¡Hola a todos! ¿Cómo están? Bueno estoy impresionada de la respuesta a este fanfic. Para el primer capítulo honestamente no esperaba obtener comentarios! Un saludo y un abrazo a estos valientes que comentaron (¡Y le dieron follow y lo agregaron a favoritos! ¡Qué aventados!) en el primer capítulo.
Empezamos con lo divertido del fanfic, las interacciones entre Shaina y Seiya (suenan aplausos). Disfrútenlas porque de esto habrá mucho, muuucho más en los capítulos que siguen.
Creo conveniente especificar que el fanfic pasa en el Tokyo genérico del anime. No voy a abundar en detalles turísticos. Ya leyeron las advertencias, mucho ship, Saint Seiya no me pertenece... etc etc.
Un Viaje
Capitulo 2:
Confusión y Brochetas
El viaje resultó largo y bastante pesado. Sentía los músculos entumidos y los ojos somnolientos pese a haber dormido buena parte de las dieciséis horas de vuelo. Shaina recordaba la última vez que había emprendido este mismo viaje, ajena a los nervios de algunas personas a su lado, quienes aparentemente nunca habían viajado en avión.
Cruzada de brazos, observaba indiferente por la ventanilla junto a su asiento, pensando en las diferencias entre este viaje y el que había realizado años antes. Volvía a viajar por él, pero las circunstancias se habían invertido totalmente.
Recordaba haber viajado junto con otros caballeros de plata, todos disfrazados de personas comunes, y todos simplemente pensando en los asesinatos que eran enviados a cometer. Un viaje de negocios, podría decirse, meramente para eliminar a los caballeros de bronce. Esa era la idea.
Shaina recordaba haber viajado ansiosa, sintiéndose frustrada por no poder ella misma llegar hasta Japón sin necesidad de ese estúpido avión. Había viajado obsesionada por cómo lo mataría apenas llegaran, saboreando anticipadamente su venganza por que Seiya se hubiese atrevido a mirar su rostro. Casi contando los minutos y las horas que la separaban de su misión.
Ahora…
…Ahora todo había cambiado.
Ya no pensaba en su venganza. Ni en matar a nadie.
Sus pensamientos esta vez se confundían en su cabeza, yendo de las guardias que Marin prometió tomar en su lugar hasta la sonrisa de Seiya. Se reprimía mentalmente para no concentrarse demasiado en ello, pues igual lo vería llegando a destino.
Si el viaje le había parecido tan largo, era también porque había tardado mucho tiempo en decidirse a ir. Además, apenas subiendo al avión había vuelto a dudar, una y otra vez.
¿Qué estaba haciendo?
Shaina arrastró la pequeña maleta con sus cosas unos metros. Había disimulado su armadura en una enorme mochila, que no desentonaba tanto de las de otros viajeros. Se sentía inmersa en una marea de personas, de todo tipo de orígenes, y esta marea le producía malestar.
Le había pedido a Marin que le diera al caballero su hora de llegada.
Llegó la parte del aeropuerto donde todos parecían tener a alguien para recibirlos. Observó a las personas abrazarse, darse la bienvenida. Miró a los lados, buscándolo con la mirada.
—¡Shaina!
De entre la multitud el joven sonriente surgió estirando una mano para saludarla. Shaina tragó saliva: ahí estaba, empezando esas extrañas vacaciones, sola con él.
Seiya llegó ante ella rápidamente, casi tropezando con otras personas. Entonces, al llegar frente a la amzona cambió de expresión.
—Vaya, no tienes… bueno, digo…
— ¿Qué pasa?
—Tu máscara. No…
Shaina frunció el ceño. El caballero definitivamente no era bueno observando, si apenas se acababa de dar cuenta.
— ¿No iba a usar mi máscara entre tanta gente, no?
—Rayos, es verdad. No estoy acostumbrado. ¡Qué bien que Saori declaró que era opcional! La verdad es que esa ley era muy confusa…
"De cualquier forma ya has visto mi rostro tantas veces…" tuvo ganas de decir la amazona, pero se contuvo. Tal vez era mejor no empezar hablando de la ley de las máscaras, que para empezar probablemente tenía la culpa de este viaje.
— ¿Bueno, y cómo estás? ¿Hiciste buen viaje?
Shaina asintió con la cabeza. —Si… buen viaje. Ninguna complicación.
— ¡Genial! ¿Quieres que te ayude con tu maleta?
La amazona negó rápidamente con la cabeza, agarrando su maleta con más fuerza. Él no insistió, y le indicó que lo siguiera. Había pedido un taxi.
Todo el camino ella guardó silencio, mirando persistentemente por la ventana. Seiya se dijo que la amazona debía estar cansada por el viaje, y no insistió para hacerle la conversación: Él mismo estaba un poco impresionado de tenerla realmente allí.
Observó con curiosidad el condominio, mientras Seiya aun buscaba sus llaves. Aunque se veía un poco gastado, el lugar estaba limpio y despejaba una agradable sensación de frescura. La puerta del departamento del caballero era exactamente igual a la de sus vecinos.
Seiya encontró sus llaves, pero le dio mucho más trabajo de lo normal abrir la puerta. Shaina agradeció mentalmente esto, pues le dio tiempo de observar con mayor atención el sitio.
Aunque suponía que en Japón Seiya no tenía una vida en medio de columnas, estatuas de Athena , armaduras y poderes sobrehumanos, no dejaba de impresionarle lo normal del condominio. Al llegar en el taxi había notado la inscripción "YACHT HOUSE" pintada en el tejado. Estaban en el puerto, directamente frente al mar, y los enormes edificios y anuncios luminosos habían dado paso a gaviotas y barcos.
Exótico era poco para lo que le parecía a la amazona.
— ¡Ajá! ¡Ya está!— exclamó Seiya, triunfante, antes de abrir la puerta.
Luego se hizo a un lado e invitó a la chica a pasar con una reverencia.
—Después de ti.
A Shaina le molestó un poco el gesto, pero entró con la cabeza alta y sin responder. Lo escuchó cerrar la puerta mientras ella daba un vistazo alrededor.
A Seiya le habría gustado que analizara su departamento de forma más discreta. Era pequeño, más de lo que la amazona esperaba. Bueno, en realidad no estaba segura de Qué esperaba para empezar.
Mientras avanzaba un poco más por el departamento, notó que estaba ordenado (tuvo la impresión de que de no haber estado ella no estaría tan ordenado), con varias cosas distribuidas por las habitaciones, agradablemente neutro de no ser por los ocasionales posters de barcos.
Llegó a la pieza principal, que descubrió era a la vez sala y dormitorio. Seiya tenía un sofá, un sillón, una pequeña televisión, y un par de repisas, todo de estilo y proveniencia claramente distintos.
La armadura del caballero resaltaba, a poca distancia de su cama, sabiamente guardada en su caja de pandora. Shaina sintió ganas de dejar su armadura junto a la de Pegaso, pero desechó la idea inmediatamente.
Él llegó junto a ella, y entre ambos se instaló un silencio incómodo. Se miraron, no muy seguros de que seguía ni que decir. A Shaina le parecía que se veía mucho menos heroico de lo que recordaba, en esa ropa común y que se notaba gastada. Por momentos le costó trabajo creer que había servido de escudo para un hombre tan sencillo.
Seiya por un momento se preguntó si era realmente la amazona de Ofiuco la que estaba frente a él. En jeans, sin máscara, con una camiseta negra, no había rastro ni de su armadura ni de su condición de amazona. Además, estaba confrontado a su rostro.
El silencio lo ponía nervioso. Buscó unos segundos algún tema de conversación, pero la verdad no sabía qué rayos decirle a la amazona. Había actuado de forma precipitada y ahora, al tenerla allí, no estaba seguro de si había sido tan buena idea.
Finalmente se regañó mentalmente, y decidió comenzar a actuar como el anfitrión que era en este caso.
—Bueno, bienvenida a mi hogar. — dijo, con una sonrisa. — ¿Qué te parece?
Creyó que Shaina no contestaría, estando tan silenciosa desde su llegada, pero la amazona no tardó en responder:
—No lo sé. Es... muy... normal.
Seiya inclinó la cabeza hacia un lado, divertido. Normal. La amazona había pronunciado esa palabra de una forma muy curiosa.
— ¿Normal?
—Quiero decir, si no fuera por la caja de pandora no parecería la casa de un caballero— respondió ella, apuntando a la caja con la cabeza.
— ¿Y a que se parece la casa de un caballero?
—no lo sé... creí que se parecería mas a donde viven los caballeros dorados— vio que Seiya estaba por hablar—no me refiero a las columnas y los templos.
—Bueno, no olvides que soy sólo un caballero de bronce. Lo más bajo de la escala social en el santuario. — se burló Seiya, parafraseando lo que tantas veces le habían dicho sus enemigos en el pasado. La amazona de ofiuco no respondió, pero por fin dejó en el piso su maleta y la mochila que llevaba a la espalda. Seiya sabía perfectamente qué contenía esa mochila, y por un instante tuvo la tonta idea de preguntarle a la amazona para qué rayos había traído su armadura. Claro está, él también la llevaba consigo a todas partes.
Shaina se asomó por la ventana de la casa, que daba directamente al mar. El caballero sintió que el ambiente entre ambos parecía estarse tranquilizando un poco, y estaba seguro que la vista sólo mejoraría las cosas. Shaina volteó exactamente cuando el caballero comenzaba a observar su silueta con más atención, y luego señaló los posters sobre la cama.
Barcos y más barcos.
— ¿Y estos?
—No lo sé, son del dueño de la casa.
—Son graciosos.
—Bueno, son barcos. Llámame loco, pero con el tiempo me acostumbré a ellos. Ahora me gusta verlos cuando despierto. Creo que el dueño de la casa está un poco obsesionado.
—Pagas renta, entonces.
—Sí. Una amiga fue quien me ayudó a encontrar este sitio.
— ¿Tienes algún trabajo?
—Los viernes voy a ayudar en el mercado de mariscos. Cargando cajas.
Shaina parpadeó varias veces como esperando que el caballero le dijera que era una broma. Él le sonrió burlonamente.
— ¿El gran Seiya de Pegaso es cargador? ¿Salvaste al mundo y es todo?
—Bueno, es divertido y me permite mantenerme en forma. Un poco.
Por alguna razón la amazona parecía estar bastante indignada por la idea de él cargando pescados. Seiya se encogió de hombros, mientras Shaina tenía un montón de imágenes mentales de él salvando al mundo cruzando por su cabeza. ¿Acaso Athena lo sabía? ¿Cargando pescados, en serio? Suspiró, decidiendo que en otra ocasión ahondaría en el tema. Fue entonces que su mirada se topó con la cama.
Una pregunta mucho más importante asaltó su mente.
— ¿Donde voy a dormir?— preguntó, con los brazos cruzados. Seiya se sorprendió ante la pregunta.
— ¡Vaya, que directa!
—Necesito saber dónde dejaré mis cosas ¿O no?
El joven señaló su propia cama.
—Pensaba dejarte a ti la cama. Eres la invitada después de todo.
Los ojos de Shaina se abrieron como platos.
— ¡¿Eh?! ¿Y tú?
—Dormiré en mi sofá — dijo, como si fuese lo más normal del mundo. Shaina se quedó quieta unos momentos. No estaba segura de sentirse a gusto con ello.
—Puedo dormir en el sofá— dijo.
Seiya negó con la cabeza.
—No, insisto.
—Pero…
— ¡Oye! Me encanta mi sofá. El baño está allá— señaló detrás de ella. —La cocina del otro lado. Ponte a gusto, iré a buscar la cena.
Y el caballero salió de la casa tan rápido que Shaina apenas si había empezado a formular una respuesta. La amazona miró a su alrededor, muy, pero muy fuera de su zona de confort, y sujetó sus cosas con mayor fuerza.
¿Estaba asustada, o enojada?
Le costó trabajo dormirse, pese a las horas de viaje. La cama olía a él. Era lógico, pero no la dejaba tranquila. Sentía el corazón acelerarse... dio varias vueltas en la cama, intentando quedarse dormida. No sólo sentía su corazón latir más rápido, y un montón de sentimientos encontrados, sino que tenía miedo de que el caballero se diera cuenta.
No conocía lo suficiente a Seiya como para saber que el caballero de Pegaso nunca tardaba más de cinco minutos en quedarse completamente dormido, sobre todo desde su tiempo en coma.
Las horas pasaban muy lentamente.
Por fin, Shaina logró dormirse, en un sueño lleno de imágenes preocupantes y contradictorias.
Despertó escuchando el sonido del mar. Era un cambio agradable.
Rápidamente comenzó a sentirse incómoda. Se despertó muy temprano, completamente paranoica de que él la viera dormida en la mañana. Corrió a cambiarse al baño, y luego esperó que él despertara.
"Estás loca" se dijo, mientras, sentada en la cama, observaba en dirección al sofá, donde bajo una enorme manta su anfitrión seguía en los brazos de Morfeo. "Tal vez estás igual de loca que él". Apretó los dientes, preguntándose en qué estúpido momento le había parecido buena idea ir. Y ahora, a horas de vuelo de Atenas, no podía regresar tan fácil. Una parte de ella le exigía que en nombre de su orgullo de amazona (y sobre todo para dejar de sentirse incómoda) tomara sus cosas y corriera al aeropuerto más cercano para subir en el primer avión que la dejara en su continente otra vez.
Y sin embargo, no se movió de la cama.
Sólo esperó.
Con una mano en la barbilla, y la otra reposando sobre sus rodillas, tenía la vista fija en el caballero (que en ese momento era un bulto bajo una manta). Por lo visto Seiya no tenía ese reflejo del guerrero de despertar temprano.
¿Entrenaría, normalmente? Se preguntó Shaina. ¿Tenía la costumbre de hacer al menos un poco de ejercicio? ¿Qué hacía Seiya si no estaba peleando por la humanidad? ¿Sus rutinas se parecerían a las de ella?
"Mierda, ¿Qué estoy haciendo aquí preguntándome cosas?" frunció el ceño.
Entonces, él comenzó a despertar y a salir de su estado de bulto-bajo-manta. Bostezó, y se incorporó dificultosamente en el sofá. Lentamente volteó hacia la chica, que seguía mirándolo con curiosidad. El caballero abrió los ojos como platos cuando distinguió la figura de la amazona, y casi salta del sofá.
— ¡Shaina!
—Seiya.
— ¡¿Cuanto llevas despierta?!
—Unos… ¿15 minutos?— mintió la amazona, adivinando que decirle dos horas tal vez no era buena idea.
Seiya la miró no muy convencido, y dudosamente se puso de pie.
—Ahm… parte de la idea de vacaciones es que puedes dormir cuanto necesites, ¿Sabes?
—No necesitaba dormir más— "y ni loca dejaría que me vieras dormir" pensó la amazona. El caballero tomó un cambio de ropa de su armario, y salió hacia el baño. Shaina seguía sintiéndose incómoda, así que se levantó de la cama y comenzó a estirarse.
— ¿Y bien? ¿Cuál es el plan?— exclamó.
— ¿Qué plan?— respondió Seiya desde el baño.
—¡El plan de hoy!
—Ahm… ¿Pensé que podríamos salir a caminar?
Shaina volvió a fruncir el ceño. Genial, si encima esto parecía totalmente improvisado de parte del caballero de Pegaso, definitivamente no ayudaba a su inicial incomodidad. ¿Cómo podía tomárselo tan a la ligera? ¿Cuál era el punto?
Intentó tomar su mano pero ella la retiró al sentir siquiera un roce. Shaina lo miró con cara sombría.
—Oye, ¿Por qué esa cara? — preguntó Seiya.
La verdad, la amazona no estaba nada feliz. Llevaba casi dos horas caminando por la calle con él, en un silencio incómodo que ninguno de los dos se atrevía a romper. Bueno, en realidad era injusto decirlo así: Seiya si que se esforzaba en hacerla hablar. Le mostraba lugares, le hacía preguntas, que la amazona rara vez respondía con más de dos palabras.
— ¿Por qué quieres tomar mi mano?— preguntó en respuesta.
Seiya la miró unos segundos, y luego le señaló la entrada del metro, donde estaban por entrar.
—Para que no te pierdas en el metro?
—Qué soy, una niña?
—No es eso, es que a esta hora suele estar muy lleno y pueden separarnos.
Tenía razón. Daba la impresión de que todo el gentío tokiota había decidido bajar al mismo tiempo. En realidad, les costaba trabajo seguir de pie a ambos en medio de las personas que comenzaban a llegar cada vez más rápido. La gente que chocaba con ella hizo que Shaina se fastidiara aún más. Seiya quiso darle la mano otra vez, la amazona se volvió a negar.
—En serio, sólo dame la mano.
Shaina se cruzó de brazos, y echó a andar delante de él, ofendida. Ya estaba. Basta de tonterías, esa misma tarde regresaría a Atenas y le diría a Marin que era una estúpida (y su discípulo también). Confundido, Seiya la miró caminar hacia la entrada del metro, preguntándose qué había hecho ahora.
— ¡Shaina! ¡Espera!
— ¡No quiero! ¡Me regreso a Atenas!
— ¡¿Qué?! ¡¿Pero por qué?!
— ¡Porque todo esto es un error y no quiero seguir aquí!
— ¡¿Qué hice?! ¡Oye!
La marea de gente prácticamente se tragó a Shaina, y Seiya durante unos segundos se sintió paralizado antes de decidirse a ir tras ella. La vislumbró en medio de los oficinistas, los escolares y las amas de casa que volvían a sus hogares (o trabajos), entrando a uno de los vagones. Shaina aprendía rápido y visiblemente no había tenido problema en encontrar la dirección de vuelta.
Seguía con esa misma cara de enojo que hacían unos minutos. Seiya frunció el ceño, decidido a no darse por vencido tan fácil, y a empujones entró también al vagón. Ahí, entre protestas de sus compatriotas se abrió paso varios metros hasta por fin distinguir a la chica que buscaba.
Empujó a un par de personas más hasta llegar a ella, y tuvo que disculparse con una anciana a la que casi hace caer, pero finalmente estaba frente a Shaina otra vez. Ella seguía cruzada de brazos, y ahora tenía la mirada clavada en el suelo. Seiya dudó en si hablarle por unos segundos, notando que la chica tenía los puños apretados.
—Shaina.
— ¿Qué quieres?— respondió ella, enojada.
—No sé qué pasa, pero si hice cualquier cosa para ofenderte, lo siento.
—Todo— Su voz se oía un poco ahogada, él se pregunto si estaba llorando. Seiya suspiró.
—No regreses a Atenas. Por favor. La idea no era hacerte sentir mal.
—Como quisiera golpearte justo ahora…— gruñó la amazona.
Seiya dudaba que en medio de tantas personas fuera posible atestarle un golpe a alguien, considerando que él apenas si podía moverse con dos señoras a los lados, el codo de un niño encajado en la pierna, y la mochila de un estudiante contra la espalda. Shaina tampoco tenía más espacio que él.
Miró hacia los anuncios pegados en el techo del metro, mientras Shaina seguía metida en su modo de enojo. Cuando por fin llegaron a la estación más cercana a la YACHT HOUSE (que en realidad no fue un viaje muy largo), Seiya y Shaina se encontraron solos en la calle, en un silencio aun peor que el silencio incómodo.
Ella lo mirada de reojo, cada vez más convencida de que quería volver a casa.
Seiya suspiró.
—De verdad no quería que las cosas se dieran así. No creí que te sentirías mal.
— ¿Mal?— la amazona detuvo su paso y apretó los puños. — ¿Mal? ¿Qué no te das cuenta de que estoy confundida? ¡Odio estar confundida!... ¡Y tú siempre me confundes! ¡¿Por qué?!
— ¡Y yo como voy a saberlo!— dijo Seiya, levantando la voz. – ¡Te invito a mi casa y lo único que haces es quejarte y poner esa cara de enojo!...
— ¡Imbécil! ¿Y cómo no voy a hacerlo? ¿Para qué me trajiste, Seiya? ¿Qué buscas? ¡¿Qué quieres de mí?! ¡¿Qué más quieres de mí?!
— ¡Conocerte, maldita sea!
Shaina se quedó callada y lo miró sorprendida.
— ¿Qué?...
—Eso mismo, conocerte, esa era la única idea. Tener una idea de quién eres.
El caballero de Pegaso se cruzó de brazos.
— ¿Pero… por qué? — Shaina había bajado su voz.
—Porque tú también me confundes. Cuando te conocí eras… eras aterradora. No nos dejabas en paz ni a mí ni a Marin. Luego, cada vez que te veía era porque querías matarme. Y luego, cuando por fin creí entender algo sobre ti me confesaste lo que nunca hubiera imaginado, y desde entonces no has dejado de interponerte entre el peligro y yo, aún si nunca te lo pedí… no te entiendo, Shaina. De verdad que no.
— ¿Entonces… que hago aquí?
—No lo sé, pensé que si… que si podía pasar unos días contigo en un contexto diferente podría entender algo. Y ahora creo que entiendo aún menos.
Shaina se cruzó de brazos también, y miró a otra parte. Seiya suspiró, pasándose una mano por el cabello. Luego su mirada cayó en un enorme anuncio de un restaurant no muy lejos de allí. Se le ocurrió una idea.
—Shaina, ¿Te gustan las brochetas?
Ella no contestó.
—A mi me encantan las brochetas.—siguió Seiya. –Y cerca de mi casa hay un puesto de brochetas que son las mejores de Tokyo.
Ella siguió sin responder nada. Sólo pareció apretar más los puños.
—Son de pollo, de camarón, de carne de cerdo o de res… y tiene salsa agridulce… es lo más delicioso que existe en el mundo. A Marin también le encantan. Y a Shun, y a Ikki, y a Hyoga, y a Shiryu, y a…
— ¿Has llevado a todos a ese sitio?— preguntó finalmente Shaina, levantando la mirada. Seiya se dio cuenta de que sus ojos estaban húmedos.
—No te vayas de Tokyo sin antes probar esas brochetas. — pidió, con la voz más tranquila que pudo— Te juro que cuando estaba en coma hasta soné con ellas.
—De verdad eres un idiota. — murmuró Shaina. La amazona suspiró, se secó las lágrimas con una mano, y negó con la cabeza. –Y eres muy insistente. Está bien, llévame a esas estúpidas brochetas. Pero luego, regresaré a Atenas.
Seiya sonrió.
Relamiéndose los labios llenos de salsa agridulce, Shaina observó al caballero, ya sintiéndose un poco menos alterada. Era verdad que esas brochetas eran algo estupendo. Dio otro mordisco a un pedazo de pollo y cebolla, mientras Seiya hacía lo mismo. El caballero la miraba esperando que Shaina en cualquier momento se levantara en dirección al aeropuerto. En lugar de eso, la amazona siguió saboreando su brocheta.
— ¿Y bien?— preguntó, ya sin salsa agridulce en la boca. – ¿Qué quieres saber?
Seiya sonrió ampliamente, aún con un pedazo de cebolla colgándole de la boca. Se apresuró en tragar lo que tenía en la boca, y de inmediato bombardeó a Shaina:
—No lo sé, saber qué comida te gusta, tu color favorito, qué te gusta hacer en las tardes, de dónde vienes… cosas… cosas normales. Cosas que normalmente se saben de una persona.
—Cosas que no tienen importancia.
— ¡Me gustaría saber ese tipo de cosas!... por un momento verte como una persona normal.
Shaina siguió masticando la brocheta, pensando en qué decirle al joven frente a ella. De pronto recordó la voz de Marin, que de algún modo le había aconsejado no desaprovechar oportunidades. Tal vez volver a Grecia esa noche era demasiado precipitado.
— ¿Vas a volver a Atenas, de verdad?
Shaina suspiró.
—No. Estaba enojada, pero ahora pienso que sería muy… descortés de mi parte. Soy tu invitada, después de todo.
Nunca había visto a Seiya sonreír de la manera en que lo hizo entonces. Pudo ver primero la sorpresa en su rostro, luego la emoción, luego la alegría, todo en una fracción de segundos.
"Dioses, ¿Por qué me gusta tanto su sonrisa…?"
— ¡Genial! ¡En ese caso, te prometo que será una semana muy divertida! ¡Seremos como dos turistas en Tokyo!
—Esas son ambiciones muy grandes. Ni tu ni yo somos personas normales…— se sirvió una brocheta más, bañándola en salsa agridulce. —Te diré un poco sobre mí mañana. Pero a cambio pido las mismas respuestas.
Seiya también se sirvió otra brocheta, más que satisfecho con el éxito obtenido.
—Tienes ideas muy locas, Seiya.
— ¿Qué quieres que te diga? Soy ambicioso, y muy necio. Por eso sigo vivo.
Bueno, no podía quitarle razón a eso.
¡Y Fin del Segundo capítulo!
También soy fan de las brochetas.
Gracias por leer, esta vez por cada comentario le mandaremos brochetas a Marin. Si alcanza a juntar sufientes igual y las comparte (A Aioria, por ejermplo... que ni sé si está vivo o no en este fanfic, por cierto).
Gracias por leer, tengan muy linda tarde!
