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Capítulo 5 – Tratos con el enemigo


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Faltaban tres días para el examen y a Hermione aun no le salía bien el Filtro de Muertos en Vida, llevaba días intentando elaborarla con recetas de distintos manuales de pociones y nunca conseguía el resultado deseado. Hoy Slughtorn les había permitido intentarla de nuevo en el aula como práctica, habían estado casi dos horas con ello y el final de la clase se acercaba.

―Dios como odio esto, ¿es que ningún libro tiene bien explicada la preparación de esta maldita poción?

―Tranquila Mione, hoy estamos haciéndola en clase, cualquier duda podrás preguntarle al profesor, seguro que te sale bien ―le decía Harry desde su puesto.

Como si les hubiera escuchado Slughtorn hablo a la clase con un pequeño frasco en la mano y una voz risueña.

―Como comprenderéis no puedo ayudaros con la poción, este filtro ya se preparó en su día en clase y debería de haber quedado aprendido, lo que sí puedo es evaluar vuestros calderos una vez terminéis, así podréis saber si vais por buen camino o no.

A Hermione la se le cayó el alma a los pies, hastiada, se dejó caer en la mesa de trabajo mirando a Harry, que le respondía con una expresión entre disculpa y resignación.

―Para mejorar vuestros esfuerzos, y coincidiendo con el filtro que preparé ayer mismo para reponer el armario de pociones, tengo aquí un frasquito de Felix Felicis, también llamado como ya sabréis, suerte liquida, será entregado a quien saque la mejor nota de la parte correspondiente a mi asignatura en la prueba ―anuncio enseñando el pequeño frasco dorado entre sus dedos.

―Merlín encima eso, esto es un desastre monumental, nunca me va a salir bien ―rugía la castaña desquiciada.

―En serio Hermione tranquila, aunque no sea perfecta va a ser la mejor del examen igualmente ―le decía Ron un poco harto de sus constantes lloriqueos.

Un momento después se escuchó a Slughtorn aplaudir y felicitar a alguien en las mesas de atrás.

―¡Perfecta señor Malfoy, perfecta!, por algo me decía su antiguo profesor de pociones el señor Snape que era usted su mejor alumno, muchos en esta clase deberían aprender de su maestría. ¿Cómo es que no estuvo en mi club de celebridades en pasados cursos?

―Digamos que sexto no fue un buen año para mi profesor, gracias así todo, espero que este año me acepte si lo forma de nuevo.

―Sin duda estará en lo alto de la lista de alumnos distinguidos, eso se lo aseguro, espero que en la prueba haga usted un trabajo tan maravilloso como el de hoy.

―No hay problema profesor, esta poción es muy fácil para mí ―declaró Draco pomposo mirando de reojo a una Hermione que estaba al borde del colapso.

En la parte de delante de la clase la castaña estaba casi catatónica ―¿decías Ron? ―susurró con voz de psicópata a su amigo que prefirió poner toda su atención en el caldero que tenía delante.

En medio de tal frustración la castaña apretó tanto la cuchara de madera en su mano contra el fondo del caldero que se astillo hiriendo su palma y haciéndola sangrar.

―¡Señorita Granger, está usted sangrando!, debería tener más cuidado, vaya a ver a Poppy de inmediato antes de que se infecte. Señor Malfoy usted que ha acabado, conduzca a su compañera hasta la enfermería.

―¡No es necesario profesor! ―Se apresuró a decir Hermione ―no necesito ir a la enfermería, estoy bien.

―Nada de eso, la pérdida de sangre por poca que sea puede ser muy mala, y podría habérsele quedado una astilla dentro de la herida, vaya a mirárselo ―dijo el docente empujando a la chica hacia la puerta ―estoy seguro de que el señor Malfoy será todo un caballero y querrá acompañarla.

―Oh, sin lugar a dudas profesor, siempre hay que mirar por los compañeros ―respondió Draco con su voz más embustera mientras caminaba hacia la salida para abrirle la puerta caballerosamente a la herida.

―Claro, estoy segura que Malfoy se preocupa mucho por sus compañeros…

Cuando ya estaban por los pasillos de las mazmorras camino a la enfermería, la castaña se movía varios pasos por delante del rubio esperando perderle en alguna esquina, no quería que encima de dejarla en ridículo en clase ahora la llamara estúpida por herirse con una cuchara de madera.

―Granger, ¿te han puesto un cohete en el trasero?, no es que te estés muriendo así que aminora el paso un poco, que no tengo ganas de correr.

―Pues haberte quedado en clase, seguro que Slughtorn te hubiera pedido que ayudaras a los demás con la poción.

―Vaya, vaya, no me esperaba estos celos de ti santurrona, ¿acaso que yo sea mejor que tú en algo te fastidia tanto?

Hermione se paro en seco para ver al causante de sus dolores de cabeza diarios.

―Aún recuerdo esa frase tan llena de orgullo, ¿cómo era? ¡Oh si ya recuerdo!, "nunca me has ganado en ninguna evaluación en todos los años que hemos estado en Hogwarts" ―recito Draco con voz de pito haciendo una imitación de lo más cómica de Hermione.

―¡Por hacer una poción bien de pura suerte no quiere decir que seas mejor que yo¡ ―Hermione no se creía ni una sola palabra de lo que salía de su propia boca, sabía que el Filtro de Muertos en Vida no se hace solo con suerte ni por asomo, era demasiado difícil, pero se negaba a darle la razón al hurón albino.

―¿Suerte dices?, ¿estás fumada?, esa poción no la saben preparar ni la mayoría de los doctores especializados de San Mungo, ¿en serio me vas a decir que ha sido suerte?

―¡Si, has tenido suerte! ―dijo Hermione retomando su camino.

―Bueno, si ha sido suerte entonces supongo que no podré ayudarte a perfeccionar tu poción, es una pena hoy me sentía caritativo ―alegó el rubio de espaldas a la joven con una media sonrisa.

Hermione se quedó de piedra sin creer lo que había escuchado, en cuanto consiguió reaccionar desando lo recorrido volviendo hacia el rubio.

―Espera un momento, ¿dices que tú, Draco Malfoy, ayudaría a una hija de muggles como yo, en especial a mí, con la poción del examen para Premios Anuales?

―Depende, ¿qué estarías dispuesta a darme a cambio? ―respondió el rubio dándose la vuelta y encarando a la chica.

― Ya sabía yo que no era por la bondad de tu corazón. ¿Qué quieres? ―pregunto la castaña desconfiada.

―No lo sé Granger, podría pedirte cualquier cosa, solo tengo que pensarlo bien, con lo desesperada que estas me darías lo que quisiera, ¿cierto? ―Draco examino de arriba abajo el cuerpo de Hermione con mirada lujuriosa.

Al principio la castaña no entendió la indirecta, pero pronto su mente empezó a trabajar recordando la escena de la biblioteca, haciendo que reculase unos pasos hacia atrás con coloretes en sus mejillas.

―¡Eres un cerdo Malfoy!, ¡ni sueñes que dejaría que me toques! ―aseguro la castaña avergonzada tapándose como podía sus pechos aun sabiendo que el chico no podía ver a través de su ropa.

―Tranquila tomatito sabiondo ―respondió el rubio refiriéndose a sus coloretes― como ya te dije una vez, no te tocaría ni con un palo, hay otra cosa que puedes hacer por mí a cambio.

― ¡Deja de llamarme así maldita sea! ―exclamo Hermione alterada por el maldito mote que le había impuesto este año el rubio, casi echaba de menos el típico sangre sucia ―¿Que se supone que quieres a cambio?

―Veras "fresita" ―rio el Slytherin viendo la cara de enfado de la aludida ―estoy teniendo problemas con el hechizo de la parte de DCAO, si me ayudas con eso, yo te ayudo con la poción, es un simple intercambio.

―Espera, ¿no puedes hacer un Patronus? ―respondió la castaña con una sonrisa satisfecha en la cara.

―¡Si puedo hacer un Patronus estúpida!, lo que no consigo es darle forma adecuadamente.

―Vamos, que no sabes hacer un Patronus ―esta conversación cada vez la divertía más.

―¿Te he dicho alguna vez lo mucho que te odio Granger? ―el rubio empezaba a cansarse del cachondeo.

―Demasiadas veces Malfoy, y sí, estoy de acuerdo con enseñarte, pero primero la poción o no hay trato ― Hermione alzo la mano hacia Draco para sellar el acuerdo.

―Bien, pero no quiero que nadie nos vea juntos, así que lo haremos en la sala de los menesteres, mañana después de clase espérame en la puerta ―acepto viendo la mano de la castaña pero sin estrecharla ―por cierto no pienso estrechar tu mano ensangrentada.

Con el dialogo entre enemigos a Hermione se le había olvidado que su mano estaba sangrando y que le dolía la astilla clavada dentro.

―¡Mierda!, lo siento Malfoy, tengo que ir a verme esto, no hace falta que me acompañes, hasta mañana entonces ―la castaña hablo acelerada para después salir corriendo rumbo a la enfermería.

Draco se quedó solo en medio del corredor, con un charquito de sangre delante de él formado por el goteo incesante de la mano herida, y aunque se odiaba por ello, no pudo evitar centrar su vista en el trasero de la Gryffindor que se perdía en la oscuridad de las mazmorras alejándose.

―Siempre he pensado que estaba loca, hoy lo he confirmado… ―dijo en voz alta retomando también su camino hacia la sala común de Slytherin.

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Esa misma tarde, ya acabadas las clases, un grupo de chicas verde y plata tomaban el sol en la costa del lago negro aprovechando el calor que aun a finales de Septiembre no había desaparecido.

―Pansy, ¿es cierto que Draco está libre? ―pregunto tumbada boca abajo una Slytherin rubia.

―Por mí te lo puedes quedar si quieres Daphne ―respondió la aludida ―el contrato de matrimonio que teníamos mi familia y la de Malfoy ya no existe, mi padre lo rompió a principios de verano, al parecer decía que eran traidores a la sangre, una estupidez a mi parecer, pero nos deja en libertad, así que no voy a quejarme.

―Está claro que no quiero casarme con él, pero un buen revolcón no lo descartaría, se ha puesto bastante macizo.

―Debe haber hecho ejercicio en verano, el año pasado estaba en los huesos ―murmuro la morena.

―Y al parecer no ha sido el único, mirar allí ―dijo la hermana de Daphne señalando hacia el cielo cerca de ellas.

Unos chicos jugaban al Quidditch en los terrenos cerca del lago, volaban rápido, pero cuando paraban un momento se les podía ver bien, la mayoría iba sin camiseta por el calor y algunos estaban MUY bien formados.

―Son Gryffindor en su mayoría, lo de la sangre lo paso, pero antes muerta que tirarme a un leoncito, se piensan superiores moralmente, lo odio.

―Tú te lo pierdes Pansy, lo cierto es que algunos no están nada mal, sobre todo Weasley y Potter, la guerra y el Quiddicht les ha sentado genial.

―Potter esta cogido Astoria, y de Weasley no me hables, creo que no hay ser humano al que tenga más asco, es un imbécil que se cree un héroe ―respondió Pansy levantándose de la toalla y poniéndose una camiseta blanca encima del biquini verde oscuro.

― Pero mira que abdominales y que espalda tiene ―Astoria se relamía viendo a los chicos sin camiseta.

―¿Ya te vas Pansy?, si acabamos de llegar.

―No Daphne, solo voy a por mí varita, me acabo de dar cuenta que la deje en el cuarto y no me gusta estar sin ella, vuelvo enseguida ―dijo poniéndose en marcha.

Pansy caminaba tranquilamente pensando en las tonterías de sus amigas sobre los Gryffindor, pero sobre todo, pensaba en lo que le había contado Blaise sobre su nueva novia.

―¿Es posible que me esté obcecando y la rivalidad Gryffindor contra Slytherin ya no importe? ―susurraba para sí misma la morena hablando sola.

En ese momento de reflexión, una bludger impactó en la cabeza de la chica haciendo que cayera al suelo con un hilillo de sangre corriéndole por la frente.

―¡Mierda, rápido Ron, hay que llevarla a la enfermería! ―la voz de Potter fue lo último que escucho Pansy justo antes de quedar inconsciente.