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Capítulo 8 — Traicionado por el subconsciente
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Hermione bostezaba prácticamente tumbada sobre la mesa de Gryffindor, había comenzado sus pruebas a las 8 de la mañana y ya le quedaba poco para terminar. El día tan esperado había llegado y el colegio era un auténtico caos de gente intentando sacar el máximo provecho al tiempo que tenían entre clases antes de la siguiente prueba. Algunos vagaban llorosos por los pasillos porque les había ido mal, y otros se regocijaban en su éxito. También estaban los que les daba totalmente igual y simplemente se habían tomado el día libre, o los más numerosos, los que intentaban un golpe de suerte sin haber tocado un libro.
La castaña ya había completado la mayoría sus exámenes a lo largo del día, la mayoría prácticos y alguno teórico, como el de Historia de la Magia, que la había llevado más de una hora escribiendo, aun así en todos había sacado un excelente. Le faltaba una sola asignatura por examinarse, DCAO, pero la cosa iba bien, las dos que más miedo le daban Aritmancia y Pociones ya las había pasado con relativa facilidad, sobre todo pociones, se había vuelto muy diestra en la elaboración del filtro de muertos en vida, y todo se lo debía al hurón votador.
—Ahora sí que no puede enfadarse cuando le llamemos hurón —pensó en voz alta Hermione recordando el Patronus del chico. Dios como adoraba a ese pequeño animalito de luz, era todo lo que Malfoy nunca seria; cariñoso, adorable, juguetón, y lo más importante, no hablaba, no como el dueño que cada vez que abría la boca era para soltar veneno por ella.
—¿Cómo lo llevas Hermione? a nosotros solo nos quedan 2 asignaturas más para terminar, aunque las dos son escritas y un poco tostón, Historia de la Magia y Herbología —Ginny llevaba toda la mañana con Harry de clase en clase haciendo las pruebas para Prefecto, de ella estaba segura que conseguirá el puesto, era inteligente y había estudiado, pero su novio era otro cantar. Harry se había pasado toda la semana jugando Quidditch con Ron y otros Gryffindor, habían decidido que preferían un puesto en el equipo de su casa, que estudiar para tener acceso a unos baños mejores y un sinfín de responsabilidades, o eso es lo que pensaban que conllevaba ser Prefecto.
No tenían ni idea, el puesto de Prefecto venía con muchos más lujos de los que creían, una habitación propia de primeras, aunque había algunos que la rechazaban porque preferían estar con sus amigos en los dormitorios. El acceso al baño del quinto piso, que si lo hubieran probado alguna vez no lo descartarían tan rápido, su bañera era simplemente maravillosa, la castaña pensó que podría literalmente quedarse a vivir allí de lo a gusto que se estaba. La potestad de quitar puntos a quienes incumplen las reglas del colegio, que aunque esto parezca una bobada hace que muchos tengan cuidado con lo que hacen o dicen delante de tuyo, a muchos les importa ganar o perder la copa de la casa, te da una especie de poder sobre los demás increíble. Y también las rondas nocturnas, que aunque pueden ser obligatorias y en principio se hacen para buscar gente fuera de sus salas comunes a horas no reglamentarias, al final estás haciendo algo que no todos pueden, que es explorar el castillo con permiso del profesorado, bueno, ella lo veía así.
Es cierto que también tienes responsabilidades, pero Hermione pensaba que los pros superan a los contras por mucho, además de que por lo que ya había visto anteriormente no tienes por qué seguir las reglas al dedillo, al fin y al cabo Malfoy y Parkinson fueron prefectos en 5º y 6º año siendo lo peor que vio la historia de Hogwarts en abuso de poder, y nunca les paso nada por saltarse las normas. Y su amigo Ron no es que fuera tampoco un ejemplo a seguir, no eran tan malo como los Slytherin pero no se tomaba en serio sus deberes, y tampoco le paso nada.
—Suerte Ginny, si consigues el puesto y yo me convierto en Premio Anual iremos juntas al baño del 5º piso, te aseguro que nunca has probado nada tan relajante —decía la castaña para dar ánimos a su mejor amiga.
—Puede que no vaya a ser Prefecto pero si me convierto en capitán del equipo de Quiddich me apunto a eso, que también tienen acceso a ese baño por si no lo sabíais.
—Harry amor mío, si vas a ir a ese baño con alguien será a solas conmigo, no queremos que Hermione pierda la inocencia.
—¡Hey! yo no soy inocente, solo que no soy una pervertida como vosotros, y espero que tú y yo —dijo la castaña señalando a su amiga —vayamos antes de que entres allí con Harry porque después no pienso volver a pisar ese baño en la vida, seguro que acaba todo pegajoso y asqueroso, ugh —la cara de asco fue bastante real, a veces odiaba su maldita imaginación.
Hermione pudo comprobar como sus amigos lejos de sonrojarse o sentirse cohibidos, simplemente rieron aceptando esa posibilidad. Cuando Ginny y Harry empezaron a salir después de la derrota de Voldemort, no habían esperado mucho en casa del chico del pelo azabache antes de irse juntos a la cama. El lecho de matrimonio donde se suponía debía descansar el Sr. y la Sra. de la antiquísima casa de los Black en Grimmauld Place, había sido profanado tantas veces que la pelirroja acabo aprendiendo el hechizo Muffliato solo para que su hermano no se enterase de nada silenciando la habitación. Y lo peor llego cuando Ron se fue a pasar el resto de las vacaciones a la Madriguera quedándose sola con esos dos leones en celo, que fueron de habitación en habitación de la casa hasta solo dejar sin tocar el cuarto donde ella dormía. Nunca jamás se le olvidaría esa traumática experiencia.
—Ves como aun es inocente Harry, hay que buscarle un novio a Mione para que deje de imaginarse las escenas y pase a la acción —declaraba una sonriente pelirroja viendo enrojecer a su compañera.
—Merlin Ginny deja de decir tonterías, mejor me voy a la siguiente prueba para dejar de escuchar los disparates que pueden salir de tu depravada boquita.
—Jajajaja, hasta luego Hermione, suerte, concéntrate en el examen, pero no olvides la cocina de Grimmauld Place.
—¡Dios Ginny que asco! —No podría sacarse de la cabeza la imagen que le había hecho recordar su amiga en toda la mañana. Nunca jamás había vuelto a despertarse a media noche para tomar un vaso de leche en la cocina de su casa, ahora tenía miedo de lo que podía encontrar. La visión del culo de Harry embutido en cuero negro, bombeando como un loco contra la pelvis de su novia tumbada en la encimera de la cocina y vestida de animadora agitando los pompones. Ni sacando el recuerdo de su cabeza y metiéndolo en un frasquito creía poder olvidar esa noche traumática.
Intentando por todos los medios arrancar de su cerebro esa representación de una película porno producida por sus amigos, Hermione se dirigió al aula donde cursaba Defensa contra las Artes Oscuras, actualmente esta asignatura estaba impartida por la directora McGonagall hasta que el nuevo profesor contratado llegase, al parecer venía desde fuera del país y aun tardaría unos pocos días en arreglar sus cosas para poder empezar a dar clase.
—Bien, parece que nadie más va a venir así que podemos empezar. Esta prueba es simple pero no fácil, invocar un Patronus no es algo complejo de hacer, pero darle forma sí lo es, el encantamiento no es tan sencillo como tener un recuerdo lo suficientemente fuerte, sino que se debe tener la concentración necesaria en crear la forma del animal y el movimiento de varita perfecto para no acabar con el culo en el suelo por un hechizo fallido. Si os volvéis expertos en el arte del Patronus, podéis llegar a enviar incluso mensajes a cientos de millas de distancia en muy poco tiempo, usando vuestro animal de luz invocado como un correo.
—También sirve para combatir contra Dementores, ¿verdad profesora? —pregunto una chica de Hufflepuff de la que sabía su nombre, debía ser del año de Ginny, como ahora habían unido los dos cursos anteriores de sexto y séptimo, había gente que no conocía.
—Así es señorita Branstone, pero bueno comencemos que toda esta teoría ya deberían de saberla. Pónganse en fila e iré comprobando como realizan el hechizo uno a uno.
Hermione se posiciono de las primeras, quería acabar cuanto antes para sentirse libre al fin del peso que tenía desde antes de que empezara el curso, estaba segura de poder convocar un Patronus, incluso de hacerle llevar un mensaje, tenía el excelente asegurado para esta asignatura.
Las pruebas pasaron rápido y como ya había anticipado la castaña, consiguió una puntuación perfecta. Podía irse a descansar, la directora les había dado permiso a los que habían terminado, pero prefería quedarse a observar como lo intentaban los demás.
Conocía a algunos de los que probaban a invocar su animal de luz, la mayoría habían estado en el Ejército de Dumbledore en 5º curso con Harry así que no tuvieron muchos problemas. Otros sin embargo—, en su mayoría Slytherin, no conseguían pasar de la simple luz que cegaba la habitación, como le pasaba a Draco antes de que ella le ayudase.
—Siguiente; Malfoy, Draco, comience cuando quiera.
Draco tuvo dificultades en convocar un hechizo Patronus perfectamente realizado. Allí estaba de nuevo correteando alrededor de la case el adorable huroncito que tanto adoraba la castaña.
Las risas por el animal escogido por el Patronus de Malfoy no tardaron ni un segundo en llegar. El aula entera sabía del mote que le habían impuesto al Slytherin desde La Copa de los Tres Magos, los Gryffindor que presenciaron la transformación se encargaron de hacerlo popular en todo el colegio. Cualquiera pensaría que con el temperamento del rubio y sus antecedentes se dispondría a lanzar hechizos a todos los que se burlaban, como haría un verdadero mortifago sangre pura, siempre orgulloso de su propia existencia y creyéndose superior a los demás solo por sus raíces. Sin embargo Draco no parecía darse cuenta de las risas, simplemente se mantenía concentrado en su tarea, mantener la convocación estable.
Cuando Hermione pensaba que eso sería todo el animal de luz fue hacia McGonagall y se volvió una pequeña bola de luz que recito una descripción del hechizo que bien podría haber sido sacada de un libro. Eso no se lo había enseñado ella.
Parecía que había terminado, pero la bola de luz volvió de nuevo a su forma de hurón corriendo directo hacia Hermione asustandola, el animal subió a su hombro para sentarse en él y acto seguido acariciarle la mejilla con su pequeño morrito como si de un beso se tratase.
La clase entera, incluida Hermione, volvió la vista hacia Draco buscando una explicación. Los Patronus solo se movían por orden de su dueño, no tenían voluntad propia, si el mago o bruja lo pensaba el animal lo hacía.
—Yo no le pedí hacer eso, no le he dado más ordenes desde que mande el mensaje —explico el rubio centrándose en la profesora que le escrutaba con la mirada.
—Le creo señor Malfoy, pero en raras ocasiones un Patronus Corporeo puede ser inducido a hacer movimientos por el subconsciente del invocador, este acto se considera una forma alternativa de control sobre la convocación, le felicito señor Malfoy, nota máxima.
McGonagall miro a Draco con satisfacción y acto seguido apunto un excelente en su pergamino de notas. El rubio se veía visiblemente relajado caminando hasta la salida y abandonando el aula a toda prisa. No pretendía quedarse para tener que explicar porque su subconsciente había ordenado a su animal convocado para que besara a Granger en la mejilla, principalmente porque ni si quiera él lo sabía.
—Bueno sigamos, Burke, Henry, comience.
Faltaban unos pocos alumnos por examinarse pero Hermione ya estaba aburrida, así que decidió despedirse de la profesora McGonagal e irse también.
Ese último momento con el Patronus de Malfoy la había dejado algo trastocada, esta no era la primera vez que ese hurón de luz venía a ella sin consentimiento del rubio. Cuando le ayudo a perfeccionar su convocación el pasado día también había ocurrido lo mismo, en un primer momento no le dio demasiada importancia pero ahora que McGonagall había explicado que era el subconsciente lo que movía al animal, no entendía que pasaba por la mente del Slytherin.
—¿Por qué ordenaría a su Patronus que me haga mimos?... Da igual, hoy es un gran día, no pienso obsesionarme con ello —decidió la castaña poniéndose en camino a los terrenos cerca del lago donde sabia estarían sus amigos esperándola.
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Theo caminaba rápidamente hacia el bosque prohibido, había recorrido todo Hogwarts buscando un sitio donde poder leer tranquilo el libro que tenía entre las manos. La locura de los Premios Anuales y Prefectos había vuelto la escuela en un maldito gallinero, así que su única salida era el claro del bosque donde a veces se refugiaba el año pasado para escapar de los Carrow y a veces incluso a llorar de impotencia cuando le obligaban torturar a algún pobre niño de primero.
Su padre había muerto en la guerra y eso lejos de dolerle le alegraba, no tenía ni un solo buen recuerdo de su viejo, solo Cruciatus, esos si los recordaba perfectamente. Su madre había muerto también pero eso había sido varios años atrás. Murió asesinada por su propio marido únicamente por intentar defender a su hijo un día que el señor Nott se estaba pasando "educando" a su rebelde vástago. Claro está se había librado del asesinato alegando un accidente y echándole la culpa a Pernant, el elfo domestico de la casa.
Theo podría haber llegado a perdonar a su padre por todos los castigos y torturas que sufrió en su infancia, pero el recuerdo de su madre no permitía que viera a ese viejo bastardo como algo más que un sádico asesino, se alegraba de estar solo si con eso su madre estaba vengada.
—Esto es otra cosa, por las barbas de Merlin, en el castillo no había forma de concentrarse, aquí solo estamos vosotros y yo ¿verdad amigos?
El claro estaba habitado por los Thestrals de la escuela, estaban amaestrados y Hagrid tenía la manía de soltarlos por el bosque hasta que los necesitara de nuevo. Theo le lanzo un trozo de carne cruda que había robado de las cocinas antes de venir a una cría apenas mayor que un perro, el potrillo se le había acercado apartándose de la manada, este acto de alimentarlo originó que otra cría apareciera de detrás de un arbusto pidiendo comida también al castaño.
—¡Tommy vuelve! —escucho llamar el Slytherin desde donde había venido el segundo potro alado.
De entre los arbustos salió una pequeña figura de pelo rubio y mirada soñadora —¡Ah hola! pensé que estaba sola ¿tu también sueles venir a dar de comer a Tommy y Frida?, es la primera vez que te veo por aquí pero podemos hacerlo juntos si quieres, tengo comida de sobra, los elfos de las cocinas son muy simpáticos y siempre me dan mucha carne para que los Thestrals no pasen hambre.
Theo había quedado en shock, sabía quién era esa chica, Lunatica Lovegood una Ravenclaw un año menor que el, pero no entendía que hacia aquí o porque le hablaba sin el temor o el desprecio al que estaba acostumbrado por ser hijo de un mortifago reconocido.
—¿Hola? ¿te encuentras mal?, ¿no te habrán entrado Torposoplos en los oídos no? se pasa fatal, la última vez estuve enferma casi una semana y no hacía más que escuchar zumbidos por todas partes, aunque creo que también pudo haber sido un encantamiento amplificador de voz que le echaron a Michael Corner mientras hablaba conmigo en Herbologia.
—Em… —esta chica no callaba ni debajo del agua —Hola, no estoy seguro si me conoces, me llamo Theodore Nott, de Slytherin, pero todos me llaman Theo. Perdona no sabía que estabas aquí me marchare a otro sitio para no molestar.
—Se quién eres Nott pero no tienes por qué irte, no me molestas en absoluto, además ¿venias a darles de comer a los Thestrals no? pues vamos a hacerlo juntos, suelo estar sola pero todo es mejor en compañía —dijo la rubia con aire soñador extendiendo su mano hacia el chico.
—Bueno yo en realidad venía buscando algo de tranquilidad para leer, aunque desde que descubrí este sitio siempre que puedo traigo algo de comer para ellos — explico señalando a los potrillos que esperaban su nuevo aperitivo cerca de Luna.
—Pues entonces como yo, así que vamos juntos, toma —dijo la chica tendiéndole un trozo de carne que saco del bolso que colgaba de su delicado hombro.
—Gracias, supongo —acepto el castaño dándole el aperitivo que acababa de recibir a "Tommy", como la excéntrica rubia que sonreía a su lado había apodado al Thestral.
—De nada. Podemos acordar venir a darles de comer juntos más veces, no tienes por qué dejar de venir sino quieres, este claro es perfecto para leer y a mí me encanta hacer amigos nuevos Theodore — parloteaba la rubia con una expresión de absoluta felicidad dándole un trozo de carne a Frida —¿porque puedo llamarte Theodore no? Tu nombre me parece precioso, Theo es más corto pero menos interesante.
—Este… claro, si no hay problema, me puedes seguir llamando Theodore, y tranquila seguiré viniendo al claro.
Theo pensó que la chica estaba algo loca, quizá por eso le habían dado el sobrenombre de Lunatica, pero ciertamente le agradaba que no lo viera como al monstruo que esperaban que fuera, simplemente lo trataba como a uno más. Parecía tan inocente como un ángel, y teniendo en cuenta que la gran mayoría de la gente que conocía, o le odiaban o le habían rechazado, se sentía bien poder hablar con ella. Volvería al claro seguro, sobre todo si estaba Luna para acompañarle.
