Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a sus OC (Evolet/Alyss, Cedric y Leia).
Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).
Género: General. Tiene un poco de todo.
Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.
Conversación en otro idioma.
26
Calma antes de la tormenta
Hao Asakura
—¿Alyss?
Habían transcurrido unos días desde que mis abuelos le levantaron el castigo. Pensé en salir con mi novia para intentar distraerla, pero había algo que aún me dejaba intranquilo. Pasaron los días, e incluso lo demás se habían acostumbrado a llamarla por su nombre… pero ella seguía sin aceptarlo por completo, por ende, todavía no había hablado con sus padres.
Por todos los espíritus, ¿dónde se metió?
Lancé un resoplido, en tanto recorría los pasillos de la casa, buscándola. Iba a pasar de largo el patio cuando me detuve en seco. Me asomé por la ventana del pasillo y ahí la vi, sentada junto a la fuente con un rostro frustrado. Fue ahí que recordé que me había comentado que sus poderes comenzaron a fallarle desde que la habían secuestrado. La vi llevarse las manos a la cabeza, mientras Mizu aparecía a su lado e intentaba animarla.
—¿Qué ocurre conmigo? —pude oír su tímido susurro a pesar de estar un poco lejos de ella. Supuse que hablaba con su espíritu acompañante—. Mis poderes… Esto jamás me había pasado.
Ni siquiera noté que mi cuerpo se había movido por sí solo y ya estábamos cerca.
—Creo entender lo que sucede —ella alzó la mirada, sorprendida de verme—. Tal vez no sea mi área, pero el agua es el elemento que fluye con las emociones. Es el elemento de la aceptación… y es algo que aún no has podido lograr estos días, ¿no es así?
Mi novia bajó la cabeza, dándome la razón de alguna forma.
—Hao, yo… Lo he estado intentando. Te lo juro —parecía sufrir con el hecho de no cumplir con lo que me había prometido—, pero es muy difícil. Es como si no quisiera procesarlo. Es más, ni siquiera termino de entenderlo… Mi padre es un vampiro, y mi madre prácticamente desciende de sirenas. ¿En qué me convierte eso? ¿En un unicornio?
—Bueno, en mi opinión, eres el unicornio más bello de todos —la halagué, al tiempo en que acariciaba su mejilla. Me eché a reír al verla algo sonrojada—. Hablando en serio, creo que deberías darles una oportunidad… ¿Por qué no aprovechas que los demás no están? Cedric y Leia deberían estar en la casa.
Tomé su mano y la jalé, olvidando que debía medir mi fuerza. Sin embargo, no fue necesario. Me sorprendió que pudiera jalarme de vuelta, pero luego recordé que la mitad de ella era inmortal. Alyss arqueó una ceja, divertida por mi reacción.
—Oye, soy amiga de Anna. Tengo que ser fuerte —rio levemente cuando le di la razón. De pronto, su expresión cambió a una desganada—. La verdad no estoy de ánimos.
Me contuve para no poner los ojos en blanco. No se escaparía con excusas hoy.
—Tienes que hablar con tus padres, Alyss —estuvo a punto de replicar, pero me adelanté a ella—. No me salgas con que no estás lista. Creo que nunca lo estarás y no puedo culparte, pero tienes que intentarlo.
Intentó zafarse del agarre y ambos comenzamos a forcejear. Debí imaginármelo, no me lo iba a poner tan fácil.
—Bueno, tú lo pediste.
Sin esperar más, la cargué para ponerla sobre mi hombro y comencé a caminar. Sí, tal vez era muy poco delicado de mi parte, pero no me dejó opción. Hice un esfuerzo por no reír cuando empezó a patalear para que la soltara.
—¡Bájame, Hao! —comenzó a gritar—. ¡Auxilio! ¡Me está secuestrando!
—Buen intento, pero no te funcionará —me burlé, dirigiéndome a la casa de los adultos.
Pasamos a la par de los abuelos, quienes estaban sentados en los escalones de la entrada. Debieron poner una cara extraña, pero los ignoré y apresuré el paso. Una vez que estuvimos en el vestíbulo, bajé a mi novia con cuidado. Me gané un golpe por mi atrevimiento que, gracias a mi condición inmortal, no me dolió en absoluto. Supuse que Alyss estaba fingiendo un gesto de enfado, mas no lo había logrado del todo. Parecía una pequeña niña a la que le habían arrebatado su golosina favorita.
—¿Por qué me haces esto? Ya te dije que no puedo.
—Sí que puedes —declaré, firmemente—. Escucha, tal vez no lo parezca, pero sé cómo te sientes.
Alyss quiso contradecirme. Me apresuré a continuar con mi pequeño relato para evitar que me interrumpiera.
—Pasé por algo similar cuando estuve separado de mi familia materna —me sinceré, contemplando sus ojos—. Fue incómodo convivir con ellos ese verano en que tú y yo nos conocimos… Sigue siéndolo un poco —admití, mirando por detrás de su hombro, asegurándome que nadie más estuviera por ahí—. A veces siento como si Keiko fuera una extraña, pero es por el corto tiempo que tengo de conocerla.
Hice una pequeña pausa, tomando sus manos entre las mías.
—Los Grandes Espíritus te han dado la oportunidad de conocer a tus padres, no la dejes pasar —hablé por lo bajo—. Al final, lo único valioso en esta vida es la familia.
Soltó un suspiro. Esperaba que fuera un indicio de que daría su brazo a torcer.
—Además, creo que sería bastante útil que le preguntaras a tu madre sobre tus poderes. Ella debe saber más del tema.
—…Bien —aceptó, titubeando un poco—. A lo mejor esto es un poco incómodo para ti, pero… ¿Podrías acompañarme? Aún no quiero estar a solas con ellos.
Estaba de acuerdo con que sería realmente incómodo, pues el asunto no tenía nada que ver conmigo, pero acabé aceptando por ella. Le acaricié la mejilla para hacerle saber que estaría a su lado. Antes de pensar en buscar a ambos adultos por toda la casa, una melodía nos detuvo. Parecía venir de la sala de estar, y como nuestra curiosidad pudo más, nos acercamos. Vimos a Cedric sentado en uno de los sofás y Leia era quien estaba sentada frente al elegante piano que tenían los adultos en aquella casa, ejecutándolo con una maestría propia de un músico. No obstante, se detuvo al sentir que tenía compañía.
—…Hola —fue un saludo de lo más incómodo, por eso evité interrumpir a mi novia—. ¿Están ocupados?
—En lo absoluto, cariño —respondió Leia, poniéndose de pie.
Noté que Cedric hizo lo mismo, por lo que decidí apartarme para no inmiscuirme en la conversación y darles su espacio. Me sorprendió ver tanto sentimiento en el rostro de mi mentor, pero era entendible.
—Creo… que tenemos una charla pendiente —nunca había visto tan nerviosa a mi chica, pues siempre había tenido tanta confianza en sí misma. Era una de las cosas que me encantaban de ella—. Q-quiero oír su versión de la historia.
—…Es igual a ti cuando está nerviosa —Leia se cubrió la boca para no reír.
—¡Eso no es cierto! —vi a Cedric sonrojarse por primera vez.
Volvieron a sentarse, y el hombre le hizo un gesto a Alyss para darle entender que podía sentarse a su lado. Ella lo obedeció con algo de pena.
—…Antes de que digas cualquier cosa —Leia se apresuró a tomar la palabra, sin dejar de mirarla—. Por nada del mundo creas que nunca te quisimos. Te amamos desde antes de saber que llegarías a nuestras vidas… Nosotros no te apartamos, te pusimos a salvo porque saber que vivirías iba a ser nuestra mayor recompensa.
—No sé qué fue lo que Darkar te dijo, y tampoco sé si quiero saberlo —habló Cedric, suavizando la mirada—. Sólo quiero que entiendas que ninguno aquí es culpable de nada.
—Yo sí —Alyss bajó la mirada—. Yo la maté cuando nací.
—No, de ninguna manera digas eso —su madre se apresuró a consolarla—. Tú no me hiciste daño, mi amor. Fue mi decisión pasar por eso, y el saber que estás bien sólo me confirma que hice lo correcto en tenerte —le tomó de las manos—. Los dos estábamos tan ilusionados contigo, y como no podíamos darnos el lujo de acudir a un ultrasonido normal, no sabíamos si ibas a ser niño o niña. Por eso, tu papá pidió que nos fabricaran dos juguetes.
Me percaté de que Cedric tenía una cajita en las manos. La misma cajita de música que le había arrebatado a Alyss el día en que la encontró.
—No entiendo cómo fue a parar a manos de mi padre —explicó Cedric, dándole el regalo a Alyss—, pero este iba a ser tu regalo de nacimiento. No podías tenerlo en aquel estado, por eso me tomé el atrevimiento de repararlo para ti.
Hizo una breve pausa, esperando que su hija lo interrumpiera. Retomó la plática al darse cuenta que estaba dispuesta a seguir oyendo su versión de los hechos.
—No te alargaré la historia contándote cómo nos conocimos tu madre y yo, pero sí te diré que sabíamos que él jamás lo iba a aceptar. Estábamos dispuestos a correr el riesgo, pero no a costa de tu vida. Decidimos instalarnos en Japón, en un lugar aislado de todos. Pasaron los meses, hasta que llegó ese hermoso y trágico 21 de setiembre —le limpió un par de lágrimas que se escaparon de sus ojos dorados, tan iguales a los de él—. El parto fue muy violento, pero no fue tu culpa. Los partos de los semi-mortales son así, y éramos conscientes de ello. Quise salvar a tu madre antes de que falleciera… pensé que había muerto al no escuchar ningún latido.
—¿Qué pasó con ella? —inquirió entre susurros, ya que debía sentir que la voz se le quebraría al hablar más fuerte.
Noté que abrazaba fuertemente la cajita de música.
—Tuve que huir contigo antes de que Darkar nos encontrara —informó con cierto pesar—. Él debió encontrar a Leia y se la llevó… Tú y yo estuvimos viajando por varios días hasta que encontré a Kino y Yohmei en el Monte Osore. No quería condenarte a una vida que no merecías, y ellos me ofrecieron cuidarte. Yo… tuve que dejarte con ellos.
Cedric estaba… lagrimeando. Aquello pareció aumentar el llanto de Leia y Alyss. No tardé en comenzar a sentirme incómodo. Era un momento familiar, y yo tenía que permanecer en la habitación porque mi chica me lo había pedido.
—Dejarte con ellos fue lo más difícil que decidí, pero estarías a salvo por sobre todo. Al menos, eso fue lo que creí hasta que supe que te había dejado en el seno familiar de los elegidos de la profecía —Cedric secó sus lágrimas—. Fue una sorpresa verte en Norteamérica. Quería que estuvieras alejada de todo el conflicto ocasionado por mi padre… pero igual terminaste involucrada. Si no me acerqué tanto a ti fue porque pensé que era lo mejor… Claro que iba a contártelo en algún momento, no te iba a volver a abandonar. Sólo no supe cómo hacerlo… Nunca debí permitir que Darkar llegara a ti de esa manera.
—Cedric sólo hizo lo mejor para ti, cariño —Leia sonrió dulcemente—. Tal vez no estuvimos contigo a lo largo de tu vida, pero aún podemos hacerlo… si tú nos lo permites.
De improviso, la amiga de mamá se puso muy nerviosa. Cedric pudo disimularlo un poco, aunque sus ojos también lo delataban.
—Si aún tienes dudas, podemos hacernos una prueba de ADN —propuso él.
—No será necesario —negó ella—. El parecido entre nosotros es evidente. Les creo —no pude evitar ponerme a pensar en esa desesperante semana que mi hermano y yo tuvimos que aguantar para saber si éramos familia—. El abuelo me enseñó a no guardarles rencor, porque me dieron la vida, a fin de cuentas… Creo que puedo entender sus razones.
Ambos sonrieron con ternura al escucharla, al igual que yo. Me ponía contento saber que habían aclarado las cosas, pues los tres se merecían el uno al otro.
—Bueno… ¿De dónde eres exactamente? —le preguntó a su madre, intentando no volver a sentirse incómoda—. Sé que Ascantha es el lugar donde nació pa…
No me contuve de reír en silencio. Encontraba adorable que hiciera un esfuerzo por decirles 'papá' y 'mamá'. Al parecer, ellos también pensaban lo mismo.
—Supongo que notaste que no somos japoneses —declaró Cedric con una ligera sonrisa—. Tu madre es originaria de Holanda, por eso tiene ese extraño acento —Leia le dio un golpe en el brazo, cosa que hizo reír a Alyss—. Ustedes son muy parecidas, definitivamente de tal palo, tal astilla.
—Ese dicho jamás me gustó. Es demasiado masculino —se quejó una fastidiada Leia. Su semblante cambió rápidamente por uno alegre—. Suena mejor: "de tal flor, tal pimpollo".
Estuvieron charlando unos minutos más hasta que Cedric se disculpó para salir de la habitación un momento. Cuando pasó a mi lado, colocó una mano sobre mi hombro, sorprendiéndome.
—Gracias, Hao —me sonrió, levemente—. Por traerme a mi hija.
Lo miré tan descolocado que no supe qué responderle. Se retiró de la habitación, sonriendo con burla. Volví a ver a ambas mujeres, quienes estaban tocando el tema de Alyss y sus poderes. Tal y como supuse, Leia despejó la mayoría de sus dudas. Se ofreció a ayudarla a entrenar, consiguiendo que Alyss aceptara de inmediato. Le vendría bien ese entrenamiento, así sus habilidades volverían a ser las de antes.
—Mira, no puedo creer que lo llevas puesto —Leia sonreía, mientras tomaba con cuidado el collar que colgaba del cuello de mi novia—. Creo que no lo sabías, pero ese collar era mío. Cedric me lo regaló. ¿Y la otra parte?
—Hao la tiene —reveló Alyss, imitando su gesto.
Sentí que me sonrojé al ver a Leia tan enternecida ante la idea de que su hija y yo fuéramos pareja. Me caía bien, así que tendría que mantener mi imagen de "chico bueno" frente a ella. Mis pensamientos fueron interrumpidos por Cedric, quien traía algo a sus espaldas. Todos lo vimos con confusión, puesto que no sabíamos qué esperar de él. Le pidió a su hija que se cubriera los ojos, dejando algo sobre sus piernas. Abrí los ojos a la desmesura cuando noté lo que era e intenté hacerle unas señas a Cedric.
—Ya puedes abrir los ojos, Alyss —él pareció no notar mis gestos.
Mi novia soltó un grito que debió escucharse en ambas casas. El dichoso regalo se trataba de una araña de peluche de tamaño mediano… No sabía si burlarme o sentir lástima por Cedric. Una araña de peluche no era el mejor regalo para alguien que padecía de aracnofobia. Leia estaba de acuerdo conmigo, por supuesto. Veía a su esposo como si no creyera que le había comprado eso a su hija. Al parecer, estos tipos de regalos eran comunes entre los vampiros. Alyss aceptó el regalo –con algo de dificultad, claro– diciendo que lo pondría en su cuarto… pero no mencionó que estaría en una esquina, lo más lejos posible de ella. Luego de un rato, alguien más se reunió con nosotros. Era mi madre, que traía lo que parecía ser un libro en sus manos.
—Siento interrumpirlos —Keiko estaba muy emocionada—. Mira Leia, tengo el álbum de fotos de los chicos. Quería mostrarte sus…
—¡Fotos de bebés! —exclamó ella, chillando por la emoción—. Apuesto a que eran unas ternuritas.
¿Fotos nuestras de bebés? No pensé que mamá se las mostraría, ya que ni siquiera nosotros las habíamos visto. Cambié de opinión cuando vi una foto de nosotros dos, desnudos.
…Grandes Espíritus, ¿por qué no se apiadan de mí y me matan de una buena vez?
—Mira sus penecitos. Eran tan pequeñitos —señaló mi enternecida madre.
—¿Podría quedarme con una foto? —preguntó Alyss, más relajada.
Sentí que mi cara estaba ardiendo por la vergüenza. No dudé en tomarle la mano a Alyss para sacarla del cuarto. También quería dejar de ver la sonrisa burlesca de Cedric. Seguro me lo echaría en cara en el próximo entrenamiento. Malditos sean, Charles y Vincent Chevalier, por haber inventado la cámara fotográfica.
•❈•
Estaba ansioso por este día desde hace casi un mes. El torneo se reanudaría luego de los percances causados por Darkar. Decir que estaba nervioso era poco, ya que podría ser yo el que pelearía hoy. Por otro lado, rogaba porque no me tocara pelear con Yoh. Incluso seguí con mi pequeña plegaria mientras esperábamos el resultado frente a la enorme pantalla.
—¡El enfrentamiento de este día será entre Hao Asakura y Horokeu Usui!
El estadio se llenó de alaridos de emoción, pero supe que ninguno superaba mi propia felicidad. Horo-Horo me miró con cierta sorpresa, tomando su snowboard firmemente.
—Bueno, no era a quien tenía en mente, pero lo acepto —declaró. Yoh y Len abandonaron la arena para que pudiéramos comenzar—. Es una lástima, tendré que conformarme contigo.
—¿Podrías callarte? —lo corté, sonriendo con burla—. Trato de decidir con qué ataque te descalificaré del torneo de una vez por todas.
—¿Crees que podrás ganarme sólo con un ataque? —imitó mi gesto burlón—. Deja tanta palabrería y pelea.
Radim pidió que nos distanciáramos, formando nuestras respectivas posesiones. Mi espada no tardó en aparecer, emitiendo un brillo rojizo por momentos.
—Aún no, Fifi —musité por lo bajo, después de asegurarme que sólo mi espíritu acompañante pudiera escucharme—. Primero veamos cuál será su as bajo la manga.
—¡QUE COMIENCE EL COMBATE!
—¡Kau Kau Furi Wenfe!
Conocía ese movimiento a la perfección. Se formaron grandes pedazos de granizo alrededor de Horo-Horo, los cuales fueron despedidos hacia mí. Di un salto hacia atrás, esquivándolos. Aproveché el brinco para tomar impulso, preparándome para contraatacar. Hice aparecer una esfera de fuego que alargué hasta que tomó la forma de un látigo. Lo blandí y atrapé uno de sus brazos, impidiendo que pudiera defenderse. Le propiné un golpe con mi espada, causando que retrocediera. Frunció un poco el ceño. Sabía lo que pasaba por su mente en ese momento: quizá no debió haberme subestimado.
Pensaste bien, amigo.
—¡Marea de hielo! —exclamó.
Horo congeló el suelo con su ataque, cuando unos picos de hielo emergieron del mismo para dirigirse a mí. Logré posicionarme en uno de ellos, manteniendo el equilibrio. Fui desplazándome entre ellos hasta que lo tuve enfrente de mí, otra vez. Agité mi espada para que desprendiera unas cuantas llamaradas con el fin de despistarlo. Cuando saltó para evitarlas, una de mis piernas se prendió en llamas y pude golpear la superficie de su tabla. Maldije cuando noté que no le pasó absolutamente nada.
—¿Por qué todos están obsesionados con las armas resistentes al fuego? —lancé la pregunta al aire.
Horo sonrió de lado.
—No nos dejas otra opción —se encogió de hombros—. ¿Sabes? Creo que le hace falta acción a esta pelea, ¿no crees?
—Por fin coincidimos en algo —le devolví dicho gesto—. ¿Y bien? ¿Qué me tienes preparado? Porque parece que esconder ataques o posesiones es una tradición en esta competencia.
—Debo admitir que fue algo difícil practicar mi siguiente jugada sin que nadie más la viera —admitió, mirándome—. Esta es mi posesión de objetos definitiva. Con ella, mi victoria está asegurada. ¡OVERSOUL! ¡NIPOPO GAUNTLETS!
Un oversoul tipo armadura… Claro, debí suponerlo. Igualmente, no pude evitar quedar pasmado al verla. Horokeu tenía unos enormes guantes de hielo que se unían por detrás de su espalda. Empecé a dudar si mis poderes elementales serían suficientes para vencerlo. Esperaba que sí, puesto que tenía que clasificar a la final del torneo. Si quería llevar a cabo mi sueño, tenía que ganar la Shaman Fight.
—¿Sorprendido?
—Ni un poco —mentí, aumentando la presión con la que sujetaba mi espada.
Me abalancé sobre él, dispuesto a propinarle un buen golpe, mas eso no salió como quería. Horo-Horo tenía otros planes para mí.
—¡SHIMONMATAKI: RUPUSHIKATEKU!
El ainu había logrado envolver mis brazos con una capa de hielo. Alzó sus brazos como si estuviera dispuesto a aplastar los míos con esos guantes. Imaginé que podría herirme si llegaba a impactar con mis extremidades. Mi piel era como el mármol por haberme convertido en un inmortal, pero no sabía si sería suficiente. Esquivé sus ataques con precisión, logrando que se frustrara mucho.
—Lo siento, Horo. Ha llegado la hora de tu derrota.
Sentí algo cálido que me cubría por completo. El público contempló cómo se derretía el hielo que cubría mis brazos. Los moví un poco, sintiéndome aliviado por recuperar la movilidad. Mi sonrisa se acentuó al ver el gesto sorprendido de mi oponente.
—¡OVERSOUL! ¡KUROBINA!
¿Creían que sólo Len, Horo y Chocolove tenían una posesión tipo armadura? Pues claro que no. El Espíritu del Fuego se había transformado en una armadura de color verde y gris que tenía cierta similitud con un jet. Tenía dos cañones de energía de gran tamaño y dos brazos que terminaban en garras. Me elevé en el aire, evitando estar al alcance de Horokeu. Él se dio cuenta de mis intenciones, pues dio un gran salto para atacarme. Sujeté su guante izquierdo, tomándolo por sorpresa.
—¡ONIBI!
Los cañones de mi posesión se activaron, despidiendo un potente rayo de luz. Horo creó un muro de hielo a su alrededor para impedir mi ataque. Sin embargo, no fue suficiente para mantener su posesión por mucho más tiempo.
—¡QUÉ COMBATE MÁS EXCEPCIONAL! —exclamó Radim entre los aplausos del público—. ¡HAO ASAKURA HA CLASIFICADO A LA FINAL DEL TORNEO ENTRE SHAMANES!
Pasé a la final… ¡PASE A LA FINAL! Sabía que debía tener una sonrisa de estúpido en el rostro, pero no podía no emocionarme. Clasifiqué a la puta final de un torneo que ocurría cada quinientos años. ¡Tenía muchas posibilidades de convertirme en el próximo rey de los shamanes!
Prepárate para ser gobernado, mundo.
Rápidamente, mi familia y amigos bajaron para felicitarme, uno detrás de otro. Papá me sonreía orgulloso y mamá no pudo evitar lagrimear. No me contuve de darle un beso a mi novia cuando la tuve en frente. Mi felicidad era tan extrema que ya no me importaba si media aldea estaba ahí para ver. Alyss detuvo nuestro beso, apenada y sonrojada. Fue ahí que noté que Yoh no dejaba de verme con cierto asombro.
—¿Qué? ¿Tú también quieres un besito? —me burlé, alzando mis labios como para darle un piquito.
—¡Lo sabía! ¡Son un par de incestuosos! —exclamó Kaoru desde atrás—. ¿Qué no les da vergüenza? Ya ni siquiera mantienen en secreto su relación prohibida.
—Cállate, Kaos —susurró mi apenado gemelo.
—¿Acaso miento? —se burló ella.
—Ya basta —pidió una apenada Alyss.
—Parece que el amor se respira en esta arena —comentó un divertido Radim por medio de su micrófono.
—Que alguien me mate —Yoh no sabía dónde esconderse, cosa que me hizo reír.
—Tranquilo, hermano.
Me acerqué a Horo para felicitarlo por la pelea, y asegurarme que este combate no afectara nuestra amistad. Igual que Lyserg, aceptó su derrota con una ligera sonrisa. Me daba pena admitirlo, pero Yoh siempre tuvo razón. Cuando conocí a los muchachos, no pude evitar distanciarme. Sentí que eran un obstáculo en la relación que comenzaba a forjar con mi gemelo, pues él los quería mucho y disfrutaba pasar el rato con ellos. Me sentía rechazado… y lo mismo pasó hace unos meses, cuando Jeanne hizo de las suyas con ese video. Los chicos hacían lo posible para que dejara de sentirme de esa forma. Muchas veces creí que me estaban mintiendo, pero ya no lo haría más. Un amigo estaría feliz por los éxitos de uno, justo como el shaman de hielo me lo estaba demostrando. Le prometí que me esforzaría mucho en esa pelea final del torneo, aunque no le revelé una idea que cruzó por mi mente. Si me convertía en Shaman King, tal vez podía generar consciencia en los humanos para que cultivaran el campo de plantas que tanto quería. Haría lo posible para que eso se cumpliera.
•❈•
Llegué a creer, por un momento, que iba a ser un día perfecto. No tenía mucho que hacer, por lo que decidí buscar a Alyss para ver una serie en Netflix. La idea sonaba tentadora… sólo me faltaba encontrarla. Como Anna me había dicho que no estaba con ella, supuse que estaría con Kaoru, tratando "cosas de chicas". Estuve a punto de tocar cuando oí una voz masculina, la cual reconocí como la voz de Nichrom. Iba a entrar, pero me detuve al escuchar algo que quizá no debí.
—Gracias por lo de hace unos meses —habló Kaos—. Nos salvaste el trasero.
Sentí mucha curiosidad por saber a qué se refería, así que me apoyé detrás del marco para seguir escuchando.
—Descuiden… —la voz de mi novia era relajada—. No fue nada.
—Sí que lo fue —refutó Nichrom—. Hao nos hubiera asesinado si nos veía juntos ese día. Tu actuación nos permitió escapar… Serías buena actriz.
—Cierto. Jamás había visto que alguien fingiera un desmayo así de bien —mi hermana soltó una risita—. Se vio muy real.
¿…Qué mierda? No podía creer lo que había escuchado. Esperaba que fuera una maldita broma, pero estaban hablando del tema a mis espaldas como si nada. Abrí la puerta con brutalidad, provocando que todos se sobresaltaran por mi interrupción. Palidecieron al verme molesto.
—¿Cómo pudiste mentirme de esa forma? —le reclamé a mi novia—. Ni siquiera me molesta que hayas encubierto a este par de tontos. ¿Tienes idea de lo mucho que me asusté al verte inconsciente?
—Escucha, Hao… Sé que no lo hice de la mejor manera, pero yo tenía miedo porque sabía que ibas a reaccionar mal —intentó defenderse, suavizando la voz—. Fue lo primero que se me ocurrió y no lo pensé… No te lo tomes así, por favor.
—¿Qué 'no me lo tome así'? —repetí, sin poder creer lo que oía—. ¿Te parece poca cosa que me preocupe por ti?
—Claro que no, y sé que no justifica la mentira, pero quería evitarte el mal rato a ti, a Kaos y a Nichrom.
Mi hermana y mi mejor amigo sólo nos veían discutir en silencio. Se encogieron en su lugar, incómodos por lo que pasaba. Seguimos así por un rato, intentando hacer razonar al otro. Empezaba a cansarme de esta tonta pelea. Sólo intentaba hacerle entender lo mucho que me molestaban las mentiras… Me dolía que ella lo hubiera hecho. Nunca me lo esperé de alguien tan pura.
—¿Sabes qué? Tienes razón —no pensé lo que iba a decir, así que simplemente lo hice—. No puedo culparte porque mientas, después de todo los genes no te ayudan. Eres igual que Darkar.
—¡Hao! —Kaoru reaccionó al instante en que lo dije.
Alyss abrió los ojos a más no poder, haciéndose levemente para atrás debido a la impresión. Casi al instante, también me di cuenta de lo que hice… pero no me iba a retractar. Abrió levemente la boca y me miró como si no me conociera. Titubeé un poco cuando noté que sus ojos se aguaron. Sin embargo, no dijo nada. Noté que bajó la cabeza y pasó a mi lado sin más.
—Eres un idiota —declaró Nichrom, viéndome con una profunda decepción—. ¿Por qué meter a su familia en el asunto?
—Fuiste muy cruel —continuó Kaos, asustada—. No te reconocí, hermano.
—Cállense. No estoy de humor —repliqué, antes de salir y dar un portazo.
Una llamada de atención de Cedric me hizo despertar de ese recuerdo que no había sido hace mucho rato. Estábamos en pleno entrenamiento grupal con la Rebelión. Como esperaba, varios tuvieron miedo al saber que la transformación debía ser pues… colectiva, mas todos lo entendieron bien. Nos habíamos puesto a pelear en parejas, y los resultados no fueron los que él esperaba. Al parecer, no era el único distraído.
—Maldición —susurré, luego de haber fallado uno de mis ataques.
Kaos había esquivado perfectamente una llamarada que lancé. No entendía por qué estaba dándome una buena paliza, y yo no podía siquiera concentrarme.
—Estás hecho un desastre —opinó.
Pude percibir un dejo de sorpresa en su tono de voz. Al verme, pude entenderlo. Mi ropa era un asco luego de los ataques que recibí de su parte.
—Ya lo noté… Hasta tú estás ganándome.
—¡Hey! —replicó, casi ofendida.
—Es broma.
Alcé la cabeza para echarle una mirada a los demás. Varios parecían tener ciertos conflictos, tal vez personales, tal vez amorosos. Los ataques fallaban, y noté que mi mentor estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba. A su lado, Leia trataba de que se calmara. Detuvo el entrenamiento y pidió a los demás miembros que se retiraran, dejándolos a solas con él y su mujer.
—Bueno, debo decir que están peor que nunca. Les he dicho incontables veces que los asuntos personales los quiero FUERA del entrenamiento —repitió, furioso—. Como ya estoy de malhumor, tendremos otro tipo de entrenamiento.
Noté que más de uno estaba distanciado de sus amigos o pareja. Los únicos que parecían estar bien entre ellos eran Kaoru y Nichrom. Tarde me di cuenta que Cedric había desaparecido por un instante. Volvió tan rápido como una ráfaga de viento y traía una bolsa negra en las manos. De repente, tuve un pésimo presentimiento.
—¿Ven esos troncos que están ahí? —preguntó, señalando hacia un precipicio que estaba separado del otro lado por un par de troncos algo finos, simulando un puente o algo así—. Cruzarán ese puente por parejas, mientras sostienen una argolla en la cintura. Ambos estarán juntos dentro de ella, viéndose todo el tiempo y caminando de espaldas… Ya saben, la idea es llegar vivos al otro lado. Tómenlo como un tipo de ejercicio de confianza.
—Cielo, ¿no te parece que exageras? —musitó una preocupada Leia—. Podrían lastimarse.
—No es mi problema, es un ejercicio y ellos deben tomarlo como tal. Si se caen, ni modo —sostuvo el Blair—. Yoh, Anna, ustedes serán los primeros.
Ambos hicieron lo posible por ocultar su disconformidad, mas no lo lograron. Fueron rumbo al dichoso puente, manteniendo su distancia entre ellos.
¿Y a ustedes qué les pasó?, inquirí mentalmente.
Anna me obligó a entrenar bajo el sol, me explicó. Tuve que pasarme de la tolerancia de dos horas por su culpa. ¿No ves mis quemaduras?
Mi hermanito subió las mangas de su sudadera, mostrándome las quemaduras de segundo grado que se esparcían por sus brazos. Bueno, coincidía con él en que su prometida se había pasado. Ambos llegaron hasta el punto señalado por Cedric y se colocaron dentro de la argolla. Estaban un poco serios durante la caminata, pero no dejaban de verse fijamente. A mitad del camino, Yoh comenzó a ceder, puesto que entabló una pequeña charla con ella. Mantuvieron un intercambio de palabras y, sorprendentemente, casi lograron acabar el recorrido. De la nada, ambos juntaron sus labios, pero eso fue lo que provocó que resbalaran y cayeran. Yoh logró invocar al Espíritu de la Tierra a tiempo, consiguiendo evitar una fea caída.
—Bien hecho, excepto por la parte de no caer —musitó Cedric, sentándose en otra posición—. Los que siguen, y lo quiero perfecto.
Eligió a Horo-Horo y Tamao. El ainu no tuvo reparo en ayudar a la Tamamura, pues esta tenía un gran pavor a las alturas. Horo parecía hablarle dulcemente, dándole ánimos para hacerle ver que podían llegar. Tardaron un poco, pero lo lograron.
—¡Excelente, chicos! —los felicitó una animada Leia—. Lo hicieron muy bien.
—Muchas gracias, señora Leia —agradeció Tamao con una pequeña sonrisa.
Ella puso cara de ofensa. Hice un esfuerzo por no reírme de mi futura suegra.
—¿Señora? ¡Sólo tengo veinticinco años!
—Cariño, lo aparentas… Tienes cuarenta y uno —la corrigió su pareja—, y tienes una hija. Eso te convierte en una señora.
—Tu mamá es muy bonita, Alyss —susurró Horokeu—. Podría haber participado en Miss Universo alguna vez.
—¿Por qué el concurso se llama "Miss Universo" si sólo participan mujeres de la Tierra? —quiso saber Chocolove.
Un estepicursor pasó rodando frente a nosotros, enfatizando la falta de gracia en el comentario de McDonell. Cedric y Leia tampoco se habían reído.
—¿Qué fue eso? —preguntó mi mentor, obteniendo un coro de respuestas en un santiamén—. ¿…Un chiste? ¿No se supone que deben dar risa? No entiendo a los humanos de ahora.
—¡Al fin alguien que nos entiende! —declaró Len, casi aliviado.
—Aw, qué ternurita. No da risa, pero fue un buen intento —lo consoló Leia—. ¡Ánimo! ¡Sigue esforzándote!
Chocolove se puso a lloriquear luego de que Horo lo golpeara con su snowboard. La madre de Alyss lo detuvo antes de que saliera más lastimado, respondiendo a la inquietud de mi amigo. Resultó ser que sí representó a su país en dicha competición, varios años atrás. Esto nos dejó sorprendidos. Era entendible que hubiera ganado, Leia era una mujer muy hermosa.
—Chocolove, si quieres hacerme reír, entonces tú y Rutherfor serán los próximos en someterse al entrenamiento.
—¡A la orden, mi jefe Drácula!
Tuve que aguantarme una carcajada al notar la cara que había puesto. Tuvieron un resultado similar al de Horo, pues pasaron fácilmente. Les siguieron Len y Pilika, los que se peleaban por cualquier tontería. No dejaron de reclamarse por casi todo en el camino, pero llegaron a besarse después de haber caído al suelo. Me resultaba gracioso que Lyserg y Mati también se hubieran peleado, dado que ellos ni siquiera cumplían un mes de noviazgo. Matilda parecía hacer pequeños berrinches cuando Lyserg se estaba disculpando con ella. No obstante, su chica no demoró en aceptar sus disculpas. A todos les había ido bien… pero no sabía si mi caso sería igual.
—Todo saldrá bien, Hao —me susurró Yoh cuando pasé a su lado.
Tomé la argolla y me dirigí hacia el puente de troncos. Alyss caminaba unos metros delante de mí, con una postura muy orgullosa. Me mordí los labios para no comentar nada al respecto, pues detestaba que tuviera esa actitud conmigo. Me puse frente a ella y coloqué la argolla en nuestras cinturas, pero ella ni me miraba.
—Terminemos esto rápido —solté un resoplido.
No me dirigió una sola palabra. Empecé a caminar de espaldas, notando que su seriedad era tan grande como la mía. Fui meditando lo que había pasado entre nosotros a lo largo del camino. Pensé que le había dejado claro lo mucho que detestaba que me mintieran, pero lo había hecho de todos modos. A pesar de que me dolía, creí que podía entender que quiso proteger a mi hermana y, en cierta forma, a mí. Además, estaba el hecho de que le había dicho algo sumamente hiriente… Fue ahí que temí por nosotros. Quise romper el hielo.
—Así que supiste todo este tiempo que mi hermana y mi mejor amigo salían.
—…Creí haberte explicado mis razones —seguía sin mirarme, y hablaba bajito—. No me importa si no me crees, no soy de las que anda rogando por un perdón que no le debo a nadie. Si quieres que lo nuestro termine con una tonta pelea, sólo dilo.
¿…Quería terminar conmigo? Aunque estuviera enfadado, sentí que sus palabras fueron como una estaca que se clavó en mi corazón. Permanecí en silencio por un momento, causando que lo malinterpretara. Hizo un movimiento brusco que provocó que pisara mal, y perdió el equilibrio. Me miró con cierto terror, por lo que no dudé ni un segundo en sujetarla. Aunque también caí con ella. Tanto ella como yo formamos nuestros oversouls para evitar que la caída fuera mortal. Una vez que se despejó el polvo, la miré con preocupación. Estaba acostada junto a mí, y pronto abrió sus ojos. Quiso incorporarse, pero se sujetó del brazo con una mueca de dolor… Oh no, se había lastimado. Al verla en ese estado, olvidé que estaba molesto por aquella tontería y quise ayudarla.
—¿Estás bien?
—No me toques —se apartó de mi mano, casi con miedo.
Los demás se nos acercaron, preocupados. Lyserg y Tamao la ayudaron a ponerse de pie para que pudieran llevarla a ver a Fausto. No pude evitar sentirme culpable. Si no hubiera actuado de esa forma, ella estaría bien. No me atrevía a levantar la mirada para ver a Cedric… Esto no me ayudaba en nada.
—Estará bien, sólo fue un pequeño esguince que se curará en unos días —afirmó el doctor, tras salir del cuarto—. Tendrá que llevar el brazo vendado unos días.
—Es una buena noticia —musitó mi gemelo.
Una vez que el pasillo quedó despejado de la presencia de todos, le pedí a Fausto que me dejara verla. Él hizo un gesto con la mano, para luego irse, como diciendo que lo hiciera rápido. Abrí la puerta con mucho cuidado, pues sabía que aún estaría muy molesta conmigo.
—Alyss… —desvió la mirada al verme entrar, pero me aproximé para quedar junto a la cama—. Por favor, perdóname. Nunca debí decir esa barbaridad. Sé que tuviste buenas intenciones y sólo fui un idiota que no midió lo que-
—Cállate —me silenció, sorprendiéndome.
Parpadeé, confundido. Pude ver el dolor en sus ojos cuando me miró, además de la furia, claro.
—Quizá no debí fingir un desmayo y me equivoqué, pero tú cruzaste una línea, Hao —oírla decir mi nombre con tanto desprecio me dolió, pero ella tenía razón—. Nunca imaginé que serías tan cruel para compararme con… él.
—Por favor, yo…
—Te dije que te callaras, no quiero escuchar —declaró, y se le cayó una lágrima que me atravesó como si fuera una daga—. Tampoco quiero verte. Mejor llévate tus cosas y vete a tu habitación.
Abrí la boca de la impresión. Sentí un terrible miedo, pero su mirada me dejaba muy en claro que no me permitiría un 'pero'. Me dolía no poder quedarme a consolarla cuando estaba llorando y se sentía tan mal… y dolía más saber que era por mí.
—¿Qué esperas? ¡Lárgate!
Le desesperó que no me moviera, por lo que tomó mi almohada de su cama y quiso arrojármela. No contaba con la interrupción de su espíritu acompañante. Mizu evitó que la almohada me diera –aunque no iba a dolerme nada–. Miró a su dueña como si no la reconociera. Alyss resopló con frustración, y me dio la espalda en la cama. Herido, recogí la almohada y salí de su habitación para evitarle un mal rato. Me llevé un buen susto al ver ahí al mismo Cedric. Este me veía muy serio, arqueando una ceja cuando notó que salía del cuarto de su hija.
—¿Problemas en el paraíso?
—Fui muy injusto con ella, sé que no merezco que me perdone… pero no me daré por vencido tan fácil. Lamento haberte fallado y te aseguro que no volverá a pasar —declaré, intentando sostenerle la mirada—. La haré muy feliz, cuidando de esos hermosos sentimientos que nos tenemos el uno al otro. La protegeré de todo aquel que quiera hacerle daño… incluso de mí mismo.
—Permíteme dudarlo —repentinamente, suavizó la mirada—. Te advertí que debías cuidar tus palabras con respecto a ese tema, no por mí sino por ella. Apenas está asimilando su realidad y tú deberías ayudarla, no hacerla sentir peor… Cuida de mi hija, Hao. Es la última vez que te lo digo.
—Lo haré. Tienes mi palabra —le aseguré.
El resto del día fue bastante… desganado. Ni siquiera me llamó la atención el hecho de que Tamao y Pilika serían las siguientes en transformarse. Ambas aseguraron que se encontraban preparadas para dejar atrás su mortalidad, por el bien de todas las personas que debíamos salvar. Sus novios se encargaron de transformarlas, trasladándolas al calabozo donde tendrían que permanecer hasta que tuvieran un mejor control de su sed. Los adultos y la Rebelión lo harían después. La única que no entraba en los planes de transformación era Alyss, pero ni siquiera podría preguntarle por qué. Sólo esperaba que solucionáramos las cosas entre nosotros muy pronto.
•❈•
—Perfecto.
Kaoru sentía una sensación de júbilo que no iba a desaparecer. Sus padres tendrían una cita en la noche y ella había decidido encargarse del vestuario y maquillaje de Keiko. Había encontrado un vestido muy elegante de color rojo con un leve tajo en la pierna derecha. Podía imaginar el grito en el cielo que pegarían sus hermanos al verla vestida así, pero no le importaba en lo más mínimo los reclamos que recibiría. La única mirada lujuriosa que le interesaba era la de su papá. Los demás hombres se podían ir al carajo.
—¿Quisiera llevarse algo más, señorita? —preguntó una de las apaches que trabajaba en la tienda.
…Quizá sí podían desanimarla en cuestión de segundos. Había encontrado una hermosa blusa negra con escote que tenía estampada una calabaza sonriente. La prenda le pedía a gritos que la comprara, pero no tenía suficiente dinero para ambas cosas. Como su prioridad era el vestido de su madre, optó por comprar la blusa otro día, deseando con toda su alma que nadie más se la llevara. Pagó el vestido, y recorrió la aldea a paso lento. No tenía tantas ganas de llegar a su casa, pues sentía que se moriría del aburrimiento. Todos habían salido desde muy temprano, dejándola sola en la residencia. Además, aún quedaban un par de horas antes de la cita de sus progenitores. Tenía muchísimo tiempo de sobra para hacer cualquier cosa. Permitió que sus pies la condujeran a cualquier lugar, hasta que tuvo la respuesta ante ella. A unos metros de donde estaba, se hallaba una sala de cine. Le extrañó no haber visto antes el local, pues llevaban varios meses viviendo en Persia… y tampoco había visto ninguna de esas salas cuando el torneo se realizaba en la propia Aldea Apache. Sin embargo, dejó la confusión de lado para acercarse a ver la cartelera.
—¡La novia de Chucky! —exclamó, emocionada—. ¡Adoro esa película!
Luego de ver que la entrada era gratis únicamente ese día, no lo pensó dos veces y decidió aprovechar esa oportunidad. Se sorprendió al no ver a nadie en el interior del local, pero pensó que tal vez era porque estaba en un lugar muy apartado de la plaza. Le restó importancia al asunto y buscó la sala donde proyectarían la película. Iba a poder sentarse donde ella quería, pues estaba absolutamente vacío. Mientras tenía que soportar los malditos anuncios, lamentó por un momento ser una vampiresa. En ese instante deseaba tanto tener un combo de palomitas grandes con una bebida, o tal vez unos nachos con chili.
—Maldita inmortalidad —susurró, enfadada.
Esperó unos minutos más para que la película finalmente comenzara. El personaje de Tiffany era, por mucho, su favorita. La película siguió con normalidad hasta que se detuvo, como si la cinta se hubiera cortado. De la nada, comenzaron a mostrarse unos videos que le pusieron la piel de gallina: ella cocinando un pie para sus amigos, disfrutando de una salida familiar, durmiendo en su cuarto… saliendo del baño, con una toalla cubriéndola… ella semi-inconsciente en el suelo, con Ashil a su lado. El vampiro tomó su cuerpo con mucha delicadeza, como si se tratara de una muñeca de porcelana. Clavó sus colmillos en su yugular, con la esperanza de transformarla en un ser inmortal.
—¿Sabes? Me encantó que me protegieras así —susurró una voz, provocándole un sobresalto en su butaca.
Volteó, completamente aterrada. Ashil estaba sentado a la par, mirándola con una sonrisa espeluznante.
—Le mentiste a todos al decir que no recordabas quién te había transformado. Eso es digno de admirar, querida.
—A-Ashil… —quiso que su voz no temblara, y no lo logró—. ¿Qué haces aquí?
—Ese día estaba muy sediento —prosiguió su acompañante. Tornó el gesto por uno triste—. Siempre quise probar tu sangre; pensaba que sería muy exquisita. No me equivoqué, aunque casi te arrebato la vida.
—Me la arrebataste al transformarme en esto —rebatió ella, frunciendo el ceño—. Nunca deseé ser una vampiresa.
—No podía permitir que murieras… Especialmente cuando estoy enamorado de ti —él tomó uno de los mechones de cabello de la chica y lo olfateó, provocando que ella diera un innecesario respingo—. Ese beso que nos dimos hace unos meses fue muy especial… Fue el primero de muchos. Debo admitir que no hubiera podido hacerlo sin la ayuda de Siegfried. Ese ataque impidió que cualquiera pudiera ver la forma en que nos besamos en la arena. Diría que no tienes mucha experiencia, aun así, fue simplemente perfecto… Tienes un sabor particular a calabaza.
Kaoru ya no soportaba escucharlo. Ashil siempre la había incomodado en demasía, pero ya se estaba pasando. Algo le impidió levantarse de su asiento. Bajó la mirada, notando que una de sus manos estaba esposada. Intentó quitarse la esposa con la mano que tenía libre, mas el oversoul del chico Fournier no permitía que se moviera ni un ápice.
—¿Vas a alguna parte, conejita? —inquirió, levantándose de su asiento y tomando la mano de la joven entre las suyas—. Te noto muy alterada. Déjame que te ayude a relajarte.
Ashil depositó un beso en la mano de Kaoru, la cual no dudó en apartarla con brusquedad. Trató de darle una cachetada por su atrevimiento, sin embargo, el francés fue más rápido y la atrapó en el aire. Luego de forcejear por un rato, logró colocarle la otra esposa, atrapándole ambas manos en el mismo apoyabrazos.
—¿Q-qué demonios estás haciendo, Ashil? —le reclamó ella, sin poder contener su semblante horrorizado—. ¡Déjame ir!
—¿Cuál es la prisa? De todos modos, no hay nadie en casa que esté esperando por ti.
Puso una mano en su pecho y la empujó con delicadeza, dejándola acostada sobre los asientos. Kaoru empezó a patalear y a gritar, rogando que alguien la escuchara. Aquello parecía imposible… No había nadie en ese maldito cine. Se odió a sí misma por haber caído en la trampa del castaño.
—Seré sincero contigo, jamás pensé que podría a enamorarme perdidamente de alguien —le confesó, tomándola de los tobillos para detener su movimiento. Le quitó las botas de plataforma y las medias de rejilla conforme hablaba—. Conocí muchas chicas a lo largo de mi vida, pero ninguna estaba a mi altura. Tú tenías algo que me volvía loco.
—Tú no estás enamorado de mí —intervino—. Lo que tienes es una maldita obsesión.
La Asakura gritó cuando el chico sacó una navaja de su bolsillo. Por un momento se olvidó de su naturaleza vampírica, pensando que iba a matarla. Unas lágrimas se escaparon de sus ojos sin que pudiera evitarlo. Ashil lo notó, y sin dejar de sostenerla con fuerza por los tobillos, se acercó a su rostro y lamió ese líquido cristalino. Ella sollozó cuando él se relamió los labios.
—Sé que estás tan ansiosa por consumar nuestro amor como yo, pero todo a su tiempo, mi querida Kaoru —alzó la navaja, rasgándole la blusa con un rápido movimiento de su mano—. Tranquila, no será lo único que probaré este día.
De igual manera, se deshizo de su falda, dejándola en ropa interior.
—Déjame ir, Ashil —le rogó con la voz entrecortada—. No sigas con esto. No le diré a nadie, pero, por favor, deja que me vaya.
El muchacho hizo caso omiso a su petición. Sus lujuriosas manos se acercaron al sostén de Kaoru para desabrocharlo. Antes de que pudiera retirárselo por completo, su espíritu acompañante apareció frente a ella, justo por encima de su pecho para que el muchacho no siguiera desvistiéndola. Yami lo miraba con profundo odio.
—¿Qué hace este animal aquí? —inquirió un furioso Ashil—. Una rata no va a evitar que estemos juntos.
Apartó al espíritu con un manotazo, lanzándolo al otro extremo de la fila.
—¡Yami!
—Lo siento, cariño, pero no puedo permitir que nos interrumpa.
Ashil colocó sus manos en las caderas de la chica para retirarle las bragas, mas su movimiento fue interrumpido por un gruñido que provenía del fondo de la fila. Alzó la mirada, encontrándose con una imagen que lo desconcertó. El cuerpo de Yami brillaba intensamente, mientras adquiría otra forma. La luz desapareció, dejando ver a un hombre muy bien parecido, de cabellera rubia y ojos azules. Un par de alas negras se asomaron detrás de su espalda, dándole un aspecto intimidante. El ángel hizo aparecer una guadaña entre sus manos, con la cual lanzó un corte en el aire, enviando a Ashil al otro extremo de la sala. No hacía falta explicar lo furioso que se encontraba el espíritu por la forma en que había tratado a su dueña.
—¡KAORU!
La joven sintió un inmenso alivio al oír voces conocidas que venían en su rescate, a pesar de que las lágrimas le impedían ver lo que pasaba. Sintió que le quitaban las esposas de las manos, recuperando su movilidad. Sin dejar de llorar en ningún momento, se lanzó sobre su novio y lo abrazó con fuerza. Sintió que él le acariciaba suavemente la espalda. A su lado estaban sus hermanos, quienes parecían tener una disputa.
—¡Mira lo que hizo! —Hao trataba de que su hermano razonara—. Este maldito degenerado se pasó esta vez… Lo voy a matar.
—Ya está recibiendo su merecido, Hao —señaló Yoh, con la voz temblorosa debido a la ira que intentaba contener—. Lo que importa ahora es la salud mental de Kaos… y la reacción de papá cuando se entere.
—Oh, se va a emputar. Eso tenlo por seguro.
Los gemelos se detuvieron cuando dejaron de escuchar los quejidos de Ashil al ser golpeado por aquel ser divino. Al igual que Nichrom, alzaron la vista para encontrarse con el inconsciente joven. Para su sorpresa, el ángel se transformó en un conejito amarillo muy conocido por los tres shamanes.
—¡¿Yami?!
Las orejas del espíritu se movieron, captando la voz de los chicos. Los volteó a ver, y se preocupó por el estado de su dueña. Corrió velozmente hacia ella, permitiendo que lo abrazara para hacerla sentir mejor. Sin previo aviso, otras personas hicieron acto de presencia en ese sitio. Jeanne y sus compañeros se aparecieron ante el shaman francés. Su compatriota dejó que los demás se encargaran de Ashil, preguntándose qué rayos había ocurrido ahí. Fue entonces que su mirada se encontró con la de la joven y llorosa chica en brazos de Nichrom y entendió. Los chicos no esperaban ver esa expresión de indignación en el rostro de la Renault. Permitieron que el bando enemigo se fuera, sin buscar más pelea.
—Vamos a casa, Kaos —susurró Yoh.
La cargó lentamente, viendo de soslayo a su hermano mayor, quien tomaba la bolsa que contenía el vestido para su madre… Era obvio que la cena se cancelaría. Esa sala de cine estaba algo lejos de la casa, pero demoraron muy poco en llegar gracias a la velocidad que tenían. Esperaban que nadie viera a su hermana en ese estado. Sin embargo, los Grandes Espíritus no querían que eso sucediera. Todos estaban reunidos en casa de los más jóvenes. Las reacciones no se hicieron esperar, al ver a Kaoru en ropa interior. Algunos tenían semblantes de preocupación, y otros de sorpresa… y, en el caso de su familia, de notable cólera. Nichrom abrazaba a su chica e intentaba no moverse tanto, pues Kaoru se había quedado bien dormida en sus brazos. Relató cómo se enteraron de su ausencia, su llegada al cine y la golpiza que Yami le dio al desgraciado que intentó violarla. Estuvo a punto de explicarles la verdadera naturaleza del espíritu, pero Yami se comunicó con ellos mentalmente, dejando a más de uno sorprendido.
Yami era, en realidad, Arzahel, el ángel de la muerte. Conoció a Kaoru cuando era una niña. Estaba siendo perseguida por unos niños en su escuela. Él estaba ahí porque sabía que iba a morir, y esperaba a que ella falleciera para llevarse su alma y guiarla hasta los Grandes Espíritus. Nunca había recogido el alma de un infante, y mucho menos de alguien que moriría por la explosión de una caldera. Se olvidó por completo de sus responsabilidades, interviniendo para que los mocosos la dejaran en paz. Decidió retirarse porque se encariñó con ella, queriendo protegerla en todo momento. Tomó la forma de un conejito amarillo para que ella no le tuviera miedo, aunque la chiquilla estaba fascinada con las alas negras y belleza del ángel. Ese día conocieron la historia de Yami por su habilidad de comunicarse a través de la mente, poder que Zen Aku y él compartían por ser tanto un demonio como ángel, respectivamente. Cabe destacar que eso explicaba que nunca se llevaron bien.
Los Asakura decidieron llevar a su hija menor a la otra casa, sabiendo que no podría dormir por las pesadillas que, seguramente, tendría. Los gemelos se sentían muy impotentes por la situación. Su hermanita fue agredida sexualmente por uno de sus enemigos. Habían prometido protegerla y, de nuevo, estuvo a punto de pasarle algo muy grave. Sólo esperaban que sus heridas sanaran y volviera a ser la de antes.
•❈•
Era una suerte que estuviéramos entrenando en una zona con mucha sombra, pues Pilika y Tamao seguían siendo neófitas. Me daba un poco de pena verlas agotadas, pero querían cumplir con el entrenamiento que Cedric nos había preparado en esta ocasión. Supuse que la condición de las chicas no era la única razón por la que nos encontrábamos ahí; además que el entrenamiento debía tener cierta complejidad. Probablemente, superaría nuestra tolerancia de dos horas. Era extraño y, aun así, decidí guardarme mis comentarios.
—Hemos estado practicando sus poderes a lo largo de estos meses —empezó un solemne Cedric—, así también sus habilidades de vampiro. Sin embargo, aún hay algo más que podrían aprender a controlar… mejor dicho, compartir. Hablo de los poderes de un compañero de duelo.
Todos teníamos una expresión confusa en el rostro. ¿Los poderes de alguien más?
—¿Cómo podríamos compartir los poderes de otra persona? —pregunté, pues creí que era una tontería—. Eso no tiene sentido.
—Verán… —habló—. Existe una técnica de combate engañosa, que considero esencial para la guerra que se avecina. Para activarla, ambas personas deben estar en perfecta sincronía. Si logran alcanzarla, la mitad de sus poderes se transfieren a su compañero, y vice versa. No tendrán un dominio completo de las habilidades que fueron recientemente adquiridas, pero será suficiente para hacer frente a su oponente.
—Suena genial —dijo Manta, sintiendo interés por la dichosa técnica.
—¿Usted formará las parejas? —quiso saber Lyserg.
—No, pueden trabajar con quien se sientan más cómodos… Excepto ustedes dos —nos señaló a mi gemelo y a mí—. Ya saben por qué, no me hagan repetirlo.
—Sí, sí. El tema de los elegidos, la profecía y todo eso —declaré, divertido.
En realidad, no me molestaba trabajar con Yoh; y sabía que él también pensaba lo mismo de mí. Los dos éramos muy poderosos, y formábamos un grandioso equipo. Nos divertía entrenar juntos, aunque no sabía si este entrenamiento podía considerarse 'divertido'.
—¿Cree que podría darnos una demostración? —le pidió mi hermano.
—…Está bien —desvió la mirada para ver a su mujer, quien ya había agarrado por costumbre acompañarnos en los entrenamientos—. ¿Cariño?
Ella sonrió de lado, divertida. Se levantó de donde estaba sentada y se acercó.
—No llores cuando te patee el trasero, amor.
—¿Tú a mí? Sueña, querida —respondió él, con un tono divertido.
Tienen una relación graciosa, no podía estar más de acuerdo con mi hermano.
Luego de unos segundos se lanzaron al duelo, el cuál parecía normal a simple vista. No obstante, algo cambió durante la batalla. Los ojos de Cedric cambiaron de color. Uno de sus ojos lucía normal, pero el otro adquirió la tonalidad magenta de su mujer, a quien le pasó exactamente lo mismo. Con un movimiento de su mano, nuestro mentor logró crear látigos de agua que lanzó a Leia. Ella evitó el ataque y extendió sus manos, que desprendían una red de finas hebras eléctricas. El vampiro debió esquivarlas de igual forma. Dieron su combate por finalizado, y sus ojos regresaron a la normalidad. Todos rompieron en aplausos, encantados por la nueva técnica a aprender… y que, sin duda alguna, sería una tortura dominar.
—Intenten no lastimar tanto a su compañero —nos pidió Cedric—. No queremos cargar con más trabajo a Fausto.
—Necesitas tener paz interior, Hao —señaló Yoh, cuando los demás se alejaron de nosotros para comenzar a pelear—. Sé que puede llegar a ser desesperante, pero estás entrenando conmigo. Eso podría ayudar a relajarte un poco.
—Eso espero —murmuré, obteniendo una sonrisa confiada como respuesta.
Ambos nos pusimos en nuestras posiciones y nos lanzamos a pelear. Estábamos usando ataques que el otro conocía muy bien, esperando poder hacerlo igual… con menor intensidad, claro. Los demás estaban terminando antes que nosotros. No parecía que les costara tanto como a mí, y eso me estaba estresando. Yoh era capaz de permanecer tranquilo ante cualquier situación. Era mi culpa que la técnica aún no funcionara, pues era el único que tenía un caos en su mente. Formé un muro de fuego y lo alcé frente a mí cuando Yoh me lanzó varios picos de tierra.
—Paz interior —repitió.
—¡Ya lo sé!
Apenas y me di cuenta que había soltado un ligero gruñido. No estaba molesto con Yoh, sino conmigo mismo. La paciencia nunca había sido mi fuerte. Me resultaban complicados los entrenamientos, porque todos requerían un grado de tranquilidad que yo no tenía. Suspiré, intentando relajarme. Cerré los ojos por un breve lapso de tiempo, buscando esa paz conmigo mismo que debía tener muy dentro de mi ser. Mi otra mitad podía aprovechar la situación, pues estaba muy vulnerable ante cualquier ataque. Yoh ni siquiera consideró esa idea. Había detenido sus movimientos para mirarme, expectante. Abrí los ojos con lentitud, clavando la mirada en los suyos. Era complicado decir si había funcionado, pues sus ojos seguían exactamente igual, y era de esperarse. Éramos gemelos, por lo que no habría ningún cambio en ellos.
—Veamos si funcionó —habló con suavidad.
—El fuego no sólo es destrucción, también es calidez —expuse—. Permite que esa sensación de calidez viaje por todo tu cuerpo, y cree que se convertirá en fuego. Si te sientes poderoso, lo serás.
Yoh asintió, extendiendo su mano al frente. Una llamarada de fuego salió despedida de sus dedos, dirigiéndose hacia mí. La esquivé sin mayor problema, sintiéndome feliz porque mi hermanito lo había logrado.
—La tierra significa firmeza, seguridad y paciencia —sonreí de lado al escuchar lo último, provocando que él riera un poco—. No importa la situación, siempre tienes que permanecer centrado. Concentración absoluta.
Hizo aparecer el látigo de fuego que creé durante mi combate contra Horo-Horo, y se acercó a mí con velocidad. Tendría que encontrar una manera de impedirlo, así que pensé en crear una protección que fuera muy resistente. Con un suave movimiento de mi mano, un muro de roca se alzó en frente de mí. Yoh estuvo golpeándolo con su látigo por un buen rato, hasta que logró que se debilitara. Ya tenía preparada mi siguiente jugada. Segundos antes de que lo destruyera, me escabullí debajo de la tierra. Pude escuchar sus risitas, mientras me desplazaba bajo sus pies.
—¿Quién es la ratita escurridiza ahora?
Reí quedamente al escuchar esa ofensa. Salí de mi escondite, apareciendo a sus espaldas. Debió haber percibido las vibraciones del suelo, pues me veía con una enorme sonrisa divertida. Prendió su brazo en llamas, y yo permití que las rocas del muro que él destruyó se adhirieran al mío. Ambos ataques chocaron, despidiendo una ola de poder que se extendió a varios metros a la redonda, cegándonos por un instante. Cuando la luz desapareció, notamos que más de uno nos miraba.
—Bien hecho —nos felicitó Cedric, con una pequeña sonrisa.
Todo parecía ir de maravilla, hasta que Yoh pareció recordar cierto detalle.
—¡Maldición! Hoy es 21 de abril —exclamó él, llevándose las manos a la cabeza.
Parpadeé, confundido. No me esperaba esa reacción de su parte.
—Lo siento, olvidé tu regalo —se lamentó.
Reí levemente cuando vi que sus labios formaron un pequeño mohín.
—Descuida… igual olvidé comprarte algo —sonreí, algo incómodo—. Aunque, pensándolo bien, en esta aldea no iba a encontrar nada bueno para regalarte. No importa, aún podemos disfrutar nuestro aniversario. Escuché que abrieron un salón recreativo hace unos días. Podemos ir y divertirnos un rato.
—Suena bien —Yoh parecía emocionado con mi idea. Volteó a ver a los demás, para dirigirse a ellos—. ¿Vienen con nosotros?
—Claro…
Anna le dio un golpe en la cabeza a Manta, dándole a entender que no aceptara. La itako parecía disfrutar al golpear a nuestros amigos, pero encontrábamos muy raro que actuara de esa forma por algo que no nos molestaba.
—Es su celebración. No les concierne a estos inútiles que tienen por amigos.
Fulminó con la mirada a los chicos, cuando estos quisieron reclamarle por lo que dijo. Todos se encogieron en su lugar, menos Len. Este tampoco comentó nada al respecto.
—Es un día especial para ustedes —musitó Alyss, viendo a mi hermano más que a mí. Debía seguir molesta conmigo—. Deberían disfrutarlo a solas.
…Extraño. Llegué a pensar que nos estaban ocultando algo, pero no quería usar mi Reishi para averiguarlo. Decidí dejarlo pasar por esta vez. También seguía un poco inquieto por Kaoru. Si bien me preocupaba su bienestar, sentía que era algo injusto cancelar la celebración de aniversario con Yoh. Llevé a mi hermano a la plaza de la aldea, donde se encontraba el nuevo salón arcade. Estaba muy acostumbrado a los grandísimos centros de ocio que había en Tokio, por lo que sentí que ese era mucho más pequeño. Contemplamos las diversas máquinas que tenían en el lugar, hasta que una me robó la atención. En una esquina se encontraba el famoso juego Dance Revolution. Solía jugarlo con mis amigos de la infancia, y ellos decían que era muy bueno en eso.
—Te reto a bailar una canción —me desafió mi hermano—. Apuesto a que puedo hacerlo mejor que tú.
—Me da vergüenza —susurré, desviando la mirada de la máquina—. Alguien podría vernos, Yoh.
—Todos están concentrados en otros juegos —era increíble que a él no le importara que alguien nos viera—. Vamos, no seas aguafiestas.
Me jaló hasta la máquina contra mi voluntad. Ni siquiera fui consciente hasta que vi que él ya estaba buscando la canción que bailaríamos. Mis pies seguían las flechas que aparecían en la pantalla. Al inicio, mis movimientos eran un poco rígidos, pero en algún momento fluyeron con el ritmo de la música. Cuando la canción se detuvo, recibí la ovación de los muchachos que se habían reunido para vernos.
—No puede ser… —susurré, cubriendo mi sonrojado rostro.
Yoh se echó a reír de mi desgracia, era un maldito. Juré que esto no se iba a quedar así… Me aseguraría de destrozarlo en otro juego, haciéndole pasar vergüenza. Nos pasamos la noche en ese mundo de diversión. No tenía idea de cuánto habíamos gastado en las dichosas maquinitas. ¿Valió la pena? Valió cada maldito centavo.
•❈•
—¿Por qué lo hiciste, Ashil?
El joven no esperaba recibir un regaño de parte de ella. La mayoría de las veces, Jeanne actuaba como si no le importara lo que hacía. Ambos se encontraban en su cuarto, porque estaban conversando sobre un tema del que su amo no debía enterarse.
—¿Qué tuvo de malo? —se defendió Ashil, desviando su mirada a cualquier punto de la habitación—. Sólo estaba a punto de hacerle el amor… Sabes que Kaoru me tiene muy loco, y ya no aguantaba por disfrutar de un momento a solas con ella.
—¡Fue casi una violación! —exclamó, indignada. Ashil le hizo señas para que bajara el tono de su voz, pero la chica lo ignoró por completo—. Mira, me importa muy poco lo que le pase a esa mocosa, pero es muy diferente que creas que consentiré que hayas querido abusar de ella. Tocarla contra su voluntad… Fue horrible. Me pongo en su lugar, como mujer que soy, y no me gustaría nada que alguien me hiciera eso.
—Ella parecía disfrutarlo. Incluso lloró por la emoción que sentía.
—¿Te estás escuchando? No fue emoción —objetó Jeanne—. Fueron lágrimas de horror. Ashil, uno no escoge de quien se enamora, eso lo entiendo… pero no es lógico que quieras obligarla a tener relaciones sexuales contigo si no quiere.
—…Quizá sea porque tiene pareja —pensó él, a lo que la chica resopló con fastidio. No estaba entendiendo su punto—. Lograré que se olvide del idiota que tiene por novio. Me amará tanto que ella vendrá a mí por su cuenta. Sólo tengo que impedir que el amo la mate.
…Eso era algo difícil, especialmente porque a Darkar le repugnaban los Asakura.
—Hablando de él, ¿dónde crees que esté? —Ashil cambió su semblante por lo dicho por su compañera—. Se fue sin dar ninguna explicación.
—Nadie lo sabe. Ni siquiera Marco, y eso que él está a cargo —Jeanne imitó dicho gesto—. Supongo que está buscando una alternativa para reemplazar lo que perdió.
Ambos chicos salieron de la recámara, dirigiéndose al comedor para pasar un rato con los demás habitantes de la casa. Era una suerte que su líder no se encontrara en la residencia durante esos días, pues se habría enterado de lo que Ashil estuvo a punto de hacer. Ashil Fournier habría recibido un terrible castigo.
•❈•
Nunca había sentido en carne propia este escalofrío que me recorría la espalda. Era como si algo estuviera muy mal. No sabía si estaba consciente o no, pero una cosa tenía clara y era que no me podía mover. Sin embargo, mis ojos veían absolutamente todo lo que pasaba en la casa. Veía a todos durmiendo en sus cuartos, incluso a mí en la cama del cuarto que ahora compartía con Yoh. Fue entonces cuando noté que una siniestra sombra se colaba a través de una de las ventanas del pasillo.
—¿Qué?
La sombra –que no podía reconocer porque tenía el rostro cubierto– se movió entre todos los cuartos, rozando a cada uno de mis amigos y todos sintieron el escalofrío estando dormidos. Hasta que llegó a nuestro cuarto y se detuvo. Fue como si ese ser estuviera observándonos dormir y quizás planeando algo. Se acercó a mi cama, y también me rozó como lo hizo con los demás. Mi cuerpo tembló de igual forma.
—Encontré lo que tanto buscaba…
Aquella voz rasposa me puso los pelos de punta. Creí reconocerla, pero no recordaba de dónde. Comencé a ponerme nervioso porque no entendía lo que estaba pasando. ¿Acaso estaba teniendo alguna proyección astral? Se suponía que uno podía ver lo que ocurría a su alrededor, aun estando inconsciente. No obstante, no pude intentar averiguar lo que pasaba, porque la sombra se adentró a otro cuarto, donde despertó al ocupante y este emitió un grito desgarrador.
Desperté asustado, y al parecer no fui el único. Vi que mi hermano despertó casi al mismo tiempo y lo hicimos por la misma razón. Ese grito no fue una alucinación mía, algo malo había ocurrido. Algún indeseado había estado en la casa.
—Iré a ver cómo está Anna —avisó Yoh, poniéndose las pantuflas y saliendo a toda prisa.
Estaba claro que debía hacer lo mismo. Quería saber si mi familia estaba bien, por lo que busqué mis zapatos, pero me detuve al ver que algo me faltaba. Alcé la vista hacia la mesita de luz que estaba junto a mi cama y noté que mi collar no estaba, aquel que Alyss me había regalado. Hice una mueca, pues juraba que lo había puesto ahí antes de acostarme. Para no verme tan paranoico, quise pensar que quizás ella lo tomó por alguna razón. Salí de mi cuarto para dirigirme al suyo. Luego de esa pelea que tuvimos, había decidido volver a mi cuarto durante unos días, mientras desaparecía la tensión que se creó con esa disputa. No esperaba encontrarme a Cedric, Fausto y Leia reunidos en su habitación. Afuera, estaban Nichrom y Redseb, cuyos rostros me asustaron. Me apresuré a acercarme, esperando que mi cerebro me estuviera engañando y ella se encontrara bien. Mis mejores amigos me bloquearon el camino, impidiendo que fuera avanzando.
—¿Qué mierda pasó aquí? ¡Déjenme pasar!
—No mires, Hao —me suplicó Red, forcejeando conmigo—. No te hará bien.
—Sí, deja que Fausto se encargue —continuó Nichrom.
Me estaban confirmando que algo le había pasado. Estuve intentando apartarlos para que me dejaran verla, aunque todo fue en vano. No permitían que me acercara. Sentía una terrible opresión en el pecho, al tiempo en que maldecía mi impotencia. No era justo que algo malo le pasara de nuevo. Esos minutos me parecieron eternos. Nadie quería darme ninguna explicación, y eso aumentaba mis nervios. No supe cuánto tiempo había estado sentado en el piso, hasta que los hombres salieron al pasillo. Me levanté tan rápido que probablemente me hubiera mareado si fuera humano.
—¿Cómo está? —inquirí, procurando que mi voz no temblara.
No había podido notar que Fausto estaba guardando varias vendas empapadas de sangre. Me puse pálido de sólo imaginarlo.
—Alyss perdió mucha sangre, pero logré detener la hemorragia —nos explicó—. Alguien intentó matarla, cortándole el cuello de lado a lado. Afortunadamente, ella se movió y fue casi superficial. No tocó ninguna arteria vital.
¿Asesinarla? Sólo se me ocurría una persona que quería su muerte con ansias. Sin embargo, era un tanto improbable. Alguien lo hubiera visto o sentido. Alcé la mirada hacia Cedric, notando su contrariedad.
—…Por un momento, creí que estaba muerta —confesó, intentando recuperarse de la impresión.
—Ha recobrado un poco de color por la transfusión de sangre, pero no podrán verla hasta que despierte. Tuve que sedarla para que no sintiera dolor. Leia se quedó con ella en el cuarto —informó Fausto antes de disculparse e irse.
Me acerqué a Cedric, quien tenía clavada la vista en el piso. Apenas se dio cuenta cuando llegué a su lado. Estuvo a punto de perder, por segunda vez, a su única hija.
—Estará bien —repetí las palabras de Nichrom, deseando con toda mi alma que mi amigo tuviera razón—. Fausto logró salvarla a tiempo.
Él asintió con lentitud. No supe si me estaba escuchando, pues se le veía un poco ido. Entonces me recordó la razón por la que vine.
—¿Y qué haces aquí a esta hora? —me preguntó.
—El grito me despertó, pero, además de eso, mi collar desapareció —mi mentor me miró sin entender, hasta que pareció recordar de qué collar hablaba—. Creí que ella lo tomó de vuelta y venía a preguntárselo. No sabía que la habían atacado también. Debo admitir que ya sabía que alguien se había metido a la casa…
—¿Qué? —tanto Cedric como mis amigos me veían, confundidos.
—Creí que estaba soñando, pero pareciera que lo veía desde lejos. No sé cómo lo explicaría.
El próximo rey de los vampiros pareció pensarlo.
—No lo noté en su momento por la herida, pero Alyss tampoco tenía el suyo por su cuello —declaró, frunciendo el ceño.
—Imposible, ella nunca se lo quita —repliqué, extrañándome de la misma forma.
Nos sumimos en un silencio, hasta que Cedric emitió un ligero gruñido.
—Esto es muy malo.
—¿Por qué? —pregunté, ansioso.
—Si Darkar tomó sus collares, eso sólo significa una cosa —volteó a ver a su mujer, quien había salido de la habitación de Alyss. Ella también tenía el mismo semblante de preocupación—. Darkar irá a Ascantha.
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¡Hola! ^^
…Vaya manera de terminar el capi, ¿eh? xD ¿Por qué irá Darkar a Ascantha? Eso lo descubriremos en el próximo capi… Bueno, ustedes, porque yo ya sé lo que pasará x)
¿Qué les pareció este capítulo? La primera escena fue, en parte, linda… y los entrenamientos estuvieron emocionantes, pero claramente no podían faltar las escenas oscuras. Lo de Kaoru, y lo último que sucedió por culpa de Lord Darkar. Tal vez haya escenas felices de por medio, pero no olviden que ese vampiro malvado seguirá haciendo de las suyas por mucho tiempo más. En los próximos capítulos sabrán a lo que me refiero.
Muchas gracias por leerme. Espero que les haya gustado. Si tienen dudas, críticas o comentarios, ya saben que pueden hacerlo a través de un review.
¡Nos vemos! ^^
