!Holaaaaa! Este capítulo es un poco más largo que los que suelo subir, pero sinceramente no sabía dónde cortar así que preferí seguir escribiendo. Espero que os guste y me dejéis un comentario, me alimento de ellos para poder vivir, sino queréis que muera darme de comer.

Sé que en algunos review habéis llegado a la conclusión de que algunas parejas, como Pansy y Ron, están yendo demasiado rápido en comparación con otras, vengo a explicaros el porqué.

A mi parecer las parejas deben avanzar según su forma de ser en la historia. Para mi Ron y Pansy siempre han sido más lanzados en el tema físico que por ejemplo Hermione, o al menos es como yo quiero hacerlos ver. Sin embargo parejas como Luna y Theo, son más calmadas y prefieren los momentos románticos al plano sexual. Con Draco y Hermione pasa algo parecido, intento darle una velocidad a su relación que concuerde con la forma de ser que les estoy dando.

Espero haber aclarado dudas y solo deciros que el fanfic va para largo, así que no tengáis prisa en ver parejas casadas y con hijos jeje.

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Besos de un Malfoy


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La mesa de Gryffindor siempre solía ser muy ruidosa en todas las comidas, y hoy no era diferente, pero este día en la cena, un simple comentario de una chica castaña hizo que un silencio sepulcral se instaurase de golpe entre todos los leones que pudieron escucharla.

—Ven aquí bonito… llevo todo el día esperándote… tengo ganas de meterte en mi boca para ver a que sabes… ¡Merlín estas delicioso! —musitó la Premio Anual con voz casi erótica, mientras con satisfacción introducía un pedazo de su placer secreto en la boca.

La impresión que causaron esas palabras dichas por Hermione fueron diferentes para según quien y de que género. Las chicas simplemente se quedaron mudas, algunas sonreían por la ocurrencia y la falta de timidez de la castaña, otras solo la miraban con odio por la reacción de sus contrapartes masculinas. Los chicos, casi en su totalidad tenían la boca desencajada y un rubor que subía por sus mejillas, muchos empezaron a ver a la amiga de Potter que siempre había sido la comelibros del lugar, con otros ojos mucho más lujuriosos.

—Hermione cariño, es un trozo de tarta de chocolate, ¿lo sabes no? —le preguntó Ginny sin poder creer que esa chica sentada a su lado fuera su amiga. —Menos mal que Harry ya se fue a la Sala Común y Ron no está…

—¿Y qué pasa? Está buenísimo ¿acaso no puedo deleitarme con mi postre favorito?

—Sí, pero es que parece que te lo quieres tirar en vez de comértelo.

—No seas exagerada Ginny. Ya sabes que tengo un problema con el chocolate, no puedo evitarlo, me encanta. —respondió la castaña encogiéndose de hombros.

Hermione relamió lentamente la cuchara llena de chocolate con una sonrisa cómplice para después pasarse la lengua por los labios limpiándose los restos de tarta en ellos.

—Dean, ¿soy yo o Hermione está demasiado provocativa hoy? —la pregunta de un pasmado Seasmus fue aceptada por la mayoría, pues era lo que todos pensaban en su cabeza en estos momentos.

—No sabría decirte la verdad, podría ser alguien con poción multijugos—respondió su amigo intentando tapar el bulto que había aparecido en sus pantalones y en los de varios otros chicos sin quererlo. —El ingeniero que creó a Hermione en algún lugar Muggle secreto del gobierno Británico no la diseñó para ser… sensual, o eso creía antes.

Porque todos pensaban eso de la castaña. Hermione Granger debía ser un robot, un robot con magia creado por los Muggle. Sino nadie comprendía como era capaz de aprenderse de memoria cada libro que caía en sus manos y extraer cada frase necesaria de ellos para responder a todas las preguntas perfectamente en clase.

—Esta nueva forma de ser de Granger me pone mucho más que en sexto curso —dijo sin pudor Cormac McLaggen que también se había excitado por ver a la castaña saboreando el chocolate. —Tendré que volver a intentar unos acercamientos con ella, no sé si me entendéis.

Ginny que había estado atenta a la reacción de sus compañeros solo podía mirar incrédula a su amiga castaña, que sin enterarse de nada seguía disfrutando de su tarta como si no fuera con ella la cosa.

—Mione, cuando te comenté camino al castillo que deberías ser más desinhibida no me refería a parecer un zorrón degustando un trozo de tarta.

—No se dé que me estás hablando, estoy comiendo tan normal como siempre… ¡Qué culpa tengo yo si esta tarta de chocolate esta tan buena!

Justo cuando iba a responder a su amiga, la pelirroja vio a cierta rubia entrando al comedor con aire soñador.

—¡Luna! ¡Ven a cenar hoy con nosotras! —le avisó alzando la mano para que supiera donde estaban.

La Ravenclaw se acercó dando pequeños saltos sentándose delante de las chicas y sirviéndose el último trozo de tarta a pesar del mohín por parte de la castaña. —Hola chicas, ¿cómo estuvo su día en Hogsmeade?

—Genial, incluso fuimos a ver a George y Angelina a la tienda de bromas. —La voz de Ginny se quebró un poco mientras hablaba de la tienda. —Mi hermano aun lleva bastante mal lo de Fred, pero Ange lo está ayudando mucho a superarlo.

—Si no hubiera sido por la pelea de varitas con Burke y sus amigos idiotas, habría sido el día perfecto. —dijo la castaña recordando a esos malnacidos.

—¿Habéis tenido una pelea? vaya, si lo llegamos a saber Theodore y yo hubiéramos ido a ayudaros. —La respuesta de Luna confundió un segundo a las chicas por la alusión del Slytherin.

—¿Theodore? —Murmuró la castaña pensando —¿Theo Nott, el Slytherin?

—Sí, ese mismo. Me invito a ir con el hoy a Hogsmeade, bueno en realidad me quería regalar este colgante, pero acabé pasando el día entero con él. —dijo la chica enseñándoles la figurita de un ángel blanco que colgaba de su cuello con una gran sonrisa en su rostro.

—Espera, espera, Luna, cielo… ¿Theo Nott? ¿El amigo de Malfoy? ¿El hijo de uno de los mortifagos más crueles de Voldemort? ¿Ese mismo Theo Nott te invito a salir hoy para comprarte un colgante de oro blanco?

—Eso acabo de decir, no entiendo porque lo repites tanto Ginny…

Las dos Gryffindor no sabían cómo sentirse al respecto con esta nueva información. Luna era su mejor amiga, una chica realmente especial, pero también podía demasiado crédula y confiada con cualquiera, incluso con desconocidos, no querían que nadie la hiciera ningún daño, mucho menos un Slytherin.

—Lunita no sé si es buena idea que te juntes demasiado con Nott, no es que su familia sea exactamente el símbolo del bien y la justicia, su padre era un mortifago reconocido. —expresó Hermione transmitiendo la preocupación de las dos.

—Draco Malfoy también era mortifago y según me contasteis le besaste en el bosque, varias veces de hecho. —respondió con un tono neutro la Ravenclaw.

Hermione se quedó en blanco, sabía que Luna no había dicho eso con malicia, solo le respondía a su comentario sobre Nott con coherencia, y tenía razón en realidad, no podía rebatirlo.

—Tienes razón Luna, solo que no queremos que te pase nada malo, no es normal que un Slytherin te compre un colgante así de caro sin ninguna maquinación por detrás.

—Podéis estar tranquilas chicas, llevo varias semanas hablando con Theodore, es un buen amigo y me cae muy bien. Me compro esto porque siempre dice que le recuerdo a un ángel, no me ha pedido nada a cambio.

—Espero que tengas razón Lunita, solo… si pasa algo, lo que sea, dínoslo por favor. —Le pidió la pelirroja saltando sobre la mesa y dándole un abrazo de oso a su amiga.

Hermione en ese momento pensó que en ocasiones Ginny le recordaba demasiado a la señora Weasley, siempre compresiva y amorosa con todo el mundo.

—Por cierto el colgante es precioso, debe valer una fortuna.

—No tengo idea, Theo no me dejó escuchar cuanto costaba, me dijo que mi regalo no tenía precio, que si quería ponerle un valor yo misma lo tasara en afecto que él siente por mí. —explicó la rubia con ojos soñadores mientras sus amigas se derretían por dentro.

—Vale voy a dejar a Harry, necesito un Nott en mi vida, ¿no tiene hermanos verdad?

—Yo también quiero, dejarme algún hermano, aunque sea un primo lejano, si son todos igual de tiernos quiero al menos tres para mi sola…

—¿Porque mi novio no puede ser así de romántico? ¿Y ti Hermione desde cuando te gusta el sexo en grupo?

Las tres chicas continuaron conversando durante bastante tiempo, el tema Nott y sus hermanos perfectos e imaginarios se prolongó hasta bien entrada la noche, tanto que Hermione decidió ya estando bastante cansada, que se iría a dormir algo más pronto que sus amigas, las cuales aún estaban demasiado despiertas para su gusto.

Despidiéndose de sus amigas, salió del comedor y puso rumbo a la torre de Gryffindor, lugar donde aún se quedaba a dormir a pesar de tener ya su propia habitación en otra torre. Casi estaba llegando al retrato de la Dama Gorda cuando escuchó la voz de alguien muy conocido para ella llamándola desde el fondo del pasillo.

—¡Granger, vuelve aquí! — Draco Malfoy se acercaba rápidamente con cara de pocos amigos. Hermione no tenía exactamente ganas de aguantar una rabieta en ese momento, pero tampoco pensaba huir por muy enfadado que se encontrar el rubio.

—¿Qué quieres Malfoy? Me iba a dormir ya. —dijo la castaña con pesadez.

—¡Donde está la asquerosa comadreja que tienes por amigo, voy a partirle la cara a ese pobretón de mierda!

Al principio Hermione no comprendió bien las palabras del rubio por el sueño, pero luego su cabeza comenzó a funcionar hasta surgir de su interior una rabia enorme por lo que acababa de decir el estúpido intento de ser humano que tenía delante.

—¡No te atrevas a meterte con Ron maldito Huron votador! —Le dijo con furia acercándose a él para enfrentarlo. —¿Y se puede saber porque quieres pegarle ahora cuando esta misma tarde os ha defendido a ti y a tus amigos?

—¿!Dónde está Pansy!? Llevamos Blaise y yo buscándola horas por todo el castillo y no aparece por ningún lado. ¡Tú jodido amigo debía traerla a salvo!

Así que era eso, Parkinson no estaba, y Ron se la había llevado para protegerla. Malfoy y Zabini habían confiado en ellos cuando les dijeron en Hogsmeade que su amigo la cuidaría, que seguramente ya estarían en el castillo. Ahora entendía un poco su enfado.

—No sé nada sobre Parkinson, pero tampoco he visto a Ron desde esta tarde, no deben estar en el castillo ninguno de los dos, puede que hayan tenido algún problema a la vuelta. —explicó algo más calmada la castaña.

—Me importa una mierda donde esté la comadreja, por mi puede caerse de un maldito acantilado. ¡Pero si a Pansy le ocurre algo por su culpa le tirare yo mismo en un nido de Acromántulas! —el rubio estaba fuera de sí, no atendía a razones y Hermione empezaba a impacientarse.

—Mira Malfoy, o te calmas o te calmo, no puedes venir amenazando a mis amigos sin saber que pasa en realidad. Quizá Pansy aún no ha recuperado la consciencia y están en Hogsmeade descansando, si ese es el caso seguramente volverán pronto. Ron la cuidara, estoy completamente segura de ello, confía en él.

—¿Sinceramente crees que me fio si quiera un poco de la comadreja? ¿Con sus 3 neuronas en constante guerra interna? ¡Una en el cerebro, otra en el estómago y otra en las pelotas! ¡NI DE BROMA!, o parece pronto Pansy o te juro que…

—¡Qué Malfoy! ¡Qué vas a hacer! Ron no está, igual que Pansy, así que confía un poco en lo que te digo. No es la primera vez que nos quedamos hasta tarde en Hogsmeade, tenemos formas de volver al castillo sin que nos descubran.

Draco respiró hondo e intento calmar su furia observando a la castaña. Con la discusión se habían acercado demasiado para su gusto, y podía percibir el aliento de la chica desde donde estaba, olía a chocolate, como la tarde que se besaron en el bosque. Unas imágenes de aquel día vinieron repentinamente como un flashback a su cabeza aturdiéndole por un instante.

El rubio decidió contemplar un poco mejor a la chica que tenía delante, la cual al parecer se había serenado al verle algo más relajado. Sus ojos color café seguían siendo simplemente preciosos, sus mejillas se teñían en un ligero rubor al sentirse observada por él, su nariz respingona pedía a gritos un cariñoso beso, y sus labios… nunca unos labios le habían parecido tan apetecibles al Slytherin como en ese momento los de la sabelotodo Granger.

Su cerebro se apagó unos segundos y cuando volvió a funcionar estaba acorralando a la castaña contra un muro del castillo y acercaba sus labios a los de ella con intención de apropiarse de ellos.

—¿Malfoy…? —Hermione no pudo decir más porque la boca del rubio había tapado sus labios en un beso tan salvaje que apenas podía seguirle el ritmo.

Para Draco las palabras ya no eran necesarias, su lengua solo tenía una misión y era encontrarse con la de Hermione. Necesitaba volver a sentir ese sabor que encontró en el Bosque Oscuro, ese sabor a chocolate que ni comiendo el mismo alimento directamente conseguía en su paladar. Solo en la boca de la Premio Anual podía sentir de nuevo ese dulce sensación.

Hermione al principio no entendía que estaba pasando, ya era la segunda vez que Malfoy se la tiraba encima para besarla hasta dejarla sin sentido. Intentó comprender que pasaba por la mente del rubio para olvidar años de rencores entre ellos y acabar así, pero en realidad le daba igual, en ese momento solo quería rodear con sus brazos el cuello del rubio y dejarse llevar por el placer que le producían las caricias del Slytherin.

Un ruido de pasos al fondo del pasillo les hizo separarse de golpe como si de imanes de atracción diferente se tratasen. Hermione sabía en qué estado se encontraba ahora mismo, despeinada con la camisa fuera y un rubor en sus mejillas, y el rubio estaba exactamente igual, si alguien les veían así empezaría a haber rumores por la escuela que ninguno de los dos deseaban.

Con decisión, Draco cogió a la castaña de la mano y entró con ella en un aula cercana que se usaba para dar clase a los niños de primero. Cerrando la puerta detrás justo a tiempo, escucharon a unas niñas corriendo y alejándose hacia su Sala Común. Siendo ya de noche, el aula estaba vacía, así que era perfecta para lo que el Slytherin pensaba hacer.

—Espera un momento, tenemos que hablar de esto un seg… —Hermione no pudo seguir hablando porque de nuevo el rubio la abrazo acercándola todo lo que pudo a su cuerpo e invadió su boca volviendo a retomar el contacto entre sus lenguas. Esta vez la castaña decidió que no sería tan pasiva y escapando un momento de sus besos comenzó a morder el labio inferior del rubio para después soltarlo y lamerlo con la punta de la lengua con una sonrisa traviesa. Esto a Draco solo hizo encenderle aún más cogiendo a Hermione del trasero en el aire y para sentarla en una mesa cercana.

El rubio decidió que la boca no era suficiente para el hambre que le poseía, así que como un vampiro sediento, se lanzó a besar el cuello y el nacimiento de los pechos de la castaña apartando a un lado la molesta camisa blanca que llevaba puesta la leona.

Con solo un sostén al descubierto tapando sus delicados pechos, Hermione se sentía más desnuda que nunca ante un chico, No le gustaba estar en desventaja frente a nadie, así que cogiendo la cara del rubio con sus manos le devolvió a sus labios mientras desabotonaba la camisa negra que traía puesta dejando su blanquecino pecho al descubierto que casi parecía haber sido cincelado en mármol como el David de Miguel Ángel.

Las inexpertas manos de la castaña recorrían los perfectos abdominales del joven palpándolos, caricias que al tener el rubio un cuerpo frio por naturaleza, provocaban un roce excelente con el tacto caliente de sus dedos, haciendo gemir al chico de vez en cuando.

El rubio por otro lado había vuelto al suave cuello de la castaña besando y mordiendo cada espacio de piel desde sus labios hasta la clavícula bajando con los dientes la tira del sostén hasta dejarla colgando. Sus manos ahora libres habían viajado hasta zonas más sensibles adentrándose en la falda de la chica que al sentir las caricias en el interior de sus muslos comenzó a tensarse por la cercanía a su intimidad.

El miembro de Draco palpitaba en sus pantalones queriendo ser liberado desde hacía rato, las caricias y los besos ya no llegaban para lo que necesitaba ser saciado. Cogiendo por la muñeca las manos de la castaña las cuales en ese momento se cernían a su espalda arañándola y dejándole marcas, las obligo a bajar lentamente hasta su miembro pasando por su cintura pidiéndole a la Gryffindor sin palabras que lo acariciara por encima de la ropa.

Aunque avergonzada por sus actos, Hermione sabía que lo inevitable llegaría al sentir la dureza del rubio entre sus dedos, la castaña separó aún más sus piernas permitiendo un mejor acceso a ella, acercando la pelvis del rubio a su propio cuerpo y sintiéndolo todo por primera vez desde que empezó esta locura.

—Draco… —gimió Hermione cuando noto como una mano del chico se abría paso entre sus piernas acariciando su intimidad.

El rubio no dudó un instante y apartando la prenda de algodón blanca que cubría el sexo de la castaña, introdujo en ella dos dedos moviéndolos lentamente adentro y afuera. El vaivén en su interior causó en Hermione un placer que nunca había sentido antes a solas, apenas podía respirar y sus jadeos eran incontenibles, Draco sabia exactamente donde tocarla para hacer que su cabeza volase.

Los ojos del rubio subieron hasta encontrarse con los de Hermione juntando sus frentes y sintiendo el cálido aliento entremezclado en sus rostros ruborizados. Se mantuvieron así por unos segundos interminables, simplemente mirándose a los ojos mientras se tocaban mutuamente arrancando gemidos de sus labios sin querer detenerse.

—Draco… Necesito saberlo… —musitó Hermione entre jadeos —¿Por qué ahora…?

La pregunta pegó duro en la cabeza del rubio. Sus pensamientos, antes enfocados solamente en dar placer a la castaña, se volvieron confusos, dejando incluso de disfrutar de las caricias que recibía. Sus preciosos ojos grises antes cálidos, se volvieron fríos como el hielo y su mente viajó hasta recuerdos que creía olvidados, recuerdos de su padre…

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¡Draco!, creí haberte dicho que no te acercaras a esa sangre sucia amiga de Potter de nuevo, cuantas veces tenemos que volver a hacer esto para que lo comprendas, ¡SON INFERIORES!, patéticas formas de vida que solo sirven como esclavos o como abono para los campos, están al nivel de un elfo doméstico como Dobby o cualquier otro.

Pero padre… yo... no lo entiendo, ella es inteligente, la niña más inteligente que he conocido —Draco intentaba calmar a su padre explicándole su razonamiento. —Es hija de muggles y aun así domina la magia mejor que muchos de los sangre pura más mayores estando solo en segundo. ¡No puede ser inferior si es capaz de hacer eso!

¡No te atrevas a decir eso de nuevo niño malcriado! ¡Crucio!

El cuerpo del chico de tan solo 12 años se retorcía lleno de dolor apretando los dientes para no gritar mientras intentaba con todas sus fuerzas parar las lágrimas que ya caían por sus mejillas. No debía gritar o llorar, si lo hacía seria mucho peor que un simple Crucio. Los Malfoy no podían mostrar debilidad alguna, eso era algo que había aprendido a base de castigos como este a lo largo de toda su infancia.

¡Lucius para! Es un crio, aun no entiende todo el contexto —intentaba sin éxito Narcisa detener a su marido viendo el dolor que causaba a su amado hijo.

¡Debe aprender Narcisa! En verano se lo advertí muy claramente, si volvía a perder con esa sangre sucia en cualquier cosa le castigaría, ¡Y no debía acercarse a ella de nuevo! Bastante vergüenza nos hizo pasar este verano cuando los Goyle vinieron diciendo que su hijo les había dicho que a Draco le gustaba esa asquerosidad. ¡Somos Malfoy, Draco! ¡Los sangre pura más antiguos de Gran Bretaña! ¡No nos juntamos con seres inferiores manchando nuestra sangre!

El dolor cada vez iba más en aumento, Draco ya no sabía cuántos Crucios le había lanzado su padre ese día, podían haber pasado horas o minutos de tortura continuada. Sin embargo cuando ya apenas podía moverse, dejo de sentir dolor, ya no sentía nada, ni si quiera su cuerpo, o su respiración, solo su mente funcionaba, y se dijo que no volvería a desobedecer a su padre nunca más. Odiaría a esa niña y a las de su sangre si debía hacerlo, pero se juró que no volvería a defraudar a su padre o a su apellido de nuevo, no si el castigo podía llegar a ser mucho peor que ese...

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Draco volvió a la realidad unos segundos después, el rostro tímido y ruborizado de Hermione le pareció en ese momento lo más bello que había contemplado en su vida. A pesar de ello las palabras de su padre resonaron en su cabeza de nuevo alejándose de la castaña súbitamente hasta quedarse de espaldas a ella mirando hacia la puerta del aula.

Hermione asustada por la reacción del chico se cubrió de nuevo con la camisa y bajo su falda acomodándose como pudo la ropa interior.

—¿Qué pasa Draco? —preguntó dubitativa acercándose al rubio con un brazo extendido hacia él posándolo en su hombro.

—¡No te me acerques Granger! —gritó el Slytherin apartando bruscamente la mano de la castaña al dar vuelta. La voz con la que lo dijo fue gélida y arrastrando las palabras, recordándole mucho a su antiguo ser que creía había desaparecido al acabar la guerra.

—¿Qué? Pero… Nosotros… Tú… —la castaña no entendía nada. Antes, por un momento, incluso ya en el bosque, pensó que podría llegar a gustarle el nuevo Draco, alguien reformado, divertido, inteligente, siempre algo orgulloso, pero capaz de amar, como mínimo a sus amigos, o al menos eso creía. Ahora solo podía ver en sus ojos al antiguo Malfoy, el cabrón que la llamaba sangre sucia, que la hechizaba siempre que podía, el ser que ella odiaba.

Draco cogió con prisa su camisa del suelo, donde había acabado mientras se besaban desesperadamente, y poniéndosela de nuevo se dirigió de nuevo a la puerta ante una castaña que le observaba con mirada pérdida sin entender lo que estaba pasando.

—Granger… Aléjate de mí, no vuelvas a hablarme, simplemente aléjate o te haré daño… —Las palabras del rubio calaron hondo en la Gryffindor, que sin decir nada, observó dolida como el hombre con el que había estado a punto de acostarse hacia unos minutos, se iba por la puerta sin mirar atrás dando un portazo.

Aunque había aguantado sin llorar hasta que el rubio se hubo marchado, ahora que se encontraba sola sus ojos se anegaron en lágrimas. Sin fuerzas se dejó caer hasta el suelo sentándose con las rodillas abrazadas. Un sentimiento de haberse sentido usada le llego al pecho odiándose a sí misma, solo agradecía no haberle concedido su virginidad a ese malnacido. No era algo que la importara en sobremanera, nunca había sido de las que mantienen su castidad hasta el matrimonio, pero en verdad sí le habría dolido que él hubiera sido el primero.

Asqueada y algo más calmada, decidió unos minutos después salir de allí sin titubear, ya había llorado demasiado y quería darse una larga ducha que le quitara del cuerpo cada caricia y cada beso que le había dado el animal que una vez fue y seguía siendo Malfoy.

—¿Qué me aleje de ti? Bien, pues no volveré a hablarte o a dejar que te me acerques de nuevo en toda mi vida Draco Malfoy, eso te lo prometo.


oOo

En las mazmorras del castillo de Hogwarts, cerca de la Sala Común de Slytherin, Pansy buscaba a su mejor amigo rubio al que tanto había hecho sufrir esta tarde con su ausencia.

Ya había encontrado a Blaise en el comedor hacia unos minutos. Le costó un poco tranquilizar al moreno, pero informándole que no debía preocuparse, que Weasley la había cuidado sorprendentemente bien, y que su desaparición se debía simplemente a que había tardado en despertar más de lo usual porque el hechizo le había dado en la cabeza, no vio problemas para.

Claro está la mitad de lo que le dijo eran puras mentiras, había esta despierta la mayor parte del tiempo, en realidad más despierta que nunca, aunque eso es algo que nunca admitiría ante la comadreja pelirroja.

—Solo fue un desliz, andaba necesitada de sexo y él estaba allí, no ha significado nada, solo diversión. —se decía la morena a sí misma para auto convencerse.

Al cruzar una de las galerías que daban a las mazmorras, Pansy giro la cabeza por simple curiosidad y por divina suerte encontró una cabellera rubia que conocía perfectamente al fondo de un corredor estrecho que siempre había estado allí, pero que no solía usarse para nada pues no daba más que a una habitación de escobas.

Allí sentado en el suelo y apoyado contra la pared estaba Draco, tenía una pierna flexionada en la que mantenía un brazo apoyado y otra completamente extendida llegando casi a tocar con su pie la pared de enfrente. Su mirada estaba fija en el suelo, como si hubiera algo increíblemente interesante en él, su otra mano jugueteaba con un anillo plateado que parecía ser el sello de la familia Malfoy, no era una joya cualquiera exactamente.

—¡Draco! Andaba buscándote, como ves ya he vuelto, no hace falta que vayas a matar a Weasley —dijo Pansy sonriente mientras caminaba hacia su amigo.

El aludido solo giro la cabeza y observo a la morena sin decir nada. Pansy vio entonces los ojos de Draco, estaban rojos, como si hubiera estado llorando bastante tiempo. Además se veían tristes, sin vida, fríos como el hielo, dudaba que apenas hubiera entendido nada de lo que le había dicho hace un segundo.

—Hola Pansy, me alegro de que estés bien… —musitó el rubio intentando hacer una mueca parecida a una sonrisa sin éxito.

—Draco, ¿qué ocurre?, has estado llorando, no me lo niegues —declaró la Slytherin arrodillándose a su lado y pasando una mano por su pelo platinado peinandolo.

—¿No recuerdas lo que decía siempre mi padre? Los Malfoy no lloran Pansy, no podemos permitirnos el lujo de mostrar sentimientos.

—¡Déjate de tonterías Draco! ¡Lucius está muerto! ahora puedes hacer lo que quieras, incluso llorar cuando lo necesites.

—Lucius está muerto, tienes razón… ¿Entonces porque aún sigo escuchando su voz en mi cabeza dándome órdenes? ¿Por qué me asaltan las dudas cada vez que intento hacer algo que viola sus enseñanzas? ¿Por qué tengo un miedo de muerte a no ser capaz de elevar de nuevo el apellido Malfoy…? No puedo Pansy, no quiero seguir así, odio la persona que era antes, no quiero volver a ser él… No quiero ser mi padre.

Lagrimas comenzaron a caer de las mejillas de Pansy por ver así a su mejor amigo. Lucius Malfoy nunca había sido un buen hombre, los había peores, pero no demasiados. Desde muy pequeño había doblegado a su hijo a su voluntad, inculcándole todo tipo de prejuicios y castigándole en consecuencia por cada fallo que cometía. La morena conocía a Draco desde muy jóvenes y lo sabía bien. el Draco que ahora conocían todos no se había creado con sus vivencias y amistades, como cualquier niño, sino que había sido moldeado, como un niño de barro engendrado para ser lo que debía, un verdadero Malfoy, lleno de odio y frio como la muerte.

Rodeando con sus brazos la cabeza del chico, Pansy abrazó al rubio llorando, apoyó su cabeza en su pecho para intentar que sintiera su corazón latiendo, intentar que sintiera algo, algo que le hiciera reaccionar. Pero el rubio solo se quedó quieto, sin moverse y mirando de nuevo a un punto fijo, simplemente pensando, cavilando cómo no ser un verdadero Malfoy.