Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a sus OC (Evolet y Cedric).

Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).

Género: General. Tiene un poco de todo.

Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.

Conversación en otro idioma.


23

Al descubierto


Tenía un presentimiento muy malo. Desde su último encuentro con Darkar, algo no dejaba de gritarle que tuvieran mucho cuidado. Estaba seguro de que cada uno de los que se encontraban en la arena de batalla sentían lo mismo, pues todos tenían la misma mala cara. Ninguno había vuelto a tocar el tema de lo ocurrido unos días atrás, cuando supieron que Evolet y Lord Darkar podían comunicarse en el mismo idioma. Había algo muy extraño en todo ese asunto, pero eso no era lo único raro…

—Nunca había visto este lugar —murmuró Yoh, curioso.

Los apaches tenían diferentes arenas de batalla en toda la aldea. Así como los dos competidores del día eran elegidos al azar, lo mismo sucedía con el lugar. A pesar de ello, estaban seguros de que nunca antes habían visto algo similar. Según Silver, ese lugar no se utilizaba desde hacía años. Parecía un área de combate común y corriente, con sitio para el público y todo lo demás, salvo por un pequeño detalle. La parte donde los participantes peleaban estaba encerrada dentro de un campo de protección hecho de cristal, dando la impresión de estar atrapados dentro de una burbuja gigante.

—Es curioso que este lugar haya sido seleccionado —musitó Radim—. Solía ser utilizado únicamente en peleas de alto riesgo para el público.

—Eso explica el cristal —habló Hao. Volvió a mirar a Radim, arqueando una ceja—. Déjame adivinar, es la decisión de los Grandes Espíritus, ¿verdad? —comentó de manera sarcástica.

—¿…Cómo lo supo? —susurró el comentarista, mientras se apartaba de los cinco participantes restantes.

Tras negar con la cabeza, Hao miró de reojo a su novia. Quizás era quien tenía peor semblante. La vio llevar una mano a la nuca, mientras hacía una mueca de molestia, como si algo la estuviera lastimando. Además, sus ojeras eran muy notables. Estuvo a punto de preguntarle si se sentía bien, cuando vio que la chica se tambaleaba. El Asakura se apresuró a sujetarla, asustado.

—¿Estás bien? —no pudo evitar preocuparse al verla más pálida de lo normal.

Yoh se acercó igualmente.

—No es nada de qué preocuparse —murmuró la joven. Su tono de voz dejaba ver lo cansada que se encontraba—. Sólo tuve una mala noche.

—Bueno, con algo de suerte no pelearás y podrás ir a descansar —sugirió el gemelo menor.

—…No creo que eso sea posible, Yoh —intervino Horo-Horo, señalando una de las grandes pantallas.

Los tres estaban tan distraídos que no habían notado que la selección ya se había hecho. Evolet no pudo evitar hacer una mueca de disconformidad… Los Grandes Espíritus eran muy sádicos en algunas ocasiones.

"Len Tao vs Evolet Sakurai"

Sin embargo, aquella elección no resultaba tan descabellada para los chicos. El Tao era el único que aún no había peleado, y en cuanto a ella, era la única superviviente del grupo de la primera ronda.

—Despejen el área, por favor.

El ainu le dio una palmada de ánimo al joven de China, quien asintió a modo de agradecimiento. Yoh se tardó un poco más al intentar llevarse a su hermano, pues este estaba algo preocupado. La misma Evolet se encargó de asegurarle que todo estaría bien. Una vez solos, ambos se colocaron en sus respectivas posiciones. Len se adelantó a hacer su posesión de objetos.

—¡Bason! ¡Posesiona a Bao-Lei!

La espada se transformó al ser posesionada por su espíritu acompañante. El joven Tao sostenía una Kwan Dao de aspecto intimidante… tal y como a él le gustaba. Por otro lado, se extrañó al no ver movimiento alguno por parte de su contrincante. Evolet seguía con esa expresión de malestar físico, y su pecho subía y bajaba como si intentara tranquilizarse. Además, Mizu no estaba por ninguna parte.

—Señorita, tiene que hacer su posesión para poder comenzar —insistió Radim.

El público permanecía en silencio a causa de la repentina confusión. Nadie sabía lo que ocurría. Evolet seguía sin moverse y parecía que su dolor se acrecentaba por momentos. Cayó de rodillas al no aguantarlo más, cosa que sorprendió tanto a Len como a Radim. No obstante, algo más sucedió que nadie pudo ver. Detrás del cuello de la joven, justo donde estaba ese tatuaje de flor de loto… se hizo una grieta.

—Abuelo… —susurró Anna, viendo a Yohmei.

Este se mantenía impasible, pero apretaba la mandíbula.

De repente, tres llamaradas rojo fuego aparecieron alrededor de la chica, quien aún estaba de rodillas. Sin que nadie pudiera entenderlo, su cabello se tornó de un color castaño rojizo, y este comenzó a flotar como si estuviera bajo el agua. Un gran número de líneas ramificadas cubrieron poco a poco todo su cuerpo y parte de su rostro, y estas tenían un color similar al fuego ardiente. Finalmente, abrió los ojos para dejar ver que resplandecían más que nunca, pero había un detalle más… Un destello oscuro que venía desde las pupilas de sus ojos.

—¿Qué diablos…? —murmuró Hao, desde su puesto.

Casi al instante, la joven se elevó en los aires, a una distancia prudente del suelo. Las tres llamaradas de fuego a su alrededor se unieron sobre su cabeza y fue como si ocurriera una explosión que liberó una gran cantidad de furyoku. Este fue tanto, que se expandió a su alrededor y comenzó a formar una figura que casi no pudo distinguirse por el resplandor que emitía. Se podía observar cuatro enormes patas, dos largas orejas y un cuerpo largo. Tenía la forma de un felino, pero lo más curioso de su apariencia eran sus colas. Eran exactamente diez.

—¡¿Qué significa esto?! —exigió saber un aturdido Len.

—Señorito… —Bason habló desde su posesión de objetos—. Tenga cuidado. Esa posesión de almas no es normal.

—¿Posesión de almas? Imposible…

En el público, Kino y Yohmei no podían creer lo que veían sus ojos. Ni siquiera por un momento pensaron que sus errores del pasado los alcanzarían ahora. Anna se encargó de traerlos a la realidad.

—El sello tiene una fisura, abuela.

Yoh y Hao no pudieron evitar escuchar el comentario y, a pesar de su desconcierto, voltearon a ver a la itako.

—¿De qué sello hablas? —inquirió el mayor de los Asakura.

Sin embargo, no pudo continuar preguntando porque tanto Anna como los abuelos se habían levantado de sus asientos para bajar las gradas. Silver y Chrom tuvieron que detener su entrada a la arena, diciendo que estaba prohibido interferir en una pelea oficial del torneo.

—Ustedes no entienden —habló Yohmei, nervioso—. No sólo la vida de ese chico peligra, sino también la de todos los presentes.

—¿De verdad creen que esta protección será suficiente? —ironizó Kino—. Ella va a matarnos a todos. Lo mejor será que evacúen y nos dejen encargarnos.

—Lo siento mucho. Está prohibido —volvió a repetir Chrom.

Mientras tanto, en la arena de batalla, inclusive Radim tuvo que ponerse a cubierto. Era increíble ver tanto despliegue de poder de una simple fusión de almas. Estaba claro que algo muy malo iba a suceder. Volvió a observar a la jovencita, cuyo cuerpo se encontraba dentro del mismo furyoku con forma de animal. Esta miraba de forma impasible a su oponente. Metió una mano en su pequeño bolso y sacó esa lira que solía utilizar como instrumento de posesión. Sonrió de lado.

—Esto ya no será necesario —su voz, antes femenina y delicada, ahora tenía un toque distorsionado con otra voz. Como si alguien más estuviera hablando a la par.

Partió el instrumento en dos, sin utilizar demasiada fuerza.

—Amo Yoh… —Amidamaru se hizo presente entre los gemelos, viendo la pelea con el ceño fruncido—. El joven Len está en peligro.

El castaño volteó a ver a sus dos amigos, preocupado.

—No tengo idea de lo que planeas —advirtió Len, alzando la voz—, pero no pienso dejarte ganar. Yo seré el próximo Shaman King.

El heredero de los Tao se lanzó al ataque. No obstante, Evolet hizo un gesto con la mano, como si estuviera espantando una mosca frente a ella, y fue así como Len terminó impactando contra la pared del recinto. Una sonrisa diabólica se expandió por su antes adorable rostro.

—Nada mal —su voz distorsionada volvió a ponerle los pelos de punta a todos—. Ahora es mi turno… ¡Vórtice del Nexus!

Detrás de la enorme bestia, se formó algo parecido a un agujero negro. En lugar de absorberlo todo, este dejaba salir un montón de criaturas de aspecto horrible. Cada una de ellas se lanzó a pelear contra Len. El joven no tuvo más opción que cortar a cada una con su lanza, mientras Evolet sólo sonreía de lado, muy complacida.

—¿Qué es el Nexus? —quiso saber Hao, sin cambiar su semblante sombrío.

—No soy una experta en el tema, pero… —ni siquiera Kaoru se veía emocionada con todo lo que estaba ocurriendo. Tanto ella como Yami temblaban ligeramente en su posición—. Creo que "Nexus" es el nombre que se le da al lugar más recóndito dentro del Inframundo. No hace falta decir que es peligroso… Tampoco es mi área, una cosa es tratar con ángeles caídos o almas en pena, pero otra muy distinta es hacerlo con demonios. Es demasiado riesgoso. Ni siquiera yo puedo hacerlo.

Len chasqueó la lengua luego de evadir a la última criatura que había escapado de aquel oscuro agujero, antes de que desapareciera. Tuvo la idea de lanzar uno de sus ataques más comunes. Insertó su posesión en la tierra, causando que brotaran varias armas a su alrededor. Claro que estas sólo traspasaron las patas del animal, ya que Evolet seguía suspendida en el aire.

—¿Eso es todo lo que tiene el heredero de la familia Tao?

Len se molestó al escuchar aquello.

—¡Ilusión de espadas cuádruple!

Era un ataque en conjunto. Cientos de armas diferentes se formaron a su alrededor, las cuales fueron lanzadas a una velocidad sorprendente. Todas ellas volvieron a traspasar el poder espiritual de la bestia, sin conseguir darle a Evolet ni una sola vez.

—No pensé que tu fusión de almas fuera tan poderosa… Parece ser más fuerte que tu posesión de objetos —admitió él, sujetando con fuerza su arma—. Tenía algo preparado para las semifinales, pero si quiero continuar en la Shaman Fight, debo utilizarlo ahora. No puedo creer que me hayas obligado a hacer esto.

La posesión del muchacho brilló con intensidad.

—¡OVERSOUL! ¡BUSHIN FISH FIN!

Una armadura protectora se formó alrededor del brazo derecho. Su nuevo oversoul lucía muy poderoso. Era perfectamente entendible el motivo por el cual lo había guardado para las peleas finales del torneo. Len alzó su posesión hacia el cielo, preparándose para lanzar su próximo ataque.

—¡RAISO!

Una terrible descarga eléctrica cayó sobre la gran bestia, más específicamente casi encima de Evolet. Ocurrió algo que dejó a todos con la palabra en la boca. La chica alzó la mirada, al mismo tiempo en que lo hacía la bestia, y ambos abrieron la boca. La descarga se introdujo al cuerpo a través de ella, y fue así como la criatura pareció simplemente devorar el poderoso ataque del Tao.

—¿Qué…? —susurró Len.

Antes de poder darse cuenta de lo que ocurría, la bestia alzó una pata, al mismo tiempo en que Evolet movía su mano derecha.

—¡Garras de sangre! —exclamó la joven.

El furyoku intentó lanzar un zarpazo en el aire que hubiera herido gravemente a Len, de no ser porque el mismo ataque se desvió y terminó impactando contra el cristal de la burbuja, provocando que se formara una gran grieta. El público que estaba por detrás se dispersó. Len no entendía lo que pasaba, hasta que notó que el furyoku de Evolet comenzó a disminuir de manera forzada. El cuerpo y las extremidades del animal desaparecieron, dejando a la chica en el suelo. Esta aún tenía parte de su furyoku, el cual parpadeaba, como si estuviese a punto de extinguirse. Evolet se sujetaba la cabeza, y repetía una y otra vez la misma frase.

—Ya basta… Detente —los ojos de la chica cambiaban de forma, volviendo a ser la de antes. En un momento dado pareció calmarse, aunque aún respiraba con mucha dificultad. Aprovechó el momento para mirar a Radim—. Yo… Renuncio.

Al instante de decirlo, la chica cayó al suelo completamente y parecía estar llevando una lucha interna contra… algo que desconocían. Radim no tuvo más remedio que aceptar su renuncia e hizo una seña con ambos brazos, para dar a entender a los otros oficiales que la pelea había concluido. En ese momento, Chrom y Silver dieron paso a Anna y a los Asakura para ingresar en terreno de combate. Mientras Yohmei se hincaba al lado de su protegida, Kino y Anna se habían puesto a recitar unas palabras de detención. Evolet yacía acostada e inmovilizada en el suelo, y luego de que el jefe de la familia Asakura hiciera unos sellos con sus manos, fue suficiente como para que el poder espiritual restante de la joven ingresara nuevamente a su cuerpo. El sello volvió a restablecerse, su aspecto físico volvió a la normalidad y Evolet quedó inconsciente.

—El ganador de este combate… es Len Tao —declaró Radim, aún atónito.


•❈•


En ese momento, no se dio cuenta de que traía una gran sonrisa macabra. Estaba inmensamente complacido por lo que acababa de presenciar. Le resultaba increíble que la compasión pesara más que un deseo carnal por la sangre. Esa niña estaba tan desesperada por salvar a su amiguito que prefirió renunciar al evento organizado por los apaches. Lástima… Hubiera sido interesante ver los alcances de su poder. Tal vez él no tenía los poderes de ese imbécil de Yoh Asakura; aun así, nos los iba a necesitar para saber que ella tendría demasiadas dudas por lo que había sucedido en dicho enfrentamiento. Esos poderes, cuya existencia posiblemente desconocía, eran la excusa perfecta. La duda que la atraería hacia él. Era gracioso que todos en esa aldea fueran tan predecibles.

Volvió a ver hacia el frente, contemplando con emoción su colección de armas. Se sentía como un niño rodeado de muchos juguetes. Darkar había adquirido cada uno de ellos a lo largo del tiempo. Tenía armas muy modernas… y algunas eran muy antiguas: armas de la época precolombina, Roma, Antiguo Egipto… eran épocas muy sangrientas que le encantaba recordar. Entre sus armas, había un pequeño frasco que contenía un líquido de color púrpura. Sonrió sádico, pues le traía varios recuerdos. Fue hace ya más de mil años, cuando él deseaba crear alguna sustancia que fuera capaz de herir a los vampiros. Algo que imposibilitara la rápida regeneración a los de su especie. En ese entonces, su esposa era una gran alquimista, por lo que no dudó en ordenarle que lo creara. Ella se negó, por supuesto. No dudó en amenazarla con que mataría a su pequeño hijo si ella se rehusaba… así fue como el adytheranian fue creado.

—Tu madre te amaba tanto que prefirió obedecerme antes que verte morir, Cedric —murmuró. Sus ojos destellaron con malicia—. Hoy por fin se cumplen mis planes. Admito que has sido muy inteligente, pero no ibas a poder ocultarla por más tiempo. Poco a poco, la humanidad se irá extinguiendo… y tú y tus protegidos también lo harán.

Salió de su cuarto y bajó a la sala de estar a toda prisa. Fue el último en llegar, pues ya todos estaban ahí presentes. Al notar su presencia, le hicieron una reverencia. Le alegraba que recordaran que tenían que tratar con respeto a su amo, quien les mostró una nueva vida al convertirlos en inmortales.

—Vinimos tan pronto como pudimos, mi Lord —comenzó Venstar—. Estamos a sus órdenes, como siempre.

—Bien, me encanta que sean puntuales —declaró, satisfecho—. Tal vez Kurozawa debió haberlo aprendido, pero no los llamé para hablar sobre su difunto compañero. Verán, tengo una pequeña tarea para ustedes. Tendremos un 'invitado de honor'.

—¿Se trata de una nueva presa? —inquirió Jeanne, sintiendo curiosidad.

—Así es. Necesito que algunos de ustedes me ayuden a traerla hasta aquí, cuando llegue el momento indicado. Los demás nos encargaremos de acondicionar nuestro hogar. Nuestro huésped merece la mejor de las atenciones. Incluso me he tomado la molestia de escoger las armas que utilizaremos para recibirla como se lo merece.

—¿De quién estamos hablando, Lord Darkar? —quiso saber Denbat.

El vampiro sonrió de lado, justo antes de comenzar a dar los detalles sobre la misión. Sólo tenían que tener paciencia, pues ella llegaría por su propio pie. "La curiosidad mató al gato" decía la frase, y era un hecho que eso iba a ocurrir.


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Intentaba centrar su atención en el libro que leía, pero fue imposible. Chasqueó la lengua al darse por vencida, ya que comprendió que no habría posibilidad de calmarse. Su mente se divagaba en todo lo que había ocurrido recientemente. Tras lo que ocurrió en su pelea contra Len, perdió la consciencia y despertó nuevamente en su cuarto. Aún podía recordar el escándalo que oyó a causa de lo sucedido. Ninguno de los presentes se guardó las ganas de exigirle una explicación a los abuelos. Sólo hubo un par de excepciones; Fausto, quien se había ausentado a causa del trabajo en el hospital, y Cedric, quien tuvo otros asuntos que atender. Incluso a ella le fue negada dicha explicación, e insistieron en que debería meditar para olvidar esa escalofriante experiencia. Evolet se consideraba alguien que podía mantener una actitud imperturbable ante cualquier dificultad que se le presentara. Sin embargo, desde que tuvo esa plática con Darkar, su mente era todo un caos.

¿Te han dicho quién eres y de dónde vienes?

Era la frase que más le había impactado de su conversación con el vampiro. No, no sabía nada sobre su origen. El mayor le dijo con total descaro que los Asakura jamás se atreverían a decirle la verdad. Detestaba admitirlo, pero quizá tenía toda la razón. Todas sus preguntas habían sido desviadas. Nunca le había importado quién era, pues ella creía firmemente en que el pasado no podía cambiarse. No obstante, sucedieron cosas muy extrañas en los últimos días. Era capaz de hablar una lengua que desconocía, y además tenía unos peligrosos poderes que no le pertenecían. Una presencia maligna le nubló el pensamiento, sin que pudiera evitarlo. Tanto que tuvo que tomar la decisión de retirarse del torneo, puesto que no quería que Len muriera por su culpa.

Si alguna vez quieres saber más sobre ello, sólo ven a buscarme.

Un bullicio fuera de la casa la hizo salir de sus pensamientos. Observó a través del cristal de la puerta que daba al balcón, dándose cuenta de que eran los chicos que probablemente regresaban de algún entrenamiento con la Rebelión. Normalmente hubiera bajado a recibirlos con una enorme sonrisa, preguntándoles cómo les había ido. ¿Por qué esa vez era distinto? Todo se debía a que la mayoría la trataba de manera diferente. Algunos la veían con cierta desconfianza o miedo… Incluso su novio la trataba con demasiada cautela, como si tuviera que poner en orden sus palabras antes de dirigirse a ella.

—Está claro que no encontraré respuestas aquí —susurró para sí misma.

Era consciente de que estaba a punto de cometer una locura, pero algo le decía que tal vez no tendría otra oportunidad para hablar con él. Decidió esperar un par de horas para que todos durmieran. Lo bueno de su entrenamiento de toda la vida, era que nadie la superaba en sigilo, pero tendría que tomar precauciones. Bajó la mirada hacia las pesas que siempre cargaba, frunciendo el ceño. Ignorando la orden de los abuelos de nunca quitárselas, lo hizo. Dejó caer las pesas con cuidado sobre su cama y se acercó a la puerta de blindex. La abrió con cuidado y salió para poder sentarse al borde del balcón. Alzó las cejas de la impresión al ver hacia abajo, por eso saltó sin pensarlo. Eran varios metros de altura, pero se las arregló para caer silenciosamente. Ya estaba fuera de la casa, sólo era cuestión de caminar para ir al bosque. Una presencia se encargó de impedirle el paso. Mizu bloqueaba su camino, mirándola un poco desafiante. Evolet se sorprendió al verla de esa manera.

—Descuida. Sólo daré un pequeño paseo.

El espíritu entrecerró los ojos.

—…Está bien, me atrapaste —musitó con un dejo de tristeza. Se hincó a la altura de la gatita para acariciar su pelaje—. Los abuelos no quieren decirme nada, Mizu. Necesito saber qué ocurre conmigo… Sé que no es una idea muy inteligente, pero quiero confiar en que él me dirá lo que necesito saber. Por favor, no me delates.

El felino pareció dudarlo por un momento, aunque sabía que no podía hacer nada para detener a su dueña. Bajó las orejas en señal de derrota y terminó colocándose a su lado, dispuesta a seguirla a donde fuera.

—¿Me acompañarás? —inquirió con esperanza. Sus ojos brillaron con ilusión al ver a Mizu asentir—. Muchas gracias.

Ambas emprendieron camino al enorme bosque que se situaba en las afueras del mismo pueblo. Si bien Darkar no le había dicho en qué lugar lo encontraría, tenía un ligero presentimiento de dónde buscar. Los apaches habían restringido una parte de la arboleda, ya que dicho sitio era utilizado por los vampiros para poder cazar. No sabía por qué, pero algo le decía que era un buen lugar para al menos encontrar una pista. Apartó esas cintas amarillas que le impedían el paso y se adentró en la espesura.

Intentó encontrar algún camino, alguna señal que la guiara al lugar donde podrían estar Darkar y los suyos. A la vez, su mente no dejaba de repetirle que era una mala idea. Resopló, pues eso ya lo sabía, pero no le quedaba de otra. Luego de un rato, y por la posición de la luna, pudo intuir que ya era de madrugada. No quería pasar tanto tiempo por ahí, pues alguno de los chicos podría despertar y darse cuenta de su ausencia. Tras dos o tres intentos más, se dio por vencida. Pensó que lo intentaría mañana nuevamente. Empezó a caminar de regreso a casa… pero sólo pudo dar un par de pasos, dado que una voz la tomó por sorpresa.

—Debo felicitarte, Evolet —la voz de Jeanne resonó por el bosque—. No pensé que serías tan estúpida como para caer en esto, pero me has demostrado lo contrario.

Sakurai cerró los ojos con pesar. Era la última persona con quien esperaba toparse. Se maldijo internamente por haber destruido la lira que solía usar como arma. Aun así, tenía a Mizu a su lado. Rápidamente realizó la posesión de almas con su fiel espíritu acompañante. Esa fusión era muy distinta a la que todos vieron en aquella pelea. El furyoku que rodeaba su cuerpo era de color rosa claro. Un par de orejitas aparecieron sobre su cabeza, al igual que dos colas a la altura de la espalda baja. Ambas eran de color crema y tenían franjas negras.

—Trata con más respeto a la invitada del amo, Jeanne —habló Ashil, apareciendo detrás de ella.

—De verdad que no tengo tiempo para perderlo con ustedes —ambos hicieron una mueca burlona que a ella no le causó gracia—. Necesito hablar con su amo.

—Resulta que no está aquí, pero con gusto podemos llevarte con él —la aparición de Meene la sorprendió—. Es la única forma, 'Lady Alyss'.

—¿Qué…?

—Al traidor de su padre no le agradará saber que cayó en nuestras manos —declaró Marco, completando el círculo que la rodeaba.

Evolet intentó mantener la calma por el bien común. No quería que sus poderes se volvieran a descontrolar. Sin embargo, eso no les daría pase libre a llevársela contra su voluntad. Los cuatro se lanzaron al ataque, pensando que acabarían fácilmente con ella. Por el contrario, la pelea duró un buen rato. Entre ellos que atacaban a la par y ella que esquivaba o contraatacaba casi al instante, cualquiera diría que veía una bella danza entre vampiros. Inclusive los poderes acuáticos de ella ayudaban a vulnerar a los inmortales. Evolet le dio un codazo a Marco en el estómago y lo vio caer junto a los otros tres, que no estaban en mejores condiciones. Pensó en huir, pero un piquete en el cuello la detuvo. Alzó la mano y sacó lo que la había pinchado, descubriendo que se parecía a un dardo tranquilizante. Comenzó a marearse y cayó al suelo, sintiendo que sus extremidades comenzaban a entumecerse.

—Vaya que pateó sus traseros —se mofó un chico cuya voz le sonaba familiar—. Es digna de llevar la sangre del amo.

Evolet trató de hacer un esfuerzo por mantenerse consciente, pero esa sustancia que ingresó a su cuerpo no estaba ayudando. Su atacante la tomó con delicadeza, depositando un corto beso en su coronilla. No pudo evitar quedar inconsciente entre los brazos de aquel misterioso recién llegado.

—Sólo fue suerte —refutó Jeanne, poniéndose de pie con mala cara.

Estaba claro que todos se sentían humillados.

—Son ustedes los que tienen suerte. Si Lord Darkar no me hubiera ordenado venir, y de no ser por mi especialidad con venenos y plantas con propiedades tóxicas, esta niña los habría hecho pedazos.

—Cállate, Allen —lo silenció Meene, viéndolo con notable fastidio.

El recién nombrado sonrió con sorna, mientras acomodaba a la durmiente chica en sus brazos.

—Será mejor que nos vayamos, antes de que alguien note su ausencia.

Dicho esto, todos desaparecieron entre el follaje en completo silencio, llevándose a la joven. Sólo Jeanne detuvo su andar al notar un teléfono celular blanco en el suelo. Sin más preámbulos, lo destruyó al pisarlo.


•❈•


Hao abrió los ojos rápidamente, sintiendo una terrible opresión en su pecho. Acabó por sentarse en la cama, intentando alejar esa horrible pesadilla que tuvo. Soñó que Evolet estaba sola, en un lugar muy peligroso de la aldea. Incluso pudo percibir el miedo que ella sintió en ese momento. De pronto, aparecieron un sinfín de sombras a su alrededor. Intentó alejarse de ellas, pero no llegó demasiado lejos. La habían agarrado del tobillo, ocasionando su caída al suelo. Luego se lanzaron sobre ella, y lo último que pudo oír fueron sus gritos de terror.

—¿Estás bien, Hao?

Reconocería ese tono de voz, aunque estuviera agonizando. Desvió la mirada para encontrarse con la de su gemelo. Sus ojos reflejaban la preocupación que sentía.

—¿Te desperté? Lo siento —se disculpó entre susurros.

El mayor negó con la cabeza, a lo que él soltó un suspiro de alivio.

—Sólo tuve una pesadilla —reconoció, volteando a ver hacia la ventana. Notó que los rayos del sol comenzaban a hacerse presentes—. Ya casi amanece y apenas pude dormir. Esto es una mierda.

—¿Qué sucedió? —inquirió Yoh, sentándose en la cama—. ¿Quieres contármelo?

Dudó por un instante, pero pensó que podría sentirse un poco más tranquilo luego de relatar su pesadilla. Además, se trataba de Yoh. Sabía que podía confiar en su otra mitad, ya que no lo comentaría con nadie. No fue interrumpido en ningún momento, pues su hermano ponía mucha atención a su relato. El menor trató de hacerlo sentir mejor, diciendo que sólo se trataba de una pesadilla. Le aseguró que su novia debía encontrarse en su recámara, durmiendo plácidamente. Hao trató de convencerse a sí mismo que su hermano tenía razón, y que nada malo le sucedería a la azabache. Fue un hecho que no pudo dormir por el resto de la mañana.

Unas horas más tarde, ambos bajaron las escaleras en dirección a la cocina para desayunar. Los demás no tardaron en imitarlos, aunque no estaban tan animados como de costumbre. La pequeña Opacho había decidido acompañarlos, e intentaba jugar con un distraído Hao. El Asakura trataba de no mostrarse tan apesadumbrado, pero no podía evitarlo. Tenía un extraño presentimiento que lo carcomía por dentro. A pesar de eso, quería evitar pensar en lo peor. Fingía encontrarse bien, aunque no fuera así.

—¿Alguien ha visto a Evolet? —preguntó Tamao, dejando un plato sobre la mesa—. Su desayuno va a enfriarse.

Todos negaron con la cabeza, poniendo aún más nervioso a Hao. La ocasión se vio interrumpida por la llegada de Kino y Yohmei Asakura. Todos los vieron con cierta sorpresa.

—Buenos días a todos —saludó el patriarca—. Sabemos que es un poco temprano, pero creo que tenemos un asunto pendiente que esclarecer.

Más de uno supo a lo que se refería.

—…No siento que Evolet esté aquí —comentó Kino, para luego dirigirse a Anna—. ¿Podrías ir a buscarla? Es de suma importancia que hablemos.

—Está bien, abuela —aceptó la aludida, levantándose—. Vuelvo enseguida.

Varios de los presentes esperaron a que la rubia regresara. Era algo extraño que la Sakurai no hubiera despertado aún, cuando era de las primeras en hacerlo. Anna regresó a la cocina luego de unos segundos. No tenía su usual semblante impasible.

—No está en su habitación —informó ella. Yohmei arqueó una ceja en confusión—. Tampoco vi a Mizu.

—Tranquila, güerita. Quizá fue a visitar a Rutherfor —indicó Chocolove, pues era algo normal que ella frecuentara a la apache.

—Está bien —Yohmei miró a Anna—. Cuando vuelva, por favor dile que la estamos esperando.

Decidieron esperar a que la susodicha apareciera, creyendo que sólo había salido para distraerse o dar un paseo. Sin embargo, durante todo el día, Hao estuvo muy paranoico. Todo comenzó cuando recordó que Rutherfor ni siquiera abría su tienda tan temprano, lo hacía horas más tarde. Pensó que quizás Evolet salió porque se sentía triste, y no pudo evitar sentirse mal con esa suposición. Si bien él no actuaba de manera distante con ella, eso no significaba que no se sintiera confundido por lo que vio en aquella pelea.

El tiempo parecía transcurrir lentamente, convirtiéndose en una verdadera tortura para el shaman de fuego. Su novia no aparecía por ningún lado, y ya iba a empezar a oscurecer. Todos comenzaron a preocuparse y se pusieron de acuerdo para salir a buscarla en pequeños grupos, con la esperanza de poder dar con ella pronto. Las horas pasaban y cada grupo regresó a la casa, sin éxito alguno respecto a la joven.

—Maldición, Evolet. ¿Dónde estás? —musitó Hao, preocupado.

La puerta se abrió de golpe, haciendo que todos voltearan la cabeza. Anna venía llegando, pero no lo hacía sola. Se sorprendieron al ver que Silver la acompañaba.

—No traigo buenas noticias —se adelantó a decir la itako, ante los rostros de Kino y Yohmei. Sacó los restos de algún aparato tecnológico de su bolso y los dejó sobre la mesa. Hizo un intento por guardar la compostura—. Encontré esto cerca de la zona restringida del bosque.

—¿Es su teléfono? —inquirió Kaoru, poniéndose pálida.

—Lamento llegar así, pero no podía dejarla entrar al bosque sola, a pesar de ser una vampiresa —intervino Silver, viendo con severidad a los Asakura—. La cinta de restricción estaba rasgada y hay más de una pisada por la zona. Además, encontramos el celular… Hasta no haber encontrado el cuerpo, lo único que podemos deducir es que fue secuestrada.

—¿Quién fue secuestrada?

Ninguno se libró de sorprenderse a causa de la súbita llegada del único vampiro puro en la casa. Cedric tenía cara de no entender lo que ocurría. Inmediatamente, les mandó una mirada de exigencia a los mayores.

—Evolet desapareció —murmuró Kino, llevándose una mano a la frente.

El hombre abrió los ojos como platos, pero antes de poder decir algo más, una dulce vocecita lo interrumpió.

—Opacho la vio salir —confesó la pequeña, viendo a cada uno de los presentes con sus grandes ojos—. Opacho estaba mirando por la ventana y vio a la señorita Evolet saltando desde el balcón. A Opacho le pareció divertido y creyó que estaba jugando.

—¡¿Y ahora lo mencionas?! —se molestó Anna, quien fue detenida por un gesto de parte de Yoh.

—Opacho no sabía y lo siente —la niña comenzó a lloriquear, abrazando las piernas de Redseb, quien no dudó en devolverle el gesto.

—¿Por qué habrá salido sola? —inquirió Horo-Horo, sin ocultar sus dudas—. No me da buena espina, ha estado haciendo cosas muy raras últimamente.

—No digas eso —intervino Lyserg, dudando—. No podemos culparla de cosas que no nos constan.

—Tal vez, pero… ¿Cómo explicas lo que pasó? —siguió el ainu—. Te recuerdo que casi mató a Len.

—Claro que no, jovencito —negó Yohmei, un poco molesto—. Al contrario, ella evitó que fuera asesinado.

—Bueno, es verdad que parecía estar luchando contra algo que no podíamos ver —argumentó Nichrom, pensativo.

—¡Ya basta! —exclamó un indignado Hao—. ¡Ni siquiera ella parece saber lo que le sucede! No quiero oír otro comentario parecido.

—Tranquilo, Hao. Sólo queremos saber por qué se comporta así —explicó Len, quien parecía estar mucho más calmado desde esa pelea—. No coincido completamente con los demás, pero debo admitir que ella tiene habilidades que desconocíamos.

Todos cayeron en un profundo silencio luego de eso. De pronto, un sonido cortó el ambiente tan denso. Algo parecido a un gruñido venía desde la garganta de Cedric. Tenía los ojos cerrados y parecía estar conteniéndose de decir lo que pensaba. Al final, pareció calmarse y observó a los demás.

—Entiendo que toda esta situación sea confusa, así que sólo voy a pedirles un favor —musitó, casi como una advertencia—. No vuelvan a querer insinuar nada malo de ella, mucho menos en mi presencia.

La mayoría se confundió al ver tal demostración de afecto por Evolet. Es decir, él era casi un desconocido, y aunque ella se hacía querer muy fácil por cualquiera, era muy extraño que la defendiera con ese ímpetu. Yoh se le acercó antes de decir algo más.

—Creo que te estás equivocando al guardar silencio —sonrió levemente—. ¿No te parece que es hora de decir la verdad?

—¿De qué hablas? —demandó saber su gemelo.

—La verdadera razón por la que él está aquí.

Hao frunció el ceño al oír esas palabras. ¿A qué se refería Yoh con eso? ¿Por qué tanto Cedric como Anna y los abuelos parecían estar ocultando algo? ¿Qué tenía que ver Evolet en todo el asunto? Finalmente, alguien suspiró en la sala.

—Yoh tiene razón, Cedric —coincidió Kino, algo cansada—. Ellos tienen que saber lo que está pasando, para que puedan ayudar. Por el bien de Evolet, la verdad tiene que salir a la luz.

El anteriormente nombrado acabó por bajar la mirada hacia el piso. Parecía tener una lucha interna consigo mismo. Como si tuviera miedo de hablar. Al final, alzó la mirada para poder comenzar a explicarlo todo.

—¿Recuerdan ese día en que nos encontramos cara a cara con Darkar en medio de un entrenamiento?

—¿Cómo olvidarlo? Fue un día de revelación —musitó Hao con sarcasmo, pues no le agradaba recordar que Cedric era su hijo.

—Ese día, él mencionó que vendría por su heredero.

—Ajá, sí. Ya lo entendimos, tú eres su hijo. Continúa —inquirió el gemelo mayor, un poco exasperado—. ¿Qué tiene que ver con el secuestro de Evolet?

—No, Hao. Él no se refería a mí —susurró Cedric, con cautela.

—¿Qué? No lo entiendo —habló Manta, confundido—. ¿Está tratando de decir que hablaba de ella?

—¿Y cómo sabe usted que hablaba de ella? —soltó Pilika, temiéndole un poco a la respuesta que recibiría.

El vampiro tuvo que hacer una pequeña pausa para ordenar sus ideas, haciendo que lo demás se pusieran ansiosos. En realidad, nunca creyó que llegaría este momento.

—Evolet es heredera de Darkar… porque es mi hija.


•❈•


Mientras tanto, Evolet despertaba en otro lugar. Trató de enfocar la vista para saber dónde estaba. Se trataba de una habitación de aspecto espeluznante. Las paredes eran tan oscuras que no ayudaban a resaltar la poca iluminación que desprendía el único foco del cuarto… la cual, por cierto, le caía en el rostro. Quiso sentarse para tener una posición más cómoda, pero algo lo impedía. El sonido de los grilletes la hizo voltear para notar que estaba encadenada de las manos al piso. Notó también que el mismo estaba cubierto por muchísimas manchas de color rojo carmesí. Por si eso no la había asustado ya, igualmente había varios huesos dispersos a su alrededor. Aquello no le gustó para nada.

—¿Ya despertaste, querida? —oyó una voz que provenía desde lo alto.

Levantó la mirada, dándose cuenta que estaba justo en medio de la habitación, y a su alrededor se alzaban varias gradas, haciéndola sentir prisionera en algún tipo de juzgado público. Todos los seguidores de Darkar estaban cómodamente sentados, viéndola con sonrisas burlonas. Incluso su líder se encontraba ahí, pero este estaba detrás de lo que parecía ser un estrado. Notó que comenzó a bajar los escalones que conducían a la parte central de la habitación. Una vez cerrada la puerta que la mantenía alejada de los demás, se acercó hasta ella con gran elegancia.

—Creo que Allen te inyectó demasiado Toxoma. Demoraste un poco en despertar. Tu "familia" debe estar muy preocupada por ti —sonrió de lado ante la idea.

—¿Allen? —inquirió ella, desviando la mirada hacia cada uno de los espectadores. Se sorprendió cuando sus miradas se encontraron. Él también la observaba, pero su gesto era de completa seriedad. Volvió a ver a Darkar, quien se había hincado frente a ella—. ¿Por qué me han traído aquí?

—¿No te gusta? —preguntó, burlón—. Pensé que preferirías estar en un lugar más cómodo. Eres mi invitada de honor y debo tratarte como tal. Por eso escogí esta habitación. Suelo usarla como sala de interrogatorios para mis víctimas. Ya sabes, con fines educativos.

Al inspeccionar el lugar, notó que tenían encerrada a Mizu en una pequeña jaulita que colgaba del techo por una larga cadena.

—Lady Alyss, debería mostrarse más agradecida con el amo —se mofó Marco—. Él está dándole todas sus atenciones, y usted sólo se digna a encogerse como la basura que es.

—Pobre, debe estar triste porque sus amiguitos no están con ella —siguió Meene, fingiendo hacer un mohín.

—¿Cuáles amigos? Si ninguno se atreve a acercársele —añadió Denbat desde su posición—. Es increíble que tenga poderes demoníacos. Ni siquiera los Asakura, que tienen fama de hacer pactos con el diablo, los tienen.

—Oigan, dejemos las burlas para más tarde. Es la invitada de honor del amo. ¿Acaso no escucharon? —interrumpió Jeanne, atrayendo las miradas sorprendidas. Era sabido por todos lo mucho que detestaba a la recién llegada—. Debes tener hambre. No te preocupes, te he traído la cena.

Dicho esto, lanzó algo directo hacia donde se encontraba. Evolet se hizo a un lado, viendo cómo esa cosa viscosa caía al piso. Puso una mueca horrorizada al ver que era alguna víscera en estado de descomposición. Trató de contener una expresión de asco ante ese terrible hedor. Todos en el salón rieron estruendosamente con la escena. Esto pareció despertar su cólera.

—¡YA BASTA!

Sacó fuerzas de donde no las tenía y, ante la sorpresa de más de uno, terminó por liberarse de las cadenas que la sostenían como si estuvieran hechas de papel. Las rompió con suma facilidad y acabó por ponerse de pie, haciéndole frente a Darkar. Este la miraba complacido, y los demás sólo guardaron silencio.

—Ya es la tercera vez que escucho ese nombre —murmuró, temblando de rabia. Si había algo que no le gustaba era que la humillaran—. Quiero… Exijo saber por qué.

Darkar se limitó a tomar el rostro de la chica con una mano, notando la suavidad de su piel. Sin embargo, su acción se vio interrumpida cuando la joven le dio una sonora cachetada. Evolet creyó que le dolería, puesto que la piel de un ser inmortal era muy dura, pero nada de eso ocurrió.

Los presentes estaban impactados por la audacia de la chica. Incluso unos pocos comenzaron a temblar por la respuesta que le daría el amo.

—Eres un grandísimo cobarde —espetó, olvidando por un momento sus modales—. Te atreviste a ordenarle a tus estúpidos peones que me trajeran aquí por la fuerza, utilizando drogas cobardemente… Es evidente que soy demasiado para ellos. Tus aliados me temen tanto, como tú le temes a Cedric y a los Asakura. Sabes que ellos van a derrotarte al final y eso te pesa.

—…Tienes agallas, cariño. Eso me agrada —admitió, acentuando su sonrisa.

Evolet no notó que Jeanne la miraba con ira contenida. No conforme con compartir la misma sangre, ahora su amo la estaba halagando.

—Definitivamente, se equivocan al decir que te pareces a tu madre. Creo en lo contrario. Tienes el carácter de tu padre. El miserable que se atrevió a traicionarme.

—¿Conoces a mi padre? —susurró ella, visiblemente sorprendida.

—Me sorprende que me lo preguntes. ¿No te había dicho que sabía todo sobre ti? —hizo una pausa, al notar que los ojos de su presa brillaban con confusión—. Como soy un hombre de palabra, te lo contaré todo.

Notó que la chica relajó sus músculos. Al menos, ya no estaba tan alerta como para intentar escaparse o algo así.

—Sobre tu madre, confórmate con saber que no era inmortal. Era una shaman con control sobre el elemento del agua, así como tú… Es una lástima que haya muerto al momento de darte a luz —hizo una pequeña mueca.

—¿…Mi madre está muerta?

—Así es. Tú la mataste al momento de nacer —reveló el, sonriendo con descaro—. Fue un parto tan violento que la desgarraste por dentro. La pobre debió haber estado tan ilusionada de poder tener una hija que ni siquiera debió haber existido. Eres una desgracia para tu familia, niña. Por eso no dudaron en deshacerse de ti —continuó, sonriendo de lado al ver su dolor—. Y no sólo lo eras para tu familia, sino que para todo mi pueblo… Eres producto de la unión entre un vampiro y un humano. Algo que entre razas llamamos "semi-mortal". Los de tu especie son exterminados al nacer. Ese iba a ser tu destino también, pero lastimosamente te me escapaste de las manos. Debo felicitarte por eso.

—¿…Un vampiro y una humana? —repitió ella, con cierta incredulidad—. ¡Eso es imposible! Soy tan mortal como cualquier shaman en esta aldea.

—No lo eres. ¿Te diste cuenta que rompiste esos grilletes hechos de acero como si nada? ¿Cómo explicas eso? —Evolet no pudo responderle—. Lo que aún me deja con la duda son esos poderes tan extraños que tienes. Claramente no son tuyos. No pensé que los Asakura te utilizarían como recipiente para contener una entidad maligna.

Mizu gruñó al oírlo.

—¿Qué tonterías estás diciendo? ¡Ellos jamás harían algo así! Todos somos una familia —trató de convencerse a sí misma, mientras hacía un esfuerzo por no llorar frente a ese vampiro.

—Creo que, si realmente fueras parte de los Asakura, así como dices, te lo habrían dicho todo… No te imaginas el inmenso odio que te tengo —mencionó, pasando su mano por su largo cabello bucleado—. Porque te atreviste a separar a mi hijo de mí, a mi mayor orgullo. Lo había criado como una excelente máquina de matar, acataba mis órdenes sin rechistar. Era mi elemento más fiel… Hasta que tu asquerosa madre se le cruzó en el camino, para transformarlo en lo que es ahora. Un imbécil que se encariñó con la humanidad. Te odio tanto como odié a tu repugnante progenitora. Ustedes dos sólo aceleraron mis planes. Así que felicitaciones, Alyss. Este desastre que está ocurriendo en este mugroso pueblito es por tu culpa. Por ti se están dando estas conversiones masivas de shamanes. Tus amigos, tu familia… tu novio, todos ellos son vampiros gracias a ti. Por no haberte dejado asesinar en el momento ideal.

Evolet apretó los dientes, sin saber qué hacer. Ya no quería seguir escuchando más a ese tipo; necesitaba salir de ahí. Le dolía todo lo que estaba oyendo.

—Supongo que tu curiosidad está satisfecha, pero no creerás que te traje hasta mi casa sólo para que hablemos sobre tu origen, ¿o sí? —se burló él, alejando su mano de ella—. Verás, mi querida Alyss… porque ese es tu verdadero nombre. Necesito una pequeña colaboración de tu parte. Hay una cosa que necesito encontrar con urgencia. Un tesoro que me ayudará a facilitar mi tarea de exterminación de la raza humana. La sangre de mi heredero es necesaria para eso. En vista de que Cedric no se dejó atrapar tan fácilmente, requeriré un poco de la tuya —notó que Evolet lo miró con confusión, como si empezara a atar los cabos—. Exacto, tú también eres mi heredera… Tú eres Alyss Blair, y eres mi nieta.

No, no, no, no… Esto no podía estar pasando. Evolet se vio obligada a tragarse las lágrimas para evitar que ese miserable se saliera con la suya.

—No te daré absolutamente nada —se negó ella, apartándose bruscamente de él. Retrocedió un poco, a sabiendas de que no podría escapar de su encierro—. No sé si todo lo que me has dicho es verdad, pero te equivocaste al creer que así te daría lo que necesitas.

Darkar suspiró, mostrándose decepcionado. Se acomodó el cabello que le caía en la frente.

—Me obligarás a tomarla por la fuerza. Tendré tu mugrosa sangre, lo quieras o no —señaló, mirándola con desafío. Luego, se dirigió a su secuaz favorita—. Jeanne, tú y Ashil se encargarán de hacer que cambie de opinión. Dejé un listado de armas en la bodega, pueden escoger las que utilizarán para divertirse con ella.

Salió de la habitación con sus aliados pisándoles los talones. Renault la miró con burla antes de cerrar las puertas del salón. Evolet apenas prestaba atención a lo que sucedía a su alrededor. Su mente no dejaba de pensar en lo que acababa de descubrir. Su padre estaba vivo, conviviendo con todos los chicos… menos con ella. Quizá su aparente abuelo tenía razón, y en verdad no la quería. Además, era la responsable de la muerte de su madre. Cayó de rodillas y se echó a llorar con ganas por un buen rato.

¿Por qué lloras? —una vocecita infantil la asustó.

Sintió una tierna caricia en la pierna. Bajó la mirada, encontrándose con un pequeño murciélago de fruta. Por su tamaño y sus alitas, pudo deducir que apenas era un bebé. Este la miraba con sus enormes ojitos brillosos. No obstante, no le dio miedo.

¿Estás triste? —no le sorprendía que pudiera entenderlo, pues ahora sabía que tenía sangre inmortal, y eso significaba que podía entender a los murciélagos y vice versa—. No llores. Sé que el amo es muy malo, pero me quedaré contigo para protegerte.

Qué ternurita —respondió ella, acariciándole la cabeza. Eso hizo que reviviera un recuerdo que tenía. Desde muy pequeña, siempre pudo comunicarse con ellos. Los murciélagos se acercaban a ella para jugar, pero los abuelos le habían dicho que nadie más debía verla haciendo eso—. ¿Cómo te llamas, pequeño?

Sombra, ¿y tú?

Me llamo Evolet —pronto recordó algo que Cedric había dicho sobre ellos como mensajeros y se le ocurrió una brillante idea—. Necesito tu ayuda. ¿Crees que podrías volar hasta el pueblo y darle un mensaje a alguien?

Mis alitas son muy pequeñas y nunca he volado tanto, pero lo intentaré.

Le explicó brevemente la dirección del lugar al que debía ir, la persona a quien debía encontrar y el mensaje que debía dar. El bebé murciélago aceptó la difícil misión. Ella le dio una última caricia antes de que saliera volando por la ventana. Evolet se abrazó a sí misma, esperando que su plan funcionara.


•❈•


—¿Qué significa esto, padre?

La mayoría estaba tan absorto a causa de la súbita revelación, que no notaron que Keiko y Mikihisa acababan de llegar y, por la reacción de la mujer, habían oído un pequeño pedazo de la conversación.

—Keiko…

—Me habían dicho que encontraron a esa niña durante un viaje al Monte Osore —refutó ella, un poco descolocada.

Ninguno ahí se imaginó la dimensión del secreto que Kino y Yohmei Asakura habían escondido por tanto tiempo. Cedric era el padre de Evolet… y Darkar, por lo tanto, era su abuelo.

—Lo siento, hija. Tuvimos que mentir en su momento, por el bien de Evolet y de la persona que nos la entregó —se excusó Kino.

—¿Cómo es posible que seas su padre? —Hao ignoró la plática que mantenían sus padres y abuelos, para dirigirse a Cedric—. ¡Apenas y le doblas la edad!

—Los vampiros nacidos dejamos de envejecer cuando alcanzamos los treinta años —explicó su mentor, quien seguía un poco incómodo por todo—. Por eso, Darkar y yo lucimos de la misma edad… En realidad, tengo mil ciento setenta y cuatro años.

Muchos abrieron los ojos a más no poder.

—Entonces… ¿Eres su padre?

—Lo soy.

Al ver fijamente a los ojos de su maestro, quiso darse un golpe en la cabeza. Estos eran idénticos en color y forma a los de su novia. Quizás ese detalle no se le escapó a su hermano. Él era muy perspicaz, a veces más que Lyserg. Sus pensamientos fueron interrumpidos por un nuevo suspiro de parte de Cedric.

—Les había dicho que soy un fugitivo de mi nación, pero nunca di el motivo. Cuando aún era joven y estaba bajo las órdenes de Darkar, me había enviado a secuestrar a una mujer, hija de gente importante que tenía tanto poder socio-económico como él. En lugar de hacerlo… terminé enamorándome de ella. Mi padre estaba y sigue estando tan obsesionado con la pureza que jamás iba a permitirnos vivir en paz. Por supuesto, escapé de su alcance y vivimos juntos por mucho tiempo… y fue entonces cuando ella quedó embarazada.

—Nunca creí que un vampiro podría embarazar a una mortal. Al menos, no de forma directa —susurró Kaoru, pensando que el mayor no la escucharía.

Se sonrojó ligeramente cuando él le dirigió una pequeña sonrisa.

—Yo tampoco era consciente en ese entonces, pero el parto no es muy diferente al de una esclava normal. Son mortales, y hubo muy pocos casos en los que la humana pudo sobrevivir. A pesar de eso, Darkar tenía espías en todos lados con la orden de asesinar brutalmente a ambos. Es impensable para un vampiro puro tener una cría de raza mixta, a quienes denominamos "semi-mortales". Heredan parcialmente las habilidades de un vampiro, pero lucen como humanos comunes y corrientes.

—¡Sólo se trata de un inocente bebé! —soltó una indignada Pilika—. ¡Alguien que no pidió venir al mundo!

—¿Qué le sucedió a su mujer? —quiso saber Manta.

Todos pensaron que Cedric no seguiría hablando, pues sus ojos dejaban ver una gran tristeza. Aun así, hizo un esfuerzo por no demostrar sus emociones.

—Le inyecté mi ponzoña durante el parto, deseando que sobreviviera. Fue en vano, porque igualmente falleció —bajó un poco la mirada, haciendo una breve pausa—. En ese entonces residíamos en Japón. Estaba desesperado. No podía quedarme demasiado tiempo en nuestro hogar; Darkar me estaba buscando para asesinarla porque ya sabía de su existencia. No dudé en huir, a pesar de que el clima estaba horrible. Llovía y hacía mucho frío. Tenía miedo de que enfermara… Fue toda una suerte que Kino y Yohmei se cruzaran en mi camino. Tuve que entregarla, para que los espías de Darkar me persiguieran a mí en su lugar. Los vampiros pueden rastrear el olor de cualquiera, mas no el de un bebé recién nacido. Así creerían que estaba conmigo. Dejarla aquí fue la decisión más dura que tomé, pero fue por su propio bien. No podía condenarla a vivir como una fugitiva.

Miró a su alrededor, esperando que alguien volviera a hacer otro comentario, mas no fue así. Decidió retomar su relato.

—Debo admitir que me llevé una gran sorpresa cuando me di cuenta que la había dejado con la familia Asakura —hizo una pequeña mueca, mostrándose frustrado. Se apresuró a excusarse antes de que dicho clan se tomara a mal su comentario—. No lo digo por ofenderlos… Es sólo que estaba intentando alejarla de la guerra. Mi padre vendría a reclutar shamanes para convertirlos en inmortales. No quería que ella estuviera involucrada… Fue una terrible coincidencia que fuera a parar en el seno familiar de los elegidos de la profecía —miró a los gemelos, quienes estaban pendientes de su relato—. No sólo me acerqué para cuidar de mi hija desde el anonimato, también me sentía responsable por lo que mi padre le había hecho a su familia. Al ver los problemas que tuvieron con sus poderes, luego de haber sido transformados, decidí ayudarlos.

—Y estamos agradecidos por eso —habló Mikihisa, con una pequeña sonrisa.

Cedric imitó brevemente su gesto.

—Era lo menos que les debía luego de haber cuidado a mi hija —inclinó un poco su cabeza ante mis abuelos—. A pesar de todo, haberla dejado con ustedes fue una buena decisión. La han criado muy bien… Me atrevería a decir que cuidaron de ella mejor de lo que yo lo hubiera hecho.

—Negarnos fue imposible… Era una bebé encantadora —recordó Kino—. Además, te notamos muy angustiado. Supimos enseguida que necesitabas ayuda.

—Incluso hasta le cambiamos de nombre para protegerla —aclaró Yohmei—. Tú le habías dado otro, si no mal recuerdo.

—Es verdad —coincidió Cedric, sonriendo de lado—. Su nombre es Alyss Blair.

—Entonces Evolet… Es decir, Alyss —se corrigió Lyserg—. ¿También es, en parte, vampiro? Es un poco difícil de creer. Ella luce muy normal, a simple vista.

—Bueno…

—¡AH! ¡UN BICHO!

La plática fue interrumpida por un grito de Tamao. Todos voltearon sólo para ver que un pequeño murciélago había entrado a la casa y estaba revoloteando por ahí. Horo intentaba atrapar a la criatura, pero Cedric lo detuvo.

—Espera, no le hagas daño.

El vampiro sostuvo con cuidado a la pequeña criatura entre sus manos y comenzó a entablar una conversación con ella. Los demás lo vieron expectantes y en silencio. Sin embargo, un golpe sordo les llamó la atención. Notaron que Yoh se había caído violentamente al piso. Supieron que estaba teniendo una visión al notar el brillo tan característico de sus ojos. Hacía muecas y contenía gritos de dolor, llevando sus manos a su espalda en un intento por protegerla. Este acto duró unos momentos.

—¿Qué viste, Yoh? —cuestionó Cedric, hincándose a su altura y aun sosteniendo al mamífero volador entre sus manos.

—…Creo que tuve una visión compartida —ambos habían comenzado a entrenar esa habilidad, sabiendo que algún día sería útil—. Sentí mucho dolor, como si me estuvieran partiendo la espalda en dos… y alcancé a ver a Jeanne.

Cedric cerró los ojos con pesar.

—No hay duda. Evolet te mandó una señal de auxilio y viviste su situación en carne propia.

—¿Qué le están haciendo? —exigió saber Yohmei, pero de pronto, pareció sentir un dolor en el pecho y tuvo que ser sostenido por Keiko y Tamao—. Mi niña no…

—Abuelo —habló Hao, parándose frente a él—. Te prometo que estará aquí pronto, sana y salva.

—¡Tenemos que ir a ayudarla! —exclamó Kaoru, pero luego se detuvo a pensarlo—. ¿…A dónde se supone que debemos ir?

—Opacho sabe cómo entrar —intervino la pequeña, llamando la atención—. Es un laberinto muy difícil de cruzar, pero Opacho sabe abrir la puerta… Necesitarán ser muchos para abrirla —la niña pareció ponerse algo triste—, pero Opacho no sabe cómo llegar.

—Él sí lo sabe —añadió Cedric, señalando al mamífero que se había posado en su hombro—. Tomen sus armas, los esperaré afuera.

Tamao decidió quedarse en la casa, cuidando de Yohmei. Los demás emprendieron camino a la mansión de Darkar, siendo guiados por Sombra. Cuando llegaron a ese sitio, se sorprendieron al notar que Opacho tenía razón. Un laberinto de gran tamaño se alzaba frente a ellos. Creyeron que sería imposible no perderse en su interior.

—En las esquinas del laberinto hay cuatro estatuas con rostros feos. Tendrán que destruirlas para desactivar el campo de fuerza —explicó la niña—. Opacho cree que pueden dividirse en grupos de tres personas, así acabarán más rápido.

Luego de dar unas explicaciones rápidas, Cedric los dividió. El equipo conformado por Yoh, Anna y Hao tomó la delantera, buscando la primera estatua. Sin embargo, unas sombras de aspecto tenebroso se acercaron a ellos. Los gemelos intentaron detenerlas, mientras la itako se encargaba de sellarlas. No les tomó mucho tiempo para encontrar la figura, destruyéndola con facilidad.

Pudimos deshacernos de la estatua, pensó Kaoru, sabiendo que su hermano mayor la escucharía. La joven estaba acompañada de Redseb y Nichrom.

Nosotros también. ¿Horo? ¿Lyserg?

Len y los dos Usui demoraron un poco en destruir la imagen que les tocaba, aunque no tanto como el equipo conformado por Lyserg. El inglés y Chocolove tuvieron que lidiar con unas lianas venenosas. Le dejaron a Manta la tarea de destruir la figura. Luego de unos minutos, los cuatro grupos volvieron a reunirse en la entrada, donde Cedric y Opacho los esperaban. El adulto los detuvo antes de que se adentraran en aquella residencia.

—En verdad se los agradezco —admitió él—. Estuve a punto de venir solo, y sé que habría cometido un gran error.

—Evolet es nuestra amiga, pue' —comentó Chocolove con una sonrisa.

—Y es la menos culpable de todo esto —admitió Yoh.

—Lamentamos haber dudado de ella —se disculpó Horo, sintiendo vergüenza.

—¿"Lamentamos"? Te recuerdo que fuiste tú quien habló tonterías —discutió Len.

—Dejemos las peleas para después —interrumpió un nervioso Hao—. No tenemos tiempo para perder.

Opacho iba frente a los chicos, quienes corrían con sus posesiones hechas. Sabían que no debían bajar la guardia, pues estaban en territorio del enemigo. Continuaron caminando por ese sendero, contemplando su entorno. Las paredes del piso inferior les hacían creer que estaban dentro de una caverna. Mientras seguían avanzando, notaron un fuerte olor que casi hizo vomitar a más de uno. El olor se parecía a algo en estado de descomposición… y así era. No les tomó mucho tiempo toparse con varios cadáveres. Supusieron que eran víctimas de Darkar, y que los utilizaba como advertencia para todo aquel que quisiera escaparse. No pudieron seguir avanzando porque Opacho se distrajo y se acercó a un par de cuerpos en particular. Se trataba de una pareja. Estaban tomados de la mano, viéndose el uno al otro.

¿Mamá? ¿Papá? —los llamó la pequeña, sacudiendo a sus progenitores—. Por favor, despierten.

A pesar de no entender su idioma natal, los demás no tardaron en atar cabos. Esos debían ser los padres de Opacho. Cedric se acercó para abrazarla, sintiendo culpa en su interior. Otra víctima inocente caía en manos de su padre.


•❈•


Evolet hacía un enorme esfuerzo por no gritar, rechinando los dientes. Hacía varios minutos que Jeanne la estaba torturando con un látigo, lastimándole la espalda. La joven se encontraba atada de manos hacia arriba, por lo que no podía moverse.

—Esto es aburrido —musitó Ashil, bostezando—. No puedo creer que eligieras un simple látigo, cuando el amo tiene un sinfín de cosas en su arsenal.

—¿Qué puedo decirte? Amo los látigos —confesó Jeanne. Tomó pulso, soltando un latigazo más fuerte que el anterior—. Eres dura de matar, ¿eh?

—Púdrete —susurró Evolet, provocando que la Renault frunciera el ceño.

—Sigo sin entender por qué te eligió sobre mí —pronunció la francesa—. Eres una aberración para los de nuestra especie. Al menos, sé útil para el amo —blandió el látigo una última vez, antes de hacer una pausa—. ¿Sabes? Tendré que consolar al pobre de Hao cuando mueras… No falta mucho para eso. Dudo que sobrevivas la noche.

—Supéralo, Jeanne —rio Ashil, sonriendo de lado.

—Mira quién lo dice.

Ambos soltaron una risa entre macabra y amistosa.

—Ambos pierden su tiempo —declaró Evolet, jadeando—. Ni Kaoru ni Hao podrían fijarse en un par de retorcidos como ustedes.

Eso pareció colmar la paciencia de ambos vampiros. Aun así, Evolet les mantuvo la mirada a modo de desafío.

—Acaba con ella —dictó Ashil, dándole un pequeño frasco.

Jeanne se dedicó a enrollar el látigo.

—Será un placer.

Revolvió el contenido del baúl, hasta que encontró lo que buscaba. Sacó un flagrum, uno de sus instrumentos de tortura preferidos. Se trataba de un látigo, del cual colgaban varias cadenas de hierro que terminaban en pequeñas bolas de acero y fragmentos de huesos. Sonrió con maldad al abrir el frasco, cuyo contenido líquido era de color morado. Sin dudarlo, derramó dicha sustancia sobre las cadenas del flagrum, las cuales brillaron por un momento mientras absorbían el líquido.

—Es tan conveniente que seas una estúpida semi-mortal, cariño —susurró Jeanne, pasando sus dedos por el arma—. Eso significa que podrás conocer los efectos del adytheranian. Créeme, lo adorarás.

Blandió el látigo para impactarlo contra la espalda de la chica, quien no pudo evitar soltar un alarido. Sintió que las terminaciones del flagrum se insertaban en su piel, desgarrándola. Sintió un dolor terrible cuando el adytheranian se abrió paso a través de las heridas. Jamás había sentido algo parecido.

—Supongo que eso quiere decir que estoy haciendo un buen trabajo —declaró la francesa, sonriendo de forma sádica.

Continuó azotando la espalda de Evolet, quien sentía que en cualquier momento perdería la consciencia. El dolor era demasiado, y también estaba perdiendo mucha sangre. No podía ver su espalda, pero juraba que sus heridas eran tan profundas que podrían verse sus músculos en la zona donde el acero y los huesos se clavaron. Nuevamente sentía ese dolor en la nuca, mientras que oía aquellas voces malditas que le susurraban cosas muy malas.

En ese momento, algo se rompió…

En medio del intenso dolor, oyó un gruñido extraño proveniente de la jaula de Mizu. No le sonaba conocido, por lo que levantó la vista. Notó que un intenso brillo salía de su jaula, y esta terminó rompiéndose cuando el brillo se expandió. El poder tomó una forma salvaje. Una figura que ella conocía muy bien. Dos largas orejas salieron por encima del brillo, al igual que cuatro enormes patas de color rojo fuego. Un par de ojos dorados y gatunos despejaron aquel brillo, permitiéndole a los presentes ver su verdadera forma. Se trataba de una peligrosa bestia felina de al menos quince o veinte metros de altura. Evolet no quería creerlo, pero allí estaba esa presencia que se había apoderado de ella en su pelea con Len. Las diez colas lo confirmaban.

—Imposible…

La criatura alzó una pata y se encargó de apartar a sus agresores violentamente. Un gran rugido hizo temblar las paredes, y pudo jurar que también lo hizo el edificio entero. Estuvo a punto de lanzarse sobre ellos, pero no pudo hacerlo. La criatura pareció ser atacada por algún poder mental que comenzó a torturarla y cayó al piso.

—No esperaba que dejaras salir al demonio, Alyss —todos voltearon para ver a la persona responsable. Darkar yacía en la entrada, con una mano alzada y una mirada seria—. Buen intento, pero conmigo no te servirá.

El rostro de Evolet reflejó su preocupación por Mizu –porque para ella seguía siendo su adorable gatita–, pues el poder estaba haciéndole daño. Quería protegerla, pero era arriesgado… No había otra manera, debía ceder ante las exigencias del maldito ese.

—N-no la lastimes —susurró, clavando la vista en el piso. Sabía que más de uno la odiaría por eso—. Te daré lo que quieres, pero no le hagas daño, por favor.

Darkar sonrió con sadismo.

—Buena respuesta.

Sin darle tiempo a recomponerse, Darkar ordenó que soltaran sus cadenas. Sintió que su cuerpo era arrastrado al piso, pero un fuerte apretón en el brazo la volvió a la realidad. El rey la arrastró sin ninguna delicadeza a través de la gran puerta, hacia otra de las habitaciones de aquella mansión. No había gran cosa en su interior, sólo una mesa que estaba situada en el centro. Un pequeño cofre con detalles dorados descansaba encima. Darkar se acercó para abrirlo y sacó un pergamino del interior. Lo extendió, mostrándole a Evolet que se encontraba vacío.

—Este es un mapa que sólo puede ser activado haciendo un sacrificio de sangre de dos personas, un creador y un heredero. Me mostrará el camino hasta el tesoro que será la perdición para los seres humanos —le explicó, sacando una daga de entre sus ropas—, pero debes hacerlo de manera voluntaria.

Una vez que la daga estuvo entre sus manos, Evolet extendió el antebrazo y se hizo un pequeño corte, al mismo tiempo en que Darkar lo hacía también. Ambas gotas de sangre cayeron sobre el papel, y se deslizaron hasta situarse en el medio. Fueron absorbidas y, para sorpresa de ambos, dejó ver el lugar exacto donde se encontraba dicho tesoro. Era la Necrópolis de Guiza.

—Buen trabajo, querida —la felicitó, disfrutando de ver el miedo reflejado en los ojos de su nieta—. Esta noche me has sido muy útil. Aunque, ahora que ya tengo lo que necesito, tendré que deshacerme de ti. Has visto el camino hacia el talismán… y no puedo permitir que tus amiguitos sepan dónde se oculta.

Rápidamente, la tomó del cuello con una mano, para comenzar a asfixiarla. Evolet sentía que perdería el conocimiento. Ninguno contaba con una interrupción.

—Mi Lord —miró con furia al responsable de detener su homicidio del día. Allen lo observaba, manteniendo su semblante inalterable—. ¿No cree que sería mejor que su hijo la viera morir? A estas alturas, ya no debe tardar en llegar.

Darkar pareció considerarlo por un instante. Quería asesinarla en ese momento, pues odiaba sentirse derrotado ante la idea de que fuera la única de su especie que pudo escapar con vida. No obstante, la opción de su secuaz sonaba muy tentadora.

—…Es una idea maravillosa —aceptó, soltando a Evolet—. Esperaremos a que ese traidor de Cedric llegue. Llévala a mi cuarto —ordenó, mirándolo con severidad—. No cometas ninguna tontería. Estás advertido.

Allen la tomó del hombro, y la dirigió hacia una de las recámaras. Evolet hacía un gran esfuerzo por caminar, ya que se sentía a desfallecer. Ambos se detuvieron al llegar a una de las habitaciones. Él abrió la puerta, permitiendo que la chica entrara primero. Cerró la puerta con llave, para que nadie los fuera a interrumpir.

—¿Qué pretendes, Allen? —preguntó, dejándose caer al borde de la cama. Quería recuperar el aliento, pero era muy difícil—. Por favor, sácame de aquí.

—Tranquila, es justo lo que haré —admitió el nativo, sorprendiéndola—. Escucha, sé que no fue una gran idea dejarme convertir por Darkar. Me mantuve lejos de la aldea por mucho tiempo… hasta que supe que ese maldito de Hao también estaba aquí —señaló, frunciendo el ceño—. A mi parecer, los humanos no deberían existir. Sólo dañan el planeta… pero ese no fue mi único motivo. Estoy aquí por venganza.

—¿Venganza? ¿Contra quién? —inquirió ella.

Allen dudaba en decírselo o no. Prefirió guardar silencio.

—…No te incumbe. Te sacaré de aquí, pero a cambio tendrás que venir conmigo.

Ella negó con la cabeza, aguantando el dolor.

—Allen… Si aún sientes algo de cariño por mí, deja que me vaya. Te lo suplico.

—…Es por Hao, ¿no? —supuso Allen. Apretó los puños en señal de enojo—. Puedo protegerte mejor que él. Conmigo estarás más segura. Nos iremos lejos, y prometo que no permitiré que nadie te haga daño por ser una semi-mortal.

—No voy a alejarme de mi familia y amigos. Por favor, entiéndelo.

El muchacho estuvo a punto de refutarlo, pero pareció cambiar de idea. Iba a sacar a Hao Asakura de su cabeza, puesto que tenía un mejor plan. Fingió una sonrisa, para tranquilizar a la chica.

—Tú ganas, te ayudaré —aceptó, dirigiéndose hacia la mesita de noche—, pero no puedes salir así. Estas muy herida.

Sacó un par de cosas de un botiquín de primeros auxilios. Evolet no prestó mucha atención a causa de su malestar. Allen empapó un algodón con un líquido para así curar las heridas de su espalda. Un ardor momentáneo fue seguido de un pequeño placer. Unos minutos después, sintió un terrible estupor. Notó que la vista se le iba nublando y ya no creía poder ponerse de pie… Allen se atrevió a drogarla otra vez.

—Perdóname, es por tu propio bien —aseguró él.

Allen la miró por un momento. Estaba tan indefensa y ahora la tenía más cerca que nunca. La veía tan hermosa. Acercó su rostro al de ella, intentando robarle un beso. Sin embargo, Evolet logró alzar una mano para impedir que se acercara más. Allen rio por su débil intento, apartando su mano. Tomó su mentón y rozó sus labios con los de ella. Estuvo a punto de besarla cuando oyó que derribaban la puerta.

—¡SUÉLTALA, IMBÉCIL!

Un furioso Hao lo veía con ira contenida. Soltó un gruñido de advertencia al ver lo cerca que estaba ese sujeto de su novia. Allen, molesto por la interrupción, se alejó de ella para gruñirle de la misma forma. Ambos comenzaron a rodearse como si se tratara de un duelo entre un par de animales de la misma especie.

—Por tu culpa, ella y yo estamos separados —pronunció el aliado de Darkar, más enojado que antes.

—No, idiota. Ella te rechazó por ser un maldito celoso-posesivo —el Asakura volvió a gruñirle, correspondiendo a su odio—. En realidad, debería agradecerte. Fue por ti que pude conocer a Evolet… Quiero decir, a mi novia.

Fue la gota que derramó el vaso.

—¡Posesión de objetos! ¡GRAN OSO!

Un enorme oso pardo hizo aparición junto a Allen. Hao apretó los dientes.

—¡Espíritu del Fuego!

Ambos shamanes se lanzaron al combate. Sus armas chocaron violentamente, su odio lo hacía igual. Hao blandió su espada, la cual desprendió un par de llamaradas que chocaron contra la pared. Por alguna extraña razón, el cuarto no se incendió. Por otro lado, Allen lo atacó con un zarpazo por parte de las garras de Doddo.

—¡Hao! —exclamó una voz ajena en el cuarto—. ¡Detente!

Ninguno de los dos prestó atención a la presencia de Anna. La itako se adentró al cuarto, pues había seguido al mayor de los gemelos cuando se separaron durante su búsqueda. Se acercó hasta su mejor amiga, quien por lo visto ya había perdido la consciencia a causa de la droga. Sin mencionar que seguía perdiendo sangre.

—¡Oye, grandísimo idiota! ¡Tenemos que sacarla de aquí!

Esa exclamación por parte de la rubia pareció despertar al Asakura de su gran odio, permitiéndole a Allen escapar por su distracción. Hao chasqueó la lengua, pero ya se desquitaría. Deshizo su posesión y se acercó a su cuñada, viendo a su novia con preocupación. No sabía si se despertaría pronto… o si, al menos, lo haría.

—Juro que me las pagará —susurró, iracundo.

Hao se encargó de tomarla en brazos con cuidado, pues las heridas de su espalda se veían muy graves. Tenían que encontrar a los demás pronto y salir de ahí.


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—¡¿Qué demonios es eso?! —exclamó un anonado Horo-Horo.

Tras haber llegado al primer piso, luego de que Hao y Anna fueran a buscar a Evolet, los demás habían estado moviéndose despacio por si se encontraban cara a cara con Darkar o alguno de los suyos… pero no esperaban encontrarse con una criatura que parecía estar furiosa. La bestia de diez colas se había liberado del control mental y comenzó a destruirlo todo. La edificación misma temblaba a causa de los destrozos.

—Esa criatura… ¿No es la misma que estuvo en tu pelea, Len? —musitó Kaoru.

—Efectivamente. Nunca la olvidaría —aseguró él, sacando su cuchilla dorada.

Cedric entrecerró los ojos, mientras Opacho se escondía detrás de sus pantalones. Tenía que pensar rápido, pues el tiempo estaba jugando en su contra.

—Escuchen, no tenemos mucho tiempo —habló el vampiro—. A pesar de que Hao y Anna fueron a buscar a Evolet, estoy seguro de que hay otras personas que necesitan ayuda para salir. Si no controlamos a esta cosa, la casa puede venirse abajo… Iré a buscarlos, pero necesito que ganen tiempo por mí y pongan a esta bestia bajo control.

—Ya rugiste, mi cuate —habló Chocolove, haciendo su posesión de objetos.

—Adelántate, nosotros nos haremos cargo —declaró Nichrom.

—Yoh, tú vienes conmigo —Cedric se dirigió al menor de los gemelos, quien lo miró y asintió—. ¿Crees que puedas guiarnos, Opacho?

La pequeña se subió a sus hombros.

—Opacho recuerda el camino.

Dicho esto, los dos salieron de la habitación a través de una puerta, detrás de la cual se extendía un largo pasillo. Estuvieron siguiendo las indicaciones de la niña durante unos minutos, hasta que finalmente encontraron una extraña puerta que se mimetizaba con la pared. La abrieron justo en el momento en que sintieron un nuevo temblor. Debieron imaginar que los chicos estaban haciendo lo que podían para dominar a la criatura, pero no sería nada fácil. Decidieron apresurarse para entrar.

—Aquí debe haber unas cien personas, al menos —musitó Yoh, viendo la gran cantidad de celdas que se extendían infinitamente por ese lugar.

—Pues entonces no hay tiempo que perder —dictó Cedric—. Haz tu posesión de objetos. Así terminaremos más rápido.

El Asakura asintió e hizo la posesión con Amidamaru. Su ataque de la Cuchilla de Buda lo ayudó a destruir varios barrotes de diferentes celdas al mismo tiempo. Por su parte, Cedric utilizaba sus poderes eléctricos para abrir otras jaulas.

—Creo que son todos… —murmuró Yoh, dirigiendo a los pocos prisioneros que quedaban hacia la salida.

—Qué noble de tu parte liberar a mis prisioneros, Cedric.

Esa voz los hizo voltear a ambos. Una fuerte explosión los hizo cubrirse de repente. Darkar se encontraba sobre uno de los Arcángeles que seguramente pertenecía a alguno de sus seguidores. Este sonrió de lado.

—Mi nieta es una niña adorable, me fue de gran utilidad —Yoh detuvo del brazo a su mentor para que no cayera en sus provocaciones—. Es una lástima que me deba ir, pero te dejaré un pequeño regalo, hijo mío. Estoy seguro de que te traerá muchos recuerdos.

La puerta de la celda del fondo del lugar, a la cual no habían podido hacerle siquiera un rasguño, comenzó a abrirse por sí sola. Una persona salió de ella, y tanto Cedric como Yoh tuvieron que entrecerrar los ojos para distinguirla. No era muy alta, pero estaba terriblemente pálida. No podían ver su cara a causa de su cabello alborotado. Lo único que podían deducir es que era una mujer, quien les gruñía peligrosamente.

—Hasta nunca.

Yoh miró por sobre su hombro para notar que Darkar se daba a la fuga, justo cuando una enorme roca se desplomaba del techo. El lugar estaba comenzando a caerse. No tenían mucho tiempo. Antes de poder reaccionar, aquella persona los atacó sin siquiera darles tiempo de nada. Durante un buen rato, Yoh y Cedric mantuvieron la lucha constante, hasta que Yoh pudo noquearla cuando se estrelló contra la pared. Cedric se acercó y le apartó el cabello de la cara. Yoh lo vio ponerse muy pálido.

—No…

—¿Se encuentra bien…? —la pregunta del menor se quedó en el aire, puesto que se concentró en otra cosa. Volvió a mirar a su mentor—. Hao ya encontró a Evolet. Ya están con los demás… ¿Cedric?

—¿Eh? Ah, sí… Perfecto —el vampiro pareció salir de su ensoñación cuando otra roca cayó muy cerca de ellos. Tomó a la mujer con cuidado, confundiendo a Yoh—. Vámonos.

Este sólo asintió, acercándose para cargar a Opacho. Salieron corriendo de aquella mazmorra, llegando al salón donde habían dejado a los demás en cuestión de unos veinte minutos.

—¿Están todos bien?

Les sorprendió ver a la bestia mucho más tranquila, pues parecía querer acercarse a Hao, o más bien a Evolet, quien yacía inconsciente y muy herida entre sus brazos. Redseb se encargaba de apaciguarla, ya que al bajar la cabeza pudo acariciarla. Otra cosa que le llamó la atención fue que la mayoría estaba reunido alrededor de Len. Yoh se alarmó al ver rastros de sangre y aquella herida en su cuello.

—Él sólo quiso protegerme —lloriqueaba Pilika.

—Hay que salir de aquí pronto —enunció Cedric, preocupado porque había más de un herido.

Notó que la criatura alzó las orejas y se acomodó sobre el piso. Al principio, no lo entendió, pero al ver que la bestia hacía gestos con la cabeza hacia su espalda lo pudo comprender. Estaba intentando decirles que subieran sobre su lomo.

—Rápido, suban todos —ordenó, siendo comprendido por la mayoría.

Chocolove y Lyserg ayudaron a subir a un malherido Len, mientras que Anna e Yoh ayudaban a Hao a subir a Evolet. Tras una rápida huida, lograron salir justo cuando el edificio se caía a pedazos.


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¡Hola! ^^

Les he traído el capítulo más emocionante. Torturas, secuestros… Fue un capi bastante oscuro, la verdad xD, pero disfruté mucho escribiéndolo. Para aclarar: fue escrito en tercera persona por la cantidad de detalles que se verían mejor así. Espero haya sido de su agrado n.n

Les recuerdo que Allen y Ashil no son OC. En otro capítulo había mencionado algo sobre los personajes originales, pero no sé si quedó claro para estos personajes en particular. Ambos pertenecen al anime. Lo vuelvo a mencionar por las dudas.

Este capi no sería posible sin la ayuda y los sabios consejos de Sabr1 :3

Gracias por leerme. Espero que les haya gustado. Si tienen alguna duda, crítica o comentario, pueden hacérmelo saber por medio de un review :P Saben que lo leo encantada.

¡Nos vemos! ^^