Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a sus OC (Evolet/Alyss y Cedric).
Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).
Género: General. Tiene un poco de todo.
Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.
Conversación en otro idioma.
25
Un nuevo despertar
—No puedo esperar para salir de aquí —murmuró Manta, algo abrumado.
Era perfectamente entendible. Tenían varios días de estar ahí encerrados con el único propósito de encontrar el Talismán del Espectro Prohibido. Una vez que lo hicieron, ninguno quiso esperar más para ver la luz del sol nuevamente.
—Cuando llegue, voy a darme un baño de al menos dos horas —dictaminó Hao, ganándose una risa de su gemelo.
—También quiero descansar…
Los jóvenes estaban tan metidos en su plática amena que ninguno notó que tal vez había demasiado ruido. Eso sólo significaba la ausencia de alguien.
—¿Alguno vio a Cedric? —quiso saber Horo, viendo a todos lados.
—Iba detrás de nosotros —habló Nichrom, sorprendido.
—¿Se nos perdió? No puedo creerlo —el gemelo mayor rodó los ojos—. Tal vez sólo se adelantó.
Optaron por buscarlo para evitar encontrar a alguien indeseado en su ausencia. Era un tanto difícil no admitir que se sentían más seguros con el vampiro mayor a su lado. No tardaron en encontrarlo, para alivio de varios. No obstante, notaron que estaba en cuclillas muy cerca de la entrada y veía hacia afuera con el ceño fruncido. Como si estuviera analizando algo.
—¡Aquí est-! —antes de Chocolove pudiera terminar la frase, fue silenciado con un gesto hecho por Cedric, quien les lanzó una mirada de advertencia.
El mayor les hizo un gesto a todos, dando a entender que permanecieran ocultos hacia atrás, y sin hacer ningún ruido que los delatara. Yoh pudo entender que no estaban solos y que el recién llegado era peligroso. Lo vieron salir al exterior con un nudo en la garganta.
El heredero al trono no pudo evitar entrecerrar un poco los ojos cuando el sol lo recibió de lleno. Habían pasado muchos días desde que empezó aquel extraño viaje. Miró a su alrededor y sólo pudo ver que había mucho viento, en conjunto con la arena que intentaba pegarse a su rostro. Un sonido muy agudo lo puso en alerta y dio un salto hacia adelante para esquivar, a duras penas, un ataque que había dejado un enorme cráter como consecuencia. Se volteó para notar que su padre se encontraba sentado casi en la punta de la pirámide… la misma donde estaban los chicos ocultos.
—Te tardaste. Empezaba a aburrirme —Darkar observó a su hijo con una sonrisa de lado—. Mira que eres irresponsable. ¿No estabas a cargo de los niños?
—Para tu mala suerte, se adelantaron —respondió Cedric, impasible—. El tesoro está muy lejos de tu alcance.
Entrecerró los ojos ante la sonrisita de su padre.
—No me creas tan estúpido, Cedric —se encogió de hombros—. ¿Sabes qué? Será más divertido destruirte con la ventaja que tienes. Sólo por eso, te lo dejaré pasar… Ahora, pasemos a temas más alegres. ¿Te gustó mi sorpresa?
El vampiro más joven gruñó por lo bajo, sabiendo a lo que se refería.
—¿Cómo te atreviste? —intentaba esforzarse para no caer en las provocaciones de su progenitor—. Entiendo tu odio hacia mí por las estúpidas creencias de la pureza que tienes, pero no tolero que te hayas desquitado con personas ajenas a lo nuestro.
—Mírate… Te volvieron débil y sentimental —indicó Darkar con desprecio—. Ya no me sirves para nada. Tendré el placer de enviarte al otro mundo junto con tu bastarda —lo miró casi con decepción—. Te habría aceptado cualquier otra raza, pero tenía que ser humana.
—¿Cuándo vas a entender que los seres humanos tienen los mismos derechos de vida que las demás razas? —inquirió con frustración—. No sé si lo notaste, pero parte de nuestro alimento viene de ellos; cada raza mantiene el equilibrio en el mundo… y tampoco tiene nada de malo que se mezclen. Prueba de ello es mi hija que es tan normal como un vampiro o un shaman.
—Es una aberración de la naturaleza, sólo tuvo suerte de ser bella —siseó el rey de los vampiros, frunciendo el ceño—. La ineptitud de uno de los míos le permitió vivir, pero la próxima vez no se me escapará.
Sin poderlo aguantar más, Cedric formó una esfera eléctrica en su mano antes de lanzársela a su padre. Tal vez era pequeña, pero sabía que él no iba a poder subestimarlo, aunque quisiera. Después de todo, él lo educó. Se apartó antes de que la esfera chocara con la pirámide y, poco después, Cedric se dio cuenta que los chicos estaban dentro y esperó que ninguno resultara herido. Darkar se irguió y le dirigió otra sonrisa de lado.
—No te pongas así, estoy seguro de que nos veremos pronto —se volteó para darle la espalda—. Mientras tanto, mis ayudantes se adelantaron para darle una sorpresita a alguien muy conocido aquí en Egipto… Apresúrate.
Como si se tratara de un espejismo, la silueta de su padre se desvaneció entre la arena y el viento. Pasaron unos minutos en los cuales Cedric se aseguró que no hubiera nadie más cerca. Terminó por lanzar un fuerte silbido con sus dedos, señal que tomaron los chicos para salir de la pirámide.
—Casi nos matan —reclamó Lyserg, apenas pusieron un pie afuera.
—No hay tiempo para eso —interrumpió el vampiro mayor—. ¿Alguno tiene un ser querido que viva por aquí?
—Sí… ¿Por qué? —quiso saber Yoh—. ¿Qué ocurrió?
—Hay que darnos prisa —declaró el mayor.
Tanto Yoh como Hao tuvieron un muy mal presentimiento. Sólo esperaban llegar a tiempo para verificar que su abuelo se encontrara a salvo.
•❈•
Yoh Asakura
Luego de casi dos semanas, por fin llegamos a casa. El viaje había sido tedioso y agotador. Hubiera sido más llevadero si al abuelo Ankh no lo hubieran atacado allá en Egipto. Resultó ser que Darkar cumplió con su amenaza y sus secuaces habían hecho el trabajo sucio. Supuse que fue a modo de venganza, ya que el abuelo nos había ayudado a entrar en la pirámide correcta, a fin de cuentas. Mi hermano y yo casi enloquecimos. Tuvimos que llamar a papá para que viajara de inmediato, y hubo un conflicto muy grande entre él y Hao. Tristemente, Ankh iba a terminar transformándose, pero al menos pudimos salvarlo de la muerte.
Nos sorprendió encontrarnos con una escena inesperada en la sala. Yohmei, mamá, Anna y Evolet parecían estar teniendo una discusión. No era fuerte, más bien parecían tener opiniones diferentes y ninguno iba a ceder. Se detuvieron al vernos llegar e inmediatamente, mamá se abalanzó a abrazarnos. Poco a poco, los demás fueron llegando para recibirnos de igual forma. Realmente los extrañé a todos. No pude aguantarme las ganas de abrazar a Anna como si no la hubiera visto en mucho tiempo. De reojo, pude ver que mi hermano hacía lo mismo con su novia. No paraba de preguntarle si se encontraba mejor. Evolet le dio un beso en la mejilla para tranquilizarlo.
—No puedo creer que se hayan ido sin mí. Esta me la van a pagar —la voz de Len hizo eco en la habitación.
Me volteé justo para ver cara a cara a mi amigo, quien parecía estar recuperado. El Tao tenía la misma piel pálida que nosotros y su sonrisa ladina dejaba entrever sus puntiagudos colmillos. Sabía que estaba en proceso de transformación, pero verlo era algo distinto. Debió imaginarse lo que pensaba, ya que sólo se encogió de hombros y me miró como si no tuviera importancia.
—Bienvenido al club, pinchito —saludó Chocolove, sonriendo.
—Mucho cuidado con esos chistes pierde-amigos. No me controlaré sólo porque tengo más fuerza —le advirtió Len, sonriendo de lado. Sabía que estaba contento de vernos también. Hizo una pausa por un momento, cambiando su semblante a uno curioso—. ¿Qué tal todo por allá?
—Pues, el tal Kefren tiene más riquezas que tú —bromeó Horo-Horo—. Eso es un hecho.
—Pff, eso es imposible…
—No es que no me guste oír sus interminables discusiones sin sentido —Kaoru los interrumpió, acercándose—, pero prefiero saber si mis hermanos me trajeron el regalo que les pedí.
Al ver de reojo a Hao, no pude evitar notar que intentaba contener la risa. Debía permanecer tranquilo o todo se echaría a perder. Por fin obtendríamos nuestra merecida venganza.
—Por supuesto, ¿cómo olvidarnos de ti? —mi tono de voz no lo disimulaba tanto, pero Kaoru estaba tan emocionada que no le dio importancia—. Estoy seguro de que te va a encantar.
Busqué la pirámide de cristal que habíamos encontrado en la cámara y se la di. Le había encantado, pues mi hermana tenía cierta fascinación con las cosas que brillaban. No tardó en notar que el objeto tenía un pequeño botón en la base. La curiosidad pudo más que ella y presionó el interruptor, provocando que la punta de la pirámide se abriera y la sustancia que contenía fuera expulsada directo a su rostro. Esa imagen fue tan graciosa que no pudimos evitar reír, incluyendo a algunos de los chicos.
—No puedo creer que cayeras —musitó Hao, partiéndose de la risa.
Kaos trató de limpiarse el rostro con sus manos, pero sólo logró esparcir más el líquido brillante, embarrándose. Como bien decían, la venganza era un plato que se servía frío. Sólo que no éramos conscientes de que el dicho iba dirigido a los dos lados.
—¡¿Qué rayos fue eso?!
Me sobresalté por la exclamación de Mikihisa, quien había vuelto con nosotros. Se veía muy molesto por ver a su pequeña consentida en esa situación. Mamá tampoco tenía un semblante muy distinto. Kaoru logró quitarse la brillantina de los ojos, y volteó a ver a nuestros padres con lágrimas de cocodrilo.
—Mami, papi… ¿Vieron lo que me hicieron? —gimoteó fingidamente e hice una mueca, entrecerrando los ojos. Esta niña era muy buena mintiendo—. Sólo les pedí que me trajeran un recuerdo. No entiendo por qué son tan malos conmigo.
No podía creerlo…
—¿Cómo pueden jugarle una broma tan cruel a su hermanita? —inquirió mamá, bastante molesta—. Ella sólo les ha pedido un regalo.
—Pues, como castigo, les decomisaremos esa edición limitada del grupo que les gusta —declaró papá, cruzándose de brazos—. Tal vez así aprendan a no hacer tonterías que no van con su edad.
…Definitivamente no podía creerlo. Mis padres se dedicaron a consolar a Kaoru, mientras esta nos miraba con una enorme sonrisa burlona. Esa maldita se había salido con la suya.
—Serás… —susurró Hao, furioso.
Decidí detener a mi gemelo para evitar que las cosas fueran más allá, no tendría caso. Mis padres se llevaron a la dramática de mi hermana para ayudarla a que se limpiara. Varios de los chicos se reían por el intento fallido de broma que no nos había salido como queríamos.
Al menos, Cedric no está aquí, pensó mi avergonzado hermano. Ya lo imaginé riéndose abiertamente de nosotros.
Las cosas volvieron a la normalidad luego de un rato. Como la mayoría le debía una disculpa a Evolet por todo lo que había pasado, se tomaron turnos para ello. Lo bueno fue que ella no era de las que guardaban rencor, y sugirió que el tema fuera olvidado –siempre con una sonrisa, claro–. Buena elección.
—¡Están haciendo demasiado escándalo!
La abuela salió de su cuarto, regañándonos casi en un susurro. No la habíamos visto al llegar, por lo que supuse que estuvo en su cuarto todo el tiempo. Yohmei se acercó a ella, casi con preocupación.
—¿Qué sucedió? ¿Ya despertó?
—Está a punto de hacerlo… pero tenemos un problema. ¿Dónde está Keiko? —la abuela buscaba a mamá con la mirada.
Todo ese ajetreo despertó mi curiosidad. No sabía lo que estaba pasando, pero pronto recordé que, antes de irnos, habíamos dejado a la mujer desconocida que salvamos en el cuarto de los abuelos. Sin embargo, me sorprendía que siguiera sin despertar desde entonces. Pobre, debió estar muy malherida.
—¿Qué ocurre, mamá?
Antes de que Keiko pudiera continuar, la puerta de la habitación se abrió casi de repente. Una bella mujer salió a paso lento, sujetándose la cabeza con la mano, como si esta le doliese. Me sorprendió mucho, pues no le había visto la cara esa primera vez. Su ondulada cabellera azabache caía de manera grácil por debajo de sus hombros. Tenía la tez tan clara como una perla rosada, y unos preciosos ojos de color magenta. Estaba vestida en un kimono suelto que seguro mi madre le había prestado, aunque esta mujer no parecía llegar siquiera a los treinta años.
—Querida, necesitas reposar —habló Kino, acercándose.
—Lo lamento… —su voz era tan suave y delicada que parecía una melodía—. Necesitaba ponerme de pie, al menos un rato.
Sin permitir que nadie pudiera decir nada, un estrépito nos hizo sobresaltarnos. Keiko había dejado caer el vaso de agua que traía en las manos, cubriéndose la boca luego. Veía a la recién llegada como si no pudiera creer que estuviera ahí. La mujer también la miró cuando aquel sonido llamó su atención, y su mirada se volvió fija… Papá salió de la cocina segundos después, y lo extraño fue que tuvo una reacción similar a la de mamá. Fue entonces que empecé a sospechar.
—No… —Miki se puso pálido del susto.
—¿…Leia? —la voz de mi madre era tan fina como un hilo, además temblaba.
Ella los miró con confusión, y asintió muy despacio.
—S-sí… ¿Cómo lo saben? —se cortó de repente y también pareció recordarlos. Se cubrió la boca con una mano y sus ojos se llenaron de lágrimas—. ¿Keiko?
Mamá asintió, dibujando una ligera sonrisa triste en sus labios. La joven mujer miró a papá con el mismo semblante.
—¿Mikihisa?
Él también asintió. No pasó mucho tiempo antes de que ella se acercara a ambos para poder abrazarlos. Mis padres le correspondieron el gesto, sacándonos de onda a mí y a mis hermanos. Nos miramos entre nosotros, sin saber qué pasaba.
—Por los Grandes Espíritus, no creí que volvería a verlos —ella se apartó de los dos y los miró con incredulidad—. Se ven tan… viejos.
…Lo cierto era que no me esperaba ese comentario, por lo que no contuve una carcajada. Hao y Kaoru tampoco. Keiko la miró con rabia.
—No puedo creer que sea lo primero que digas —no obstante, se veía que mamá no podía hablarle mal a esta mujer porque la conocía—. Oye, no entiendo nada. ¿Cómo llegaste aquí? ¿Y por qué estás tan joven…?
—¿Se conocen? —intervino Kaoru, interrumpiendo.
Leia dio un leve brinquito hacia atrás al verla, y luego miró a Keiko. Supuse que notó la similitud entre ellas, pero no pudo decir nada más ya que la entrada del único faltante en esta habitación la detuvo. Cedric pareció sorprenderse por ver a la mayoría en una misma habitación, mas su atención fue robada por la mujer a la que salvó hace semanas. La miró como… a su alma gemela.
—Leia —cabe destacar que nada me sorprendió tanto como ver al vampiro más estoico del mundo siendo cariñoso con un abrazo—. Mi amor.
¡¿Amor?! Un momento… Si ella era la pareja de la que tanto hablaba, eso quería decir que era la madre de… Volteé a ver, pero Evolet ya no se encontraba junto a Hao. Hice una mueca, pensé que esto era demasiado para ella y no la culpaba.
—Cedric —era un hecho que era su pareja—. Sabía que me encontrarías.
—Bueno… —Hao carraspeó—. ¿Alguien piensa explicarnos lo que pasa aquí? No entiendo nada.
Leia volteó a verlo y se sorprendió de la misma manera en que lo hizo cuando vio a Kaoru. También me vio a mí, e hizo un gesto como si fuera a hablar, pero mi madre se adelantó.
—Así es, ellos son nuestros hijos —Keiko sonrió con cariño—. Yoh, Hao y Kaoru Asakura.
—… Son… idénticos a ustedes —sonrió ella—. Y están muy grandes —ese dato pareció hacerle recordar algo y volteó a ver a nuestro mentor—. ¿Nuestro bebé?
Cedric intentó calmarla para explicarle la complicada situación.
—Ella está bien… y ya no es una bebé, pasaron dieciséis años, Leia —ella cerró los ojos con pesar, pues supuse que se imaginaba lo que había ocurrido—. Ella no sabe de ti, así que hablaremos tú y yo primero, y luego veremos qué hacer.
—No entiendo —finalmente, hablé—. ¿De dónde se conocen?
—Ay, eres adorable… Te pareces mucho a Miki cuando era un niño —Leia me sonrió con ternura, sujetándome la mejilla como si fuera un niñito, cosa que me hizo sonrojar—. Déjame te lo explico… Mi nombre es Leia Van Der Kov. Conocí a sus padres cuando íbamos en la escuela, los tres fuimos amigos por muchos años —me soltó la mejilla y luego procedió a tomar la mano de Cedric—. Al igual que soy la compañera de este vampiro que ven aquí.
Era un hecho que las casualidades no tenían límites. Él nos había dicho que ella estaba muerta, y hace unas semanas descubrimos que no fue así. Supuse que quedó muy malherida luego de dar a luz a Evolet, por lo que Cedric pudo pensar que ella murió en el proceso. No pude evitar ponerme en los zapatos de Evolet, otra vez. En estos últimos días, se había enterado de tantas cosas muy de golpe. Ahora… saber que su madre estaba viva era todavía más fuerte.
—Conocí a Cedric cuando tenía diecisiete años —exteriorizó Leia—. Provengo de un clan de shamanes que es conocido por sus poderes relacionados al agua y a los mares. Digamos que también teníamos gran poder socio-económico, por eso Darkar quería imponer su voluntad y envió a Cedric a secuestrarme…
Escuchaba con atención su relato, pues me parecía muy interesante saber cómo se habían conocido. No obstante, mi habilidad mental tenía otros planes para mí.
Una joven pareja se encontraba en la sala de estar de su hogar. La mujer tenía la cabeza apoyada en el hombro de su compañero. Acariciaba suavemente su vientre, esperando que ese dulce roce tranquilizara al bebé que llevaba en su interior. Últimamente había estado más inquieto de lo normal. Ambos sabían que su hijo nacería muy pronto, y lo esperaban con ansias. Esos nueve meses habían sido eternos… No aguantaban por tenerlo entre sus brazos y darle todo su amor.
—Tranquilo, estoy bien —susurró Leia. Le enternecía que Cedric se preocupara tanto por ella—. No hay nada de qué preocuparse.
Cedric quería creer en lo que le decía, pero tenía un extraño presentimiento que no lo dejaba en paz. Sentía que estaba a punto de ocurrir algo grave. Se levantó, contemplando el brillo de confusión que mostraban aquellos ojos magentas que tanto amaba.
—Será mejor que subamos. Necesitas descansar —explicó, acercándose a ella para ayudarla a ponerse de pie.
Pasó uno de sus brazos por la espalda de su acompañante, mientras le ayudaba a subir las escaleras. Notó que ella respiraba agitadamente, y hacía un enorme esfuerzo por ocultar una mueca de dolor. Cedric aceleró el paso, dirigiéndose a la habitación que compartían. Apenas habían atravesado medio pasillo cuando todo ocurrió. La mujer soltó un grito de dolor que lo puso muy nervioso.
—¡Leia!
La sujetó antes de que cayera al piso. Supuso que Leia apenas podía percibir lo que sucedía a su alrededor, pues el dolor era demasiado. La cargó en brazos y corrió en dirección al cuarto. Una vez ahí, notó que el líquido amniótico le había empapado la parte baja del vestido. La acostó delicadamente en su cama para luego subir la prenda, dejando su vientre al descubierto. En ese instante, lamentó no tener un doctor cerca, y aunque así fuera, no podía confiar en un mortal. Sabía que la naturaleza de su futuro hijo/a sería distinta, y no se arriesgaría a dejarlo expuesto ante un humano. Había leído muchos libros de medicina a lo largo de su vida, por suerte. Aun así, no se sentía preparado para hacer algo así.
—Respira profundamente cuando sientas la primera contracción. Luego, contén la respiración por un momento y puja.
Ella asintió, aliviada porque el dolor había aminorado unos cuantos segundos, permitiéndole escuchar las indicaciones de su pareja. Tenía que tener fe, pues siempre había confiado en que todo iría bien. Contrajo los músculos abdominales y soltó un alarido cuando sintió que algo se desgarraba en su interior. Aunque sintiera que estaba pariendo a un dinosaurio, no dejó de pujar cuando sentía otra contracción. Ni siquiera cuando escuchó un terrible chasquido que provenía de su cuerpo.
—Vamos, cielo. Ya puedo verle la cabecita —intentó calmarla, a pesar de que él mismo sentía que en cualquier momento podía tener un ataque de pánico.
La mujer lo miraba con ojos desorbitados. Respiraba entrecortadamente debido a que el bebé le había roto un par de costillas. Sentía que su cuerpo se debilitaba conforme la criatura se desplazaba hacia afuera. No pronunció ninguna palabra al respecto. Quería que Cedric salvara la vida de su pequeño hijo, sin importar lo que ocurriera con la suya. Luego de unos minutos, Cedric tuvo en sus brazos a su hijo. Observó el saco amniótico, el cual parecía una enorme cobertura dura. Supuso que, al ser un semi-mortal, se había endurecido como un mecanismo de defensa. Desgarró la impenetrable envoltura con sus afilados dientes, dándose cuenta que Leia había dado a luz a una hermosa niña. Una sonrisa se dibujó en sus labios sin que pudiera evitarlo. Su princesa por fin estaba con ellos dos.
—Es una niña preciosa —habló el enternecido hombre. Volteó a ver a su mujer, cuya respiración se había cortado—. ¿Leia?
Dejó a la pequeña en la cuna que tenían en el cuarto, y se aproximó hacia ella. Leia yacía inconsciente en la cama. Parecía como si estuviera… muerta.
—Por favor, respira —rogó él, mientras le tomaba el pulso—. Has que tu corazón siga latiendo.
Empezó a darle un masaje cardíaco, haciendo pequeñas pausas para insuflarle aire a los pulmones. Estuvo así por un rato, hasta que se percató que no parecía funcionar. No quería hacerlo, pero no tuvo otra opción. Dejó de presionar para acercarse a su cuello. La mordió con cuidado, bebiendo de su sangre hasta que la ponzoña fue liberada. Cuando se separó de ella, sintió como si le estuvieran arrancando el alma del cuerpo. Sus oídos vampíricos ya no escuchaban ningún débil latido.
—¡Leia! —exclamó Cedric, retomando la reanimación cardiopulmonar—. ¡No me hagas esto! …No me dejes. No sé qué haría sin ti.
Siguió con su maniobra, casi en vano. Las compresiones no hacían efecto en su corazón. Él siguió insistiendo, pensando que la ponzoña no tardaría en llegar a su sistema. No le tomó tanto tiempo aceptar la cruda realidad. Leia estaba muerta, pues quizá su veneno había ingresado demasiado tarde. Si eso no había funcionado, nada lo haría. Un par de lágrimas se escaparon de sus ojos al darle un beso en su fría frente. Tomó a su hija entre sus brazos, quien lloraba ajena a lo que había pasado con su madre.
—Te prometo que cuidaré a Alyss con mi vida.
Dicho eso, el destrozado hombre salió con su bebé hacia un rumbo desconocido. Tuvo que dejar a su amada Leia, con todo el dolor de su alma. Hubiera querido darle el entierro que se merecía, pero su padre no tardaría en enviar a sus espías para acabar con la vida de su hija.
Mi visión fue interrumpida por un fuerte sonido que hizo eco en la habitación. La causante fue mi madre, quien tenía la mano alzada y parecía contener sus ganas de llorar. Miki tomó su mano entre las suyas, para que no volviera a cachetear a Leia. Esta también estaba sorprendida, pero no dijo nada más.
—¡Eso no justifica que hayas desaparecido de la nada! Nos preocupamos mucho —confesó Keiko, viéndola con enfado—. Pensamos que te ocurrió algo malo. Al no saber nada de ti, fuimos hasta Holanda para hablar con tu familia. Nos dijeron que habías muerto.
—Tuve que hacerles creer que había muerto. Lo lamento, pero fue lo mejor para ustedes —se excusó ella.
—¡Pudimos haberte ayudado! —insistió mi madre—. Siempre fuiste bienvenida en mi casa. No hubiéramos dudado en acogerlos a los dos, estabas embarazada. ¡Por los Grandes Espíritus!
—Por favor, Keiko. No hubieran entendido mi elección. Estaba con un vampiro que era años mayor que yo —volteó a ver a Cedric como si le pidiera disculpas con la mirada, pero él no parecía molesto en absoluto—. Además, pudieron estar en peligro. Darkar nos estaba persiguiendo.
—Bueno… Nuestra familia terminó siendo marcada por él también —Mikihisa se acercó para poner las manos en los hombros de mi madre.
Leia lo miró por un momento, confundida. Mi madre le contó sobre la separación de nuestra familia; una idea muy cruel que tuvo Darkar para que mi gemelo y yo no pudiéramos cumplir con nuestro papel como los salvadores que mencionaba la profecía. Leia se echó a llorar cuando se enteró de todo. Varios estaban igual de perplejos, pues no todos sabían sobre lo que el maldito de Darkar Blair había hecho en el pasado.
—Lo siento mucho. Fue mi culpa —se disculpó, intentando secarse las lágrimas.
—Supongo que lo hizo porque pensó que sería más fácil vencernos si estábamos separados —mencionó Hao, desviando la mirada—. Usted no tuvo la culpa.
Debía incomodarle las miradas lastimeras de la mayoría, al igual que a mí.
—Qué hombre más despreciable. ¿Cómo pudo hacerle eso a un par de chicos tan guapos como ustedes? —tomó el rostro de mi gemelo y comenzó a apretarle las mejillas, tal y como lo había hecho conmigo.
No pude evitar echarme a reír. Estaba intentando subirnos el ánimo, y era algo muy dulce de su parte. Evolet había sacado mucho de ella.
—¡Tus hijos son adorables, Keiko! Se parecen tanto a Miki cuando tenía su edad. ¿Recuerdas cuando babeabas por él a sus espaldas?
—¿Por qué no mejor cierras la boca? —la cortó mamá, evitando verle la cara a papá, pues estaba sonriendo burlón—. Y tú deja de reírte de mí, o dormirás en el sofá por el resto de tu vida.
Todos rieron por aquel comentario, menos Mikihisa. El pobre se arrepintió de inmediato, rogándole que no lo castigara de esa manera.
—…Espere un momento. Si fue amiga de nuestros padres cuando estudiaban en Seishin… —habló mi pensativo hermano, pues pareció ocurrírsele una buena idea—. ¡Eso significa que conoce historias vergonzosas de ellos!
Kaos y yo nos reímos al ver que papá y mamá se miraron horrorizados.
—Si supieras, me sé tantas cosas —Leia le guiñó un ojo—. Una vez participamos en una obra relacionada a la Navidad. Miki fue escogido como uno de los reyes magos, pero él sólo escuchó la palabra 'mago'. Ese día fue disfrazado como un mago de circo y arruinó la obra.
Miki ocultó su rostro con ambas manos, sintiéndose terriblemente avergonzado. Pobre, debía de sentir pena de que todos se estuvieran riendo de su situación… pero era imposible no reír luego de escuchar algo tan vergonzoso.
—Te lo mereces —murmuró Keiko, sonriendo de manera traviesa.
—No perdieron el tiempo, ¿eh? —Leia cambió su semblante a uno juguetón, y juré que vi a mis padres ponerse nerviosos por lo que seguramente diría—. Son unos pillos, yo sólo tuve una hija, pero ustedes tuvieron tres. ¡Y dos les salieron de una sola vez! —los acusó—. Me hubiera encantado ser madrina de los tres. ¡Los consentiría con regalos!
—Los regalos siempre son bienvenidos, tía —aclaró Kaoru, sonriendo de forma inocente y ganándose un golpe en la nuca de parte de mi madre.
—Claro que sí, encanto —respondió Leia, acariciándole el cabello a Kaos. Volteó a ver a Cedric, sonriendo levemente—. Habría sido lindo que fueran amigos, así como nosotros.
—Bueno… nuestra hija sí creció con ellos —musitó Cedric, avergonzado.
—¿Cómo? —su pareja se sorprendió, pues no sabía ese detalle—. ¿No estuviste con ella?
—Es una larga historia, por eso te dije que debemos hablar antes de que la veas —explicó el vampiro.
—Si esto sirve de algo… —intervine, queriendo hacer de las mías. Hao me miró con cierto temor—. Ella y mi hermano son más que amigos —bromeé.
Leia pareció no entender mi referencia al principio, pero luego su rostro cambió y chilló de la emoción. Por otro lado, mi gemelo se moría de la pena. No podía evitarlo, era imposible no molestarlo cuando se me daba la oportunidad.
—No puedo creerlo… Nuestros hijos están saliendo, Keiko —abrazó a mi madre, completamente feliz—. ¿Sabes lo que significa? ¡Me verás por el resto de tu vida!
—Genial. Justo cuando creía que por fin me había librado de ti —mamá soltó un resoplido, al tiempo que la alejaba de ella—. No entiendo cómo terminé así.
—Bueno, los opuestos se atraen —comentó Leia, encogiéndose de hombros—. Yo era el polo positivo: la enérgica y divertida… Tú eras la gruñona y aburrida.
Soltó una risita cuando sintió que mamá la asesinaba con la mirada. Le agradeció a mis padres y abuelos por haber cuidado a su hija durante tantos años. Yohmei le aseguró que la educaron muy bien, entrenando sus habilidades vampíricas y shamanicas. La conversación siguió igual de amena. Leia era una persona muy alegre, por lo que era fácil hablar con ella.
—¿Qué sucedió en todo este tiempo que estuve inconsciente? —preguntó Leia, sintiendo curiosidad.
Los abuelos explicaron que había perdido la memoria. Ellos lograron recuperar sus recuerdos, pero sólo recordaba hasta el día en que Evolet nació y, por ende, fue convertida en una vampiresa. Kino mencionó que fue controlada por Darkar, sin entrar en mayor detalle. Le confesó que aún no había podido recuperar a su espíritu acompañante, pues Darkar debió separarla de ella.
—¿No causé ningún daño mientras estaba… así?
Cedric me lanzó una mirada de advertencia. No quería que le mencionara nada sobre nuestro encuentro con ella cuando fuimos a rescatar a Evolet.
—No, no lo hiciste —le mintió él, suavizando su semblante.
—¿…Qué haremos ahora para detener a tu padre? —quiso saber, soltando un pequeño suspiro.
Cedric sacó el pequeño cofre de oro de sus ropas. Todos se sorprendieron al ver que, en serio, habíamos logrado obtener ese tesoro.
—El Talismán del Espectro Prohibido es una clave importante en esta lucha —informó Cedric, abriendo el cofre y sacando el talismán para que todos pudieran verlo—. Gracias al señor Ankh, sabemos cómo funciona. Este amuleto le otorga un deseo a la persona que active sus poderes. Sin embargo, no concede deseos relacionados al amor o la muerte.
—Es un alivio que recordaras que tu abuelo podía ser de gran ayuda en esto —celebró Red, parándose junto a Hao.
—Sólo hay un pequeño inconveniente: los jeroglíficos —mencionó Cedric—. Es una lengua complicada de leer. Si Darkar lo hubiera obtenido antes, habría leído estos símbolos con toda facilidad. Tiene cuatro mil treinta y ocho años, domina esa escritura a la perfección.
¡¿Qué?! ¿Ese hombre tenía más de cuatro mil años de existencia?
—Hay algo más que debo decirles… —los ojos de nuestro mentor brillaron como señal de lástima.
Habló sobre otro factor que podría sernos muy útil: la conversión de shamanes en vampiros. Nos confesó que la idea no le agradaba, pero era la única opción que se le ocurría. Para su sorpresa, ninguno se mostró renuente a la idea. Todos queríamos que el rey de los vampiros fuera derrotado. Por ello, si eso aumentaba la probabilidad de éxito, estaban dispuestos a apoyar la idea. Acordaron que la mitad del grupo se convertiría primero, para que no escasearan los recursos que se requerirían mientras fueran neófitos… Estas semanas iban a ser muy largas.
•❈•
Aunque ya varios habíamos pasado por la tediosa etapa de neófitos, era difícil acostumbrarse a la ausencia de las personas recién convertidas. Esta vez, eran Lyserg y Manta los que brillaban por su ausencia –no literalmente–. Acordaron que Pilika y Tamao lo harían después de ellos, mientras intentaban hacerse a la idea de dejar atrás su mortalidad… para sobrevivir, claro. Las visitas eran como un bálsamo para ellos, pues estar encerrado no era nada bonito. Ese día la casa estaba casi vacía, pues extrañamente los demás coincidieron en salir por varios asuntos. Sólo estábamos mis hermanos y yo… y por esa razón, me llevé un gran susto cuando Matilda se asomó a la sala de estar.
—Hola —saludé, sorprendido—. ¿Buscas a Kaoru? Creo que está en su cuarto.
—Bueno, ella fue quien me dejó pasar —sonrió levemente, aunque no tardó en cambiar la expresión de su rostro—. En realidad, quería pedirte un favor.
—¿Sucedió algo? —pregunté, sintiendo curiosidad.
Mati bajó la mirada, contemplando sus zapatos como si fueran lo más interesante en el mundo. Se dejó caer en uno de los sofás, abatida. Estuve a punto de hablar para animarla, pero ella se me adelantó.
—¿Crees que… pueda ver a Lyserg?
Oh, así que era eso.
—Oh, bueno… se ha convertido hace poco. Está en el sótano, pero supongo que podrías hablar con él a través de la ventanilla —indiqué—. No puedes acercarte mucho a él. Déjame acompañarte hasta ahí, al menos…
Antes de terminar de hablar, me tomó del brazo con delicadeza. Volteé a verla, notando que se veía muy insegura. Era un tanto extraño, ya que siempre había considerado a Matilda como alguien muy segura de sí misma, mientras apoyaba a las personas que tanto admiraba.
—Quiero ver a Lyserg, pero él debe de pensar lo peor de mí… —confesó entre susurros, soltándome.
—No digas eso, Lyserg es muy amable con todos.
No ocultó una ligera mueca de fastidio.
—Creo que todos han notado cómo se comporta conmigo, y no lo culpo. Siempre he sido algo… efusiva cuando algo me interesa. Al principio, sentía una simple admiración por él. Casi sin darme cuenta, empezó a gustarme… Tampoco pude evitar notar que él mira a tu cuñada como creo que nunca va a mirarme.
Hizo una breve pausa; probablemente estaba esperando que le diera mi opinión. Lo cierto era que ya lo había notado, pero sabía que nada pasaría entre Lyserg y Evolet. Decidí que intentaría animarla para que mi amigo pudiera conocerla tal y como era. Nadie sabía lo que el futuro tenía preparado para cada quién, y creí que Mati podía descubrir otra faceta del detective.
—Debe pensar que estoy loca o algo peor. Dudo mucho que se fije en mí —muy a mi pesar, se estaba dando por vencida antes de tiempo.
—Oye, basta —la detuve, suavemente—. Primero, no pienses así de ti misma. No estás loca, sólo… debes intentar ser menos efusiva. Lyserg no es un sujeto tan abierto y esa actitud sólo lo hará cohibirse. Segundo, él no siente nada más que un deslumbramiento pasajero por Evolet. Él ayudó a Hao a reconciliarse con ella —le lancé una de mis típicas sonrisas relajadas—. Sólo se tú misma e intenta mostrarle un apoyo sincero desde el fondo de tu corazón.
—¿Crees que quiera hablar conmigo?
—Creo que todos merecemos una segunda oportunidad. Entenderá que tienes buenas intenciones con tu visita —le sonreí, pues quería que tuviera más ánimos para lo que iba a hacer—. Todo saldrá bien.
Supe que todo estaría bien cuando la vi sonreír de manera relajada.
—Gracias, Yoh.
Sorprendentemente, Lyserg no recibió su visita ese día. Pasaron un par de días desde que tuve esa conversación con Matisse. Por un momento, pensé que mis ánimos no bastaron y ella se acobardó. Era una lástima, pues era una chica muy agradable. Creí que era justo el tipo de personalidad que le vendría bien al inglés. Iba pensando en eso cuando bajé a visitar a mis amigos. Llevaba unas bolsitas con sangre para el Diethel, quien había despertado muy sediento. Decidí que me quedaría a charlar con él, mientras Manta estaba profundamente dormido y nada parecía despertarlo… ni siquiera la llegada de alguien en particular.
—¿M-Mati? —Lyserg estaba sorprendido—. ¿Qué haces aquí?
Por mi parte, sonreí muy orgulloso. Me ponía feliz que se hubiera animado por voluntad propia. La veía más segura que hace unos días… o eso pensé hasta que vi sus ojos. Dudé por un momento si retirarme del cuarto o no, pero Lyserg no tardó en lanzarme una mirada suplicante. Solté un pequeño suspiro, al tiempo en que me apartaba un poco para dar una falsa sensación de que estaban solos.
—¿Cómo te sientes, Lyserg? —preguntó ella, sonriendo suavemente—. Quería saber cómo estabas luego de tu conversión. ¿Te dolió? ¿Estás cansado?
Hice un gesto para que supiera que debía bajarle unos cambios a su euforia.
—…Estoy bien, supongo —vaciló, desviando la mirada—. Ser inmortal no es tan fácil como pensé, pero creo que lo estoy sobrellevando bastante bien.
Llegué a creer que le estaba mintiendo. Casi todos habíamos pasado por la típica etapa de negación, por lo que me extrañaba que él no se sintiera de esa forma. Matilda tampoco se veía muy convencida con esa contestación, mas no dijo nada al respecto.
—Eres muy valiente por aceptar la transformación tan de frente, Lyserg —estaba algo nerviosa por su confesión—. Desearía tener tanto coraje como tú… por eso te admiro mucho. Eres muy atento con todos y, por ello, las personas no dudan en abrirse contigo. Son cualidades muy bonitas que espero que nunca cambies.
Parecía que Lyserg se ruborizaba cada vez más. Supuse que nunca habían sido tan sinceros con él de manera tan bonita.
—Siento mucho haberte puesto nervioso con mi actitud. A veces me emociono un poco —mi amigo arqueó una ceja, sonriendo levemente de lado—. Muy bien, tal vez demasiado… Me sentía muy emocionada cada vez que te veía derrotar a tus oponentes. También me sorprendía la capacidad que tienes de hacer tantos amigos. Veo tantas cosas en ti que quisiera tener.
—…No soy tan bueno como crees, y creo que lo demostré al juzgarte —objetó él, suavizando su expresión—. Soy yo quien debería pedirte disculpas. No sé cómo puedo decirle a la gente que no juzgue a los demás sin llegar a conocerlos cuando no cumplo con mi propio consejo… ¿Podrías perdonarme?
Mati lo pensó por unos segundos, hasta que una idea cruzó por su mente.
—Puedes invitarme a un café cuando salgas de aquí. Los postres que prepara Thalim son deliciosos —un brillo de emoción se instaló en sus ojos.
Estuve tentado a reír también cuando oí a Lyserg carcajearse de manera sincera. Traté de no demostrar lo feliz que me sentía por ambos.
—Que directa… Está bien. Es lo mínimo que puedo hacer por ti, luego de ser tan grosero. Deberían desterrarme de Inglaterra por no cumplir con el estereotipo de que los ingleses somos muy educados —bromeó, acomodándose en su futón.
Platicaron durante un rato más hasta que la chica recordó que él debería estar durmiendo. Se despidió, prometiéndole que lo estaría visitando en los próximos días. Lyserg se despidió de ella con una dulce sonrisa… la cual se borró al notar mi semblante burlón.
—No digas nada —alcé mis manos de manera inocente, aunque mi gesto burlón no se iba. Mi amigo lanzó un resoplido—. Hoy fue distinto, terminaría cediendo.
—Siempre ha sido así, pero te dejaste guiar por la primera impresión que tuviste de ella —lo acusé—. Las primeras impresiones no siempre son buenas. Fui el vivo ejemplo de ello cuando llegué a la escuela. ¿Acaso no te parecía muy frío?
—…Tienes razón, y nunca fuiste así en realidad.
—Sucedió algo parecido con Mati. Sólo estaba emocionada contigo, pero nada que una pequeña charla no pudiera solucionar.
Lyserg abrió la boca como si quisiera refutar lo que le había dicho, mas ninguna palabra salió de sus labios. Me prometió que trataría de conocer mejor a Matilda para no volver a cometer el mismo error. Incluso me dijo que, tal vez, podrían llegar a ser amigos. La idea me agradaba mucho, aunque podía apostar que iban a volverse algo más. Aunque no lo supieran, había logrado identificar un par de cosas que tenían en común. Los dos eran agradables, por lo que congeniarían fácilmente. Sólo el tiempo me daría la razón… O mi hermana, ya que ella había prometido juntarlos, aunque fuera lo último que hiciera. Si su relación funcionaba, sabía que ella sería la primera en saberlo.
•❈•
—Entonces, ¿se van?
Evolet estaba sorprendida, no creyó volver a ver al pequeño murciélago que la ayudó a escapar. Tampoco se esperaba que él solito entrara por la ventana de su habitación para visitarla. Menos mal estaba sola, porque cualquiera se iba a escandalizar al verlo.
—Así es, ahora que somos libres podremos ir a donde queramos —Sombra se dejaba acariciar por la chica, mientras descansaba en su mano—. Me hubiera gustado volver a Ascantha, ese era el paraíso para nosotros.
—Ah, ¿sí? ¿Hablas del país de origen de los vampiros? —la joven no había tenido la oportunidad de saber más al respecto, por lo que aprovecharía—. Y… ¿Cómo era?
—¡Es un lugar genial! Mis padres dicen que el verdadero rey volverá, y todo será como antes. Entonces, podremos volver.
Evolet permaneció pensativa por unos minutos. Estaba claro que Darkar no era el legítimo rey. Un soberano debía velar por su pueblo, no estar pendiente de sí mismo. El pequeño Sombra volvió a llamar su atención antes de despedirse. Ella le sonrió y le deseó mucha suerte. Sólo vio a Sombra salir volando en la noche.
—Tengo hambre —musitó, antes de levantarse de su cama para encaminarse a la cocina.
Tenía un par de días encerrada en su cuarto, desde aquella charla en la que se enteró que todos accedieron a transformarse en vampiros. Sin embargo, eso no fue lo que más le incomodó, sino el hecho de enterarse que su madre biológica estaba viva. Tanto ella como Cedric eran un par de desconocidos, no se sentía bien a su lado. Prefirió tomar distancia para pensar mejor las cosas, pero no fue de gran ayuda. El rechazo de su padre seguía latente en su cabeza y le enfadaba de sobremanera… Hablando del rey de roma, no esperó tropezarse con él justo en medio del pasillo.
—Lo siento —se disculpó Cedric—. ¿Te lastimé?
—¿Realmente quieres saberlo? —no era propio de ella hablar con tanto veneno, pero no podía evitarlo.
El vampiro soltó un ligero suspiro.
—Tenemos que hablar, Alyss —por primera vez en su vida, Cedric Blair vaciló—. Déjame explicarte lo que realmente sucedió, hija…
—No me llames así —espetó la jovencita—. ¿Cómo te atreves a querer estar en mi vida luego de abandonarme?
—Las cosas no sucedieron por ese motivo —él intentó tomarla de los hombros, pero ella se apartó—. No sé qué fue lo que te dijo Darkar, pero puedo asegurarte que nada de eso es verdad.
—Como sea… —permaneció un rato en silencio, sintiendo que sus ojos se iban llenando de lágrimas—. ¿Sabes qué es lo que más me molesta? Ni siquiera es el hecho de que todos en esta casa lo supieron antes que yo, pero me duele que no hayas tenido intención de confesármelo en ningún momento.
—¿Y qué te hace pensar eso?
—Por favor, ¿cuántos meses llevas aquí?
Cedric tuvo que guardar silencio, pues no tenía argumentos para refutarlo. Evolet sintió un par de manos en sus hombros y se giró para encontrarse con Anna. La rubia le lanzó una mirada que entendió rápidamente: estaba llamando mucho la atención. La chica decidió calmarse y dejarse guiar por su mejor amiga hasta su cuarto. Fue un alivio que la itako apareciera, sino habría explotado a niveles que no quería imaginar. Una vez que estuvieron en el cuarto de la Kyoyama, Evolet se dejó caer en la cama, mirando el techo. Mizu apareció frente a ella, moviendo sus orejas en señal de nerviosismo.
—Lo siento. Ya debes estar harto de verme así —susurró ella, acariciándolo.
—Él no es el único —la voz de Anna la trajo de vuelta a la realidad. Esta se sentó a su lado en la cama, y la miró como si fuera a regañarla—. ¿No te parece que ya es suficiente? Has tenido días para pensarlo… Sé que no es fácil para ti, pero menos lo será si no pones de tu parte.
—Es que no es tan sencillo. Te juro que he querido intentarlo, pero no me nace hacerlo —confesó Sakurai, soltando a Mizu—. De verdad, quiero saber qué fue lo que ocurrió… pero tengo miedo.
Anna se quedó callada un segundo, antes de hablar nuevamente.
—No es difícil ver que todo lo hizo por protegerte. Tal vez, no lo hizo de la forma correcta, pero quizá, fue la única opción que él tenía.
—A lo mejor… pero si apareció de nuevo, fue más por los gemelos que por mí.
La itako hizo una mueca de sorpresa, no se esperaba una confesión así.
—Me siento mal por confesar esto, pero estoy celosa de ambos. Mi padre sólo se preocupa por ellos, aunque es lógico porque son quienes tienen que acabar con todo esto. Aun así, no hace que deje de sentirme mal.
—¿Y tu madre? Porque es tu madre, no necesitas ninguna prueba para saberlo, eres una fiel copia de ella —vio a Evolet encogerse en su lugar—. Ella no tiene culpa de nada.
—…Sí, lo sé.
La joven se sorprendió cuando sintió que Anna la tomaba de manera firme por los hombros. Era increíble la fuerza que había adquirido al haberse transformado en una vampiresa.
—¿Sabes algo? Siempre he dicho que eres una patada en el trasero para mí —comenzó la rubia. Tornó el gesto de improviso, mostrándole una cálida sonrisa—, pero eres la persona más fuerte que conozco. Eres mucho mejor que esto.
Anna Kyoyama siempre tuvo una manera extraña de demostrar su afecto. Tanto Evolet como Yoh lo sabían. Sakurai mostró una leve sonrisa de lado y soltó una risita.
—Creo que ya lo sabes, pero eres genial —la itako hizo un gesto de que lo sabía, haciendo reír a la otra chica—. Gracias, por estar siempre a mi lado.
—Bien por ti, porque tendrás que soportarme por lo que nos reste de vida —era un tanto extraño que Anna bromeara, por lo que no dijo nada—. Tú estuviste ahí para mí en su momento, por eso no dudaré en hacer lo mismo… Aun no entiendo por qué fuiste tan amable conmigo, cuando yo era tan… furiosa con los demás.
—Tan "tú" —resumió Evolet, ganándose un codazo en las costillas.
No pudo evitar que se le escapara una risa. Anna sonrió levemente, mientras el momento hizo que ambas recordaran cómo surgió ese lazo que las unió.
Una niña rubia se encontraba sentada en uno de los pasillos de la casa. Sentía cierto alivio porque nadie se daría cuenta que estaba llorando. Anna seguía sin reponerse de la pérdida de su familia. Si bien los Asakura la habían acogido en su casa, brindándole la oportunidad de formar parte de una nueva familia, seguía extrañando su hogar. Ambos habían muerto en un trágico accidente… A veces se preguntaba si también debió estar ahí, así los tres estarían juntos. Aquellos pensamientos fueron interrumpidos por la presencia de alguien más en ese lugar. Alzó la mirada, encontrándose con una niña de largos cabellos azabaches y ojos dorados.
—¡Hola! Tú debes ser Anna, ¿verdad? Los abuelos me han hablado sobre ti. Me llamo Evolet Sakurai y seremos compañeras de ahora en adelante —la pequeña intentaba ser amable y hablar bajito porque había notado sus lágrimas.
—¿Y qué quieres? —preguntó, bruscamente. Se secó las lágrimas con la manga de su blusa—. ¿Vienes a burlarte de mí por estar llorando?
—¿Por qué haría eso?
Aquella sucinta respuesta la tomó por sorpresa. Miró a los ojos a la recién llegada e intentó encontrar algo que le indicara que estaba mintiendo. No obstante, sólo halló ese brillo de compasión que tanto le molestaba. Si no le estaba mintiendo, ¿por qué se había acercado a ella? Activó su Reishi para conocer la respuesta a su pregunta. Gracias a su poder, notó que su aura era de un color blanquecino. Imposible, primero el nieto de la señora Kino, y ahora esta niña… Bajó un poco su guardia al verla, pues significaba que no tenía malas intenciones. Muy pocas personas tenían un aura tan pura como la de ella.
—Entiendo que te sientas muy sola, pero te prometo que ya no será así —Anna la miró, curiosa—. Si quieres, puedo ser tu amiga. Yo tampoco tengo a nadie con quien jugar. Si tú quieres… podríamos ser hasta hermanas.
¿Una hermana? La idea se le hacía un tanto extraña, pues la Kyoyama siempre fue hija única y siempre se preguntó qué se sentiría tener un hermano mayor o menor.
—¿Qué dices?
—…No te emociones, me lo pensaré —fue todo lo que dijo, sin saber que dicha respuesta había hecho que Evolet se pusiera muy contenta.
La relación de ambas niñas comenzó siendo un tanto extraña, pues Anna tenía intenciones de llevarse bien con Evolet, pero a veces su lado colérico la alejaba sin pensarlo. Que ambas asistieran a una escuela primaria sólo para las niñas, donde no escapaban de uno que otro tipo de bullying, a veces no ayudaba. Todo cambió cuando, un día, la broma hecha por unas compañeras había ido tan lejos que Anna terminó embarrada de pintura naranja frente a todo el salón. A pesar de eso, lo sorprendente fue que Evolet no dejó que cargara con la vergüenza, y se levantó para arrojarse a sí misma la pintura naranja. Esa tarde, la itako había sonreído verdaderamente por primera vez en varios días –sin mencionar que el abuelo las castigó ese día, pensando que habían jugado con pintura–. Kyoyama cumpliría años pronto, y le entristecía el hecho de que sus padres no pudieran celebrárselo como solían hacerlo. En ningún momento mencionó cuándo era su cumpleaños, por lo que se sorprendió al saber que Evolet le daría un presente.
—No sabía si querrías que te regalara algo, pero pensé que esto podría ayudar a levantarte el ánimo —se sinceró, tendiéndole una cajita—. Espero que te guste. Yo misma lo hice.
Anna rasgó el envoltorio sin ningún cuidado, el cual mostraba un sinfín de caritas sonrientes con gorritos de cumpleaños. Se llevó una gran sorpresa al ver lo que tenía en su interior. Se trataba de un pequeño rosario de cuentas de color rosa. Tal vez no fuera una amante de dicho color, sin embargo, encontraba muy bonito ese gesto que tuvo con ella. No pensó que la protegida de Yohmei haría algo así por ella.
—Me encanta —le sonrió levemente—. Gracias…
Evolet no pudo evitar abrazarla al ver esa hermosa sonrisa dibujada en su rostro. Anna le devolvió el gesto con cierta incomodidad. No era alguien tan afectuosa, pero haría una excepción con aquella chiquilla… con esa niña que, sin saberlo, se convertiría en su hermana de otra sangre.
—Recuerdo que estaba muy emocionada por regalarte tu primer rosario. ¿Qué hiciste con él? —preguntó Sakurai, curiosa.
—Digamos que no aguantó tantos años de uso —la rubia alzó su brazo derecho, divertida—. Por eso, sufrió una pequeña transformación.
El rosario se había vuelto una hermosa pulsera. Desconocía la habilidad manual de Anna para haber transformado algo viejo en algo tan precioso. Las cuentitas rosas brillaban como perlas naturales, cuando deberían estar muy desgastadas. También tenía una pequeña corona justo en el medio.
—Guardé las cuentas por mucho tiempo, luego pude crear otro accesorio. ¿Qué crees que simboliza la corona?
—¿Qué eres la reina de esta casa? —Evolet arqueó una ceja, divertida.
—Algo todavía mejor que eso —la corrigió Anna, con una sonrisa socarrona—. Simboliza mi futuro estatus como esposa del Shaman King. Lo lamento por Hao y por ti, pero Yoh será el futuro rey de los shamanes.
—Cuidado, Anna. No me retes —imitó su sonrisa de desafío—. Sabes que, si lo quiero, podría hacer que Hao le patee el trasero a su hermano. Soy competitiva y creo que eres consciente de ello.
—Sí, claro… No importa lo que pase, ya está escrito que Yoh ganará el torneo.
Una risa acabó por escaparse de los labios de la Sakurai. Sin darle tiempo para reaccionar, abrazó a la itako… y dicho gesto fue devuelto.
—Gracias, Anna —susurró, cerrando sus ojos.
No importaba lo que todo el mundo tuviera para decir, Anna era única en su clase y no habría podido pedir una mejor amiga. Sabía que, aunque lo perdiera todo, estaba segura de que ella siempre iba a ser la excepción.
•❈•
Hao Asakura
—Oye, ¿A dónde vas?
Apreciaba mucho a mis amigos, aunque esta era una de las veces en que quería estar solo. Sabía que, si no les daba una explicación, iban a seguirme por toda la aldea… y si les decía la verdad, harían lo mismo. ¿Por qué esos idiotas habían regresado a mi vida? Bueno, en realidad agradecía que estuvieran conmigo en esto. Tal vez no se los decía todo el tiempo, pero los había extrañado bastante. Papá me hizo un gran favor el día en que los contactó. Me detuve un momento, volteando a ver a Redseb y Nichrom. Ambos lucían muy curiosos.
—Necesito hablar con tu hermano sobre algo importante —respondí, sin darles mayor explicación.
—¿Es por lo de la piedra? —inquirió Redseb, obteniendo una mirada colérica de mi parte—. No me mires así, a él se le escapó —señaló a mi otro amigo.
—Gracias por echarme de cabeza, tarado —Nichrom rodó los ojos—. Chrom no quiso decirme nada sobre la gema. ¿Qué harás con ella?
No tuve opción, así que les conté mi plan de inicio a fin. Ambos rieron, diciendo que podría estar maldito por haberle robado al faraón. Quise ignorarlos, pues era consciente de que existían trampas dentro de las tumbas… pero creer en eso de las maldiciones no. Si fuera así, ya habría pasado algo. Llegamos hasta la joyería de Chrom, quien no estaba solo en su tienda. Rutherfor estaba charlando con él sobre cosas que únicamente ellos –los apaches– entendían.
—Estuve revisando la foto que me enviaste. Tengo unas cuantas opciones para ti —se veía emocionado por ello.
Se acercó a un mueble para tomar un catálogo. Quedamos muy sorprendidos al ver los bocetos que había dibujado. Todos sus diseños eran increíbles… tanto que no sabía cuál escoger. Al final, terminé optando por ese diseño que, en mi opinión, era el que más le gustaría a Evolet. Le entregué la gema dorada, la cual se robó la atención de todos.
—¿Es para Evolet? —supuso Rutherfor. Sonrió cuando confirmé su sospecha—. Es hermosa. Estoy segura de que le va a encantar.
—Eso espero… —susurré.
—Es lo mínimo que le debes —se burló Nichrom—. Pasaron su primer día de los enamorados lejos del otro.
—Tú también —lo acusé, ganándome un gesto divertido.
—Ya que no quisiste ser oficial del torneo, deberías de ayudarme con el negocio —le dijo Chrom a su hermano menor—. Al menos con el inventario, ¿no?
—Es tu empresa, no mía —señaló un divertido Nichrom—. Y si quise ser uno de los oficiales. Pensé que sería genial evaluar a Hao si entraba al torneo.
—¿Entonces por qué cambiaste de opinión? —pregunté con extrañeza.
—Por el ritual de iniciación —musitó mi amigo, haciendo una mueca—. No quería lavarle los pies a Goldva. Qué asco.
¿…Qué?
—¿En serio esperas que nos traguemos eso? —se burló Red—. Es la excusa más tonta que te has inventado.
—¡Les estoy diciendo la verdad! —exclamó, fingiendo sentirse ofendido. Llamó la atención de su hermano y Ruth—. ¿Es verdad que existe un ritual de iniciación para formar parte de los diez oficiales?
Rutherfor se estremeció al recordarlo, y Chrom no pudo evitar mostrar su mueca de asco e indignación. No podía creer que Goldva fuera capaz de obligarlos a hacer algo así; aunque luego recordé la penitencia de lavar los baños si alguno de los participantes llegaba tarde a su pelea. Esa mujer estaba loca.
—Es injusto que no hayas pasado por eso —Chrom frunció levemente el ceño—. Ya se me ocurrirá algo para que lo hagas. Esto no se va a quedar así.
Estuvimos burlándonos durante todo el camino de regreso a casa. Sus miradas coléricas no servían de nada, pues era gracioso que su hermano lo "traicionara" de esa manera. Redseb pensaba lo mismo que yo: le ayudaríamos a Chrom para que su venganza se cumpliera. No tardamos mucho en llegar. Nos sorprendimos al encontrar a todos en la sala de estar. Por alguna extraña razón, se les veía un poco ansiosos.
—¿Qué está pasando aquí? ¿Están regalando algo? —pregunté, divertido.
—No te lo imaginas —Len rodó los ojos, acomodándose en el sofá.
—¡Chocolove tendrá su primera cita! —exclamó una emocionada Pilika—. ¿No es adorable?
…
—¿Chocolove? ¿Nuestro Chocolove? ¿El que se cree rey de las bromas?
Era obvio que Red estaba algo incrédulo ante la idea, pero no lo culpaba.
—¿Y quién es la pobre desgraciada? —se preguntó Anna, llegando al cuarto.
—Qué extraño… —mencioné—. Acabamos de llegar de la joyería y Rutherfor no parecía estar arreglada.
—Normal, será en un par de horas —explicó Kaoru—. Chocolove subió a buscar lo que se pondrá para mostrárnoslo.
—¿Y para eso tanto espectáculo? —preguntó Nichrom, haciendo una mueca.
—Es lo que yo digo, pero nadie quiere escucharme —intervino Evolet, lanzando un suspiro—. Chicos, tenemos que dejar a Chocolove ser él mismo.
—Tal vez… o podemos espiar, también suena divertido —sugirió Horo-Horo.
Estuvimos esperándolo por, al menos, media hora. ¿Por qué demonios tardaba tanto? No creo que tenga tanta ropa… Sin embargo, en mi caso era entendible.
—¡Ahí les voy!
Todos levantaron la cabeza al oír que bajaba las escaleras. Nunca pensé que me quedaría ciego al ver un atuendo tan…
—Espantoso —Lyserg me había quitado la palabra de la boca, aunque lo había dicho casi inconscientemente.
No creí que existiese un traje más horrendo que ese. El vestuario de Chocolove consistía en una camisa color crema, lo único normal que vestía. Llevaba puesta una corbata amarilla con estampado de lunares en un tono más oscuro, un blazer naranja fluorescente y un pantalón rojo. Si existía algún dios de la moda, era un hecho que no había bendecido a nuestro amigo con eso. La pobre deidad querría arrancarse los ojos al ver aquella ropa tan fea.
—Y por esto es que no podemos dejar que sea "él mismo" —le susurró Len a la Sakurai, quien tampoco podía creer lo que sus pobres ojos veían.
—Oye, moreno. Ese atuendo está perfecto.
—¿De verdad? —preguntó, alegrándose por el aparente cumplido.
—Sí… perfecto para trabajar en el circo —completó Horo-Horo, ganándose las risas de más de uno de nosotros.
—¿Por qué fuiste a ponerte lo más feo de tu armario? —inquirió Manta, viéndolo de arriba a abajo.
—¿Y si mejor te vistes con algo más, Chocolove? —propuso Tamao, queriendo ser más amable.
—¡Yo podría ayudarte! —se ofreció Pilika.
La Usui le regaló una sonrisa que parecía más bien una mueca.
—Oigan, sé que no es el mejor atuendo del mundo… —comenzó Yoh, viendo a nuestro amigo—, pero si Rutherfor lo quiere de verdad, no será por lo que usa.
—¡Parece salido de McDonald's! —exclamó el ainu, viendo mi hermano como si se hubiera vuelto loco.
—Tal vez, pero es mejor que sea él mismo. Confío en que todo saldrá bien —la sonrisa relajada de Yoh hizo que todos se dieran por vencidos.
No pude evitar dejar escapar una sonrisa. Mi gemelo era único.
—Yo te apoyo —sonrió mi novia.
Eso pareció darle más ánimos a Chocolove. Un par de minutos más tarde, él iba de camino a encontrarse con su cita… y no pudimos aguantarnos, así que fuimos a seguirlo a escondidas. Sentíamos demasiada curiosidad por saber cómo le iría en esa primera cita. Nos detuvimos cuando lo vimos sentarse en una mesa que estaba fuera de la pizzería del pueblo. No dudamos en apretujarnos tras algunos arbustos que tenían una excelente vista de la mesa donde estaría la pareja.
—No puedo creer que la lleve a comer una grasosa pizza en la primera cita —la más indignada era Pilika.
—Oye, la pizza es grandiosa —replicó Red—. No la denigres.
—Por todos los espíritus, no empujen —susurré con furia, intentando no caerme de bruces contra el suelo.
—Tengo muchísimo sueño —susurró Manta, tallándose los ojos.
—Es normal, aún eres neófito —Yoh intentó animarlo.
—¿Quieren callarse? —Anna nos calló a todos—. Miren, ahí viene Rutherfor.
A diferencia de Chocolove, Rutherfor se veía muy bien. Llevaba puesto un lindo vestido corto de encaje azul oscuro y mangas a medias. Las chicas comentaban lo hermosa que se veía. Se acercó hasta la mesa donde la esperaba McDonell. Se sentó frente a él, esforzándose en ocultar su nerviosismo. Ambos estuvieron platicando un rato sobre cosas triviales hasta que un mesero se acercó a pedirles su orden… o la orden de Rutherfor, puesto que Chocolove no podía comer nada por ser inmortal. Una vez que el mesero se alejó, el afroamericano pareció sentir cierto aroma en el aire.
—¿Qué sucede? —preguntó la chica.
—Huele a fresas —señaló él, cambiando la expresión a una placentera.
—Oh, debe ser mi labial —indicó con una sonrisa—. Lo compré hace unos días.
—¿Sabe tan bien como huele?
—¿Por qué no lo averiguas? —lo tentó, tornando su gesto facial a uno travieso, para variar.
La joven de mirada turquesa cerró los ojos, preparándose para recibir un beso. Sin embargo, ni ella ni nosotros nos esperábamos la reacción del payaso del grupo. Chocolove se le acercó, deteniéndose a un par de milímetros de su rostro. Pasó uno de sus dedos por sus labios, y luego se lo llevó a la boca. Rutherfor lo miraba, anonadada.
—Tienes razón, es delicioso —comentó él, saboreando el labial.
…Ninguno pudo resistirse a darse un golpe en la frente con la palma de la mano. ¿Qué demonios sucedía con Chocolove? No podía ser tan lento, y su idiotez me desesperaba. Evolet tuvo que retenerme de la mano para que no saliera a darle una buena paliza. La risita de Rutherfor captó la atención de todos, incluida la de su chico. Le tomó de la mano, apartándosela de su boca.
—No me refería a eso —musitó ella, casi en un susurro.
Acortó la distancia entre ambos cuando se aproximó a su rostro. Acto seguido, lo besó. Chocolove se sorprendió por unos segundos, pero luego le correspondió el gesto, imitando esas suaves caricias. Parecía como si nos hubieran cortado la respiración a todos. Nadie podía creer la inesperada reacción de la apache. Era admirable que ella quisiera tanto a alguien tan tonto como el shaman del afro. Aun así, nos alegrábamos por ellos. Chocolove había estado mucho tiempo sin pareja y, por fin, había encontrado a alguien perfecta para él. Nos alejamos del lugar para dejarlos a solas. Sabíamos que luego nos contaría cómo le había ido; y aunque no lo hiciera, sabíamos de sobra la respuesta. Esa cita iría de maravilla.
•❈•
Abrí los ojos con mucha dificultad, notando que no estaba en mi habitación. Por un momento olvidé que me había quedado dormido en el cuarto de mi novia, en tanto escuchábamos algo de música. No pude moverme demasiado porque ella tenía su cabeza acurrucada en el hueco de mi cuello. Me sentía más tranquilo al saber que ella lo estaba. Desde hace unos días que está muy desanimada, pero no tenía que dejarse vencer tan fácil. Al parecer, la invoqué con el pensamiento, pues despertó y me miró algo somnolienta.
—Buenas noches, mi lady —bromeé, divertido.
Ella sonrió y acabó por sentarse en la cama. Pasó las manos por su cabello para desperezarse.
—¿Dormimos mucho?
—Casi toda la tarde —respondí, sentándome junto a ella—. No me quejo, estaba muy cómodo —le guiñé un ojo, cosa que la hizo reír.
—…Acabas de recordarme algo —rápidamente, se levantó de la cama para ir a buscar algo en su escritorio. Me quedé muy curioso, antes de que ella regresara con algo en las manos—. La tomé hace unos días, y quería dártela.
No supe en qué momento nos había tomado esa foto a Yoh y a mí. Los dos nos estábamos riendo de algo que no recordaba. Yoh estaba partiéndose de la risa, mientras que yo lo miraba con simpatía, como si me contuviera de reír.
—¿Te gusta? —quiso saber, sentándose de nuevo a mi lado—. La tomé justo en el momento preciso. Te veías como realmente eres. Me pareció adorable poder verte exteriorizar esa felicidad que sientes al estar al lado de Yoh.
—Es perfecta… Creo que a Yoh le gustará —respondí, sin saber cómo contener mi felicidad. Era increíble que ella me hiciera mostrarme tan fácil. No me contuve y le di un fugaz beso en los labios—. Gracias.
A pesar de eso, recordé que no estaba ahí para que habláramos de mí. Esta vez, tenía una misión más importante. Sabía que esto tal vez la molestaría, pero era mi deber como su pareja hacerla entrar en razón… por ella y por su familia.
—Quería hablar contigo sobre algo muy importante —titubeé casi sin quererlo.
Ella me miró con interés, por lo que continué.
—Creo que deberías hablar con Cedric y Leia.
—No… No tú también —inmediatamente noté que iba a cerrarse, pero no la dejé apartarse de mí.
—Evolet, escucha… Él no te mintió porque quiso, y mucho menos te abandonó por no quererte a su lado. Eres su hija.
—Es que no dejo de pensar en lo que habría pasado si no me hubiera enterado. Quizás, él sólo se habría ido sin decir nada —lo dudaba mucho, en realidad.
—No lo creo. ¿Sabes? Ahora entiendo por qué me veía con tanto odio cada vez que me acercaba a ti —solté una ligera risa—. Es muy celoso de ti, pero es lógico porque eres su niña… —la miré con mi mejor cara—. ¿Y tu madre? Después de todo lo que pasó, creo que merece una oportunidad de conocerte.
Un suspiro escapó de sus labios y desvió la mirada para dejar de verme. Supuse que lo pensó por unos momentos, porque volvió a mirarme.
—Lo intentaré, supongo.
—¿…Qué te parecería pensar en tu verdadero nombre también? —inquirí por lo bajo. Ella hizo un mohín que me hizo reír, pues creí que pensaba que le estaba pidiendo demasiado—. Tal vez sea difícil aceptarlo, pero es el nombre que ellos te pusieron… Además, creo que es hermoso, Alyss.
Mi novia puso una sonrisa de derrota y volteó los ojos, negando con la cabeza.
—Eres imposible, Asakura —me reí, abrazándola contra mi pecho—. Tú ganas, pero será con una sola condición.
¿Condición? Vaya, esto estaba poniéndose interesante. Bajé la mirada para que supiera que tenía mi atención.
—Es un poco vergonzoso pedírtelo… ¿Crees que podríamos dormir juntos en la noche? —se separó de mí, y noté que sus mejillas se habían coloreado—. Antes de que te fueras, me sentí muy tranquila esa vez… Aunque sé que compartir la cama es un tanto extraño, pero…
—Está bien —la corté, riéndome en el proceso. Me resultaba divertido saber que estaba nerviosa conmigo, cuando hace meses el nervioso era yo—. Sabía que me lo pedirías.
—Eres un tonto —me sacó la lengua.
Los ojos de Evolet… de Alyss resplandecían como nunca. Estaba feliz de poder hacerla feliz. Charlamos un poco más hasta que pensé que sería buena idea que trajera algunas de mis cosas a su cuarto, como la almohada. Estábamos camino a mi habitación cuando nos sorprendimos al toparnos con Cedric y Yohmei. Este primero nos vio tomados de la mano y no pudo fingir que la idea le agradaba.
—No puede ser… ¿Por qué tenías que elegir a este pendejo? —preguntó—. Hay tantos chicos en esta casa, ¿por qué a él?
—A mí tampoco me agrada la idea de estar emparentado contigo —le aclaré, tratando de contener mi molestia—, pero es lo que hay.
Alyss se veía algo desconcertada, como si no hubiera imaginado que chocaría con su padre de esta manera. El abuelo interrumpió la plática con un carraspeo.
—Justo andaba buscándote —Yohmei se refería a mi chica—. Hay que hablar sobre tu castigo, Evolet.
—Alyss, abuelo —lo corrigió ella, tomándolo por sorpresa tanto a él como a su padre—. Mi nombre es Alyss.
—Muy bien —él sonrió de lado.
—Iré a darle vueltas a la casa, parada de manos —mencionó ella, alicaída. Los tres la miramos con extrañeza—. ¿Qué? Así era como me castigabas cuando no tenía notas perfectas en la escuela.
—Eso es muy fácil para ti a estas alturas, jovencita —negó él, sorprendiéndola—. Kino y yo estuvimos pensándolo por un buen rato, hasta que, por fin, tomamos una decisión. Tienes prohibido comprar ropa hasta que te levantemos el castigo.
¿…Ese era el castigo? ¿De verdad?
—Abuelo, no lo hagas —le suplicó ella, poniendo ojos de corderito degollado—. ¡Pronto empezarán las ofertas en los almacenes! Hay un vestido divino que está haciéndome ojitos.
—No me harás cambiar de opinión —se mantuvo impasible, evitando la mirada de la chica para no ceder—. Eso no es todo. Tampoco puedes tener salidas con Hao en estos días.
—¡¿Qué?! —exclamamos al unísono.
—Ese castigo me agrada más —dictaminó Cedric, ganándose una mala mirada de mi parte.
—Abuelo, puedes quitarme la ropa… pero no las citas con Hao —recriminó ella.
—¿Por qué me involucras a mí en esto? —le reclamé, algo molesto—. ¡No he hecho nada!
—He notado lo mucho que disfrutas estar junto a él. Eso vendrá muy bien para hacerte reflexionar sobre tus acciones. Espero que no me desobedezcan.
Nos lanzó una mirada de advertencia, llevándose a Cedric consigo. Ambos nos miramos con tristeza, hasta que mi novia pareció recordar algo.
—…Bueno, no dijo que no podemos salir a escondidas —susurró ella, sonriendo de lado.
—Tampoco dijo nada sobre dormir juntos —musité, imitando su gesto divertido.
Era innegable, estábamos hechos el uno para el otro.
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—Hoy haremos algo… diferente.
Cedric nos miró con cierta seriedad. Tendríamos otro entrenamiento este día.
—Digamos que, si no lo hacen bien, la vida de los demás peligraría.
Volteamos a ver hacia atrás, notando que todos se encontraban algo más lejos. Lo suficiente para que no pasara nada.
—En esta ocasión, nos centraremos en los poderes que Myorei les concedió —hizo una pequeña pausa, sin cambiar su semblante—. Tal vez no sea un shaman y, por tanto, no pueda hacer posesiones de almas con espíritus o entes malignos. Sin embargo, sé lo suficiente como para entender que un pacto con un demonio tiene sus consecuencias. Es como firmar un contrato con letras muy pequeñas. Aunque él les haya dicho que la única condición era derrotar a Darkar, sé que no fue así. ¿Cuál creen que fue el precio a pagar?
Estuvimos cavilando por un momento, recordando cada batalla donde habíamos utilizado sus poderes. Asocié cada acontecimiento, hasta llegar a la respuesta que tanto buscaba.
—La sed de sangre —concluí—. El deseo de matar.
Cedric asintió, casi complacido.
—Ese lado asesino no es propio de los mortales —reveló, retrocediendo unos pasos—. Es la influencia de Myorei lo que les está afectando. Considero que es indispensable que sepan lidiar con ese instinto, antes de que lastimen a uno de sus seres queridos.
Tenía razón, era necesario que controláramos la posesión con Myorei.
—Les daré una oportunidad de derrotarme —nuestro mentor retrocedió algunos pasos—. Hao, tú te jactas con que me vencerás en duelo algún día. Pues bien, aquí está tu oportunidad. Demuéstrame que no eres sólo un hablador.
No me dejaría llevar por un comentario tan insignificante. Yoh y yo realizamos nuestras respectivas posesiones. Era extraño que ambos pudiéramos invocar los poderes de Myorei a la vez; probablemente se debía al nivel de reiryoku que poseía ese demonio. Hice una mueca cuando sentí ese escozor hacia el lado izquierdo de mi rostro, seguido de un terrible dolor en la espalda, provocado por la aparición de las terroríficas alas esqueléticas. Volteé a ver a mi gemelo, quien también mostraba sus rasgos característicos: la mitad derecha de su rostro color negro, el ojo derecho de un tono verde muy intenso y su aterrador brazo púrpura que terminaba en garras. Sin darle tiempo a que reaccionara, me elevé en el aire gracias a esas enormes alas y lancé una llamarada de fuego al agitar mi espada. Cedric esquivó el ataque como si nada.
—¿Es todo lo que tienes? —me provocó.
Nuestro mentor juntó sus manos, formando una poderosa carga eléctrica entre ellas. Luego las separó para lanzar su técnica en dirección a nosotros. Nuestros reflejos habían mejorado gracias a sus entrenamientos, por lo que fácilmente lo esquivamos.
—¿Por qué no están usando sus poderes? —nos regañó, frunciendo el ceño—. El punto de este entrenamiento es que practiquen, mocosos.
Tenía que resistirlo; no podía abandonarme a ese deseo de asesinar lo que sea que tuviera enfrente. Se trataba de Cedric: mi mentor y futuro suegro. Chasqueé la lengua al recordar el nuevo lazo que nos unía a mí y al próximo gobernante de Ascantha. Me fastidiaba ser su yerno, pero bueno…
—Me decepciona que estos sean los famosos gemelos Asakura —la ventaja la tendría Yoh, pues él podía controlar mejor sus emociones que yo—. Esta prueba me deja bastante en claro que eres muy poca cosa para mi hija, Hao.
¿…Qué?
—Mi Alyss es demasiado para ti, preferiría que estuviera con alguien a su altura, ya que tú no lo estás demostrando.
Sentía que mis temblores aumentaban. Cada palabra dicha por el vampiro me dolía, sólo que no iba a admitirlo. Apenas me di cuenta cuando un rugido provino de mi garganta. Mis oídos no me dejaban escuchar con claridad lo que pasaba a mi alrededor. Mis ojos sólo se enfocaban en Cedric.
—¡Hao! —escuché la voz de Yoh muy lejana a mí.
No le hice caso. Una barrera de fuego morado se alzó con fuerza, formando un gran círculo y capturándonos a todos en su interior. Mi brazo se prendió en fuego demoniaco. Lancé mi ataque con fuerza, el cual Cedric esquivó por muy poco.
—Cállate…
Yoh cambió las propiedades del suelo, el cual adquirió un tono más oscuro y una consistencia blanda. La viscosidad de la arena aumentó tanto que nuestros pies comenzaron a hundirse en ella.
—No lo escuches, Hao.
—¿Tú también estás molesto? —nuestro mentor no se iba a detener—. Entonces demuéstralo, Yoh.
Noté que apareció un enorme círculo bajo los pies de Yoh. Traté de advertirle, pero fue demasiado tarde. Mi gemelo recibió una poderosa descarga eléctrica que, de haber sido humano, lo habría asesinado. Por suerte, sólo lo dejó aturdido por unos cuantos segundos.
—¡Eres un maldito! —lo insulté, mirándolo con furia.
—Basta, Cedric —le pidió Yoh. Había logrado tranquilizarse—. Ya fue suficiente.
—Será suficiente cuando yo lo diga.
Seguía mirándonos como si fuéramos algo menos que insectos. Le daría el golpe definitivo para que no siguiera burlándose. Alcé mis manos, consiguiendo que las llamaradas que conformaban la barrera regresaran a mí, formando la esfera de fuego más grande que había creado hasta ahora. No había duda; con ese ataque nuestro mentor quedaría reducido a cenizas.
—¡Hao, detente! —imploró mi gemelo.
Ese grito me desconcentró, haciendo que las llamas se escaparan en diversas direcciones. Cedric logró crear una barrera para impedir salir lastimado, pero no fue el caso de mi hermano. Un fogonazo le golpeó de lleno en su brazo izquierdo, el que no había sufrido ninguna transformación con la posesión demoniaca. Su piel no tenía esa capa protectora que pudo haber evitado que saliera lastimado. Soltó un alarido, trayéndome a la realidad.
—¡Yoh!
Nos detuvimos y corrí hacia mi gemelo, muerto de preocupación. Yoh tenía una fea quemadura de tercer grado en su brazo. Intentaba ocultar su mueca de dolor, mas no lograba engañarme. Era mi culpa por no controlar mis poderes a tiempo. Pude haber asesinado a Yoh, ya que los poderes de Myorei eran mortales para los vampiros. Si eso hubiera pasado, jamás me lo perdonaría.
—Cedric no tiene la culpa —susurró Yoh, conteniendo un gemido de dolor—. Él sólo quería hacernos más fuertes.
No lo pensé otra vez. Hice aparecer la flama dorada y la acerqué a la zona herida. Ese poder era lo único que podría calmar su dolor, restableciendo el proceso de curación. Vi, con alivio, cómo la quemadura desaparecía lentamente.
—Hao —no quería voltear a verlo—. Creo que sabes que nada de lo que dije es cierto. Era parte del entrenamiento.
Lo miré de soslayo, esperando encontrar alguna mueca que desmintiera lo que decía. Sólo percibí un profundo arrepentimiento en sus ojos.
—Debo admitir que no me sentí muy bien cuando supe que salías con Alyss… y que podríamos llegar a tener una relación de suegro-yerno en el futuro, pero un padre siempre sentirá celos de su hija. Es algo que no se puede evitar.
…Lo entendía, pero no se lo iba a decir.
Pasaron unos minutos más hasta que Yoh me aseguró que estaría bien. Cedric se disculpó con ambos, pero mi hermano lo aceptó con mayor facilidad.
—Las semi-finales comenzarán en un mes —nos recordó—. Aprovecharán ese tiempo para seguir practicando lo que han aprendido hasta hoy y entrenar con la Rebelión. Eso les ayudará en sus peleas restantes del torneo.
Goldva nos había dado un tiempo prudencial para prepararnos antes de que se reanudara el torneo. Supuse que esa pausa se debía a lo sucedido en la pelea de Len y Alyss. Debíamos aprovechar esas semanas para mejorar, de modo que pudiéramos continuar en la Shaman Fight. El número de participantes se había reducido a cuatro, lo que lo hacía más difícil. Len y Horo eran muy fuertes. Yoh… pues nada me había hecho cambiar de opinión. Seguía sin querer enfrentarme a mi hermano, pero la vida no era justa con nadie.
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—¿Mi Lord?
Darkar volteó a ver por sobre su hombro a Marco.
—Te quedas a cargo en mi ausencia. ¿De acuerdo? —el vampiro rubio inclinó la cabeza a modo de reverencia—. Será un mes bastante largo, pero es necesario ahora que los Asakura tienen el Talismán.
—Como usted ordene, mi señor.
Marco dejó solo al rey de los vampiros, mientras este se preparaba.
—Es un hecho que los humanos son inútiles y uno debe hacer las cosas por su cuenta para que salgan bien… Leia no acabó con Cedric, pero hay tiempo antes de que descifren cómo usar esa reliquia —sonrió de lado—, pero antes de irme, tendré que recuperar la única llave existente para que nadie pueda fastidiar mi plan B.
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¡Hola! ^^
Nuevamente les traigo un capítulo muy variado: escenas románticas, la aparición de Leia, los sentimientos encontrados de Evolet (quien, a partir de hoy, tendrá su verdadero nombre). ¡Y el malote! No podía faltar la escena de nuestro villano favorito xD Espero que el capi haya sido de su agrado.
¡Muchas gracias a todos por leer! Sin su apoyo no sería posible. Si tienen dudas, comentarios, sugerencias, críticas, etc., pueden hacérmelos llegar a través de un review.
¡Nos vemos! ^^
