¡Capítulo nuevooooo! Primero que todo, sé que últimamente me retraso en sacar capítulo y pido disculpas por ello, aun así intento esforzarme en cada uno para que os guste. Además estoy retocando poco a poco los anteriores de fallos de ortografía y puntuación. Todo esto sumado al poco tiempo que tengo, hago lo que puedo :P
Quisiera agradecer a las personas que apoyan el fanfic dejando sus reviews casi en cada capítulo, me ayudan mucho sus comentarios esforzándome a seguir escribiendo.
Agradecimientos en especial a:
Vic Black, artemisvan89, pelusa778 y SirenitaElsaXIX.
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La Casa de los Gritos
oOo
Pequeños rayos de luz en la oscuridad, algún olor a madera vieja y a moho, el dolor de cabeza más atroz de la historia, y un trasero asombrosamente prieto unido a una ancha y musculosa espalda que podría rozar la perfección. Esas son las primeras cosas que Pansy notó cuando abrió los ojos y se dio cuenta que no estaba en su mullida y cómoda cama, sino en una roída y destartalada en a saber dónde.
—Por Salazar ¿dónde estoy? —preguntó la morena con dificultad, aun no se recuperaba del todo y tenía la boca seca.
—¡El trol ha despertado! —bromeó el joven levantándose del suelo y encarando a la Slytherin. —Deberías escuchar tus ronquidos cuando duermes Parkinson, eres como un trol ahogándose.
Pansy entrecerró los ojos para fijarse mejor en el chico que había osado proclamar que ella roncaba. Cuando pudiera mantenerse en pie le pensaba meter la varita en el culo y recitar un hechizo Desmaius, a ver que ruidos hacia ese engendro de trasero perfecto cuando dormía.
—¿Quién eres? Aun no has respondido a mi pregunta, ¿dónde estoy? —la pregunta fue más contundente que la anterior, empezaba a recuperar su voz. Aunque dolorida, consiguió con mucho esfuerzo sentarse en la cama con la vista aun borrosa.
—¿Estas bien? Debe ser porque te dieron directamente en la cabeza, pronto estarás mejor. —Respondió el chico acercándose a ella e hincando una rodilla en el suelo para ponerse a su altura. En ese momento la morena se dio cuenta de a quien tenía delante.
—¿Weasley? ¡Merlín! ¿Por qué siempre que despierto con dolor de cabeza estas tu implicado?
—¡Eh, espera un segundo!, ¡yo no te hice nada!, si recuerdas bien fueron tus compañeros de casa, esas serpientes traicioneras, las que te atacaron tres contra uno dejándote inconsciente. —Como si de una película se tratase las imágenes empezaron a venirle rápidamente a la cabeza a la morena. Una batalla cerca de Hogsmeade, tres estúpidos atacándola, un golpe en la cabeza, y después nada de nada.
—Es más, deberías darme las gracias Parkinson, te traje hasta aquí a cuestas para sacarte de la pelea, sino te podrían haber herido de gravedad mientras estabas inconsciente en el suelo. Así que ya puedes ir besando el suelo por donde piso y dejarte de acusaciones falsas.
—Antes le beso el culo a Slughorn que deberte nada Weasley. Yo no te pedí que me trajeras aquí, donde sea que estemos. —Fijándose bien a su alrededor, la casa donde estaban se caía a pedazos, debía estar sostenida por magia porque si no se habría derrumbado ya hace tiempo. Por lo demás era una autentica pocilga, telarañas y suciedad por todos lados, moho en las paredes y los techos, y por no decir nada de la cama en donde había estado tumbada hasta hace unos momentos. Tendría que quemar toda la ropa que llevaba puesta y ducharse cinco veces después de haber dormido en eso.
El pelirrojo visiblemente enfadado, acorto los pocos metros que les separaban acercándose a la Slytherin a un palmo de su cara, a esa distancia podía ver bien sus perfectos ojos algo asustados en ese momento. —¡Me debes bastante por si no lo recuerdas! Aún tengo bastante presente el rodillazo a traición que me diste. A mi parecer no tenía por qué hacer nada por ti, y si llego a saber que ibas a ser tan desagradecida te hubiera dejado allí con Burke y sus amigos. A saber que te hubieran hecho esos malnacidos.
—Vale Weasley, ¿Qué quieres? ¿Qué te lo agradezca? ¿Qué ayude a tu ego a crecer aún más? Bien, pues GRACIAS, me alegra que me trajeras hasta aquí mientras estaba desmayada. ¿Algo más que necesites? ¿O ya he satisfecho tus peticiones?
—Eres una… —A Ron no le salían las palabras, no podía creer lo fastidiosa que podía llegar a ser esa mujer, le volvía malditamente loco. Se alejó de ella volviéndole la espalda y pasándose la mano por el pelo con desesperación. Lo único que le pedía era un gracias, un simple y maldito gracias, y ella se lo había dado, pero no era real, esa forma de agradecer no era de verdad.
—¿Qué? ¿Acaso no te vale? —preguntó la morena aun sabiendo la respuesta.
—¡Pues claro que no me vale! —devolvió el pelirrojo encarándola de nuevo —¡Eres orgullosa, engreída y arrogante…! ¿Acaso no puedes ser agradecida de corazón por una maldita vez en tu vida? ¿O es que no tienes ese órgano funcionando?, pienso que solo hay un maldito hueco frio y oscuro en tu pecho.
Pansy tembló asustada unos segundos por el arrebato del chico. Lo cierto es que la había dolido el comentario, pero alguien como Weasley no comprendería nunca lo que a ella le costaba expresar sus emociones, ya no digamos admitir que necesitaba ayuda. Eso no era algo habitual entre los Slytherin. La morena le devolvió la mirada a los ojos y sin apartarse del chico se armó de valor para responderle.
—¿Y tú me hablas de orgullo? ¿De no tener corazón? ¿El perfecto Gryffindor? ¡La casa de Hogwarts que desde que acabó la guerra os pensáis los dueños del mundo, miráis a todos los demás hacia abajo como insectos inferiores porque en vuestra arrogancia creéis haber vencido solos contra Voldemort!
—¿De qué coño hablas? ¡Nunca nos hemos comportado así!
—¿De veras? Atrévete a decirme que cuando ves a Draco no ves a un mortifago, o a mi si nos ponemos acusadores.
—¡Pues claro que veo a Malfoy por lo que es! ¿Acaso no tiene la marca tenebrosa en el brazo? Puede que al final se librara por tecnicismos pero todos sabemos en qué bando estaba desde el principio.
—¿Y yo?... No tengo la marca tenebrosa… ¿Porque todos me rehúyen entonces como si fuera mortifaga? Yo te lo diré Weasley, ¡Porque soy de Slytherin! —Ron caminó unos pasos hacia atrás intimidado por el grito de la morena intentando entender el punto de lo que acababa de escuchar. —Somos lo que nuestros padres eran, es lo único que ven todos sobre los Slytherin, sobre todo vosotros los leones de Gryffindor, sobre todo tu, el héroe de guerra y amigo de Potter.
—¿En serio esperas que veamos otra cosa después de años de insultos contra los nacidos de Muggle y los supuestos traidores a la sangre? No lo ponéis fácil para confiar en vosotros, sobre todo con actos como el tuyo de ahora, que no eres capaz si quiera de agradecer algo sinceramente.
—¡Mira, lo siento vale! —gritó la morena sentándose en la cama y comenzando a llorar abrumada. —No me es fácil todo esto… no es que no te lo agradezca, lo hago, y mucho… solo que no estoy acostumbrada a decirlo en voz alta. A los sangre pura nos enseñan desde niños a guardar las emociones, a nunca parecer débiles, mucho menos a llorar delante de otros…
Ron, que hasta ahora se había mantenido estoico contra la Slytherin, se derrumbó como un castillo de naipes cuando la vio sentada indefensa limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano. Si había que algo en el mundo que odiaba él pelirrojo era ver llorar a una chica, no le importaba quien fuera, siempre se le hacía un nudo en la garganta y no sabía que hacer o decir ante tal escena.
—Yo… lo siento Parkinson, no quería… —intento disculparse con la morena sin saber muy bien de qué.
—No es tu culpa Weasley —musito Pansy entre hipidos intentando limpiarse las lágrimas de sus mejillas. —Yo… gracias, de verdad, gracias por sacarme de la pelea y cuidar de mí mientras estaba inconsciente.
—De nada —la respuesta de Ron fue simple pero concisa, una sonrisa sincera se formó en sus labios sin darse cuenta mientras estudiaba con la mirada a la morena acercándose a ella.
Para Ron, Parkinson siempre había sido una chica preciosa, pero ser bella no lo es todo. El genio de Pansy y el hecho de ser de Slytherin siempre le habían hecho verla como una Gorgona de la que debía alejarse. Ese concepto de la chica había cambiado un poco al verla ahora allí indefensa y llorando, más humana de lo que nunca hubiera concebido en la serpiente que conocía de años atrás.
Su pelo era negro y liso llegándole sobre los hombros. Sus curvas a pesar de la ropa de frio se podían apreciar perfectamente, además de que ya las había sentido antes en sus otros encuentros y las recordaba perfectamente. Su rostro era diferente del de las otras chicas con las que había estado, las cuales últimamente habían sido bastantes. Tenía una nariz afilada y unos pómulos altos y bien marcados, sus ojos tenían forma de almendra, perfectamente alineados con las finas cejas que los coronaban, las pupilas en su interior eran tan oscuras como la noche y en las cuales sería fácil perderse si olvidabas porque las observabas. Pero lo que más atraía a Ron de la chica eran sus labios, sus finos y sonrojados labios eran tan perfectos que el pelirrojo dudaba si alguien en su sano juicio podría cansarse de besarlos. Él sin duda no podría.
—Weasley deja de mirarme así, odio que me tengan lastima o algo parecido. —Pronunció pesadamente la morena limpiándose los restos de lágrimas en sus mejillas.
—No es lastima Parkinson, solo admiraba tu belleza. —Cuando estas palabras salieron de su boca sin querer, Ron se maldijo por su estupidez viendo el cambio en la expresión de la Slytherin. ¿Era sorpresa? ¿Asco quizá? no estaba seguro y eso le aterraba.
Cuando Pansy pensaba que nada más podía hacerla sentir peor ese día, va el maldito pelirrojo y le suelta eso. Ya bastante se odiaba a si misma por haberse mostrado débil y llorando ante él como para que ahora le soltara un piropo mirándola con esos ojitos de cordero degollado, esos ojos de un azul eléctrico que relucían en ese rostro lleno de pecas que le hacían ver maduro e infantil a la vez.
—Gracias, supongo… —respondió la morena avergonzada. —Por cierto ¿dónde está mi varita? No la tenía cuando desperté —preguntó intentando cambiar de tema.
—Si lo siento, la tengo yo, sabía que cuando despertaras ibas a estar de mal humor, no tenía ganas de acabar con un Mocomurcielago en la cara o algo parecido. —Expuso Ron alejándose de ella para su propia seguridad sabiendo lo que se venía.
—Bien pues ya puedes dármela, no voy a hacerte nada Weasley. —le dijo Pansy con impaciencia, se sentiría más segura con su varita en la mano.
—Mejor cuando volvamos al colegio, conozco tu genio Parkinson, no quiero arriesgarme…
—Que me haya sincerado contigo y me hayas visto llorar no quiere decir que sea estúpida comadreja, dame mi maldita varita ahora mismo. —Pansy se acercó al pelirrojo con la mano extendida y cara de pocos amigos.
—Y aquí volvió la arpía, ya tardaba… —Ron escondió la varita de la chica en el bolsillo trasero de su pantalón alejándola de ella todo lo posible.
—Mira Weasley no ando para juegos, dame mi jodida varita para que pueda volver al castillo cuanto antes —la morena se acercó aún más al pelirrojo parándose a solo un palmo de su pecho.
—Ya te he dicho que te la daré en el castillo, puedes confiar en mí.
—Pero tú no puedes confiar en mi ¿verdad? ¡Que me des mi maldita varita! —Pansy se tiró contra el chico intentando agarrar su propiedad sin éxito pues Ron la cogió de su bolsillo y usando su altura alzó el brazo hasta donde la Slytherin no pudiera llegar.
—No te esfuerces, no voy a dártela hasta que no lleguemos al cast… —las palabras del Gryffindor se cortaron cuando al bajar la vista se encontró con Pansy mirándole fijamente furiosa pero con ojos llorosos, una ternura inexplicable le vino de nuevo al pecho bajando su brazo pero no para devolverle la varita a la chica, sino para guardarla en su pantalón de nuevo y posar su mano en la mejilla de la morena mientras la otra la rodeaba su espalda en un abrazo.
Pansy sin saber cómo se olvidó de su varita y simplemente se perdió en los ojos azules del pelirrojo dejándose hacer mientras observaba su rostro lleno de pecas sintiendo como este acercaba sus labios a los suyos rozándolos en una caricia.
—Parkinson… tus labios… —musitó Ron entremezclando su cálido aliento con el de ella que mantenía los labios entreabiertos.
La morena sin poder aguantar más el impulso que sentía crecer en su interior se puso de puntillas atrapando en un beso la boca del chico que respondió con pasión usando su lengua para entrelazarse con la suya.
—¿Por qué? —preguntó el pelirrojo entrecortadamente.
—No lo sé… ¿y tú? —respondió Pansy entre besos.
—Tampoco lo sé, pero lo quiero. —Sin más preguntas estúpidas, volvieron de nuevo a la placentera tarea de saciar sus instintos juntando sus bocas con un hambre totalmente inesperado para los dos que no conseguían saciar.
Sus labios se esforzaban por aprenderse la forma de los del otro mientras sus lenguas exploraban el interior de sus bocas buscando nuevas formas de complacerse.
Ron no tardo en notar que la chica lo abrazaba también por la cintura asegurándose de que no escapara de su lado, más eso cambió rápidamente cuando las manos de la Slytherin bajaron hasta su trasero apretándolo con fuerza como intentando recordar su forma y tacto.
—¿Parkinson? —la sonrisa que se formó en la boca de Ron se vio paliada por los labios de la Slytherin que no pensaban dejarle ir tan fácilmente.
—Tenía ganas de tocar este trasero desde hace semanas…
Ron al escuchar eso se encendió aún más y no dudo ni un momento en bajar sus manos de igual forma para coger los glúteos de la chica entre sus manos subiéndola en volantas hasta obligarla a rodear con las piernas su cintura para aguantarse mejor en el aire.
—Vamos a la cama Weasley…
La voz de la Slytherin era entrecortada pero segura en medio de los besos, el Gryffindor no lo pensó dos veces y camino con ella en el aire mientras seguían explorándose mutuamente. Al dar sus piernas contra el colchón raído de la destartalada cama se puso de rodillas posando a la joven suavemente y alejándose un segundo de sus labios para quitarse la camiseta marrón que traía puesta dejando su trabajado pecho al descubierto.
Pansy aprovecho también el receso de sus bocas para desabotonarse la chaqueta de frio que traía puesta y dejar que el pelirrojo le ayudara a quitársela volviendo inmediatamente al que podría ser su nuevo pasatiempo favorito, besarle.
—Quiero comerme esas pecas Weasley —musitó sensualmente dejando la boca del chico para lamer y besar cada uno de los lunares de su cara tomándose su tiempo. Oportunidad que el chico aprovechó para meter las manos bajo la camisa de la morena abordando el cierre del sostén de encaje que usaba abriéndolo con gran habilidad y retirándolo a un lado.
—Eres bueno en esto, me gusta…—comentó Pansy con una sonrisa aludiendo a lo fácil que había sido para el chico quitarle la prenda íntima sin mirar. De nuevo ayudada por Ron, la morena se quitó su camisa blanca por encima de la cabeza sin abrir los botones tirándola a un lado de la habitación.
Con sus dos montículos al descubierto el pelirrojo se lanzó como un rayo a por ellos lamiendo y succionando sus pezones mientras masajeaba sus senos proporcionando todo el placer que podía a la morena. Pansy por su lado estaba en el paraíso, agarraba el pelo del chico tirando de él cada vez que sentía una punzada de deleite en sus pechos.
—Mas, necesito más… por favor Ron… —por primera vez la Slytherin pronunció el nombre de pila del chico haciendo que este se volviera más loco aun si cabe de deseo dejando sus pechos y subiendo de nuevo a su boca para besarla con aun más pasión que antes.
Pansy cortó el contacto con sus labios incorporándose y cambiando con Ron haciendo que este cayera en la cama quedando ella encima. Este intentó subir hacia ella para volver a atrapar su boca con la de él, pero la chica se lo impidió empujándole y bajando hacia sus pantalones con una sonrisa comenzando a desabrochar su cinturón y cremallera.
Ron al notar esto, sonrió de igual modo y levanto el cuerpo ayudando a la morena a quitarle el pantalón y los bóxer de un tirón quedándose completamente desnudo ante ella.
—Te toca… —musitó el pelirrojo algo avergonzado sintiendo que ella debía desnudarse también para estar en igualdad de condiciones.
La respuesta de la chica fue simplemente posar un dedo en los labios del chico callándole. Con otra sensual sonrisa comenzó a besar cada parte del pecho de este mientras agarraba con una mano su miembro y comenzaba a acariciarlo lentamente haciéndolo palpitar.
—Pansy… —Ron no aguantó más y con una mano cogió el mentón de la morena subiendo su rostro hasta el suyo aprisionando sus labios de nuevo. Mientras, su otra mano seguía masajeando uno de los senos de la chica que se pegaban ahora con su propio pecho.
Cuando la Slytherin pensó que ya era suficiente, paró de acariciar el sexo de Ron y sentándose con una pierna a cada lado del joven se subió la falda que aun llevaba puesta, apartó un poco sus braguitas negras de encaje a juego y dejo entrar el miembro erecto del chico en su propio sexo ya bastante húmedo por las caricias.
—Morgana, esto es increíble… —escuchó el pelirrojo pronunciar a su compañera antes de comenzar muy despacio a moverse arriba y abajo mientras con sus manos recorría su pecho lleno de pecas estudiándolo.
Ron intentaba estar a la altura moviendo su pelvis lo que podía y acariciando a la morena en cualquier sitio sensible que encontrara. Hastiado y viendo que la chica hacia todo el trabajo, el pelirrojo se inclinó buscando con sus besos el cuello de Pansy haciéndola estremecerse de placer en todos los lugares de su cuerpo.
Solo pasaron unos cuantos minutos antes de que el chico avisara de que no podía aguantar más esperando que la Slytherin se moviera de encima, pero al ver ella no hacia tentativas de querer parar, simplemente la beso con fuerza mientras se descargaba en su interior sintiendo como Pansy convulsionaba y apretaba su sexo contra el suyo dejándose caer sobre el pecho del joven exhausta.
Recuperando la movilidad un par de minutos después, Pansy se movió un poco estirándose para coger su varita del pantalón del chico en el suelo. Con un pequeño encantamiento atrajo los abrigos de los dos y los coloco por encima de ellos a modo de mantas tapando sus cuerpos desnudos y sudados para luego abrazar al pelirrojo con afán posesivo. Este a su vez entendió lo que quería la morena y subiendo su mano hundió sus dedos en el pelo de la chica acariciándolo con suavidad y cerrando los ojos.
—Por cierto… yo no ronco como un trol… —Ron no pudo más que sonreír ante el comentario de la morena asintiendo. Este trató de acomodarse lo mejor que pudo en la cama evitando los muelles que sobresalían clavándose en su espalda, y con la cabeza de la chica que minutos atrás le había terminado dejando embelesado descansando encima de su pecho, se durmió plácidamente en la casa más embrujada de Gran Bretaña.
