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Capítulo 3 – Confesiones a un Mortífago


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El tiempo pasó rápido los días siguientes, cuando Hermione se quiso dar cuenta ya llevaban casi dos semanas de clases, quedaba poco para la prueba y debía estudiar, decidió que lo mejor sería ir a la biblioteca. Sus amigos ya la habían intentado convencer de que se quedara con ellos, pero Hermione cada vez se sentía menos a gusto en su compañía, no porque no los quisiera, los adoraba, pero la relación tan apegada de Harry y Ginny la hacía sentirse fuera de lugar, y Ron desde el mismo momento que había llegado al castillo había estado usando su nueva condición de "héroe" para ligar con cuantas chicas pudiera, así que tampoco era una opción.

Aun así la venia bien, su meta era ser Premio Anual y aunque fueran solo dos semanas, debía permanecer tranquila y sin distracciones para poder estudiar en paz.

―Tranquila ―suspiro Hermione ―no sé cómo puedo esperar estar tranquila con toda esta locura en la biblioteca ―el antiguo santuario de la castaña, que casi siempre estaba vacío, se había convertido ahora en una batalla campal por ver quien conseguía el libro necesario para estudiar, este examen había vuelto locos a todos, era una oportunidad que muchos no iban a dejar pasar.

Había alumnos de todas las casas, sobre todo de Ravenclaw, aunque también había algún Slytherin, estos solían ir y venir juntos, como protegiéndose en grupo, y la verdad es que Hermione lo entendía, muchos estudiantes no simpatizaban con la casa de las serpientes, aunque los mortífagos hubieran sido sus padres, les echaban la culpa a ellos por las atrocidades cometidas, y siendo sincera, Hermione no sabía si culparles de su actitud, al fin y al cabo los de la casa verde y plata nunca habían sido demasiado amables con los demás.

Quitando esos pensamientos de su cabeza, decidió que lo mejor sería buscar un libro de transformaciones para repasar, ya tenía el ejemplar casi en la mano cuando vio que alguien pasaba un brazo por encima de su hombro y cogía la única copia del libro que ella necesitaba.

―¿Pero se puede saber qué haces? ―pregunto dándose la vuelta para enfrentar al "chorizo" que le había quitado el libro en la cara.

―Lo siento Granger pero necesito este libro, tu coge alguno de cuentos infantiles, total este no podrías entenderlo, es demasiado complejo para una cabecita como la tuya ―rio Draco al ver a una Hermione malhumorada mirándole desde abajo con ojos de odio, no podía creer lo graciosa que se veía allí parada, tan pequeña con los brazos en jarras mirándole como si fuera a golpearle, lo cual no descartaba.

―¡Devuélveme eso Malfoy!, iba a cogerlo cuando me lo has robado, lo necesito para estudiar ―la castaña se estiro a coger el libro pero el Slytherin lo alzo por encima de sus cabezas a tiempo alejándolo de ella.

―¿Y los demás no sabelotodo?, todos necesitamos estudiar, no eres la única con deseos de ser Premio Anual "tomatito sabiondo" ―este mote se le ocurrió a Draco después de verla toda colorada varias veces desde que empezó el curso, no era el sangre sucia de siempre, pero seguro que la molestaba incluso más, al fin y al cabo ese era el objetivo.

―¡No me llames así!, y para que quieres tu ser Premio Anual, con el dinero que tienes puedes entrar al ministerio cuando quieras, no lo necesitas. Además, ese título honorifico solo se le concede a gente que se lo merece.

―Oh, así que yo no lo merezco, ¿eso es lo que quieres decir?, supongo que un ex-mortifago no merece tal honor, ¿verdad? ―Draco se había enfadado de verdad con esa declaración de la castaña.

―No quise decir eso ―intento reparar Hermione avergonzada por sus palabras ―yo solo creo que hay que ganarse el puesto durante todos los años de Hogwarts, no en una prueba a última hora.

―Claro, seguro que es eso lo que querías decir ―dijo con voz desconfiada ―¿entonces según tú quién lo merece?, ¿tu amigo Potty tal vez?, no, claro que no, seguro que es la comadreja, siempre fue el más listo de la clase ―ironizó el rubio.

―Quizá lo merezcan más que tú- le respondió la castaña ofendida por que hubiera metido a sus amigos de por medio.

―¡Para tu información yo sacaba las segundas mejores notas de toda la escuela hasta que empezó la maldita guerra, así que no me vengas con tus ínfulas de heroína a decir quien merece el que o no!

―¡Con guerra o sin ella siempre fuiste un capullo que se divertía maltratando a la gente, sobre todo a mí, así que no vengas ahora de santo que no ha roto un plato en su vida y devuélveme el maldito libro! ―alzo la voz volviendo de nuevo a intentar quitar el tomo al rubio.

Draco mantenía el tomo en alto con una sonrisa mientras una pequeña Hermione trataba desesperadamente llegar a él pegando pequeños saltitos mientras agarraba al rubio de la camisa y tiraba de ella hacia abajo.

En algún momento de esta pugna por el libro, el rubio no pudo evitar quedarse observando a la pequeña castaña que intentaba con todas sus fuerzas llegar al motivo de su disputa poniéndose de puntillas una y otra vez. El problema de Draco es que la chica movía su cuerpo de arriba y abajo en cada intento sin darse cuenta de que mayormente sus pechos se restregaban contra el pecho del aludido, y eso al rubio le estaba poniendo sin saber cómo, cachondo, y su "amigo" empezaba a no poder controlarse.

―Por Merlín, es Granger, ¿qué coño me pasa?, ¿tanto me hace falta sexo que me pone hasta la sabelotodo? ―pensaba Draco para sí observando a su enemiga, en ese momento podía ver el nacimiento de sus pechos en primer plano y le parecían enormes.

Con cada intento de Hermione por alcanzar el libro, el miembro del Slytherin crecía más en sus pantalones por el roce, hasta que al final la castaña se dio cuenta de lo que pasaba parando en seco sus movimientos y mirando hacia abajo directamente al bulto del pantalón sin poder creerlo. Aun pegada al chico con la mano aferrada a su camisa, se quedó viendo intrigada los ojos grises del rubio que la correspondían nerviosamente.

En principio no saben cuánto se quedaron así parados, pero lo que si saben es lo que paso después. La pelea de hace un momento por el libro había atraído la mirada de todos en la biblioteca, y ahora observaban estupefactos como dos personas que se odiaban estaban mirándose mutuamente con sus cuerpos pegados y totalmente colorados.

―Ejem… sino es mucha molestia, ¿podríais bajar un poco el ruido?, por favor ―dijo un chico de Ravenclaw desde la mesa más cercana con voz temblorosa.

Al volverse a mirar al propietario de la voz, la Gryffindor y el Slytherin se percataron de que toda la biblioteca los analizaba atentamente, al fin advirtieron que estaban demasiado próximos y se alejaron avergonzados por haber montado tal espectáculo en público. Algunas chicas ya cuchicheaban dejando volar su imaginación diciendo lo buena pareja que hacían, reían disimuladamente por una mención anónima que inventaba el nombre del libro en manos de Malfoy, "el mortífago y la heroína, segunda parte".

―Merlín, toma tu maldito libro Granger, como bien has dicho, no lo necesito, puedo comprar cien ―dijo Draco dejando caer el libro en la mesa más cercana y marchándose sin mirar a la castaña ni una vez.

Hermione sin decir palabra y aun con la mirada en el suelo, fue hasta la mesa y recogió el libro para acto seguido marcharse de la biblioteca donde se sentía demasiado observada.

Malfoy lo había hecho de nuevo, la había avergonzado en público, juro al volver a Hogwarts que nunca más volvería a sentirse así, y sin embargo había pasado, de nuevo.

―Esto no se va a quedar así Huron desteñido, de alguna forma vas a pagar por cada cosa que me has hecho ―con esa idea en mente Hermione llegó a su cuarto y se tiró en la cama cansada. Intentaba dejar de pensar en lo ocurrido pero algo no se le iba de la cabeza.

―¿Tenía una erección por mí?, no, no puede ser, tiene que ser otra cosa, seguro vio alguna otra chica antes de entrar a la biblioteca ―se decía una y otra vez para negar lo que sabía era real ―además aunque así fuera y de verdad hubiera pasado por mí, yo ODIO a Malfoy.

A pesar de todo lo ocurrido, debía admitir que se había sentido genial el saber que era capaz de hacer que un hombre como Malfoy, que podía tener a la chica que quisiera, podía ponerse caliente gracias a ella. Entre toda esta confusión y con el libro abierto en las manos, Hermione se quedó dormida sonriendo, estaba soñando con un hurón de ojos grises siendo aterrorizado por una Hermione gigante.

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En otra parte del castillo, Draco maldecía en su habitación mientras esperaba a que bajase la erección que tenía en los pantalones.

―Maldita sea, baja ya estúpido musculo, se supone que yo te controlo, como mierda puede provocar esto en mí la asquerosa sangre sucia ―al instante se reprendió mentalmente, había jurado nunca volver a usar esa expresión, pero no podía evitar sentirse asqueado y decepcionado consigo mismo en ese momento.

―Joder, al final tendré que ducharme con agua fría para bajar esto ―dijo molesto encaminándose hacia el baño.

Al rato después con temblores por el frio del agua a finales de septiembre, salió del lavabo en toalla para encontrarse con su amigo Blaise que estaba sentado en la cama leyendo un libro.

―Ya era hora, hace rato que te espero aquí afuera ―dijo el moreno aburrido ―¿qué haces tiritando? ¿te has duchado con agua fría?

―Es una larga historia que no tengo ganas de recordar, ahora dime, ¿para qué me esperabas?

―Venia para preguntarte algo ―el semblante de Blaise intentaba ser serio pero no lo conseguía― veras, hace unos días que salgo con una chica, y necesito un sitio para, bueno, tú ya sabes, ―comento sonriendo el moreno― antes era prefecto, tenía habitación propia, pero ahora, ¿podrías dejarme la habitación para mí unas horas mañana?

―Espera un momento, me estás diciendo que el conquistador número dos de Hogwarts, está claro que el uno soy yo, ya tiene una novia cuando no llevamos ni dos semanas de clase, eso es un record amigo, y dime ¿quién es la desafortunada chica?, tengo que avisarla para que corra por su vida antes de que se meta en tu cama y pierda la inocencia ―reía Draco fastidiando a su amigo.

―Es una Gryffindor y creo que es mestiza ―declaró buscando una respuesta en las facciones del rubio, no sabía si eso le agradaría a Draco, antes eran muy selectivos con las chicas que entraban en sus camas.

―Vale, eso no me lo esperaba, ¿y dices que se llama?

―Katie Bell, el año pasado era cazadora en el equipo de Quidditch de su casa.

Al escuchar ese nombre la mente de Draco volvió a sexto curso, hace dos años, era la chica a la que casi mata por error con el colgante embrujado, un sentimiento de culpa le invadió por dentro. Iba a ser difícil verla entrar a su sala común de la mano de Blaise, no sabía porque pero de repente no quería que su amigo le hiciera daño a esa chica, lo cual conociéndole acabaría pasando, pero que podía decir el, hace menos de media hora estaba cachondo por el roce con una hija de muggles, sería bastante hipócrita si le dijera a su amigo lo que debía o no debía hacer con sus aventuras.

―Bueno, lo cierto es que no me gusta tu elección pero es tu bragueta, no soy quien para opinar, aunque dime, ¿cómo narices has conseguido que una Gryffindor caiga así de fácil?

―Solo te diré que fue Katie la que llamo puta rastrera en la clase de pociones a Pansy la semana pasada ―respondió el moreno divertido.

Para cuando el rubio acabo de reírse con lágrimas en los ojos Blaise ya tenía planeado su encuentro romántico ―bueno, entonces mañana por la noche la habitación es mía de 8 a 10 de la noche, ya hable con Theo y está de acuerdo ―dijo tumbándose en la cama.

―No tengo problema, solo escucha una cosa Blaise, este verano ya te habrás dado cuenta, pero mis creencias sobre la sangre han cambiado después de todo lo que vi de los "sangre pura", no tengo problemas con que sea mestiza, pero en su día le hice daño a esa chica, intenta no ser un bestia con ella, no se lo merece, si la vas a dejar después de esto, al menos no seas un total cabron ―se sinceró el rubio.

―Ya lo suponía, hace meses que no te escucho decir expresiones como traidor a la sangre o sangre sucia, tranquilo, lo cierto es que la chica me gusta, es divertida, y esta algo loca, algo así como la nueva Pansy pero sin los instintos homicidas, aún no sé qué pasara más adelante.

―Hablando de cosas más importantes para tu supervivencia, ¿le has dicho esto a Pansy?, si es cierto que Bell fue la que lanzó el insulto aquel día, posiblemente quiera matarla con sus propias manos, ya sabes lo rencorosa que puede llegar a ser nuestra pequeña psicópata.

El rostro oscuro de Blaise se puso totalmente blanco antes de contestar ―he pensado en ello pero no veo la forma de abordarlo sin recibir un hechizo en la cara, sé que ahora no se molestará por su procedencia, pero seguro que me mata por meter una Gryffindor en nuestra sala común, sobre todo ahora si es Katie.

―Bueno, como ya te he dicho por mí no hay problema, pero no me has respondido antes, ¿cómo narices acabaste con una Gryffindor?

―Digamos que después de la clase de pociones de aquel día, discutí varias veces más con ella por diferentes cosas, al final no sé cómo en medio de una pelea acabe besándola, ella me pego un tortazo claro esta, pero luego me beso ella a mí, fue bastante extraño, lo cierto es que me gusta de verdad y no planeo joderla esta vez ―explicó el moreno riendo ―bueno me voy, tengo que encontrar a Pansy y preparar mi funeral, hasta luego amigo ―dijo saliendo del cuarto.

Draco se quedó solo en la habitación, pensativo y negando la posibilidad de que lo de la biblioteca de hace un rato fuera parecido a lo que Blaise había experimentado, al fin y al cabo, Granger y el siempre discutían por todo, y estaba claro que esta vez su cuerpo había reaccionado de manera extraña, pero no podía ser, era un imposible, a él no le atraía Granger en absoluto, aunque esos pechos enormes que se frotaban contra él no estaban mal…

―¡Ni de coña, que va a gustarme Granger, antes me tiro a McGonagall!