Buenas (mañanas/tardes/noches) a los lectores que han pasado por este relato de... por ahora, dos capítulos.

Fui muy grosera y no me presente en el primer capítulo pero mucho gusto, pueden referirse a mi como Apple y agradezco mucho que hayan llegado a éste, el segundo capítulo de mi relato. Sé que el primer capítulo fue bastante tranquilo pero a partir de ahora les prometo más emoción, peleas, poderes místicos y romance. Un poco de todo realmente.

Finalizo esta introducción esperando que sigan leyendo mis escritos conforme vayan saliendo y esperando les gusten lo suficiente como para dar "favorito" y/o comentar. Las críticas y opiniones para mejorar la redacción o sugerencias para la historia también son bienvenidas.

Por su preferencia, gracias y espero disfruten de este capítulo.

Fuego y Cromo

Eran nuevamente las 6 de la mañana cuando Saitama despertó con el sonido agudo y nada melodioso de su despertador, era hora de entrenar. El día anterior él había sido víctima de una chica extraña y desconocida que lo había sonsacado para permitirle una noche de estancia en su hogar. Y esa chica seguía ahí, envuelta en su saco de dormir que la hacía parecer una oruga gigante, una muy pacífica y adorable oruga gigante; eso hasta que abría la boca y se transformaba en una tramposa y lista oruga gigante.

Saitama se levantó en silencio, se quitó el pijama y se puso el pants azul que usaba desde hace unos años para entrenar y así, tratando de no despertar a su invitada, tomó un plátano del refrigerador y salió del apartamento.

Media hora más tarde, Ruth comenzaba a desperezarse. Salió de su crisálida de tela y relleno que la había mantenido cálida desde hace un año y medio cuando empezó su viaje; estaba en un departamento pequeño, de hecho diminuto, ¿cómo había llegado ahí…? Cierto… Saitama, el hombre de la guitarra. Pero él no estaba, eso le daba la libertad de tomar un baño rápido y cambiarse de ropa antes de seguir su viaje, aunque no podía irse solo así después de abusar de la hospitalidad del calvo, así que después de asearse se dispuso a preparar el desayuno; revisó el rincón que sería la cocina y no encontró más que plátanos y agua en el refrigerador, y rámen instantáneo en la alacena. Era hora de ir de compras, afortunadamente aún tenía los ahorros que había juntado con su trabajo como músico ambulante y además, ya estaba muy cerca del dojo de su maestro, por lo que podía darse el lujo de gastar una fracción de sus ahorros para pagar la deuda.

El sol se asomaba por el horizonte cuando un ciborg de cabello rubio caminaba a paso firme por la calle que llevaba al apartamento de su maestro en la zona deshabitada de ciudad Z. Ya llevaba un par de días sin visitarlo debido a que la Asociación le asignó un trabajo de emergencia en las montañas cercanas a ciudad D y tuvo que salir a toda velocidad para enfrentar a un peligroso Yetti, emergencia nivel ogro apenas, pero trabajo finalmente. Hace poco tiempo atrás Genos, nuestro disciplinado ciborg, había decidido ser el aprendiz de Saitama tras ver su despliegue de poder al derrotar a la reina mosquito. Su misión era volverse cada vez más fuerte para así, algún día, ser capaz de derrotar al androide loco que atacó su ciudad y mató a su familia hace ya tantos años, pero tras ver a Saitama se dio cuenta de lo lejos que estaba de su meta. Siguiendo a Saitama seguramente sería capaz de volverse lo suficientemente fuerte para completar su misión; mientras, sólo se encargaba de limpiar el mal del mundo que se cruzaba en su camino y, recientemente, de completar las misiones que la Asociación le encargaba, pues su maestro le había encomendado posicionarse entre los primeros 10 lugares de la clasificación S dentro de la Asociación de Héroes.

Todo apuntaba a que sería otro tranquilo día de aprendizaje con su maestro, llegaría a su apartamento y prepararía un almuerzo sustancioso de rámen instantáneo, como a su maestro le gustaba; además era temprano y seguro Saitama tardaría una hora o dos en llegar, por lo que asear la habitación y el baño sería una buena forma de aprovechar el tiempo. Pero al estar frente al edificio notó una firma de calor peculiar; era una firma poderosa aunque parecía provenir de un cuerpo pequeño ¿Un Kaijin? Definitivamente no era el maestro. Genos decide subir a investigar.

Ruth ya había sacado el dinero extra que tenía para ir por las compras y salía del apartamento, dejando emparejado para poder entrar después, eso de no tener las llaves de la casa le parecía ahora un tanto inconveniente; pero algo no estaba bien, el ambiente de repente estaba demasiado callado, más que hace rato… más que en la noche anterior.

-¿Quién eres y qué haces aquí?- Un muchacho rubio muy extraño le apuntaba en la cabeza con un cañón que cargaba energía con un zumbido alarmante.

-Oye… Tomemos esto con calma amigo, baja el arma- Ruth comenzaba a molestarse pero el tipo rubio que la amenazaba no era un asaltante cualquiera, estaba segura de que era un peleador de alto nivel y ahora sabía que él contaba con armas muy poderosas. Si se descuidaba podría salir herida y destruiría el apartamento de su anfitrión, tal vez incluso toda la cuadra.

-Representas una amenaza potencial así que no repetiré la pregunta. Identifícate o sufrirás las consecuencias.-

-¿Jamás te enseñaron que es grosero cuestionar a las personas con un cañón en la cabeza? ¡Baja el arma, rubio!- Grita la guitarrista soltándole un manotazo para quitar el cañón de su cara, si el hombre de hojalata quiere hacerle preguntas, puede hacerlo sin levantar las armas. Sus ojos ámbar brillaban con enojo, pero una confrontación no era parte de sus planes ese día. -Escucha, mi nombre es…-

-Se acabó el tiempo- La interrumpe el ciborg, pegándole una fortísima patada en la cabeza que la saca volando hasta el edificio de enfrente. Hace mucho tiempo que Ruth no recibía un golpe tan fuerte, así que esa patada la tomó por sorpresa, regresándola a sus años de entrenamiento en la montaña.

De muy pequeña, a los 5 años, la chica había sido abandonada en las faldas de una montaña en las afueras de ciudad Z debido a ciertas habilidades peculiares con las que había nacido. Su madre sabía que pasar su embarazo cerca de una planta nuclear no era la mejor idea del mundo, pero su padre se había negado a comprar la casa en la playa que su madre tanto quería; como resultado, Ruth había desarrollado durante su gestación una glándula extra en la parte profunda del cerebro que se conectaba con su red nerviosa, además su cuerpo se componía de ciertos minerales extra que lo hacían más fuerte y resistente que un cuerpo humano normal, de menos había nacido con la apariencia de una niña a toda norma. En la montaña, la niña había logrado pasar un par de días viviendo del agua de río y los frutos de algunos árboles conocidos gracias a los libros de botánica que había hojeado en la biblioteca de su padre, pero no era suficiente, tenía hambre. Y estaba sola. Había despertado sola en la montaña y seguía sola tras dos días de vagar. Pero su maestro la había encontrado; el anciano le enseñó disciplina, artes marciales, la educó y le dio un techo, pero además, la había aceptado aún con los poderes que la habían alejado de su familia y le enseñó a controlarlos con una precisión tal que para ella se volvió algo tan normal como levantar un brazo o una pierna. Aunque no era nada como un brazo o una pierna.

Entonces llegó el segundo impacto. El choque contra el edificio de enfrente la regresó al presente y a su batalla con el… ¿ciborg?... ¿androide?... Lo que sea. La chica había atravesado aparatosamente la pared del edificio de enfrente, cayendo de cabeza justo en el sillón del apartamento abandonado; su ropa aún no se rompía pero estaba sucia a más no poder con polvo de escombros y suciedad, y su cabeza, que había quedado a unos centímetros del suelo, dejaba que su cabello negro colgara hasta el piso alfombrado y sucio. Entonces la chica dio una vuelta en el sillón y corrió hasta el agujero que había dejado en la pared, del otro lado el ciborg había saltado desde el pasillo, acompañado de un sonido estridente y los ruidos graciosos que hacen los motores eléctricos con sistemas de engranaje. -¡ESCUCHA! ¡No tengo intención de pelear, yo…!- Empieza a gritar Ruth pero es nuevamente interrumpida por una ráfaga de esferas de fuego que son disparadas a toda velocidad desde el brazo izquierdo del ciborg. Es hora de ponernos serios.

Cuando Genos aterrizó se sorprendió de ver que pese a la densa nube de polvo, nada había sido destruido o dañado aparte del agujero que había hecho la chica al estrellarse. Además de la falta de destrucción, era extraño ver que la chica no estaba y la temperatura en la habitación era sumamente elevada, aunque se disipaba rápidamente por la nueva ventilación en la pared. ¿Qué había causado ese incremento de temperatura? Su cañón de plasma era altamente destructivo pero no era capaz de elevar a esos niveles la temperatura de una habitación del tamaño del apartamento semi derrumbado y, al parecer, segundos antes cuando recién habían impactado las esferas de energía, el apartamento se había calentado lo suficientemente como para derretir los plásticos más blandos de la habitación como las macetas y algunas botellas de refresco que estaban tiradas en la alfombra. Genos activó su visión térmica para buscar a la misteriosa mujer; aunque el entorno tenía una temperatura muy alta, no era lo suficiente para ocultar la firma de calor de la chica según lo que había guardado en su base de datos. Recorrió la habitación con su mirada pero no encontró nada y entonces escuchó un sonido leve, un grupo de piedritas se había deslizado en el boquete de la pared. El ciborg volteó la cabeza y vio parada en el agujero a la chica; sus ojos, antes ámbar, ahora fulguraban de un color rojizo con tonalidades púrpuras, su cabello negro levitaba suavemente sobre sus hombros despejando rítmicamente sus orejas y volviéndolas a ocultar, y su firma de calor se había disparado. No era un humano normal, eso era definitivo, pero ¿quién era? De forma micro-segúndica, Genos buscó el rostro de aquella chica monstruosa en la base de datos de los delincuentes mayores buscados por la Asociación, pero no encontró nada; decidió buscar también en la lista de los buscados por la policía y la lista actualizada de héroes afiliados a la Asociación, aún sin éxito.

-Vienes y me atacas, eres grosero, te niegas a escuchar razones y no te interesas por el daño que causas.- La chica apunta su dedo en dirección al ciborg y continúa, -¡Si quieres pelear, sígueme!- Acto seguido, la chica salta hacia el vacío y sale corriendo en dirección a las ruinas abandonadas de ciudad Z. Genos la sigue fácilmente, la chica no corre muy rápido; es extraño que un villano hable tanto y se queje por la falta de educación de sus contrincantes, pero sin importar qué Genos no permitirá que nadie le ponga la mano encima a su maestro. Después del incidente del meteoro, aunque Saitama salvó a la mayoría de los ciudadanos al fragmentarlo, mucha gente, población y héroes de la Asociación, estaban molestos e inconformes con la salvación que les había sido ofrecida. No sabían valorar el esfuerzo ni el poder de Saitama. Pero Genos sí lo tomaba en consideración, él sabía lo admirable que era su maestro, lo fuerte y sabio… y fantástico que Saitama es. Nadie le haría daño al maestro mientras Genos estuviera ahí.

No habían pasado ni 10 minutos cuando Ruth y Genos partían hacia las ruinas en el corazón de la parte abandonada de ciudad Z, y la batalla se prolongaría muchas horas más. Mientras tanto, Saitama se encontraba a la mitad de su rutina de entrenamiento; aunque podía acabar su rutina en cuestión de segundos, le gustaba tomarse su tiempo y sentir la tensión en cada músculo que utilizaba, eso era lo que generaba resultados… O eso decía el calvo. Hacía una mañana soleada y alegre en el parque en el que Saitama se había asentado para trabajar sus repeticiones; los niños y jóvenes uniformados caminaban tranquilos hacia sus respectivas escuelas, unos minutos más tarde vería correr con urgencia a los rezagados. Los asalariados también viajaban a sus trabajos: algunos a pie, otros en bicicleta y otros en coche o camión; aunque Saitama había decidido dedicarse exclusivamente a su pasatiempo como héroe, a veces se sentía tentado a buscar un trabajo como asalariado estable, sobre todo cuando tenía antojo de algo más lujoso que rámen instantáneo o udón barato. De menos que la chica Ruth del día anterior le había invitado una cena de udón especial, ojalá al volver ella no se encuentre aún en su apartamento.

Ya iban dos días desde que Genos no pasaba a verlo, la Asociación debía tenerlo muy ocupado. Eso era bueno porque así Saitama no tendría que inventar escusas de entrenamiento especial para contentar al joven ciborg, pero tampoco tenía un amigo con quien comer y que le completara el dinero para las comidas, ni quien le ayudara con el aseo del hogar. De alguna manera el exigente ciborg se había convertido en una agradable compañía para el héroe solitario. Ojalá vuelva pronto. En su ensoñación, Saitama no había notado que de repente todas las aves del parque habían levantado vuelo espantadas ni sintió la ola de calor que pasó repentinamente a través de la ciudad.

Una hora y media más tarde, cuando Saitama decidió volver a su apartamento tras una mañana sin novedades, no pudo evitar el darse cuenta del gran agujero en la pared del edificio de enfrente. El hombre admiró el boquete con su mirada inexpresiva pensando qué pudo haber pasado; de por sí la zona estaba abandonada y la caída de los fragmentos de meteoro había dañado mucho los edificios que no había derrumbado, posiblemente el edificio de enfrente ya habría cedido, ¿pasará lo mismo con su apartamento en algún momento? Sería una buena idea darle una revisada a su edificio, para ver si no había grietas peligrosas o algo así. Saitama entró en su apartamento y vio la bolsa para dormir y la funda de guitarra aún en la habitación, su invitada seguía ahí. Pero ella no estaba; la habitación estaba vacía, al igual que el baño y el balcón, además la puerta no había sido cerrada. "¿Habrá salido por algo de comer? Ojala me traiga comida a mí también" Pensó Saitama mientras se quitaba el pants sudado y se metía a la ducha, encendiendo antes la televisión para escuchar las noticias y enterarse si algo peligroso acontecía. Esa mañana al héroe calvo se le apetecía un buen baño frío por el calor que empezó a arreciar de repente, lo cual era extraño ya que no estaban en verano y el día se había nublado de un momento a otro. Sin embargo no podía ser nada relacionado con las criaturas misteriosas pues nada estaba siendo anunciado en la televisión, al parecer el calentamiento global hacía de las suyas.

A unos kilómetros de Saitama, Genos, agotado y desesperado, veía con odio a la chica que comenzaba a flotar frente a él.

"Según los datos recopilados, esta chica es capaz de controlar la temperatura ambiente que la rodea. Tal parece, para evitar mis ataques ha estado calentando el aire a su alrededor, así que, por efectos de convencción, el aire es empujado hacia arriba con una fuerza proporcional al calor emitido por la chica, lo que la avienta en el aire y le permite realizar maniobras de evasión de forma más sencilla y a mayor velocidad, pero… ¿Cómo lo logra? Eso aún no ha sido determinado, no parece estar cargando ningún equipo de calefacción lo suficientemente poderoso… ¿Mutante?... Transmitiré los datos al Dr. Hedor para que los analice, tal vez el descubra algo. Pero hay otro problema; la fuerza de su defensa, su velocidad y… ninguno de mis ataques de plasma parece ser capaz de tocarla aunque vayan directo a ella… Si el maestro estuviera aquí… ¡No! Hago esto por el maestro, si no soy capaz de derrotar a este enemigo… Maestro, quiero que se sienta orgulloso de mi…"

-Llevamos casi dos horas aquí, ¿ya podemos irnos?- Pregunta Ruth flotando apenas a unos centímetros del aire. La guitarrista no había soltado un solo golpe en todo el rato, pero su chamarra de mezclilla había perdido las mangas tras levantar la defensa contra los golpes que el chico robot había logrado asestarle; también sus pantalones habían sufrido y ahora parecía que tenía pesqueros en una pierna y shorts en la otra, de menos los guantes largos y las botas que llegaban hasta medio muslo aún vivían, aunque aquellas prendas habían sido especialmente diseñadas para sobrevivir peleas más intensas que aquella.

-¡Aún no acabo contigo!- Grita el ciborg transformando sus dos brazos y uniéndolos en un cañón aún más grande que brillaba con una intensidad tremenda, mientras cargaba el siguiente rayo de plasma y arremolinaba aire caliente y polvo a su alrededor. La chica estaba sinceramente asombrada por los despliegues de poder del chico, pero la pelea había nacido por un malentendido y ella, siendo de mecha corta, había permitido verse arrastrada al conflicto hasta alcanzar tal magnitud. Si bien su carácter era explosivo, Ruth tendía a ser también reflexiva y en su carrera a aquella zona desierta había caído en cuenta de que, efectivamente, la invasora en el lugar era ella y que el robot tal vez, o más bien, seguramente, vivía con Saitama. "¡Pero su cabeza es tan dura! ¿Cómo puedo lograr que me escuche?... llevamos mucho rato aquí, esperare a que se canse." Piensa la chica mientras Genos termina de cargar su cañón.

Entonces se escucha el trueno y el mundo se ve envuelto por la luz cegadora del rayo de plasma del ciborg, el cual crea arcos eléctricos a su alrededor por la ionización del aire debido a la temperatura. Ruth piensa que es hermoso; aunque ella puede controlar la temperatura ambiente hasta transformar los iones de aire en plasma, jamás se ha imaginado lanzando un rayo de plasma como tal. La ilusión se dibuja en su cara mientras el rayo vuela a la velocidad de la luz hacia ella y, a oídos de la guitarrista, el mundo comienza a cantar una melodía nueva para ella. Ruth respira el aire caliente ionizado y cierra los ojos con una expresión de paz en su rostro.

Genos está seguro de que el rayo de plasma mejorado que ha construido el dr. Hedor en sus brazos será suficiente para liquidar a una pequeña villana termoquinética cuya única habilidad parece ser la de calentar el aire para flotar; es una temperatura elevada para un ser humano, sí, pero no significa que aguante la temperatura necesaria para convertir el aire en plasma, además el cañón fulminó en pocos segundos al Yetti de ciudad D. La niña será polvo sobre tierra.

Pero no es así. Después de unos segundos disparado el cañón, Genos nota que, en el punto donde estaría la chica, el plasma es desviado, arremolinado en torno a una esfera invisible y disipado, dejando solo vapores de aire que se alejan fuerte y rápidamente de la pequeña zona donde la chica flota. El ciborg detiene su ataque y guarda el cañón; está decidido, los ataques de plasma son inútiles contra la contrincante y habrá que molerla a golpes.

-Ese fue un ataque devastador, me sorprende que puedas generar tanta energía sin destruirte a ti mismo, ¿ahora me escucharás?- Dice la chica con una sonrisa una vez disipado el aire caliente; sus ojos habían vuelto al ámbar cálido con los que Genos la había visto la primera vez, pero su chamarra de mezclilla y la playera gris holgada que la vestían ya no estaban, sus pantalones tampoco, todo había sido devorado por la abrazadora temperatura del plasma que la había rodeado, aunque parecía que no había sido capaz de tocarla. Ahora la chica vestía las botas negras a medio muslo que Genos había visto minutos atrás, también tenía unos shorts negros cacheteros adornados con el cinturón metálico que la chica había usado para sujetar sus fallecidos pantalones; en la parte superior tenía un muy ajustado top negro sin mangas que dejaba ver su esbelta figura y sus brazos se cubrían aún por los guantes con nudillos metálicos que se extendían hasta la parte superior del brazo, si mantenía los brazos abajo llegaban a la misma altura que el top.

-Vistes una armadura especial, ladrona.- Le dice Genos recuperando el aliento y volviendo a su posición de ataque.

-¡¿Ladrona?!... ¡Oye de menos no me dejaste desnuda! Pero está bien, si no me escucharás…- Responde la chica tomando también una posición de combate que a Genos le pareció conocida.

Entonces inició el combate de artes marciales entre los dos contrincantes y, aunque Genos era rápido y fuerte, mucho más que la mayoría de las personas y los héroes de la Asociación, la chica no se quedaba atrás. Golpe tras golpe, patada tras patada, la chica parecía ser perfectamente capaz de bloquear los ataques que el ciborg mandaba. La pelea se había vuelto un duelo de resistencia y ambos lo sabían.

Así que pelearon.

"Maestro, éste es un contrincante poderoso pero sé que podré derrotarlo. Como humana que es, su resistencia física debe estar muy por debajo de mis capacidades… En breve volveré a casa." Piensa el ciborg mientras tira una patada voladora hacia la cabeza de la chica, quien logra esquivarlo sólo por cuestión de milímetros.

Y pelearon.

"¡Tenía que ser un robot! De todos los tipos de criatura que existen hoy en día, tenía que ser un robot. Ahora solo me queda esperar a que se le agote la batería y a estas alturas ya no sé cuándo será eso, ¡El sol ya va de bajada! Y yo no he comido nada." Piensa Ruth entre lloriqueos mientras evade los golpes que Genos lanza rápidamente hacia ella. "¡Ya basta de levantar defensas! Si sigo aguantando sus golpes me cansaré más rápido."

Y por horas y horas más, pelearon.

"¡Ya no puedo más!" Piensan los dos al unísono. Genos tira un último golpe y cae desplomado a la tierra, al mismo tiempo la chica cae de sentón junto al ciborg tras esquivar el golpe. La noche había caído sobre ciudad Z y el viento frío arreciaba en esos parajes desolados, de menos unas 14 horas habrían pasado desde que ambos empezaron a pelear.

-En todo este tiempo no diste ni un solo golpe- Dice el ciborg desde el piso.

-¡Vaya! Hasta que lo notaste, gracias- Responde sarcásticamente la chica entre jadeos, sentada junto a él.

-Estoy a nada de agotar mi batería, venía regresando de una misión en ciudad D y no me recargué antes de ir a la casa del maestro. No estaba listo para una pelea tan exigente.-

-¿Tu maestro es Saitama?-

-Conoces al maestro.-

-¡Si me hubieras dejado explicarte…!- Comienza Ruth exaltada.

-Te di oportunidad de explicarte…-

-¡¿No?! ¡Apuntaste un cañón a mi cabeza! ¡Eso NO es dar oportunidad de explicar!- Ruth enojada había comenzado a gritarle a Genos, quién solo la veía tumbado desde el piso, con la expresión serena característica del muchacho.

-No podía arriesgarme-

-No te comprendo. En fin, vas con Saitama, ¿no?- Dice la chica comenzando a incorporarse y tendiéndole una mano a Genos para ayudarlo a levantarse. El ciborg tenía muy baja la batería por lo que acepta la ayuda de la chica y toma su mano; la chica ayuda con mucho esfuerzo al muchacho, pero pesa mucho y en verdad está cansada. –Mi nombre es Ruth, tu maestro me dio alojamiento por un día, pero ahora creo que le pediré me acepte una noche más… ¿Cómo te llamas?-

-Genos…-