Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a sus OC (Evolet y Cedric).

Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).

Género: General. Tiene un poco de todo.

Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.

Conversación en otro idioma.


21

Sangre azul


Hao Asakura

Nuevamente estábamos en la casa, pero el maldito caos continuaba sin dar tregua alguna. Decir que la revelación de Darkar nos tomó por sorpresa se quedaba corto. Ninguno de nosotros podía creer que Cedric era, en realidad, hijo de Darkar Blair. Ahora todo tenía más sentido. Su enorme parecido físico no podía ser una simple casualidad, y me regañaba mentalmente por no haberlo sospechado.

Los gritos y exclamaciones no se hicieron esperar. El escándalo era tan grande que las chicas y los demás adultos no tardaron en llegar a la sala, preguntándose qué rayos estaba pasando. Mis abuelos nos pedían que nos tranquilizáramos, sin mucho éxito. Por su lado, Cedric se encontraba sentado en uno de los sillones, con los ojos cerrados y brazos cruzados, como si estuviera fingiendo que no escuchaba nada de lo que ocurría. Aquello sólo lograba enfurecerme más.

—¡¿NO PIENSAS DARNOS UNA MALDITA EXPLICACIÓN?! —le exigí, sabiendo que, aun así, no obtendría ninguna respuesta de su parte.

Estuve a punto de soltar una serie de insultos hacia él, pero un fuerte chiflido detuvo mis gritos y los de mis amigos.

—¡BASTA! —exclamó Mikihisa, luego de llamar la atención de todos. Tenía el ceño ligeramente fruncido, y era porque mi padre no era amante del caos y el desorden. Quería una respuesta—. Por los Grandes Espíritus, esto no es un gallinero.

—Que hable uno, o será mejor que todos se larguen de aquí —añadió En Tao, con un gesto de exasperación.

Los muchachos se mantuvieron en silencio, preguntándose quién debería relatar lo sucedido. Noté que todos estaban algo molestos, a excepción de Yoh. Era el único que parecía confundido por el engaño de Cedric. Una vez que estuve seguro de que nadie diría nada, decidí tomar la palabra.

—Este sujeto aquí estuvo engañándonos —acusé, sin siquiera mirarlo de reojo para saber si me estaba oyendo—. No es quien dice ser.

—¿A qué te refieres? —preguntó Pilika, visiblemente confundida.

—Cedric Romanov no existe. Su verdadero apellido es Blair… y es hijo de Darkar —expliqué, pronunciando ese nombre con desprecio.

Un gran silencio se hizo presente ante tal descubrimiento. Algunos se mostraron un poco molestos, mientras que otros parecían no saber qué pensar sobre la identidad del vampiro; en ese pequeño grupo se encontraban Yoh, Evolet, mis padres y mis abuelos. Cedric lanzó un ligero suspiro, como si se sintiera frustrado por cómo nos estábamos tomando la situación.

—Sé que es difícil de entender, pero hay una buena razón por la que no habíamos dicho nada… —comenzó mi abuela.

—¡¿Qué?! ¿Ustedes ya lo sabían? —me indigné, interrumpiéndola al instante—. ¿Y no pensaban decirnos nada?

—Hao…

—Empiezo a creer que esta familia está destinada a pasar por más drama que en las novelas baratas de la televisión —soltó Kaoru por lo bajo, virando los ojos.

A lo mejor tenía intención de aligerar el ambiente con su sentido del humor, pero la gravedad de la situación no se lo permitía. Se le veía bastante seria, algo nada usual en ella.

—Si se los decíamos desde un principio, se negarían a aceptar su ayuda —señaló Yohmei, como quien no quiere la cosa.

—¡Pues claro! ¿Por qué razón habríamos de tener al enemigo viviendo justo aquí? —exclamé, olvidando con quién estaba hablando.

Tenía suerte de que mis padres estuvieran muy impresionados, de lo contrario, me habría llevado un terrible castigo por dirigirme de esa forma a mis abuelos. No podía entender por qué lo estaban defendiendo tanto… Volví a pensar en el día en que lo conocimos. Fue cuando ellos pidieron hablar con él en privado. No quería creer que Yohmei y Kino lo sabían todo desde entonces. Miré nuevamente a Cedric, quien estaba viendo con detenimiento una de las paredes de la casa. Al sentir mi mirada clavada en él, sus ojos dorados se encontraron con los míos.

—Bueno… ¿Ya terminaron? ¿Me dejarían hablar? —noté que los chicos bajaron la mirada, pero estaba claro que no haría lo mismo. Quería ver la expresión de Cedric mientras escuchaba su versión de la historia—. Es verdad… Soy hijo biológico del actual rey de los vampiros. Darkar Blair es mi padre —volvió a soltar un pequeño suspiro, desviando su mirada por un breve momento—. Vivíamos juntos en nuestro país de origen llamado Ascantha.

—…Ese lugar no existe —intervino Jane, la madre de Lyserg.

—¿Disculpe?

—Soy maestra de Geografía, doy clases en la primaria —explicó educadamente la mujer—. Estoy segura de que nunca oí ese nombre.

—Es normal —coincidió Cedric—. No se muestra en los mapas… y creo que están claros los motivos. Un país de predadores debe estar oculto a los demás. Habitado casi en su totalidad por vampiros nacidos como yo —ese término llamó mi atención, pero decidí no distraerme—. Hace muchos años, sucedió algo que le hizo tomar la decisión de perseguirme. Digamos que "quebré" una ley, y no podía arriesgarme a que me encontraran. Estuve escapando durante años, hasta que me enteré de la existencia de este torneo. La celebración más grande entre los shamanes. Ocasión que mi pa-… Que Darkar, por supuesto, no iba a desaprovechar para realizar una conversión masiva que lo ayudara en su causa. Los shamanes le serían mucho más útiles en contra de ellos. Durante toda mi vida me habló pestes sobre la humanidad y sabía que su objetivo era destruirla… Tenía que detenerlo de alguna manera. Fue por eso que decidí ayudarlos.

—Es ahí donde me pierdo. ¿Sabes por qué? —lo interrumpí, sin disimular el enfado que me invadía—. ¿Cómo diantres esperas que me trague eso de que nos estás ayudando sin recibir nada a cambio? ¡Nadie ayuda a los demás sin un buen motivo!

Sentí que alguien me tomó del brazo, evitando que me cabreara más.

—Hao, por favor… —me pidió Evolet con dulzura—. Una cosa es que desconfíes de él, y otra muy distinta es que seas injusto al juzgarlo así. Recuerda que te salvó en más de una ocasión —odiaba cuando tenía razón y me fastidiaba un poco que lo defendiera—. Si hubiera querido, ya les habría hecho daño, ¿no?

No pude evitar notar que la mirada de Cedric se suavizó, momentáneamente.

—Evolet tiene razón, Hao —sentí que Yoh me tomaba del hombro, acariciándolo un poco para que me calmara—. Si Cedric fuera malo, no nos estaría entrenando para ir en contra de su propio padre.

Todos guardaron silencio, procesando la reciente información. Poco a poco, volvió la calma a la casa y todos pudieron sacar sus propias conclusiones. Claro que había cosas que aún no estaban claras… pero sabía que era inútil intentar saberlo ahora. Vi que Lyserg se debatía internamente. Al notarlo, Cedric le indicó que podía hablar. Los presentes voltearon a verlo con curiosidad.

—Acaba de mencionar algo de "vampiros nacidos" —exteriorizó, vacilando un poco. Debía estar muy interesado en el tema—. ¿Eso es posible? ¿Un vampiro puede… nacer?

Cedric pareció divertirse con la pregunta.

—Les daré una rápida clase de biología, y sí, Lyserg, los vampiros podemos nacer. Cada hombre y mujer inmortal posee los gametos sexuales para la formación de las crías. Sin embargo, el vientre femenino no puede albergar ni nutrir al bebé porque, como ya saben, estamos "muertos" y el cuerpo no tiene esa funcionalidad. Por ende, la solución a dicho problema es extraer esas células e implantarlas en un cuerpo que sí pueda engendrar. Un cuerpo vivo.

—…Entonces, ¿usan…? —las palabras de mi hermano quedaron en el aire, pues la idea parecía perturbarle tanto que no se atrevía a continuar.

—¿Humanos? Así es… Suelen utilizarse mujeres que son retenidas como esclavas, únicamente para dar vida al bebé. Se las alimenta con sangre y son cuidadas para que el proceso de gestación se dé con normalidad, pero cuando estos niños nacen, ellas no sobreviven por la violencia del parto. A pesar de que el niño se desarrolló en un cuerpo humano, es hijo legítimo de vampiros puros por los gametos materno y paterno… Personalmente, no es una práctica con la que esté muy de acuerdo.

—Y con razón, suena terrible —admitió Manta con un hilo de voz.

Cedric asintió con una expresión de culpabilidad.

—Espere un momento —el Oyamada pareció percatarse de algo importante—. Si usted es hijo legítimo de Darkar, rey de los vampiros… ¿Eso significa que usted es el próximo gobernante?

El asombro invadió el rostro de más de uno ahí presente, incluyéndome. Ni siquiera me había dado cuenta del dato, pero debería ser verdad. No obstante, la noticia no parecía ser nada nueva para nuestro mentor… o, al menos, no parecía importarle.

—Si quieres verlo así… Aunque, digamos que en este momento sólo tengo el título de "persona más indeseada".

Algunos estuvieron preguntándole un par de cosas más referente al tema, y él no se negó a contestar todas las dudas. Odiaba admitirlo, pero no tenía un sólo indicio de que era un traidor, y sus intenciones se veían sinceras. Por mi parte, seguía sin saber si debía creerle. Todo se me hacía extraño… Era como si faltaran piezas para completar ese rompecabezas llamado "vida y obra de Cedric Blair". Tenía ganas de averiguarlo por mi cuenta, aunque no sabía cómo, pues su mente seguía protegida por ese extraño escudo impenetrable.


•❈•


—¡LYSERG DIETHEL ES EL VENCEDOR DE ESTE INCREÍBLE COMBATE!

Lyserg tenía una sonrisa de triunfo dibujada en el rostro, y quién no estaría feliz por haber derrotado a alguien como Marco Lasso. El shaman italiano veía con furia al Diethel, tras su eliminación del torneo. Finalmente, dejó la arena con la frente en alto. Imaginé que Darkar debía estar furioso porque sus aliados resultaron ser muy incompetentes, pues ahora la única que seguía participando era Jeanne. Pagaría lo que fuera por ver su rostro en estos instantes.

—¡Felicidades, Lyserg-chan! —exclamó Mati, emocionada. Un ligero sonrojo había aparecido en sus mejillas—. ¡Sabía que lo vencerías!

El aludido se mostró un poco incómodo ante lo dicho por Matilda. No pudimos evitar burlarnos de él. El apodo que le había puesto sonaba muy vergonzoso. Lyserg debía querer que la tierra se lo tragara justo ahora.

—G-gracias, Mati —sonrió él, con nerviosismo.

—Aw, mi niño precioso está creciendo y ya tiene una admiradora, qué lindo —musitó su enternecida madre.

Liam, el padre de Lyserg, se echó a reír por lo bajo. El inglés no pudo más, así que cubrió su rostro con la capa que vestía, mientras se dirigía a la salida del estadio, murmurando una que otra cosa por lo bajo. No pude evitar reírme por esto.

Pensé que por fin nos iríamos a casa a descansar, mas no contaba con que alguien me tomaría del hombro para detenerme. Me sorprendió gratamente encontrarme con Mohamed, aquel chico que iba en un curso superior al mío y que vendía de todo allá en la escuela. Tras saludarnos, me indicó que lo siguiera a la parte trasera del estadio. Nichrom y Redseb decidieron acompañarme, curiosos por lo que Turbine me mostraría. Me di cuenta que él tampoco se encontraba solo; estaba acompañado por Bill, Peyote y los demás shamanes que había conocido por medio de él, y que también eran participantes del torneo.

—Si no es mercancía de mi grupo favorito, no me interesa —bromeé, observando las enormes maletas que traía consigo—. ¿Y bien?

—Turbine tiene cigarros a la venta —me informó un divertido Brocken—. Pensó que tal vez querrías comprar unos cuantos.

—¿Cigarros? —repitió una voz a nuestras espaldas, asustándonos.

Se trataba de Kanna, cuyo usual semblante serio había cambiado. A ella sí que le encantaban esas cosas, pues se le veía fumando constantemente. Incluso en ese instante sostenía un cigarrillo entre sus dedos. Se adelantó a nosotros, queriendo inspeccionar el contenido de dichas maletas.

—Ugh, detesto los cigarros de sabores. Sólo un tonto fumaría estas cosas.

…Auch. Si algo había aprendido en el tiempo que tenía de conocer a Turbine, era que le molestaba enormemente que se metieran con sus productos.

—¿Perdón?

—Los cigarrillos saborizados son para perdedores. Además, los vendes demasiado caros. Estás loco si piensas que pagaré tanto por una miserable cajetilla.

—¡Es una marca reconocida! Los estoy vendiendo a un precio justo —se defendió. Noté que apretaba la mandíbula, intentando contener su enojo—. ¿Acaso eres una experta en eso como para decirme a cuánto debería ofrecerlos?

Nunca pensé que presenciaría una pelea entre Mohamed y Kanna. Ambos estaban peleando por… ¿cigarrillos? ¿Quién los entendía? Volteé a ver a los demás. Estos sólo se encogieron de hombros. Pensé que probablemente nunca lo habían visto pelearse con alguno de sus clientes. Matilda y Marion llegaron justo a tiempo para llevarse a su amiga, quien no dejaba de lanzar improperios en lo que yo supuse que era el idioma alemán. Turbine rodó los ojos, antes de dirigirse hacia nosotros.

—Hagamos de caso que esto nunca sucedió —nos pidió, luego de soltar un suspiro.

Se acercó a una de sus maletas y revolvió su contenido, hasta encontrar algo. Se nos acercó, mostrándonos varias pastillas pequeñas.

—¿Qué es esto? ¿Droga? —preguntó Nichrom, soltando una risita.

Red y yo lo imitamos. La situación se nos hacía de lo más divertida.

—Por supuesto —afirmó él. Una sonrisa juguetona apareció en su rostro al ver que tornamos el gesto—. Son alucinógenos. No suelo venderlos, pero un conocido me los consiguió. Puedo hacerles un descuento por ser amigos de Hao.

No terminaba de creerme que de verdad estuviera ofreciéndome esas cosas. Iba a negarme cuando alguien se me adelantó.

—Suena bien, dame un blíster —le pidió Red, buscando su billetera. Nichrom y yo lo miramos como si estuviera loco, provocando la risa en los demás—. Por favor, yo sé que también sienten curiosidad.

Luego de oír las instrucciones para usarlas correctamente y no tener un "mal viaje", le dio el dinero a Mohamed y nos arrastró fuera del lugar. Decidimos hacerle caso y probar la supuesta droga. Por suerte, los adultos estarían fuera por un rato, por lo que no corríamos riesgo de ser descubiertos. Al llegar al jardín, cada quien se tomó media pastilla y nos sentamos a esperar que hiciera efecto. Según las indicaciones, teníamos que esperar veinte minutos… y eso me impacientaba. Creí que nos habían timado, hasta que sentí que comenzaba a relajarme.

—¡Miren hacia la fuente! ¡El agua se ve más brillante! —exclamó Nichrom.

Solté una risa cuando lo comprobé. Esa pequeña masa de agua brillaba con mucha intensidad, algo que nunca antes había visto. Estábamos maravillados por lo que veíamos: las hojas de los árboles eran de color rosa claro, el cielo había adquirido un tono más azulado… ¡Incluso la casa se veía más grande de lo normal! No pude evitar reírme al verlo todo tan distinto. Era una experiencia única.

—Ahí estás, Hao —alcé la mirada para toparme con mi novia, quien parecía estar llegando—. Yoh y Cedric están buscándote para… ¿Qué tienes?

Me vi obligado a apartar la mirada de sus ojos, que parecían dos hermosos faroles. Brillaban tanto que podrían verse en una habitación a oscuras. Ella debió extrañarse al verme tan tranquilo, por lo que acercó su mano para acariciarme el rostro.

—Por todos los espíritus, estás drogado.

—N-no sé de qué hablas —le mentí, levantándome deprisa. Grave error, pues casi al instante sentí unos mareos. Evolet tuvo que ayudarme para no caer, mientras que Red y Nichrom se carcajeaban—. ¿Qué sucede?

—Creo que tienen entrenamiento, pero… ¡No puedes ir así! —se preocupó.

Mizu apareció a su lado, mirándome con harta diversión. Genial, ese demonio con forma de gato debía creer que me convertí en un drogadicto.

—Tranquila, estaré bien —le aseguré, sonriéndole—. No puedo faltar, o Cedric me pondrá alguno de sus estúpidos castigos.

Evolet dudó por un momento, pero sabía que no iba a detenerme tan fácil. Así que, rebuscó en su bolso para sacar unos lentes de sol y colocármelos. Agradecí ese gesto; esperaba que Cedric no notara mis pupilas dilatadas. Me despedí de ella con un pequeño beso en los labios, provocando que los tarados que tenía por mejores amigos se rieran de mí. Me contuve de mostrarles el dedo medio únicamente porque Evolet estaba presente.

Los alucinógenos seguían haciendo su trabajo; todo a mi alrededor tenía muchos colores y formas distintas. Fui un tonto al pensar que no sería suficiente. Ingerí el resto de la pastilla, ignorando la advertencia de Turbine acerca de la dosis. Quería ver algo diferente… y lo conseguí. Cuando llegué al lugar donde me esperaban mi hermano y mi mentor, noté cosas que no creí ver antes. Cedric estaba con los pies pegados a la pared, manteniendo un perfecto equilibrio, como si la gravedad no le afectara. Sostenía la tablet de Yoh en sus manos y parecía estar batallando con ella.

—Creo que la rompí —se lamentó Cedric, haciendo todo lo posible para que esta volviera a encender.

—Descuide, debió haberse descargado.

Yoh rio al notar su dificultad con ella.

—¿…Puedes caminar por las paredes? —quise saber.

En ese momento no lograba distinguir si aquello se trataba de una alucinación.

—Sí, y ustedes también pueden hacerlo —reveló sin inmutarse. Volvió a tierra firme, entregándole el dispositivo a mi hermano. Una sonrisa burlona se dibujó en su rostro al notar mi semblante—. ¿Hoy es día de usar gafas para el sol? No recibí el memo.

Hao, ¿qué demonios hiciste?, preguntó mi hermanito.

Noté que me miraba con aflicción.

Tranquilo, no me pasa nada… O eso creo, le dije con el pensamiento, observando cómo una serpiente le entraba por un oído y le salía por el otro. Esto estaba mal.

—Bueno, en vista de que hoy es día de experimentar cosas por primera vez, tendrán un entrenamiento especial. Será fácil para aquellos que no se hayan drogado.

—Mierda —solté, al verme descubierto—. No les digas a mis padres, por favor. Van a matarme cuando se enteren.

Unos pequeños cuernos aparecieron sobre su cabeza. Dudaba que eso se tratara de una alucinación.

—Descuida, los efectos de la droga serán suficiente castigo para ti —comentó con malicia.

Cedric nos entregó un vaso de agua a cada uno –aunque parecía más una sustancia viscosa de dudosa procedencia–. Nos pidió realizar un trayecto a través del bosque. La idea era llegar a la meta lo antes posible, sin derramar una sola gota del vaso. Era algo difícil de lograr, pues se trataba de un vaso pequeño y podía verterse con cualquier sacudida fuerte.

—Los estaré esperando al final del camino. No se tarden demasiado.

Dicho esto, se alejó entre la espesura del bosque. Su tono de voz aún resonaba en mi cabeza. ¿O era otra alucinación?

—¿Estás seguro de poder hacerlo? Deberías tomar un descanso —me sugirió Yoh.

—Sólo tomé un alucinógeno. Además, no puedo permitir que Cedric se burle de mí. Tengo que demostrarle quién manda.

—Si tú lo dices…

Empezamos a correr por el bosque, evitando chocar con los árboles que, a mi juicio, estaban prendidos en llamas. Era una imagen preocupante y quise usar mis poderes para extinguir el fuego, pero no sabía si debía intentarlo en mi estado. Pensé que incluso podía lastimar a Yoh al no tener el control de lo que veía. Tuve que parar varias veces en el camino. Las manos me temblaban demasiado, causando que derramara el extraño líquido antes de llegar a la mitad del trayecto. Cedric no parecía cansado de usar sus poderes telequinéticos y llenar mi vaso nuevamente, pero lo vi negar varias veces con la cabeza en cada momento en que me caía.

De pronto, noté que el suelo comenzaba a abrirse. Me asusté al ver aquello, pues pensaba que, en verdad, llegaría a caerme en ese profundo abismo que tenía frente a mí. Me senté sobre el húmedo pasto del claro, tratando de calmar esos temblores que me estaban atacando. Pude escuchar a lo lejos que Cedric había sonado su silbato, indicando que Yoh había resultado vencedor. Nuestro mentor lo estaba felicitando por la excelente idea que había tenido: beber el contenido del vaso y correr hacia la meta; de esa forma, no derramaría ni una sola gota de agua. Creo que nunca hubiera podido idear algo semejante.

—¿Estás bien? —preguntó Yoh, llegando a mi lado.

Abrí los ojos, mirándolo un poco cansado. Me alivié al notar que las alucinaciones habían desaparecido. Sin embargo, ahora tenía una fuerte migraña. Sentía que todo daba vueltas y me dieron náuseas. Como pude, caminé hacia uno de los arbustos para vomitar violentamente. No noté que alguien había recogido mi cabello para que no se ensuciara, al mismo tiempo en que me daba palmaditas en la espalda.

—Espero que con esto te quede claro por qué no debes consumir esas cosas —me sorprendió que Cedric estuviera regañándome, paternalmente.

Decidí no replicar nada por esta ocasión. Una vez que me sentí un poco mejor, dejé que mi hermano me ayudara a caminar, ya que sentía que iba a caerme en cualquier momento.

—Puedes estar tranquilo. No lo volveré a hacer.

Creí que la suerte estaba de mi lado ese día, puesto que ningún adulto –aparte de Cedric–, se enteró de mi pequeño incidente con el alucinógeno. Nichrom y Redseb también estaban en la mierda; ambos habían tomado mis mismas malas decisiones, experimentando visiones igual de extrañas que las mías. A lo largo de mi vida, había escuchado tanto la frase "di no a las drogas". A partir de ese día, no dudaría en que era un buen aviso. No quería volver a vivir algo parecido nunca más.


•❈•


Revisaba una y otra vez las fotos que sus subordinados habían tomado, además de un buen material escrito en base al tema que solicitó. Quería investigar todo acerca de esa misteriosa chica que no parecía ser un shaman común y corriente. A pesar de lucir como cualquier otro ser humano, su agilidad se asemejaba a la suya, sus movimientos eran demasiado elegantes, no se encorvaba y la forma de sus ojos… No obstante, su tez no era pálida, el sol no parecía afectarle luego de horas, y sus caninos tampoco tenían alguna anormalidad. ¿De verdad se trataba de una simple mortal? Desconocía su verdadera naturaleza. Por tal motivo, él había decidido llevar a cabo una serie de "pruebas" para averiguar lo que tanto temía.

Y hasta ahora, todas habían resultado positivas.

Decidió dejar de pensar en ello por un momento y retomó su camino hacia donde iría a comprobar sus dudas: los calabozos. Una vez dentro, sonrió de lado al oír los gritos y llantos de sus prisioneros cuando pasaba caminando junto a ellos. Música para sus oídos. Se detuvo al llegar al fondo del pasillo, admirando aquella puerta reforzada. Indicó al guardia que la abriera, para luego adentrarse con paso decidido.

No necesitaba encender la luz, puesto que su perfecta visión vampírica le permitía ver en la penumbra. La celda era ocupada únicamente por una mujer, o lo que era la sombra de una mujer. No se parecía en nada a lo que él recordaba, ya que la había encerrado hace tanto tiempo. Sus vestimentas se encontraban maltratadas y tenía el cabello alborotado y sucio, al igual que su rostro. Este no podía verse debido a que estaba cabizbaja.

El cartel que había mandado colocar frente a la puerta de la celda no mentía: ella era extremadamente peligrosa. Por eso se encontraba apresada por grilletes en sus manos y pies, suspendiéndola en el aire. No quería que se repitiera el incidente de unas semanas atrás, porque en más de una ocasión había estado muy cerca de escapar. Necesitaba retenerla por un poco más de tiempo. Era indispensable para sus planes. Era, quizás, su prisionera más valiosa.

—Buenos días, cariño. ¿Amaneciste bien?

Se echó a reír al escuchar los sonidos guturales que provenían de su garganta.

—Cielos, sólo intentaba ser amable —se burló él, acercándose a una pequeña caja de madera que se encontraba allí. La abrió y buscó su más reciente adquisición. Su colección de armas era grande, pero sus gustos eran exquisitos. Tomó el cuchillo con fuerza, acercándose peligrosamente a su víctima—. Fue imposible resistirme a comprarlo en uno de mis viajes a Holanda. Pensé que lo encontrarías… nostálgico.

Dicho esto, alzó el cuchillo y la apuñaló en un costado. La mujer gritaba y se retorcía por el dolor. Darkar no pudo evitar reírse al ver su sufrimiento. Se le había olvidado mencionarle que esa pequeña daga contenía adytheranian, su sustancia preferida.

—¿Puedo confesarte algo? Creo haberme topado con alguien que tiene un terrible parecido contigo —relató él de manera casual, abriendo una nueva herida en la piel de la vampiresa—. Fue como ver a tu versión más joven… No quisiera creer que es demasiada casualidad. ¿Tú qué opinas?

Decidió arremeter contra su brazo. Hizo un corte tan profundo que debió rasgarle los músculos. Su prisionera empezó a gritar en su idioma natal, pidiendo clemencia. Una sádica sonrisa se dibujó en su rostro. Le encantaba cuando sus víctimas pedían que se detuviera… Era una petición que amaba ignorar. Alzó una mano y la obligó a mirarlo a los ojos.

—¿Podrías guardar silencio? Detesto que me interrumpan —le ordenó de manera cínica, inspeccionando su rostro—. ¿En qué estaba? Ah, sí… Esa 'adorable' niña. Creo que sabes lo que va a pasar si resulta ser la persona que he estado buscando por tanto tiempo… El llamado de nuestra sangre es muy fuerte. No podrá resistirse en venir a mí cuando me escuche, ¿no crees?

Él retiró el cuchillo de su brazo. Ella no dejaba de moverse desesperadamente, intentando liberarse de las terribles cadenas que la sujetaban con fuerza. Darkar llevó a su boca los restos de sangre que habían quedado en sus dedos y sonrió diabólicamente. Habiéndose aburrido ya, se acercó hasta un pequeño interruptor y lo presionó, activando los grilletes. Estos produjeron una descarga eléctrica durante unos segundos, pero que, sin duda, duraron una eternidad para ella. La mujer no tardó demasiado en quedar inconsciente.

—Lástima. Tenía ganas de seguir charlando contigo —le dio la espalda para ir hacia la salida. Tocó dos veces antes de que la pesada puerta se abriera—. Espero que la próxima vez que nos veamos me seas más útil, querida.

Quizá su tortura no había durado demasiado, pero debía agradecerle a ella por la brillante idea que se le ocurrió. Le quedaba una prueba final, la cual llevaría a cabo muy pronto. Si todo resultaba bien, tendría otra alternativa para encontrar eso que tanto necesitaba.


•❈•


Era un hecho que nunca tendría un día normal en esta aldea. Cuando creí que por fin podría relajarme, un repentino aviso de los oráculos virtuales destruyó vilmente mi plan perfecto. Los Grandes Espíritus habían decidido que se llevaría a cabo una nueva pelea. Por eso, ya nos encontrábamos en la arena, a la espera de la selección que tanto odiaba. Extrañamente, me sentía más nervioso de lo normal y no entendía por qué. ¿Podría ser que finalmente sería elegido para pelear? …No lo creía, porque en ese caso, estaría muy emocionado. Algo muy malo se avecinaba.

—¿Qué se siente ser la única que ha quedado de tu equipo? —pregunté con burla.

Jeanne, quien no estaba muy lejos de mí, me regaló una sonrisa fingida.

—Orgullosa, por supuesto… No dudes que seguiré ganando, Asakura —declaró, alzando el mentón—. ¿…Y cómo está Chocolove? Es toda una sorpresa verlo vivito y coleando. Pensé que ya habrían incinerado su asqueroso cadáver, a estas alturas.

—¿Cómo pudiste ser tan cruel? —lo defendió Evolet—. Chocolove no te ha hecho nada malo. ¿Por qué desquitarte así con él?

Jeanne hizo una mueca de desinterés.

—Ay, tú cierra la boca. No creo haberte pedido una opinión… Te recuerdo que tú y mi prima no son más que un par de recogidas de la calle que le dieron pena a los Asakura.

…No lo hizo. Jeanne era realmente detestable, y por desgracia era muy buena para bajarle la moral a cualquiera, pero no iba a permitírselo. Evolet no había hecho nada malo. Dicho insulto nos dolió más a nosotros que a las chicas –porque estaba muy seguro de que Anna había logrado oír la conversación a pesar de la distancia–.

—Tienes mucha suerte de ser mujer porque, créeme, ya te habría hecho tragar el polvo —amenacé con furia—. Retira lo que has dicho.

—Oblígame.

Apreté los puños de manera inconsciente. No quería dejarme llevar por sus tontas provocaciones, pero era muy difícil. Antes de dar cualquier paso en falso, Yoh fue quien se interpuso entre nosotros y me lanzó una mirada de advertencia.

—No vale la pena, Hao —me tomó del hombro y sonrió levemente—. Además, algo me dice que pronto recibirá su merecido… De eso, me encargaré yo.

No pude entender a lo que se refería, hasta que oímos ese sonido agudo que tanto detestaba. Otra pareja de participantes había sido elegida, y me sorprendí mucho al ver el resultado. Yoh me sonrió.

—¡Yoh Asakura y Jeanne Renault! —exclamó Radim, haciendo un gesto para que despejáramos el área.

¿Cómo lo supiste?, pregunté con diversión.

Sólo fue un presentimiento…, mi hermano se encogió de hombros.

—Qué mala suerte —rio Jeanne, para luego dirigirse a mí—. ¿Qué se siente saber que tu gemelo morirá en combate? —usó la misma burla de hace unos instantes.

Odiaba tener razón con mis malos presentimientos. Sentí que tendría un ataque en cualquier momento y Yoh lo notó.

—Estaré bien —me aseguró—. Ya te lo dije, me encargaré de que se retracte.

Me dedicó una de sus típicas sonrisas… pero a mí no me engañaría. Estaba seguro de que él también tenía miedo, igual que todos. Fui el último en abandonar la arena. Por suerte, los demás habían tomado los mejores asientos, para estar pendientes de Yoh. Me senté entre Kaoru y Evolet, y al lado de la última estaba Anna. Ambas tenían rostros pensativos y pude imaginarme el motivo. No obstante, decidí no decir nada para no empeorar la situación. Miré hacia adelante, muerto de preocupación.

—No hagas eso, Hao —susurró Evolet a mi lado, llevando una mano a mi mentón y acariciándome el labio inferior con el pulgar—. Podrías lastimarte.

Ni siquiera había notado que estaba apretando los puños y me mordía el labio de forma ansiosa. La situación no me ayudaba en nada.

—Lo siento.

Ella me sonrió de forma comprensiva y, sin esperármelo, acortó la distancia que nos separaba, uniendo nuestros labios en un tierno beso. Esa pequeña acción me había sorprendido, pues a pesar de que los demás estaban muy concentrados en la pelea, seguía siendo un lugar público. Una sonrisa se me escapó cuando nos separamos. Sólo ella tenía esa forma tan especial de hacer que me tranquilizara.

Un carraspeo nos hizo volver a la realidad.

—¿Ya terminaron?

Nos sobresaltamos al vernos descubiertos, aunque luego nos relajamos. Se trataba de mi hermanita, quien nos miraba con una sonrisita traviesa.

—Piérdete, Kaos —imité su gesto burlón.

Ella soltó una risita.

—Aunque no lo creas, me alegra que estén juntos —admitió Kaoru. Sus labios se curvaron en una sonrisa sincera—. Evolet es mi amiga, y tú eres mi feo hermano mayor. Por fin se te cumplió y la tienes a tu lado… Y para que veas que apoyo al cien por ciento lo suyo —se puso a buscar algo en sus bolsillos, hasta que por fin lo encontró.

Se lo entregó a mi compañera, volviendo a su actitud traviesa.

—¿…Un labial sabor chocolate? —cuestionó Evolet, viendo el cosmético con ligera extrañeza—. ¿Y para qué lo quiero?

—No lo sé, usa tu imaginación —alzó las cejas de forma sugerente y luego volteó a verme—. O mejor usa la tuya, hermano.

No necesitaba ver a mi novia para saber que sus mejillas estaban igual de rojas que las mías. Mi hermana terminaría matándome. Decidimos ignorarla y prestar atención a la pelea, la cual estaba a punto de iniciar. Tanto Jeanne como mi hermano estaban preparados. Radim vociferaba palabras de ánimo, cosa que el público apoyaba.

—¿Listo para morir? —se burló la Renault.

—No está en mis planes —aseveró Yoh, sonriendo con confianza.

Mi otra mitad se lanzó al combate, utilizando su posesión de objetos más exitosa: la espada de llamas azules y cobrizas. Jeanne evitaba sus ataques con gran facilidad, moviéndose ágilmente. Parecía una sutil danza, en lugar de una feroz pelea. Yoh intentaba por todos los medios no mostrar su frustración, aunque no lo lograba. La francesa se burlaba abiertamente de mi gemelo.

—Discúlpate con las chicas, por favor —le pidió, frunciendo un poco sus labios—. Lo que dijiste no es verdad. Ellas son parte de nuestra familia.

—Pues vaya familia que les tocó, hijo del diablo.

Yoh se quedó congelado. Noté que la sonrisa de Jeanne se ensanchaba, dándole un aspecto espeluznante. No necesitaba voltear para saber que Kaoru estaba igual de horrorizada que yo. Aquel era un tema muy delicado para nosotros, y esa maldita estaba comentándolo como si nada.

—Por favor, no creyeron que iban a ocultar por tanto tiempo lo que en realidad son, ¿o sí? Un clan que creció tanto en el arte del shamanismo gracias a esos rituales satánicos que practicaban sus antepasados… Eso es algo que odias, ¿verdad?

—Cállate —murmuró Yoh, intentando contenerse.

No pude notar la expresión en su rostro porque este se había ensombrecido.

—Tenías varios apodos: "chico demonio", "hijo del diablo", "descendiente de brujos". Era parte de tu rutina diaria. No tenías ningún amigo, ya que todos tus compañeros te despreciaban. Sufrías todo tipo de acoso. Te perseguían en la escuela…

Cerré los ojos con pesar. Esos eran asuntos muy personales.

—Esa es tu triste realidad: son sirvientes del mismo satán, despreciados por toda la sociedad, que recogen niños de la calle para… Quien sabe, sacrificarlos en sus ritos extraños y esas cosas.

Estaba intentando distraer a Yoh, y lo estaba logrando. Fue entonces cuando todo comenzó a temblar y Jeanne aprovechó el momento de distracción de mi hermano para alzar las manos y hacer aparecer a la enorme doncella de hierro detrás de ella. Yoh fue apresado por Shamash, quien lo arrojó al interior de la doncella, cerrando las puertas con un gran estruendo. El público contuvo el aliento por unos segundos. La extraña estatua tenía unos picos tan grandes que era imposible que no hubieran perforado el cuerpo de mi hermano. No pude evitar pensar lo peor…

—Olvidé mencionar que los picos tienen una sustancia extremadamente mortal —Jeanne rio con diversión—. Y el metal con el que está fabricada la doncella es tan resistente que ni los vampiros son capaces de destruirlo… Shamash, mostrémosle a los espectadores el cadáver de Yoh Asakura…

Un extraño ruido que provenía del interior de la estatua la silenció. Ninguno de los espectadores podía creer lo que ocurrió. El metal de la doncella parecía ceder ante los golpes que venían desde adentro. De repente, un espeluznante brazo púrpura traspasó por completo el metal, destruyendo así el artefacto. Los demás shamanes veían con asombro la apariencia de mi gemelo, quien había decidido invocar los poderes de Myorei. Arrancó la puerta de la doncella de hierro y la moldeó con facilidad, formando una espada. Tardé un momento en encontrarle una explicación: sus poderes terrestres también le permitían manejar la estructura del metal a su favor. Yoh sostenía dos espadas en sus manos. Una de ellas la utilizaba para su posesión de objetos, mientras que la otra contenía su poder espiritual. Corrió hacia Jeanne, dispuesto a atacarla. Mi hermano lanzó un gruñido antes de darle el golpe final, con el cual la vampiresa se estrelló contra el suelo, provocando que se desvanecieran sus poderes.

—¡YOH ASAKURA ES EL GANADOR!

La arena se mantuvo en silencio, a la expectativa de lo que haría mi hermanito. Los cambios en su cuerpo por la posesión del demonio se esfumaron, al tiempo en que lo hacía su oversoul. Miró a su contrincante, quien hacía un gran esfuerzo por poder ponerse de pie.

—Que te quede claro, nadie se mete con mis seres queridos.

Solté un suspiro de alivio al verlo volver a ser el mismo de siempre. Por un momento, temí que la influencia de Myorei afectara su mente y terminara matándola, como me pasó con Kurozawa aquella vez. Sin embargo, los demás vitoreaban a mi gemelo y bajaron para felicitarlo por la excelente pelea.

Estuve tentado a hacerlo, pero tenía otros planes en mente. Recordé por momentos la actitud de Jeanne en el pasado. Estaba seguro de que aún se sentía atraída por nosotros y se me ocurrió algo maquiavélico. Supuse que la vampiresa estaría en los vestidores tras el combate, así que, sin que nadie me viera porque se prestaría a malinterpretaciones, me escabullí. Fue una suerte no encontrarme con nadie. Una vez que entré a los vestidores, me topé de frente con la misma Jeanne. Apenas iba cubierta por una toalla. Pareció sorprenderse al comienzo, pero luego se formó una sonrisa perversa en sus labios.

—¿Ahora me espías? No sabía que querías verme desnuda —inquirió ella.

Su tono de voz me daba ganas de vomitar.

—No estoy aquí para eso —repliqué.

—No te preocupes, eso se puede solucionar —sin previo aviso, llevó sus manos al borde de la toalla y la dejó caer al piso… No podía creer lo que ocurría. Estaba ahí, nada más, viéndola desnuda y no sentía absolutamente nada—. Supongo que, si te urge, es porque tu novia no hace bien su trabajo.

Cerré los ojos y solté una sonrisa sarcástica.

—En verdad me das mucha lástima, Jeanne.

—¿Disculpa?

—Entiéndelo, nadie se sentiría atraído a alguien con una personalidad tan vacía como la tuya —le hice saber, sorprendiéndola—. Sólo te preocupas por tu persona, sin importar el daño que puedas hacerle a los demás. Por eso actúas como uno de los perritos falderos de Darkar, para sentirte bien contigo misma. Estás convencida de que, haciendo lo que él te pida, seguirás siendo su favorita… cuando en realidad le importa una mierda lo que pase contigo.

—¡Tú no sabes nada! ¡Lord Darkar me ama como a una hija! —exclamó la Renault, llevando las manos a sus caderas—. Sólo lo dices porque ya quisieras que tuviera la misma consideración contigo… Además, muy en el fondo me deseas tanto como yo a ti.

—Pff, ¿Quién te crees? ¿Scarlett Johansson? —me burlé, notando un brillo de furia en sus ojos carmesíes. Negué con la cabeza y levanté la toalla del piso, para luego lanzársela—. Hazme un favor y cuida la poca dignidad que te queda… Te lo repito por última vez: tú no me interesas.

—No puedo creerlo…

Una voz a nuestras espaldas hizo que Jeanne ahogara un grito y se cubriera mucho mejor con la toalla. Se le notaba el bochorno en la cara, por lo que pude adivinar quién había entrado a los vestidores. Volteé para darle la cara a Darkar, y noté que se veía algo asqueado por la situación.

—Pensé que Ashil era el único idiota con pésimos gustos, pero veo que tú también caíste igual de bajo. Mira que fijarte en uno de los Asakura… Me decepcionas.

—Amo, no es lo que…

Me aparté un poco de la escena, viendo con satisfacción la reprimenda que estaba llevándose la Renault. No era parte de mi plan, pero esto lo hacía más interesante. Jeanne no cabía en su vergüenza, y esa era suficiente victoria para mí. Me dispuse a salir del lugar, y cuando pasé junto a Darkar, no pude evitar lanzarle una mirada retadora. Él me devolvió el gesto, sonriendo de manera sádica. Como si estuviera planeando algo… Detestaba enormemente a ese sujeto por todo lo que había hecho. Estaba consciente de lo mucho que tenía que entrenar para derrotarlo. La victoria tenía que ser nuestra. De lo contrario, el mundo sería un completo caos. Teníamos que evitarlo de cualquier forma.


•❈•


Había notado que Kaoru estaba actuando de manera extraña últimamente… más extraña de lo común. No sabía si preocuparme o asustarme. Era normal para ella jugarnos bromas de vez en cuando. Sin embargo, la semana estaba por terminar y no había señales de alguna broma a la vista. Eso me tenía muy paranoico. Llegué a pensar que estaba planeando jugarnos LA broma. Debíamos parecer un par de idiotas cuando abríamos los cajones y puertas con mucha precaución, pero no iba a permitir que sus tontas bromitas me mancharan el rostro… o peor aún, mi ropa favorita. Al mismo tiempo, eso no era lo más raro del asunto, pues Nichrom también estaba actuando de una forma parecida. Me evitaba en la mayoría de los casos, y me miraba como si hubiera hecho algo malo y se sintiera muy culpable. Estaba algo distraído, pero esa no era razón para que me molestara.

Decidí dejar de pensar en ellos y quise salir de la casa para distraerme un momento. Caminaba sin rumbo, rememorando la última batalla de mi hermano. Fueron varios días de espera, hasta que finalmente lo llamaron. ¿Eso significaba que yo también estaría a punto de pelear? Probablemente sí, porque los únicos que no habíamos peleado hasta ahora éramos Horo-Horo, Len, mi hermano y yo. Era extraño que nos dejaran para la siguiente ronda. Una decisión muy peculiar por parte de los Grandes Espíritus, pero no teníamos otra opción más que mantener la calma.

No noté que había llegado al bosque, y aun así continué con mi camino, recordando que había un hermoso claro en ese lugar, donde igualmente había un lago de aguas cristalinas y era el sitio más cercano a los Grandes Espíritus. Desde ahí se los podía apreciar perfectamente. Pensé que ver ese paisaje me relajaría… No obstante, pasó todo lo contrario. Debía ser una maldita alucinación, pues lo último que esperaba ver allí era a mi mejor amigo besando a mi hermanita. Estaban sentados en el césped, pues al parecer tenían un picnic o algo así. Hice una gran mueca al no poder lidiar con ello, más aún cuando vi que Nichrom estaba acariciando su pierna.

—¡¿Qué diablos significa esto?! —exclamé, provocando que ambos se separaran.

—¿H-Hao? —Nichrom se puso pálido al verme—. ¿Qué haces aquí? ¡…Espera! ¡Puedo explicarlo!

Tanto él, como Kaoru se habían puesto de pie. Simplemente no podía creerlo. No sabía si sentirme mal o enfadarme. Nichrom me miraba con miedo, y el muy idiota tenía motivos. Intenté controlarme, pero me lo estaban poniendo muy difícil.

—¿Qué vas a explicarme? ¿Qué estabas manoseando a mi hermanita cuando no miraba? ¿Qué más haces a mis espaldas? —inquirí, casi escupiendo veneno.

—No lo digas así…

—Creí que habíamos sido claros aquella vez… Hicimos una maldita promesa. Está claro que no te importó —volví a interrumpirlo con ganas de hacerle sentir peor—. No lo esperaba, no de ti. Eres mi mejor amigo, como un hermano para mí… ¿Tan poco te importo como para traicionar así nuestra amistad?

—No lo hice a propósito, créeme. Sólo… sucedió —explicó, en un intento por salvar su pellejo—. Intenté ignorarlo al principio, pero no pude. Luego quise decírtelo, y no supe cómo, porque te ibas a emputar.

—Pues, acertaste —lo felicité, sarcásticamente. Miré a Kaoru de reojo, notando que bajaba lentamente su celular—. Apártate, Kaoru. Estoy a punto de darle la golpiza de su vida a este hijo de puta.

Por supuesto que no me obedeció. Se plantó delante de él, pensando que quizás así no me atrevería a lastimarlo. Un gruñido se escapó de mi garganta al ver que él la tomaba del brazo, intentando apartarla.

—Muévete —volví a ordenar.

La mirada que le estaba lanzando pareció asustarla. Estuve a punto de apartarla yo mismo cuando algo me lo impidió. No podía mover mis pies. Bajé la mirada y noté que unas rocas de gran tamaño habían aprisionado mis piernas. No necesité voltear a ver al responsable de interrumpir lo que ocurría.

—Suéltame, Yoh —demandé, iracundo.

—Lo siento, Hao —mi hermano salió de entre los árboles, y no venía solo. Redseb lo acompañaba—. Estabas a punto de cometer una locura.

Kaoru debió haberles avisado, mientras atacaba verbalmente a Nichrom.

—Entiendo cómo te sientes, amigo —intervino el Munzer con seriedad—, pero no ganarás nada poniéndote así.

—¡Ese maldito se estaba comiendo a Kaoru! —lo acusé, señalándolo con el dedo, ya que las rocas me impedían moverme—. ¡¿Cómo quieres que me tranquilice con lo que acaba de pasar?!

—Si lo dices por la promesa que hicimos, eso fue hace mucho tiempo. Además, lo hicimos más por mí que por ustedes. Ni siquiera sabías que tenías una hermana en ese entonces.

—¿Y qué? ¿Crees que el código se puede romper sólo porque creía ser hijo único? —lo miré, sin poder creer lo que estaba escuchando—. ¡Dices puras mierdas!

—¿Estás escuchando lo que dices? —me preguntó, cansado—. Mira, Kaoru es tu hermana menor y seguro quieres lo mejor para ella. Nichrom es tu amigo desde los cinco años. Siempre te ha apoyado, siempre ha estado para ti… ¿Por qué ahora no puedes hacer lo mismo por él?

—¡Es diferente! Se trata de mi hermana —indiqué, frunciendo el ceño.

Me frustraba que no entendiera la gravedad del asunto.

—No sé si lo recuerdas, pero yo también tengo una hermana menor. Es normal que me ponga algo sobreprotector y celoso… pero todo sería distinto si ella se hubiera fijado en ti o en Nichrom, porque son mis amigos y los conozco. Sé que estaría en buenas manos. Me alegraría porque ambos encontraron a ese alguien especial.

Miré de soslayo a Nichrom, quien seguía plantado a unos metros de mí. Me miraba con nerviosismo, como si esperara que me tomara bien todo este asunto. Kaoru se separó un poco de él, para limpiarse las pocas lágrimas que se le habían escapado. Empezaba a creer que Redseb tenía razón… y bajé la guardia al verla llorar así.

—Míralo de esta forma —Redseb sonrió un poco—. ¿No crees que las reuniones familiares serían geniales? Ya consideras a Nichrom como tu hermano, pero en ese caso formaría parte de tu familia definitivamente, al convertirse en tu cuñado.

Solté un pequeño suspiro. Negué con la cabeza, al tiempo que una pequeña sonrisa aparecía en la comisura de mis labios.

—No tienes idea de lo mucho que detesto cuando tienes razón —Red no pudo evitar echarse a reír al verme más tranquilo—. Ya puedes soltarme, Yoh.

—¿Estás seguro? —dudó mi otra mitad.

Asentí, sonriendo sinceramente. Yoh imitó mi expresión y apuntó hacia mi cuerpo. Con ese gesto, las rocas cayeron con pesadez al suelo, partiéndose en el proceso.

—¿Sabes qué pensé? Si Kaoru está saliendo con Nichrom, tal vez deja de hacernos bromas… ¿Te lo imaginas? Un mundo donde la enana no nos molestaría con sus tonterías.

Tuve una imagen mental ante lo dicho por mi hermano y me sorprendí. Tenía toda la razón. Tendríamos una vida tranquila, sin temor a abrir los cajones o entrar a las habitaciones… Estaría tan distraída que se olvidaría de nosotros.

—Ustedes dos, vengan aquí —llamé a los tortolitos, sonriendo con diversión—. Está bien. Voy a darles mi bendición.

Ambos se mostraron aliviados al ver que estaba dispuesto a aceptar su noviazgo. Me acerqué y coloqué mis manos sobre sus cabezas, pronunciando tantas tonterías que ni yo entendía. Los dos se echaron a reír ante mis ocurrencias, felices de que todo terminara bien. Yoh y Redseb habían hecho un buen trabajo conmigo. Quizás estaba siendo algo sobreprotector con Kaoru, pero yo sólo quería lo mejor para ella, y ahora estaba completamente seguro de que Nichrom podría cumplir con eso a la perfección.


•❈•


Por todo el ajetreo del torneo y los secretos que habíamos descubierto en los últimos días, no había podido dedicarle un tiempo a Evolet. No dudé en compensárselo con una pequeña salida. Debido a eso, me encontraba en la sala de estar junto a Len, quien al parecer también tenía una cita planeada con Pilika. No había pasado mucho tiempo, cuando de repente llegó Opacho a la casa. Me encantaba que nos visitara, pues así podía jugar con ella tanto como quisiera.

—Mikihisa tiene razón. Serías buen padre —comentó Len, viendo cómo jugaba con Opacho.

Por suerte, Mannoko le había prestado un par de muñecas, así tenía algo con qué entretenerla.

—¿Tú crees? La verdad no me veo siendo padre… Al menos, no en este punto de mi vida —confesé, sin despegar los ojos de la muñeca—. No me creo capaz de criar a un niño, con todos los problemas que tengo.

Debí estar muy entretenido con ese juego, porque acababa de darme cuenta de lo que había dicho. Len me miró con algo de sorpresa, pero se mantuvo callado. No comentó nada más al respecto. Fuimos interrumpidos por un par de murmullos que venían desde la cocina. Len y yo nos inclinamos un poco sobre el sofá para buscar con la mirada al responsable de tan extraño sonido, encontrándonos con otra de las parejas de esta casa. Horo tenía una enorme caja en las manos, que luego dejó a los pies de Tamao con mucho cuidado. Ella lo veía con su típica timidez. Luego de abrir el paquete, su rostro se iluminó al ver ahí a un oso de peluche gigante. Le agradeció el detalle a su novio con una sonrisa, seguida de un beso en los labios.

—Qué cursi —dijimos al unísono.

Nos reímos al mismo tiempo. Sólo Horokeu haría una cosa así.

—¿Por qué Horo-Horo le está regalando un osote a Tamao? ¿Es su cumpleaños? —quiso saber Opacho, dejando su muñeca de lado por un momento.

—No, Opacho. Los regalos no sólo se dan por esa razón —le expliqué, sonriendo—. Puedes darle un regalo a alguien simplemente para hacerle saber lo especial que es para ti, como lo hace Horo. Mira, él quiere mucho a Tamao, y esa es su forma de demostrarlo… Aunque, en mi opinión, creo que es muy cursi.

—Demasiado cursi —me corrigió Len, negando con la cabeza.

—Len sabe de lo que hablo, porque es todo un experto en el amor… Romeo es su segundo nombre. ¿Verdad, Len?

Le di una palmada amistosa en la espalda, provocando que hiciera una mueca de dolor. Llegué a preocuparme, pues creí que había medido mi fuerza vampírica antes de golpearlo. Quise asegurarme de que todo estuviera en orden, así que le levanté la camisa con cuidado. Me sorprendí al ver que tenía toda la espalda completamente rasguñada. No pude evitar reírme. Len era más pervertido de lo que parecía.

—Auch, eso se ve doloroso —señalé, bajando la camisa—. Deberías decirle a Pilika que se corte las uñas.

—¿Por qué Len tiene la espalda arañada?

Traté de contener una risa. Opacho estaba en la temible edad del "por qué" a todo, y eso me hacía mucha gracia. Normalmente las personas se desesperarían ante la curiosidad de los niños, pero yo lo encontraba adorable.

—No es nada de qué preocuparse. Len se ganó esos arañazos por ser malo con su gatita —bromeé.

—¡…No sabía que tenías una gatita! —exclamó la pequeña, sorprendida—. ¿Puedo verla? ¿Sí? ¡Por favor!

Solté una carcajada por el comentario inocente de la niña. Sabía que no me iba a entender a su corta edad, pero tampoco esperaba esa reacción. Len me miró con rabia por unos segundos. Sin embargo, no pudo evitar ceder ante la situación. También se echó a reír por lo dicho por Opacho, quien nos miraba con extrañeza. Seguro no entendía qué era lo gracioso en querer conocer a la "mascota" del Tao.

—¿Y esas risas? Aún no he empezado con mi repertorio de chistes, pue'.

Nuestras chicas no venían solas. Chocolove se les había unido a último momento y seguro les había contado otro chiste malísimo, porque ambas se reían por lo bajo. Suspiré, aún no me entraba en la cabeza su extraño sentido del humor. Dejamos a Opacho a cargo de mis abuelos antes de salir. Decidimos pasar por la tienda de Rutherfor para saludarla un rato. Len y Pilika tomaron otra dirección, pero Chocolove estaba pisándonos los talones. El sujeto me caía bien, a pesar del raro humor que tenía, pero en ese momento sólo quería estar a solas con mi novia y él lo estaba fastidiando todo.

¿Por qué demonios nos viene siguiendo?, le pregunté mentalmente a mi chica.

Sus ojos se abrieron con sorpresa. Al parecer, había olvidado que tenía esa habilidad gracias a mi Reishi.

No lo sé, insistió en acompañarnos cuando supo que iríamos a visitarla… Tranquilo, sólo será por un momento.

Me dio un pequeño beso en la mejilla para calmarme. Ojalá aquello fuera cierto, de lo contrario, no dudaría en espantar a Chocolove para disfrutar de la cita con mi chica de ojos dorados. Finalmente llegamos a la tienda de la apache. Nos pusimos a curiosear entre los estantes, mientras ella terminaba de atender a un par de clientes. Nuestro amigo hojeaba los libros de astrología, intentando comprender el significado de una carta astral. Luego de un rato, nos miró.

—¿Y ustedes por qué siguen aquí? Pensé que estarían igual que Len y Pilika, en una cita.

—Eso era lo que intentábamos hacer, pero tres son multitud —farfullé, ganándome un codazo y una mirada severa de parte de mi novia. Chocolove seguía viéndome, dando a entender que no había captado mi indirecta—. Oye, ¿no has pensado en conseguirte una novia? Creo que te vendría bien.

—Quisiera tenerla, pero hasta el momento no la he encontrado —admitió, haciendo que nos sorprendiéramos. Sin previo aviso, colocó su pie sobre un balde metálico, tomando una pose decisiva—. Sé que estás ahí, mujer de cabello voluminoso, ojos bonitos, tímida y que disfruta mis chistes… ¡Y te voy a encontrar!

—¡Hola, chicos! —saludó Rutherfor, con una pequeña sonrisa—. Echaba de menos sus visitas.

Chocolove la miró con sorpresa, al igual que nosotros. No podía creerlo… El muy tonto la había descrito como su chica ideal, y ahora la tenía justo enfrente. Era un maldito con suerte. Evolet me miró con la misma duda… ¿Chocolove y Rutherfor? ¿Acaso era posible?

—¡Cantemos como ranitas! —bromeó él.

Su vestuario había cambiado de la nada, como siempre. Ahora usaba un disfraz de rana y estaba de cuclillas sobre un nenúfar. Luego de un par de segundos, se echó a reír de su propio chiste, alzando su mano para chocarla conmigo.

—…No lo creo, amigo —negué, sonriendo de lado—. Además, las ranas utilizan su canto para aparearse, ¿sabes?

No lo esperaba, ya que se había puesto muy nervioso con la situación.

—D-disculpa, no fue lo que quise decir —se disculpó con Rutherfor, balbuceando en el proceso. Estaba sonrojado a más no poder—. Sólo quería saber si te gustaría desayunar conmigo hoy en la noche.

Chocolove estaba tropezándose con sus propias palabras. Cuando se dio cuenta de lo que había dicho, intentó cubrirse la cara con la capucha de su disfraz. No contaba con que la chica se reiría por sus ocurrencias. Nos quedamos charlando durante un rato. Rutherfor me reveló que tenía pensado hacer un pedido del nuevo álbum de AeroException si conseguía un número de clientes adecuado. Me emocioné y no dudé en anotar mi nombre y el de mi hermano, e incluso le prometí que conseguiría más clientes.

Al ver que Chocolove no tenía intención de salir de la tienda, Evolet me lanzó una mirada para dejarlos solos. Me pareció una idea excelente. Por fin estábamos a solas… y me sentía algo avergonzado. Sin quererlo, le había mostrado mi lado fan, algo que solía hacer sólo con Yoh. No pareció molestarle y hasta se veía feliz de conocer esa faceta mía. Pasamos el resto de la tarde en varios lugares, hasta que nos topamos con uno bastante peculiar. No creí que los apaches tuvieran un estudio de tatuajes en la aldea.

—¿Y si entramos a mirar? —me sugirió Evolet.

Incluso Mizu y el Espíritu del Fuego veían el lugar con mucha curiosidad.

—¿Por qué no? —me encogí de hombros, abriendo la puerta para dejarla pasar.

Ambos entramos, admirándonos con la decoración del lugar. Las paredes estaban decoradas con cuadros de diversos grupos y cantantes que conocía.

—Admito que siempre quise hacerme un tatuaje, pero no había este tipo de lugares allá en Izumo… y estaba segura de que el abuelo se enfadaría —me confesó ella, riendo—. ¿Y tú?

—…Ahora que lo mencionas, también quería uno desde los doce años. Fue cuando se estrenó el videoclip más exitoso de AeroException —reconocí, causando que mi compañera se riera levemente.

Antes de decir cualquier otra cosa, aparecieron dos apaches ante nosotros. Evolet se asustó y terminó por ocultarse detrás de mí.

—¡Bienvenidos! —saludó uno de ellos.

Era alto al igual que todos los demás apaches. Tenía un cabello largo, amarrado a los costados en dos coletas bajas. Su nombre era Renim, si no mal recordaba. Tenía habilidades para camuflajearse. El que estaba a su lado también tenía cabello largo y negro, pero lo que más llamaba la atención de su persona –y quizá lo que más le asustaba a mi pobre novia–, era que tenía una enorme serpiente enrollada por ambos brazos. Aquel debía ser Namari, si mi memoria no fallaba.

—Oh, mira Renim —habló el apache con la serpiente—. Una adorable pareja. Tal vez oyeron de nuestro descuento especial.

—¿Descuento? —inquirí, extrañado—. Es la primera vez que pasamos por aquí. No sabíamos que este lugar existía.

—Ya veo —musitó Renim, sonriendo de lado—. Entonces ustedes, tortolitos, van a ser los primeros en tener el descuento en tatuajes para parejas.

Evolet y yo nos miramos, sin decir nada.

—Así es, pueden elegir cualquier diseño que tengan en mente, y si no, les daremos ciertas sugerencias en base al carácter del cliente —nos explicó Namari, divertido.

Nos miramos por un segundo más, teniendo casi la misma idea. Mis padres me iban a matar, lo sabía.

—¿Te gustaría? —pregunté, esperanzado.

—¡Claro! —asintió.

Como no teníamos idea de qué elegir para nuestros tatuajes, ambos apaches nos hicieron un examen de personalidad. Acabaron por sugerirnos al sol y a la luna. Los significados terminaron por convencernos. El sol simbolizaba a alguien poderoso, de personalidad explosiva y fuerte, pero muy cálida con los seres queridos. Por otro lado, la luna tenía una naturaleza sensible, tranquila, simbolizaba grandes cambios y era la luz para cualquier persona que tuviera un lado oscuro, como yo.

No podía catalogar esa experiencia como dolorosa, puesto que era un vampiro. Mi condición no me permitió sentir ninguna incomodidad cuando la aguja grababa esa imagen sobre mi piel. Sin embargo, Evolet era otra historia. Me ponía mal ver que le dolía un poco, pues cada tanto hacía muecas para contenerse. Cuando hubieron terminado, mi novia y yo contemplamos el resultado frente al espejo. Nos tatuamos en el vientre bajo, casi encima de la cadera. Yo lo tenía en el lado izquierdo, y ella en el lado derecho. Nos encantaba el hecho de que los tatuajes quedaran juntos al ponernos uno al lado del otro.

—Nos asesinarán —comentó Evolet, riendo y tocando su tatuaje.

—No lo dudes —me reí también.

Pensé que había tomado una buena decisión ese día. Tal vez teníamos unos meses de ser novios, pero algo me decía que Evolet sería la chica con la que permanecería por el resto de mi vida. Que ella aceptara esa loca idea, indicaba que también me veía como alguien muy especial y aquello me hacía sentir inmensamente feliz.


•❈•


Ese entrenamiento en particular me tenía muy emocionado, ya que Cedric había prometido algo distinto a sus típicas pruebas que requerían mucho pensamiento. Ya habíamos entrenado nuestras habilidades mentales, con lo cual teníamos un mejor control en cada una de ellas. Él me había enseñado a crear barreras mentales, y a Yoh le había ayudado a tener visiones de manera voluntaria. Me daba curiosidad lo siguiente en la lista de entrenamientos.

Los demás miembros de la Rebelión habían estado entrenando desde temprano. Nos sorprendimos al llegar al parque recreativo, pues todos los demás estaban ahí sentados sobre el césped, como si estuvieran esperando algo. Cedric acababa de terminar de marcar una pequeña equis con pintura. Nos indicó que nos paráramos sobre dicho lugar, frente a frente.

—En el entrenamiento de hoy nos enfocaremos en sus habilidades elementales —nos aclaró, sin dejar de lado su expresión solemne. Se tomaba demasiado en serio su papel como mentor—. Hace un par de días les enseñé unos cuantos movimientos de artes marciales relacionados a sus elementos, además de unas cuantas ideas para sus ataques. Espero que los recuerden, porque hoy los pondrán en práctica.

Creía recordar los movimientos y técnicas que me había enseñado. Estuve callado por un momento, y él pareció darse cuenta de ello.

—¿Tienes algo que añadir, Hao?

—…Quisiera decir que esto será pan comido, pero ya aprendí a no subestimar tus entrenamientos —admití, con cierto pesar. Cedric me sonrió con sarcasmo—. ¿Cuál será la condición que nos pondrás ahora? ¿Tendremos los ojos vendados o qué?

—No, sólo quiero que utilicen ataques que jamás hayan empleado. Prueben con los que yo les mostré… pero también quiero que ustedes usen su imaginación. Si tienen un excelente dominio de su elemento, podrán hacer lo que quieran, sin importar qué tan complicado suene. Para ello, creí que podrían tener un pequeño combate.

—¿Contra usted? —preguntó Yoh.

Él negó con la cabeza.

—La pelea será entre ustedes dos.

Mi hermano y yo nos miramos, y casi al instante, sonreí.

—Genial, podremos terminar la pelea que nos interrumpieron en Educación Física, hace varios meses —comenté con emoción—. Esta vez te haré puré, Yoh.

Mi gemelo soltó una pequeña risita. Imitó mi semblante, sonriéndome con diversión.

—Sigue soñando, Hao.

Retrocedimos unos pasos, guardando un poco de distancia. El silencio reinó entre el público rápidamente. Parecían no querer perderse ningún detalle de la pelea que estaban a punto de presenciar.

—Traten de no matarse —nos pidió un sarcástico Cedric—. Cuando el temporizador llegue a cero, podrán comenzar.

Nos señaló un temporizador que Kaoru sostenía entre sus manos. La pequeña bruja nos sonreía con maldad. Debía querer que en esa pelea hubiera sangre.

—¡A la mierda la cuenta regresiva! —exclamé, divertido.

Encendí ambos brazos en llamas y corrí hacia Yoh, dispuesto a asestarle el golpe que me daría la victoria. Claro, mi gemelo no me la pondría tan fácil. Cuando estaba a punto de llegar hasta donde él se encontraba, creó una gruesa capa de roca que lo envolvió por completo. Lancé unas llamaradas que se extendieron a mi alrededor, impactando contra el escudo terrestre de mi hermano. Sin embargo, su protección lucía impenetrable. Chasqueé la lengua, frustrado por no lograr romperlo.

—No me ganarás si te la pasas en modo defensivo toda la batalla —advertí, virando los ojos—. Lo único que lograrás será alargar el maldito entrenamiento.

Sin previo aviso, esa envoltura cayó al suelo, volviéndose añicos… Sin dejar ningún rastro de Yoh. No lo podía creer. Era como si la tierra se lo hubiera tragado.

—¡Estoy detrás de ti! —escuché su voz, pero me negaba a creerlo.

Se oía como si estuviera bajo tierra. Miré en varias direcciones, y seguía sin poder encontrarlo. En ese momento, sentí que la tierra comenzó a temblar detrás de mí, por lo que volteé y me preparé para lanzarle uno de mis ataques cuando saliera. Sin embargo, él salió a mis espaldas, arrojando unos picos de tierra mucho más grandes que los que él solía crear. Me defendí como pude, aunque eso no evitó que saliera algo lastimado. Yoh rio un poco al notar las heridas en mi rostro.

—No te burles, pequeña sabandija —le advertí.

Tomé una gran bocanada de aire, para después liberarla como una exhalación, fue así como se convirtió en un aliento de fuego. Yoh hizo levitar las rocas de su anterior escudo y las puso frente a él, intentando protegerse de mi ataque. Me alegré cuando noté que estas se deshicieron debido a la exposición al calor, convirtiéndose en roca fundida. Me burlé de él cuando noté que tenía un par de quemaduras leves. No era gran cosa, y luego nos curaríamos rápidamente por nuestra condición de inmortales.

—Maldita sea.

—Por todos los espíritus… ¿Con esa boquita besas a mamá? —fingí sorprenderme, aunque una sonrisa burlona escapó de mis labios.

Yoh se echó a reír por lo que dije. Seguía sin dejar de mirarme de forma retadora.

—Mira quién habla. El que dice quinientas palabras soeces en un minuto.

—¡Oye! —le reclamé.

Alcé ambos brazos hacia el cielo, reuniendo la mayor cantidad de energía posible. Yoh pareció comprender lo que haría, pues se preparó para lanzar el siguiente de sus ataques, aprovechando que no podía defenderme. Dio una fuerte pisada sobre la tierra, provocando una leve sacudida. El lugar donde pisó se abrió, y la grieta se extendió hacia donde yo estaba. Por suerte mi ataque estaba listo. Creé una enorme esfera de fuego, diez veces más grande de las que solía formar y se la lancé con todas mis fuerzas. Ninguno de los dos pudo evitar el ataque del otro. Terminamos en el suelo sin poder movernos. De alguna forma, aquel combate nos había dejado sin energía. Todos aplaudieron y vitorearon ante nuestra demostración de poderes.

—¿…Estás bien? —preguntó mi gemelo por lo bajo, mirándome con preocupación.

Apenas y alargué mi brazo para darle un pequeño golpe en la frente.

—Claro que sí, tonto. Eres un debilucho —le sonreí con sarcasmo.

Mi hermano no pudo contener la risa, logrando contagiarme. Cedric se acercó para ayudarnos a ponernos de pie, mirándonos con algo parecido al orgullo.

—Bien hecho, mocosos. Fue un combate excelente. El próximo shaman o vampiro que quiera enfrentarse a ustedes lo pensará dos veces. Se han vuelto muy fuertes… Sigan así, y podrán llegar muy lejos —nos animó con una sonrisa.

Le devolvimos el gesto, muy felices. Era la primera vez que nos divertíamos tanto en un entrenamiento, cuyos resultados habían sido satisfactorios. Sin duda alguna, las palabras de Cedric nos animarían a seguir adelante. Esperábamos que tuviera razón, y que pudiéramos derrotar a Darkar en esa oscura guerra que iba a iniciar.


•❈•


¡Hola! ^^

Creo que este capi fue muy variado. Hubo romance, un poco de drama, peleas… ¡y hasta drogas! Jajaja no consuman drogas, amigos xD (?) Fue muy divertido escribirlo. Espero que les haya gustado.

Gracias a Sabr1 por ayudarme con la redacción del capi, y por las ideas que me dio. Estoy muy agradecida, nee :P

También quiero a agradecer a todos por leer n.n Si tienen algún comentario o duda, pueden hacérmelo llegar a través de un review. Los responderé con gusto.

¡Nos vemos! ^^