Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a sus OC (Evolet/Alyss y Cedric).
Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).
Género: General. Tiene un poco de todo.
Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.
Conversación en otro idioma.
24
El secreto de Guiza
Hao Asakura
Apenas pude darme cuenta que nos estábamos acercando a la casa. Evolet me tenía muy preocupado, pues estaba inconsciente. Estuve mirándola angustiado durante casi todo el camino. Sentí una fuerte sacudida y alcé la mirada, sólo para notar que la criatura sobre la que íbamos montados se detuvo. Me apresuré a bajar con cuidado para que pudieran auxiliar a mi novia, pero algo más llamó mi atención. El abuelo salió de la casa con un semblante sorprendido, pero pronto cambió a uno autoritario.
—Alto ahí, Zen Aku —esa llamada de atención a la bestia de las diez colas me dejó confundido. La criatura gruñó de manera peligrosa—. No entrarás a la casa en esas condiciones.
Era consciente de que debía llevar a Evolet adentro, pero la interacción entre mi abuelo y el demonio me dejaba muy intrigado. Pasaron unos momentos en que los dos parecieron llevar una lucha visual, hasta que la criatura bajó las orejas. Poco a poco, redujo su gran tamaño y su apariencia demoniaca… sólo para dejar ver otra esencia que yo conocía muy bien. Ahora lo entendía todo.
—¡¿Mizu?! —exclamé, sacado de onda.
—¡Hao! —Cedric me sacó de mis pensamientos, se veía irritado—. ¿Qué haces ahí parado? ¡Llévala adentro!
Decidí hacerle caso por primera vez y me precipité a entrar. Al verme, Keiko no dudó en llamar a Fausto, quien apareció tras unos segundos e indicó que bajaran a Len al sótano. En cuanto a Evolet y a la mujer misteriosa, la abuela nos sugirió que las dejáramos en el cuarto que compartía con el abuelo, puesto que era el único en la planta baja y nos ahorraría tiempo. Entré y bajé a Evolet con cuidado, colocándola de costado para no lastimar su espalda. Yohmei y Anna extendieron un futón en el piso para que Cedric pudiera acomodar a la mujer. Me pareció un tanto extraña la súbita preocupación que mostraba por la desconocida.
—…Ha ido demasiado lejos —masculló el vampiro, por lo bajo.
Fausto entró a toda prisa, pues había ido a revisar a Len primero. Nos apartamos para que pudiera examinar a ambas. Fue entonces cuando Mizu entró al cuarto sin esperar más y se acercó a su dueña, acurrucándose a su lado. Fausto intentó que se apartara, pero la gatita lo mordió para evitarlo. El médico pareció darse por vencido con ella.
—Está bien, dejaré que te quedes. Sólo no la despiertes —advirtió el shaman, pero Mizu lo ignoró. Fausto frunció el ceño al revisar su espalda—. Qué extraño. Parece que hay una sustancia en sus tejidos musculares.
Alzó su mano enguantada para dejar ver que, entre las gotas de sangre, también había rastros de un líquido púrpura.
—No… —Cedric frunció las cejas, preocupándose—. Debe ser adytheranian. Es una sustancia que causa dolor físico en vampiros. Esto es grave… Debido a su condición de semi-mortal, su cuerpo tiene dificultades para curarse rápidamente, y esto sólo lo empeorará.
—Entonces hay que extraerlo —sugirió Fausto.
—No es tan fácil… —replicó mi mentor, pensativo.
Comencé a molestarme, no era justo que ella tuviera que pasar por esto. Evolet no era la culpable, por mucho que Darkar pensara lo contrario. Quería ayudarla, pero no sabía cómo… Hasta que Cedric y yo nos miramos al mismo tiempo, pues seguro ambos tuvimos la misma idea.
—La flama dorada —hablamos al mismo tiempo.
Se trataba de una técnica de curación que habíamos empezado a entrenar. Supe que el fuego no era del todo destructivo. Así como el fuego azul era peligroso, el fuego de la tonalidad de los rayos del sol me permitía regenerar algunas células corporales más de prisa. Prendí mi mano y antebrazo en fuego, concentrándome al máximo. No pasó mucho tiempo antes de que el rojo vivo cambiara a un color dorado. Sin embargo, no había podido ponerlo en práctica antes.
—Hazlo, Hao —me animó Cedric.
Me acerqué con precaución, dejando que el fuego de mi brazo hiciera su trabajo, sin tocarla por supuesto. Sorprendentemente, noté que la hemorragia disminuía con lentitud y la zona comenzaba a desinflamarse. Sabía que no haría milagros de un momento al otro, pero debía intentar ser paciente. De pronto, las llamas comenzaron a atraer a las pequeñas partículas moradas del adytheranian y estas se destruían en el aire.
—No sabía que podías hacer eso —musitó Fausto, sorprendido.
—Me lo enseñaron hace poco —respondí, aliviado—. Espero que pueda evitar que siga sintiendo dolor.
Noté, por el rabillo del ojo, que Cedric salió de la habitación sin dar explicaciones. Supuse que esto era demasiado para él, pero lo entendía. Una vez acabado el acto de curación con el fuego, le di espacio a Fausto para que continuara.
—Haz hecho una gran parte. No obstante, su incapacidad normal de curación sigue siendo un problema… No sabría decir cómo funciona su cuerpo.
Un leve quejido llamó su atención. Al parecer, Evolet estaba despertando y, por la mueca que estaba poniendo, era probable que el dolor no se hubiera ido del todo. Pasé una mano por su frente en un intento por tranquilizarla.
—No te muevas, tienes la espalda muy delicada —indicó Fausto.
Tuvo que obedecer a regañadientes. Alzó una mano para acariciar a su espíritu acompañante… uno nada común. ¿Quién pensaría que un gatito tan pequeño era, en realidad, una enorme bestia del infierno? Siempre lo he dicho, ese animal tenía algo extraño y no me equivoqué.
—¿En qué diablos estabas pensando? —reclamó Anna, luego de arrodillarse a su lado—. No es tu estilo ir directo a una trampa, te creía más inteligente.
Lejos de enfadarse, Evolet soltó una risita y sonrió de lado.
—Ni siquiera estando al borde de la muerte dejas de regañarme —esto provocó que Anna sonriera levemente.
—Anna tiene razón, Evolet —Yohmei la veía muy serio, causando que ella bajara la mirada—. No debiste salir sola… ¿Sabes que estás castigada, jovencita?
—Sí, abuelo.
No pude evitar sentir lástima. Evolet dejó de mirar al abuelo al notar que Cedric entraba al cuarto en silencio. Traía un recipiente metálico en las manos, el cual tenía una pequeña pajilla. Mi novia parecía estar conteniéndose de decir lo que en verdad pensaba. Me sorprendí al ver a Cedric un poco nervioso al dirigirse a ella.
—La habilidad de Hao no será suficiente para sanar por completo tus heridas. Necesitas compensar la falta de curación de tu cuerpo con esto —le tendió el recipiente, pero Evolet lo miró como si se hubiera vuelto loco.
—¡No voy a beber sangre!
—Evolet, escucha —Cedric intentaba permanecer impasible. Lo vi acomodarse la manga de su camisa, por donde goteaba algo de sangre… Entonces él mismo tuvo que herirse para llenar el recipiente—. Sé que te resulta desagradable, pero es la única manera en que tu organismo podrá ayudarte a sanar. Esto va a activar tu lado… pues…
—Mi lado vampiro —completó, sin mostrar ninguna emoción en su rostro. Intentó hacer el amago de una sonrisa—. Lo sé todo. Darkar me lo contó.
Nadie supo qué decir por unos momentos. Le habían revelado la verdad, pero… ¿A qué costo? Nuestro enemigo no parecía ser alguien que soltaría información valiosa sin recibir nada a cambio. Algo debió necesitar de ella.
—Sólo… quería respuestas —confesó Evolet. Noté que sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas—. Soy consciente de que fue una estupidez acudir a él… y ahora, por eso, él tiene lo que quería. Todo fue mi culpa.
—No es así —traté de tranquilizarla.
Ella volteó a verme sin cambiar su semblante.
—Lo es. Terminé dándole mi sangre para que pudiera activar algo… no sé qué era, parecía un papel, un trozo de pergamino o algo así. Sólo dijo que lo guiaría a un tesoro que lo ayudaría a destruir a la humanidad.
—¿Te acuerdas qué lugar mostraba? —quiso saber Cedric.
—S-sí… Creo que era la Necrópolis de Guiza.
Ella se secó las pocas lágrimas que se le habían escapado. Anna se me adelantó para consolarla, teniendo cuidado en todo momento.
—No te preocupes, ya pensaremos en algo —musité, en un intento por animarla. Ella cerró sus ojos al sentir que acaricié su mejilla con dulzura—. Entiendo que te parezca asqueroso beber sangre, especialmente cuando no eres una amante de ella —Evolet rio levemente al escucharme—, pero te hará bien. Estarás como nueva en un par de días.
Fausto se puso a atender a la mujer misteriosa, mientras Anna y yo intentábamos convencer a Evolet de que bebiera la sangre. Al final, acabó accediendo y noté que sufría al hacerlo. Pobre… Toda esta situación nos tenía intranquilos a más de uno, puesto que tendríamos que perseguir a Darkar para evitar que algo malo sucediera más adelante.
•❈•
Por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba sereno. Nada podía ponerlo de malhumor o preocuparlo, ni siquiera los inútiles que tenía a su servicio. Había vencido la artimaña de su hijo, encontrando así a su heredera. A pesar de haber sido de gran utilidad, no quitaba el hecho de repugnarle estar emparentado con un ser humano. Si esa niña era mínimamente inteligente, sabría que él no la iba a recibir de brazos abiertos. A eso podía sumarle el dolor que le provocó a Cedric y sonrió de lado. Las cosas por fin estaban saliendo como él las planeó.
—Les daré un consejo de vida —su voz llamó la atención de más de uno de sus seguidores—. Nunca tengan hijos… Bueno, no es que puedan. Serán inmortales el resto de sus cochinas vidas.
Hubo un silencio sepulcral que todos temían romper.
—Si tanto lo odia, mi Lord… ¿Por qué lo tuvo? —preguntó Marco, alzándose los lentes al puente nasal.
—Porque fue accidental, tal y como todas las criaturas que nacen en este mundo —admitió él, un poco pensativo—. Aunque no lo crean, pasé casi dos mil años sin descendencia. Si me casé, fue únicamente para que el poder fuera mío. Una mujer no podía gobernar nuestras tierras. Mi esposa me necesitaba, pero tanto ella como Cedric eran simples piezas de ajedrez en mi juego. Lo lamento por él, es un excelente asesino y guardaespaldas, pero me traicionó y eso no lo perdono ni a mi propia sangre. Al final, su hija terminó cumpliendo con su papel… Basta de charlas, ya hemos llegado.
Todos los vampiros vieron maravillados las grandes estructuras que se alzaban frente a ellos, era una imagen espectacular. Ninguno se imaginó que, algún día, estarían en el mayor cementerio del Antiguo Egipto. Se percataron de que había muchos templos y tumbas, además de la famosa Gran Esfinge y las pirámides más célebres que se construyeron en aquella época.
—Señor, creo que tenemos un problema… —habló Venstar, dudando un poco.
Darkar enarcó una ceja. Volteó a ver a sus demás aliados, dándose cuenta que casi todos tenían la misma expresión.
—¿Qué sucede?
—Hay demasiadas construcciones en este lugar —prosiguió Allen, el único que no lucía tan anonadado como el resto de sus compañeros.
—¿…Y? —inquirió Darkar, como si nada.
—El mapa no dice en qué lugar se encuentra el tesoro —aclaró una preocupada Jeanne—. Tardaremos mucho en encontrarlo, Lord Darkar.
—Se preocupan por nimiedades —negó el rey de los vampiros—. Es verdad, el mapa falló con ese pequeño detalle. Aun así, nos condujo hasta aquí y eso ya es un gran avance. No hay que romperse la cabeza pensando en algo que está muy claro. ¿Cuál es la pirámide más famosa de este lugar?
No le sorprendió ver que ninguno de los suyos lo sabía. Rodó los ojos.
—…No puedo creerlo —susurró, llevándose una mano a las sienes—. Luego de conquistar el mundo, me aseguraré de que reciban clases de historia… En fin, la pirámide más emblemática es la de Keops —les informó, soltando un pequeño suspiro—. Aunque no lo parezca, es la más grande de las tres. Por lo tanto, ¿no les parece el mejor sitio para esconder un objeto tan invaluable?
—Oh, tiene razón. No lo había visto de esa manera —coincidió Meene.
—Pues claro que no. Son demasiado ignorantes para ello —señaló el mayor—. En fin, lo importante es que pronto lo tendré en mis manos… y Cedric será un simple espectador en la destrucción de todo aquello que él dice amar.
Luego de recibir una señal de su líder, Marco le indicó a Miguel Ángel que bajara cerca del monumento mencionado. Darkar contempló con una gran satisfacción la pirámide durante un momento, y se adentró a ella sin dudarlo. Sus secuaces le pisaban los talones, creyendo firmemente en que su jefe pronto lograría lo que tanto anhelaba: un mundo sin mortales.
•❈•
Finalmente, la abuela nos echó a todos del cuarto para así poder realizarles unas curaciones finales a Evolet y a la mujer desconocida, a quien quizás habría que restaurarle la memoria. Una vez que Cedric cerró la puerta, lo vi mirar a Yohmei de manera, cómo decirlo… furiosa.
—Creo que me debes una explicación —dictaminó.
Yohmei suspiró.
—Así es, pero antes… —mi abuelo le dirigió una mirada al pasillo que conectaba con el sótano—. ¿Cómo está Len?
Demás estaba decir que los Tao estaban muy angustiados. Su madre era un mar de lágrimas, y su padre no había quitado esa expresión seria de su rostro.
—Fausto logró detener la hemorragia de su herida… —habló el único faltante en la familia hasta ahora. Ching Tao, abuelo de Len y Jun, había llegado un par de días atrás—. Luego de hacerle una prueba de sangre, se confirmó que se volverá un ser inmortal.
—L-lo siento mucho, señores Tao —se disculpó Pilika, quien aún no dejaba de sollozar. Horo-Horo intentaba calmarla con un abrazo—. Todo es culpa mía. Len intentó protegerme de un vampiro que se me abalanzó encima. No creí que se interpondría por mí. Si no hubiera hecho eso, él estaría aquí en este momento. Debí ser yo y no él…
—No digas eso, Pilika —la detuvo Jun, seguido de una sonrisa—. Mi hermano sólo quería que tú estuvieras bien. Fue un acto muy noble y heroico de su parte. El honor es muy importante en nuestra familia. Estamos muy orgullosos de él.
—Además, Len está con vida —añadió Ran, secándose las mejillas por milésima vez. Al igual que su hija, le sonrió a su futura nuera—. Aunque se vuelva inmortal, seguirá siendo el mismo de siempre. Debemos dejar de llorar por lo sucedido, y mostrarle una enorme sonrisa cuando despierte.
La mujer había tomado de las manos a Pilika para transmitirle confianza. La chica devolvió el gesto, sintiéndose un tanto aliviada. Me pareció una escena familiar muy bonita, mas sería interrumpida por un fuerte carraspeo de parte de Cedric.
—¿Quisieras explicarme por qué hay un demonio sellado en mi hija? —el Blair volvió a dirigirse a mi abuelo, quien ya no tenía escapatoria.
En ese instante, Kino venía saliendo del cuarto y se acercó para quedar junto a su esposo.
—Entendemos tu indignación, Cedric. Desde ya, te ofrecemos disculpas —habló mi abuela—. Fue un accidente.
—¿Un accidente? —repitió él de manera irónica—. ¡Una bestia del infierno vive dentro de ella! ¡Les pedí que la cuidaran, pero no así!
—Kino tiene razón, fue un accidente. Claro está que tuvimos la culpa —explicó Yohmei, alicaído—. Como sabrás, nuestra familia se ha encargado de controlar diversos demonios durante generaciones. Tenemos un área restringida dentro de nuestra propia residencia, en Izumo. Es un lugar peligroso, ya que resguarda varios objetos que son utilizados como contenedores de criaturas poderosas. No sabemos en qué momento ocurrió, pero fue un descuido que hasta hoy seguimos lamentando.
—Evolet se nos escapó por un rato. A lo mejor siguió a algún espíritu o algo así, porque le gustaba mucho jugar con ellos. Cuando nos dimos cuenta, ya era muy tarde. Seguimos pensando que, de alguna manera, el demonio la engañó para que quitara su sello y así liberarlo —relató Kino, cuya expresión no era distinta a la del abuelo—. Con todo el dolor de nuestra alma, tuvimos que encerrarlo dentro de ella y colocarle un sello. Evolet tiene una marca con forma de flor de loto en la nuca. Es el símbolo que representa al demonio Zen Aku.
—Era muy joven, apenas tenía dos años —confesó el abuelo—. Esperábamos que el entrenamiento que había comenzado a recibir por su condición de semi-mortal fuera suficiente para controlar a la bestia. Gracias a los Grandes Espíritus que así fue.
—Pudieron haberlo atrapado en cualquier otro contenedor… ¿Por qué dentro de mi Alyss? —inquirió un dolido Cedric.
—Como ya te dijimos, no teníamos otra alternativa. Si no nos apresurábamos a sellar a Zen Aku, iba a terminar escapando e iba a matarnos a todos, incluyendo a tu hija. No nos importaba morir enfrentándonos a esa bestia, pero no íbamos a permitir que los demás miembros de nuestra familia resultaran heridos… o que tuvieran un destino mucho peor que ese.
—Dado que Evolet tenía su pequeña mente entrenada desde tan corta edad, el demonio no pudo utilizar sus artimañas para hacerle daño. Mentalmente, ella era más fuerte. Por eso sus poderes se redujeron considerablemente, mostrándose como un pequeño gatito… La bestia no tardó en encariñarse con la niña. Ella se veía tan feliz por tener un nuevo amigo, que tuvimos que mentirle. Le dijimos que le habíamos regalado un espíritu acompañante —añadió Yohmei, mirando a mi mentor con cierta culpabilidad.
Parecía que Cedric estaba intentando asimilarlo todo sin explotar. Esperaba que pudiera tomar la explicación con calma. Entendía su desconcierto, pues yo sentía algo parecido.
—No puedo creerlo —musitó Yoh, llamando la atención de los presentes—. Mizu en realidad es un…
—Sí, Yoh. Es un demonio —suspiró Yohmei.
—¡¿…varón?! —continuó él, atónito—. ¡Todo este tiempo creí que era una gatita!
Todos nos fuimos de espaldas al escucharlo. Incluso Cedric parecía sorprendido. Mi gemelo era la única persona en este mundo que podía salir con un comentario como ese en el momento más inoportuno.
—Bueno, yo no puedo creer que sea una entidad maligna —declaré—. Es decir, esa fierecilla tenía algo extraño. Siempre pensé que era un demonio, pero en el sentido figurado… Nunca creí que fuera cierto… Un momento, ¡¿El demonio más poderoso que ha capturado nuestra familia es ese gatito que está ahí?!
—También es el más peligroso —señaló Kino, haciendo una ligera mueca—. Zen Aku era un monje con grandes habilidades, pero su ambición y su trato hacia los seres humanos fueron razón suficiente para condenarlo a vivir como bestia el resto de la eternidad. Yohken Asakura fue quien pudo sellar sus poderes hace seiscientos años con ayuda del rosario de los mil ochenta. Estuvo así hasta que Evolet lo liberó por error.
—No logro entenderlo del todo. ¿El sello se rompió completamente ese día de la pelea con Len? —pregunté, curioso.
—No en su totalidad. Sus poderes o verdadera forma sólo aparecen cuando se produce una grieta considerable en el sello, que es cuando Evolet pierde su paz mental. Por esa razón decidimos que formaría parte de la rama de adivinación, para evitar cualquier percance. Ese arte requiere de muchísima concentración. Eso le ayudó mucho para controlar los poderes de Zen Aku.
Era comprensible que mi compañera perdiera su estabilidad mental, después de todo lo que había pasado. Ahora entendía ciertas cosas, como que Mizu tenía un cuerpo sólido a diferencia de otros espíritus, que incluso duraba más tiempo. Tenían razón, no era enteramente un espíritu… No supe decir por qué no lo vi antes. Incluso durante nuestra pelea con Kurozawa pasó algo insólito. Mizu no había desaparecido cuando el vampiro utilizó aquel estúpido cubo que absorbía el poder espiritual de cualquier shaman.
Se hizo el silencio durante un momento. Cedric soltó un suspiro y les agradeció nuevamente por haber cuidado de su hija. También se disculpó por reaccionar de esa manera, sin antes escuchar su explicación. Los abuelos se mostraron comprensivos, pues sólo estaba preocupado por Evolet. Como cualquier padre lo estaría por su niña.
—¿Podría preguntar algo? —quiso saber Manta. Sabía que todos tenían dudas al respecto, pero sólo él habló—. Volvieron a mencionar el término "semi-mortal". Lyserg tiene razón… Alyss tiene la apariencia de una shaman común y corriente, como nosotros. ¿Cómo puede ser mitad vampiro? ¿Y por qué nunca habíamos escuchado hablar de ellos?
—Eso es porque Darkar se encargó de asesinar personalmente a todos los semi-mortales que existían, justo después de su nacimiento —explicó Cedric. Bajó un poco la mirada. Quizá ni él se esperaba todo lo que su padre había hecho—. No sólo las madres morían por el doloroso parto. Los espías de Darkar lo mantenían al tanto sobre los bebés. Evolet es la única semi-mortal que sigue con vida.
—No puede dejar con vida a niños mitad mortales y mitad vampiros, pero sí está bien convertir a los mortales en vampiros. Eso no tiene sentido —mi gemelo se veía frustrado.
—Exacto, carece de toda lógica —Cedric volvió a suspirar por tercera vez en ese rato—. Es una de las cosas que deseo cambiar, cuando toda esta guerra acabe. Un vampiro puede vivir junto a una humana y tener hijos si así lo desea. Detesto que él no pueda entenderlo.
Debía odiar mucho lo que su padre había hecho, para que se hubiera sincerado de esa forma frente a nosotros. Nadie lo juzgaba, pues tenía razón. Darkar Blair era un ser despreciable que se había encargado de destruirle la vida a muchos.
—¿Y en qué se diferencia, pue'? —indagó Chocolove, rompiendo el silencio que se había formado—. La chamaquita luce igual que cualquiera de nosotros.
—Verás, a Evolet no la tienta la sangre. Tampoco tiene colmillos, y no luce nada pálida —relató Kino, sentándose—. Sin embargo, tiene la fuerza, agilidad, visión y audición de un ser inmortal.
—Al igual que un vampiro, hay cosas que le afectan, pero en menor grado. No sé si han notado que Evolet no puede comer mucho, y cualquier tipo de clima no le afecta, salvo el sol. Puede insolarse muy fácil si está varias horas afuera —al oír las palabras del abuelo, incluso yo me sorprendí por no notar esos detalles.
Ahora entendía por qué usaba esas pulseras y tobilleras tan delgadas. No eran simples accesorios, en realidad se trataba de pesas pequeñas. Eso le ayudaba a disminuir su velocidad y fuerza, por ello las llevaba puestas todo el tiempo… Seguía sin creer que eran los únicos en saber todo esto. Miré de reojo a Anna y me atreví a hacer lo que antes no pude: espiar en su mente. Parecía ser mi día de suerte, pues justo estaba teniendo un pequeño recuerdo referente a mi novia. Desde niña, Anna notaba un particular ímpetu de parte de los abuelos por tener bajo control las habilidades de Evolet. No lo comprendía, hasta que, una noche, oyó a Evolet hablar con murciélagos en una lengua que no entendió. Comprobó que no era del todo humana, y accedió a ayudar a los abuelos a ocultar la verdad. Apenas y se enteró de su relación con los vampiros cuando estos empezaron a aparecer en Tokio… pero era un hecho. Anna también lo sabía y no lo reveló.
—Bueno, hay que decidir qué hacer con respecto a las pirámides —declaró mi mentor.
Me quedé en silencio, pensando en lo que Evolet había dicho. Una reliquia que se encontraba en la Necrópolis de Guiza… o sea, en Egipto. Sabía de la persona ideal para este trabajo.
—Creo que sé quién podría ayudarnos —anuncié, aliviado.
—¿Estás hablando de…? —asentí antes de que Yoh terminara de hablar.
—¿Quién mejor que un egiptólogo de gran renombre para indicarnos el camino que debemos seguir?
—No conocemos a nadie así —replicó Horo-Horo.
Lo miré con cara de pocos amigos.
—Mi abuelo, imbécil.
Quizás, a estas alturas, ninguno recordaba que mi abuelo paterno era todo un especialista en historia del Antiguo Egipto. Decidí hacerle una llamada, sin tomar en cuenta la opinión de papá, y le conté brevemente todo lo que había pasado. Me pareció que sonreía del otro lado de la línea, y me contó que el dichoso papel que funcionaba como mapa no servía del todo, puesto que no daba la ubicación exacta. Me aseguró que lo que buscaba era el Talismán del Espectro Prohibido, el tesoro que se mencionaba en la profecía. Estaba escondido en la Pirámide de Kefren. Como él no podía reunirse con nosotros, me aseguró que enviaría a dos de sus aprendices para que nos dieran indicaciones sobre cómo entrar.
—Tendremos una aventura de película —fantaseó mi hermana menor.
Podía jurar que vi un brillo de emoción en sus ojos.
—Sigue soñando, porque no irás —aseguró Yoh, mirándola con seriedad.
—Tú no eres nadie para decirme qué hacer —se cruzó de brazos, al tiempo en que lo fulminaba con la mirada.
—Yoh tiene razón, Kaos —intervino Nichrom—. Creo que deberíamos ir sólo los hombres… Es mejor que ustedes se queden. Si es como en las películas y ese lugar está repleto de trampas, podría ser peligroso.
—Ese es otro invento de Hollywood —comentó Cedric, rodando los ojos.
Debía seguir indignado por los mitos sobre los vampiros.
—Si usted lo dice —Redseb se encogió de hombros, y dibujó una ligera sonrisa en sus labios—. No se preocupen, yo me quedaré a cuidar de estos bombones.
Anna arqueó una ceja al oírlo decir eso.
—Supongo que está bien. No te hagas ilusiones, porque esta será la única vez que estarás rodeado de tantas mujeres —me burlé.
Todos se echaron a reír, incluyendo mi buen amigo. Sabía que querría vengarse.
—Estoy de acuerdo en eso. Así ayudaremos a cuidar al joven Len —expuso una pensativa Tamao.
—Bueno, ya. ¡Basta de peros! —exclamó Anna al ver que Pilika y Kaoru iban a replicar. No obstante, sonrió de lado—. Así es como será. Las buenas esposas esperan a sus hombres para sonreírles cuando lleguen.
Las chicas no pudieron evitar sonreír levemente. Kaoru pareció aceptarlo, no sin antes exigirnos que le trajéramos algún recuerdo. Mannoko hizo lo mismo con Manta. Ambas juraron que lo lamentaríamos si no les traíamos nada. Era un tanto imposible no poner los ojos en blanco.
Son un par de fastidiosas, pensé.
Acordamos que partiríamos antes del amanecer, así podríamos dormir un par de horas. Yoh y yo nos fuimos directo a nuestra habitación. Me puse a pensar en lo sucedido. Ahora sabía que Cedric era el padre de mi novia. No supe qué cara tenía, hasta que mi gemelo comenzó a hablar.
—Era un poco evidente, ¿sabes?
—No puedo creer que lo supiste todo este tiempo —le reclamé, indignado.
—Te ibas a negar a creerme si te lo decía. Detestas al hombre desde que llegó —enarcó una ceja ante mi notable molestia—. Te equivocaste al desconfiar de él. Sí estaba interesado en ella, pero no de la forma en que creías.
…
—Soy tu gemelo. No puedes ocultarme que en algún momento sentiste celos —suavizó su semblante—. Cedric la mira con cariño, pero es la misma mirada que papá tiene con Kaoru.
—Sí, ahora lo sé —admití con pesar—. Tenías razón, no es un mal tipo. Nos ha ayudado muchísimo. No volveré a dudar de él, te lo prometo.
—Más te vale, porque es tu futuro suegro —comentó, divertido.
…Oh, por todos los… ¡Era verdad! Solté un suspiro y viré los ojos al escucharlo reír. Apagué la luz, deseándole buenas noches. Cuando ya estaba cómodo en mi cama, me di cuenta de lo cansado que estaba. Noté que empezaba a sentir muy pesados los párpados. Estuve a punto de quedarme dormido, pero cierto pensamiento hizo que mi sueño desapareciera. Una vez más, había utilizado mi Reishi de forma involuntaria.
Hao…, escuché una voz muy familiar en mi cabeza. Ven, por favor.
Sentí que se me estrujó el corazón al oír esa voz quebrada. Podía sentir el mismo malestar que estaba atormentando a Evolet en este momento. Volteé a ver a mi reloj, el cual señalaba que eran pasadas las doce. No dudé en ponerme de pie.
—Lo siento, no quise despertarte —me disculpé entre susurros al ver que Yoh abrió ligeramente los ojos—. Creo que Evolet me necesita.
—No son necesarias las explicaciones, hermano. Si quieres tener una noche de travesuras con ella, adelante.
—¡¿Qué mierdas estás diciendo?! —exclamé en voz baja.
Tomé mi almohada y golpeé con ella a Yoh, quien se echó a reír por lo bajo. A mí también se me escapó una sonrisa. Mi hermano era increíble, nunca esperé un comentario así viniendo de él. Salí de mi cuarto para dirigirme al de mi novia. Me sentía muy nervioso, pues jamás la había notado tan aterrada, nerviosa y… culpable. Abrí la puerta con cuidado, encontrándome con una imagen alarmante. Evolet no se encontraba en su cama, ni por ninguna otra parte del cuarto. Miré en todas partes, pero no estaba. Finalmente, noté algo en particular. Detrás de la puerta de blíndex que daba al balcón, Mizu estaba flotando en el aire y viendo hacia una esquina. Me acerqué con cuidado y abrí la puerta corrediza. El gatito me miró y señaló con una de sus orejas hacia donde anteriormente veía. Ahí, en una esquina y acurrucada en sí misma, estaba Evolet.
—Oye, ¿Qué haces ahí? —me hinqué para quedar a su altura.
Tenía sus rodillas abrazadas y su cara oculta en ellas.
—…Es mi culpa —si aún fuera humano, estaba casi seguro de que no la habría escuchado, pues habló muy bajito.
Terminé por sentarme a su lado y pasé un brazo por sus hombros. Ella dejó de abrazar sus rodillas para abrazarme de regreso. Hice una mueca, pues me dolía verla tan… apagada.
—Tú no tienes la culpa de nada —susurré, secando sus lágrimas con suavidad.
Evolet soltó un pequeño suspiro. Estaba despeinada, tenía los ojos y la punta de la nariz completamente rojos, y supuse que debió estar llorando desde hace un buen rato.
—Cuanto me he equivocado. No debí creer en él… Tuve que habértelo confiado. Soy realmente estúpida.
—No digas eso —la regañé con dulzura—. El único culpable de todo es Darkar. Mira, no hará ninguna diferencia que tenga el talismán o no. De alguna manera, buscará cómo destruirlo todo… Por eso debemos enfrentarlo cuando llegue el momento. Los chicos y yo partiremos a Egipto para encontrar el amuleto. Él no sabe la ubicación precisa del talismán. Lo conseguiremos antes que él.
—En verdad lo siento —me tomó de las manos con suavidad. Pude percibir que aún temblaba—. Entenderé si dejé de gustarte por todo lo que sabes ahora.
—¿…Es una broma? —pregunté, divertido. Le sonreí cálidamente, así terminaría de calmarse—. Fue muy difícil llegar hasta aquí, ni creas que te dejaré ir —logré que dejara escapar una risita—. Hablando en serio, por muchos lazos de sangre que tengan él y tú, eso no tiene nada que ver con lo que siento por ti. Eres muy distinta a él y eso es lo que cuenta, Evolet.
Ella se mostró enternecida por mis palabras.
—Evolet… Ni siquiera puedo creer que ese tampoco sea mi nombre —confesó, todavía un poquito descolocada.
—¿…Quisieras que te llame 'Alyss'?
—No —me cortó casi al instante—. Aún es muy reciente —susurró, apartando su mirada de la mía—. No sé qué pensar sobre esto. Mi padre estuvo con vida todo el tiempo. Estuvo viviendo aquí, y no pensaba decírmelo.
—Debió tener sus motivos —intenté hacerla entrar en razón—. Tal vez aún no sepamos por qué lo hizo, pero seguro pensó que era lo mejor para ti. Los padres siempre quieren proteger a sus hijos. Quizá lo hizo para mantenerte a salvo.
Aproveché que no dijo nada al respecto para ayudarla a pararse y volver dentro de su cuarto. Por suerte, tenía todo el torso vendado. Una vez que se acomodó, me senté a su lado y me dejé caer contra el respaldo de la cama.
—Si hay alguien que debe disculparse, soy yo —fingí una sonrisa—. Estuve tan confundido por todo esto, que a lo mejor pensaste cualquier cosa. También me siento mal por no haber llegado a tiempo. Pudieron matarte… o peor, Allen pudo haberte apartado de mí.
—No hay nada que perdonar —afirmó con una pequeña sonrisa. Me acarició la mejilla con ternura—, pero si te pediré una cosa. Supongo que estás aquí por tu Reishi… Es la única forma en la que pudiste darte cuenta de que te necesitaba.
—Lo siento —me disculpé, soltando una risita—. Lo usé inconscientemente.
—Lo sé. Por favor, no lo uses conmigo —me pidió, mirándome a los ojos. Me vi reflejado en sus enormes orbes dorados—, por respeto a mi privacidad. Si hay algo que tengas que saber, no dudaré en decírtelo. Puedes usarlo si hay alguna emergencia o si tu habilidad se activa inconscientemente. Si es así, lo entenderé.
—Está bien. Tendré más cuidado —acepté, separándome un poco—. Bueno, te dejaré descansar. Es muy tarde y tienes que permanecer en reposo.
Intenté levantarme, pero ella me lo impidió. Me tomó de las manos con dulzura. Sus ojos brillaban un poco, como si estuviera implorándome que me quedara.
—No te vayas —me pidió con voz queda—. No quiero volver a soñar con Darkar. Fue tan real que no creo poder dormir si está acosándome hasta en mis sueños. Estar contigo me hará sentir más tranquila —admitió, bajando la mirada—. Tu presencia me llena de paz.
…No supe cómo lo hacía, pero era imposible negarme con esos ojitos, o quizás era el hecho de que la quería mucho. Jamás creí sentir por alguien lo que sentía por ella, pero no lo veía como algo malo. Al contrario, creí que Evolet, de alguna manera, me transmitía un poco de su calidez.
—Tú ganas. Me quedaré un rato más —le sonreí.
Ella me devolvió el gesto. A pesar de ello, noté que la alegría no se reflejaba en sus ojos. Aún se sentía terrible, y la entendía. Busqué con la mirada algo que me ayudara a animarla, mas no había nada. De repente, vi algo que se me hizo muy curioso. Parecía un calcetín celeste que tenía pegados unos ojitos, y estaba ahí colgado de la camita de Mizu… Eso me dio una idea. Me levanté de la cama con cuidado. La vi muy triste por un momento, pero su mirada cambió a una curiosa cuando me vio acercarme a la camita. Notó que tomé el calcetín y me lo puse en la mano.
—¡Te presento a tu nuevo amigo! —exclamé, acostándome de nuevo a su lado y mostrándole la marioneta con los ojitos móviles.
Ella parpadeó, confundida.
—Él es Sockie —lo presenté. Acerqué mi mano hasta ella para que el títere le diera un besito en la mejilla—. Dice que nunca ha visto a alguien tan bonita como tú. Creo que hasta estoy empezando a sentirme celoso —bromeé.
Tanto Evolet como Mizu se me quedaron viendo con ligero espanto, aunque el felino me veía más como si estuviera haciendo algo realmente tonto. Me sentí algo estúpido por la inesperada reacción de mi chica. Pensé que iba a gustarle, pero parecía que estaba pasando la peor vergüenza de mi vida. Estuve a punto de disculparme por hacer el ridículo cuando Mizu saltó sobre mí, quitándome el calcetín y llevándoselo a su camita. Empezó a morderlo y sacudirlo con violencia. Evolet se echó a reír por la escena, e incluso tuvo que cubrirse la boca para no despertar a nadie con sus carcajadas. Sonreí, feliz por haber devuelto la alegría a su rostro.
—Creo que debí mencionarlo, Mizu es altamente celoso con sus juguetes —me miró con ternura—. Eso fue adorable… Gracias, Hao. Siempre estás pendiente de lo que sucede conmigo. Eres el mejor novio del mundo.
—Tú también lo eres para mí. Siempre le agradeceré a los Grandes Espíritus por haberte puesto en mi camino.
Finalmente sonrió de manera abierta, y no pude contenerme más. Me acerqué a ella para poder capturar sus labios en un dulce beso. Evolet no tardó en seguir y corresponderme los besos y las caricias con el mismo cariño, soltando pequeños suspiros cuando bajé mis manos hacia su cintura. Solté un ligero gemido cuando su lengua se abrió paso al interior de mi boca. Era una acción que no esperaba, pero me había encantado. Acabé por colocarme sobre ella, sintiendo que una de sus manos se colaba hacia mi nuca. Intenté mantener la cordura, pues debía tener cuidado para no lastimarla con mis colmillos. A ella no parecía importarle este hecho, ya que sus manos se cerraron alrededor de mi cuello para acercar más nuestros cuerpos… Amaba estar así, perdido en esos labios. No obstante, un movimiento un poco brusco acabó por delatarla. Tal vez estaba presionándola contra la cama y eso lastimó su espalda, porque ahogó un gemido doloroso en mi boca. Terminé por separarme a regañadientes.
—Lo siento —me disculpé, preocupado—. ¿Te dolió?
—N-no te preocupes, no fuiste tú —me susurró. Su pecho subía y bajaba por la falta de aire—. Sólo nos emocionamos un poco.
Reí por lo bajo, y Evolet me imitó. Me alegraba que disfrutara tanto de nuestros momentos románticos, como yo. Nos pusimos a charlar por un rato, narrando anécdotas divertidas de nuestra niñez. Muchas de ellas involucraban a Mizu, quien tenía un humor de perros con los desconocidos. Volteé a ver al espíritu, quien me miraba con curiosidad y alivio. No sabía si estaba en lo correcto, pero presentía que mi relación con ese felino cambiaría considerablemente de ahora en adelante.
—No quisiera que te fueras —confesó Evolet, después de un rato, abrazándome como si temiera perderme—. Prométeme que te cuidarás mucho.
Me conmovió ese gesto. Yo tampoco quería dejarla sola en Persia, mientras me embarcaba en esa travesía rumbo a Egipto para buscar el talismán. Quería estar a su lado, cuidándola todo el tiempo.
—Lo haré, y espero que tú también te cuides mucho —le pedí, dándole un besito en la frente—. Quisiera verte recuperada cuando regrese.
Estuvimos hablando por lo que creí que fueron horas. No importaban las horas, minutos o segundos… a veces me parecía que el tiempo pasaba volando a su lado. Me habría gustado estar un rato más con ella, pero se acercaba la hora de irme. Me levanté de la cama con cierto pesar. Solté un suspiro al notar que se había quedado dormida… Creí que podría acostumbrarme a dormir con ella.
—Hao… —susurró en sueños. Sonreí al verla así—. Te quiero.
La sonrisa se me borró y no pude evitar sorprenderme. Estaba en un dilema, ya que nunca pensé que llegaría el momento de decirlo en voz alta. Era una suerte que estuviera dormida, y no pudiera responderle. El Espíritu del Fuego me trajo a la realidad, jalándome del brazo. Tenía que irme para prepararme para el viaje. Abrí la puerta muy despacio para no despertarla, y le eché una última mirada a mi compañera. Mizu me miró con algo muy parecido a gratitud. Sonreí de lado, dirigiéndome a la cocina.
•❈•
Yoh Asakura
Seguía riéndome desde que Hao cerró la puerta tras de sí, dejándome solo. Me encantaba molestar a mi hermano. Era una extraña manía que teníamos los dos; la de bromear entre nosotros cada cierto rato. Terminé decidiendo que volvería a acostarme en mi cama, dudando en volver a dormir. Todo lo que había ocurrido hoy fue… demasiado. Fueron tantas verdades dichas al mismo tiempo. No sabía qué pensar, pero si alguna vez creí que mi familia tenía la historia más densa, claramente me había equivocado. Ni siquiera me atrevía a imaginar lo que debía sentir la pobre Evolet, quien hasta podría tener una crisis de identidad. Justo fue a toparse con la persona que no iba a ser nada delicado al contarle todo: el mismo Darkar. ¿Quién iba a imaginar que estarían enlazados por sangre? Igual podía apostar que no le había dicho toda la verdad, o quizás, no como Cedric nos la contó a nosotros. Me gustaría saber más, pero sabía que no era la persona indicada para preguntar al respecto. Llegué a pensar que tal vez Anna sabría más que yo. Sólo esperaba que ella o mi hermano hicieran sentir mejor a Evolet. A lo mejor, ese problema no se solucionaría pronto, pero sus heridas terminarían por sanar… Eventualmente.
Mientras pensaba en ello, tocaron la puerta con suavidad. Me levanté para poder abrirla, y no pude evitar pensar que tenía una extraña habilidad para invocar a la gente con el pensamiento. Anna se encontraba parada frente a la puerta, y noté que tenía una expresión difícil de descifrar. Me hice a un lado para dejarla pasar.
—Disculpa si te desperté.
—No te preocupes —la tranquilicé con una sonrisa—. De hecho, fue Hao quien lo hizo.
Ella se echó a reír suavemente, aunque su risa murió a los pocos segundos. El semblante que traía volvió a hacer acto de presencia. Acerqué una de mis manos a su rostro para acariciarlo con ternura, llamando su atención.
—…Tengo miedo, Yoh —confesó—. Sé que lo hice parecer de otra forma hace unas horas, pero no me siento nada tranquila. Prométeme que te cuidarás.
—Descuida, resolveremos este enigma como lo haría Indiana Jones —bromeé, provocando que me diera un golpe en el brazo que me habría dolido si no fuera vampiro—. Intenta no ser tan paranoica. Eso déjaselo a Tamao… o a Hao. Hay muchas cosas que le preocupan más que su vida.
—¿Hablas de Evolet? —preguntó, enarcando una ceja.
—¿Tú también lo notaste?
—Tu hermano es pésimo ocultando sus emociones, sólo espero que no sea un idiota y la haga sentir mejor. Esa es su prioridad ahora —comentó, ligeramente preocupada.
—No dudo de las habilidades de mi gemelo. En este momento, Evolet debe estar rendida a sus pies… Así como tú lo estarás conmigo.
—Sigue soñando, Asakura.
Nos reímos en silencio. Tenía tanta suerte de que Anna no me estrangulara por mis comentarios, como lo haría con la mayoría. Era muy distinta cuando estaba conmigo… bueno, casi siempre. Supuse que se debía al amor que nos teníamos. No me cansaba de ver ese lado tan especial, era algo que amaba de ella. Nos habíamos sentado en la cama, y estuvimos callados unos momentos. Estaba tan concentrado en mis pensamientos, que mi novia tuvo que traerme a la realidad. Me sorprendí al verla recostarse sobre mi pecho.
—¿Crees que podamos pasar la noche juntos? —preguntó en un susurro. Alzó su mirada y la conectó con la mía. No pude evitar perderme en sus ojos—. Sería difícil descansar sabiendo que partirás en unas horas. Me sentiría más tranquila si puedo estar a tu lado, al menos por un rato.
—Me encantaría que te quedaras —accedí, completamente feliz—. No necesitas preguntarlo, Anna.
Nos tumbamos en la cama, sin dejar de abrazarnos. Amaba cada momento que pasaba con ella. Tal vez no se lo dijera todo el tiempo, pero ella también actuaba como un bálsamo para mí. Toda esta situación me ponía algo nervioso. El viaje de mañana podría ser crucial para la guerra que estaba a punto de iniciar. Se definiría parcialmente al ganador. No sabíamos con exactitud cómo funcionaba el talismán, pero tampoco podíamos darnos el lujo de que Darkar fuera el primero en conseguirlo. Teníamos que impedir que sucediera a toda costa.
—Yoh… —bajé la mirada, prestándole atención—. ¿Sabes? Pronto cumpliremos nueve meses de noviazgo.
—Tienes razón —sonreí. A pesar de todo lo que estaba sucediendo, atesoraba los momentos que pasábamos juntos—. ¿Quieres hacer algo especial ese día? No solemos celebrarlo cada mes.
—Lo sé, te pedí que fuera así porque no me parece necesario contar los meses que han pasado. Creo que lo que más importa son los bellos momentos que nos tocan vivir —opinó ella, devolviéndome el gesto—, pero… no sé qué sucederá en esta guerra. Por eso consideré que podíamos celebrarlo en esta ocasión.
—Me parece una excelente idea —coincidí—. Será dentro de siete días. ¿Tienes algo en mente o quieres improvisar?
Mi prometida pareció pensarlo un momento, así que hice lo mismo. Si ella quería festejar esa fecha, haría lo necesario para que fuera muy especial para ambos. Pensé en ir al cine, pero en la aldea no había ningún establecimiento de ese tipo. Un viaje en globo aerostático también sonaba genial, aunque no sabía dónde iba a conseguir una aeronave así. Los apaches podían ofrecer varias cosas, pero no así lo que tenía en mente. Era una lástima.
—¿Qué tal si vamos a la cueva que está en las afueras? —propuso Anna.
—¿…Una cueva?
—Sí, hay una cueva que no está muy lejos. Tiene una laguna preciosa dentro y se ve mucho mejor en la noche. Podríamos cenar los dos, y luego bañarnos ahí —dio una pequeña explicación detallada, sorprendiéndome.
No sabía de la existencia de esa caverna. Se escuchaba muy bonita… pero en ese lapso de tiempo, mi mente estaba analizando otra cosa.
—¿Estás insinuando que estaremos tú y yo, desnudos, dentro del agua?
Las mejillas de Anna enrojecieron violentamente al darse cuenta de lo que había dicho. No pude evitar soltar una risotada. Ella me golpeó en un costado para que me callara. Trató de mostrarse enfadada, pero una pequeña sonrisa la delató.
—Cállate. Despertarás a alguien —quiso silenciarme.
Tenía razón, pero era imposible no reír. Jamás esperé que me insinuaría darnos un baño juntos… y mucho menos que lo hiciera casi sin darse cuenta.
—Debo traerte muy loca, como para que no estés consciente de lo que dices —comenté con un tono de voz divertido.
—Probablemente tengas razón —aceptó, poniendo los ojos en blanco.
De repente, hizo algo que me tomó por sorpresa. Aprisionó mis brazos con sus manos, a la vez que se colocaba encima de mí. Jadeé, anonadado. ¿Qué estaba haciendo…?
—Desde que te conocí, supe lo que era amar a alguien de verdad —susurró ella, recorriendo mi brazo con sus dedos—. Jamás pensé llegar a sentir algo así por ti, pero no me arrepiento de ello. Me encanta ser tu novia y futura esposa, Yoh.
Me tomó de la barbilla para alzar mi rostro. Noté que estaba sonrojada y tenía los labios ligeramente entreabiertos. Esa imagen me hizo temblar. Se veía tan hermosa estando encima de mí… No sabía si podría resistirlo más. Sin embargo, ella se encargó de responder a mi pregunta con su siguiente movimiento. Cerré los ojos al sentir sus labios presionando los míos. Le devolví la acción, besándola con ternura. Nuestros labios se movían con delicadeza, teniendo cuidado de no lastimar al otro. Mis manos recorrieron sus piernas con lentitud. Mi novia soltó un gemido, estremeciéndose con el acto.
—Te amo —musité, separándome unos centímetros de ella.
—Yo también te amo —susurró.
Volví a unir mis labios con los suyos, pero esta vez parecían danzar a un ritmo que desconocía. Era increíble que Anna provocara que mi cuerpo reaccionara de esa manera. Levantó mi camiseta levemente para meter sus manos debajo de ella. Solté un suspiro, deseando que no se detuviera por nada del mundo. Ahí noté que, poco a poco, fue quitándome dicha prenda, dejando mi pecho desnudo. Ella se distrajo, deleitándose con la imagen que sus ojos le mostraban. Sonreí al notarlo, y ella me imitó.
—¿Te gusta lo que ves?
—Mucho —asintió, causando que riera por lo bajo.
—Por favor, Annita. Tampoco tengo el cuerpo de un atleta.
—Tal vez, pero no me importa. Eres perfecto, así como estás —admitió.
Creí que me susurraría algo cuando se acercó a mi oído, pero esa acción nunca la esperé. Me dio un corto beso en el lóbulo de la oreja, para luego morderlo un poco. Un gemido se escapó de mi garganta, y la escuché reír. Regresó su mirada a mi rostro para besarnos por tercera vez esa noche. Me sentí egoísta al pensar esto, pero daba gracias a los Grandes Espíritus por permitir que ambos fuéramos inmortales, ya que el oxígeno no impedía que nos besáramos con frenesí. Ahora era mi turno de recorrer la blanquecina piel de su espalda. Detuve mis manos al llegar al broche de su sostén. Mis manos juguetearon un poco con él, hasta que lo abrieron de par en par. Anna se sobresaltó, apartándose un poco de mí. Alcé la mirada, viendo su expresión de desconcierto.
—Lo siento, me dejé llevar —me disculpé, sintiéndome torpe—. Debí preguntarte antes de hacerlo.
—No es eso… Me encanta sentir tus manos sobre mi piel —confesó, susurrando a unos centímetros de mis labios—. Me haces sentir muy especial, pero creo que nunca habíamos llegado tan lejos.
Me mantuve en silencio, esperando su respuesta antes de continuar.
—…No me siento preparada.
—Ahora que lo mencionas, creo que yo tampoco —me sinceré.
Me sentía patético. En la escuela había muchos chicos que se jactaban de haber tenido sexo con sus novias. ¿Por qué no podía hacerlo? ¿Por qué tenía que ser dueño de movimientos tan desastrosos? …Era verdad que era la primera vez en que casi lo hacíamos. Aun así, no podía evitar sentirme frustrado. Esperaba que Anna no pensara que era un idiota, o que corriera a los brazos de otro chico por lo decepcionada que estaba.
—¿Cómo siquiera lo piensas? —me regañó, frunciendo levemente el ceño. Hizo un movimiento para colocarse el sostén de nuevo y se apartó para pasarme mi camiseta, la cual no teníamos ni idea de dónde había caído—. Te he dicho que no es por ti, sólo creo que aún es muy pronto. Tal vez podamos intentarlo en otra situación más… no sé… ¿especial?
Acepté su petición, pues no podía negarme. Solté un suspiro, regañándome por olvidar su Reishi. Esperaba no haberla hecho sentir mal con mis pensamientos. ¿Cuándo dejaría de ser tan inseguro? Por desgracia, no tenía una respuesta a esa incógnita. Me disculpé nuevamente con ella, dándole un corto beso en sus labios. Mi prometida acarició mi rostro por última vez antes de colocarse la blusa, y luego salió de mi habitación.
Ojalá pudiera embriagarme y olvidar lo que pasó, pensé, decaído.
¿Y ahora qué hiciste, hermanito?, inquirió mi querido gemelo con tono burlesco.
…Estuve a punto de hacerlo con Anna y creo que lo arruiné.
Quizás esa había sido demasiada información para mi hermano. Pensé que se pondría a regañarme porque no quería saber nada sobre mis 'asuntos' con Anna, pero salió con un comentario que me sorprendió en demasía.
Si te hace sentir mejor, Evolet confesó que me quería y no supe qué rayos decir. Por suerte, me lo dijo estando dormida. No quería que se tomara a mal mi falta de respuesta. Es que, no sé qué responder… Sé que también la quiero, pero no me siento con las fuerzas para decírselo tan abiertamente.
No pude evitar soltar una ligera risa.
Creo que nadie envidiaría nuestra suerte, Hao, suspiré, dejándome caer en la cama de nuevo.
Opino igual, aunque sería genial pasarle esta suerte de mierda a alguien más.
Sonreí de lado, levantándome. No ganaría nada lamentando mi suerte. Me puse los zapatos y me dirigí a la cocina, donde mi gemelo me esperaba. Ocupamos los esfuerzos en alistar las raciones de sangre que llevaríamos al viaje. Aunque nos encontrábamos cerca de Egipto, el viaje sería agotador. Probablemente, ese día se definiría quién tendría la ventaja en esta terrible guerra.
•❈•
Como no había dormido casi nada, iba cabeceando por momentos. El viento que me daba en el rostro ayudaba a que no sucumbiera ante el sueño. Estábamos camino a Guiza, montados sobre el Espíritu del Fuego. Sabía que más de uno ahí estaba nervioso, y era completamente entendible. Nadie sabía si saldría vivo de esta. Incluso me daba miedo usar el Uranai para saber lo que pasaría. Decidí dejarlo en manos de los Grandes Espíritus. Quise ser positivo, pero eso no logró convencerme de que todo saldría bien.
—¡¿Quieres dejar de hacer eso?!
El grito de Horo me sacó del letargo. Volteé a ver para conocer el motivo de su molestia. Apenas noté que, desde que salimos, Hao tenía mala cara y estuvo gruñendo durante casi todo el camino, pero me dediqué a ignorarlo simplemente.
—Estás así desde que llamaste a tu abuelo —soltó Manta—. ¿Qué sucedió?
Mi hermano resopló.
—Nada grave… Sólo me contestó la estúpida sirvienta que trabaja en casa del abuelo —indicó, entrecerrando los ojos—. Esa mujer me detesta. Cambié mi tono de voz para que no me reconociera, pero no funcionó y me colgó. Ni siquiera sé qué fue lo que le hice para que me trate así.
—Quizá le fastidia el hecho de que existas —opinó Nichrom con una sonrisa de burla.
Oí que alguien se aguantó una risa y noté, por sobre mi hombro, que se trataba de Cedric.
—Qué gracioso —comentó Hao, virando los ojos.
Noté que tenía intenciones de decirle unas cuantas cosas a Cedric, pero se las guardó para sí mismo. No tuve que pensar mucho el motivo. Hao era consciente de que estaba tratando con el padre de su novia… por ende, las cosas habían cambiado. Cedric pareció notar sus acciones, y esto le divirtió más.
—Espero que tu abuelo realmente sepa en cuál de las tres pirámides está lo que buscamos —pronunció Lyserg—. Ya son lo bastante grandes como para entrar en la incorrecta.
—Mi abuelo ha dedicado casi toda su vida a estudiar todo lo relacionado con el Antiguo Egipto —repitió Hao, intentando no perder la paciencia—. Está seguro de su ubicación exacta, así que confíen en él… y esperemos que Darkar haya entrado a otra pirámide.
De pronto, el paisaje comenzó a cambiar. La sorpresa se reflejó en cada uno de nuestros rostros ante la gran arquitectura antigua que se alzaba en frente. Todos estaban un tanto aturdidos, menos Hao.
—¿…Qué? Es la séptima vez que vengo a este lugar —reveló él, encogiéndose de hombros—. Ya no me sorprende.
Mi gemelo había comentado más de una vez que solía visitar Egipto desde los ocho años, en vacaciones de verano.
—Ah, miren —señaló Hao, viendo hacia abajo—. Ahí están.
Le indicó a su espíritu acompañante que aterrizara cerca de la entrada de una de las pirámides. Ahí pudimos notar a dos personas que nos esperaban. Fue una gran sorpresa encontrarnos con Anatel y su hermano menor, Anahol.
—…No pensamos que ustedes serían nuestros guías —musitó un atónito Horo-Horo.
Anatel formaba parte de la Rebelión, por esa razón nos sorprendía verlo ahí. No entendimos cómo le había hecho para llegar tan rápido. El abuelo debió haberlo contactado para ponerlo al tanto de todo.
—No esperábamos verlos aquí hasta dentro de un par de horas —soltó Anahol, viendo fascinado al Espíritu del Fuego.
—Mi bello hermano y yo creímos que nos cansaríamos de tanto esperarlos —expuso el mayor, contemplando su apariencia en un pequeño charco que había cerca.
Me aguanté una risa. Casi había olvidado que la mayor parte de la Rebelión no los toleraba por tener un "complejo de Adonis", como lo llamaba mi hermana.
—Vayamos al punto, pue' —pidió Chocolove, haciendo una seña con las manos.
—Como sabrán, estas son las tumbas de los antiguos reyes egipcios —comenzó Anatel, señalando las tres pirámides que había en la zona—. En su interior están almacenados muchísimos tesoros y secretos. Los faraones estaban conscientes de que, algún día, sus tumbas serían profanadas por extraños. Por ello, exigieron a los encargados de su construcción que colocaran una serie de trampas en su interior. De esa forma, lograrían detener a los que se atrevieran a interrumpir su descanso.
—¿…Hay trampas ahí dentro? —repitió Nichrom, sin poder creerlo.
—Deberán tener mucho cuidado al momento de entrar en ella. Cualquier pisada podría ser letal para ustedes.
…
—Tienen que estar bromeando —Horo se negaba a creerles—. Creí que estas cosas sólo pasaban en las películas.
—Está bien, les creo —declaré, ganándome la atención de mis amigos—. Son aprendices del abuelo. Si él confía en ellos, deberíamos hacer lo mismo.
—¿Crees en nosotros? —musitó uno de ellos, tomándome de las manos—. ¡Qué agradable sujeto!
—Tú ganas, Yoh —aceptó Manta—. ¿Qué hay que hacer?
Luego de oír todas las instrucciones y advertencias, decidimos adentrarnos a la pirámide. Como el lugar era enorme y no sabíamos dónde podría estar cada una de las trampas, era muy probable que tardáramos días en encontrar el supuesto tesoro. Después de bajar un tramo de gradas, fuimos recibidos por un letrero que estaba junto a una gran puerta. Supuse que era algún tipo de advertencia, pero ninguno entendió lo que estaba escrito.
—Parece ser latín —Cedric observó una de las líneas—. Las escrituras son tan antiguas que está casi borrado.
—¿Alcanzas a entender algo? —quiso saber Hao.
—"Quien ose entrar a la tumba del faraón Kefren, se enfrentará a un abismo de muerte. Regresa por donde viniste si deseas conservar tu vida".
—…No deben ser muy amistosos por aquí —musitó Manta, nervioso.
—¿Tú crees? —respondió Nichrom, probablemente sintiéndose igual.
Solté un suspiro antes de avanzar hacia la puerta. Ni siquiera pude acercarme lo suficiente a ella cuando se abrió por sí sola. Nos miramos con cierta confusión. Era obvio que no sabíamos lo que nos esperaba, pero ya habíamos llegado hasta ahí. Dar marcha atrás no era una opción… mucho menos sabiendo que Darkar estaba involucrado. Una vez que cruzamos la puerta, esta se cerró tras nosotros, quedando todo a oscuras. Los que éramos inmortales logramos ver un poco en la penumbra, pero Manta y Lyserg no lo hacían. Pudimos improvisar un par de antorchas con los materiales que habíamos empacado para el viaje. Estando ya iluminado el lugar, quedamos maravillados por lo que vimos. Las paredes tenían una decoración increíble. Por lo visto, habían utilizado láminas de oro muy finas para estampar los diversos jeroglíficos que estaban sobre ellas. Algunas de las figuras me hacían pensar que eran como advertencias. Sin embargo, ni siquiera Cedric entendía ese tipo de escritura. Resignados, continuamos avanzando por el estrecho pasillo. Mi gemelo y yo íbamos a la delantera, con Chocolove, Lyserg, Manta, Horo y Nichrom siguiéndonos. Cedric iba detrás de nosotros, por si había algún peligro. No podíamos asegurar que nos fueran a emboscar estando dentro de un pasillo, pero teníamos que ser precavidos.
—Espero que ninguno sea claustrofóbico —la voz de Cedric me sobresaltó—. Porque no tenemos más opción que atravesar este pasadizo.
—Mientras las paredes no empiecen a moverse y nos aplasten, no hay problema —musitó Lyserg.
—¡Oye! ¡No es momento para chistes, pue'! —replicó Chocolove, quien tuvo que sostenerse de la pared al casi tropezar con una roca.
Nos detuvimos cuando se oyó un sonido extraño viniendo desde adentro, como si estuvieran… desplazándose.
—¡¿Por qué metes la mano donde no debes?! —regañó mi furioso hermano.
—¡Corran! —exclamé.
Sin pensarlo, cargué a Manta sobre mis hombros para luego echarme a correr. Cedric tuvo que hacer lo mismo con Lyserg en su espalda. Escapamos a toda velocidad por la única dirección que marcaba el pasillo. Me alivié al ver una luz al final del túnel. Fue una de las pocas veces en que agradecía ser un vampiro. Pudimos salir antes de que los muros se cerraran gracias a nuestra velocidad. Estaba contento de ver que todos estábamos a salvo.
—No vuelvan a tocar nada —nos advirtió nuestro mentor, poniendo mala cara y viéndonos con ligera amenaza.
—Casi haces que nos aplasten, moreno —se quejó Horo-Horo, sacudiéndose el polvo de los pantalones.
—Ya mero, sólo fue un accidente —contestó el shaman del afro.
—Considerando que cualquier "accidente" podría matarnos, evítalos —gruñó un fastidiado Hao.
Miré a mi alrededor, y al menos me sentía aliviado de que esa habitación fuera más grande que el pasillo que estuvo a punto de aplastarnos. También estaba más iluminada que el tramo anterior. Aun así, no apagamos nuestras antorchas en ningún momento. Continuamos avanzando por bastante tiempo… y nada más había vuelto a pasar, de momento. Podría jurar que había pasado varias horas, puesto que ya empezaba a sentirme un poco cansado. Mi cuerpo comenzaba a sufrir los efectos de no haber dormido nada en la madrugada. Era probable que Hao también se sintiera así, pero no se quejó al respecto. Lo más importante era llegar al final de ese camino plagado de obstáculos.
—¿Y ahora qué sigue? —quise saber.
Fue entonces cuando Cedric se detuvo de golpe y la mayoría chocó contra él. Lo miramos con confusión, pero luego nos dimos cuenta que estaba viendo algo frente a él. Pude jurar que Manta palideció al notar que casi caímos por un gran precipicio. Me asomé para notar que era una fosa en cuyo fondo se encontraban muchas cobras egipcias que se arrastraban en la árida tierra. Los silbidos que emitían sólo nos pusieron más nerviosos.
—¿Cómo se supone que lleguemos al otro lado?
Nichrom tenía razón, no parecía haber nada que nos ayudara a llegar hasta ahí. No había troncos, ni cuerdas. Sentí que Manta me jaloneó de la manga y señaló hacia arriba. Notamos que unos finos aros fabricados de oro colgaban del techo. Se veían lo bastante resistentes como para que aguantaran nuestro peso. Sólo era cuestión de sujetarlos bien, para no caer al vacío.
—No se ven tan malitas —Chocolove trató de restarle importancia al asunto, encogiéndose de hombros—. Somos vampiros, su veneno no nos hará nada.
—…Lyserg y yo aún somos mortales, tonto —lo contradijo Manta, sobándose las sienes. Soltó un suspiro, tornando el gesto a uno triste—. Además, yo ni siquiera alcanzo esos aros.
—No te preocupes, Manta. Para eso estoy yo —lo animé con una sonrisa.
Volví a cargar a mi amigo de baja estatura sobre mis hombros. Di un salto para alcanzar los aros, los cuales se balancearon un poco cuando me colgué de ellos. Sentí que Manta se sujetó mejor, agarrando mi cabeza con sus manos. Me moví a través de las argollas, intentando no mirar hacia la fosa. Una vez que ya había atravesado el precipicio, me dejé caer al piso. Manta se bajó de mis hombros, pues estaba asustado.
—Vamos, no fue tan malo —me reí levemente.
Esperamos a que todos llegaran a nuestro lado para seguir adelante. En algún momento Cedric se percató de nuestro terrible agotamiento, así que nos permitió descansar un rato. No podía creer que, de nuevo, tenía que dormir en un lugar donde mi vida peligraba. Esta vez no me rodeaba de demonios, pero aquellos obstáculos eran igual de mortales. Comencé a pensar que podía acostumbrarme a esta adrenalina diaria en mi vida. La pirámide era tan grande y extensa que no íbamos a poder recorrerla en un par de horas y ya. Cada vez había más trampas que nos tomaron por sorpresa, e incluso algunas nos hirieron. Nuevamente no encontramos nada durante un buen tramo del lugar, hasta que nos topamos con una gran puerta hecha de oro. La cerradura de la puerta era muy extraña; tenía la forma de un sol, pero no se trataba de cualquier llave. Un rompecabezas muy complicado estaba empotrado sobre la pared. No sería tan fácil resolverlo.
—"La llave de esta puerta está oculta detrás del rompecabezas. Sólo podrá ser utilizada una vez" —tradujo Cedric.
Los chicos comenzaron a romperse la cabeza para idear alguna forma de abrir esa cerradura. Manta y Cedric eran los más inteligentes del grupo, pero incluso ellos parecían tener dificultades para resolver ese 'juego'. Sin embargo, quien no estaba haciendo nada era Hao. Este se encontraba viendo detenidamente esa cerradura, como si le causara curiosidad.
—¿Qué te sucede? —le pregunté, acercándome a él.
—Esa forma… Creo que la he visto antes —no pareció prestarme atención y lo susurró para sí mismo.
Lo miré, confundido. Era imposible que hubiera visto una llave como esa antes… pero al parecer, me equivocaba. Sus ojos se abrieron de par en par.
—¡Claro! ¿Cómo no lo pensé antes?
Su grito llamó la atención de todos. Se puso a buscar algo en sus bolsillos con desesperación, murmurando por lo bajo que no lo haya dejado en casa. Al final, sacó un manojo de llaves y empezó a apartar cada una de ellas.
—Oye, sin ánimos de ofender… ¿No has visto la forma? —cuestionó Lyserg—. No es una llave normal. Parece ser un sol.
—Exacto, esa es la representación de Ra —lo calló él con una enorme sonrisa, mostrándonos algo que nos dejaría sorprendidos.
Hao tenía un llavero que era idéntico a la cerradura. No podía creerlo.
—¿Cómo?
—Fue un regalo del abuelo cuando cumplí diez años. Llegué a pensar que era una baratija en su momento, pero lo guardé porque me parecía bonito. Nunca creí que lo fuera a necesitar —explicó.
Noté que se sintió ligeramente nervioso al acercarse a la puerta. Tomó su llavero con cuidado, y lo introdujo en la cerradura. Para nuestra sorpresa, la puerta se abrió de par en par, permitiéndonos ingresar a la siguiente habitación. Sabíamos que no se debía subestimar a los egipcios y sus trampas, pues en verdad eran peligrosas, y tenían cierta dificultad para resolverse. Caminamos con cuidado a través del enorme cuarto.
No hay nada… Qué sorpresa, ironizó Hao.
Pensé que podría estar equivocado, cuando noté algo curioso. Algunas baldosas se veían ligeramente distintas a las otras. Como tenían una tonalidad similar, no pude percatarme antes. Horo pisó accidentalmente uno de los mosaicos de color arena, activando la siguiente trampa. Aparecieron unas cuchillas enormes desde el piso que casi nos rebanaron. El ainu fue el único que salió herido. No obstante, por su condición vampírica, se curaría en cuestión de segundos.
Llegué a creer que nos ahorramos muchísimo tiempo gracias a que Hao tenía la llave con forma de sol. Como bien lo leímos en la primera puerta, se suponía que esta funcionaría sólo una vez por cada rompecabezas, pero eso no sucedía con la llave de mi hermano. Pudimos invertir ese tiempo en tomar descansos cada vez que lo necesitáramos. Las trampas nos consumían mucha energía; y habían demasiadas. Pensaba que habíamos estado varios días atrapados en ese lugar. Las habitaciones no terminaban de aparecer. Finalmente llegamos a la que creía que era la última habitación. Eso lo supuse por los letreros que aparecían con mayor frecuencia. Al abrir la puerta, pensé que tuvimos suerte de que este cuarto estuviera iluminado, porque ya no teníamos con qué encender más antorchas.
—No me gusta para nada este sitio —admití, contemplando el lugar en busca de alguna trampa.
—Tiene olor a muerto —informó Cedric, escudriñando con la mirada los muros y piso de la recámara—. Tengan cuidado, es mala señal que estemos cerca y no haya una sola trampa.
Asentimos, caminando con cautela. Conforme avanzábamos, vimos que había huesos regados por una buena parte del camino. Aquello provocó que un ligero escalofrío me recorriera la espalda.
—Con permisito, dijo Monchito —musitó Chocolove, intentando no patear ningún hueso.
Probablemente, alguno de los chicos lo habría silenciado por sus bromas. Por el contrario, no tuvimos tiempo para eso. Los huesos se alzaron, uniéndose entre sí para formar esqueletos. Cada uno de ellos tenía una espada en sus manos. Fue como si estos representaran a los guerreros que defendieron este lugar en aquella época. Se acercaron a nosotros, por lo que no dudamos formar nuestras posesiones. Devolvíamos los ataques con nuestras armas, mientras que Cedric usaba sus habilidades físicas. No obstante, había cientos de ellos. ¿Acaso nos lo podían poner más difícil? Bueno, tal vez no debí hablar. A medida que eran derrotados, los huesos se reunieron para formar un guerrero gigante. Ese ataque me recordó tanto a Fausto. Batallamos con él por lo que creí que fueron horas. Incluso las posesiones de los chicos parecían que empezaban a desvanecerse. Por suerte, derrotamos al esqueleto antes de que eso ocurriera.
Nos dirigimos a la última puerta, abriéndola lentamente… Era algo increíble. El cuarto estaba lleno de oro. Había muchas monedas, estatuas y piedras preciosas por toda la habitación. También había armas que lucían carísimas, copas y otros recipientes fabricados de oro.
—Vaya, creo que Len se quedaría pobre al lado de este sujeto —se burló Horo, probablemente lamentando la ausencia del chino.
—Es verdad, a lo mejor te diría que todo esto está maldito —siguió Nichrom.
—Ofenderás al faraón —bromeó Lyserg, señalando un sarcófago que estaba al fondo de todo—. Espero que no le moleste si nos llevamos el talismán.
—Primero tenemos que encontrarlo —lo interrumpió Cedric.
Nos pusimos a buscarlo por todo el lugar hasta que Manta me mostró algo. Los azulejos tenían estampados el Ojo de Horus, intercalándose los símbolos rojos con los azules. No obstante, en el centro de la habitación, había una baldosa cuyo ojo era de color dorado.
—Debe estar ahí —concluyó Hao.
Entre varios intentamos romper la cerámica, hasta que finalmente lo logramos. Hao acercó una flama por el orificio para asegurarse que no hubiera ninguna trampa. Metió ambas manos, sacando algo de su interior. Se trataba de un cofre dorado, que tenía varios jeroglíficos en el exterior del mismo, y el Ojo de Horus en el centro. Lo abrió con cuidado, sonriendo al ver lo que estaba dentro de él. Definitivamente habíamos encontrado el Talismán del Espectro Prohibido. Era un objeto circular hecho de oro que tenía un enorme rubí justo en el centro. Lo volvió a meter y cerró el cofre con cuidado, dándoselo a Cedric. Él nos aseguró que lo protegería con su vida.
En plena celebración por parte de los muchachos, fue que la dura realidad cayó sobre mí al recordar qué día debía ser, al haber pasado alrededor de la semana dentro de esa pirámide.
—¿Qué pasa?
Hao pareció darse cuenta de mi estado, por lo que se me acercó.
—De casualidad, ¿sabes qué día es hoy?
Mi gemelo torció el gesto. Probablemente no esperaba que le preguntara eso.
—…Ehh, ¿miércoles? No tengo idea, Yoh —me pasé las manos por la cabeza en desesperación—. ¿Por qué te pones así?
—No estoy seguro, pero si lo pienso bien… Hoy debe ser catorce de febrero —mi hermano me miró como si no lo comprendiera—. ¡Es día de los enamorados!
Mi gemelo palideció.
—Espera. Me estás diciendo que es mi primer día de San Valentín con Evolet, ¡¿Y estoy encerrado aquí?!
—Estamos —recalqué, frustrado—. Le había prometido una salida a Anna.
Era una ocasión muy especial para las parejas. La aldea debía estar rebosante de novios y esposos que festejaban el San Valentín. No llegaríamos a tiempo, aunque quisiéramos. Me acerqué a uno de los cofres con desgano, observando las piedras preciosas que estaban en su interior. Se veían muy hermosas… y eso pareció darle una idea a Hao.
—Esto podría ser un buen regalo —sugirió, tomando una gema dorada.
—¿Qué? Le estaríamos robando a Kefren —solté, preocupándome.
—Si te hace sentir mejor, el abuelo cree que descendemos de los faraones, Yoh. Si fuera así, podría decirse que esto queda… ¿en familia? —señaló, sonriendo de lado.
Mi hermano era todo un caso, pero su idea era genial. Tomé una piedra preciosa color rosa claro y la guardé en mi bolsillo. Hao me propuso mentalmente que podríamos convertirlas en joyería para nuestras novias. Sonreí sin darme cuenta. Sabía que a Anna le fascinaría. Hao estaba muy feliz de haber encontrado algo para corresponder al cariño que Evolet le tenía. También recordamos encontrar algo para que Kaoru dejara de molestar, y Manta hizo lo mismo para Mannoko.
—Todos han mejorado realmente —nos felicitó Cedric con una sutil sonrisa—. Hemos logrado llegar hasta aquí gracias a sus habilidades.
—Bueno… Fue gracias a su entrenamiento —admití, contento.
La sonrisa de Cedric vaciló un poco, causando que me preocupara.
—Es verdad, se han vuelto fuertes… pero no lo suficiente para hacerle frente a Darkar —musitó, intranquilo—. Odio admitirlo, pero mi padre es muy poderoso… Y fui dándome cuenta de algo en estos días. Lo que les diré no es fácil, pero es la única solución que se me ocurre. La única forma de vencer a un vampiro, es siendo un vampiro. Darkar cree que los vampiros son más poderosos que los mortales, y en cierta forma tiene razón. Sus poderes como shamanes los hacen fuertes, pero siendo vampiros serían aún más poderosos. Las oportunidades de vencerlo se incrementarían.
Lyserg y Manta se vieron con sorpresa, como si no esperaban que les dijeran algo así, pero pronto entendieron la situación.
—¿Cree que podremos recuperar nuestra mortalidad luego de esto?
—Les estaría mintiendo si les dijera que sí —admitió el mayor con cierto pesar.
La noticia nos había caído como balde de agua helada, y estaba seguro de que lo sería aún más para quienes aún eran mortales. Todo esto estaba tomando un rumbo muy extraño, sólo esperaba que fuera para bien.
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La noche debía estar helada, pero a ella no le afectaba… y ahora sabía por qué. Evolet sentía que estaba desorientada, mientras caminaba por el solitario jardín de la casa compartida. Sin los varones, la casa se sentía muy sola y las chicas preferían salir para distraerse. Volvió a sentir un golpe en su corazón al recordar cada una de las situaciones por las que tuvo que pasar a causa de querer saber su verdad. Quizás, hubiera preferido no saberlo, pero ¿Eso realmente cambiaría algo? Tal vez no… Nada cambiaría que ella descendía de un linaje de asesinos a sangre fría y que el líder de todos estos, era nada más y nada menos que su abuelo paterno. Su padre, Cedric… Ni siquiera podía pensar en él sin tener unas ganas de llorar. Nunca le dijo nada, y por lo visto tampoco tenía intenciones de hacerlo. Tampoco podía pensar en Yohmei, puesto que le había mentido cuando era la persona en quien más confiaba.
Ella era mitad vampiro, eso explicaba una gran cantidad de cosas sobre sí misma que anteriormente le resultaron extrañas. Miró sus manos, sintiendo un terrible asco de sí misma. No le tomó mucho tiempo notar que estaba teniendo una serie de temblores que le recorrían el cuerpo y las lágrimas que fueron cayendo poco a poco por sus mejillas. Esto le había ocurrido una sola vez en su vida, pues era una extraña crisis de ansiedad.
—¿Evolet?
La chica ni siquiera volteó a ver quién la llamaba. Anna, por su parte, se preocupó al verla de rodillas sobre el césped y se acercó. Se hincó frente a ella y notó el estado en el que se encontraba.
—¡Evolet! ¡Responde!
La azabache no escuchaba, por lo que Anna no tuvo otra opción. Se oyó el eco de una cachetada por todo el jardín, dejándolo en silencio. Evolet abrió los ojos a la par cuando su cara fue volteada y un ligero escozor se esparció por su mejilla sonrojada. Pareció volver en sí y miró a Anna. La rubia le devolvió la mirada, en silencio. Sin decir nada, la itako se apresuró en abrazarla. Evolet, por su parte, no aguantó y se derrumbó en sus brazos, comenzando a llorar.
—Anna… —susurró, mientras sollozaba—. ¿Por qué?
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¡Hola! ^^
Nuevamente les traigo un capítulo que tiene de todo. ¿Qué opinan de la semi-mortalidad de Evolet? :3 Creo que con la explicación se han atado más cabos que quedaban sueltos. Pequeñas pistas que parecían extrañas, pero se debía a su verdadera naturaleza. También fue divertido escribir esa aventura dentro de la pirámide :P Siempre quise escribir una escena así. Espero que haya quedado bien.
Muchas gracias por leerme. Espero que les haya gustado el capítulo. Saben que sus reviews son bienvenidos. Me hace feliz saber que hay gente que aún me lee.
¡Nos vemos! ^^
