Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a sus OC (Evolet y Cedric).

Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).

Género: General. Tiene un poco de todo.

Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.

Conversación en otro idioma.


19

Rebelión por la Sangre


Hao Asakura

Finalmente, los tres equipos habíamos clasificado para la etapa final del torneo. Mi hermanita, Horo-Horo y Len se enfrentaron al equipo Hana-Gumi y, a pesar de la dura batalla, lograron vencerlas y ser el último equipo con pase para las finales. A pesar del incidente que ocurrió unos días atrás, no les guardaba ningún rencor a Kanna, Mati y Mari. Eran buenas chicas y en el fondo, me halagaba que tuvieran cierta admiración por mí. Además, tras estos días que pasé en compañía de mi novia, no podía estar más contento.

Luego de su victoria, los chicos y mi hermana se pusieron a charlar amenamente con las chicas. Kaoru y Mati se volvieron amigas al instante, cuando descubrieron su amor en común por el Halloween. Era gracioso verlas hablar tan animadamente de cosas que nadie entendía sobre dicha festividad. Su plática fue interrumpida por un carraspeo que resonó a través de los parlantes del estadio.

—Su atención, por favor —habló la líder de los apaches. Todos callaron de repente para escuchar lo que Goldva diría—. Antes que nada, quiero felicitar a los cuatro equipos que pasaron a la etapa final del Torneo de Shamanes. Llegar hasta este punto no ha sido fácil, y aún quedan muchos obstáculos que enfrentar si quieren convertirse en el próximo Shaman King… o Shaman Queen, en vista de que tenemos a tres señoritas participando —Kaoru y Evolet voltearon a verse muy emocionadas, mientras que Jeanne no dejaba ver la misma euforia—. Los detalles sobre la última etapa se darán a conocer luego de haber superado la primera prueba de la misma: encontrar la nueva localización donde se llevará a cabo el torneo.

—Seguro es otro apestoso pueblito, ¿no? —se burló Ashil.

—Es una tradición que las rondas finales se lleven a cabo en Mu, un continente muy sagrado para la Tribu Apache. No obstante, los Grandes Espíritus han designado una nueva ubicación para esta edición del torneo: la región de Persia. Como rey o reina que aspiran a ser, deberían ser capaces de llegar por sus propios medios. Al igual que en la vez anterior, todos los shamanes que quieran presenciar las batallas de la Shaman Fight serán bienvenidos. Los doce participantes tienen un plazo de dos semanas para llegar. ¡Les deseo muchísima suerte a todos!

Jamás pensé que los Grandes Espíritus nos harían viajar nuevamente, en busca de un lugar desconocido… y que, en teoría, ya no existía. No entendía cómo demonios le haríamos para encontrar Persia, pero necesitábamos irnos lo más pronto posible. Llegué a creer que la familia de Len tenía algún tipo de maldición, ya que ninguno de sus jets privados estaba disponible para que pudiéramos viajar de inmediato. Tendríamos que posponer el viaje hasta el día siguiente. Me preocupaba que mis amigos de la infancia no tuvieran cómo trasladarse, pero por suerte los adultos les propusieron venir con nosotros. Redseb y Nichrom se hicieron querer muy fácilmente por la mayoría de los habitantes de la casa.

Estaba saliendo del estadio en compañía de ellos, cuando de pronto vi una escena que me asustó por un momento. Evolet y el trío de la flor estaban charlando como si fueran amigas de toda la vida. Las chicas parecían avergonzadas, pero mi novia les sonreía amablemente. Me apresuré a acercarme, un poco curioso, mas con la debida precaución.

—¿…Todo bien por aquí? —me aventuré a preguntar, llamando la atención de las cuatro.

—Hao… —Evolet las miró y luego me dirigió una sonrisa—. Todo está perfecto.

—Sólo nos estábamos disculpando por lo que ocurrió la vez pasada —me contó Mati, siendo respaldada por un asentimiento de parte de Kanna y Marion—. No pretendíamos causarle problemas, Hao-sama.

—No pasa nada —sonreí levemente—. Ah, y… por favor no me llamen así. Pueden tutearme, estamos en confianza. Además, siendo sincero, las formalidades me incomodan un poco.

Luego de eso, las tres shamanes se despidieron de nosotros, prometiéndonos que viajarían a Persia para apoyarnos. Retomaron su camino a casa, y noté que Redseb se había adelantado para alcanzarlas. ¿Qué tramaba ese tonto?

—Mari, espera… —Red se acercó hacia ellas, luciendo un tanto nervioso.

Recordé entonces que mi amigo se había fijado en ella el día en que las conocimos. Al parecer, tenía la intención de hablarle… pero la suerte no estaba de su lado ese día. Los nervios lo habían traicionado, causando que se tropezara y cayera sobre un enorme charco de lodo que estaba en pleno camino. Tanto Nichrom como Evolet y yo habíamos cerrado los ojos ante el impacto, sintiendo lástima por él.

—Ugh, ensuciaste los zapatos de Mari —le reclamó la chica italiana, mirando con repulsión el lodo en sus botas con plataforma—. Qué fastidioso eres.

Sin decir nada más, la rubia se alejó muy molesta, mientras sus amigas la seguían, riéndose por lo sucedido. Redseb trató de ponerse de pie, sin tener éxito. Cayó al suelo nuevamente, embarrándose más. Nos apresuramos a ayudarlo a pararse.

—¿Estás bien, Redseb? —preguntó mi novia. Sacó un pañuelo blanco de su bolso y se lo tendió—. Toma.

Mi amigo lo aceptó con un poco de pena, intentando limpiarse el lodo de la cara. Al ver que no servía de mucho, Evolet lo ayudó a estar limpio con sus poderes. Estaba algo empapado, pero al menos ya no estaba sucio. Ella notó que necesitábamos estar a solas, por lo que se disculpó antes de retirarse. Una vez solos, sentí mucha curiosidad al ver que Red buscaba algo en sus bolsillos. Cuando por fin encontró el objeto, lo colocó en mis manos. Lo reconocí al instante. Se trataba de una pequeña navaja que le había regalado su padre antes de que se mudara de Nagoya, donde luego me quedé solo. Red cerró los ojos al tiempo en que apartó su cabello, dejando ver su blanquecino cuello.

—Por favor, mátame. Procura que no me duela tanto… No puedo seguir viviendo luego de haber hecho el ridículo frente a Mari.

—No digas estupideces —lo calló Nichrom, dándole un golpe en la nuca que, por supuesto, no le dolería—. Oye, ¿viste la última película de superhéroes que salió? —preguntó, en un intento por subirle el ánimo.

—Dicen que está buenísima —comenté con una sonrisa.

Sabía que al Munzer le encantaban los superhéroes desde muy pequeño. Era uno de esos temas que lo hacían hablar hasta por los codos.

—¿A quién le importan los putos superhéroes? ¡Caí sobre un charco de mierda frente a la chica que me gusta! —soltó con enfado.

—No te pongas así. Harás que el Capitán América se sienta decepcionado de ti —bromeé, consiguiendo que el chico me fulminara con la mirada—. Bueno, tranquilo. Vayamos a mi casa y veamos películas… Y para que lo sepas, me importa un carajo si no estás de acuerdo con la idea —lo silencié, al ver que quiso interrumpirme.

Quizá nos escuchábamos demasiado vulgares, pero estábamos acostumbrados a hablar así al estar juntos. Igualmente, teníamos cuidado de no usar ese tipo de lenguaje frente a nuestros padres. Nos daría demasiada vergüenza.

Luego de pasar por el cuarto que alquilaban mis amigos, para que Redseb pudiera cambiarse de ropa, fuimos a casa y nos sentamos en el jardín. Aprovechamos que la mayoría estaban en sus cuartos, descansando. Nichrom había traído consigo un mazo de cartas para subirle el ánimo a Red. Era un juego que nos encantaba y que habíamos modificado, de manera que fuera más divertido. Cada carta contenía una serie de preguntas de diversas categorías: historia, geografía, ciencia, deporte, arte y entretenimiento. Cada uno debía lanzar un par de dados, y quien tuviera la mayor puntuación sería quien preguntara a los demás. Nuestro aporte al juego: quien no respondiera correctamente, debía dejar que dibujaran en su rostro.

Terminamos fallando en la mayoría de las preguntas. Los tres teníamos los rostros cubiertos de dibujos y palabras obscenas. No sabía si reírme o sentirme molesto por la situación… o al menos, no lo supe hasta que Cedric apareció. No sabía qué demonios hacía en la casa, así que intenté leer sus pensamientos. Me llevé una gran sorpresa al notar que mi habilidad mental no tenía efecto. No podía acceder a su mente… Era como si hubiera un escudo mental. ¿Qué rayos estaba pasando?

—¿Te sorprende verme? —inquirió, en parte con burla.

Aquello no me ayudaba en absoluto. Ya era grande mi sospecha hacia ese vampiro, pues nuestros encuentros no habían sido los mejores. Tenía una actitud tan arrogante, tan extraña… Y por esa misma desconfianza que sentía, no estaba seguro si preguntarle o no sobre la aparente barrera que existía en su mente.

—¿…Qué haces aquí? —tuve que tragarme el verdadero motivo de mi sorpresa.

Creí que era mejor no comentar nada al respecto; al menos por ahora.

—Tienes entrenamiento. ¿Acaso lo olvidaste?

Aún no me acostumbraba a la idea de que Cedric fuera mi mentor. En verdad detestaba que me diera órdenes, pero debía admitir que sus entrenamientos eran la mejor opción para nosotros.

—Está bien —contesté de mala gana. Me levanté, notando que mis amigos miraban con confusión al vampiro adulto. Recordé que era la primera vez que lo veían—. Sólo iré a lavarme la cara.

—Claro que no —Cedric sonrió con sarcasmo, a la vez que cruzaba los brazos—. No pienso perderme la oportunidad de hacerte pasar vergüenza. Nos vamos ahora mismo. Además, tengo que hablar con tus padres cuando regresemos… sobre algo muy importante.

Escuché cómo esos idiotas que tenía por amigos estaban tratando de reprimir sus carcajadas. Si las miradas pudieran matar, Cedric Romanov estaría fulminado. Pasé a su lado hecho una furia, sin importarme que lo había golpeado por el hombro. Él se limitó a reír por lo bajo. Me estaba haciendo pasar una gran vergüenza. Nadie en la aldea me quitaba la mirada de encima, burlándose de mi rostro cubierto de dibujos de penes y palabras malsonantes… las cuales, para colmo, habíamos escrito en inglés para que fuera más divertido. Que todos pudieran entender las frases que tenía escritas en la cara lo hacía mucho peor. Quería que la tierra me tragara y me escupiera en algún lugar donde no pudieran encontrarme. La Antártida sonaba bien.

Ese día, me prometí a mí mismo que esto no iba a quedarse así. No sabía cómo, pero encontraría la forma de devolvérsela a Cedric.


•❈•


La mañana siguiente fue bastante estresante. Teníamos que armar las maletas para partir rumbo a Persia. ¿Por qué los Grandes Espíritus nos enviaban a un lugar que ya no existía? Nunca lograré comprender sus extrañas decisiones. No sabíamos su ubicación exacta y mucho menos cómo llegar. Decidimos empezar la búsqueda con el único dato que se conocía: Persia era, en la actualidad, la república de Irán. Llegar hasta ahí no sonaba tan complicado, pero no sabíamos a qué sitio dirigirnos luego.

Era todo un alivio que Len y su familia nos permitieran viajar en uno de sus famosos jets privados. Los Tao también le habían propuesto a Cedric que fuera con nosotros. No me extrañó ver que se negara.

—Gracias, pero prefiero desplazarme por mis propios medios.

—¿Estás seguro? Si te da miedo subirte a un avión, sólo dilo —me burlé.

Me estaba desquitando por la vergüenza que me hizo pasar el día anterior.

—No es eso. Ya he viajado en todo tipo de medios de transporte —me informó, sin dejarse llevar por mis provocaciones—. La verdad es que puedo llegar más rápido viajando por mi propia cuenta.

—¿Crees que llegarías antes que este jet? Imposible.

—No para mí —interrumpió, sonriendo de lado—. Soy muy veloz. Es más… Incluso llegaría antes que el Espíritu del Fuego.

¿…Qué dijo?

—¿Es un reto? —cuestioné, furioso.

—Más bien, un entrenamiento —la confusión inundó mi rostro, y también el de mi hermano—. Hagamos una pequeña carrera. Ustedes y yo —miré a Yoh, sin poderlo creer—. Veamos quién de los dos llega antes a Irán. Van a tener que mantener la posesión por cierta cantidad de horas para llegar. Cada quién la mitad del camino.

—Eh…

Estuve tentado a ver a mis padres, pues creí que, en este instante, iban a estar negándose a gritos por esa locura. Sin embargo, ambos se veían, en cierta forma, tranquilos con la idea.

—Ya hablé con sus padres ayer, y están de acuerdo… Siempre y cuando tomen las debidas precauciones —nos tendió una pequeña bolsa. Sentí curiosidad, así que revisé su contenido. Eran dos capas negras, muy parecidas a las que él usaba—. Las necesitarán para cubrirse del sol. Recuerden que la tolerancia de un vampiro es sólo de dos horas.

Dicho esto, Cedric nos dio la espalda para buscar la salida del aeropuerto.

—No puedo creer que papá y mamá estén de acuerdo —dijo Yoh, mirándome muy angustiado—. El viaje es demasiado largo. Vamos a tener que controlar muy bien nuestro poder espiritual.

—Podemos hacerlo.

Me negaba a quedar en ridículo ante el reto de nuestro mentor, así que me preparé. Yoh no tuvo más remedio que hacer lo mismo. Nos despedimos de nuestra familia y amigos, contemplando cómo se subían al jet. Evolet fue la última en subir, pero antes de hacerlo, me dirigió una mirada intranquila.

—Cuídate mucho —habló con rapidez, para después plantarme un pequeño beso en los labios.

Cuando nos separamos, soltamos una risa al notar que mi gemelo se había puesto incómodo con la escena.

—No lo hagan frente a mí —hizo un pequeño mohín—. Me siento solo.

Sonreí de lado.

—Oye, no tienes idea de las veces que tuve que aguantarme que te besuquearas con Anna frente a mí. No te quejes.

Decidimos partir antes que el jet despegara, así nuestros padres estarían tranquilos al ver que no nos quedaríamos atrás.

Fue un viaje muy agotador. Justo como nos lo dijo Cedric, nos turnamos para viajar sobre nuestros espíritus acompañantes. Habíamos quedado demasiado agotados, pues no estábamos acostumbrados a mantener nuestros oversouls durante tantas horas seguidas. No había podido disfrutar del viaje por el extremo cansancio. Luego de catorce horas, finalmente pudimos divisar el aeropuerto de Teherán. Yoh aterrizó en un punto donde nadie pudiera vernos, y me miró con agotamiento. Imité su gesto, tomando mis maletas para buscar un lugar donde sentarnos y esperar a que Cedric llegara.

…No tuvimos que esperar nada. En realidad, era él quien estaba esperándonos. Ese maldito se encontraba en uno de los restaurantes del aeropuerto, disfrutando de una fría limonada… Un momento. ¿Qué? ¡¿Cómo?!

—Por un momento, pensé que se perderían —nos sonrió con burla, mientras nos sentábamos en su mesa. Nos tendió unos recipientes metálicos que conocíamos perfectamente. Bebí todo su contenido en tres grandes tragos. El cansancio estaba haciendo estragos dentro de mí, dado que no me había percatado de lo sediento que estaba—. Supongo que los demás llegarán dentro de unas horas, así podremos charlar tranquilamente.

—Yupi —susurré con sarcasmo, virando los ojos.

Yoh me dio un pequeño codazo en el costado. Sentí que no tenía fuerzas ni para reclamarle por el golpe.

—Quería preguntarle algo, si no le molesta —habló mi hermanito. Hizo una breve pausa para asegurarse que no hubiera nadie cerca de nosotros. Cedric lo miró con interés—. ¿Cómo funcionan exactamente esas glándulas que poseen los vampiros? Es que… No terminé de comprender lo que me había dicho esa noche.

—Por supuesto. Los vampiros tenemos un par de glándulas accesorias en la parte baja de la boca que sirven como contenedores de la ponzoña. Estas se activan luego de dos señales. Una vez que tu organismo ha bebido sangre hasta saciarse, sentirás un pequeño sabor ácido en la lengua, indicándole a tu cuerpo que ya estás lleno. Sin embargo, al igual que los humanos, hay ocasiones donde la gula es más fuerte que el autocontrol. Si no obedeces dicha señal y continúas bebiendo, las glándulas liberarán el veneno que contienen. Sentirás un horrible sabor en la boca y eso te obligará a apartarte de la víctima. Es como un mecanismo de defensa.

Una camarera se acercó hasta nuestra mesa y dejó dos trozos de delicioso pastel de chocolate frente a nosotros.

—Bon appétit —nos susurró Cedric, sonriendo con malicia.

…Este idiota iba a sacarme canas verdes.

—¿Qué diablos pretendes? —le reclamé, sintiéndome furioso—. ¡Sabes muy bien que no podemos comer nada!

—Escuché que a ustedes les encanta el chocolate. ¿Por qué no lo prueban? Se ve delicioso —comentó, encogiéndose ligeramente de hombros. Le lancé una mirada envenenada. Nuevamente, tenía esa tentación frente a mis narices y no podía disfrutarla como quería—. Confíen en mí, no pasará absolutamente nada.

No entendía cómo podía estar tan seguro de eso. Mi hermano y yo nos vimos con algo de duda. Tomé el tenedor y partí un pedazo, para luego llevármelo a la boca, disfrutando del delicioso sabor de ese postre… Entonces me percaté que, luego de unos momentos, aún lo saboreaba sin problemas. ¿Qué significaba esto?

—Sorprendente, ¿no? —Yoh y yo estábamos sin palabras. Vi a Cedric rebuscar algo en un bolsillo de su capa y nos lo mostró. Era una píldora de color amarillo—. Disolví esta pequeña cápsula en sus bebidas antes de que se las tomaran. Todos sabemos que el organismo de un ser inmortal no puede digerir ningún tipo de alimento, pero este medicamento nos da la posibilidad de hacerlo. Además, tiene un efecto de hora y media —no supe qué expresión tenía en el rostro, pero Cedric nos sonrió burlón—. Véanlo como una recompensa por su entrenamiento.

—Era lo menos que podías hacer… —Yoh me interrumpió con otro codazo.

—Muchas gracias —respondió mi gemelo, verdaderamente feliz.

Jamás creí que podría volver a disfrutar lo que tanto me gustaba. Nuestro mentor nos explicó que tenía una reserva de píldoras amarillas que él mismo fabricaba, siguiendo una receta. No quiso decirnos quién las creó, pues se puso muy serio y desvió el tema. Sin embargo, los ingredientes de dicho medicamento no eran muy sencillos de conseguir, por lo que sólo tenía un número limitado. Eso no era todo, también tenía otro tipo de píldoras que eran de un color púrpura, que aumentaban la resistencia al sol hasta cuatro horas… No quería admitirlo, pero en verdad tenía grandes habilidades de alquimista.

El tiempo se nos iba en los temas que discutíamos. También nos hizo saber que nunca estuvimos solos durante el viaje, él estuvo cuidándonos a los lejos. A lo mejor sí era un vampiro muy veloz. Después de un rato, ya no podía concentrarme en la plática. El cansancio me lo impedía. Luego de esas eternas tres horas, finalmente llegaron los demás. Me sorprendió ver ahí a los padres de Lyserg, Horo, Chocolove y Manta reunidos en el mismo lugar. Estaban muy felices por los logros de sus hijos en el torneo. Momentos después, volvió a golpearnos la cruda realidad. No sabíamos cómo llegar a Persia. Estuvimos buscando a alguien que pudiera darnos información sobre ese lugar, pero teníamos la mala suerte de que nadie hablaba siquiera inglés.

—¿Hablas farsi? —le pregunté a Cedric.

El vampiro no cambió su semblante estoico para responderme.

—Hablo catorce idiomas, pero ese no es uno de ellos.

Maldito presumido, pensé, mirando con desesperación al personal del aeropuerto.

El sueño debía estarme provocando alucinaciones, porque percibí un aura angelical que emanaba del vigilante que estaba a unos pasos de nosotros. Pude escuchar que el tipo estaba hablándoles en árabe a unos turistas. Me le acerqué, decidido. Agradecí mentalmente que mi abuelo me hubiera obligado a aprender dicho idioma cuando era un niño.

Disculpe… —el hombre me miró con interés—. Necesitamos llegar a un lugar, pero no sabemos dónde está. ¿Sabe cómo llegar a Persia?

El tipo me miró con sorpresa por unos segundos. Luego, soltó una gran carcajada.

¿Persia? Eso ya no existe, niño —me sonrió, burlón—. ¿No te lo enseñaron en la escuela?

¡MALDITO HUMANO! ¿Cómo se atrevía a burlarse de mí? Volteé a ver con ira a mis espaldas. Casi nadie había entendido lo que había hablado con el vigilante, a excepción de mi padre y Cedric. Mikihisa hacía un esfuerzo por no reírse en mi cara, mientras que mi mentor sí que lo hacía. ¿Por qué disfrutaban tanto mis desgracias?

Sólo sé que existen las ruinas de Persépolis, la antigua capital de Persia —me informó, tornando el gesto a uno serio.

Tal vez me sirva. ¿Cómo llego hasta ahí?

Me comentó que había empresas que ofrecían transporte hasta ese lugar. Tomaría aproximadamente doce horas para poder llegar a nuestro destino. Al saber eso, mi gemelo y yo le insistimos a nuestros padres para que todos pudiéramos viajar sobre nuestros espíritus. De esa forma, llegaríamos más rápido. Por supuesto, no faltaron sus quejas. Decían que luego del entrenamiento, estábamos muy cansados… que podíamos matarnos y esas cosas.

Mansumi Oyamada, el padre de Manta, contactó con una de esas compañías de transporte. Nos trasladaríamos en uno de esos autobuses climatizados. Era de dos pisos y decidimos que los adultos irían en la parte de abajo y nosotros arriba. Yoh y yo nos adueñamos de los asientos delanteros, para que nadie nos molestara. No supe en qué momento había caído en los brazos de Morfeo, pero cuando desperté, me di cuenta que estaba abrazando al Espíritu del Fuego como si fuera un osito de peluche. Me pareció extraño no oír nada, por lo que volteé un poco para ver hacia atrás y me sorprendí al notar que Horo y Chocolove estaban inconscientes en el piso. A su lado, estaba tendida una maleta de mano.

—Ellos se lo buscaron —susurró alguien a mi lado. Me sobresalté, para luego darme cuenta de que se trataba de Anna. Ella y Evolet se habían sentado en la fila que estaba a la par nuestra—. Estaban haciendo demasiado ruido.

No podía culparla por desquitarse de ese par de ruidosos. Tuvieron mucha suerte de que estuviera tan agotado como para no despertar con su escándalo. De haberlo hecho, me hubiera encargado de callarlos yo mismo.

—Bueno, ¿y por qué no has vuelto a dormir? —quise saber.

La rubia me miró con molestia.

—No puedo, Hao —declaró, cansinamente—. Es de noche y aún soy neófita.

Había olvidado que mi cuñada seguía en la fastidiosa fase de recién convertida, ya que apenas habían pasado doce días desde su transformación. Anna soltó un suspiro antes de retomar la conversación.

—¿Quieres cambiar de asiento?

Me detuve un momento a pensar en la propuesta que me estaba haciendo la itako. Giré a mi lado, y noté que Yoh seguía profundamente dormido. Anna debía querer sentarse a su lado para sabroseárselo con la mirada –si esa palabra existiese–. Era una proposición muy tentadora. Podría ir junto a mi chica y pasar un rato con ella.

—…Está bien.

Evolet despertó cuando sintió movimiento a su lado. Se veía tan linda con sus ojitos adormilados que no pude evitar robarle un beso. Apenas y me lo correspondió, debido a que tenía sueño. Percibí un ligero sabor a chocolate en ellos y deduje que se habrá comido uno en algún momento, y eso hizo que lo disfrutara aún más. Luego de separarnos, ella se acomodó en mi pecho y durmió nuevamente. Estaba tentado a reír, aunque no lo hice para evitar despertarla. Cerré los ojos, decidiendo que volvería a dormir de nuevo.

No supe qué hora era cuando desperté por segunda vez en ese viaje. Contemplé durante un rato a mi novia. Se veía tan adorable mientras dormía. Desvié la mirada para ver el hermoso paisaje que nos ofrecía el cielo. La luna y las estrellas brillaban intensamente esa noche. Esos resplandores caían sobre una enorme plantación de rosas del desierto, las cuales se movían con suavidad por la ligera brisa que había. Era todo un espectáculo.

—Es bellísimo —murmuró una voz muy cerca de mí.

Al parecer, Evolet también había despertado. Volteó a verme con sus preciosos ojos dorados, que parecían resplandecer levemente a pesar de la oscuridad. Verla así me hizo sonreírle de vuelta.

—Sí, lo es… Igual que tú —le susurré al oído. Reí por lo bajo cuando sus mejillas se colorearon un poco—. Por cierto, me debes un beso real. El de antes no cuenta, apenas y estabas consciente.

—¿Eh? ¿Entonces no fue un sueño? —preguntó mi confundida novia.

Sonreí con diversión por eso. Me acerqué para unir nuestros labios en un beso que duró más de lo usual. No teníamos mucho tiempo para pasarlo juntos, y en estos últimos días he sentido que comenzaba a hacerme falta. No sabía si necesitar así de alguien era algo bueno o no. Era la primera vez que me pasaba. Me distraje de mis pensamientos al sentir las suaves caricias de nuestros labios. No pude evitar que mis manos se movieran por sí solas y terminaran rodeando su cintura. Ella, en cambio, guio sus manos hasta perderse en mi larga cabellera. Diablos, podría estar así toda la vida… pero claramente eso no iba a ocurrir. No cuando el aire era tan indispensable para ella.

—Si seguimos así, terminaremos por despertar a alguien —susurró, divertida.

Estaba de acuerdo con eso. Le di un último beso en la frente y nos acomodamos para seguir viendo el paisaje frente a nosotros. Se puso a acariciar uno de mis mechones de cabello.

—Harás que me duerma de nuevo —musité, apoyando mi cabeza contra la suya.

Soltó una risita, sin hacerme caso. Sonreí de lado, me encantaba ese momento de rebeldía que tenía conmigo. Contemplamos cómo el cielo comenzaba a aclararse conforme el sol se asomaba por el horizonte. El autobús se detuvo, indicando que por fin habíamos llegado a Persépolis.

—¿Pasaron una buena noche?

Evolet y yo nos asomamos para notar que tanto Yoh como Anna nos miraban con burla. Mi novia rio, pero yo les devolví el gesto.

—Dudo mucho que hayamos sido los únicos.

Nos bajamos del autobús, agradeciéndole al conductor. El hombre nos preguntó, más de una vez, si estábamos seguros de que ya no requeríamos de sus servicios. Seguramente le extrañaba que nos bajáramos con muchísimas maletas frente a un campo de ruinas, prácticamente en la nada. Nos dimos cuenta que, conforme nos aproximábamos a las ruinas, las edificaciones iban tomando la forma que tenían hace milenios. La ciudad tenía un encantamiento que la hacía tener esa apariencia. Goldva no se equivocaba; Persia aún existía. Los edificios se veían viejísimos, pero majestuosos. Los persas, sin duda alguna, habían sido una de las más grandes civilizaciones que existieron en el mundo. Los apaches nos recibieron cordialmente. Se les veía felices porque no habíamos tenido dificultades para llegar hasta ese sitio, siendo los primeros en lograrlo… O a lo mejor, sólo les alegraba que fuéramos un grupo de más de treinta personas. Jamás dejarían de vernos como sus pequeñas minas de oro.

Los Tao decidieron encargarse del alquiler del que sería nuestro nuevo hogar. Como no querían que nos alojáramos en los espantosos dormitorios que ofrecían los apaches, solicitaron alquilar una casa… El problema estaba en que éramos demasiados, por lo que les ofrecieron la mejor solución que tenían: dos enormes casas vecinas que estaban muy cerca del centro de la ciudad, las cuales estaban conectadas a través de un pasillo en común. Mientras los demás inspeccionaban el exterior de las casas, mi familia se apartó un poco del resto del grupo, para poder hablar con Cedric.

—Queríamos invitarte a quedarte con nosotros —le propuso Mikihisa.

Cedric pareció sorprenderse un poco, aunque lo disimuló a la perfección.

—Por favor… —insistió Keiko, con una pequeña sonrisa—. Has hecho mucho por nuestros hijos, permítenos pagártelo de esta forma. Además, ahora eres su mentor. Será más fácil entrenarlos si estás cerca de ellos… —hizo una pequeña pausa, sintiéndose un poco incómoda—. Y también podríamos consultarte cualquier duda que tengamos sobre nuestra condición.

No comenté nada al respecto, aunque no estaba de acuerdo con la idea. No podía evitar desconfiar. Además… Estaba presente el hecho de que disfrutaba hacerme la vida a cuadritos.

—…Supongo que no puedo negarme con tanta insistencia —aceptó, sin cambiar su expresión de seriedad que tenía en el rostro. Mi familia se mostró muy contenta—. Muchas gracias.

Durante un largo rato, intentaron decidir cómo nos dividiríamos en ambas casas. Pensaban hacerlo por familias, pero la distribución no era tan equitativa. Luego de que se me ocurriera una buena idea, propuse que los adultos se quedaran en una casa y nosotros en la otra. Mis amigos se mostraron encantados ante la idea de tener una casa para nosotros solos, sin control parental. Sin embargo, mis padres y abuelos no se mostraron muy de acuerdo. Decidimos someterlo a votación, en la cual mi idea fue la que tuvo más apoyo. Anna terminó de convencerlos, haciéndoles ver que no sería confortable para ellos estar cerca de cuartos de personas ruidosas, como Horo-Horo. El shaman quiso quejarse por dicho comentario, pero pareció recordar el incidente de la maleta en el bus. Anna, siendo vampiresa, era mucho más peligrosa que cuando era mortal.

—La habitación más grande es para mí, ¿entendido? —ordenó la sacerdotisa, luego de que los adultos ingresaran a la otra casa. Se deshizo de la capa que Yoh le había prestado para protegerse del sol. Como era neófita, aún no había desarrollado la tolerancia que teníamos—. Muero de sueño, así que me iré a dormir. Más les vale que no me despierten como lo hicieron en el viaje, o recibirán un castigo peor que el de ser golpeados por una tonta maleta —les advirtió, lanzándoles una mirada asesina.

Anna subió las escaleras y, seguidamente, se oyó un fuerte portazo. Nos miramos temerosos; definitivamente su condición vampírica la hacía más temible.

Nos repartimos los cuartos justo como los teníamos en la aldea. Incluso decidimos decorarlos de la misma forma. Lo único "malo" de todo el asunto era que los adultos habían decidido que Jun se quedaría con nosotros. Ella me caía muy bien, pero era como tener una niñera en la casa. Por otro lado, volvería a compartir cuarto con mi hermano. Una vez ahí, coloqué una nueva foto en la mesita de noche. La habíamos tomado el día de nuestra pelea. En ella, aparecíamos en nuestra cita doble con Evolet y Anna. Era un alivio que luego de todo el enojo y tristeza que había sentido en esa estúpida semana, las cosas hubieran vuelto a la normalidad. Esperaba ya no tener que pasar por más situaciones parecidas… Claro, la vida no siempre era color de rosa y todo lo que sucedía en este torneo era prueba de ello.


•❈•


La región de Persia aún estaba muy vacía. Eran pocos los shamanes que habían logrado dar con la nueva localización de las finales de la Shaman Fight. No era tan fácil trasladarse hasta el lugar indicado, considerando que tenían que viajar hasta el otro lado del mundo. A pesar de eso, aún quedaban unos días para que todos los competidores llegaran… Inclusive Darkar y sus seguidores lo habían logrado.

Evolet caminaba por uno de los senderos que conducía hasta el centro de la ciudad. Le impresionaba que, de cierta forma, el lugar se pareciera mucho a la Aldea de los Apaches. Su arquitectura era distinta, pero coincidían en algunos aspectos: ambas tenían una pequeña plaza en el centro, un lago cristalino y un bosque muy amplio. Sin embargo, su pequeño paseo se vio interrumpido por algo que llamó su atención. Había una pequeña cajita de madera que estaba tirada en el suelo, cerca de unos arbustos. La joven Sakurai sintió curiosidad y se acercó para levantarla. Al tenerla en sus manos, se dio cuenta que parecía una de esas viejas cajitas de música que las mujeres solían utilizar como joyeros. Tenía algo escrito en la parte de adelante, pero estaba tachado violentamente. Sólo pudo distinguir la letra "A". Sabía que no debería estar tocándolo, pues el objeto no era suyo. No obstante, la curiosidad la estaba matando. Le dio cuerda a la pequeña manivela que tenía por fuera, con lo cual la caja se abrió, dejando ver tres pequeñas figuras que se movían al compás de una hermosa melodía. Eran un sol, una media luna y una estrellita en medio. La canción le pareció preciosa y, aun así, la sonrisa se le borró de la cara casi al instante de oírla. Frunció el ceño y sintió que el corazón se le estrujaba. No pudo evitar sentir unas terribles ganas de llorar. ¿Por qué estaba pasando esto?

Debido a sus sentimientos encontrados, no pudo darse cuenta de que no estaba sola en la zona. Alguien la estaba observando a lo lejos, pero no se quedó mucho tiempo. El individuo giró sobre sí mismo, para luego alejarse. Una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios. Ya tenía lo que necesitaba.

—¿…Evolet?

La susodicha se sobresaltó al oír la voz de alguien más. Cedric, quien iba pasando por ahí, se le quedó viendo y notó su ligero temblor del cuerpo y las lágrimas que no dejaban de bajar por sus mejillas. Lo dudó por un momento, pero luego se acercó para asegurarse de que se encontrara bien.

—¿Sucedió algo malo? ¿Por qué lloras?

La chica no pareció escucharlo. Cedric pasó una mano por su brazo, acariciándolo suavemente en un intento por tranquilizarla. Bajó la mirada hacia el objeto que ella tenía en las manos y pareció sorprenderse por ello. Le quitó la cajita con suavidad. Evolet, por otro lado, aún no podía entender por qué una inocente canción la había hecho ponerse en tal estado.

—¡Evolet!

Hao se alegró de encontrar a su novia. Había estado buscándola durante un buen rato, ya que tenían planeado dar un pequeño recorrido por la ciudad. Sin embargo, su semblante cambió al ver que Cedric estaba con ella y, por si fuera poco, la joven estaba llorando… ¿Acaso ese infeliz se había atrevido a lastimarla? Esperó unos segundos para ver si alguno de los dos se daba cuenta de su presencia. Sintiéndose furioso, se acercó a ellos a pasos agigantados.

—¿Qué le hiciste, Cedric? —habló sin pensar—. Suéltala o…

No pudo continuar, ya que el aludido se adelantó a darle un abrazo a la menor, atrayéndola hacia su pecho. Como si intentara protegerla. Sin dejar de ver a Hao como si fuese una amenaza, lanzó un gruñido de advertencia y mostró sus grandes colmillos de vampiro. Tanto Hao como Evolet se sorprendieron por la acción. Cedric pareció darse cuenta de lo que había hecho algo tarde, pues soltó a la jovencita, mientras la sorpresa se vio reflejada en sus ojos durante un breve momento.

—Lo lamento —se disculpó, aún con los ojos abiertos—. No sé qué me pasó.

El Asakura lo miró con suspicacia. Esa reacción no le parecía para nada normal, pero… Durante un momento, su mente se divagó en una posibilidad que hasta le dio asco. ¿Y si el vampiro se sentía atraído por su chica? …No, imposible. Era algo impensable, el sujeto debía doblarles la edad a los dos. Tampoco quería parecer un maldito celoso. Siempre había creído que los celos eran un acto de inseguridad por parte de las personas. A pesar de eso, no comentaría con nadie lo que cruzó por su mente. Esperaba con toda su alma que no fuera cierto.

—Por favor, Hao… —habló Evolet, calmándose y secándose las lágrimas con una mano—. Él no hizo nada malo. Sólo se preocupó al verme así.

Cedric, intentando disimular su incomodidad, pidió disculpas antes de irse. Se había llevado consigo la cajita de música. Sin embargo, Evolet no sabía si debía detenerlo. Se encontraba ante una encrucijada. Quería tenerla en su poder, pues sentía que se había encariñado con su melodía cuando sólo la había escuchado una vez. Por otra parte, ese objeto no le pertenecía. Seguramente era de alguna niñita. Deseaba poder encontrarla y entregárselo, personalmente.

Lo que no sabía, era que iba a conocerla mucho antes de lo que creía.


•❈•


Era un hecho que la etapa final del torneo me tenía muy nervioso, por eso quería que iniciara de una buena vez. La situación incluso empeoraba mis horas de sueño debido a la ansiedad que sentía. Había logrado llegar muy lejos, a pesar de que no tenía un verdadero motivo por el cual pelear, a diferencia de los demás. Envidiaba un poco a todos por tener sueños tan admirables. Por eso me tomé el tiempo para pensarlo… Hasta que por fin lo descubrí. Los humanos estaban destruyendo el mundo con sus acciones, y si bien no era un gran amante de su raza, quería ayudarlos a cambiar su forma de ver las cosas, que comprendieran la ideología de los shamanes, y mejoraran su trato con la Tierra y los espíritus que habitaban en ella.

Por fin, había llegado el gran día. Todos los participantes fuimos citados en la arena de combate. Nos pidieron que fuéramos preparados, ya que la pelea del día en cuestión sería elegida al azar… Exactamente. Cualquiera de nosotros podría pelear ese día. Miré con nerviosismo a mis amigos y noté que todos se encontraban en el mismo estado. Personalmente, prefería que tuvieran las peleas ya armadas. Goldva se acercó hasta el palco, con un micrófono en la mano.

—Buenos días. Nos reunimos hoy para dar inicio a la etapa final de un evento que tiene gran importancia para nosotros los shamanes —relató ella—. Cada quinientos años se corona a un nuevo rey, quien será capaz de manejar los poderes que le otorgarán los Grandes Espíritus para gobernar todo el mundo con sabiduría. Para ello, los participantes del torneo tendrán que pasar por una serie de pruebas, con las cuales podremos comprobar sus dotes como shamanes. Esta vez, los Grandes Espíritus fueron condescendientes, dado que no hubo preliminares y, además, se les dio la ubicación de la aldea… Esto se debe a que la pelea final conllevará un gran sacrificio.

¿Un gran sacrificio? ¿A qué se refería con eso? No sabía qué pensar. Era lógico que la pelea final fuera difícil. Iba a reducirse a los dos shamanes más poderosos del torneo, pero… Creía que esa frase tenía un significado especial. Las enormes pantallas que estaban en el estadio se encendieron, dejando ver un fixture vacío. Los nombres de todos comenzaron a salir uno tras otro, rápidamente.

—Como bien fueron informados, las peleas serán seleccionadas según la voluntad de los Grandes Espíritus —explicó la apache, señalando una de las pantallas—. Y los primeros shamanes en enfrentarse el día de hoy son…

La selección se detuvo con dos nombres y me paralicé al ver mi apellido ahí.

—Kaoru Asakura y Ashil Fournier.

—Mierda —apenas noté que esa maldición salió de mi boca.

De todos los participantes, ¿por qué tenía que tocarle justo con él? ¿Decisión de los Grandes Espíritus? Sí, claro… Noté que mi hermanita lucía muy nerviosa. Pobre, la verdad era que la entendía. Debía sentirse como un conejillo de indias al ser la primera en pelear.

—¡Buena suerte, Kaos! —se escuchó desde las gradas del estadio.

Volteamos a ver, encontrándonos con una niña de cinco años. Era la viva imagen de Manta. Mannoko saludó a Kaoru con su manita, acción que fue correspondida por ella con alegría.

—Tu hermanita es muy linda, Manta —comentó por lo bajo—. Me cae muy bien.

No era necesario utilizar mi Reishi para saber lo que Manta pensaba. ¿Cómo no le agradaría Mannoko, si las dos tenían la misma personalidad burlona?

—Vamos, Hao.

Me negaba a dejar a Kaoru sola con ese imbécil, pero la pelea se había decidido. Me dejé guiar por Evolet hacia los primeros asientos. Me senté a su lado, viendo la escena con aprensión.

—Ten confianza —musitó con tranquilidad—. Ella sabrá manejar la situación.

—Eso espero —susurré, con los nervios a flor de piel.

—¡Bienvenidos al inicio de la etapa final del Torneo de Shamanes! —anunció Radim con su particular emoción—. Así como lo mencionó nuestra líder, todos los shamanes que lograron clasificar a estas rondas son muy fuertes. Por lo que esta y las demás batallas restantes serán muy emocionantes. ¡¿Están listos?!

Los presentes aplaudieron y vitorearon, mientras que ambos combatientes se veían fijamente. Noté que Kaoru veía algo insegura a la posesión de objetos de Ashil, el cual consistía en un enorme robot mecánico que tenía un gran espejo en la parte central de su cuerpo.

—Muy bien… ¡QUE COMIENCE LA PELEA!

—Agradezco infinitamente a los Grandes Espíritus por haberme permitido luchar contra este bello ángel —habló en voz alta el shaman francés. Kaoru no supo bien qué cara poner ante lo dicho por él. Nuevamente, se cohibió al saber que Ashil no le quitaba la vista de encima. Maldición—. ¡Si tienes esas piernas, el resto ya me lo puedo imaginar, dulzura!

…Ah, no. Ya empezaba a decir sus pendejadas. Estuve a punto de levantarme de mi asiento, pero Evolet me detuvo. Fue entonces que caí en cuenta del lugar en el que estábamos. Sentí un aura de muerte detrás de mí y volteé para encontrarme con la mirada furiosa de Mikihisa. Por lo menos, no era el único.

—Eres hombre muerto, Ashil —susurré, sonriendo de lado.

Ese vampiro tendría que huir justo al finalizar el combate. Sabía que, si no lo mataba con mis propias manos, mi padre se encargaría de hacerlo. Luego de esa batalla, hablaría seriamente con mi hermana menor. Todo eso era a causa de la manera en cómo iba vestida la muy condenada. Su uniforme consistía en un top negro, leggings deportivos grises con detalles blancos y negros, y calzado deportivo blanco. El conjunto era bonito y todo, pero era demasiado ajustado para mi gusto. Si Ashil seguía diciendo ese tipo de comentarios, tendría que prestarle algo de mi ropa. Le quedaría enorme, pero si no resaltaba su figura, no habría ningún problema.

—¡Prisión maldita! —exclamó Kaoru.

Debía incomodarle tanto el hecho de tener que pelear con Ashil, para que quisiera terminar con el enfrentamiento desde el inicio. Las conocidas cadenas aparecieron, sujetando al espíritu hacia el suelo. El francés sonrió con sorna cuando Kaoru se le acercó velozmente, rompiendo el espejo que tenía su espíritu.

—Además de hermosa, eres muy lista —la halagó el tipo, sin borrar esa sonrisa de su estúpido rostro—. Descubriste que el espejo de Siegfried puede ser utilizado para lanzar uno de sus ataques más fuertes. ¡Regeneración!

El enorme robot pudo reparar el espejo dañado, como si nada hubiera pasado. De la nada, el espíritu hizo aparecer dos brazos extra. Con uno de ellos, atrapó a mi hermana. Kaoru se retorció, intentando liberarse.

—¡Flash de espejo!

El espejo lanzó un destello de luz que nos cegó a todos por un instante. Cuando el brillo desapareció, noté que las mejillas de mi hermana estaban igual de rojas que la luz de un semáforo. No quería imaginarme lo que había pasado. Siegfried la lanzó contra el suelo con toda su fuerza. Kaoru cayó de pie, evitando que el impacto fuera tan fuerte. No sabía si su agilidad se debía a sus habilidades como ser inmortal, o si el hecho de tener un conejo como espíritu acompañante la había ayudado. Estuvo intentando deshacer la posesión de su contrincante por un buen rato, teniendo siempre el mismo resultado. Ashil no paraba de regenerar las partes destruidas de su posesión, y Kaoru se estaba desesperando. Se veía como si no supiera qué hacer. De pronto, pareció tener una buena idea y mostró una sonrisa divertida.

—¡Invocación nocturna! —apareció un círculo color púrpura bajo sus pies, el cual tenía unas escrituras blancas en las orillas. Probablemente era alguna escritura en latín—. ¡Daven, acude a mi llamado!

Nunca antes había visto al espíritu vengativo que apareció esta vez. Se trataba del alma de un joven de cabello negro y ojos azules; muy bien parecido. Vestía como si fuera algún capitán de barco, o algo así. Tenía un traje de color azul marino con detalles en dorado. Sostenía una enorme ancla metálica en su mano izquierda. Al ver a mi hermanita, se hincó frente a ella, besando una de sus manos.

—¿En qué puedo servirle, mi ama?

Sabía que no debía preocuparme, pues los espíritus la trataban de esa manera por el contrato que Kaoru tenía con ellos.

—Daven, quiero que destruyas la posesión de objetos de Ashil.

—Sus deseos son órdenes —el espíritu sostuvo la enorme ancla con ambas manos, la cual tenía una pequeña gema azul incrustada en la parte donde se unían la caña y el cepo de la misma. Esa piedra brilló intensamente cuando el espíritu lanzó su ataque—. ¡Oleaje mortal!

El poder de la gema atrajo una enorme ola que empapó por completo a Siegfried y a Ashil. El agua provocó que el cuerpo metálico del espíritu comenzara a oxidarse, quedando totalmente inutilizado. El shaman chasqueó la lengua, furioso porque su espíritu no podía lanzar ninguno de sus ataques. Kaoru duplicó el tamaño de la hoja de su hoz. Me reí para mis adentros, pues el arma era mucho más grande que ella. Lanzó un corte en el aire que dio de lleno contra el espíritu, dejándolo hecho pedazos.

—¡KAORU ASAKURA ES LA GANADORA DE ESTE COMBATE!

Kaoru, emocionada, se lanzó a abrazar a Daven, quien se sonrojó ante el contacto de su contratista. Desapareció, dejando una pequeña nube de humo color morado oscuro. Ashil, al darse cuenta de que le daríamos una paliza por sus comentarios indecorosos, trepó por el muro del coliseo, escapando del lugar en un santiamén. Odiaba que ese maldito se me hubiera escapado, pero qué le iba a hacer. Tenía que sentirme feliz por el logro de mi pequeño monstruo. Kaos corrió hacia donde me encontraba, abrazándome con fuerza. Le correspondí el gesto, felicitándola por continuar en el torneo.

Realmente esperaba no tener que enfrentarme a ninguno de mis hermanos ni a mi novia. Rogaba porque los Grandes Espíritus escucharan mi súplica, pues sería muy duro si aquello se volvía realidad.


•❈•


Nos llevamos un buen regaño por parte de Mikihisa, luego de la pelea de Kaoru. Debía admitir que daba miedo verlo tan enojado, cuando él era mucho más calmado que mamá. Estuvo reclamándonos por no haberle comentado nada acerca de Ashil. Esta era la razón: sabía que iba a ponerse como loco. Por más tranquilo que fuera un padre, no se salvaba de ser en extremo protector con su hija.

Pasaron unos cuantos días y todo iba muy tranquilo. Nos encantaba tener una casa sólo para jóvenes, así podíamos ser nosotros mismos sin que nuestros padres nos regañaran. Ese día, la casa estaba tan tranquila que nos moríamos del aburrimiento. Mi gemelo y yo encendimos la televisión, sin encontrar ningún programa entretenido para ver. Lo típico en un día sábado por la mañana.

—Estaba pensando en que tú y yo nunca hemos intercambiado lugares —comentó Yoh, como quien no quiere la cosa.

Lo miré con interés. También había pensado en eso varias veces.

—Pues, es algo que los gemelos hacen durante su niñez —indiqué, sin despegar la vista del aburrido documental que estaban transmitiendo—. No nos criamos juntos, así que no tuvimos oportunidad de hacerlo —Yoh desvió levemente su mirada para ocultar su tristeza—. Si has sacado a la luz este tema, es porque quieres intentarlo… ¿o me equivoco?

Yoh imitó la sonrisa divertida que se había formado en mi rostro.

—Tal vez… —admitió, encogiéndose de hombros—. Posiblemente haya armado un pequeño plan.

La idea de Yoh era genial. Siempre me pareció divertido que los gemelos pudieran engañar a sus seres queridos con sus identidades, y ahora teníamos la oportunidad de hacer lo mismo. Amarré mis cabellos en un moño, mientras que Yoh… se colocó extensiones para el pelo. Realmente debía querer jugar esa broma, de lo contrario, ¿cómo habría conseguido esas extensiones? Ni idea. En fin… Estábamos muy sorprendidos por los resultados en el espejo. Apenas habíamos modificado nuestras cabelleras, pero en ese momento nos parecíamos tanto al otro. En verdad éramos como dos gotas de agua.

Ya teníamos en mente a nuestras primeras víctimas. Creíamos que, si podíamos engañar a nuestros propios padres, cualquiera caería en la broma. Atravesamos el pasillo que nos condujo hasta la residencia de los adultos. Notamos lo distintas que eran ambas casas, pues la de ellos tenía un estilo más sobrio. Nos dirigimos hacia la sala para empezar a buscar, la cual estaba apartada del resto de las habitaciones de la casa. Conforme fuimos acercándonos, nos dimos cuenta de que dicha habitación estaba ocupada.

—…Verán, hay un tema muy delicado que quisiera tratar con ustedes —esa parecía ser la voz de Cedric.

Me adelanté a asomarme para ver a través de la puerta entreabierta. Estaba junto a mis padres y abuelos. ¿De qué diablos tendría que hablar con ellos? ¿Acaso era sobre un nuevo entrenamiento o algo por el estilo? Miré a Yoh, quien también tenía la confusión pintada en su rostro. Decidimos seguir escuchando lo que Cedric iba a decirles. Sabíamos que no era bueno escuchar conversaciones ajenas, sobre todo si luego nos arrepentiríamos de ello.

—…Quiero ofrecerle una disculpa a su familia en mi nombre. Lamento no haberlo comentado antes, pero no sabía cómo abordar el tema. Siento que bien pude haber hecho algo para evitarlo, y no lo hice porque me encontraba huyendo de mi propia especie.

—¿De qué estás hablando, Cedric? —inquirió mi abuela, confundida.

—Hay una razón por la que Darkar ha hecho todo esto. Está obsesionado con el poder, y obviamente quiere destruir a todos los que no están de acuerdo… Es muy común el arte de las profecías entre los nuestros, y fue a causa de una adivina que él supo que existirían dos personas que podrían detenerlo —relató, con cautela—. Me enteré muy tarde, pero ella le advirtió que serían dos hermanos, nacidos en el mes de mayo, en Japón… y además serían parte de un antiguo clan de shamanes.

Tenía que ser una maldita broma…

—Lo que intento decir, es que si Darkar se ha ensañado tanto con sus nietos… Es porque ellos son los elegidos de la profecía.

Mi mano se movió por sí sola, abriendo la puerta de par en par. Los adultos se vieron sorprendidos por la interrupción.

—¿…Qué mierda has dicho? —exigí saber, viendo con estupefacción al vampiro de cabellos violáceos.

Supuse que nuestros disfraces funcionaron, pues cuando oyeron a "Yoh" maldecir, se dieron cuenta del intercambio.

—¿Qué hacen aquí? —Yohmei se había puesto pálido.

No tenía cabeza para pensar en nada más. Lo supo todo este tiempo, y ni siquiera pensaba decírnoslo. Tomé el florero que tenía a mi lado y lo arrojé contra la pared.

—¡¿QUÉ FUE LO QUE DIJISTE?! —repetí, furioso.

Sentí unas inmensas ganas de tirar todo lo que tuviera a mi paso, y así lo hice. Tomé todos los libros que estaban colocados en uno de los pequeños estantes, tirándolos al piso con fuerza. No me importó que algunos se hubieran dañado con la caída. Tardé en notar que alguien más se dejó caer al piso, llorando amargamente.

—Hao…

—¡ESE HIJO DE PUTA TIENE LA CULPA DE TODO! —no me bastó con tirar los libros, así que también alcé el estante y lo lancé con todas mis fuerzas. Las piezas de madera se partieron al impactar contra la dura pared—. TODOS ESTOS AÑOS… ¡ESTUVE SOLO! ¡ME ARRUINÓ LA MALDITA VIDA!

Apenas me di cuenta de lo que estaba diciendo. Seguí tirando y rompiendo lo que tuviera a mi alcance, sin importarme lo mucho que pudieron haber gastado en eso. Los sollozos de Yoh se hacían cada vez más fuertes. Era como si le doliera verme en ese estado.

—Por favor, esperen afuera —le sugirió Cedric a mi familia. Volteó a vernos—. Yo me encargaré de esto.

Ellos le obedecieron, aunque estaban muy preocupados por cómo nos estábamos tomando la situación. A pesar de que habían cerrado la puerta, aun podía escuchar perfectamente a mi madre llorando.

—¡LO VOY A MATAR! —sentí que una energía oscura se formaba a mi alrededor, aterrando a mi mentor.

—¡Hao!

No pude continuar con aquella oración porque fui atacado por un terrible dolor de cabeza, que me hizo caer al piso. Casi de inmediato, sentí que unas suaves manos me tomaban del brazo, deteniendo mi malestar por un rato. Miré a ese par de ojos castaños que derramaban lágrimas de ira y dolor. Esos ojos que me miraban con preocupación y con un infinito amor. Esa mirada por parte de Yoh fue suficiente para hacer que me quebrara, echándome a llorar con ganas.

—¡No es justo! —exclamé entre sollozos. Yoh me abrazó fuertemente, intentando consolarme cuando él se sentía igual de mal—. ¡Esto es una mierda!

—Hao —Cedric se hincó a nuestro lado, viéndome con seriedad—. Detente ya. Si sigues así, podrías crear un Oh-Oni… y más de una persona estaría en peligro en esta casa. ¿Quieres lastimar a los demás?

Me sorprendí al notar que mi energía negativa aún no se iba. Tenía razón, debía parar antes de que algo realmente malo pasara. Me dejé llevar por el abrazo de mi hermano. Ambos sollozábamos con fuerza. Nos dolía mucho saber que todo lo que habíamos pasado durante nuestra niñez era culpa de Darkar. No podía creer que nos hubiera separado así, tan cobardemente. Meterse con nuestra familia… Habría sobrellevado mejor las cosas si hubiera tenido a Yoh conmigo.

Lloramos con amargura durante un rato. Estuve acariciando la coronilla de Yoh, en un intento por tranquilizarlo. No me había percatado de que el moño en mi cabeza se había deshecho, porque luego de un rato sentí que mi hermanito estaba jugando con las puntas de mi cabello, enrollándoselo en sus dedos. Nos separamos cuando ya estuvimos lo suficientemente tranquilos. Mi gemelo tenía una muy mala pinta: su cabello estaba alborotado, tenía la ropa arrugada y sus ojos, nariz y mejillas estaban rojas de tanto llorar. Supuse que yo también tenía su mismo aspecto. Mis manos se movieron hasta las extensiones de su cabello, quitándoselas con lentitud. Sonrió de lado, pensando que la broma no había resultado como queríamos.

Alguien llamó a la puerta antes de abrirla. Tanto Anna como Evolet se apresuraron a entrar, seguidas de nuestros espíritus acompañantes. Seguramente, no habían dudado en buscarlas cuando empezó todo el escándalo. Al recordar su apariencia, Yoh no pudo evitar esconder su cara entre sus manos. Anna se sentó a su lado, apartando sus manos dulcemente.

—Déjate de tonterías, Yoh —lo regañó con suavidad—. Sigues guapo para mí.

Lo atrajo hacia su pecho en un abrazo reconfortante. Yoh cerró los ojos, dejándose llevar por el gesto de su chica. Por mi parte, estaba tan deprimido que no le di la debida importancia. Me daba vergüenza mirar a la cara a mi novia, pero cuando lo hice y noté la angustia en sus ojos, no pude evitar derrumbarme. Dejé que me abrazara, permitiendo que su presencia me calmara.

—…Bueno —carraspeó Cedric, mostrándose más serio de lo usual y desviando la mirada—. Supongo que quieren escuchar el resto.

—¿Tú crees? —musité.

Cedric soltó un suspiro al tiempo que se sentó en uno de los sillones.

—Sé que no fue buena idea ocultarlo por tanto tiempo. Quería decirles, tenían ese derecho de saberlo… pero no de esta forma.

—Entonces… ¿Es cierto? —cuestionó Yoh, mirando a los ojos a nuestro mentor—. ¿Somos los elegidos que menciona la profecía?

Las chicas se mostraron sorprendidas. Supuse que llegaron a la casa sin saber lo que realmente pasó. Tal vez, Amidamaru decidió omitirlo por el camino.

—Por desgracia, es verdad.

—Es increíble que se hubiera enterado —comenté, sintiendo furia hacia el maldito que nos había separado cuando éramos bebés—. No lo sé, quizá se equivocó. Hay muchos shamanes nacidos en Japón en el mes de mayo.

Recité mentalmente cada una de las palabras de dicha predicción. Había logrado memorizármela unos meses atrás, en un momento de curiosidad. Me había llamado la atención que vaticinara una guerra contra los vampiros.

—…Somos nosotros —musitó Yoh en voz baja—. ¿Recuerdas los nicks que nos pusimos, para que mamá y papá no nos descubrieran cuando chateábamos?

—Dark Angel y Master of Chaos —respondí, sintiendo que la vergüenza iba a parar a mis mejillas—, pero… ¿Eso que tiene que ver con…?

—"…Ellos decidirán ponerle fin a esta desgracia; ángel y maestro se revelarán ante su creador" —recitó un dolido Yoh.

Las chicas y yo abrimos los ojos como platos. La profecía incluso había previsto algo tan estúpido como lo eran nuestros nombres de usuario en la red social.

—Escuchen, sé que todo esto no es fácil de digerir…

—¡Claro que no lo es! —le interrumpí, mirándolo con rabia—. ¡Ese imbécil destruyó nuestras vidas!

—Entiendo que es duro, Hao… y sé que no lo va a compensar, pero piensa en todo lo que ha sucedido. Es verdad que sufrieron mucho a causa de su separación, eso no lo discuto —se cruzó de brazos, sin cambiar su rostro inexpresivo—. Véanlo de esta forma. ¿Creen que hubieran conocido a todos sus amigos, de haber crecido juntos? —el vampiro volteó a ver a mi hermanito, quien estaba igual de sorprendido que yo—. ¿Crees que Anna aun sería tu prometida, Yoh? ¿O sería la de Hao?

Ninguno de los dos supo cómo responder a eso. Odiaba admitir que, quizás, tenía razón. Si Yoh y yo nunca nos hubiéramos separado, me hubiera criado en Izumo. Existía la posibilidad de que Nichrom, Redseb y yo nunca nos hubiéramos conocido, y también estaría comprometido con la bruja de Anna Kyoyama.

—No pueden cambiar el pasado, pero sí pueden luchar por tener un mejor futuro… Cosa que no existirá si ustedes no hacen nada al respecto —estaba logrando que nos diéramos cuenta de la gravedad del asunto—. El mundo que conocemos será destruido. Todos seremos asesinados por Darkar, y quién sabe si será mucho peor que la visión que tuviste, Yoh —Cedric suavizó un poco la mirada, compasivo—. Ese es el motivo por el que estoy aquí. Mi deber es protegerlos… pero también debo prepararlos para que asuman su destino. Ustedes no están solos.

Nos quedamos en silencio durante algunos segundos, analizando lo dicho por el doppelgänger de nuestro enemigo. Los Grandes Espíritus nos habían asignado una gran responsabilidad. Querían que salváramos al mundo del mal que se avecinaba. Deduje que debieron entregarnos al Espíritu del Fuego y de la Tierra por el mismo motivo. Aquello empezaba a cobrar sentido.

—Hay algo que no entiendo —hablé, mirando al vampiro mayor—. ¿Qué tienes que ver tú en el asunto? ¿Y por qué te haces responsable?

No lo mostró en su rostro, pero pude notar un ligero brillo de nerviosismo en sus ojos. Había algo más detrás de todo ese asunto.

—Por el simple hecho de que lo sabía y no pude hacer nada para impedirlo. Saben que no comparto la misma mentalidad que él, y no voy a permitir que haga lo que quiera con la raza humana —explicó—. Mis motivos personales no los diré. Es mi última palabra.

Me distraje de nuestra pequeña disputa cuando la puerta volvió a abrirse, dejando ver a Kaoru. Asomó su cabeza, mirándonos con preocupación.

—¿…Están mejor?

Aún me sentía fatal, pero no iba a responderle de mala manera. Sólo se preocupaba por nosotros.

—Dentro de lo que cabe… —sonreí de lado.

Kaoru soltó un pequeño suspiro.

—Lamento interrumpir su momento, tortolitos, pero los abuelos quieren tener una charla familiar.

Kaoru terminó de abrir la puerta, dejando ver a los miembros restantes de nuestra familia. Se relajaron un poco al notar que estábamos más tranquilos. Mi compañera fue la primera en reaccionar, soltándome con nerviosismo. Sus mejillas se habían coloreado un poco, demostrando lo avergonzada que estaba.

—Creo que deberíamos irnos, Anna.

—Es mejor que se queden, niñas —Yohmei las miró con una pequeña sonrisa—. Así mantienen controlados a bestia uno y bestia dos.

—¡¿Cómo que bestias?! —soltó Yoh, contrariado por lo dicho por el abuelo.

—…Sólo por curiosidad. Soy la bestia uno, ¿verdad?

Estaba demasiado obsesionado con mi papel de hermano mayor. Yoh me fulminó con la mirada por un breve momento. Cedric soltó una pequeña risa y se dedicó a comentarles todo lo relacionado a nuestra situación. Los adultos tampoco podían creer que nosotros estuviéramos predestinados a salvar el mundo. Parecía una locura. Así como lo había dicho antes, las cosas empezaban a tener sentido. Sin embargo, aún había algo que no concordaba con lo que nos había narrado Cedric. ¿Qué fue lo que hizo Darkar para alejarnos? Hasta donde yo sabía, mis padres se habían separado por una fuerte discusión que tuvieron. Por los rostros que tenían, también debían estar pensando en eso.

—Nunca hemos hablado sobre lo que sucedió ese día… —murmuró Keiko, bajando un poco la mirada.

—Tienes razón —Mikihisa soltó un suspiro, desviando la mirada hacia el estante de madera que yo había destruido hace un rato—. Siempre fuiste adicta a las apuestas, aunque jamás pensé que llegarías a apostar la casa. Yo… Pensé que tu adicción podía perjudicar a nuestros hijos…

—Espera, ¿Qué? ¿De qué estás hablando? —cuestionó mi madre, mirando a papá como si hubiera perdido la cabeza—. ¡No estoy tan loca como para dejarnos en la calle por un juego!

Mikihisa lanzó un resoplido.

—¡Lo escuché cuando hablabas con el dueño del casino! ¿Por qué lo niegas?

—Nada de eso sucedió —murmuró mi progenitora. Se mantuvo en silencio por un momento, intentando recordarlo—. ¿Por qué juras haber visto algo que no ocurrió? No lo entiendo. A menos que… ¿Tu padre no te amenazó con quitarte la herencia si no me abandonabas?

—¡Por supuesto que no! —negó él. Se horrorizó de tan sólo pensar que Keiko creyera semejante abominación—. Mi padre nunca intervino en nuestra relación; y si él no hubiera estado de acuerdo con nuestro matrimonio, sabes que a mí nunca me importó lo que él opinara acerca de mi vida.

—¿…Cómo es posible? —soltó ella, visiblemente confundida—. Ambos recordamos cosas que nunca sucedieron.

—Creo que yo puedo explicarlo… —habló Cedric, llevándose una mano a la nuca con cierta incomodidad—. Darkar tiene grandes habilidades mentales como rey que es, y una de ellas es manipular recuerdos. Debió ser parte de su plan.

Estuvieron preguntando y aclarando unos cuantos detalles más sobre la profecía a Cedric, hasta que todos notaron que Yoh y yo nos moríamos del sueño por haber llorado tanto. Nos mandaron a dormir, diciendo que no nos preocupáramos por todo esto de momento. Luego decidiríamos con calma. Tuve suerte de no encontrarnos con ningún adulto; no quería que me vieran tan destruido. No obstante, sabía que no sería lo mismo con los chicos. Podrían estar en cualquier parte de la casa.

—¿Qué haces, Mizu?

Me sorprendí al ver que la gatita trepó por mis piernas, subiendo hasta mi cabeza. Se sentó y dejó caer sus colas en mi rostro, cubriéndolo de la vista de cualquiera.

—Aww, qué tierna. Se preocupa por ti —se conmovió Yoh.

—No creo que sea por…

Un golpe en mi rostro con sus colas me impidió seguir hablando. Enseguida supe que esa era su verdadera intención, pues noté que su pequeño cuerpo temblaba un poco, mientras se reía de mí. Animal del demonio…

La pequeña broma de Mizu había servido para que ninguno de los chicos notara mi estado. No me sentía capaz de hablar del tema… Al menos, no de momento. Mizu estuvo golpeándome con sus colas en todo el camino de regreso a mi habitación. Cerré los ojos, tratando de no perder la paciencia. Una vez que se bajó, y nos dejó solos a Yoh y a mí, nos tumbamos en la cama, durmiéndonos al instante. Por suerte, no había tenido ninguna pesadilla. Al contrario, tuve un hermoso sueño donde mi hermano y yo nos habíamos criado juntos y conocimos a todos nuestros amigos en la escuela. Anna era su prometida y Evolet era mi novia. Supuse que eso era lo que más deseaba mi corazón. Era como estar en un universo alterno… Lamentaba que aquello no hubiera pasado, pero Cedric tenía mucha razón. Teníamos que luchar por nuestro futuro y eso era lo que haríamos.


•❈•


Al día siguiente, volví a tocar el tema con Yoh. No me sorprendió que él hubiera decidido lo mismo. Despertamos mucho antes que los demás y nos dispusimos a enviar varios mensajes con nuestros oráculos, contactando con la mayor cantidad de shamanes que fuera posible. Le pedimos a Silver que nos prestara su local para armar una reunión. Nuestra petición le pareció extraña, pero terminó aceptando.

Los chicos y sus familias nos siguieron hasta el restaurante, sin decir nada. También los habíamos dejado intrigados con nuestras acciones y, a pesar de ello, decidieron seguirnos sin titubear. Estuvimos esperando unos minutos a que todos los shamanes llegaran. Convocamos a varios equipos: Hana-Gumi, Icemen, el Equipo Enseioth, Equipo Nilo, las Cinco Lilys, Equipo Fudomyou y unos cuantos shamanes más. No sabía si serían suficientes personas, pero sólo el tiempo lo diría. Yoh aseguró la puerta con unas cuantas lianas. Los demás shamanes se mostraron confundidos por esto. Seguramente se preguntaban por qué los habíamos reunido.

—Muchas gracias a todos por venir… La verdad, no esperábamos que hubiera tanta repercusión con nuestros mensajes —confesó Yoh, sonriendo con nerviosismo.

—Probablemente no lo parezca, pero esto es muy serio —miré a cada una de las mesas. Todos estaban prestando atención—. Como sabrán, los casos de shamanes convertidos en vampiros han aumentado considerablemente en los últimos meses. Eso es porque algo muy oscuro se avecina.

—Entonces… ¿Quieren que formemos parte de un ejército o algo así? —pronunció un sarcástico Fudo.

Mi hermanito y yo lo vimos con asombro.

—…De hecho, así es —admitió Yoh, provocando la sorpresa en cada uno de los presentes en nuestra improvisada reunión—. Escuchen, hay un enemigo detrás de todo esto. Su nombre es Darkar Blair y es el actual gobernante de todos los seres inmortales. Su meta es construir un mundo sin seres humanos, sólo de vampiros. Es quien está detrás de la conversión masiva de shamanes.

—Entre ustedes están corriendo unas fotos de ese hijo de puta —alcé una para que la vieran, donde el vampiro estaba viendo una pelea del torneo.

Habíamos conseguido algunos materiales visuales, por si alguien no nos creía. Yoh me regañó mentalmente por haber maldecido frente a los presentes, pero no le tomé importancia.

—Es muy poderoso y no le importa lo que tenga que hacer para lograr su cometido. Todo lo que ha hecho, lo ha logrado a base de asesinatos, torturas… y engaños —añadí, teniendo muy presente lo que habíamos descubierto el día anterior.

—Existe una antigua profecía que narra la terrible guerra que está por venir. Habla de dos bandos que van a enfrentarse en una pelea donde sólo habrá un ganador. El equipo que resulte victorioso será el que elegirá el destino del mundo.

—Básicamente, los hemos convocado porque estamos formando nuestro ejército —expliqué, yendo al grano.

—¡Oigan, ustedes son muy fuertes! —exteriorizó Melos, el hijo de Maya, la psicóloga de la escuela—. ¡Pueden enfrentarse a ese tipo ustedes solos!

—Tal vez tengamos un poder espiritual un poco elevado, pero no es suficiente para poder enfrentarnos a todo el séquito de vampiros que están del lado de Darkar —habló Yoh—. No podemos hacerlo solos.

—No estamos solos.

Repetí las mismas palabras que usó Cedric el día anterior e instintivamente lo miré. Él sonrió de lado.

—No dicen más que patrañas. Yo me largo de aquí —uno de los amigos de Fudo, cuyo nombre desconocía, se apresuró a levantarse de su asiento, dispuesto a irse.

—Oh, ¿entonces quieres terminar así? —me apresuré a mostrar el dibujo que había hecho Yoh aquel día que tuvo su visión apocalíptica. Aunque estuvieran muy bien hechos, seguían siendo garabatos, por lo que no se notaba quiénes eran los shamanes que habían sido asesinados. Sólo Yoh y yo sabíamos que se trataban de algunos de nuestros amigos—. Yoh tiene un poder que le permite ver el futuro. Esto es lo que pasará si no hacemos nada.

Aquella imagen fue suficiente para hacerlos recapacitar. Pasamos un pequeño listado para saber cuántos shamanes estarían dispuestos a colaborar con nosotros. Para nuestra sorpresa, todos los que asistieron a nuestra reunión se anotaron. Era un alivio, pues eso significaba que teníamos más posibilidades de derrotar a Darkar.

—¿Cómo deberíamos llamarle a este movimiento? —preguntó una curiosa Mati.

Sentimos que todos los presentes nos miraban fijamente, en espera de nuestra respuesta. Incluso Cedric, quien parecía vernos con algo parecido al orgullo. Estuvimos pensando por un momento en la respuesta a dicha pregunta.

—Rebelión por la Sangre —respondí con una sonrisa divertida en los labios.

Miré a mi hermano, quien también encontraba gracioso el nombre. Era el nombre que se mencionaba en la Profecía de los No Muertos. Un vaticinio que tenía seis mil años de antigüedad, el cual trataba sobre la temible guerra que estaba a punto de empezar… o que ya había empezado, desde el momento en que aceptamos nuestro destino y organizamos esta reunión. Hacía milenios se había predicho que tendríamos este gran compromiso y lo íbamos a cumplir. Nos encargaríamos de detener a Darkar, antes de que fuera demasiado tarde.


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¡Hola! ^^

…Vaya drama, ¿eh? Darkar resultó estar involucrado en la vida de los gemelos desde hace mucho D: Este es uno de los capis que más me emocionaba por escribir, precisamente por el drama que gira en torno a los gemelos :c Les traigo esta rápida actualización por no haber podido pasar por aquí en febrero. Espero que este capi lo compense n.n

Siempre se me olvidaba aclarar una cosa, así que aprovecharé el capítulo para hacerlo. Los únicos OC de este fic son Kaoru, Evolet, Cedric, Darkar, Kurozawa (que ya murió) y otra que aún no aparece y será sorpresa… y otros oc's menores que sólo se mencionaron o aparecieron por muy poco, como Nozomu, Ankh, Mei y la banda AeroException. Todos los demás son personajes propios del anime o manga de Shaman King. Aclaro esto para los que no han leído el manga, y tal vez pensaron que algún personaje que no salió en el anime era un OC. Eso también me lleva a explicar lo de las edades… Para que coincidiera con la trama del fic, tuve que modificarle la edad original a Redseb. Me encantaba la idea de que fuera amigo de Hao, por eso coinciden en eso. Lo mismo ocurrió con Kanna, que sólo es un año mayor que Mati y Mari.

Le agradezco a Sabr1, por ayudarme a revisar y corregir la redacción del capi :3

¡Muchas gracias por leerme! n.n Espero que este capi haya sido de su agrado. Cualquier duda, sugerencia o comentario que quieran hacer, pueden dejármelo en un review :P Eso me motiva mucho a seguir escribiendo.

¡Nos vemos! ^^