta historia!

¡Nos vemos! ^^