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Capítulo 14 — El Baño de Prefectos
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Draco caminaba por la Mansion Malfoy mirando hacia todos lados, a cada paso que daba un sonido nuevo y escalofriante se escuchaba a través de las oscuras paredes. Los mortifagos torturaban a nacidos de muggle y traidores a la sangre en su casa a todas horas, sin descanso, y sin fin. Los hombres allí encarcelados tenían suerte, algo de tortura y experimentación con hechizos y luego les daban dos opciones a elegir, muerte o calabozo, si elegían mal todo se repetía al día siguiente, al menos hasta que optaban por acabar con su sufrimiento.
Las mujeres por otro lado lo tenían peor, la mayoría de mortios allí eran hombres, y por muy sucia, traidora, joven o vieja que fuera la mujer, seguía siendo una hembra, así que las violaban una y otra vez de maneras brutales hasta que desfallecían o se suicidaban. Lo cierto es que pocas llegaban a poder terminar con su vida, morían antes.
El rubio odiaba su casa, no podía si quiera dormir sin temer a que alguno de esos psicópatas viniera a matarlo o a violar a su madre en la noche. A estas alturas su padre le daba igual, él tenía la culpa de haberlos metido en todo esto, podían matarlo si querían no lloraría por él, pero su madre era otro tema. Si algo le sucedía se volvería loco, ella era lo único que aún le mantenía cuerdo entre toda esta pesadilla.
Unos pasos después Draco había llegado a la entrada del salón de su casa, estaba cerrado y no se podía escuchar nada dentro, en realidad todo se había quedado en silencio en la mansión, era realmente extraño. Con curiosidad abrió las puertas y comenzó a oír gritos de mujer, acercándose más vio de espaldas y agachado como un hombre de pelo rubio largo torturaba con una daga a alguien, era una chica pero no podía verle la cara ni reconocerla. Al principio había pensado que el torturador era su padre, por el pelo rubio platino largo típico de Lucius, pero más al fondo su madre y el bastardo de su esposo estaban mirando sin más como la chica era torturada por aquel desconocido. Además de sus progenitores había al fondo una mujer con una mata de pelo oscuro que reconoció como su tía la loca y desquiciada Bellatrix Lestrange.
—Madre, ¿Qué está pasando? ¿Quién es este hombre? —dijo señalando al torturador.
—¿Cómo que quien es Draco? Es mi hijo, ¿quién va a ser? —su madre le miro como si lo que había dicho fuera lo más normal del mundo.
Los gritos de la chica cada vez eran más audibles, el muy cabrón estaba usando la daga para marcarle algo en el brazo, probablemente con maldiciones Crucio invocadas a través del filo por como chillaba de dolor la joven.
—¡Tu hijo soy yo! ¡¿Y quién es esa chica que está en el suelo?!
—¡Draco deja de decir tonterías! ¿No ves que mi sobrino está torturando a la sangre sucia?, no molestes más —le espeto la mortifaga más cruel y leal de Voldemort con una sonrisa.
—¿La sangre sucia? —el rubio se acercó a la chica pensando en lo peor para encontrarse efectivamente con lo peor, Hermione Granger con lágrimas en los ojos gritaba mientras el loco seguía escribiendo algo en su brazo.
—¡Espera no hace falta torturarla! —Draco intento que el hombre parara de tallar el brazo de la castaña pero el perturbado siguió con su tarea sin dar si quiera la vuelta a verle.
—¡Dejádmela a mí, la conozco de Hogwarts, puedo sacarle todo lo que sepa, esto no es necesario!
Sus padres y su tía ni se inmutaron por sus palabras, simplemente siguieron observando como si de una obra de teatro se tratase, Draco no podía seguir mirando como Granger era torturada, sabía lo que le esperaba a las chicas como ella en esa maldita casa, no podía permitir que le ocurriera lo mismo a la castaña.
—¡He dicho que yo lo haré! —Draco cogió al hombre por el hombro y le hizo girar con fuerza para enfrentarlo.
—Ya lo estás haciendo —fue la única respuesta, su respuesta. El torturador era él, tenía su cara, la cara de Draco Malfoy, con el pelo tan largo como el de Lucius, pero seguía siendo su rostro.
—¿Cómo puede…? —Draco estaba perplejo, retrocedió unos pasos asustado.
—Somos lo mismo Draco, tú y yo, soy lo que estas destinado a ser, un mortifago, un asesino. —el hombre jugaba con su cuchillo mientras se acercaba a su homónimo con una sonrisa que aterrorizaba al rubio.
—No, yo no soy tu… ¡No voy a ser como tú!
—¡Claro que lo eres, mira lo que me hiciste! —el grito no vino de su gemelo malvado sino de una Hermione llorosa arrodillada en el suelo que le enseñaba su brazo ensangrentado, en él se podía leer perfectamente las palabras "Sangre Sucia".
—No, yo no… yo no he sido, intente que parara…
—Claro que fuiste tú Draco… yo sufrí por tu culpa… no hiciste nada por evitarlo… ¡Tú me hiciste esto!
—No… Granger… no fui yo… lo siento Hermione… no... ¡NO!
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Draco despertó muy alterado en una cama, estaba temblando y sudaba a mares, pero lo peor es que no reconocía donde se encontraba. Todo había sido una pesadilla, una maldita pesadilla, su mente volvía a jugar con él como cada noche.
Después de un rato consiguió calmarse y reconocer donde estaba, era la enfermería de Hogwarts. Lo último que recordaba era haberse desmayado mientras discutía con sus amigos por culpa de Hitchens, ese búlgaro cabrón que le perseguía. ¿Acaso no tenía bastante con sus malditas pesadillas? ¿No eran suficiente castigo?, al parecer no.
—Ah señor Malfoy, ha despertado. —La señora Pomfrey entro en la enfermería cargada hasta arriba de pociones que dejo en una bandeja antes de acercarse hasta la cama del rubio.
—Acabo de hacerlo, he tenido una pequeña pesadilla pero ya estoy mejor, es más me siento mucho mejor, descansado.
—Eso es porque ha estado cuatro horas inconsciente señor Malfoy, su cuerpo se ha recuperado un poco de la falta de sueño.
—Bueno entonces puedo irme ¿no?
—No tan deprisa señor Malfoy —la que hablo era la directora McGonagal entrando por la puerta de la enfermería.
—Pero si me siento mejor ¿Por qué no puedo irme ya?
—Poppy me ha dicho que tiene una gran falta de sueño, que por su estado al venir podría llevar días sin dormir, ¿es eso cierto?
—A ver no soy una marmota pero algo duermo.
—Una hora o dos al día no es suficiente señor Malfoy. —Ahora fue la enfermera la que hablo.
—Bueno cada uno trabaja con lo que tiene.
—Sus amigos al traerle me dijeron que tenía usted terrores nocturnos, ¿es así?
—Bocazas… —susurro el joven —bueno alguna pesadilla sin importancia tengo, pero lo controlo bien.
—Pedir que le lancen hechizos paralizantes cada noche para no matar con un abrecartas a uno de sus compañeros no es exactamente controlarlo bien señor Malfoy.
El rostro de Draco se puso blanco al pensar en aquella noche, aun recordaba los ojos aterrorizados de Blaise pensando que iba a morir.
—Sí, puede ser que tenga alguna pesadilla, denme poción para dormir sin sueños y listo.
—Eso no funcionaría jovencito, hay una diferencia entre pesadilla y terror nocturno. —La señora Pomfrey intentaba explicarle tanto al rubio como a la directora porque el caso era más difícil de lo que parecía.
—Las pesadillas son sueños del subconsciente, las tienes en la mente sin afectar al cuerpo, digamos que mientras tienes una pesadilla no matas a nadie real. La poción para dormir sin sueños funciona bien con este tipo de afección.
—Los terrores nocturnos por otro lado son más del cerebro consciente, no totalmente, la pesadilla se crea en el inconsciente pero la parte motriz funciona haciendo que puedas llegar a moverte en casos de mucho estrés durante el sueño sin salir de él.
—Entonces no hay nada para acabar con estos, ¿terrores nocturnos? —la directora nunca había escuchado hablar de este fenómeno.
—No demasiado, lo único que puedo hacer es administrarle filtros sedantes para obligarle a dormir y poción sin sueños para reducir el efecto de los terrores nocturnos en el cerebro consciente. Con suerte eso hará que el señor Malfoy pueda dormir más, descansado así el cuerpo y evitando nuevos desmayos. Por otra parte aunque seguirá teniendo pesadillas extremadamente vividas, su cuerpo no se moverá dormido.
—Vale pues venga, deme un lote de pociones de esas que me voy a clase —Draco se moría por largarse de allí.
—Las clases ya han terminado por hoy señor Malfoy —le respondió McGonagal bastante seria.
—Minerva me gustaría que Malfoy se quedara aquí al menos esta noche, quiero comprobar si con el tratamiento que voy a darle los terrores nocturnos se suavizan.
—No gracias estoy bien —Draco intento levantarse de la cama para salir pitando.
—Quieto ahí señor Malfoy —las dos mujeres le devolvieron a su asiento cogiéndole de los hombros —Poppy dale un sedante y que vuelva a descansar, no quiero verle mínimo hasta el desayuno, si tú lo consideras necesario que tampoco acuda a clases mañana.
Draco ya se había resignado, se tomó el filtro que le puso delante la enfermera y la poción sin sueños después, no estaban horribles de sabor pero no eran de su agrado. No pasaron ni 10 minutos cuando sus ojos comenzaron a cerrarse hasta caer dormido en la cama. Quería descansar, en verdad lo necesitaba, solo esperaba durante esa noche no volver a tener esa pesadilla de Granger en la mansión Malfoy siendo torturada, no estaba seguro de poder aguantar la carga de la culpa de nuevo.
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Hermione llevaba todo el día preguntándose donde narices estaba metido Malfoy, desde ayer al mediodía no había vuelto a verle, cuando se desmayó en medio de un pasillo y sus amigos le llevaron a la enfermería. Estaba algo preocupada por él, aunque nunca jamás lo admitiría en público.
A la que si había visto era a Parkinson, que no la quitaba ojo de encima en cada clase en la que coincidían. El haberla pillado espiándoles no era algo que enorgulleciera exactamente la castaña, y para colmo no parecía que se le fuera a olvidar fácilmente a la Slytherin.
—Buenos días mis queridos alumnos, abrir el libro por la página de 67, hoy veremos los ingredientes necesarios para crear un Filtro de Paz, una poción fascinante para calmar los nervios.
Pociones con Slugthorn era la última clase del día, después Hermione había hablado con Ginny para ir al baño de prefectos luego de comer, debía enseñarle esa maravilla de bañera a su amiga antes de que la pelirroja la matara.
—Venga Hermione, si acabamos pronto el filtro podremos irnos antes, no veo el momento de meterme en el agua con una copa de vino en la mano.
—No vamos a llevar vino Ginny, además está prohibido tener alcohol en el colegio.
—Eso díselo al alijo de whisky de fuego que guarda Harry en su cuarto, tener el mapa y la capa de invisibilidad le ha convertido en un auténtico contrabandista, y en uno sumamente bueno debo añadir.
—Bueno vale, quizá una botellita pequeña de vino tinto, pero que no se entere nadie —la castaña pensó que sería de hipócritas quejarse en contra del alcohol cuando su mejor amigo y casi hermano estaba metiéndolo de contrabando al colegio.
Al rato Ginny y Hermione habían terminado rápidamente la poción sin demasiados problemas, no por algo eran de las mejores alumnas del colegio. Cuando el profesor comprobó que el Filtro de Paz era perfecto les dio 10 puntos para Gryffindor por cada una por un trabajo bien realizado y las dejo irse antes de la hora.
—¡Oh por cierto!, esperen un segundo señoritas, antes de que se vayan, llevo guardando este frasquito de Félix Felicis desde hace días —El anciano tutor saco un cofre de su despacho y lo poso sobre su mesa para que todos pudieran verlo —El Filtro de Muertos en Vida que cocinó el señor Malfoy durante la prueba para Premio Anual fue simplemente magnifico, una pena que no llegara a ostentar el cargo, por lo tanto y habiéndoselo ganado por méritos propios le entregaré este premio de consolación.
Slugthorn abrió el cofre sin mirar dentro mostrando el interior a sus alumnos que se miraron entre si confundidos.
—Díganle al señor Malfoy que cuando salga de la enfermería venga a verme, le estará esperando su recompensa por su dedicación al mundo de las pociones.
—Señor —llamo Dean Thomas algo cohibido —el cofre está vacío.
—Como que vacío señor Thomas, no diga tonter… —cuando el profesor fue a ver su sonrisa desapareció al momento, el filtro no estaba. Preocupado miro a todos sus alumnos cavilando que había podido pasar.
—Casi que mejor dejémoslo por hoy, pueden recoger e irse, debo ir a hablar con la directora sobre la perdida de esta poción cuanto antes.
Uno a uno los alumnos fueron saliendo del aula con un Slugthorn absorto en sus pensamientos. Una idea vino a su mente aunque era algo radical, justo cuando estaba a punto de descartarla Henry Burke pasó por delante suyo camino a la salida. El chico miraba al suelo totalmente pálido intentando no mirar a su profesor de pociones.
—¿Podría haber sido capaz?
Cuando el último alumno salió de las mazmorras, Slugthorn cogió el cofre y se encamino hacia el despacho de la directora McGonagal. Al llegar entro sin preguntar sorprendiendo a la animaga que se encontraba redactando unos documentos en pergamino.
—¡Minerva, se cómo lo hizo, Burke, se cómo hizo trampas! —Explico el maestro de pociones con apremio enseñándole el cofre vacío.
McGonagal no dijo nada, simplemente sonrió ampliamente al profesor de pociones. Nadie hacia trampas en su escuela y se salía con la suya, nadie.
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Ginny y Hermione llevaban casi una hora en el baño de prefectos del 5º piso. Habían conseguido una botella de vino y dos copas con las que brindaban por cualquier cosa que se les ocurriera. Los numerosos caños no paraban de echar agua a una temperatura perfecta mientras la espuma y las sales aromáticas se mezclaban en la bañera haciendo que las dos chicas estuvieran al borde del éxtasis de lo relajadas que se encontraban.
—Merlin esto es vida.
—Te dije que esta bañera era lo mejor de este colegio.
—No puedo creer que me pasara dos cursos enteros sin poder entrar aquí, menudo desperdicio —la pelirroja se lamentaba no haber estudiado para llegar a ser prefecta antes.
—¿Crees que Harry se enfade con nosotras por no estar en la sala común? —se revolvió Hermione insegura.
—No creo, Harry lleva jugando en el equipo de Quidditch de Gryffindor desde que llego a Hogwarts, ya había sido capitán antes, estaba claro que iban a nombrarle este año también por antigüedad.
—Pero no se esperaba una fiesta sorpresa para celebrar que será su último año como capitán ¿verdad?, ¿de quién fue la idea?
—Creo que de Kattie Bell y Delmeza Robins, las otras cazadoras, espero que volver a jugar este año con ellas, hacíamos muy buen equipo.
—Bueno, pero luego iré a felicitarle por si acaso, no quiero que piense que no le apreciamos. —A Hermione aun le preocupaba un poco haber sido mala amiga con Harry cambiándolo por un rato de placer en la bañera.
—Tranquila por eso, más tarde quizá me le traiga aquí de nuevo, no creo que tenga fuerzas al salir para enfadarse con nadie. —La boca de Ginny se transformó en una sonrisa seductora mientras estiraba su pequeño cuerpo en el agua sacando sus torneadas piernas a flote.
—Ugh… a veces pienso que eres ninfómana Ginny. —las mejillas de Hermione se tiñeron sonrojándose por la imagen en su mente. Su mejor amigo y la pelirroja en esa misma agua haciendo cosas prohibidas le daban sensaciones en su sexo que se avergonzaba tener.
—Que quieres que te diga, Harry es inagotable y yo soy feliz por ello —se reía la chica Weasley acercándose para quedar junto a Hermione en la bañera entrelazando una de sus piernas con la suya.
—Por cierto Mione, ¿te pone cachonda el nuevo profesor de defensa verdad? —la cara que se le quedo a la castaña fue un poema, miro a su amiga con los ojos desorbitados creyéndola loca de remate.
—¡NO! ¿Cómo piensas eso?
—¡Oh venga ya!, ayer te vi cuando estaba delante, te sonrojaste más que un tomate y casi parecía que estabas intentando comunicarte con la mesa de tanto que la mirabas.
—¡No es cierto! yo no me sonroje por el profesor Hitchens.
—Sino fue por el búlgaro macizo ¿entonces por quién?
—Por nadie —sabía que esa respuesta no iba a colar pero no podía decir la verdad.
—Hermione no soy tonta ¿lo sabes no? —la pelirroja se impacientaba, su parte cotilla era muy poderosa en estos momentos.
La castaña intentó alejarse incomoda por la pregunta pero Ginny la tenía bien sujeta esperando la respuesta que debía darle. Respirando varias veces consiguió calmarse un poco y aun colorada se dispuso a hablar.
—Ginny ¿puedo confiar en ti?, quiero decir, ¿si te cuento algo comprometedor me aseguras que no lo sabrá nadie?
—Ahhh esto se pone interesante, ¡claro que puedes confiar en mi tonta!, no se lo diré ni a Harry —la pelirroja sonriente se puso frente a frente con su amiga cogiéndole las manos como señal de confianza.
—Bueno veras, resulta que no estoy segura aun de que todo no fuera un sueño, pero es posible que Draco Malfoy me besara en el bosque prohibido hace unos días… varias veces… y puede que yo le respondiera.
La sonrisa de la pelirroja fue deformándose hasta convertirse en una expresión de sorpresa. Si Hermione le hubiera contado que había visto a Voldemort vestido como la abuela de Neville y bailando al ritmo de las Brujas de Macbeth probablemente le habría impresionado menos que esta revelación sobre Malfoy.
—Pero eso, no es posible…
—¡¿Ves?! ¡Por eso no quería contárselo a nadie! —se exaltó la castaña tapándose la cara con las manos de vergüenza.
—¡No Hermione si no te juzgo! solo que ha sido, bueno, una sorpresa. No me lo esperaba —respondió Ginny recuperándose del impacto. Estas palabras hicieron que la castaña se tranquilizara un poco mientras jugaba con la espuma del baño. De nuevo una sonrisa pervertida se dibujó en el rostro de la pelirroja.
—¿Y qué tal besa Malfoy?
La expresión de la castaña fue de absoluto pánico, esperaba una bronca o quizá simplemente dejar pasar el tema, pero nunca esa pregunta.
—¡Ginny!
—¡Que! ¡Tengo curiosidad!, es gilipollas pero también es guapo, no tanto como mi Harry pero ¿quién lo es?
El comentario consiguió arrancar una sonrisa a Hermione que aunque seguía escandalizada, las bromas de la pelirroja le quitaban peso al asunto.
—En verdad no lo sé, tampoco he besado a muchos chicos que digamos. —respondió sinceramente la castaña.
—Bueno pero entre los que si has besado, ¿fue el mejor?
Hermione se quedó un momento pensativa hasta que roja como un tomate por fin dijo —Si, sin duda lo fue, me hizo olvidarme de todo, incluso de donde estábamos o quienes éramos. Además nunca llego a tocarme de más, solo me abrazo por la cintura y me beso con deseo.
—Vaya, ni que estuvieras enamorada Hermione.
—¡Claro que no, no digas tonterías!, no olvido lo que nos hizo durante todos estos años, el lado en el que estuvo durante la guerra, lo estúpido que fue conmigo por ser hija de muggles. Pero no pude evitarlo ayer, simplemente recordé todo al verlo entrar en el aula. Además después de clase Burke me abrió los ojos de nuevo, me llamó sangre sucia del mismo modo que lo hacía antes Malfoy. Nunca podría querer a nadie así.
—¡¿Es en serio?! ¡Será cretino! Ya sabía yo que ese malnacido de Burke no era trigo limpio, va de Slytherin reformado pero es un verdadero cabrón.
—Mejor no hablemos más de estas cosas Ginny, estamos aquí para beber vino y relajarnos con el baño, así que pásame la botella.
Las dos chicas se tumbaron de nuevo cubriendo sus cuerpos con la espuma para descansar y disfrutar del sabor del vino cuando un sonido las hizo volverse hacia la puerta. Allí parada había una figura esbelta que vestía una bata corta de color blanco y un biquini verde oscuro debajo.
—¿Parkinson? —preguntaron las dos amigas al mismo tiempo.
—Hola chicas, ¿hay sitio para una más? ¡Adoro el buen vino! —dijo la morena en la entrada con media sonrisa.
