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Una Segunda Oportunidad
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—Bien respondido señor Potter, veo que no tengo mucho que enseñarle en el campo de los hechizos de desarme, 10 puntos para Gryffindor.
—Gracias profesor, pero aún hay mucho que no sé y me gustaría aprender —respondió Harry henchido de orgullo. Este profesor le gustaba, incluso tanto como su difunto amigo el profesor Lupin.
—Es una pena que otros compañeros suyos no sean igual de capaces en esta materia, o al menos no lo demuestran. —La mirada del profesor a la última fila fue demasiado obvia para todos, hablaba de Malfoy.
—Señor Malfoy, dígame ¿Cómo se puede curar una maldición sangrante?
Hermione observaba al rubio cansado, todas las clases con el profesor Hitchens iban igual. El tutor búlgaro comenzaba preguntando a alguien al azar sobre algún hechizo inocuo, acto seguido se centraba en Malfoy con preguntas sobre magia oscura.
—No se la respuesta profesor, lo siento. —La contestación de Malfoy fue escueta y simple, estaba claro que no decía la verdad.
—Señor Malfoy, cada día le pregunto algo diferente sobre mi área de estudio, y cada día usted no sabe responderme, es cuanto menos extraño en alguien con sus aptitudes.
—¿Puedo saber de qué aptitudes habla profesor? Como comprenderá yo no puedo saber cosas que usted no ha explicado en su clase.
—Pero sí que puede señor Malfoy. Alguien como usted, viniendo de una familia de mortifagos reconocidos, ha debido tener entrenamiento desde joven en las artes oscuras, más aun habiendo sido miembro recientemente. ¿No lo cree así?
La castaña no despegaba la vista del rubio. Sus manos se apretaban bajo el pupitre contra el pantalón, era bastante claro que estaba enfadado, probablemente odiaba que le recordaran su pasado y el de su familia. Sin embargo su cara seguía inexpresiva, y aunque tenía una sonrisa en los labios cuando respondía a las preguntas del profesor, era solo una máscara que se había obligado a llevar puesta.
—Lo siento señor Hitchens. Pero sinceramente no sé de qué habla, mi entrenamiento y conocimientos se deben únicamente a esta escuela.
—Sin duda le creo señor Malfoy, pero yo seguiré peguntando igualmente, quizá algún día atine de casualidad. —La mirada que se echaron mutuamente el rubio y el profesor fue de lo más escalofriante, los dos se odiaban mutuamente, y aunque lo intentaran esconder entre dulces palabras, se notaba demasiado.
Después del enfrentamiento entre machitos que habían tenido el profesor Hitchens y el hurón albino, Hermione levanto la mano dispuesta a responder a la pregunta sobre como sanar maldiciones sangrantes. Siempre venía bien ganar unos puntos extras para Gryffindor, y era una respuesta que se sabía de memoria. Aun pensaba en ello cuando el sonido de una campana mágica le dio un ligero susto.
—La clase acabó alumnos, seguiremos el miércoles, espero que tengan el trabajo sobre las maldiciones venenosas que he mandado, no aprenderemos a invocarlas, pero si sus propiedades y posibles formas de defenderse contra ellas. Por cierto, la directora McGonagal me ha pedido que avise a los dos Premios Anuales que deben presentarse hoy en su despacho después de comer, usted también señor Malfoy. No falten.
Después de salir de clase, Hermione simplemente se dirigió con sus amigos al Gran Salón. Debía darse prisa en comer, no quería hacer esperar McGonagal, esa mujer podía llegar a ser muy impaciente, aunque la comprendía, a ella le pasaba lo mismo con la puntualidad.
Suponía que la directora los reclamaría a ella y a Burke para darles al fin sus habitaciones en la torre de los Premios, sin embargo no entendía que tenía que ver Malfoy en todo esto. Sinceramente esperaba que fuera por algún tipo de sanción disciplinaria, le alegraría mucho el día que castigaran a ese capullo malcriado. Aun se sentía sucia por haber permitido que ese bastardo tocara su cuerpo, besara sus labios, su cuello, la hiciera sentir como nunca nadie había podido hacerla sentir… ¡Morgana! ¡En que estaba pensando! ¡Odiaba a Malfoy!
Después de un mes entero de buena relación con él, con alguna que otra broma de por medio, si, lo admitía, pero después de ver cómo el rubio había cambiado a mejor, va el muy cerdo y cuando el mismo habia sido quien empezó con sus dos encuentros asaltando sus labios. ¿La dice que se aleje de él? ¿Qué no quiere hacerla daño? Lo mataba ahora mismo, le metía la varita tan adentro de su blanco y perfecto trasero que… ¡Merlin Hermione deja de pensar así!
—Hermione ¿estás bien?, parece que quieras apuñalar al pobre muslito de pollo… das miedo. —La castaña no se había dado cuenta hasta ahora, pero durante sus pensamientos había estado asesinando al pobre trozo de pollo que tenía en su plato.
—Si estoy bien, solo pensaba en algo —respondió Hermione apartando su plato casi entero, pensar en Malfoy le quitaba hasta el hambre. —Ahora tengo que ir a ver a McGonagal, cuando vuelva os ayudare con la tarea del profesor Hitchens.
—¿En serio iras a vivir con ese bastardo de Burke? —A Ron no le hacia ninguna gracia que su mejor amiga compartiera torre con ese patán.
—No me queda otra Ron, no puedo renunciar a mi título de Premio Anual, y es vivir en la torre es una de las normas que conlleva.
—Vale pero ten cuidado, y a cualquier cosa que te haga Burke por mínima que sea avísanos, le daremos su merecido a ese Slytherin rastrero.
—Se cuidarme solita Harry, ya lo sabes, pero os avisare si pasa algo tranquilo —respondió viendo que el moreno azabache iba a replicar.
Unos minutos después la castaña llegaba al despacho del que fuera el antiguo director Dumbledore. Aunque solo había entrado allí un par de veces en toda su vida, podía asegurar que nada había cambiado en la estancia, solo había dos cuadros más, uno del mismo Albus Dumbledore, que ahora mismo estaba dormido, y otro de Severus Snape, el cual simplemente miraba hacia el frente quieto como una estatua casi como en una foto muggle.
—Bienvenida señorita Granger, la estábamos esperando, ya solo falta el señor Burke. —La castaña había estado tan ensimismada con el mobiliario del despacho que no se había percatado de que en la habitación se hallaban ya la directora McGonagal, el profesor Slughorn, el hurón albino y un hombre con traje marrón que no había visto nunca pero que se le hacía muy conocido.
—Perdón a todos por llegar tarde. Directora McGonagal ¿Por qué quería verme?
—Señorita Granger, quiero presentarla al jefe del departamento de Aurores del Ministerio, Balthasar Scrimgeour, está aquí por un asunto concerniente a los Premios Anuales. —El hombre se acercó a Hermione extendiendo su mano con una sonrisa en los labios.
—¿Scrimgeour? ¿Es usted pariente del anterior Ministro Scrimgeour? —dijo la castaña aceptando el apretón de manos del Auror.
—Así es señorita, muy perspicaz, Rufus Scrimgeour era mi padre. Durante la guerra contra Voldemort yo estaba trabajando en EEUU como Auror. Al enterarme de que mi padre había muerto volví cuanto antes a Gran Bretaña, por desgracia llegue demasiado tarde, su amigo el señor Potter ya había derrotado a su asesino.
—Siento lo de su padre, le conocí en casa de los Weasley cuando vino a leernos el testamento del profesor Dumbledore. Era un buen hombre, inflexible en sus decisiones, pero siempre buscaba lo mejor para la comunidad mágica.
—Gracias señorita Granger, me alegra oír eso de la heroína del mundo mágico, incluso en EEUU conocen su nombre ahora. Será un honor tenerla en el Ministerio cuando acabe sus estudios, sin duda lo merece más que otros. —Esa última frase la dijo mirando de reojo a Draco, por lo que Hermione pudo discernir en ese gesto, a Scrimgeour no debían caerle demasiado bien los Malfoy. Aunque pensándolo bien, era el jefe del profesor Hitchens, el cual odiaba con fervor al rubio, todo tenía casi hasta sentido.
Justo cuando Hermione pensaba responder, la puerta del despacho se abrió dejando pasar a Burke con cara de satisfacción. Seguramente el Slytherin pensaba que le habían hecho venir para darle su habitación en la torre de Premios Anuales. Pero a estas alturas la castaña estaba casi segura de que no hacía falta el jefe de los Aurores para eso, esto iba de otra cosa.
—Ah señor Burke, al fin nos deleita con su presencia, llega tarde —expresó la directora con cierto tono de reprobación.
—Lo siento, me entretuve un poco en el comedor —respondió el Slytherin quitándole importancia a su impuntualidad. No había terminado de decir la frase cuando sus ojos se posaron en Malfoy. —¿Qué hace aquí el mortifago?
—¡Silencio señor Burke! Tenga un mínimo de respeto por sus compañeros, no quiero volver a escuchar que llama así a nadie en mi colegio ¿Entendido?
—Tranquilízate Minerva, lo cierto es que el señor Burke tiene un punto de razón. Por mucho que te pese, el señor Malfoy tiene la marca oscura, llamarle mortifago no debería ser un insulto para él. ¿O me equivoco señor Malfoy? —dijo el Auror observando las reacciones del rubio.
Un silencio sepulcral se adueñó de la habitación, todos esperaban a que Draco hablara, si bien es cierto que todos sabían cuál era su pasado, al rubio no le gustaba en absoluto que se lo recordasen a cada segundo.
—Sinceramente señor Scrimgeour, se lo que fui durante la guerra contra el Señor Oscuro, y me arrepiento de ello cada día. Así que sí, me molesta el sobrenombre de mortifago, aunque intento sobrellevarlo lo mejor posible sabiendo que no soy del agrado de muchos, para evitar problemas.
La respuesta de Draco fue simplemente magistral, admitiendo sus errores pasados, aceptaba que hubiera gente que le pudiera llamar mortifago, pero eso no quería decir que le gustase. Así conseguía dejar a Burke y Scrimgeour sin nada con lo que atacarle, pues ya les había dejado en claro que entendía que hubiera gente que le intentara insultar con eso, pero que lo aceptaba con ánimo de reconciliación.
—Puede que el señor Malfoy lo acepte, pero yo no, así que señor Burke cuídese de volver a decir semejante barbaridad en mi presencia.
—Como diga profesora McGonagal. —Aunque a regañadientes, Burke tuvo que aceptar la demanda de la anciana profesora.
—Bueno, creo que deberíamos empezar con lo que nos ha traído a todos aquí hoy, los Premios Anuales. —La voz risueña de Slughorn calmó un poco los ánimos en la habitación haciendo que todos se centraran de nuevo.
—El profesor Slughorn está en lo cierto, no tengo mucho tiempo Minerva, así que explícame porque me has hecho venir desde el ministerio.
—Primero tengo que probar algo Balthasar —anunció la animaga volviéndose hacia sus alumnos —Señores Malfoy y Burke, señorita Granger, les he llamado porque quiero hacer una última prueba delante de un enviado del Ministerio para cerciorarme de que son los mejores elegidos para ser Premio Anual de esta institución.
Los tres jóvenes tuvieron reacciones diferentes frente a las palabras de la directora. Draco y Hermione se miraron entre si confusos, la chica temía que le quitaran el titulo por algún ardid ministerial. El rubio no comprendía bien que hacia allí, el no ostentaba el puesto de Premio Anual, así que no pintaba nada en ese despacho. Por otro lado Burke sudaba frio, ¿Cómo que una prueba? ¡El ya había sido elegido, no podían hacerle esto!
—Profesora McGonagal, no lo entiendo, ¿acaso no hicimos ya las pruebas que atestiguan nuestros conocimientos? No creo que sea correcto volver a ser examinados.
—No estoy pidiendo su opinión señor Burke, lo harán o invalidare sus puestos en el colegio. Prefiero no tener a nadie como Premio Anual este año sino voy a estar segura al cien por ciento de que lo merecen.
—Ya veo Minerva, aunque no entiendo que hace aquí el señor Malfoy, hasta donde sé, él no es Premio Anual —mencionó el jefe de Aurores. Para Hermione cada vez se le hacía más claro que Scrimgeour no dejaría escapar ninguna oportunidad para atacar a Malfoy.
—El señor Malfoy y el señor Burke consiguieron la misma nota en las calificaciones. La titulación de Burke por encima de Malfoy solo fue posible debido a que desde el Ministerio presionasteis para que así fuera, cosa por cierto que no volveré a aceptar Balthasar. Hogwarts es independiente, no recibimos órdenes del Ministerio, no desde que Albus Dumbledore consiguiera ese tratado con Cornelius Fudge después de la en absoluto grata visita de la señora Dolores Umbridge, en la que por cierto casi destruye este colegio con sus estúpidas normas y despidos improcedentes del profesorado.
—Nadie quiere menospreciar tu autoridad aquí Minerva, tranquila, Hogwarts es independiente. Nosotros solo quisimos dejar claras nuestras… preferencias.
—Si eso quedó claro, procedo a explicaros lo que quiero que hagáis. —Después de la pequeña pelea por el poder entre McGonagal y Scrimgeour, la directora puso su atención en los alumnos que tenía delante. —Quiero que invoquéis un Patronus corpóreo aquí mismo, en mi despacho, delante de todos. No debería ser difícil dado que ya lo hicisteis en las pruebas.
—Sin problema profesora, iré primera si os parece bien —dijo Hermione confiada de sí misma preguntando a los dos chicos con la mirada.
—No tengo problema, después iré yo —Draco respondió haciéndose atrás para dejarla espacio, el Patronus era un conjuro que había aprendido recientemente, debía prepararse mentalmente para hacerlo bien, no tenía tanta practica como la castaña.
Hermione sacó la varita del bolsillo de atrás de su pantalón y haciendo una floritura en el aire, una luz blanca cegadora comenzó a tomar forma hasta convertirse en una nutria que correteaba contenta por la habitación.
—Increíble señorita Granger, no esperaba menos de usted, sin duda llegara lejos en el Ministerio. Sería un placer aceptarla en la división de Aurores, el examen de ingreso para usted sería un puro trámite.
—Lo siento señor Scrimgeour, pero tengo intención de estudiar leyes después de Hogwarts.
—Una verdadera pena, espero que al menos el señor Potter o el señor Weasley decidan unirse a nosotros, nos vendrían bien varitas con su maestría.
Entre tanto elogio barato y conversaciones sin sentido a su alrededor, Draco no prestaba atención más que a su próximo hechizo Patronus. Repasaba mentalmente cada paso para no fallar en absoluto, si lo que había dicho la vieja directora era cierto, esta podía ser una nueva oportunidad para él, no pensaba desperdiciarla. Estaba a punto de empezar con su conjuro cuando un cosquilleo en sus piernas le hizo bajar la mirada. La nutria de luz de Granger estaba a dos patas subidas a su pierna acariciándolo con su linda nariz y sus bigotes.
—Granger… tu Patronus intenta follarse mi pierna —recitó Draco divertido llamando la atención de la castaña y del resto de los presentes.
Hermione que hasta ahora mantenía un conversación muy interesante con el jefe de Aurores sobre leyes, volvió su vista hacia el rubio comprobando que su convocación trataba desesperadamente de subir por la pierna del rubio. La tez antes algo rosada de la castaña cambio volviéndose tan pálida como la de un fantasma. Con vergüenza y sabiendo lo que significaba ese movimiento involuntario de su Patronus, movió la varita de nuevo disipando el conjuro y retirándose a un segundo plano con los colores subiendo a sus mejillas, una cara con la que Draco no pudo evitar sonreír, el tomatito sabiondo había regresado.
—Profesora MgGonagal, parece que no soy el único al que le traiciona el subconsciente en las pruebas —dijo chistoso el rubio ganándose una mirada asesina de la Gryffindor.
Viendo que la vergüenza carcomía a su alumna predilecta, la directora intento que el rubio dejara la guasa hablándole con voz autoritaria para que comenzase. —Silencio señor Malfoy, vamos con su Patronus, no perdamos tiempo en tonterías.
El rubio cerró los ojos un momento y al abrirlos movió su varita extrayendo de la punta una luz blanca que poco a poco se fue transformando en un hurón luminoso. El pequeño animal se subió a su hombro y allí se quedó esperando el veredicto. Esta vez pensaba tener controlado al maldito Patronus, no quería que le pasase lo mismo que a la castaña, no de nuevo.
—Perfecto señor Malfoy, como siempre —elogió la directora al rubio orgullosa de su alumno. Puede que Draco Malfoy no hubiera sido siempre la luz de sus ojos por así decirlo, pero si algo debía admitir la animaga, es que el chico era inteligente y tenía talento para la magia.
Hermione pudo darse cuenta desde el lugar apartado al que se había retirado para pasar la vergüenza, como el halago de la directora hacia el Slytherin no le había hecho demasiada gracia a Scrimgeour, sin embargo prefirió no decir nada, no era asunto suyo lo que pasara con Malfoy.
—Señor Burke, es su turno, espero que nos deleite con un gran conjuro como la última vez. —avisó al Slytherin la profesora con cierto tono de burla que apenas pudieron notar.
Hermione se fijó entonces en Burke. El chico temblaba, tenía sudores cayéndole por la frente y no era capaz de sostener en firme la varita.
—Parece que no te encuentres bien Burke. No es tan difícil, Draco y yo lo hicimos, vamos, tu puedes —se jactó la castaña sonriendo.
Burke entonces observo un segundo a Hermione con cara de odio, entonces movió la varita invocando una luz cegadora que por mucho tiempo que pasaba no conseguía tomar forma.
—¿Qué pasa señor Burke? ¿No es capaz de hacer el hechizo correctamente? —Esta vez la voz vino del profesor Slughorn, tenía un vial en la mano que Hermione conocía muy bien.
—Si puedo profesor, es solo que estoy nervioso —respondió el Slytherin con voz temblorosa.
—¿No será que necesita una ayuda? ¿Le bastaría con este vial de suerte liquida como la última vez? —La acusación del profesor fue directa y concisa, acusaba a Burke de haber robado el filtro de suerte de su despacho.
—No sé de qué habla profesor, yo nunca he usado suerte liquida. —intentaba excusarse el chico nervioso.
—Entonces conjure un Patronus Corporeo señor Burke, sino tendré que pensar que usted me robó el vial que guardaba en mi despacho, y nadie quiere eso ¿no cree? —El profesor de pociones que siempre parecía tan bonachón y feliz, se encontraba tremendamente serio esta vez, la caja donde supuestamente guardo el Felix Felicis como premio se encontraba ahora abierta en su mano señalando al Slytherin.
Un nuevo intento de Burke, cada vez más nervioso, resulto de nuevo en fallo, conjurando solo un Patronus de luz, pero no corpóreo.
—Adelántese señor Burke, el profesor Slughorn comprobara ahora mediante un hechizo si tiene usted restos de toxinas en la sangre —informó muy seria la directora al chico que intentaba de nuevo conjurar el Patronus.
—¿Para que servirá eso si puede saberse? No entiendo porque debo someterme a este trato, yo soy Premio Anual legítimamente —balbuceaba el Slytherin intentando librarse.
—Señor Malfoy, ¿podría decirme porque busco toxinas en la sangre del señor Burke?
—El Felix Felicis, o suerte liquida, es una poción que pese a sus grandes efectos, tiene una alta concentración de toxicidad. Los grandes pocionistas son capaces de diluir las toxinas a un mínimo, pero aun así es imposible disolverlas en su totalidad. Es por ello que está prohibido el consumo en grandes cantidades de dicho elixir, pues a la larga puede ser mortal para la persona.
—Bien respondido señor Malfoy, 10 puntos para Slytherin. Quizá le faltó decir que la toxicidad es tan resistente que incluso después de un mes aún se puede encontrar en la sangre. Claro está el vial que me robaron era de gran calidad, y al ser tan poca cantidad y tan diluida, los efectos secundarios apenas son perceptibles. ¿Entonces procedo a hacer el hechizo? ¿O planea confesar ya señor Burke? —Slughorn se había tomado esto como algo personal, no permitiría que su reputación quedara empañada por un crio con ínfulas de rey que ni si quiera trabajaba por conseguir sus metas.
Todo el nerviosismo y los temblores que controlaban antes a Burke habían cambiado por una pose de superioridad y una sonrisa de suficiencia. Puede que le hubieran cogido, pero no pensaba admitir que había hecho nada malo.
—Lo admito, use el Felix Felicis en el examen, pero lo hice por una buena causa —dijo auténticamente convencido de sus palabras.
—¿Y se puede saber que causa tan noble le hace robar a un profesor y reírse de las normas de esta institución? —McGonagal no podía creer que incluso ahora el chico era capaz de deshacerse de las culpas así de fácil.
—El hecho de que no podía permitir que un mortifago llegara a un puesto de privilegio dentro del colegio, y más tarde al propio Ministerio de Magia de Gran Bretaña. Mi conciencia no descansaría si algo así llegara a pasar. —El Slytherin encaraba a los profesores presentes con gran descaro dirigiéndose en última instancia al Auror que estaba completamente seguro estaría de su parte.
—Estoy seguro de que el Jefe de Aurores Scrimgeour estará de acuerdo conmigo en que mis acciones, aunque deshonrosas para el colegio, son las de un ciudadano de esta comunidad mágica que solo busca ayudar a que los secuaces del Señor Oscuro que no han recibido su castigo como deberían, al menos no obtengan posiciones de poder con las que beneficiarse.
El discurso de Burke fue tan increíble que incluso Hermione se había quedado sin habla. No encontraba palabras para describir lo rastrero y vil que podía llegar a ser ese intento de ser humano que se hacía pasar por un ciudadano ejemplar. Estaba claro que en ningún momento lo había hecho por el cuento ficticio que había soltado allí delante, sino solo por obtener beneficios y joder a Malfoy en el proceso.
—Señor Burke, como un alumno más, no tiene ni el derecho ni la potestad para desobedecer las normas del colegio según le convengan a usted y a sus ideales. Ha hecho usted algo que nunca en la historia de Hogwarts había ocurrido antes, y por ello le revoco el título de Premio Anual y le expulso del coleg…
—Lo cierto es que estoy de acuerdo con el chico Minerva… No es bueno para la reputación del colegio y menos para la del Ministerio, que un exmortifago tenga tal distinción dentro de nuestra comunidad —expresó el Auror pausadamente cortando de raíz a McGonagal y mirando a Malfoy con desprecio. —No expulses al chico, lo hizo por una buena causa.
—Puede que ese discurso mal diseñado te haya llegado a ti Balthasar, pero esto es Hogwarts, y aquí tenemos unas normas, la primera es que todos los alumnos son iguales. Así que si el señor Malfoy consigue por méritos propios una distinción, entonces la tendrá, y me da igual si tú o el Ministerio os oponéis a ello. —La directora se plantó encarando al Auror que sabía sin duda, tendría prejuicios contra su decisión.
—No seas testaruda Minerva, podrías acabar quedándote sin trabajo en esta escuela, no subestimes al Ministerio —retó autoritariamente el Auror a la directora amenazándola.
—Pero tú no tienes el poder para decidir eso en nombre del Ministerio ¿Verdad Balthasar?
Una solemne y fuerte voz que Hermione creyó reconocer apareció en la sala sin un lugar definido de procedencia asustando un segundo al Auror, que miro hacia todos lados buscando al individuo que había hablado. Poco después una figura salió de las flamas de la chimenea en el despacho de McGonagal, saludando a todos los presentes con una sonrisa siempre típica en su persona.
—¡Ministro Shacklebolt! ¿Qué hace aquí?
—Hola Balthasar, creo que llego tarde, pero he escuchado lo que necesitaba para entender lo que está pasando —dijo el hombre dirigiendo su vista hacia la castaña en la habitación. —Hola Hermione, cuanto tiempo, espero que tus padres y tú sigáis bien.
—Hola Ministro, un placer verle de nuevo, mis padres están genial después de devolverles la memoria con su ayuda. Nunca le agradeceré lo suficiente por eso, gracias de nuevo —respondió la chica con una sonrisa, siempre le había caído muy bien Kingsley.
—Fue un placer, me alegro que estén bien.
—Ministro Shacklebolt, si ha escuchado la conversación, debería entender porque planeo expulsar a este chico de Hogwarts, su delito es demasiado grave para dejarlo pasar —dijo McGonagal ganando de nuevo la atención del Ministro que ahora se había puesto serio para tratar el tema en curso.
—Entiendo lo que dices Minerva, y estoy de acuerdo en que el Ministerio no debe decidir quien son Premios Anuales en Hogwarts, no tengo problema alguno en que al señor Malfoy se sea concedido mientras sus calificaciones sean las necesarias. Sin embargo me gustaría que no expulsases al señor Burke, te lo pido como un favor personal.
—¿Puedes darme una razón de peso por el cual no debería? Este chico se ha reído de toda la plana de profesores de Hogwarts.
—Castígalo entonces, algo duro de realizar, sin magia, pero las cosas están aún muy tensas hay afuera Minerva. Si expulsas a un sangre pura del colegio ahora cuando alguien está atacando a las familias ricas del país, en su mayoría formadas por los Sagrados Veintiocho, las protestas llegarían a la calle diciendo que se les discrimina y no se les protege. Por eso te pido que lo mantengas en el colegio hasta que se gradué.
La petición de Kingsley, aunque difícil de aceptar para McGonagal, tenía lógica, si las cosas no se calmaban rápido en la comunidad mágica acabando con el racismo y las venganzas entre sus ciudadanos, podría volver a haber disturbios y conflictos, e incluso más adelante un nuevo levantamiento de los sangre pura.
—Bien, le haré caso Ministro, Burke no será expulsado, pero le aseguro que deseara estarlo, desde hoy ayudara al señor Filch en sus tareas todas las tardes.
—¡Ni de coña! ¡Prefiero que me expulsen antes de ayudar a ese asqueroso Squib!
—¡Silencio señor Burke! Retírese ahora mismo a su sala común, más tarde le llamare de nuevo para hablar sobre su castigo. —Burke cogió lo poco que le quedaba de orgullo y refunfuñando salió del despacho dando un sonoro portazo.
—Ministro Shacklebolt, admito que el señor Burke no merece el título Premio Anual por lo que ha hecho. Pero no creo sinceramente que dárselo a un exmortifago sea lo más adecuado ahora mismo tal y como están las cosas, como usted bien dice.
—Balthasar como ya dije antes, no es potestad del Ministerio decidir eso, sino de Hogwarts. Aun así debo hablar contigo seriamente sobre algunos informes que me han llegado recientemente. En ellos se denuncia que el cuerpo de Aurores está inmiscuyéndose demasiado en las demás áreas del Ministerio obstruyendo el buen funcionamiento de estas buscando a supuestos mortifagos. Además claro de las numerosas quejas de abusos contra magos y brujas que habían sido liberados anteriormente de todos sus cargos por supuesta colaboración con el Señor Oscuro, y que ahora ven como los Aurores no les dejan vivir en paz.
—Kingsley, no podemos ser tan estúpidos de nuevo, el Wizengamot se equivoca, ¡esta corrupto!, los mortifagos no cambian nunca, todo el que lleva una marca o a colaborado con ellos, es culpable. —Intentaba explicarse el Auror ante su superior.
—No seas paranoico Balthasar, no todos lucharon por lealtad a Voldemort, la mayoría lo hicieron por miedo, el señor Malfoy aquí presente es uno de ellos, y su madre también. Si no han roto ninguna ley o matado a nadie, me da igual si llevan la marca tenebrosa, son inocentes. Respecto a la posible corrupción en el Wizengamot, lo estoy investigando, te diré en cuanto sepa algo. Ahora vete, tengo que hablar algo importante con la profesora McGonagal.
—Si Ministro… —El hombre, derrotado y enfadado, se metió en la chimenea obedeciendo las órdenes, y formulando unas palabras desapareció envuelto en llamas verdes, dejando solo un olor a humo que se esparcía por el despacho.
Después de que se fuera el Auror, la calma había vuelto al lugar, Kingsley se fue un lado para hablar con el profesor Slughorn mientras le pedía a McGonagal que se deshiciera de los chicos para poder hablar en privado.
—Señor Malfoy —La directora se acercó al rubio con una sonrisa en los labios, saco una insignia del bolsillo de su túnica, y colocándosela con presteza en la camisa al Slytherin dijo. —Como el señor Burke ya no ostenta el título de Premio Anual honorifico de este año, se lo concedo a usted por obtener los mejores resultados entre los miembros masculinos en las pasadas pruebas y por sus logros en todas las áreas de la magia en este colegio, felicidades Malfoy. Ahora si nos dejan, el Ministro y yo tenemos que hablar de algo importante, pueden retirarse, pronto iré a asignarles sus habitaciones en la nueva torre y mañana avisare en el desayuno el cambio de puesto.
Draco se encontraba pletórico, nunca pensó después de aquel día en el bosque desahogándose contra aquel árbol, que tendría otra oportunidad para volver a ser alguien. Este título, Premio Anual, podría no ser demasiado para mucha gente, pero para él en este momento era un rayo de esperanza que tomaría sin dudar, una verdadera oportunidad de volver a la comunidad mágica demostrando que no era más un mortifago, sino alguien que puede aportar mucho a la sociedad.
Unos momentos después Hermione y Draco salían del despacho de la directora camino a sus respectivas salas comunes. El pasillo a seguir hasta casi el comedor, donde se dividirían sus caminos, era el mismo para los dos.
Ambos caminaban en silencio sin mirarse el uno al otro y sin saber que decirse, no era fácil después de lo ocurrido el sábado, ya habían pasado dos días pero aun así el recuerdo era reciente en sus mentes.
—Así que viviremos en la misma torre, Granger… —dijo Draco intentando romper el hielo.
—Tranquilo intentare alejarme de ti todo lo posible —respondió fríamente Hermione, sin duda las palabras del rubio de aquel día las tenía escritas a fuego en su cabeza.
—No quería decir eso sabionda, simplemente que será raro, siempre nos hemos llevado mal.
Draco entendía que la castaña estuviera enfadada, le pasaba siempre con todas las chicas con las que había estado. Cuando cortaba con ellas, o simplemente les decía que no quería una relación seria, simplemente sexo, le detestaban durante un tiempo dejando de hablarle, pero después todas volvían, era lo natural.
Granger debía entender que para él esas dos veces simplemente fueron casualidades, ella estaba allí, y en los dos casos él estaba alterado. La ratona de biblioteca había sido, conveniente, solo eso.
—Deberíamos intentar llevarnos mejor si vamos a convivir.
—¿En serio?… Creo que alucinas Malfoy, no puedo llevarme bien con un capullo integral, así que olvídalo. Mejor busca formas de no coincidir conmigo y así estaremos bien.
Ya casi llegaban a donde se dividían sus caminos, sus miradas no se han encontrado en ningún momento, ninguno quería dar el brazo a torcer y ser el primero en ceder. Al llegar, cada uno tomo el corredor que se dirigía a su respectiva sala común y con una simple frase se perdieron en ellos.
—Hasta luego ratón de biblioteca.
—Adiós hurón albino.
El juego había comenzado…
