Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a sus OC (Evolet y Cedric).
Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).
Género: General. Tiene un poco de todo.
Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.
Conversación en otro idioma.
20
La otra cara de la moneda
Yoh Asakura
—¡Yoh! —sentí que me sacudían fuertemente del hombro. Volteé a mi izquierda, encontrándome con Anna. Me preocupé un poco cuando vi que no traía puesto un abrigo, pues estábamos en diciembre y hacía bastante frío. No obstante, recordé que mi linda prometida era una vampiresa ahora—. Estabas distraído. ¿Te sientes bien?
Demonios, Anna me había encontrado hundido en mis propios pensamientos. No, no me encontraba en mi mejor momento. No podía sacarme de la cabeza lo que Darkar había hecho. Me dolía que se hubiera metido tanto en mi vida y en la de mi hermano, al punto de lograr separarnos para que no pudiéramos interferir en sus planes de dominación mundial. Durante mucho tiempo habíamos culpado de todo a nuestros progenitores, cuando en realidad eran inocentes. De haber crecido juntos, tal vez hubiéramos podido lidiar con tanto maltrato que ambos recibimos… y que pudo resultar en tragedia.
Solté un pequeño suspiro, alzando la vista hacia el hermoso cielo. Las estrellas lucían un poco opacas esta noche. Era como si supieran lo mal que me sentía.
—¿…Por qué no habría de estarlo? —le respondí, dudando.
Sentí que los nervios se apoderaban de mí cuando Anna se separó, abruptamente.
—No me mientas, Yoh… —desvié la mirada de sus ojos ambarinos. No quería preocuparla con mis problemas cuando ella estaba lidiando con los suyos. Ya tenía suficiente con estarse adaptando a su nueva condición—. ¿Es por lo que pasó?
No obtuvo respuesta, por lo que intuyó que su suposición era correcta.
—Entiendo que te sientas terrible. Hao y tú pasaron muchísimos años alejados uno del otro, pero piensa en que, al final, pudieron encontrarse y tendrán un largo camino que recorrer juntos. Nada los volverá a separar… Te lo prometo.
Me sorprendió verla tan decidida por proteger ese lazo que tenía con mi gemelo. Aquello, sin duda, me había conmovido.
—Annita…
Mi prometida no dijo nada más, sólo apoyó su cabeza sobre mi hombro y comenzó a jugar con mis dedos. Me parecía increíble que estuviera intentando levantarme el ánimo, cuando ella también debía estar pasando un mal momento. Tomé sus manos entre las mías.
—Aprecio lo que haces, a pesar de que tú debes sentirte peor… Todo lo que ocurrió fue mi culpa. Si hubiera llegado antes de que Marco te atacara, tal vez te habría salvado —Anna soltó un pequeño suspiro, mostrándose un poco fastidiada—. Te quité la mortalidad, sin siquiera pensar si eso era lo que querías. Pensé sólo en mí.
—Ya hablamos de esto —lucía cansada del mismo tema. No obstante, su semblante cambió rápidamente por uno triste—. Es verdad que extraño mi humanidad, pero si no me hubieras convertido, en este momento estaría enterrada muchos metros bajo tierra. No importa si ahora soy inmortal, porque gracias a eso podemos estar juntos.
Me sentí aliviado al escuchar su opinión. Anna acarició levemente mi mejilla.
—Oye… ¿Recuerdas cómo nos conocimos? —preguntó, mientras sus labios se contorsionaban en una pequeña sonrisa traviesa.
¿Cómo olvidarlo? Ese fue uno de los momentos más especiales en mi vida.
Un niño de seis años estaba dando vueltas por los pasillos de su enorme casa, en tanto sostenía una tableta de chocolate con sus manos. Aquel dulce le ayudaba un poco a controlar sus nervios… ¿Qué lo tenía así? Pues ese día su abuela regresaría del Monte Osore con una nueva aprendiz. Yoh tenía muy presente que en algún momento lo iban a comprometer con una de las discípulas de sus abuelos. No sabía si se trataba de ella, pero sus nervios decían lo contrario.
Fue como si la hubiera invocado con el pensamiento. Kino se acercó hacia donde él se encontraba, y venía acompañada. Una pequeña rubia lo miraba con tristeza. El chico no pudo evitar preguntarse cómo una niña tan bonita podía tener tal semblante en el rostro. ¿Acaso le había pasado algo malo?
—Yoh, ella es Anna Kyoyama. Tal y como te lo mencioné, ella empezará con su entrenamiento para convertirse en una itako, como yo —las mejillas de la niña se tiñeron de un tono rosáceo que, según él, la hacía verse aún más linda—. Anna, él es mi nieto Yoh. Es el sucesor de la familia. Espero que los dos se lleven muy bien.
Dicho esto, Kino siguió con su camino, dejando a los jovencitos solos. Yoh no sabía qué hacer, pues jamás había tratado con una de las aprendices de su abuela.
—Es un placer conocerte, Annita…
—¡No me llames así! —lo interrumpió ella. El Asakura se sorprendió al notar la frialdad con la que le estaba hablando—. Sólo mi madre me llamaba de esa forma.
—¿Tu mamá? ¿Y dónde está?
—…Está muerta.
…Eso lo explicaba todo. Ella actuaba de esa manera porque aún le dolía la pérdida de su madre. Yoh se reprendió a sí mismo por haber olvidado que todos los niños que llegaban al templo eran huérfanos, generalmente. Él tenía la dicha de tener a su mamá, pero esos chicos no vivían con ninguno de sus padres. Sus abuelos se encargaban de cuidarlos y brindarles lo necesario para que pudieran sobrevivir.
De pronto, quiso hacer sentir mejor a la niña. Estuvo pensando por unos segundos, hasta que se le vino una idea a la mente. Le indicó a la Kyoyama que lo esperara en ese lugar, para después salir disparado hacia su habitación. Tomó uno de los objetos que tenía escondido en su baúl y regresó al pasillo. Para su sorpresa, Anna seguía esperándolo justo como se lo pidió.
—Hace poco fui a la playa y encontré esto en la arena —le mostró una concha de mar de gran tamaño. Era de color blanco con tonalidades rosas. Sonrió un poco al percatarse que Anna se veía ligeramente sorprendida—. Podrás escuchar las olas si te la acercas al oído.
—¿Las olas? No digas tonterías.
—No lo sabrás si no lo compruebas por ti misma.
Yoh se acercó y le colocó la concha marina cerca del oído. Anna se asombró cuando pudo oír aquel curioso sonido del que hablaba el niño. Le había demostrado que estaba muy equivocada al creer que aquello no sería posible.
—Toma, puedes quedártela —le ofreció, mientras ponía el objeto en sus manos. Anna quiso negarse, pero Yoh la interrumpió—. Tengo muchas de esas. Quédatela, por favor… Considéralo como un regalo de bienvenida a la familia Asakura.
Familia Asakura… Ella había perdido a sus padres hacía unos meses, debido a un trágico accidente. Todo había pasado tan rápido, y ahora la maestra Kino y ese niño llamado Yoh la consideraban como un miembro más de su clan.
—Nunca te lo dije, pero te veías adorable con el rostro cubierto de chocolate —me sonrió con dulzura. Sentí que, con mi rostro sonrojado, podría hacerle competencia a un tomate y saldría ganando. Anna rio por lo bajo, probablemente había leído mis tontos pensamientos—. Siempre estaré muy agradecida por lo que tu familia hizo por mí. Estaré muy orgullosa de portar el apellido Asakura… y de presumirte como mi futuro esposo.
Anna acercó su rostro lentamente, uniendo sus labios con los míos. Amaba tanto poder disfrutar de sus besos… Si tan sólo supiera que yo me sentía igualmente orgulloso de poder presumirla como mi hermosa prometida.
—Claro que debes sentirte muy orgulloso. No cualquiera tiene el honor de estar comprometido con Anna Kyoyama —musitó, luego de haber interrumpido nuestro apasionado beso.
Me eché a reír al escucharla.
—Bueno, Anna Kyoyama no debería usar tanto su Reishi con Yoh Asakura. Dice que mejor se dedique a hacer otras cosas… como besarlo hasta que no pueda más.
La empujé con mucha suavidad contra el techo, provocando que mi Annita riera completamente divertida. Rodeó mi cuello con sus brazos, atrayéndome hacia ella. Estuvimos besándonos durante un buen rato, bajo el hermoso cielo azulado. Las estrellas fueron las únicas testigos del gran amor que nos unía.
•❈•
—¿Alguien podría explicarme qué demonios estamos haciendo aquí? —quiso saber un confundido Nichrom.
No era para menos, pues estaban ocultos detrás de unos botes de basura, justo afuera de la joyería de la aldea –ahora en Persia–. Sin darles explicación de nada, Red arrastró a sus dos mejores amigos con él, luciendo muy ansioso. Hao sentía mucha curiosidad por conocer el motivo de tal comportamiento.
—…Red, no tienes por qué sentir vergüenza —murmuró Hao, sonriendo levemente de lado—. Tu extraño gusto por las cosas que brillan no es un secreto para nadie.
El chico de ojos azules fulminó con la mirada al Asakura por su broma, y a Nichrom por seguirle el juego.
—¡No es eso! ¡Miren! …Ahí está Mari.
—Es la joyería de mi hermano —dijo Nichrom, alzando la mirada—. No creo que sea necesario escondernos. Podemos entrar y saludarlo… y a ella también.
—¡No! —exclamó Red, sonrojándose. De inmediato, se percató de su error y se cubrió la boca con las manos. Esperaba que nadie más lo hubiera escuchado—. Mierda… No es tan fácil hablar con ella, cuando sólo tiene ojos para Hao —volteó a ver al mencionado—. No es justo que siempre te robes a las bonitas, amigo.
—Me declaro culpable —bromeó en voz baja. Sus amigos rieron, tratando de no hacerlo tan fuerte—. Después de todo, soy el más guapo y lo saben.
Estuvieron espiando a Mari y sus amigas durante un rato más. Las jóvenes estaban muy entretenidas admirando las joyas que Chrom les mostraba. Cualquier chica se hubiera sentido atraída a la fina joyería que fabricaba el apache. Los tres estaban tan concentrados en su tarea, que se sobresaltaron al oír un carraspeo. Temían voltear para dar la cara a quien los hubiera descubierto en tan extraña situación. Sin embargo, fue un alivio ver que se trataba de Kaoru y Evolet.
—No sé si quiero preguntar qué hacen ahí… —soltó Evolet, luciendo espantada.
Redseb, temiendo que fueran descubiertos por el trío de la flor, se llevó un dedo a sus labios, pidiéndole silencio. Hizo una seña a sus amigos, quienes actuaron en desesperación. Hao tomó de la mano a Evolet, forzándola a que se escondiera junto a él. Nichrom hizo lo mismo con la hermana menor de su amigo. Debido a todo el ajetreo, el Asakura no notó que ambos se sonrojaron al estar tan cerca.
—Jamás imaginé que fueran un trío de acosadores —se burló Kaoru, intentando despejar su mente—. Deberían sentir vergüenza.
—Nada de eso —intervino Red, algo fastidiado. Le molestaba que, aparentemente, nadie lo comprendiera—. Quería acercarme a Marion… pero recordé lo que sucedió la última vez. Quedé como un tonto… No sé qué piensa de mí ahora.
—Bueno, no lo averiguarás si te quedas aquí, detrás de los basureros.
—…No puedo. Siento que me temblarán las piernas y me pondré a balbucear como un idiota —confesó el chico, un poco decepcionado.
—Aw, qué lindo. No sabes cómo hablar con una chica, ¿verdad? —preguntó Evolet, con algo de inocencia. Los demás, por supuesto, se burlaron del Munzer—. Oye, no lo dije para que te pusieras así. Creo que lo estás pensando demasiado… Deberías ser tú mismo, Red.
—En ese caso, ya la perdió —se burló Nichrom, ganándose un codazo de parte de Redseb—. Era una broma, hermano… Descuida, te ayudaremos.
—Verás que, cuando acabemos contigo, Mari no te quitará las manos de encima —musitó un orgulloso Hao.
Mientras que las chicas miraban algo escépticas a los varones por sus comentarios tan raros, Redseb no pudo evitar reír por ello. Estaba consciente de que los planes de sus amigos siempre dejaban mucho que desear, pero lo hacían de todo corazón y con la mejor de las intenciones.
—Oigan… —Kaoru pareció notar algo e intentó llamar la atención de los chicos—. ¿Y cuándo pretenden poner en práctica su dichoso plan?
—Pues, ahora. ¿Por qué? —quiso saber Red, confundido.
—Porque las chicas ya no están.
—¡¿Qué?! —exclamó el Munzer, casi trepando sobre el bote de basura para tener una mejor vista a la joyería.
Efectivamente, el trío de la flor había desaparecido durante su conversación.
—Lástima, amigo —musitó Nichrom, soltando una risa—. Será para la próxima.
Con la extraña suerte que lo acompañaba, Redseb dudaba que pudiera haber una "próxima" ocasión.
•❈•
Todo había pasado tan rápido que apenas y pudo darse cuenta de lo que había hecho. Anna veía cómo las pocas personas que estaban en la casa corrían de un lado a otro, intentando auxiliar a un malherido Horo-Horo, mientras ella seguía encogida en una de las esquinas de aquel largo pasillo. Se abrazó a sí misma, sin poder creer lo que había sucedido… No le extrañaría que los hermanos Usui la odiaran de ahora en adelante.
¿Qué había hecho que la poderosa itako Anna Kyoyama estuviera tan perturbada? Horokeu había regresado del infernal entrenamiento que su hermana le preparó ese día. La chica se había pasado, ya que el ainu llegó a la casa con una herida en su pecho. Anna creía tener un gran autocontrol sobre su sed por la sangre… mas no fue así. Ver aquel líquido brotar de su herida le nubló el pensamiento, causando así que se lanzara sobre él para aplacar su repentina sed. Bebió demasiado, hasta que sus glándulas accesorias liberaron la ponzoña que contenían. Existían dos posibles finales: el Usui no lograba sobrevivir a la pérdida masiva de sangre, o la ponzoña se abriría paso a través de su yugular, convirtiéndolo en un vampiro. No importaba lo que sucediera, Anna estaba segura de que se ganaría el odio de todos igualmente.
—¿Dónde está Horo-Horo? —cuestionó Fausto, nada más entrar a la casa.
La itako ni siquiera estaba prestando atención. Su cerebro no procesaba lo ocurrido y los murmullos de la gente a su alrededor eran como zumbidos. Bajó la mirada y notó sus ensangrentados brazos… Dedujo que el resto de su aspecto no era mejor. Estaba tan metida en sus pensamientos, que muy tarde sintió una presencia ajena a la suya en el mismo corredor. Redseb Munzer estaba a su lado, viéndola con un poco de lástima.
—¿…Puedo sentarme contigo?
Anna no respondió, pero se dedicó a ignorarlo. El chico soltó un suspiro, tomando asiento a la par de la muchacha. A pesar de estar viviendo juntos en la misma casa durante un buen tiempo, no se podría decir que Redseb tuviera muchas oportunidades de tener una charla con la prometida del menor de los gemelos Asakura. Él sabía que Anna tenía un carácter algo… fuerte –por no mencionar otro adjetivo que usó Hao el día que la presentó–. Red no sabía si era de su agrado; quizás aún lo consideraba un extraño que había llegado a la casa, sin aportar nada a cambio. Hao siempre le decía que no le diera importancia al asunto, pero no podía evitarlo. De cierta forma, le recordaba al mismo Asakura, pues ambos tenían una personalidad parecida.
—No te preocupes, Horo-Horo estará bien.
—Nadie pidió tu opinión —Anna le dirigió una mirada de desprecio. Red se sintió un poco intimidado, pero hizo un esfuerzo para no demostrarlo—. Y si así fuera, tú no lo entenderías. No sabes por lo que estoy pasando.
—Es verdad, pero puedo hacerme una idea —la interrumpió, intentando mantener la calma. Él se consideraba bastante tranquilo, aunque la actitud de la itako lo ponía nervioso—. Nunca he perdido mi autocontrol de esa forma. Sin embargo, lo mismo le ocurrió a alguien muy cercano a mí.
—¿A qué te refieres…?
—…Fui convertido por mi mejor amigo —sonrió de lado. Ella se sorprendió un poco al escuchar esas palabras, pues no esperaba que el amigo de Hao le revelara tal acontecimiento—. También fue un accidente. Fui a visitar a Nichrom en Canadá, sin saber que había sido convertido recientemente. Recuerdo que estábamos peleando por diversión y me distraje… Él no pudo contenerse al verme la herida, y como ya no era un neófito, su ponzoña me transformó en esto.
Anna no sabía qué decir. En cierta forma, Redseb había vivido algo parecido, sólo que él ocupaba el papel de víctima en su situación… como Horo-Horo.
—No tengo que preguntárselo para saber que su arrepentimiento sigue siendo muy grande hasta hoy —sonrió de manera comprensiva—. A pesar de eso, no le guardo ningún rencor, Anna. Fue sólo un descuido, le pudo pasar a cualquiera. No todos los vampiros tienen un gran control sobre su sed, así que es normal que existan las conversiones accidentales.
—¿…No odias haber perdido tu mortalidad?
—Claro que sí, me frustra saber que estaré estancado en mis dieciséis años por toda la eternidad. Aunque, como ya te dije, no odio a Nichrom por lo que pasó. Es mi amigo y soy consciente de que no lo hizo a propósito… y tú tampoco —Redseb se sintió más tranquilo al percibir un brillo de alivio en los ojos ambarinos de ella—. Quizá tú y Horo-Horo no sean los mejores amigos, pero sé que te aprecia mucho. Entenderá que fue un accidente.
Anna estaba sorprendida por la habilidad que tenía el muchacho para consolar a los demás. Sentía que podía creer en él, y confiar en que nadie la juzgaría por lo que había pasado.
—Esto explica por qué ese idiota de Hao te aprecia tanto —musitó, provocando que su acompañante riera por lo bajo.
—Supongo que eso quiere decir que estás mejor… y me alegro por ello —habló el Munzer, con una sonrisa dibujada en sus labios.
La conversación se vio interrumpida por la repentina llegada de Evolet, a quien se le notaba algo cansada. Debió estar buscándola por todos lados.
—Oh, aquí estás.
—Bueno, creo que iré a ver cómo está Horo —informó el chico.
Redseb se levantó de su lugar en el piso, dispuesto a dejar a las dos amigas solas. Sabía que la novia de su amigo terminaría de relajar a la rubia.
—Está bien. Muchas gracias, Red —le agradeció Evolet con una sonrisa.
El aludido imitó su gesto, encaminándose hasta el calabozo de la vivienda, donde seguramente habían llevado al joven del Norte. La recién llegada terminó por tomar su lugar junto a la itako.
—Veo que estás un poco mejor.
—Sí… no es tan inútil después de todo.
Evolet rio un poco, sabiendo que se refería a Redseb. Si Anna estaba admitiendo, a su manera, que el chico la había ayudado, significaba que tal vez le tenía un poco más de aprecio que antes… Muy en el fondo, pero lo tenía.
—Deja de pensar en eso —le sugirió Sakurai—. Sé de algo que siempre te levanta el ánimo. Hablemos del hotel de aguas termales que tendrás en el futuro —propuso una divertida Evolet. Anna no pudo evitar sonreír de la misma forma—. Es más, creo que podrías aprovechar y hacerme un favor… Haz que las Hana-Gumi trabajen para ti. Todos salimos ganando. Tú tendrás tres sirvientas que harán todo lo que ordenes, y yo obtendré mi pequeña venganza.
—Creí que lo habías superado —se burló Anna.
—¿Tú has superado a Tom Cruise?
La rubia no habló, ganándose una sonrisita de parte de Evolet.
—Buen punto.
Al igual que Redseb, Evolet también estaba intentando hacerla sentir mejor. Anna valoraba mucho eso, aunque no se lo dijera siempre. Quería mucho a su mejor amiga, quien siempre estaría ahí para apoyarla en las buenas y en las malas.
•❈•
Me encontraba en el jardín, sentado bajo la sombra de uno de los enormes árboles. Sabía que el viento soplaba con delicadeza, pues las hojas se movían suavemente. En ese lapso de tiempo deseaba tanto poder disfrutar de esa agradable sensación, pero mi estado como vampiro no me lo permitía. Era una verdadera lástima.
—Por fin te encuentro, Yoh.
Noté que Hao se acercaba a mí, sonriendo juguetonamente. Sentía curiosidad por saber qué estaba tramando y estuve tentado a utilizar esa telepatía que teníamos para averiguarlo. Rechacé la idea cuando noté que su sonrisa tenía cierto toque de maldad. No pude evitar compararla con la de Kaoru cuando estaba a punto de hacer alguna broma. Terminó sentándose junto a mí.
—…Tienes un tono extraño. ¿Vas a pedirme algo? —inquirí, divertido.
—¿No puedo pasar tiempo de calidad con mi hermano? —fingió ofenderse. Debió notar que no me lo creí, pues se echó a reír por lo bajo—. Ok, me atrapaste. No sé si te enteraste que AeroException dará otro concierto en Nueva York. Pensaba que podríamos ir juntos… y aprovechar el momento para pedir tu mano en matrimonio —tomó mi barbilla con su mano derecha, alzando mi rostro con lentitud. Una risa escapó de mis labios—. Te amo, Yoh. Más que a nada en este mundo.
—Ya en serio, ¿Qué te fumaste? —solté, entre risas.
Hao no pudo más y empezó a reír con ganas, soltándome.
—Lamento destruir tus ilusiones. Si hay alguien con quien quisiera casarme en el futuro sería Evolet… Bueno, si todo sale bien —sonrió de lado—. En verdad hubiera querido ir contigo al concierto, pero dudo que nos den permiso. Ya fuimos a verlos dos veces este año.
—Tienes razón —suspiré.
Estuvimos en el jardín un rato más, hablando tonterías. Un ruido que provenía de la casa llamó nuestra atención. Se oían las voces de los chicos hablando desde la sala de estar y parecían estar discutiendo. Decidimos entrar, curiosos del motivo por el cual estaban armando ese pequeño alboroto. Casi todos se encontraban reunidos ahí… menos Horo, quien se encontraba en las celdas por precaución, sólo tenía pocos días de haberse convertido. Anna también estaba ausente. La había convencido para que fuera a hablar con el ainu, pues aún se sentía un poco culpable por el incidente y pensé que lo mejor sería que aclarara las cosas con nuestro amigo.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Hao, extrañado por la improvisada reunión.
—¡No encuentro una camiseta! —se quejó un frustrado Len.
—¿…Eso es todo?
—Alguien se la robó de mi cuarto —aseguró él, sin cambiar esa expresión de fastidio de su rostro.
—¿Por qué alguien querría tu estúpida camiseta? —se burló mi hermano mayor, provocando que el peinado del Tao aumentara de tamaño, en señal de enojo.
Luego, nos percatamos de que Len no era el único afectado. Los demás también se quejaban por el mismo motivo: a todos les faltaba algo de valor. Quizá Len tenía razón, y alguien estaba robando.
Dejé de pensar en ello cuando oí que Pilika soltó un pequeño grito, diciendo que vio pasar un bicho de gran tamaño. Pensé que estaba exagerando cuando, de pronto, una pequeña manchita oscura pasó corriendo entre las piernas de Lyserg. No sabía lo que era, pero se veía más grande que cualquier bicho… parecía más un animalito. Nos pusimos de acuerdo para intentar atraparlo, pero esa pequeña bolita se movía muy rápido. Después de un rato, Hao logró acorralarla y quedó estático al verla… Se trataba de una pequeña de tez morena y un gran afro. Estaba asustada y parecía que se pondría a llorar en cualquier momento. Mi gemelo cambió el semblante de su rostro, se puso de cuclillas y pidió silencio a los demás con un gesto.
—Opacho tenía hambre… y frío —el susurro de la niña era casi inaudible.
Sorprendentemente, mi hermano se dedicó a calmarla. Ninguno de nosotros podía creer la actitud que estaba tomando Hao, pero logró lo que creíamos imposible: que la niña nos lo contara todo… Al parecer, Opacho resultó ser una de las prisioneras de Darkar. Estuvo encerrada durante varios días, sin recibir alimento o vestimentas apropiadas. Vio su oportunidad de escapar cuando los secuaces del vampiro líder se descuidaron. La persiguieron a través del bosque, hasta que perdieron su rastro. Estuvo caminando sin rumbo, hasta que llegó a la casa. No sabía si la trataríamos igual que ellos, así que no dudó en tomar las cosas a escondidas. Pobrecita… Debía estar aterrada.
—No puedo creerlo. ¡Sólo es una niña! No debe tener más de cuatro años —gruñó mi hermano, molestándose. Al notar que Opacho lo miraba con cierto temor, decidió calmarse y verla con mayor ternura—. Descuida, no te haremos daño.
Opacho sonrió levemente al sentir las caricias de Hao. Era increíble que mi gemelo se hubiera encariñado con ella tan rápido. Sonreí, pensando que podría deberse a que nunca tuvo la oportunidad de crecer con un hermanito.
—Deberíamos avisarles a los adultos —sugirió Manta—. Ellos sabrán qué hacer.
Minutos después, llegaron mis padres, mis abuelos y Fausto. Opacho no volvió a hablar en presencia de ellos, así que Lyserg se dedicó a contar todo lo que sabíamos. Al igual que nosotros, estaban sorprendidos por lo cruel de la situación. Hao no prestó atención al relato. Estaba demasiado ocupado en su tarea. Trataba de levantarle el ánimo a Opacho, haciéndole cosquillas en la pancita. La pequeña reía con dulzura, intentando quitar la mano de Hao. Se detuvo en seco cuando notó que estábamos en silencio, viendo cómo jugaba con ella. Sonreí con burla cuando vi que más de una chica se había enternecido con la escena.
—Vaya, ¿quién lo diría? —soltó Mikihisa, entre risas—. Tienes muy buena madera de padre.
—¡Y también es el rey del desmadre! —bromeó Chocolove, colocándole una corona de plástico en la cabeza a mi hermano.
Nos quedamos en silencio durante unos segundos, intentando procesar su broma. Nuevamente, Pilika y Tamao parecieron ser las únicas en entender el chiste y rieron. Por el rabillo del ojo, alcancé a ver que Evolet se aguantaba una risita. Una venita apareció en la frente de mi hermano, quien formó una esfera de fuego y no dudó en lanzársela al afroamericano. El pobre corría de un lado a otro, intentando extinguir el fuego en sus ropas.
—Golpear a Chocolove. Un clásico —soltó Len, sonriendo con burla.
Chocolove siempre resultaba golpeado, acuchillado o quemado –como en este caso– debido a sus chistes. En mi caso, no consideraba sus bromas molestas. Si bien no eran tan graciosas, valoraba que se hiciera cargo de traer alegría a la casa. Era de los que creían que, incluso en los momentos más oscuros, la risa podía ayudar a liberar la tensión de aquello que nos estuviera agobiando.
Se decidió que Opacho se quedaría a vivir con los adultos, pero podría visitarnos para que jugáramos con ella. Tanto ella como Hao parecían de acuerdo con la idea. Era lindo ver a mi hermano disfrutar de la compañía de la pequeña shaman. Ella parecía pensar igual, pues se aferraba a los pantalones de él, como si no quisiera soltarlo por nada del mundo.
•❈•
—Deja de reírte, ¡No es gracioso!
Hao seguía sin creer que Evolet estuviera preocupada por Manta, tras haber ganado en su última batalla. Resultó ser que ambos habían sido elegidos para la segunda pelea de la etapa final del torneo. Sin embargo, más que estar contenta por ser la vencedora, ella se sentía culpable por haberlo derrotado… ¿Podía alguien ser tan buena de corazón? Eso era lo que al Asakura le causaba risa.
—L-lo siento —se disculpó él, tomando una grana bocanada de aire para controlarse—. Hablando en serio, ni siquiera le has hecho daño, Evolet.
El joven acarició su mano, esperando que ese gesto fuera suficiente para calmarla.
—Manta estará bien, después de todo, su sueño era apoyar a Yoh más que otra cosa… De hecho, ese era el motivo por el que participaba en el torneo —explicó.
—Si tú lo dices…
El mayor de los gemelos se puso a pensar en una opción para animar su novia. Se detuvo al ver un puesto de bebidas dulces y frías. No lo dudó y compró uno de los deliciosos milkshakes que vendía uno de los apaches. Evolet lo miró, curiosa.
—Creo que no te he dado tu premio —bromeó él.
—¿Para mí? Aww, eres tan lindo —sonrió como agradecimiento, antes de empezar a beber del batido—. Está rico.
—No sabía que te gustara la vainilla.
—Me encanta —admitió ella, con un pequeño rubor en sus mejillas—. La vainilla es lo mejor que hay en este mundo.
…
—Me parece que no escuché bien —la chica lo volteó a ver—. Por un momento creí que me decías que la vainilla era lo mejor.
—Lo es —afirmó ella, mirándolo con extrañeza—. ¿Por qué?
—…No coincido en eso. Obviamente, el chocolate lo supera con creces.
—Estás delirando, Asakura. La vainilla es mucho mejor que el chocolate. Eso lo sabe todo el mundo.
—Ah, ¿sí?
Estuvieron un rato discutiendo sobre sus sabores favoritos. A los ojos de los demás, debían parecer una pareja que discutía por el nombre que le pondrían a su perro… Debían verse muy extraños.
—Bueno, no veo que estés disfrutando de un milkshake de chocolate, ¿o sí? —se burló la chica.
Hao fingió molestarse por el comentario y comenzó a perseguir a Evolet, quien no dudó en echarse a correr. Sabía que él no se había ofendido, pero le divertía que estuvieran jugando de esa manera. Quería demostrarle que no era tan lenta como él creía.
En un lugar no muy lejos de ahí, otros dos jóvenes caminaban sin rumbo. Acababan de presenciar el acto de un tragafuegos, que los había impresionado bastante, pero luego de un rato decidieron buscar otro sitio donde pudieran estar más tranquilos. Nichrom estaba impresionado por la facilidad que tenía para hablar con Kaoru, ya que nunca pensó que aquello fuera posible. Creía que lo único que tenían en común era su gusto por molestar a Hao, mas no era sólo eso. Le gustaba el peculiar sentido del humor de la menor, sus hermosas sonrisas, su actitud divertida con los demás… Sí, le gustaba la hermana menor de uno de sus mejores amigos. Él recordaba el tan afamado código masculino: no involucrarse sentimentalmente con algún familiar de un amigo. No obstante, acababa de darse cuenta de lo que sentía por ella. No sabía qué hacer, puesto que no quería defraudar a Hao. Decidió que daría el primer paso, únicamente si ella correspondía a sus sentimientos.
…Y ahí estaba él, intentando averiguar la respuesta a la pregunta que últimamente le quitaba el sueño. No quería sonar demasiado directo, para que su acompañante no se asustara. Tampoco quería perder su amistad.
—Creo que mis expectativas sobre Persia eran demasiado altas —confesó Kaoru, sacándolo de sus pensamientos.
Se le veía un poco desanimada.
—¿Por qué dices eso?
—A este lugar le hace falta una sala de cine —comentó ella—. Quería ver esa nueva película de miedo.
—¿Por el actor? —preguntó él, con tono burlón.
—Pues claro —asintió, soltando una risita—. Amo a ese hombre. Es hermoso.
No pudo evitar unirse a sus risas. Encontraba interesante que se hubiera fijado en ese actor de piel bronceada, ojos verdes, cabello castaño opaco… Se sintió tan estúpido por haberse percatado de ello tan tarde. El dichoso actor se parecía a él, en cierta forma. De pronto, se puso muy nervioso. ¿Eso significaba que su duda por fin había sido resuelta? No, eso no podía ser tan simple. Tal vez era una coincidencia. Decidió continuar con el tema de conversación. Quizá podría preguntarle sin ser demasiado obvio.
—Creo que a muchas chicas les gusta. ¿Recuerdas a Seyram? La hermana menor de Red… Ella opinaba lo mismo. Hasta quería casarse con él.
—Tampoco quiero casarme con él —negó Kaoru, desviando la mirada de los ojos del chico—. Es atractivo, pero no quisiera dejarme llevar solamente por eso. La personalidad es muy importante al momento de decidirte por alguien, ¿sabes?
Nichrom sentía que en cualquier momento los nervios lo traicionarían.
—¿Y James MacQuoid no cumple con ello?
La menor negó con la cabeza.
—Soy consciente de que me faltan uno o dos tornillos, Nichrom —respondió, con una sonrisa traviesa. El muchacho hizo un esfuerzo para que su risa no sonara nerviosa—. Y me gustaría que un chico me acepte con mis locuras. Quisiera estar con alguien que sea sencillo, divertido y amable. Además de que sea un buen novio, me gustaría que también sea un buen amigo.
El joven no salía de su sorpresa. No creía que ella pudiera pensar de una manera tan profunda. Sentía que él encajaba perfectamente con esa descripción. No pudo evitar sentirse esperanzado. Pensó que era el día perfecto para declarársele a la Asakura… pero ambos ignoraban que ese día no sería hoy. Nichrom se paralizó cuando alcanzó a ver a su buen amigo junto a su novia, no muy lejos de donde ellos se encontraban. Kaoru tampoco tardó en notarlo y temió tanto por su vida.
Hao finalmente alcanzó a Evolet, atrapándola en un gran abrazo. Ella rio, divertida por la situación.
—Qué lento eres, corres como un abuelito —se burló.
—No creo que a Yohmei le guste escuchar eso de la boca de su inocente aprendiz —se la devolvió Hao, ganándose un golpe en el costado.
Le encantaba que la confianza entre ellos hubiera crecido en tan poco tiempo. No pudo evitar sonreír de manera sincera.
—Oh, qué tierno —habló ella, tomando su rostro entre sus manos—. Te ves igualito a Yoh.
—Bueno… Somos gemelos —comentó con tono burlesco.
—No me refiero a eso —intentó explicar ella—. Tenías la misma sonrisita, ya sabes, relajada… Es hermoso verte así —rodeó su cuello con sus brazos, provocando que las mejillas de Hao enrojecieran.
Le parecía sumamente adorable.
—Eh… —el Asakura no pudo evitar ponerse nervioso. Desvió la mirada para buscar algo con qué distraer a su chica—. ¡Mira! Hay muchísima gente reunida en la plaza. Deben estar viendo al tragafuegos.
Evolet se puso pálida.
—¿…Tragafuegos?
Recordó que Kaoru le había dicho que iría con Nichrom a ver el espectáculo que ofrecía aquel misterioso shaman. No sabía si ellos seguirían por ahí, pero no podía arriesgarse a que Hao los viera juntos. Al menos, aún no.
—Debe ser un farsante. Es imposible que alguien pueda hacer eso con el fuego. Y si fuera así, creo que yo lo haría mucho mejor…
Casi como si los hubiese invocado, la joven vio a Kaoru y a Nichrom por sobre el hombro de Hao, a unos metros de ellos, sentados en una banca. Debía hacer algo rápidamente o los descubriría al darse la vuelta.
—Hao, espera… —la chica evitó que el shaman se volteara, puesto que seguía abrazándolo del cuello. Lo pensó rápido, y se le ocurrió algo brillante. Fingió una expresión de malestar—. No me siento bien.
—¿Qué sucede? —el castaño frunció el ceño, sujetándola mejor de la cintura.
En el fondo, se sentía mal por engañar así a su novio… pero se puso a pensar que era lo mejor para todos. No debía enterarse de esa forma. Fingió marearse y cayó desmayada en los brazos de Hao.
—¡Evolet! —exclamó él, sujetándola.
Mientras el shaman de fuego intentaba despertarla, Nichrom y Kaoru aprovecharon esa oportunidad para huir de la escena.
—No puedo creer que fingiera desmayarse, es muy buena actriz —admitió Nichrom, quien estaba tentado a reírse.
—Mejor sigue corriendo —sugirió la chica, quien temía más ser descubierta por su hermano mayor.
Siendo el Espíritu del Fuego el único en percatarse de la situación, decidió guardar silencio para evitar que su amo cometiera una locura, aunque todo le resultaba muy divertido. Hao, por su parte, cargó a Evolet y decidió llevarla con Fausto, esperando que no fuera nada grave.
•❈•
Hao Asakura
No necesitaba el Uranai de Yoh para saber que ese día iba a ser agotador. Cedric tenía programado otro de sus detestables entrenamientos… No me molestaba en absoluto entrenar, pues quería incrementar mis fuerzas. Lo que no me agradaba nada era ser entrenado por él. Si bien había intentado consolarnos ese día en que nos enteramos de la verdad, seguía sin confiar del todo en su persona. Tenía una sensación extraña respecto a él, como si nos estuviera ocultando algo de gran magnitud. Su motivo para haberse acercado a nosotros me parecía demasiado pobre. Debía, no… Tenía que existir una razón más poderosa. Por eso, decidí que intentaría utilizar mi Reishi por segunda vez. No me sorprendió que no funcionara, pero logró ponerme de malhumor.
—Maldita sea —murmuré, enfadado.
—¿Y ahora qué pasa? —se burló mi hermanito—. ¿Qué te tiene tan molesto?
—…Él.
Yoh soltó un resoplido, mirándome con cierta reprobación.
—¿Vas a seguir desconfiando de Cedric? ¿No te parece demasiado?
—No es como si pudiera evitarlo —me excusé, sonriendo de lado—. Sabes que no puedo confiar en los demás tan fácilmente, a diferencia tuya.
—…A mí me parece buena persona.
—¿Ves a lo que me refiero? —comenté entre risas.
Estábamos en el jardín trasero de la casa, esperando que el vampiro terminara de hablar con nuestros abuelos. También estarían presentes nuestros padres y los de Len. Al parecer, tenían curiosidad por ver uno de sus entrenamientos. No podía quitarle los ojos de encima, a la vez que intentaba utilizar mi Reishi por milésima vez. Era como si recibiera un golpe mental cada vez que lo intentaba, y comenzaba a dolerme la cabeza. Llegué a pensar que mi debilidad era más grande de lo que yo creía.
—Hao… —mi gemelo volvió a llamar mi atención—. Si tanto desconfías de él, ¿por qué no usas tu Reishi?
—¿Qué crees que he estado haciendo? —rodé los ojos, creyendo que me tomaba por idiota—. Hay algo que me impide leer su mente.
—Hao tiene razón —añadió una voz a nuestras espaldas. Volteamos para quedar cara a cara con la bruja de Anna, quien venía seguida por los demás—. Debe tener sus motivos. Aun así, resulta extraño. ¿No lo creen?
—Tal vez sólo quiera un poco de privacidad —opinó Yoh, echándole una rápida mirada a nuestro mentor—. Aunque concuerdo con que su aparición fue bastante extraña. ¿Cómo es posible que sepa tanto sobre lo que está pasando con Darkar?
—Lo mismo me pregunto yo —añadí, suspirando.
Intentamos atar cabos con la poca información que teníamos, pero no llegamos a nada. Bufé frustrado. Mi hermano no se cansaba de pedirme que intentara llevar la fiesta en paz, mas no creía que aquello fuera posible. Cedric era tan… él. Su actitud me fastidiaba más de lo que parecía.
—Qué bueno que te nos unes, Horokeu.
No debería sorprenderme al tener cierta noción de su velocidad como vampiro, pero en estos casos no podía evitarlo. Miré por sobre mi hombro para notar que Horo se acercaba a paso lento, como si dudara en salir. Pilika venía con él, acomodándole una de esas capas especiales que Cedric tenía para protegerse del sol. Me entró la curiosidad por saber qué pensaba, así que utilicé mi Reishi en él. No sentía temor por los rayos del sol y tampoco se debía al extremo cansancio que era propio de un neófito, por su distorsionado horario para dormir. Estaba aterrado ante la idea de perder el control y lanzarse sobre alguno de los presentes. Era algo normal, todos los que fuimos convertidos pasamos por eso. Noté que Anna aún lucía un poco incómoda, luego de lo que pasó. Supuse que no lo iba a superar tan fácilmente.
—Tranquila, Anna. Ya te dije que todo está bien —le aseguró Horo con una sonrisa.
—No sé de qué hablas. Me encuentro perfectamente —mintió ella.
Sus mejillas se habían encendido levemente. La sonrisa de Horo-Horo se acentuó. Sabía que a la rubia no le gustaba mostrar sus sentimientos.
—Espero que hoy podamos pasar la prueba —susurró un abrumado Yoh.
Ya nos habíamos situado en medio del jardín, el cual tenía un tamaño considerable para un entrenamiento. Cedric sonrió de lado al oír el comentario de mi hermano.
—Por el contrario, Yoh —escondió ambas manos en su larga gabardina—. No hay ninguna lección en el triunfo, pero hay mil lecciones en la derrota.
—¿Eh? Eso no tiene ningún sentido —reclamé.
Este sujeto tenía la rara costumbre de hablar en clave.
—Permítanme demostrárselos con su entrenamiento de hoy —sacó una pequeña estatua de entre sus ropas. Esta tenía la forma de un mono sentado y era de color verde esmeralda—. ¿Ven esta estatua que tengo entre mis manos? Lo único que deberán hacer es quitármela.
—¿…Y cuál es el truco?
Si algo había aprendido del entrenamiento anterior era que, por muy sencilla que pareciera la prueba que nos imponía nuestro mentor, no significaba que realmente lo fuera. Las dificultades eran un añadido especial por parte de Cedric.
—Como dije, sólo tienen que quitármela. Para hacerlo más interesante… si logran hacerlo, estarán exentos de hacer la cena por una semana.
¿…Acaso había escuchado bien? Toda una semana en la que no tendríamos que someternos a las exigencias de Anna. Esa idea se oía genial.
—No canten victoria aún —Cedric interrumpió mis pensamientos de un mundo ideal donde no tenía que preocuparme por hacer la cena. Sonrió burlón, como si pudiera leerme la mente—. También habrá un castigo de lo contrario. En ese caso, tendrán que hacerla por dos semanas y sólo podrán cocinar los platillos que más les gusten. ¿Se imaginan preparar sus platos favoritos, sin poder probarlos?
—Te encanta jodernos, ¿verdad? —comenté con ira.
—¿Yo? ¿Cómo crees? —me preguntaba si su sarcasmo podía hacerle competencia al mío—. Yoh, tienes cara de querer hacer una pregunta.
Volteé a ver a mi gemelo, que se veía ensimismado en sus pensamientos. Regresó a la realidad cuando sintió todas las miradas puestas en él. Parpadeó, confundido.
—Sí… ¿Sus orejas son reales? —habló bajito, sonrojándose un poco.
La mayoría –me incluyo– nos golpeamos las frentes con la palma de la mano. Ni el mismo Cedric se esperaba esa pregunta.
—Sí, Yoh. Son muy reales —suspiró y volvió a dirigirse a ambos—. ¿Ninguna otra pregunta relacionada al tema? —enfatizó, haciendo que Yoh se apenara. Los dos nos quedamos callados como respuesta—. Muy bien, pueden empezar cuando se sientan listos.
Dio un gran salto hacia atrás, separándose de nosotros y alejándose del centro del jardín, donde bajó la estatua del mono en el pasto y se quedó tieso, con ambas manos a los costados. Nos sorprendimos al ver que cerró los ojos.
—Oye, ¡Detesto que me subestimen! —exclamé, al tiempo que hacía mi posesión de objetos y me lanzaba al ataque.
Unos segundos antes de tocarlo, Cedric tomó la punta de mi espada con una de sus manos, fácilmente. Al notarlo, traté de darle una patada sorpresa desde abajo, pero la detuvo con su otra mano y me lanzó lejos de él.
—Demasiado predecible, Hao —me "regañó".
—¿Puedes ver la posesión de objetos? —hablé, confundido—. ¿Cómo? Si no eres un shaman.
—Los vampiros nacidos podemos ver toda clase de espíritus y demonios, aunque no podamos interactuar con ellos. Eso es algo que nos diferencia de ustedes los shamanes… Además de nuestras orejas puntiagudas —agregó, haciendo moción al comentario de mi gemelo.
Yoh hizo crecer unas raíces que intentaron sujetarlo de los pies. Sonreí al captar su plan e hice aparecer una esfera de fuego para lanzársela. Apenas pudimos verlo con claridad, pero le dio una pequeña patada a la estatua para levantarla en el aire y dio una voltereta hacia arriba, desapareciendo con ella en el acto.
—Tal vez no quieran ganar —seguíamos oyendo su voz.
Nos reunimos a la mitad del patio, espalda con espalda, para prevenir cualquier ataque sorpresa. Volvió a aparecer, dándole la espalda a los demás y viéndonos fijamente. Alzó la mano, haciendo flotar con ella a un gran número de piedras que decoraban el jardín. Las lanzó hacia nosotros con ayuda de su telequinesis. No pudimos esquivarlas todas, ganándonos así unos cuantos golpes.
—Ni siquiera necesito ser clarividente para poder anticiparme a sus ataques. ¿No se supone que ustedes pueden hacer ese tipo de predicciones? Debo decir que estoy decepcionado.
—¡Cierra la boca! —exclamé, molesto.
Seguimos así durante un buen rato, sin obtener resultado alguno. Nuestras ropas estabas sucias y rasgadas, mientras que Cedric lucía impecable. Estaba harto de sus comentarios sarcásticos hacia nosotros y no daba su brazo a torcer en ningún momento. Fue entonces cuando vimos la luz al final del túnel. Yoh logró ponerle un dedo encima a la estatua. La victoria estaba cerca… O tal vez no. Al ver que Yoh estuvo cerca de tomar el mono, Cedric sacó un pequeño martillo de su gabardina y terminó por destruir la estatua.
—¡¿Qué demonios te pasa?! —grité, contemplando los restos de la figura—. ¿Por qué la destruiste?
—¿Podía hacer eso? —inquirió Yoh, confundido—. ¿Y cómo se supone que íbamos a ganar el desafío?
—No podían —aseguró, mientras nos levantábamos—. Su objetivo era ganar, y el mío era no perder. Esa era la victoria para mí. Siempre existirán diferentes puntos de vista —nos explicó, hablando firmemente—. Ustedes tienen que aprender a ver las cosas desde otra perspectiva para llegar a su objetivo. ¿Me entienden?
—Digamos que esa es una lección. ¿Dónde están las otras novecientas noventa y nueve? —quise saber, arqueando una ceja.
Cedric sonrió de lado.
—Ah, esas tal vez las aprendan mientras estén cocinando.
Mi gemelo y yo nos lamentamos al mismo tiempo. Dejando eso de lado, sentía una vergüenza muy grande por el hecho de que todos aquí nos vieron fracasar. Cedric pareció notarlo y se acercó a nosotros, suavizando su semblante.
—¿Crees que valga la pena seguir entrenando? No siento que estemos avanzando demasiado —confesé por lo bajo.
—A ver… Ustedes tienen grandes poderes. Tienen espíritus acompañantes muy fuertes y también hicieron un trato con ese demonio Myorei… pero no les servirá de nada si no saben cómo aprovecharlos al máximo. Aún les falta mucho. Tal vez no lo vean todavía porque aún es muy pronto —hizo una pausa, observando a nuestros espíritus flotar a nuestro lado, quienes lo miraban con atención—. No crean que avanzarán tan rápido con el aprendizaje, lo importante es entender hacia dónde van. Todo es cuestión de actitud, así que no se rindan.
Nuestros espíritus parecieron animarse con el comentario, aunque este iba dirigido especialmente a nosotros.
—Y si me veo en la necesidad de presionarlos, es porque sé que pueden dar más. Así que levanten las cabezas, mocosos.
—…Muy bien, pondremos de nuestra parte —sonreí de lado—. Así podremos darte una paliza algún día.
—Tal vez —el vampiro imitó mi gesto.
Tras dominar nuestras habilidades como vampiros, Cedric nos propuso entrenar con algo mucho mejor: las habilidades mentales que teníamos. Era un hecho que él sólo contaba con la telequinesis, pero su trato con otros como nosotros le había dado una noción de ciertas cosas. Era por ello que podía darnos lecciones para utilizarlos mejor. Aquello sí me emocionaba, pues estaba consciente de que no podía manejar mi Reishi al cien por ciento. Los chicos decidieron unirse a nosotros, pidiéndole a Cedric que también los entrenara. Él no se negó a ninguna de las peticiones. Los que se habían vuelto inmortales entrenarían sus habilidades vampíricas, entretanto los demás iban a tener combates de práctica con sus oversouls.
Realmente esperaba que Cedric tuviera razón. Quería aprender a usar mis poderes con propiedad. Teníamos que lograrlo para poder hacerle frente a Darkar y ganar la guerra que se desataría en cualquier momento. Como uno de los elegidos, tenía la obligación de traer la paz al mundo.
•❈•
Pensé que, a lo mejor, mi mente me estaba jugando una broma pesada, pues me parecía que el tiempo transcurría muy rápido. Nuevamente habíamos sido llamados para pelear, cuando la última batalla fue hace no más de una semana. A pesar de eso, me sentía algo intranquilo porque aún no me tocaba a mí. Sabía de sobra que las decisiones eran "deseos de los Grandes Espíritus", pero eso no me quitaba las ganas de quejarme por la espera. Hacía un gran esfuerzo por no perder la paciencia y me recordaba a mí mismo que, a lo mejor, aquello era una ventaja. De esa forma, podría practicar los nuevos ataques que tenía en mente.
Todos los participantes estábamos reunidos en el centro de la arena, viendo con atención a las enormes pantallas. Estas se habían encendido, mostrando el dichoso fixture. Otra vez se llevaría a cabo el maldito sorteo que mostraría los nombres de los shamanes elegidos para combatir. Los nombres fueron apareciendo uno por uno a una velocidad sorprendente, hasta que se detuvo. Los Grandes Espíritus habían tomado su decisión… Y una muy peculiar, a mi parecer.
—Chocolove McDonell y Jeanne Renault, pasen al frente —ordenó Goldva.
—Ya era hora, pue' —se alegró el susodicho. Mic estaba a su lado, emitiendo un maullido de desafío—. Me estaba arrugando como pasita, por estar sin hacer nada.
—Oh, le tocó con esa imitación barata de payaso —musitó Marco, subiendo sus anteojos, mientras que Jeanne lo veía de reojo—. Es una verdadera lástima que no pueda hacerme cargo de él por usted, doncella.
—No le hagas caso, moreno —lo animó Horo, dándole una palmada en la espalda. Chocolove hizo una ligera mueca de dolor, pensando que luego tendría un enorme moretón en ella—. Lo siento, se me olvida que debo medir mi fuerza.
—Tú puedes, Chocolove —Evolet le guiñó un ojo en complicidad, despidiéndose.
Sin embargo, permaneció muy seria luego de eso. No iba a leer sus pensamientos por respeto, pero no lo necesitaba para saber que volvía a rememorar la noche en que Anna fue atacada. Ella y Kaoru acusaban a Jeanne de ser cómplice de Marco, y yo no lo dudaba en absoluto. Nos dirigimos hacia los asientos. Nunca habíamos tenido la oportunidad de ver una de las peleas de Jeanne. Esperábamos que el shaman del afro resultara vencedor. Era nuestro amigo. Tenía nuestro apoyo, aunque no siempre se lo demostráramos.
—¡Este día tendremos la dicha de ser testigos de otra grandiosa pelea! —expresó Radim a través del micrófono—. Estoy seguro de que ambos shamanes nos darán un increíble espectáculo. ¿Están listos?
Ambos asintieron, viendo fijamente a su contrincante. Sus espíritus acompañantes hicieron acto de presencia, para que luego cada uno hiciera su posesión de objetos.
—¡QUE COMIENCE LA PELEA!
—¿Por qué esa cara tan larga? —soltó Chocolove, haciendo moción al rostro sin expresión de la vampiresa.
Mostró sus enormes y afiladas garras. Sin duda se había vuelto más fuerte, pues emanaban más furyoku de lo normal.
—Detesto perder mi valioso tiempo contigo, baja mango.
—¡Entonces bailemos el tango! —bromeó Chocolove.
El shaman cambió sus ropas por un largo vestido rojo que tenía una abertura en una pierna, especial para ese tipo de bailes. Aunque, él no fue el único… De alguna manera, pudo reemplazar las vestimentas de Jeanne por un traje de color negro y una camisa blanca un poco entreabierta. Su cabello estaba recogido en un moño y tenía puesto un bigote falso. Se veía ridícula con ese atuendo. Increíblemente, más de uno en el estadio estaba riéndose a causa de la broma.
—¡¿QUÉ DEMONIOS SIGNIFICA ESTO?! —vociferó ella, totalmente disgustada.
Queriendo satisfacer mi curiosidad, busqué con la mirada a Marco, quien no estaba muy lejos. Estaba apoyado sobre el muro que separaba las gradas de la arena. Sus manos sujetaban el borde de esa pequeña pared, la cual comenzaba a agrietarse debido a su fuerza de vampiro.
—¡QUÍTALE TUS SUCIAS MANOS DE ENCIMA A LA SEÑORITA JEANNE!
Ashil tuvo que hacer un gran esfuerzo para detenerlo, evitando que interrumpiera el enfrentamiento de Jeanne. El shaman del afro aprovechó ese momento para así asestarle un buen golpe.
—¡Garras del Dios Jaguar!
Era el ataque que había utilizado cuando peleó contra las Cinco Lilys. Parecía como si miles de pares de garras arremetieran contra la chica… O esa era su intención, pues no contaba con que Jeanne se movilizaría ágilmente, evitando sus ataques. La Renault incluso se atrevía a bostezar.
—¿Es todo lo que tienes? Patético.
Shamash alzó su hacha, lanzando varios golpes en el aire. Mic ayudaba a su dueño a esquivar la mayoría de los ataques, aunque hubo uno en particular que no logró evitar.
—O-oye, tranquila chamaquita. No es para que te pongas así, pue' —Chocolove fingió sentirse intimidado por la actitud de Jeanne. Una sonrisa divertida se dibujó en su rostro—. Sé que esta batalla apenas está comenzando… pero ya es hora de acabar con esto. ¿Estás preparado, Mic?
Sus garras de jaguar resplandecieron, dándole a entender que estaba listo para su próximo ataque.
—Oversoul… ¡JAGUARMAN!
La posesión de Chocolove se transformó radicalmente. No esperaba que tuviera un oversoul de ese tipo. Una armadura de jaguar le cubría todo el cuerpo. Consistía en un conjunto de garras de gran tamaño y una máscara que protegía su cabeza. Noté que los chicos contenían el aliento. Nadie sabía que el moreno tenía ese as bajo la manga. Una sonrisa de lado se dibujó en mi rostro. El combate estaba decidido… Jeanne estaba frita.
Los ojos de la máscara brillaron con intensidad, soltando un rayo que golpeó a la chica. Jeanne gruñó y volvió a ponerse de pie. Se veía muy enfadada. Debió pensar que no tenía que haber subestimado a Chocolove. No obstante, un escalofrío me recorrió la espalda al notar que sus labios se contorsionaban en una sádica sonrisa. Mierda, pensé. No sabía por qué, pero sentía que Chocolove estaba en peligro. Esperaba estar equivocado.
—Vaya, no pensé que usarías ese oversoul para esta pelea —admitió ella, fingiendo sorprenderse—. Es bastante fuerte para cualquier mortal insignificante. ¿Acaso no sabes con quién estás tratando?
—¡No me subestimes, pue'!
—Tengo que felicitarte… Jamás me habían provocado tanto asco. ¿Sabes qué te has ganado por ello? —pronunció Jeanne, sonriendo de manera escalofriante—. La muerte.
Hizo un pequeño gesto con la mano, pero Shamash pareció entenderlo. El espíritu hizo aparecer algo que parecía ser un aparato de tortura. Le propinó un fuerte golpe a Chocolove con su cola y lo lanzó a esa silla de madera de aspecto extraño. Unas fuertes correas lo sujetaron a la silla cuando intentó escapar. Nuestro amigo soltó un alarido al sentir la presión con la que lo sujetaban.
—Hasta nunca, mortal —susurró ella—. ¡Shamash! ¡Activa la Silla de Interrogatorio!
La presión de las correas aumentó, dejando casi sin aire a Chocolove.
—Mierda, lo va a matar —hablé en voz alta.
Los muchachos estaban igual de alterados.
—¡JEANNE, DETENTE! —exclamó Yoh.
—¡SUÉLTALO, MALDITA! —bramó Horo-Horo.
—Aw, qué lindo… Tus amiguitos no quieren que te mate —comentó ella, fingiendo sentir ternura. Chocolove la miró con los ojos desorbitados—. Bueno, creo que estoy hablando demasiado. No quisiera retrasar más tu muerte.
Dicho esto, la silla empezó a funcionar y dejó salir varios picos de madera alrededor. Las correas lo apretaban tanto que Chocolove no pudo evitar que su cuerpo fuera penetrado por ellas. Una gran parte del estadio ahogó una exclamación. Luego de un breve lapso de tiempo, el cuerpo inerte del McDonell cayó al suelo. Pasaron unos segundos de puro horror y silencio, el cual fue interrumpido por los desgarradores gritos de la madre del shaman del afro. Su esposo la abrazó con fuerza, evitando que cometiera una locura y entrara a la arena de batalla.
Antes de que Radim pudiera anunciar al ganador, tanto Jeanne como Marco y Ashil desaparecieron de la escena, pero no había tiempo para perseguirlos. Después de todo, matar al oponente no estaba en contra del reglamento del torneo. Me obligué a dejar de pensar en eso y me apresuré hacia la arena, junto a todos los demás.
—¡Esperen! ¡No lo toquen! —advirtió Fausto, adelantándose para verificar su pulso y otros signos vitales—. Está muy delicado y requiere una transfusión inmediata.
—No podemos sacarlo en este estado, y el centro de salud está muy lejos —replicó Manta, al borde de las lágrimas.
—…Es muy difícil que sobreviva —el médico miró a los padres de Chocolove—. Lo siento mucho.
—Claro que puede sobrevivir —aseguré, llamando su atención.
Volteé a ver a mis hermanos, quienes parecieron entender a lo que me refería. A ninguno le agradaba la idea, mas no había otra solución. Kaoru suspiró y miró a los padres del chico.
—Lo haré si están de acuerdo —habló, pidiendo permiso.
Ninguno lo pensó demasiado, dando su consentimiento al instante. Mi hermanita mordió en la yugular a Chocolove, quien pareció sentir un ligero dolor a pesar de estar inconsciente. Varios de los presentes parecían estar sorprendidos por la decisión tomada. A pesar de eso, creo que comprendieron que era necesario.
Haríamos lo posible para animar al bufón de Chocolove cuando estuviera dentro del calabozo. Sin embargo, no creía que fuera necesario. Podía jurar que, aunque él estuviera sufriendo, no dejaría de decir esos pésimos chistes que traían gran alegría a nuestras vidas.
•❈•
Un alivio general inundó la casa cuando Chocolove despertó. Cada uno de nosotros estaba preocupado por cómo se tomaría su nueva inmortalidad, aunque por fortuna, pareció comprenderlo poco a poco. Tal y como suponíamos, ni siquiera el proceso de conversión lograría que perdiera su gran humor. Él creía ciegamente en que había una cura y que toda esta situación sólo era temporal. A veces quisiera creer lo mismo.
La mayoría no pudo evitar preocuparse porque Jeanne se hubiera vuelto tan fuerte en cuestión de unas semanas. Por supuesto, era de esperarse que sus compañeros igualaran ese mismo nivel de poder. Supuse que Darkar estaba consciente de que nos preparábamos para oponernos a él, y no se iba a quedar de brazos cruzados. Fue por eso que decidimos que todos los miembros de la Rebelión debían mejorar sus habilidades como shamanes y/o vampiros –en caso de haberse transformado–. Estaba feliz porque el número de personas había aumentado. Algunos incluso eran conocidos míos, como Mohamed; aquel chico que solía vender cosas de origen dudoso en la escuela, donde era conocido como "Turbine"; también los Hermanos BoZ; y Luchist, quien resultó ser enemigo de Marco.
Ese día tendríamos una nueva sesión de entrenamiento con Cedric. Decidimos ir sólo los muchachos, debido a que las chicas quisieron quedarse para acompañar a Chocolove. Esa idea no nos agradó al principio, pero Anna y Kaoru nos aseguraron que evitarían que el shaman cometiera alguna locura. Podíamos confiar en ellas, pues ambas podrían detenerlo con su fuerza de vampiro. Quisimos apartarnos un poco de la casa para entrenar –por obvias razones– y nos encontramos con un parque recreativo que, por alguna razón, se encontraba vacío. Los chicos se pusieron a practicar con sus respectivas posesiones, mientras que Yoh y yo íbamos a continuar entrenando nuestras habilidades mentales.
—Los vampiros nacidos que tienen el don de la clarividencia son capaces de tener visiones de forma voluntaria —explicó Cedric. Nos pidió que nos sentáramos en el suelo, uno frente al otro—. La clarividencia parece muy simple al lado de tu Uranai, Yoh. Por eso, estoy seguro de que tú deberías ser capaz de poder hacerlo.
—Nunca lo había visto de esa forma —admitió mi hermanito, encontrándole sentido a las palabras de nuestro mentor—. Siempre aparecen cuando menos me lo espero. No pensé que fuera capaz de poder tener una visión cuando yo quisiera.
—Por desgracia, no cuento con dicha habilidad para indicarte con precisión lo que tienes que hacer —se excusó, con su característica expresión seria—. Aunque creo que podrías pensar en un evento en específico, e intentar que tus poderes actúen por cuenta propia. Para que Hao pueda participar, él usará su Reishi para leer tu mente y de esa forma, ambos podrán vivirla al mismo tiempo —indicó, dirigiéndose luego a mí—. Necesitas tener un nivel de concentración muy alto. No es lo mismo escuchar los pensamientos de tu hermano que ver una de sus visiones.
—Lo sé —coincidí. Lancé un resoplido—. Espero que no sea tan difícil como suena.
—Les recomiendo que piensen en algún suceso que ambos quieran ver. Tal vez, si es algo que desean saber con toda su alma, podría activarse más rápido.
Estuvimos pensando durante un par de segundos, hasta que se me ocurrió algo. No obstante, ni siquiera pude abrir la boca cuando Yoh se me adelantó.
—…Algún momento que vivimos juntos, antes de que nuestros padres se separaran —susurró Yoh.
Me sentí un poco triste, pues yo también había pensado en lo mismo. Cedric seguía serio, aunque sus ojos reflejaban cierta lástima que no pudo ocultar. Terminó por soltar un pequeño suspiro.
—Está bien. Pueden comenzar.
Se alejó de nosotros, para ir a supervisar el entrenamiento de los demás.
—Creo que Cedric ignora que tenemos una conexión muy extraña —comenté con una sonrisa juguetona. Yoh soltó una risita—. La telepatía que tenemos no es nada común entre los gemelos.
—Es cierto, no es normal que yo también pueda entrar en tu mente cuando no tengo el Reishi —agregó, imitando mi gesto divertido—. Espero que ese pensamiento nos ayude a superar esta prueba que nos impuso.
—Tiene que hacerlo… Deseo tanto ver la cara de idiota que pondrá cuando sepa que lo logramos a la primera.
Nos reímos por un momento, hasta que decidimos tomar con más seriedad nuestra tarea. Mi gemelo y yo cerramos los ojos, intentando concentrarnos. Sentí que mi cuerpo se relajaba lentamente, llegando a alcanzar un nivel de tranquilidad que jamás pensé lograr en toda mi vida. Pude percibir los pensamientos de Yoh, quien estaba repitiendo una especie de mantra en su mente. Sus palabras fueron interrumpidas por una espesa niebla, que pronto comenzó a disiparse. Dejó ver una imagen borrosa de una pareja de esposos que jugaban con dos bebés. Sin embargo, la visión fue interrumpida cuando nos desconcentramos por un estruendo muy cerca de nosotros. Abrimos los ojos, asustados. Volteamos y sentí que se me iba el aire. Alguien había intentado atacarnos, pero Cedric pudo anticiparse y lo detuvo antes de que nos hiriera. Nuestro mentor estaba forcejeando con el atacante: el mismísimo Darkar.
—…Mira qué tenemos aquí —se burló el rey de los vampiros—. No pensé que te encontraría tan pronto, protegiendo a estos mocosos. Eres una vergüenza para la raza, Cedric.
No prestaba atención a lo que ocurría a mi alrededor. Sólo tenía ojos para ese tipo. Un rugido feroz escapó de mi garganta, a la vez que mis colmillos aparecían por la comisura de mis labios, debido a la furia que sentía en ese instante. Los poderes de Myorei aparecieron de forma involuntaria. Un círculo de fuego morado se formó a mi alrededor, alzándose de forma violenta. Me levanté, dispuesto a atacarlo como si nada y sin medir las consecuencias de mis actos, pero Cedric nos miró como una advertencia, gesto que mi hermano entendió. Sus lianas evitaron que hiciera una tontería que pudo habernos puesto en peligro.
—Sé que estás muy molesto, Hao —habló Cedric, en un intento por calmarme—, pero te pido que no te metas en esto.
—¿Me pregunto qué habré hecho para…? —Darkar dejó su pregunta inconclusa, reemplazando su expresión confundida por una muy sádica—. Oh, así que ya saben lo que pasó hace tantos años. En realidad, esperaba que su separación les afectara de forma irreversible… Aunque, en todo caso, debería agradecer a sus estúpidos padres. Miren que caer en algo tan tonto como un recuerdo falso.
Yoh me sujetó con fuerza. Percibí que su cuerpo también temblaba. Debía estar intentando mantener la calma, cuando también estaba furioso. Solté un gruñido al escuchar la risa de ese maldito de Darkar Blair.
—¿Por qué querías tenernos de tu lado? —cuestionó Yoh. Me sujetó con firmeza, intentando transmitirme seguridad y valor—. No lo entiendo.
El repentino silencio atrajo a los demás. Se detuvieron al notar la presencia de ese sujeto en el lugar. No bajaron la guardia en ningún momento, por si Darkar tuviera alguna sorpresita preparada –cosa que no me sorprendería–.
—No creo que un idiota como tú lo comprenda, pero te lo diré por el simple hecho de habérmelo pedido bien —se burló, enfureciéndome—. Quería asesinarlos, luego de acabar con su maldita familia. Era la oportunidad perfecta… Sin embargo, tuve algunos inconvenientes —acusó a Cedric con la mirada—. Nunca conté con que los dos volverían a encontrarse por azares del destino. Eso me lo complicaba todo. Sabía que, estando juntos, mi objetivo sería más difícil de cumplir. Por eso se me ocurrió engañarlos para tenerlos a mi lado; amenazarlos con sus seres queridos. Todo fue para que no interfirieran con mis planes de construir un mundo perfecto… Si aceptaban pelear por mi causa, tal vez les hubiese perdonado la vida si ponían sus poderes a mi entera disposición.
—Pues pensaste mal —intervino Cedric. Noté que unas nubes negras comenzaban a formarse en el cielo y me pareció sumamente extraño—. Ellos no van a pelear tu guerra. Acabarán con ella, eso te lo juro.
—No me hagas reír.
Sentí unas vibras extrañas e inconscientemente, comencé a apartarme. Yoh y los demás imitaron mi gesto. De repente, cada nube emitió descargas que se juntaron en el mismo punto: justo encima de Cedric. Nos apartamos más cuando un enorme rayo de electricidad impactó sobre nuestro mentor. A pesar de eso, no pareció estar herido, sino todo lo contrario, esa carga pareció darle energías. La carga que pudo almacenar la usó dando un fuerte golpe en el suelo, haciendo que este se abriera y destruyera todo a varios metros alrededor. Darkar lo esquivó, pero sus ojos azules se abrieron de golpe; Cedric lo había sorprendido. Sin embargo, su sorpresa no duró demasiado. Regresó a ese gesto maquiavélico que tanto detestaba.
—Has mejorado en estos años que estuviste fuera de Ascantha —lo halagó.
Darkar comenzó a manipular la gravedad, provocando que deshiciéramos nuestras posesiones y cayéramos al suelo. Yoh hizo un esfuerzo para contrarrestarlo con sus propios poderes elementales, mas no lo logró del todo. Darkar podía controlar esa fuerza de atracción mucho mejor que mi hermano.
—Eres un malnacido —lo insulté por lo bajo.
—Dime algo que no sepa —me sorprendió que me oyera, pero me sorprendía más la familiaridad con la que se dirigía a Cedric—. ¿Aún estás dispuesto a proteger a estos debiluchos? Me decepcionas.
—Por supuesto que los protegeré. Confío en que ellos podrán derrotarte de una vez por todas —lo provocó Cedric, imitando su sonrisa burlona.
Darkar soltó un gruñido, lanzándose nuevamente al ataque. Ese mortal combate era algo increíble, pues ambos eran igual de poderosos. A pesar de que eran vampiros, tenían otro tipo de ataques que los volvían increíblemente fuertes. Me pregunté si, en algún momento, nosotros también lograríamos alcanzar ese nivel de poder. La pelea duró un buen rato, hasta que ambos parecieron llegar a una tregua –porque no se los veía nada cansados–. Darkar observó a su doppelgänger de ojos dorados. Debía fastidiarle que alguien tuviera la misma fuerza que él. Para mi asombro, volvió a sonreír de lado.
En ese momento, supe que no estaría preparado para oír lo que el rey de todos los vampiros iba a revelar.
—Fue interesante haberte encontrado nuevamente, después de tantos años de alta traición a tu propia sangre —la expresión de Cedric pasó a una de terror—. Dile a tus aprendices que se preparen, porque en esta guerra rodarán las cabezas de todo aquel que se oponga a mí… Y recuerda, pronto vendré por mi heredero —nos miró a cada uno con interés, y fue cuando su sádica sonrisa se ensanchó aún más—. Te veo luego, hijo mío.
Darkar soltó una risa espeluznante, antes de desaparecer en una ráfaga de viento. Supuse que ni siquiera el mismo Cedric esperaba algo así. ¿Qué había dicho?
—¿…Hijo? —repitió mi hermano, alzando la mirada hacia nuestro mentor.
Este bajó la mirada, sin poder refutarlo.
No tenía dudas de que Persia nunca dejaría de sorprenderme. En ese lugar me había enterado de tantos secretos. Sin embargo, esto… Lo cambiaba todo. Ahora entendía el parecido que guardaban. Cedric era el hijo de nuestro peor enemigo. Aquel que estuvo junto a nosotros, actuando bajo esa máscara de aliado… cuando resultó ser un enemigo más.
•❈•
¡Hola! ^^
Aquí les traigo otro capítulo lleno de sorpresas. Más conversiones… y el secreto de Cedric :P ¡Vaya dato perturbador! Tranquilos, las sorpresas no acaban aquí. Aún falta mucho por leer.
Gracias, Sabr1, por ser algo así como mi beta xD Gracias por las ideas que me das para el fic nee.
Y también gracias a ustedes, gente que aún me lee :3 Me alegra que aún existan personitas que sientan interés por este fic, a pesar de que había estado en constante hiatus. Ya saben, si tienen alguna duda o comentario, pueden hacérmelo saber por medio de un review n.n Son todos muy bienvenidos.
¡Nos vemos! ^^
