Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a sus OC (Evolet/Alyss, Cedric y Leia).
Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).
Género: General. Tiene un poco de todo.
Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.
Conversación en otro idioma.
27
El reinado oscuro
Sintió una fuerte energía traspasarlo, y sólo cuando esta se desvaneció, supo que había llegado. Todos los vampiros que habitaban allí sabían que los protegía algo parecido a un campo de fuerza. Hizo girar el collar que tenía en su mano, mientras observaba su nación a lo lejos. Aunque se encontrara alejado unos kilómetros de la metrópoli, podía contemplarlo todo perfectamente. Los grandes edificios se alzaban con elegancia, demostrando lo avanzada que era la tecnología que manejaban los vampiros nacidos. Las viviendas parecían fortalezas, pues impedían que los rayos del sol penetraran en ellas. Las calles y canales de navegación eran indispensables para desplazarse en aquel país. Tal vez Ascantha no se encontraba en su época de mayor esplendor, pero consideraba que eso podría solucionarse a mediano plazo. Tenía otras prioridades. Una vez que los humanos desaparecieran de la faz de la tierra, ellos tendrían el dominio absoluto de todo. Tuvo que caminar por unos pocos minutos, notando que no había un alma en las calles, hasta que estuvo frente a una mansión de enormes proporciones. La miró con un orgullo propio de él.
—Y pensar que alguna vez la veía desde afuera… Ahora me pertenece —susurró para sí mismo, pasando su mano por encima de la puerta principal—. Esos mil años de soltería valieron la pena.
Las grandes puertas se abrieron, dejando ver su inigualable interior.
—¡S-su majestad!
Miró de reojo por sobre su hombro. Uno de sus criados parecía asombrado de verlo ahí. Se acercó a toda velocidad, advirtiendo a los demás de su presencia.
—No esperábamos que regresara tan pronto, Lord Darkar —admitió su súbdito, tras hacer una reverencia.
Su voz tenía un ligero tono de nerviosismo que no pudo ocultar del todo. Era bueno saber que aún le guardaban respeto como gobernante que era.
—No pienso quedarme por mucho tiempo —informó, adelantándose por el pasillo—. Convoca a los soldados y civiles más fuertes. Es hora de que pongamos en marcha nuestra conquista.
—Mi señor, aún es muy temprano. Somos criaturas nocturnas, y todos deben estar durmiendo…
—¿Estás cuestionando mis órdenes?
El hombre se disculpó atropelladamente, antes de retirarse a cumplir con lo que le había ordenado. Se dirigió hasta la sala principal, donde yacía el poderoso trono de todos los monarcas de Ascantha, construido en oro y diamantes por los esclavos… Vampiros que habían cometido algún delito, tal como convivir con esos repugnantes humanos. Estuvo sentado por un rato, hasta que por fin la sala comenzó a llenarse. Asimismo, un grupo conformado por cinco inmortales se acercaron a él a paso lento. Sus vestuarios consistían en túnicas largas de color azul rey. No esperaba que Los Antiguos, vampiros veteranos con más de diez mil años de edad, también desearan ser partícipes de aquella reunión. Darkar se levantó y dio un rápido vistazo.
—Sean todos bienvenidos a esta pequeña e improvisada reunión. Me disculpo por haberlos convocado tan temprano. Sin embargo, el asunto que trataremos este día es de suma importancia.
Escuchó que los civiles murmuraban entre ellos.
—Sé que nuestro país no se encuentra en su mejor momento. Nuestros alimentos están escaseando. Igualmente, los materiales utilizados para la manufacturación de nuestros dispositivos tecnológicos son cada vez más difíciles de conseguir, incluso nuestro metal tiene un uso indiscriminado e irresponsable. Todo eso es a causa de nuestro limitado territorio. Como seres superiores, considero que esta situación es inaceptable, siendo que los humanos ocupan más espacio. Mientras estamos aquí, ellos están destruyendo el planeta… acabándose nuestros recursos.
En realidad, parte de lo que decía era muy cierto, y por la cara que ponían varios de los habitantes del pueblo, sabía que coincidían. Aunque algunos tenían sus dudas.
—Nuestra raza ha sido perseguida durante milenios, catalogándonos como simples e infames 'monstruos'. Muchos de nuestros compañeros han fallecido por culpa de ellos. Están provocando nuestra extinción, pero gracias al metal sobre el que está construida la ciudad, una barrera de protección nos mantiene a salvo.
—Mi Lord, las ondas del Éxoren provocan la locura en seres mortales —señaló uno de los presentes—. Incluso puede llevarlos a la muerte.
—No es muy distinto de lo que ellos hacen con nosotros —se defendió el rey.
—¿A dónde quiere llegar con esto, Lord Darkar? —intervino un miembro femenino de Los Antiguos, viéndolo con confusión.
—La única solución viable para la situación es la exterminación de la raza humana —comentó el aludido—. Quise hacerlo por mi cuenta, con el Talismán del Espectro Prohibido. No obstante, un ligero 'percance' hizo que lo perdiera. Quiero que sepan que mis planes continuarán a pesar de lo ocurrido. Los he llamado porque han sido seleccionados para unirse a mi gran ejército. Es imprescindible acabar con un grupo denominado la 'Rebelión'. Destruiremos a los elegidos, y luego arrasaremos con la humanidad. Sus habilidades serán requeridas para recuperar nuestro lugar…
—No somos un pueblo sanguinario, Darkar —intervino el líder de Los Antiguos—. Somos pacíficos. Nos estás involucrando en una guerra innecesaria.
—Es indispensable para posicionarnos como dueños del mundo. Nuestra raza es superior a la de los humanos, y por todo lo causado, no merecen vivir.
—¡Son iguales que nosotros! —exclamó alguien entre la audiencia.
Todos voltearon a ver al vampiro que había alzado la voz. Un hombre de cabellera azul marino y cuerpo atlético se abrió paso entre sus compatriotas, para acercarse a Darkar Blair. El gobernante soltó una risita sarcástica al ver a ese soldado.
—Claro que piensas eso. Fuiste uno de los pocos que se atrevió a revolcarse con una humana y traer un semi-mortal al mundo —se burló, viendo la ira reflejada en los ojos grises de su interlocutor—. Pudiste convertirte en un esclavo, pero vi mucho potencial en ti.
—¿Potencial? Eso es pura mierda —apretó los puños con su fuerza—. Tú no eres digno de ser nuestro rey. Te has robado un apellido que no te pertenece al casarte con la reina Karone. ¿Y para qué? Sólo para poner tu trasero sobre un trono que te queda demasiado grande.
—Cállate —le advirtió Darkar, frunciendo el ceño.
—Los Antiguos te nombraron soberano de Ascantha porque no tuvieron otra opción. Has sido un gobernante despiadado… Me atrevería a decir que eres peor de lo que imaginé. Los humanos no nos están llevando a la ruina. Tú lo estás haciendo.
—No tienes idea de lo que estás hablando.
—Sabes que tengo razón. Te coronaron porque Cedric era un niño cuando la reina falleció. Él era el heredero al trono, y es nuestro verdadero rey.
Aquello fue la gota que derramó el vaso. No iba a tolerar que ningún individuo ahí presente dudara de su legitimidad como rey, a pesar de que no llevaba la sangre de los Blair. Tomó del cuello al vampiro y comenzó a aplicar fuerza en él. El hombre no apartaba la vista, desafiándolo.
—¡Larga vida al rey Cedric!
Darkar presionó aún más su agarre, provocando que la cabeza fuera separada de ese cuerpo. Apretó los labios con fuerza, en un intento por calmar su ira. Contempló el cadáver que yacía a sus pies, el cual no dejaba de emanar sangre a través de la herida. Hubiera sido un excelente guerrero, pero se lo puso difícil. Lo había insultado al insinuar que su hijo era mejor que él. Tuvo una muerte muy merecida.
—Supongo que quedó muy claro que no es conveniente que se me opongan, ¿no? —pronunció con dificultad. Vio los rostros de espanto de la gente—. Porque, de lo contrario, sólo ustedes saldrían perdiendo.
Los ojos de Darkar adquirieron una tonalidad blanquecina. Alzó ambas manos, para lanzar un poderoso ataque a los presentes. Los vampiros cayeron al piso, incapaces de moverse. Un enorme agujero apareció debajo, tragándose a todos los guerreros y civiles seleccionados para dicha misión. Sus ojos regresaron a la normalidad luego de que todos hubieran sido succionados por aquel vórtice.
—¿Qué ha hecho, Lord Darkar? —soltó uno de los miembros del consejo, sin poder creer lo que acababa de ocurrir.
—Descuiden —aseguró, mostrándoles una sonrisa maligna—. Permanecerán ahí hasta que pasen por el ritual de iniciación para ser parte de mi ejército.
Les dio la espalda, dispuesto a salir de aquella habitación.
—Si me disculpan, tengo otros asuntos pendientes que atender. Mi proyecto aún no está completo. Necesito solventar algunas cuestiones antes de iniciar con la gran masacre.
Darkar recorrió los pasillos de la mansión, sin borrar esa sonrisa de su rostro. Cedric podía conservar ese estúpido amuleto. Él tenía otras alternativas que lo volverían más poderoso de lo que ya era. Contaba con un buen número de mercenarios, mas no eran suficientes para acabar con esa Rebelión. Por ese motivo, se dirigía a una habitación en específico. El acceso estaba restringido para todos los habitantes de esa residencia, menos para él. Pateó con fuerza la enorme puerta que servía como entrada al cuarto. Sonrió más cuando vio los ataúdes que estaban a su alrededor.
—La cripta de la familia real —susurró, adentrándose con cautela al centro de esa recámara—. Sólo necesito unos cuantos soldados más… Soldados sin almas y con cuerpos en descomposición, pero con un toque de magia negra.
Allí yacía un enorme cáliz con fuego azul dentro. Alrededor, se encontraban muchos ataúdes. Miles y miles que llegaban al fondo. De improviso, el ambiente se volvió muy pesado. Darkar metió una mano al fuego para luego sacarlo y sostenerlo con la palma. Se concentró al máximo y fue cuando la llama, como si tuviera vida propia, se esparció por todos lados, específicamente hacia los ataúdes. El rey soltó una de sus espeluznantes sonrisas. Ya nadie podría detenerlo.
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Hao Asakura
No sabría decir cuántos días habían pasado, pero sentía que el tiempo se volvía un tanto eterno para mí. Quizá se debía a la distancia que aún había entre Alyss y yo. Desde esa vez que fue atacada, Fausto casi le ordenó que guardara reposo y no se pusiera a entrenar. Quería creer que ese día sería mejor, por lo que ya iba camino a su cuarto. Esperaba que no me lanzara alguna almohada, me cerrara la puerta en la cara o que, simplemente, no me dejara entrar. Estaba muy nervioso, ni siquiera el torneo me había puesto así. Deseaba que los nervios no me traicionaran esa vez. Si ella creía que era cruel, no quería que pensara que también era un estúpido que no hacía otra cosa más que balbucear.
—No puedo creer que una chica haga que te pongas de esta manera —oí una voz a mi lado… o, mejor dicho, en mi cabeza.
Mi espíritu acompañante se materializó a mi lado. Tenía una expresión en su rostro difícil de descifrar. Parecía que no se decidía si me miraba con curiosidad o burla.
—¿De qué hablas, exactamente? —inquirí, queriendo saber lo que pensaba.
—Es cierto lo que dicen. El amor hace más idiotas a las personas —declaró, alzando su mirada hacia mí—. Mírate, te ves tan… insignificante. Estamos en el siglo XXI, Hao. Ya nadie se pone nervioso por reconciliarse con su pareja, o expareja, tal vez en tu caso.
—¡¿Te das cuenta de que no me ayudas en nada?! —exclamé, algo alterado.
Esperaba que el Espíritu del Fuego se equivocara. No quería que nuestra relación acabara tan pronto. De verdad quería mucho a Alyss. No me perdonaría a mí mismo que lo nuestro terminara por mi culpa. Me tomó un par de segundos analizar lo que había dicho. El maldito únicamente estaba burlándose de mí… como siempre.
—¿Qué demonios puedes saber tú del amor? No eres más que un espíritu.
—Un Espíritu Elemental —me corrigió, empleando un tono de voz orgulloso.
Rodé los ojos. No tenía tiempo para lidiar con sus comentarios bobos. Mi espíritu acompañante me dejó solo cuando estuve frente a mi destino. Aunque la puerta estuviera cerrada, podía escuchar la voz de Fausto a la perfección. No sabía si esperar hasta que terminara de revisarla, pero mi mano se movió por si sola. Abrí la puerta, encontrándome con el amigo de mi papá, quien estaba quitándole las vendas a Alyss. También la estaban acompañando sus padres.
—Es una suerte que fueran cortes superficiales, no dejarán cicatrices —el médico examinó con cuidado las heridas casi cerradas, mientras que Alyss tenía la cabeza levantada para eso—. No debes gritar o alzar la voz para que tus cuerdas vocales no empeoren, ¿está bien?
El rechinido de la puerta hizo que todos se percataran de mi presencia. Me cohibí un poco al sentir la mirada de Cedric, pero Leia me lanzó una dulce sonrisa. Terminé por entrar al cuarto, tratando de alejar mi nerviosismo. Mi mirada se cruzó con la de mi novia por un breve instante. Creí ver un destello de emoción en sus ojos.
—Muchas gracias por salvar a mi hija, Fausto. ¿Eso sería todo?
—Los chicos me caen muy bien. Lo hago encantado —le sonrió a Cedric, gesto que fue levemente correspondido—. Así es, sólo debe cuidarse las heridas.
—Bueno, ya que está todo bien —intervino Leia, empujando levemente a su pareja y a Fausto fuera de la habitación—. Dejaremos a este par de tortolitos solos, creo que necesitan hablar. ¡Diviértanse!
El guiño que me dirigió Leia terminó por relajarme. Esperaba no defraudarla.
—¡Tampoco le hagas tanto caso a tu madre! —exclamó mi mentor, desde afuera.
Una vez que la puerta se cerró, la risita de Alyss inundó su cuarto. Hizo un esfuerzo para sentarse a la orilla de su cama y negó con la cabeza, sonriendo.
—Creo que nunca me acostumbraré a ellos.
—Sé que lo harás… —me salió de manera tan natural que no me di cuenta, hasta que ella me miró.
Intenté ordenar las palabras que revoloteaban en mi mente. No quería volver a decir una estupidez que le hiciera creer que yo ya no quería seguir con lo nuestro. ¿Aún estaría molesta conmigo? Bueno, no podía culparla. La había comparado con el ser más despreciable sobre la tierra.
—Alyss, yo…
Sin permitir que dijera algo más, ella terminó por acortar la distancia entre nosotros. Me sorprendí al sentir cómo me abrazaba con fuerza. Aún sorprendido, correspondí al gesto. Me esperaba cualquier reacción de su parte, menos esa.
—No sigas, Hao. No es necesario… Sólo olvidémoslo, ¿sí? —habló, sin despegarse de mí. Percibí su delicioso aroma, y me alegré por no sentir la tentación de morderla, como pasó unos meses atrás—. Prometo que no volveré a mentirte así.
—Y yo intentaré no ser tan idiota.
Tal vez no podía ver la expresión de su rostro, pero sabía que estaba sonriendo. Me contagió con su risa, pues estaba feliz por nuestra reconciliación. Era la primera vez que peleábamos como pareja, y esperaba que fuera la última. No me gustó para nada que estuviéramos distanciados.
—Te extrañé mucho.
—Yo también —susurré, antes de depositarle un tierno beso en la frente.
Nos sentamos a charlar por un rato, intentando ponernos al día. Estuvo a punto de contarme algo que estaba haciendo con Anna, pero calló de inmediato. Sus mejillas se habían sonrojado, y me pidió que olvidara lo sucedido. Era la primera vez que la veía tartamudeando. Decidí no comentar nada al respecto y respetar su privacidad. También hablamos del día en que sufrió ese terrible ataque. Sabía que se sentía un tanto triste por el rechazo de su propio abuelo.
—No entiendo por qué se llevó mi collar. Era lo único que me dejaron mis padres y lo más preciado que tenía —murmuró por lo bajo.
—En realidad… Hay una razón —mencioné, llamando su atención.
Sus ojos reflejaban todas las emociones que sentía en este momento: enojo, miedo y sorpresa.
—Mira… Cedric me explicó que el país de donde él proviene se alzó encima de algo así como una mina de un metal muy raro y deseado. Ese metal actúa protegiendo lo que tiene dentro o a su alrededor. Es por eso que Ascantha está protegido de los seres mortales… Y tu collar también se fabricó a base de… ¿Cómo me dijo que se llamaba? —intenté hacer memoria, hasta que lo recordé—. Ah, ya. Éxoren. Cedric lo hizo para que Leia no pudiera ser detectada como mortal entrando en Ascantha.
—Quieres decir que… funciona como una llave o algo así, ¿no? —preguntó.
—Más o menos —moví la cabeza en señal de no estar seguro—. Pienso que se lo llevó porque, si nos enterábamos, era un hecho que iríamos tras él —hice una ligera mueca de rabia—. Ahora no tengo ni la menor idea de lo que puede hacer con eso.
Ambos estábamos tan concentrados en intentar averiguar lo que Darkar podría traer desde allá, que nos sobresaltamos cuando la puerta del cuarto se abrió. Era Tamao, quien traía un mensaje de convocatoria de parte de los abuelos. Traducción: querían vernos ya. Nos miramos con curiosidad al saber que la orden era para ambos.
—Es un alivio que te encuentres mejor —Alyss terminó por devolverle la sonrisa.
Decidimos no hacerlos esperar más. No sabíamos qué esperar de esa plática, pues no sabía qué tema podía tener a mi novia involucrada. Llegamos hasta su cuarto, y nos sorprendimos al ver que no sólo estaban Kino y Yohmei, sino que también papá, mamá, Yoh, Anna y Kaoru. Creí tener un déjà vu en ese momento, y no sabía por qué. El hecho de que todos estuvieran ahí era extraño y, al mismo tiempo, familiar. ¿Estaría relacionado con ese tema de los elegidos? ¿Por el posible combate que, a lo mejor, tendría con mi gemelo? Pensé que mis abuelos no podían salir con algo más descabellado que esas dos opciones… No podía estar más equivocado.
—Es bueno verte recuperada, mi niña —Alyss le sonrió a Yohmei por sus palabras, pero era seguro que no se trataba de eso—. Sentimos tener que interrumpir así tu reposo, pero lo que debemos hablar no puede esperar más —tanto mi novia como yo nos miramos, confundidos.
—Ya sabes que te consideramos parte de la familia por tu llegada a temprana edad —comenzó Kino—. Muchas familias de shamanes se nos acercaron, queriendo que te comprometieras con alguno de sus hijos —la abuela volteó hacia donde creía que estaba mi chica, acertando—. Era entendible, pues siempre fuiste una jovencita muy educada y bonita. Muchos tuvieron interés, pero no teníamos la potestad de tomar decisiones sobre ti, a diferencia de las demás.
—Y ahora sabes que es porque nosotros sabíamos que tenías a tu padre ahí afuera, por eso el comprometerte no era una opción.
…No quería pensar que tenían intenciones de comprometerla, a pesar de saber que tenía una relación conmigo. ¡¿Qué demonios?!
—Claramente, la situación cambia porque nunca imaginamos que tú y Hao se iban a 'entender' de esa manera, y Hao es un miembro de esta familia… por lo que dicha tradición se debe cumplir —nunca creí ver a mi abuelo tan feliz por la idea, creí que se iba a mostrar tan o más protector que Cedric—. Creo que se complementan mejor de lo que imaginé.
—Espero que no estén haciendo lo que creo que están haciendo —interrumpí con mi ya conocido mal carácter.
—No entiendo lo que quieren decir, abuelo —musitó Alyss, preocupada.
Kino resopló, un tanto hastiada. Me recordó a la misma Anna.
—Que vamos a comprometerlos a ambos.
…
—No.
Cabe mencionar que no sólo mi familia se sorprendió, sino que también nosotros. Lo dijimos casi al mismo tiempo y nos volteamos a ver, sorprendidos. En mí era un tanto normal, pero ella, al igual que mi gemelo y cuñada, era muy obediente con los abuelos. Llegué a preocuparme por lo que pensaba, ya que no sabía si opinábamos lo mismo respecto al compromiso.
—¿Qué? —se extrañó la abuela—. Pensamos que estarían de acuerdo. Aunque llevan pocos meses siendo pareja, la química que hay entre ustedes es innegable. Esperamos más tiempo para comprometer a Yoh y a Keiko porque intentábamos conocer primero a Anna y Mikihisa, pero con ustedes no había necesidad. Ambos son parte de la familia desde muy pequeños.
…O desde que tengo catorce años, pensé para mis adentros, recordando que no me había criado como un Asakura.
—Eso es verdad —apoyó Yohmei.
—Es que no es por eso, abuelos —Alyss se me adelantó para hablar—. Agradezco ser parte de la familia, pero no siento que el compromiso sea algo para nosotros. Es verdad que nos queremos mucho, pero no creo que esto vaya a funcionar si nos sentimos en la obligación de estar atados por el compromiso que nos impongan —buscó con la mirada a su mejor amiga—. Sin ofender.
Anna sonrió de lado y negó con la cabeza, asegurándole que todo estaba bien.
—Incluso en eso nos entendemos —suspiré, aliviado porque pensábamos igual—. No se trata de estar juntos por una imposición, o sentirnos presionados a que todo deba ser perfecto, sin tener en cuenta si nos pelearemos o no —opiné, sintiéndome realmente conectado a mi novia—. Apenas tenemos dieciséis años, tenemos mucho tiempo por delante para conocernos más, y luego decidir si queremos casarnos. El amor que nos tengamos será lo que dictamine si queremos formar una familia.
—Aún falta mucho para saberlo… Así que, por favor, les pedimos que respeten esa decisión de no querer estar comprometidos —noté que ella intentaba tener cuidado con lo que decía—. Sabemos que es una tradición importante en la familia, pero yo creo que los tiempos cambian.
—Cielos, esto no me lo esperaba —admitió Kaoru, sonriendo burlona.
Normalmente me hubiera molestado, pero me sentía feliz de ver que recuperara su peculiar personalidad, luego de lo ocurrido con el estúpido de Ashil. Mamá le dio un suave golpecito en el hombro. Sin embargo, coincidía con ella. Estaba orgullosa y enternecida. Keiko nunca estuvo de acuerdo con ese asunto del compromiso. Debía enorgullecerle que rompiéramos esa tradición familiar. De un momento a otro, todos comenzaron a alzar las voces para discutir y supe que iba a ser un caos. Pedí que me dejaran a solas con Alyss, para hablar sobre el tema en privado. Claro que no íbamos a hablar de ello, pero no quería que ellos se enteraran lo que estaba a punto de hacer. Sentí que los nervios resurgían en mí, y aumentaron un poco cuando ella notó mi semblante.
—No hablaremos sobre el compromiso, ¿verdad? —supuso ella, sonriendo.
Era increíble la conexión que teníamos, así que me reí.
—En realidad… —traté de sonreír, pero no pude. Parecía más una mueca. Solté un suspiro antes de continuar—. Siento no haber pasado el día de San Valentín juntos. Pensé que saldríamos antes de la pirámide, y luego pasó lo de mi abuelo… Estuve muchos días lejos, y no pudimos celebrarlo siquiera unos días después. Tengo un regalo perfecto. Quería algo que expresara lo… mucho que te quiero.
Su semblante se paralizó al oírme decírselo tan de frente. Busqué algo en mi bolsillo hasta que lo encontré. Tomé una pequeña cajita de color azul y la abrí frente a ella, mostrando su contenido. En su interior, descansaba un anillo de plata con una gema dorada. Alzó ambas manos para cubrirse la boca de la emoción.
—Era lo único que me recordaba a tus ojos durante ese viaje —confesé, con una pequeña sonrisa—. Este anillo es una señal de mi amor por ti, ahora más que nunca porque estamos juntos por decisión y no por compromiso. Sólo el tiempo lo dirá.
—…Es hermoso —susurró ella, sonriendo enternecida.
—Digno de la futura reina de Ascantha —bromeé, tomándole la mano para darle un corto beso.
Ella retiró su mano, haciendo un ligero mohín y causando que ambos nos riéramos. Dejó que le pusiera el anillo en su mano derecha, al tiempo que lo seguía admirando.
—El rey es mi padre, no yo —refutó ella, acariciando su regalo como si fuera lo más preciado en este mundo—. Gracias… Es una promesa.
Rodeó mi cuello con ambos brazos. Nuestros rostros estaban muy cerca, separados por milímetros. Podía sentir su aliento sobre mi rostro y ver sus ojos entrecerrados, mientras acortaba la distancia entre nosotros.
—También te quiero mucho, Hao.
Cerré mis ojos al sentir sus labios presionando los míos. Amaba la delicada forma en que se movían, como si danzaran un vals. Mis manos actuaron por cuenta propia, abrazándola por la cintura para tenerla más cerca. Tenía muchísimos días de no besarla por culpa de esa tonta pelea. Hacerlo en ese instante me hizo darme cuenta de lo mucho que la había extrañado. Por la forma en que ella me correspondía, era notable que yo también le había hecho falta. Ni siquiera nos importaba que Alyss recuperara el oxígeno. Todo iba perfecto. Nada podría interrumpir nuestro momento íntimo… ¿Nada? Oh, qué equivocado estaba. No contaba con que alguien azotaría la puerta, asustándonos y causando que nos separáramos.
—Percibí vibras pervertidas en esta habitación —comentó Cedric, alzando una ceja.
¿…Cómo se atrevía ese maldito a interrumpirme? Odiaba no poder reclamarle como quisiera, porque tal vez el sujeto se convertía en mi suegro, y no estaba solo. Venía acompañado de su mujer, quien nos miraba muy feliz. Mi familia se encontraba fuera de la habitación. Por la expresión de cada uno de ellos, supe que nos habían estado espiando. Lo que faltaba…
—Oh, ustedes sigan. Sólo tenía curiosidad por ver a todos amontonados aquí afuera —se excusó Leia, sonriendo con cierta perversión.
Le lancé una mirada a mi familia que les dio a entender que sería mejor que no los viera, por ende, se fueron todos por su lado. Nos quedamos a solas con los padres de mi novia y decidí que era hora de hablar con ellos. Quería hacer bien las cosas. Mi familia estaba de acuerdo con nuestro noviazgo, pero no sabía si el padre de mi chica pensaba lo mismo. Siempre me burlé de esos chicos que tenían un suegro que los detestaba con toda su alma, porque le estaban robando a su niña. Tal vez era obra de los Grandes Espíritus o el karma, que me lo estaban devolviendo.
—C-Cedric, quería aprovechar la ocasión para hablar con usted sobre…
—¿Usted? —se echó a reír cuando escuchó aquel pronombre personal—. ¿Desde cuándo me tratas así, Hao? Nunca me has tenido ni una pizca de respeto.
—Oye, estoy intentando hablar seriamente contigo —me quejé, mirándolo mal. Un corto suspiro escapó de mis labios—. Quería saber qué opinabas sobre… nosotros estando, ya sabes, juntos. A pesar de que Alyss no me lo ha dicho, sé que tu opinión es importante para ella.
Los tres me miraron, atónitos. Sabía que eso era muy maduro de mi parte, porque no todos los chicos mostraban interés en lo que sus suegros pensaban sobre ellos.
—Sé que tú y yo no tenemos la mejor de las relaciones, pero daría la vida por tu hija, de ser necesario. Porque en verdad la quiero. Como te dije hace unos días, la cuidaré y protegeré de todo aquel que quiera hacerle daño. Te lo pregunto a ti, pues sé que Leia nos apoya. Quería saber si tú también harías lo mismo por nosotros.
La cara de Cedric jamás se me olvidaría. No pensé verlo tan impresionado. Supuse que era porque lo había tenido en consideración al ser el papá de mi novia, aunque Kino y Yohmei fueron los que la criaron.
—Escucha, no hay un sólo sujeto que sea lo suficientemente bueno para mi hija…
—Cariño, no seas así —lo regañó su mujer.
—…pero tú estás bastante cerca —sonrió de lado—. Te agradezco por tomarme en cuenta. Más vale que cumplas con tu promesa, o tendremos serios problemas.
Leia y Alyss estaban muy aliviadas. Tal vez nunca nos llevaríamos del todo bien, y eso no era malo. En realidad, me gustaba que tuviéramos una relación tan… única. Que él nos diera su apoyo ya era un gran paso para mí.
—Así será —le devolví el gesto—. Gracias por entenderlo… y gracias por haberla dejado con nosotros. Sé que no fue nada fácil, pero si eso no hubiera pasado, no la habría conocido cuando volví con mi familia. Eso fue lo mejor que me pudo pasar.
Vi a Alyss sonrojarse, y me sentí el sujeto más feliz del mundo.
—Bueno, ya puedes parar. Tanta miel me está empalagando —Cedric viró los ojos.
Los tres nos echamos a reír por lo dicho por mi mentor. Alyss no pudo resistirse y se le acercó, para darle un besito en la mejilla. Su padre se sorprendió en demasía. Se llevó una mano a esa zona, intentando ocultar el tono rojizo que había adquirido su rostro. No pude evitar sonreír con simpatía.
—Gracias por apoyarnos —susurró mi divertida compañera.
—Bueno, jovencita… Tú y yo tenemos que empezar a entrenar —habló Leia, viendo a Alyss, y esta asintió.
Ambas mujeres se adelantaron para salir de la habitación, dejándonos solos a mí y a mi mentor.
—Ese anillo que traía en su mano… ¿Se lo diste tú?
Asentí, sin saber qué más decirle.
—No es un anillo de compromiso, ¿verdad?
—Claro que no —respondí de inmediato, antes de que cambiara de parecer—. Sólo fue un regalo de San Valentín.
Cedric lo pensó por un momento. Esperaba que creyera lo que le estaba diciendo. No le mentía, se lo regalaba por el día de los enamorados… mas no mencioné que nos negamos a que nos comprometieran. No sabía si su corazón lo 'soportaría'. Aún éramos muy jóvenes para pensar en el compromiso.
—Supongo que será difícil para ti el no consentirla, pero entiendo cómo te sientes. Es difícil resistirse al canto de una sirena… no en el sentido figurado —supuse que lo estaba comparando con su relación con Leia—. Sólo no la malcríes.
—Tú lo haces —solté, enarcando una ceja.
—Sí, pero yo soy su padre, tú no. Sólo eres un mocoso de dieciséis años que está llegando tarde a su siguiente entrenamiento. ¡Andando!
¡¿Qué se creía este sujeto?! Era un maldito, y de verdad lo detestaba. Odiaba sus comentarios, y esa estúpida sonrisa que usaba para burlarse de mí. No necesitaba leerme la mente. Sabía de sobra que, lo que dijo, me había enfurecido.
—¡Muévete, Hao! —volvió a exclamar.
—¡Que ya voy!
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Era muy grande el progreso que habían hecho todos los miembros de la Rebelión en cada uno de los entrenamientos. Sumado al hecho de haberlos transformado en inmortales en los últimos días, incrementaba su fuerza, velocidad y resistencia. Por suerte, estaban adaptándose rápido a sus nuevas habilidades y así estarían listos para una guerra que podría llegar en cuestión de días.
Ellos no eran los únicos que estaban aprendiendo a controlar técnicas nuevas. Leia terminó siendo de gran ayuda para que Alyss volviera a dominar sus poderes, tal y como se lo había prometido. La madre de mi novia conocía técnicas prohibidas que, por cuestiones de seguridad, había decidido enseñárselas a su hija. Por ejemplo, la más conocida consistía en poder controlar al adversario por medio del porcentaje de agua que había en las células sanguíneas. Aunque parecía ser poderosa, tenía sus limitaciones. Sólo permitía controlar a un máximo de cincuenta personas.
—Supongo que tiene sentido que sea una técnica prohibida —musitó mi hermano, viendo a Alyss practicar con su mamá—. Es horrible que alguien controle tu cuerpo y haga lo que quiera con él.
—Tal vez —concordé—. Es horrible, pero es un hecho que será una guerra difícil y, quizás, hasta haya muertes inminentes. Si queremos evitar que Darkar asesine a su antojo, tendremos que emplear todo método de protección posible. No podemos mostrar una compasión que él no tendrá. A partir de ahora, no hay vuelta atrás.
Yoh cambió su semblante a uno pensativo. Sabía que la idea no le agradaba del todo. Sin embargo, entendía la gravedad del asunto. No teníamos que dormirnos en los laureles. Debíamos agotar todos los recursos que poseíamos: aprovechar cada uno de los entrenamientos, desarrollar nuevos ataques que se fueran presentando y practicar los que ya conocíamos. Por esa razón, Yoh y yo a veces entrenábamos con las habilidades de Myorei. Ya las dominábamos mucho mejor que antes, pero queríamos asegurarnos. Cualquier desliz y alguien podría perder la vida.
—Casi lo olvido… Quería hablar contigo —llamé su atención, y supuse que mi rostro debía reflejar algo de culpa—. Sé que acabamos de volver a compartir habitación, pero ya sabes… me reconcilié con Alyss y quisiera regresar a su cuarto.
—¿Volverás a dejarme solo? —inquirió, poniendo una cara que me hizo sentir mal.
Solté un pequeño suspiro. Me lo había imaginado un tanto triste cuando le diera la noticia. Sin embargo, era mucho peor que como lo imaginé. De repente, cambió su semblante a uno divertido, por lo que me sorprendí.
—En realidad, ya era hora que te largaras. Te has vuelto insoportable mientras estás dormido, ¿sabes?
—¡Hey! —exclamé, algo indignado.
Ese tonto se estaba burlando por la cara que puse. Su risa terminó contagiándome, como siempre.
—Sólo bromeaba —se disculpó entre risas—. También me gustaba compartir el cuarto, pero Anna me pidió que me mudara al suyo hace varios días. Como habías regresado hace poco, le pedí que me esperara hasta que te reconciliaras con Alyss. Sabía que volverían a dormir juntos, como los pillos que son.
—Mira quién lo dice —se la regresé—. Te recuerdo que has estado comprometido por casi siete años y, hace unos días, casi hacen de las suyas en tu cuarto. Apuesto a que nos darán la noticia de su boda en un par de meses… y luego tendrás a mis sobrinos antes de lo que te imaginas.
—Oye, tampoco vayas tan rápido —me detuvo, poniéndose colorado y ganándose tanto mi risa como las de Amidamaru y el Espíritu del Fuego.
—¡Acérquense! —llamó Cedric.
Dejamos de molestarnos para obedecer a nuestro mentor, igual que los demás. Nos dedicamos a escuchar sus siguientes instrucciones, hasta que de repente calló de manera abrupta, casi como si algo le impidiese seguir hablando. Llevó una mano a su garganta y cerró los ojos.
—¿Querido? ¿Estás bien? —preguntó su mujer, preocupada.
—Sí, no es nada…
Cerró los ojos y sacudió levemente la cabeza. No pudo decir otra palabra, pues se sujetó fuertemente la cabeza. Fruncí el ceño, pues parecía como si intentara impedir que algo o alguien se adentrara a su mente. Una exclamación femenina me distrajo y noté que Leia veía, horrorizada, cómo Alyss tenía los mismos síntomas que él. De un momento a otro, ambos dejaron de luchar y se quedaron tiesos. Sus ojos habían adquirido un tono fantasmal y sus brazos cayeron inmóviles a sus costados. Vi que Leia tuvo intenciones de zarandear a su hija, pero Anna la detuvo. Parecía ser que ella también sospechaba lo mismo que yo. El cuerpo de Alyss comenzó a avanzar por cuenta propia hasta quedar junto al de su padre, frente a nosotros. ¡Maldición! No entendía lo que estaba pasando, pero me quedé helado del terror cuando ambos abrieron la boca… y otra voz salió de ellas.
—…Espero que no hayan creído que se deshicieron de mí —sentí que su macabra voz retumbaba en mi cabeza y me dolió. También me percaté de que no era el único que lo sentía—. He estado observando desde las sombras, vigilando cada uno de sus movimientos.
Alcé la mirada hacia el cielo, encontrándome con una imagen espeluznante. Parecía sacado de una película. El cielo se había oscurecido de pronto, trayendo consigo una ventisca muy fuerte, nada usual en un día de primavera. Las aves dejaron de cantar, moviendo sus alas como si estuvieran atemorizadas. Tanto Mizu como los demás espíritus acompañantes se habían alterado y miraban de mala manera hacia donde estaban Cedric y Alyss.
—En estos últimos años he podido confirmar que su raza no merece vivir. Ustedes, los seres humanos, tienen que perecer.
Entre todo el dolor que sentía, algo me llamó la atención. ¿Seres humanos? No creí que mi mente me jugara una pésima broma. Darkar estaba comunicándose también con aquellos seres ajenos al torneo que poblaban el planeta entero. No comprendía cómo podía hacerlo. El sujeto era muy poderoso, pero para tener un alcance como ese, su control mental no era suficiente. Busqué a Anna con la mirada y ahí supimos que debíamos hacer lo posible para romper dicho control.
—¿Cómo se atreven? Han destruido el planeta como si fueran los únicos seres que lo habitan. Hemos pasado años tolerando sus abusos, pero eso se terminó.
Quise moverme, pero fue inútil. Era como si el tiempo se hubiera detenido.
—Los inmortales nos alzaremos, luego de que inicie su destrucción, como la nueva raza gobernante y yo, Darkar Blair, seré el futuro emperador del mundo.
Mis esfuerzos y los de Anna fueron en vano, pues no éramos suficientes como para combatir el poder del rey vampiro. De repente, tanto Alyss como Cedric voltearon a ver en mi dirección.
—Espero que estén escuchando, Yoh y Hao Asakura —no tenía que voltear a ver a mi gemelo para saber que estaba igual de impresionado que yo—. No importa que tanto luchen para evitarlo. Su querido ejército será igualmente aniquilado. Cedric y Alyss los verán caer, derramarán lágrimas por su muerte… y estarán a mi merced hasta que yo decida acabar con sus insignificantes vidas. Hagan que reciban este anuncio de mi parte, pues necesité de su energía para transmitir este mensaje… y como llevan mi sangre, puedo hacerlo.
Su risa tenebrosa resonó en mi mente, provocándome un ligero escalofrío.
—La cuenta regresiva acaba de iniciar. Su apocalipsis comenzará en unos cuantos días más… Estén preparados.
Apenas fueron dichas estas últimas palabras, todo pareció volver a la normalidad. Dejé de sentir esa presión en la cabeza, volví a tener libertad de movimiento, al igual que los demás. Noté que el cielo se despejó, y los cuerpos de mi mentor y mi novia cayeron al suelo, carentes de toda energía. Sentí que los escalofríos no iban a irse de mí.
Esto acababa de ponerse muy feo.
•❈•
Luego de dejar a Alyss y a Cedric en manos de Fausto, decidimos dejar el dichoso entrenamiento para calmar nuestros nervios. Estaba agotado mental y físicamente. Fruncí el ceño y apreté los dientes. ¿Cuándo iba a terminarse esta pesadilla? No lo sabía con certeza. Me sentí pequeño e indefenso con el alarmante alcance de poder que tenía Darkar. Aunque Yoh intentara ser positivo, la realidad era que no sabía si todo esto iba a acabar bien, o si íbamos a tener un futuro para contarlo. Era por eso que cada uno se despejó de los entrenamientos, dedicándose a pasar más tiempo con sus respectivas familias.
Mamá fue quien se lo tomó muy en serio. No podía culparla, pues sabía que aún se sentía mal por todo el tiempo en que estuvimos separados como familia. Todos los días buscaba un momento para pasarlo juntos, y ese día no sería la excepción. Nos había preguntado si había algún cuarto en la casa donde pudiéramos estar a solas. Eso me pareció extraño. No entendía por qué Keiko quería tanta privacidad. ¿Nos darían otra sorpresa? Por favor, no. Ya tenía suficiente con mis abuelos intentando comprometerme. No quería que ella saliera con algo peor.
—Tranquilo. No puede haber nada peor que tu intento de compromiso —opinó Yoh.
Ambos estábamos camino al cuarto donde mamá nos esperaba.
—Sí que lo hay —solté, luego de pensarlo por unos segundos—. Regresar a Osaka.
Mi gemelo dio un innecesario respingo.
—…Dudo que pase, Hao. Sabes que papá nunca abandonaría la empresa que tanto le costó fundar en Tokio —susurró, intentando tranquilizarme.
Volver a Osaka era lo peor que podía pasarme, después de todo lo que sufrí ahí. Lo bueno era que Yoh tenía razón. Miki había fundado una compañía de software, la cual aún estaba creciendo. Habían transcurrido un par de años desde que inició sus operaciones; no iba a permitir que todo su esfuerzo fuera en vano. Incluso había tenido que dejar a alguien de confianza a cargo, mientras estaba con nosotros en la aldea. A veces me sentía mal por alejarlo de su trabajo por tanto tiempo, pero él insistía en que no quería perderse la coronación de uno de sus hijos como rey.
—Tal vez sea para hablar sobre la universidad… —lo pensé mejor—. Nos quedan casi dos años de escuela.
Yoh se mantuvo en silencio. No necesitaba escuchar su respuesta. Sabía que él no tenía ni idea sobre qué carrera escoger, al igual que yo. De lo único que estábamos seguros era que no queríamos que la empresa pasara a manos de alguien ajeno a la familia. La duda aún rondaba en mi cabeza cuando abrí la puerta de la habitación. Pensábamos que sólo Keiko estaría esperándonos, así que nos sorprendimos al ver a papá sentado en una de las sillas, terminando una llamada.
—¿Por qué traen esas caras? —mamá ocultó una pequeña sonrisa burlona—. Casi parece que hubieran visto alguna película de miedo.
—¿…No hablaremos sobre la universidad? —preguntó mi hermano, entre susurros.
Nuestros padres voltearon a verse con sorpresa, para después romper en risas. No pude evitar mirarlos muy mal. ¿Cómo se atrevían a burlarse de nosotros? ¡No era un tema gracioso!
—Tienen dos años para pensar en eso —señaló papá, secándose disimuladamente una lágrima que se le había escapado.
—Tendríamos un año si no hubieran suspendido las clases por esto de los vampiros —lo corregí, iracundo. No podía creer que estaría un año atrasado.
—Su padre tiene razón, cariño —Keiko acarició mi cabello para tranquilizarme—. No queríamos hablar de eso con ustedes. Queríamos mostrarles otra cosa.
La vimos acercarse al televisor del cuarto. No era de extrañarse que ese lugar ya estuviera amueblado. Contaba con todo lo necesario si alguien necesitaba cambiar de habitación, o si teníamos un nuevo inquilino.
—Recuerdo muy bien cuando Yoh me reclamó que lo hubiera ocultado todo. Nunca lo había visto tan… molesto —confesó ella, con un semblante triste.
Miré a mi gemelo, quien tenía las mejillas coloradas. Quizá no pensó que Keiko querría hablar sobre lo que ocurrió ese día.
—No destruí sus fotos y videos. Los oculté para que ni tú ni Kaoru los encontraran y se supiera toda la verdad —le explicó—. Sé que no fue nuestra culpa, y la pelea la provocó Darkar. Sin embargo, sigo sintiéndome culpable por lo sucedido. Quería compensárselos de alguna forma. Pensé que sería buena idea mostrárselos hoy.
Señaló su laptop, la cual estaba conectada al televisor. No podía creerlo… ¿Tenía nuestros videos de bebés? Sentí mucha curiosidad. Siempre me había preguntado cómo habría sido crecer con mi familia. Tal vez nunca iba a saberlo a ciencia cierta, pero esos videos me darían alguna noción de cómo fue mi vida antes de que todo ocurriera.
—¿Por qué Kaoru no está aquí? —inquirí, extrañado.
—Creímos que les daría vergüenza si alguien ve esos archivos —admitió Mikihisa, encogiéndose de hombros.
…A decir verdad, nos habían hecho un favor. Esos videos podían tener todo. Moriría de la pena si alguien veía nuestros traseros de bebé. Ya era suficiente que Alyss y sus padres hubieran visto aquella fotografía. Mis padres se pusieron a hablar entre ellos, emocionados ante la idea de compartir dichos momentos con nosotros. Nos preguntaron si queríamos ver algo en específico, pero no teníamos ni la menor idea. Mamá buscó en su computadora hasta que encontró un video en especial.
Keiko se dirigía al cuarto de sus hijos con una enorme sonrisa dibujada en su rostro. Su andar parecía más una alegre danza. Mikihisa era el encargado de grabarlo todo. Tal vez no se mostraba en la imagen, pero se oían sus risitas al ver la felicidad de su esposa. Se acercaron hasta una cuna, encontrándose con una adorable imagen. Dos bebés descansaban en ella. Uno tenía el rostro adormilado, mientras que el otro aún seguía dormido. Ambos estaban tomados de la manita, como si estuvieran protegiéndose el uno al otro mientras dormían.
—Buenos días, mis pequeños —susurró ella, mirándolos con ternura—. Lamento interrumpir su siesta, pero tenemos una sorpresita para ustedes.
Yoh despertó cuando ella tomó a Hao entre sus brazos. Los padres se dirigieron a la cocina, donde sentarían al mayor de sus hijos en una de las sillitas altas. Keiko salió del lugar por un momento, dejando a su pareja con su hijo. Mikihisa colocó la cámara en un trípode para buscar un determinado utensilio, sin descuidar a su primogénito. El pequeño seguía con la mirada cada uno de sus movimientos. Al poco tiempo llegó su esposa con su hijo menor, y lo sentó al lado de su gemelo. Ella sonrió cuando Miki colocó un enorme pastel frente a sus hijos, cuyos ojitos brillaban por la emoción. Sabía que habían heredado su gusto por el chocolate.
—Sigo creyendo que es mala idea darles chocolate a tan corta edad —el hombre hizo una mueca, intentando hacer razonar a su amada.
—Por favor, Mikihisa. Mientras los científicos no demuestren que es malo, no creeré en esas patrañas.
—¡Pero si ya lo demostraron! ¡Hay como mil estudios!
Sabía que no lograría convencerla. Viró los ojos, a la vez que terminaba de ponerle la vela en forma de número uno. Luego de cantarles a sus hijos y ayudarles a soplar la velita, partieron dos pequeños trozos del delicioso pastel. Los gemelos se veían muy felices por estar comiendo dicho postre. Mikihisa se dio la vuelta para ir a lavar los cubiertos sucios, cuando sintió que algo le cayó encima. Extrañado, se llevó una mano a su cabellera, encontrándose con restos de pastel. Volteó a ver a sus hijos, quienes reían a carcajadas. Uno de ellos tenía la mano llena de chocolate. No pudo evitar enarcar una ceja ante lo que sus ojos le mostraban.
—…Desde que eran bebés me faltaban al respeto —comentó con tono cansino al vernos reír.
—Bueno, no puedes culparnos —bromeé, encogiéndome de hombros.
Nos sorprendimos cuando mamá nos abrazó a ambos tan repentinamente. Aun así, le devolvimos el gesto de inmediato.
—No puedo creer que, en unos días, cumplirán un año más —susurró, conmovida. Se separó de nosotros, viéndonos con una pequeña sonrisa—. Tal vez no estemos en Japón, pero eso no será ningún impedimento para celebrarlo.
—¿…Nos compraron un auto este año? —pregunté, fingiendo inocencia.
—Aún son menores de edad, así que nada de autos —negó mamá, sin decidirse si lo decía en broma o no.
Me reí, pues no me molestó su respuesta. El simple hecho de que pudiera disfrutarlo junto a mi familia, era suficiente para mí.
•❈•
Ese era el día en que se decidiría quién sería mi oponente en la final del Torneo de Shamanes. Cualquiera que no estuviera pendiente de este suceso pensaría que yo sería el que tendría que luchar, pues mi nerviosismo era notable. Tal vez no debería de sentirme así, ya que mi pase a la final era seguro. Sin embargo, me preocupaba mi hermano gemelo. Si Len clasificaba a la final, no tendría que enfrentarme a él. Eso sería un alivio… pero también era una actitud egoísta de mi parte, porque Yoh merecía ganar. Se había estado esforzando desde hace mucho, dando lo mejor de sí en cada entrenamiento. Si mi hermano resultaba vencedor, iba a pelear contra él. Ambas opciones me resultaban igual de aterradoras.
—Cálmate, me estás poniendo nerviosa —la voz de mi hermana llamó mi atención.
Se había sentado junto a mí en las gradas, y sabía que compartía mis sentimientos para con Yoh. Ella tampoco tenía el lujo de ponerse del lado de alguno si resultaba que pelearíamos en la final. Kaoru volteó a verme y sonrió.
—Tranquilo, Hao —me susurró, tratando de transmitirme confianza—. Recuerda lo que Yoh nos enseñó. Pase lo que pase, todo saldrá bien.
Intenté devolverle la sonrisa, pero muy dentro de mí sabía que necesitaba más que unas palabras reconfortantes. Pasé un brazo alrededor de sus hombros, intentando responder a su afecto fraternal.
—Ojalá que sí —murmuré.
Decidimos prestar atención cuando Radim se paró a mitad de la arena. Ya no eran necesarias las pantallas, pues sólo quedaban dos competidores para la semi-final.
—¡Yoh Asakura y Len Tao serán los encargados de la penúltima pelea de este gran torneo! —anunciaba Radim, entre los aplausos de la audiencia—. El ganador tendrá el segundo pase a la final del evento, junto a Hao Asakura.
No me lo recuerdes…, rogué mentalmente. ¿Por qué tenía que sufrir de esa forma? No le deseaba a nadie estar en mis zapatos. Era algo horrible.
El apache les indicó a ambos que mantuvieran su respectiva distancia. Len no tardó en formar su posesión con su ya conocida espada Bao-Lei. Seguía teniendo esa apariencia amenazante desde su pelea con Alyss. La jugada era sorprendente, pero no se podía decir lo mismo de la de mi hermano.
—¿En serio pelearás con esa posesión? —soltó Len, sin poder creer lo que veía.
Mi hermano no formó su típico oversoul, utilizando ambos espíritus acompañantes. Sostenía firmemente al "Espíritu de la espada", una posesión fuerte, aunque no se podía comparar con la espada que se creaba cuando el Espíritu de la Tierra también la posesionaba. ¿Por qué usaría algo menos poderoso? No tenía ningún sentido… A menos que también tuviera algún ataque sorpresa.
—No subestimes a Amidamaru —Yoh le regaló una de sus relajadas sonrisas—. Recuerda que nunca has podido derrotarme con esta posesión. Quiero que me demuestres lo fuerte que te has vuelto. Considera esta como una prueba más. Por ello, no me ayudará el Espíritu de la Tierra.
Cuando mi hermano se proponía algo, hablaba en serio. Su espíritu acompañante flotaba a su lado en su forma diminuta, observando con curiosidad al oponente de su dueño. Yoh se sorprendió cuando escuchó que Len se reía sarcásticamente, burlándose de sus palabras.
—¿Una prueba? Este no es ningún reto para mí. Siempre quise tener la oportunidad de pelear contra ti en este torneo, para derrotarte de una vez por todas y eso es lo que voy a hacer… ¡Ilusión de espada!
El chino insertó su espada en el suelo, provocando que brotaran muchísimas armas a su alrededor. Yoh dio un salto hacia atrás, evitando el ataque. Extendió una mano frente a él, empleando sus poderes elementales. La tierra se sacudió levemente, y empezó a levantarse, formando unas paredes alrededor de Len con el único fin de encerrarlo en una especie de prisión.
—¡Ilusión de espadas cuádruple!
Cientos de armas diferentes atravesaron el muro, logrando destruirlo rápidamente. Len se lanzó hacia Yoh, alzando su Kwan Dao para propinarle un ataque que lo enviaría al otro lado del estadio. Yoh previno su movimiento, esquivándolo ágilmente y dándole un golpe en la espalda, el cual Len detuvo. Estuvieron así por un rato, lanzándose ataques el uno al otro. Ninguna de sus posesiones parecía ceder. Aun debía quedarles mucho furyoku a ambos. Esa pelea sería bastante larga, ya que el Tao estaba determinado en ganarle. Lanzó una maldición cuando Yoh lo atacó con unos tallos que tenían espinas. No pudo esquivar todos sus latigazos.
—¿Por qué eres tan difícil de vencer? —murmuró con ira. Yoh no le respondió, pero sus ojos mostraban un ligero destello de preocupación—. No puedo derrotarte si tengo tantas dudas. Tengo que dejar estos sentimientos atrás, si deseo ganar este torneo —su mirada se cruzó con la de mi hermano, y alzó la voz—. Yoh, prepárate para perder.
Tal y como lo esperaba, mi amigo invocó su armadura: Bushin Fish Fin, aquella que consistía en un escudo y espada con forma de aleta de tiburón que protegían a su brazo derecho. El ataque no había funcionado en su pelea con mi novia, pues ella estaba siendo controlada por Zen Aku. Sin embargo, esta vez su oponente era mi gemelo. ¿Acaso podría derrotarlo con eso?
—¡Puño dorado de Bason!
La espada se transformó en un puño gigante que se dirigía hacia Yoh. Len tenía una enorme sonrisa en su rostro, imaginándose que resultaría victorioso con ese ataque. No contaba con que mi hermano decidiría revelar su as bajo la manga.
—¡OVERSOUL! ¡BYAKKO!
Transformó su posesión en una completamente distinta y a una gran velocidad. Su armadura cubría completamente el brazo derecho, la cual terminaba con tres dedos metálicos. Dicho brazo sostenía a Harusame, la espada que se había convertido en una shirasaya, un tipo de arma japonesa. Su otro brazo, el que sostenía a la Espada Sagrada, tenía una protección que se asemejaba a un guante.
—¡Espada fugaz de Amidamaru!
Len chasqueó la lengua, en un gesto de preocupación. Se libró de recibirlo de lleno al moverse hacia un lado, pero no dejaba de verse frustrado.
—Esto de ser inmortal es muy conveniente para ti. Podría haberte asesinado con este ataque. Aunque eso no suceda, creo que será suficiente para derrotarte.
Corrió hacia Yoh, quien estaba muy sorprendido por sus palabras. Intentó ponerse a la defensiva, pero su amigo fue mucho más rápido que él.
—¡KUTEN OUGENRAISEI FUKATENSON!
Len lo golpeó con su oversoul, el cual soltó una corriente eléctrica de gran magnitud. Tenía razón, pues si Yoh aún fuera mortal, hubiera muerto al recibir esos poderosos rayos. Hacía un esfuerzo por resistirse al ataque, aunque su posesión comenzaba a flaquear. Si no se apresuraba, perdería la batalla.
—Amida-Ryu… Mu-Mu-Myou-Yaku-Mu —susurró con dificultad.
No supe de dónde sacó fuerzas para lanzar ese ataque. Logró levantarse del suelo para golpear la posesión de Len con un rayo de luz. Mu-Mu-Myou-Yaku-Mu era el poder de la purificación, un ataque que fue creado por los Asakura para convertir el poder espiritual en nada. Me sorprendí al saber que lo había aprendido, ya que los abuelos habían decidido no compartir sus conocimientos en lo que quedaba del torneo, para ser imparciales. Era un hecho que su ataque desvanecería la posesión de Len… pero no me esperaba que la suya también desapareciera.
—¡¿Qué demonios…?! —exclamó Len, visiblemente confundido—. ¿Y ahora cómo sabremos quién ganó?
—No lo sé, nuestras posesiones se deshicieron al mismo tiempo —señaló Yoh.
Se le veía algo preocupado por su amigo, por lo que no dudó en acercársele. Yoh era así; aunque estuviera en las peores condiciones, él siempre se preocuparía por los demás. Era una de sus mejores cualidades. Ambos veían expectantes a Goldva. La líder de los apaches parecía debatir con Silver, Chrom y Radim sobre el resultado del combate. Luego de unos minutos, finalmente tomaron una decisión. Sentía que desfallecería si no hablaban de una buena vez.
—Ambas posesiones se desvanecieron casi al mismo tiempo, pero una de ellas lo hizo antes, asegurando la victoria de uno de ustedes —empezó Radim, provocando el nerviosismo en el público—. ¡SEÑORAS Y SEÑORES, YOH ASAKURA ES EL VENCEDOR DE ESTA BATALLA! ¡HA CLASIFICADO A LA FINAL DE LA SHAMAN FIGHT!
Solté todo el aire que retuve. El público tuvo diversas reacciones por lo dicho por el comentarista: algunos gritaban emocionados, otros –mamá– lloraban por el orgullo. Sentía una mezcla de emociones que hacían que me preguntara cómo acabaría mi salud mental: felicidad, orgullo… tristeza, preocupación… miedo. Una vez que Yoh hubiera felicitado a Len y el resto de mi familia y amigos lo alabaron por esa increíble batalla, me acerqué con una pequeña sonrisa dibujada en los labios.
—¡Felicidades, hermanito! Serás mi oponente en la final —lo despeiné, riéndome al escuchar sus reclamos—. Disfruta tu victoria mientras puedas, porque no permitiré que alguien tan débil como tú me derrote.
Escuché que Keiko me reclamaba por lo que dije, pero no me importó. Yoh imitó mi sonrisa de desafío.
—Tampoco dejaré que tú me venzas. Prepárate, ya que seré yo quien se convertirá en el futuro Shaman King.
—Eso está por verse.
Yoh me dio la espalda para encaminarse a los vestidores. La expresión de mi rostro cambió súbitamente cuando él desapareció de mi vista. No podía dejar de pensar que mi temor se había vuelto realidad. Kaoru puso una mano sobre mi hombro, en un intento por animarme.
—Qué mierda —susurré.
•❈•
Creí que todavía estaba soñando, pues veía una mancha rojiza por encima de mí. Parpadeé un poco, intentando despejar la vista. La imagen se fue aclarando, pero ese extraño color rojo no desaparecía del techo. Me tomó un par de segundos notar que unos hilos de color plata colgaban de ellos. Alcé mi mano para tomar el objeto. El techo del cuarto estaba cubierto de globos con helio, los cuales tenían unas letras estampadas en ellos. Una frase corta, pero significativa: "Feliz cumpleaños". Sonreí ante tan bonito gesto. No podía ser de nadie más que Alyss, aunque me preguntaba cómo había hecho para no despertarme en el proceso. Después de haber ordenado la cama y bañarme, salí del cuarto que compartía con mi chica, para buscar a Yoh. Llevaba el regalo que le compré con tanto cariño, esperando que le gustara. No me sorprendí al encontrarlo a la mitad del pasillo. Él también traía algo entre sus manos.
—¡Feliz cumpleaños! —exclamó, al tiempo en que me abrazaba fuertemente.
Correspondí a su gesto. Me alegraba poder compartir esa fecha tan especial con él. Era el segundo cumpleaños que celebrábamos juntos, desde que nuestra familia se reunió.
—Feliz cumpleaños —musité, con una pequeña sonrisa—. Lamento decepcionarte, pero creo que esta vez no nos regalaremos lo mismo.
Al igual que yo, no quería que nadie supiera que estábamos despiertos. Los chicos podían intentar sorprendernos, como siempre. Por esa razón, habíamos despertado antes. Tal vez no había funcionado con nuestras novias, pero no nos quejábamos. Anna había tenido el mismo gesto que Alyss. Debieron haberlo planeado juntas.
—…Con la extraña conexión que tenemos, no sería raro que eso volviera a suceder —bromeó, tomando el obsequio que le tendía.
Nos dirigimos al piso inferior, queriendo aplacar la sed que comenzaba a atacarnos. Antes de poner un pie en la cocina, escuchamos que algo explotaba a nuestro lado, dejando caer serpentinas y confetis sobre nuestras cabezas. Hice un esfuerzo para no demostrar mi enojo. Nuestros amigos sólo querían darnos una sorpresa, pero, ¿acaso tenían idea de lo que tardaríamos en sacarnos eso de encima? Si el confeti se decoloraba, me dejaría el cabello de mil colores. Miré de mala gana a mi gemelo, quien se encogió de hombros, mientras sonreía. No necesitaba leer su mente para saber qué pensaba. Sólo querían sorprendernos. La sorpresa la recibirían ellos si mi cabello quedaba horrible.
Llegué a pensar que nunca había recibido tantos regalos como esa vez. Yoh y yo ya no dormíamos en nuestra anterior habitación, pero dudaba que todos nuestros presentes cupieran ahí. Por suerte, no todos eran tan grandes. Algunos incluso eran comestibles, como la sangre sintética de Fausto. Llegué a amarlo cuando noté ese exquisito sabor a chocolate. No me cansaba de repetirlo: era un genio.
—Mis bebés están cumpliendo años —musitó una conmovida Keiko, abrazándonos a ambos.
—No somos unos bebés —murmuré, con las mejillas coloradas.
Normalmente no la contradecía, sabía que nos llamaba así por cariño. Me estaba quejando porque lo dijo tan tranquila frente a todos. Me daba tanta vergüenza. No sabía qué pensaban los muchachos sobre eso, pero Cedric… Ese sujeto no dejaba pasar ninguna oportunidad para burlarse de mí.
—Sí que lo son. Son mis bebés en este y todos los demás días del año —aseguró ella, sonriéndonos con ternura—. Sigo sin poder creer que ahora podemos festejarlo con ambos. Así debió haber sido siempre.
—Recuerdo que eran unos bebés muy adorables —comentó Kino.
—Oh, sí que lo eran —coincidió Yohmei, sonriendo con nostalgia—. No iban a estar separados por nada. Siempre fueron muy unidos, incluso cuando nacieron.
—¿En serio?
Mis padres y abuelos sonrieron ante ese recuerdo. El recuerdo del día en que Yoh y yo nacimos. Mientras ellos lo relataban, pude ver dicho recuerdo en sus mentes.
Keiko estaba acostada sobre una camilla, esperando a que el médico la atendiera. Las enfermeras corrían de un lado a otro, preparando lo que se utilizaría durante el parto de sus hijos. A su lado estaba su esposo, quien rogaba internamente para que todo saliera bien… y también para que Keiko dejara de apretarle la mano con tanta fuerza. Sentía que, si seguía así, él sería el siguiente en necesitar un doctor. Jamás se había fracturado la mano. Esperaba salir ileso del parto.
—Todo saldrá bien, amor —le susurró, a la vez que le acariciaba los cabellos con ternura—. Los bebés y mi mano izquierda estarán bien.
Sabía que, si no estuviera sufriendo esos terribles dolores de parto, se hubiera reído por lo que dijo. El doctor llegó a toda prisa a la sala, preparándose para ayudar con la labor de parto. Le dio a Keiko una serie de instrucciones que él apenas entendió. Le susurró palabras de aliento, mientras ella pujaba y gritaba por el inmenso dolor que sentía. Era una suerte que le hubieran preguntado si quería estar presente en ese maravilloso momento de sus vidas. Ni siquiera dejó que la enfermera terminara esa oración cuando él ya había aceptado. No quería perderse de nada. Supo que nada más importaba, ni siquiera la potencial pérdida de la circulación en su mano, cuando vio que una de las asistentes del médico sostenía a su hijo mayor con gran cuidado. Vio de soslayo que lo colocó en la mesa de apoyo, donde recibiría una limpieza y demás cuidados. Ansiaba por arrullarlo entre sus brazos, pero su pareja necesitaba su apoyo en ese momento. Yoh aún estaba dentro de ella, por lo que el dolor no había desaparecido por completo.
Los gritos de Keiko y el llanto de Hao lo desesperaban, aunque su sufrimiento duró poco. Luego de tres largos minutos, su segundo hijo nació, el cuál lloraba tanto o más que el mayor. Ambos padres veían cómo la enfermera colocó a Yoh en la mesa, cesando así su llanto. Los gemelos tenían los ojos abiertos de par en par, mirándose con sorpresa. Ninguno de los padres pudo contener su risa. Les parecía tierno saber que ambos dejaron de llorar cuando estuvieron cerca del otro, como si se hubieran distanciado muchísimo en esos minutos de diferencia. Era un hecho que esos dos serían muy unidos, y lo habían demostrado en esa madrugada de un 12 de mayo.
—Qué tierno —susurró Pilika.
No supe qué cara poner. Yo también lo encontraba tierno, pero me avergonzaba un poco. Nunca pensé que Yoh y yo fuéramos inseparables desde tan temprana edad. Ojalá así hubiera sido siempre, pensé, sintiendo un poco de tristeza. Sonreí cuando sentí las palmadas de mi gemelo en la espalda, intentando subirme el ánimo.
—Criar hijos no es nada fácil —espetó Mikihisa, fingiendo cansancio—. Sabrán a lo que me refiero cuando tengan los suyos.
—…Si es que los tenemos —me apresuré en añadir—. Es muy complicado, y no sé si se me antoja, la verdad.
—Tampoco estoy muy seguro de querer traer hijos al mundo. Se ve… desesperante —expresó Yoh, pensativo—. Sería horrible tener que despertar de madrugada, sólo por el llanto del bebé.
—¡Sin mencionar que engorda muchísimo! —añadió Kaoru—. No quiero aumentar de peso por todo lo que ese niño o niña me haría tragar. ¿Qué tal si sufro del mismo antojo por los chocolates que tuvo mamá? Qué horror.
Nos callamos al ver que Keiko fruncía el ceño, comenzando a enojarse.
Ay, no…
—Pues, no sé cómo lo harán, jovencitos, pero más les vale que me den, al menos, un nieto cada uno cuando sean mayores… Y, por esta vez, dejaré pasar eso de que acaban de insinuar que estaba gorda —miró a Kaos, quien se encogió en su asiento, sintiendo miedo por el inminente castigo—, porque claramente no fue así.
—Si eso es lo que tú quieres creer —la tentó Leia, ganándose las risas del resto y una mirada de muerte de mi madre.
Era increíble pasar nuestro cumpleaños en compañía de nuestra familia y amigos, aquellas personas que nos querían tal y como éramos. Llegada la noche, los chicos se pusieron misteriosos. Más tarde supimos que era porque nos habían organizado una fiesta flúor sorpresa, en un local abandonado en plena aldea que resultó ideal. Pudieron decorarlo para que quedara genial. No estábamos acostumbrados a tener celebraciones grandes, así que no tardamos en sentirnos un poco incómodos. Nos sentamos en unos sillones que estaban un poco lejos de los otros. La compañía de Yoh era suficiente para mí, por lo que me sentía tranquilo estando a su lado. Sin embargo, no contábamos con que las sorpresas no acabarían ahí. Anna y Alyss nos tenían preparado un regalo. Al igual que todos, ellas también tenían la pintura flúor decorándoles la cara y ropa. Subieron al escenario para presentar a nuestro regalo. No supe cómo lo habían hecho, pero contrataron a AeroException para que nos diera un concierto privado. Ese era, sin duda alguna, el mejor regalo que había recibido ese día. Eso era lo que tanto tramaban a escondidas de nosotros y lo que estuvo a punto de revelarme. Casi nos volvimos locos de la emoción, y eso bastó para que nos pusiéramos cómodos y disfrutáramos del concierto con el resto de la gente. Tenerlos en nuestra fiesta de cumpleaños era genial. Tan genial como lo era el hecho de que ellos nos reconocieron como los gemelos que se reencontraron en su primer concierto allá en Tokio.
¿Qué más sucedió en la fiesta? No tenía idea, porque los chicos se encargaron de embriagarnos. Una a una fueron rellenando nuestras copas durante toda la noche, insistiendo en que era una noche de diversión. Tuvieron suerte de que no hubiese olvidado ese genial concierto, porque no habría dudado en asesinarlos. Por suerte, no habíamos hecho nada que nos dejara en ridículo. A pesar de que al día siguiente amanecimos con una terrible resaca, no nos arrepentíamos de nada. Estaríamos eternamente agradecidos con Anna y Alyss. También nos sentíamos algo culpables por haber hecho que gastaran todos sus ahorros. Habían tenido que recurrir a Manta para que él completara el pago. Tendríamos que compensárselos con muestras de cariño, ya que no permitirían que les regresáramos un solo centavo. Ese y el regalo que recibí por parte de Yoh eran los más valiosos para mí, y los atesoraría por el resto de mi vida.
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—¿Quiere alguien decirme qué hacemos aquí tan temprano? —gruñó Manta, algo adormilado.
No lo diría en voz alta, pero tenía razón. ¿A quién demonios se le ocurría despertar a las seis de la mañana en un maldito sábado? Más aún por una reunión de la que no sabía nada. No había dormido muy bien la noche anterior, ya que mi mente se divagaba sobre la pelea que tendría con mi hermano. Envidiaba a Alyss por poder dormir toda la noche, incluso llegué a pensar que la molestaba con mis constantes movimientos. Quería regresar al cuarto para dormir como si no hubiera un mañana, pero no podría darme ese lujo. Luego sabría el porqué de ello.
—Vamos, Manta. Te prometo que valdrá la pena —habló Pilika, llena de energía y sin poder ocultar esa sensación de felicidad que parecía compartir con Tamao. Tuve algo de envidia—. Bueno, creo que ya todos estamos aquí.
—Hablen de una maldita vez —gruñó Anna, de malhumor.
—Bueno, Pilika y yo hemos estado pensando que deberíamos hacer algo lindo por el señor Cedric para agradecerle toda su ayuda —susurró Tamao, sonrojándose.
—…No entiendo, ¿Qué podríamos hacer nosotros? —quiso saber Lyserg.
—No es un secreto para nadie que él y Leia no están legalmente casados —Pilika sacó a la luz sus motivos.
—Creo que lo oímos más de una vez —habló Redseb, adormilado. Volteó a ver a los demás, y se sorprendió al ver la confusión en los rostros de cada uno—. ¿Qué? Siempre lo repite.
—Bueno, ya. Vayan al punto —apresuró Horo, quien aún estaba en pijama—. ¿Qué quieren hacer exactamente?
—Espero que no quieran que planeemos su boda o algo así —objetó Len.
—Claro que no, pero podemos empujarlos a eso —la ainu le guiñó un ojo a su novio, quien desvió la mirada, sonrojado—. Pensamos que podíamos comprarles alianzas para que Cedric pueda pedirle matrimonio formalmente a Leia.
—¿Comprar los anillos? Esperen —Alyss se veía muy descolocada—. Es un detalle muy lindo, chicas, pero… ¿Acaso tienen una idea de lo que cuestan?
—Es verdad, esas cosas son carísimas —concordó Yoh.
—A menos que juntemos nuestros ahorros. Tal vez sea suficiente para comprarlo —pensó Horo en voz alta.
—¿Qué ahorros? —se burló Len—. Que yo sepa, tú no tienes.
—Claro, el rico humillando al pobre —el Usui viró los ojos, provocando las risas en los chicos.
—No quisiera hacer publicidad ni nada, pero mi hermano podría ayudarnos con eso —planteó Nichrom—. Nos podría hacer algún descuento.
—¡Perfecto! Entonces está decidido —Pilika aplaudió una vez, contenta porque su plan parecía estar yendo a la perfección—. Sólo falta saber quién irá a comprarlos.
—¿No es obvio, pue'? —intervino Chocolove—. Alyss debe ir, son sus padres.
—Es cierto, debe conocer los gustos de su madre mejor que nadie —explicó Kaoru.
Quise contradecir eso, pues ella tenía poco tiempo de haber aceptado a sus padres de vuelta en su vida. Sin embargo, no pudo negarse, por lo que decidí acompañarla. Ambos llegamos a la tienda del hermano mayor de mi mejor amigo, y le explicamos lo que planeábamos hacer con las joyas. Chrom nos mostró las piezas que tenía en exhibición, y mi chica escogió las que le parecieron más bonitas y accesibles para nuestro presupuesto. Pagamos y salimos del lugar, dispuestos a regresar a casa.
—Sentí que te movías mucho anoche —me preguntó, preocupada—. ¿Estás bien? ¿No pudiste dormir?
Debía tener unas ojeras espantosas en ese momento. Mi aspecto no era el mejor, pero no quería preocuparla. Me apresuré a responderle, para que se calmara.
—No tanto —admití por lo bajo—. Tranquila, iré a ocupar toda la cama cuando esto se haya terminado. ¿Crees que a tu madre le guste?
—Eso espero —a pesar de lo que había dicho, sonrió con toda tranquilidad—. Sí sé que estará muy feliz cuando sepa que mi padre se lo ha regalado.
Ni siquiera estábamos a mitad de camino cuando nos topamos con Cedric. Estaba mirándonos seriamente, enarcando una de sus cejas. Era increíble cómo aparecía en todos lados. Me di cuenta que, probablemente, nos había visto salir de la joyería de Chrom. Oh, por todos los espíritus. No esperaba que los problemas vinieran a mí tan rápido.
—Espero que no estén pensando en casarse —comentó, sin cambiar la expresión de su rostro—. Aún no están en edad para pensar en esas cosas.
—Oh, créeme. Estamos conscientes de ello —respondí, sonriendo de lado—. Mejor preocúpate por verte presentable. Tienes que ir a pedirle matrimonio a tu mujer.
—¿Qué…?
—Es un regalo de parte de todos, papá —musitó Alyss, extendiéndole la cajita.
Era un hecho que su rostro no se me olvidaría jamás. Estaba seguro que ni él había pensado en ello hasta ahora. Le explicamos lo que habíamos hecho, e incluso creí ver que se sintió un tanto emocionado por la acción. Nos acompañó a casa y luego se despidió para arreglarse y verse presentable, al igual que nosotros. Estábamos ansiosos por presenciar algo que debió haber pasado hace ya mucho tiempo.
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Nunca pensé estar en un lugar parecido en mi corta vida, pero digamos que el hecho lo merecía. Era casi como un sueño, y estaba seguro de que los Grandes Espíritus tenían mucho que ver. Estábamos en medio del bosque, rodeados por la hermosa naturaleza. Los apaches tenían una plantación de coronas de novia. Esas preciosas flores blanquecinas brotaban en diversos tallos arqueados, simulando algo así como una cascada. Nos encontrábamos sentados en unas bancas de madera, las cuales también habían sido decoradas por flores de colores pasteles. A unos metros de nosotros estaban Cedric y Leia, de pie frente a un arco de rosas blancas. Ambos se miraban como un par de adolescentes enamorados. Entendía su emoción. Habían pasado por tantas adversidades a lo largo de su vida, impidiéndoles que pudieran contraer matrimonio. Gracias al regalo que compramos entre todos, terminamos por convencerlo para que le pidiera que se casaran. Ella aceptó, derramando lágrimas de alegría. Todos estábamos vestidos de acuerdo a la ocasión, pero Leia se llevaba por lejos el premio a la más hermosa. El apache terminó de hablar y fue cuando mi novia, también con un hermoso vestido largo color aguamarina, acercó los anillos. Cedric tomó la mano de Leia, quien parecía echarse a llorar en cualquier momento.
—Yo, Cedric Blair, prometo amarte y respetarte durante cada día de nuestras vidas. Protegerte a ti y a Alyss de todo aquel que quiera hacerles daño. Prometo cuidar de los sentimientos que nos tenemos; sentimientos que surgieron al conocerte. Si por algún motivo ambos dejamos este mundo, y existiera una vida después de esta, también quiero estar a tu lado sin importar nada más.
Colocó el hermoso anillo de plata en su dedo anular. Leia ya no era capaz de retener sus lágrimas. Sonrió un poco, tomando el anillo restante que sostenía Alyss.
—Yo, Leia Van Der Kov, prometo estar a tu lado por el resto de nuestras vidas, sin importar las dificultades que nos impongan los Grandes Espíritus. Prometo amarte como esa vez que decidimos estar juntos para toda la vida. Cuidarte a ti y a nuestra hija. Lo que siento por ti jamás desaparecerá de mi ser, ni siquiera cuando la última estrella del firmamento deje de brillar.
Imitó la acción de su ahora esposo, colocándole su respectiva alianza de bodas. Cedric le sonrió con ternura. Llevó una mano al rostro de su compañera de vida, limpiándole las lágrimas que caían de sus ojos. Ella también le sonrió, agradecida por haber entrado a su vida.
—Es una promesa. Estaremos juntos… para siempre.
—Para siempre —coincidió Leia entre susurros.
Ambos acortaron la distancia, uniendo sus labios en un tierno beso. Los aplausos no se hicieron esperar para celebrar que ahora eran marido y mujer, como debieron serlo desde un comienzo. Sonreí, genuinamente feliz.
No quería hacerme ilusiones, pero presentía que era el inicio de algo bueno.
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Aww que hermoso final :3 Ojalá todos los finales fueran igual de lindos que este. Espero que les haya gustado el capítulo. Tiene muchas escenas que considero adorables. Momentos familiares antes de que comience la guerra… Prepárense para lo que está por venir, desde ya les aviso xD
Siempre se me olvida aclarar esto. Las armaduras no me las he inventado yo. Sería genial que fuera así, pero no, lo siento x) Las tomé del manga, haciéndoles una leve modificación a algunas de ellas, en cuanto al medio utilizado para formar cada una de las diferentes posesiones.
Muchas gracias a Sabr1 por ayudarme con la redacción :3 y por sus maravillosas ideas.
Espero que este capítulo sea de su agrado. Muchas gracias por leerme. Si tienen alguna duda, comentario o crítica, ya saben que pueden dejarme un hermoso review :3 Siempre leo cada uno de ellos.
¡Nos vemos! ^^
