.


Capítulo 4 – Enormes monstruosidades


oOo

Al día siguiente Draco entro al Gran Salón para desayunar algo antes de clases, se había pasado la noche en vela, como casi todas, apenas descansaba un par de horas de vez en cuando, este insomnio lo estaba matando, pero era mejor eso que las pesadillas que le abordaban mientras dormía.

―Buenos días ―dijo el rubio a sus compañeros de casa allí sentados.

―Hola Draki, por Merlin luces como si estuvieras a punto de caer muerto, ¿no has dormido?

―Por favor Pansy no me llames "Draki", no tengo 11 años, y sí, he dormido, algo…

Pansy se giró hacia Theo para ver como negaba con la cabeza, no le hizo falta mucho para darse cuenta de que Draco mentía descaradamente.

―Sigues teniendo insomnio, se te ve a leguas, ve con la enfermera Pomfrey, seguro tiene alguna poción para ayudarte.

―Estoy perfectamente Pansy no hace falta ir a que me droguen, además, duermo lo suficiente, así que déjalo estar ―dijo el rubio bajando la cabeza hacia el plato que acababa de servirse y empezando a comer tranquilamente.

―Vale, hoy ganas, pero si esta noche no duermes bien, mañana te ato con cadenas y te llevo a la enfermería arrastrando, y aseguro que Theo y Blaise me ayudaran, estas a un paso de caer extenuado.

El rubio por su parte simplemente bufo y asintió con la cabeza para que todo acabara cuanto antes, en realidad le daba igual lo que dijeran, haría lo que él quisiera al final, sabía que dormir era necesario, y para algunos incluso placentero, pero para él era un horror que le atacaba cada vez que cerraba los ojos.

―Cambiando de tema, Blaise ―el moreno al escuchar su nombre de labios de Pansy se puso blanco―he escuchado algo que no puede ser verdad, quiero que me lo confirmes.

Draco dejo de lado su comida y con una sonrisa monumental espero el asesinato público de su amigo, Theo a su lado no sabía que narices pasaba, pero viendo la sonrisa monumental del rubio empezó a poner atención a la conversación.

―Veras Pansy, yo no…

―¿Es cierto que estas saliendo con la perra de Katie Bell? ―las palabras de la morena tenían un atisbo de odio que acojonaron al Slytherin.

―Bueno a ver, salir lo que se dice salir…

―Sabes que esa zorra me llamo puta el otro día ¿no? y que cuando la coja a solas le voy a arrancar esos pelos piojosos que tiene uno a uno, ¿lo sabes verdad?

El moreno estaba pálido, sus amigos apenas podían evitar la risa a punto de salir, Blaise Zabini, el gran conquistador de Hogwarts desde que se recuerda, acojonado por una chica, que ni si quiera era un ligue suyo.

―Pansy, debo decirte, que yo, jamás, jamás, jamás, pero nunca jamás, me enredaría con una chica que te hubiera llamado puta, ¡qué pensabas!, soy un caballero ante todo, y lo primero es mi preciada amiga.

Draco y Theo ya no podían más, su risa se escuchaba tanto que alumnos de otras mesas les miraban extrañados, ¿qué hacían los mortifagos riendo como si nada?, a algunos no les hizo demasiada gracia.

Blaise miraba a sus amigos con cara de pocos amigos pidiéndoles con los ojos que lo dejaran ya, sino paraban pronto su gran interpretación se iría por la borda, y Pansy lo mataría a chillidos.

―Ya veo, así que jamás ¿no?, entonces dime ¿cómo es que Draco me conto anoche que hoy ibas a verte con ella en vuestro cuarto? ―la morena intento por todos los medios ser seria con esto, pero su actuación ya no daba para más.

―¿Que te dijo que?, pero… ―Blaise no sabía por dónde salir, estaba empezado a encajar todo y entendió que sus amigos le estaban haciendo una gran broma.

―Os mataba a todos ahora mismo, os lo juro ―el chico estaba en un punto donde no sabía si enfadarse o reírse, lo había pasado mal, opto por reirse.

―Blaisecillo ―le llamo la morena en todo de broma ―métela donde tú quieras, pero recuérdale a esa perra, que la vigilo, y que le tengo ganas, así que más vale que cuando entre y salga de la sala común de Slytherin no la vea.

―A sus órdenes mi general Parkinson, mañana la traigo a desayunar a nuestra mesa para que liméis asperezas ―comento intentando hacer rabiar a la pelinegra.

―Estás jugando con fuego, no prometo que no le sacare un ojo con un cuchillo, pero lo intentare, es todo lo que puedo hacer.

Ya pasada la discusión sobre la novia de Blaise y después de haberse tenido que tomar todo el jugo de calabaza de su vaso de un trago para reponer fuerzas, Draco se fijó en cierta castaña que entraba al comedor junto a una pelirroja pecosa y los dos simios que tenía por amigos sentándose a la mesa de los leones.

Draco tenía una duda desde ayer. En su memoria, la cual solía ser muy buena, el recordaba que Granger no era especialmente "pechugona", es más, alguna vez la había molestado diciendo que era como una tabla de planchar muggle, lo cual la irritaba sobremanera, pero ayer, durante la escena que montaron en la biblioteca, a él esas cosas le parecían buggers de Quidditch, y ahora viéndola bien mientras se servía su desayuno, no veía esas enormes protuberancias por ningun lado.

Si vale, usaba una ropa siete veces más grande en talla que la que debería usar la Gryffindor, llevar eso puesto no era algo raro en ella, pero aun así se deberían notar si en realidad eran tan grandes como el recordaba, ¿dónde narices estaban esos pechos enormes que anoche le obligaron a ducharse con agua fría?, no lo entendía, ¿es que ayer Granger se había echado un hechizo "Engorgio" en las tetas?

―¿Sera que no eran tan grandes y yo estoy en verdad necesitado de sexo? ―al rubio estaba a punto de explotarle la cabeza, de tanto recordar esas "enormes monstruosidades" restregándose contra su pecho, empezaba a pensar se las había imaginado, tanto era así que volvía a estar duro allí abajo, y lo peor es que no podía dejar de mirar esa leona castaña de sus pesadillas.

oOo


Hermione había dormido genial ese día, no sabía porque, pero en sus sueños había estado un huróncito blanco muy similar al que transformaron a Malfoy años atrás, y adoraba a ese hurón de su sueño, era simpático, le daba la manita, se veía feliz mientras comía una manzana verde a pequeños mordisquitos y se le subía al hombro escalando por su cuerpo para darle mimos en la cara, era realmente encantador.

―No como el verdadero hurón, que es un asqueroso prepotente y arrogante ―dijo en voz baja más para sí misma que para sus compañeras de cuarto.

Decidió que ya era hora de levantarse, su amiga pelirroja aún seguía dormida, no tenía caso, la llamaría al acabar de ducharse.

No tardo ni 10 minutos en salir del baño ya vestida con su uniforme un par de tallas más grande de la que ella usaba, sabía que no era normal ir con esa ropa tan enorme, pero ella prefería comodidad a estética cuando estaba estudiando, y nadie la iba a hacer cambiar de parecer en cuanto a su atuendo.

―¡Ginny levanta¡, es increíble que todos los días tenga que andar detrás tuyo para que salgas de la cama.

―Es porque eres la mejor de las amigas y yo adoro dormir- respondió la nombrada desperezándose y saltando de la cama para meterse al baño con una sonrisa.

―Te espero en la sala común, voy a ver si Parvati puede prestarme un libro de runas antiguas ―cuando escucho una respuesta afirmativa de Ginny no espero a salir por la puerta de la habitación en busca de su compañera hindú.

Hermione había conseguido coger a la gemela de las Patil antes de que se fuera de la torre Gryffindor, ya tenía el libro que necesitaba, lo estudiaría esta tarde y se lo devolvería. No pasaron ni 15 minutos cuando un huracán pelirrojo salió del cuarto de las chicas agarrándola del brazo y tirando de ella hacia el comedor.

―Tengo más hambre que un hipogrifo, ayer estuve practicando con los chicos para cuando salgan los equipos de Quidditch y acabe destrozada.

―Pues si tú tienes hambre no tengo ganas de ver a tu hermano desayunando hoy, habrá que darse prisa antes de que acabe con todo y empiece a comerse los platos de las otras mesas ―bromeo la castaña haciendo reír a su amiga.

Pocos minutos después las chicas entraban al Gran Salón y se sentaban junto a sus amigos y novio respectivamente. Como todas las mañanas, Ginny le daba un beso de buenos días a Harry en los labios, era un simple piquito, tan casto que podría pasar por un beso entre dos niños pequeños jugando a los enamorados, pero Ron, como de costumbre, bufaba igualmente, prácticamente ya era tradición, empezaba a pensar que al pelirrojo no le importaba, simplemente lo hacía por hacerle saber al novio de ojos verdes de su hermana que no se pasara con ella, o se las vería con la furia de todos los hermanos Weasley, una cosa era ser mejores amigos, y otra hacerle cosas indecentes a su única hermanita.

―¡Oh Merlin!, hay pastelitos de chocolate, nunca me canso del chocolate.

―Lo sabemos Hermione, a veces parece como si fuera una droga para ti, no entiendo cómo puedes comer tanto chocolate y no engordar un gramo ―comento Harry casualmente.

La castaña se encogió de hombros indicando que no sabía porque, pero que se lo agradecía a su metabolismo.

―¿Qué tal lleváis lo de los exámenes para prefecto?

―Bien, lo cierto es que no son tan difíciles como las pruebas para Premio Anual, es posible que lo consiga, en verdad me gustaría ser prefecta, además Harry me está ayudando con algunos hechizos que aún me cuestan, es bueno que la mayoría sean exámenes prácticos ―dijo Ginny abrazando a su novio.

―A ti ni te preguntamos, sabemos que conseguirás ser Premio Anual, al fin y al cabo eres la más inteligente de todo Hogwarts ―le dijo Ron en un arrebato de sinceridad.

―Gracias Ron, pero no sé si seré capaz, algunas pruebas van a ser bastante difíciles, aun así estoy dando lo mejor de mí para conseguirlo, de verdad quiero ese pase al ministerio.

―Bah no creo que nadie sea capaz de competir contigo, les darás un repaso a todos ―insistía el pelirrojo dándole ánimos.

Cuando Hermione escucho eso de que nadie sería capaz de competir con ella recordó a cierto rubio que ayer mismo le dijo una verdad a la cara. Malfoy había sido el segundo en todas las asignaturas desde primero a sexto, y en algunas como pociones, la había superado varias veces, no tenía todas consigo de que no tendría competencia.

Pensando en todo esto, su mirada se dirigió hacia el aludido que estaba en la mesa de su casa desayunando, lo que encontró fueron unos ojos grises clavados fijamente en ella. ¿Qué narices le pasaba? ¿estaba enfadado aun por lo del libro de ayer?, no sabía que podía ser pero no dejaba de mirarla, y eso la estaba molestando.

―Pues no pienso dejarme amedrentar por una serpiente ―así que le devolvió la mirada con un semblante amenazador, o al menos eso intentaba, porque cualquiera que viera a Hermione ahora, pensaría que se encontraba enferma, resultaba hasta cómico.

Unas horas después, las clases ya habían acabado, y aunque Harry y los demás me pedían que fuera a los terrenos con ellos, prefería ir a la biblioteca a estudiar, no podía dejar de pensar que aún no estaba lo suficientemente preparada, tenía que revisar unos libros de pociones antes de las clases de mañana, solo esperaba no encontrarse con Malfoy esta vez.

Recorría los pasillos camino a su santuario favorito cuando vio una cabellera rubia platino girar la esquina ―¡A ti quería verte maldita sabelotodo!

―Contra antes lo pienso antes aparece. ¿Acaso fui malvada en otra vida y me castigan en esta?

―¡Que narices me hiciste ayer maldita comelibros!, ¿fue a propósito verdad? ―le espeto Draco arrastrando las palabras.

―¿Pero de que narices estás hablando? deja de esnifar polvos flu, rubito oxigenado.

―¡Te hechizaste las…! ―no le salía decir la palabra así que acabo poniendo sus manos donde irían sus pechos haciendo entender a Hermione de que hablaba ―¡las hiciste como malditos balones para restregarte contra mí y poder humillarme públicamente, admítelo!

Hermione se quedó totalmente perpleja, su cara se había tornado roja como un tomate y no sabía si reírse, llorar, o matarlo con un cuchillo dentado.

―¡Pero que mierda estas diciendo maldito enfermo!, ¡yo nunca me hice nada en los pechos, y si me hubieras dado el libro no habría pasado nada!

―Y una mierda, eran enormes, cuando mire hacia abajo solo podía ver esas… cosas, tu siempre has estado plana, no intentes mentirle a un mentiroso Granger ―tenían que ser reales, era en lo único con sentido que podía pensar el rubio, la otra opción es que se estaba imaginando cosas, y eso no podía admitirlo, al menos no con la Gryffindor, podía haber dejado sus prejuicios sobre la sangre, pero aún tenía su orgullo, aunque ahora mismo estaba hablando de las tetas de Granger, no estaba seguro que le quedara mucho de eso.

Con toda la fuerza de voluntad que pudo, y aguantando el tirarse encima del capullo que tenía delante para darle otro puñetazo, Hermione se acercó a su enemigo de toda la vida mirándole a los ojos lo más tranquila que pudo.

―Mira hurón mal nacido, no tengo porque darte explicaciones sobre mi cuerpo, pero si quieres saberlo, he crecido, igual que tú y que todos, y si me han salido pechos, no es tu problema, ni el de nadie.

Draco bajo la vista hacia la delantera de la castaña que ahora se dejaban notar un poco entre la túnica, si bien no eran grandes como vio ayer, no estaba plana del todo, podría ser verdad que simplemente se lo había imaginado.

―Y con respecto a restregarme contra ti, lo único que me produces es asco, así que si es por voluntad propia eso nunca volverá a pasar ―sentencio la castaña para dar por terminada la conversación y acto seguido seguir su camino dejando al Slytherin parado mirando al vacío.

―Espera un segundo ―se volvió la castaña parando en seco a unos metros del chico ―eso que vi abajo en tu pantalón ayer, fue por notar mis supuestamente enormes tetas, ¿no es cierto?, un Malfoy poniéndose duro por una hija de muggles, tu orgullo debe estar por los suelos huróncito.

La castaña rebosaba confianza cuando dijo esto, esas palabras le dolerían más al rubio que cualquier puñetazo, y lo mejor es que no podía negarlo, el mismo se había puesto al descubierto cuando vino echándole en cara lo del hechizo en sus pechos.

Draco estaba pálido, si ya de por si era de tez blanquecina, ahora podría pasar por un fantasma.

―No tengo idea de que estás hablando Granger ―respondió con un leve temblor en su voz.

―¿De veras?, bueno es posible que fueran imaginaciones mías, al fin y al cabo no note demasiado, debía ser algo pequeñito ―afirmo la castaña con cara de inocente a la vez que usaba sus manos para simbolizar algo diminuto.

El Slytherin estaba que bufaba, ¿desde cuando la sabelotodo Santa Granger, la chica más mojigata e inocente de Hogwarts se había vuelto tan descarada?

―No creo que hayas sentido nada tan grande y perfecto en tu vida Granger ―ese insulto a su pequeño soldadito le había ofendido de verdad ―dudo que tu patética vida sentimental te haya dado para ver un miembro masculino de verdad, la vagina de tu novio Weasel no cuenta.

Hermione sintió como si le hubieran dado una bofetada, el color le subió a sus mejillas de la vergüenza, el maldito se la había devuelto recordándola que a sus casi 18 años, su vida sentimental era tan triste como un par de relaciones fugaces, una de unos pocos días con Viktor Krum, y la otra su noviazgo de verano con Ron, que apenas había durado mes y medio.

―Prefiero tener pocas relaciones pero con buenos chicos, que no ser como las zorras con las que te revuelcas Malfoy, yo al menos tengo más de dos neuronas para saber cuándo mandarte a la mierda, a ti y a tu diminuto amigo ―declaro antes de empezar a andar dándole la espalda al rubio con todo el orgullo que pudo reunir.

Ya te gustaría ser una de esas chicas sabelotodo, pero no pasara nunca ―el rubio estaba realmente ofendido, no le hacía gracia alguna que se metieran con su hombría.

―Antes muerta hurón albino ―grito la castaña mientras desaparecía por la esquina del corredor camino a su amada biblioteca.