Una disculpa por una semana de atraso, Semana Santa es cosa seria. Feliz Semana Santa. Aquí va otro capítulo más, en donde muestro a una Shaina más relajada. Ya saben, como siempre en este fanfic, mis advertencias son: cursiedad, mucha, mucha cursiedad entre Shaina y Seiya.
Y un conejo.
Un Viaje
Capítulo 3:
De Hamburguesas y Peleas
La terrible revelación se dio un día después, mientras caminaban por una calle. Seiya se había improvisado como guía turístico (no muy bueno, pues la presencia de Shaina le hizo darse cuenta de que definitivamente necesitaba explorar más su propia ciudad… si es que podía considerarla "su" ciudad…), y su gran idea de llevarla a ver la Tokyo Tower se había visto arruinada por la cantidad de gente tomándose fotos.
Por suerte, desde que Shaina había decidido quedarse, había adoptado una actitud bastante más relajada que al principio. Al menos ya no parecía estar en guardia la mayor parte del tiempo. Buscaban una calle poco transitada cuando los sorprendió la hora de la comida.
Seiya estaba genuinamente horrorizado.
— ¿Es en serio? ¿Nunca has comido una hamburguesa?
— ¿Qué no a ustedes les gustaba algo llamado sushi?— respondió Shaina, aunque en realidad no estaba segura de qué era "sushi"… pescado crudo que le gusta a los japoneses, algo así. Seiya la miraba con una expresión tan escandalizada que la amazona se preguntó si no acababa de cruzar algún límite o algo por el estilo.
—No, en serio. Nunca has comido una hamburguesa.
—No, nunca. — frunció el ceño. –Sé que son, si eso te consuela.
Acababan de pasar una discusión sobre qué comer ese día. Seiya no se había rendido al "lo que tú quieras" de Shaina, y había insistido buscando algo que le provocara mayor entusiasmo a la amazona.
— ¡No me consuela! ¿Cómo has sobrevivido todos estos años?— El caballero pensó por unos segundos y luego, sin aviso previo, la tomó del brazo y comenzó a caminar. Shaina lo siguió aun sorprendida de su modo de reaccionar.
— ¡S… Seiya!
—Te llevaré a NicoBurguer, tienes una deuda que pagar con las hamburguesas.
Shaina no respondió. Había sentido el impulso de rechazar el agarre del chico, pero no lo hizo porque se dio cuenta de que le había agradado el gesto, se sentía como algo completamente nuevo. Caminó guiada por él, que entre más caminaba más rápido era.
Hasta que se detuvo cerca de una pequeña plaza y miró a la chica con curiosidad.
— ¿Estás bien?
Shaina levantó la mirada hacia él, extrañada.
—Sí, desde luego. ¿No vamos hacia las hamburguesas?
—...Oh, desde luego. Es que…— dudó en si decir lo que seguía. –Es la primera vez que una chica no se queja de lo rápido que voy o que la sostengo muy fuerte.
La amazona levantó las cejas.
—Soy una amazona.
—Lo sé, lo sé… lo siento, soy muy distraído y a veces se me olvida. — sonrió bobamente como para completar la frase. Shaina se preguntó cómo rayos el caballero hacía para mantener la cabeza tan ligera sobre esas cosas.
—No me estás sosteniendo fuerte. Y tampoco vas rápido. — se encogió de hombros. –Puedo seguirte, no hay ningún problema.
Seiya sonrió ampliamente.
— ¡Genial! ¡Pronto podrás probar las deliciosas hamburguesas por primera vez!
Shaina frunció el ceño levemente.
— ¿Sales con muchas chicas a comer hamburguesas?
Seiya se sonrojó un poco y negó con la cabeza. Lo ponía nervioso cuando Shaina le preguntaba ese tipo de cosas, por esa forma tan fija de mirarlo. Ahora que estaba más tranquila, parecía haber reemplazado el enojo con la observación. A veces le parecía que la mujer estaba constantemente sacando conclusiones en su cabeza, que lo analizaba.
— La verdad es que no… sólo con Miho, de vez en cuando. Pero no le gustan mucho las hamburguesas.
—Miho… ¿La chica del orfanato?
Seiya asintió con la cabeza. La expresión de Shaina cambió en un instante.
— ¿Es tu novia?— en esa frase sonaba una gota de hostilidad. Seiya abrió los ojos como platos, casi tropezando con la acera. Miró a la amazona sorprendido, y comenzó a balbucear un montón de cosas.
— ¿Eh? ¿Miho? ¿Mi nov…? ¡No! Digo, no… ¿No? ¡No! ¿Shaina, cómo crees que…? Ella…
— ¿Es tu amiga?— levantó una ceja.
—Mi mejor amiga… pero… ¡Shaina!
— ¿Qué? Era sólo una pregunta.
– ¿Cómo… cómo iría a invitarte si Miho fuera mi novia?
Shaina abrió los ojos como platos y se puso tensa. El caballero de Pegaso se preguntó por un momento qué había hecho para que la conversación se volviese incómoda. ¿Qué había dicho?
—... ¿Necesitabas estar soltero para invitarme aquí?
—Esto… yo…— Seiya se dio cuenta de que tal vez había dejado demasiada información suelta. –Es que… yo…
—Si hubieras tenido novia no me habrías invitado.
—Bueno, habría sido incómodo… o algo así. Supongo. ¡Vamos por las hamburguesas!— otra vez tomó a Shaina del brazo y echó a andar con más velocidad. Shaina se dejó llevar con una sonrisa en el rostro. Mientras se abrían paso entre las personas, se mordió el labio sintiéndose extrañamente halagada.
"Si tuviera novia, no me habría invitado…" la idea le dio vueltas en la cabeza.
Seiya en cambio se sentía crecientemente nervioso. Casi tropieza un par de veces, y por poco y se pasan un alto. Le explicó a la amazona que si cruzaban y el semáforo estaba en rojo seguramente un policía podría multarlos. En realidad intentaba que olvidara la conversación anterior.
Por fin apareció el restaurant, color naranja chillón. La italiana observó con curiosidad las letras en el cartel de entrada. Seiya le explicó cada símbolo, señalándolo.
—NI-CO HA-N-BAA-GAA— deletreó.
— ¿Nico?
— ¿Como NicoNico?
— ¿Qué es eso?
—Sonrisas.
— ¿Hamburguesas "Sonrisas"?
—Sí. Y si funciona, yo cada que voy salgo sonriendo. — aseguró el joven, señalando su propia boca.
Shaina parpadeó un par de veces, sintiéndose horriblemente ajena a toda esa conversación. Hamburguesas, sonrisas por comer, enormes carteles de caritas felices y anuncios… nunca se había sentido tan lejos del polvo, las ruinas, los combates y las armaduras del Santuario.
Si Seiya se sentía tan fuera de lugar como ella, en todo caso no lo mostraba. Entraron al restaurant y tomaron asiento como cualquier otro cliente. Shaina abrió la carta, e hizo una mueca al toparse con el menú lleno de letras que no comprendía. Seiya se rió un poco por la cara de desconcierto de la chica.
—No te burles, es un poco aterrador. — se quejó Shaina.
—No me burlo… mejor deja que yo ordene. — cruzó los brazos sobre la mesa al ver la expresión nada convencida de la amazona. — ¿Confías en mi?
Era una pregunta estúpida. Shaina le habría confiado su vida. Probablemente él lo sabía. La amazona lo miró intensamente.
—Si— respondió, mientras Seiya sonreía triunfal. Una mesera de aspecto juvenil vino a pedir la orden, Shaina ni siquiera alcanzó a entender qué rayos había pedido el caballero.
"Shaina, amazona de plata de Ofiuco, temida y respetada en todo el santuario de Athena (al menos en un principio) está aquí, en Japón, comiendo hamburguesas en un restaurant de paredes naranjas" pensó la amazona, haciendo a un lado sus ganas de tirar el menú y regresarse a Grecia en ese instante.
—Te prometo que estará deliciosa.
Seiya aparentemente no se había dado cuenta de su momento de duda. La amazona suspiró.
—Seiya, ¿Para qué me trajiste aquí?
—Para que comas hamburguesas.
Seiya parecía no prestarle mayor importancia. Y era verdad que en sus ojos era difícil ver cualquier tipo de plan o de pensamiento oculto. Parecía que todo lo que decía el caballero era exactamente lo que pasaba por su cabeza. No planeaba cosas, no ocultaba motivos.
—Bueno, está bien, también para que respondas lo que quiero preguntarte.
La amazona inclinó la cabeza hacia un lado.
— ¿Las cosas sin importancia?
Seiya asintió con la cabeza.
La amazona de Ofiuco se quedó en silencio unos segundos. Una mesera muy sonriente no tardó en traerles sus hamburguesas (bastante más pequeñas de lo que Shaina había imaginado), y finalmente Shaina decidió que si ya estaba en una situación bizarra no había mucho que hacerle.
—En ese caso, responde lo mismo que yo.
—Vale. ¿Color favorito?
—Morado. — le dio la primera mordida a su hamburguesa. —Por Athena, esto es delicioso.
— ¿Verdad? Rojo. ¿Comida favorita?
—Pasta.
—Brochetas. ¿Animal favorito? Espera, ese si lo sé.
— ¿Huh?
—Te gustan los conejos.
Shaina se sonrojó.
—A mí me gustan los perros.
—Si alguien te pregunta, responde que soy fanática de las serpientes, por favor.
—Todo el santuario lo piensa, no te preocupes. Sólo yo conozco ese terrible secreto.
El caballero hizo una pausa en su interrogatorio para dedicarse a comer su hamburguesa. La amazona hizo lo mismo, pero en su cabeza comenzaron a aparecer varios recuerdos relacionados con el tema. Recordó la primera vez que se vieron, mientras Seiya perseguía a ese conejo que se volvería la conexión entre ambos.
— ¿Aún cazas conejos?
Seiya negó con la cabeza. No quería decirle a la amazona que era obvio que estando en Japón, viviendo en un departamento, no había vuelto a sentir la necesidad de atrapar conejos para la cena. Ganaba lo suficiente como para no hacerlo. Y además, no tenía idea de dónde habría conejos salvajes cerca de la ciudad.
—No, no lo he hecho en años.
—Bien.
La amazona pareció complacida de su respuesta, y de la hamburguesa. Seiya decidió que podía continuar preguntando.
— ¿Te gusta el invierno, el verano, el otoño, o el invierno?
—…¿La gente decide eso? Honestamente me da un poco igual.
—A mí me gusta el verano… ¿Prefieres el clima cálido, o el frío?
—Cálido.
— ¡Yo igual!
Un rato después, ambos salían del restaurant.
—Gracias por la comida. — Dijo la amazona. —Comprendo que te gusten tanto las hamburguesas.
—Aún no puedo superar que te hayas comido cinco. — Seiya se pasó una mano por la nuca.
— ¡Tú te comiste cuatro!— protestó Shaina, antes de empezar a reírse. Seiya también lo hizo.
—Creo que asustamos a la camarera.
Algo llamó la atención de Shaina en el camino. Una tienda con una enorme vitrina, que mostraba una gran cantidad de animales (la mayor parte de ellos cachorros) como perros, gatos, conejos y otras mascotas. Una tienda de mascotas.
Por un largo rato la amazona se quedó mirando por la vitrina.
Entraron a la tienda, Shaina fue directamente hacia la caja donde tenían a los conejos. Los pequeños animales estaban acurrucados en su mayoría, excepto el blanco que la miraba directo a los ojos.
Shaina no pudo resistirse, y se inclinó para tomar al animalito en brazos. Mientras lo acariciaba, se preguntó por qué le fascinaba tanto esa pequeña criatura, tan frágil e indefensa.
La amazona acunó al pequeño cuerpo contra su pecho.
—Qué linda te ves así.
Shaina adquirió de inmediato una expresión seria y levantó la cabeza, aunque su mano seguía acariciando al conejo en la espalda.
—Sólo me da un poco de pena. No tiene familia.
— ¿Y yo te doy un poco de pena?
— ¿Eh?
—Tampoco tengo familia, soy igual que ese conejo.
Shaina rió por lo bajo.
—Eres un mentiroso, tienes una enorme familia. No puedes jugar al niño huérfano como cuando tenías diez años. — acarició al conejo atrás de las orejas, y volvió a inclinar la cabeza hacia él. — ¿Por cierto, y tus hermanos?
— ¿Hm? ¿Mis hermanos?— el caballero se cruzó de brazos —Pues veamos. Hyoga está en Siberia… no sé qué haciendo, reencontrándose consigo mismo o algo, Shiryu en China cultivando vegetales, Ikki no tengo ni la más mínima idea…
—Lo he visto rondando cerca del santuario un par de veces.
— ¿Ah? De todos creí que era el que menos iba.
Shaina se encogió de hombros.
—De vez en cuando está en la casa de Virgo.
—No es muy comunicativo. Creí que Shun era el que se quedaba en casa de Virgo.
—Él es muy común verlo en el santuario.
Seiya sonrió burlonamente.
— ¿La chica camaleón?
—Eso parece.
— ¡Lo sabía! Ahora podré molestarlo cuando lo vuelva a ver. – suspiró. –Rayos, la verdad es que los extraño.
—En el santuario pocas veces se habla de ustedes en solitario. Siempre estaban juntos.
—Bueno, desde el torneo galáctico no dejaban de ocurrir cosas, siempre nos manteníamos cerca. Y poco a poco nos empezamos a separar… supongo que es normal, cada quien tiene… distintas prioridades.
— ¿Ha sido difícil para ti, cierto?
—…
Seiya la miró a los ojos. Nunca lo había dicho en voz alta. No se había atrevido a molestar a sus hermanos con esto, y sin embargo le era fácil expresar lo que sentía. Sabía que lo mejor era que cada uno buscara su camino, y sabía que Hyoga necesitaba tiempo a solas, que Shiryu quería una vida sencilla en las montañas, que Shun tenía mucho que sanar y que aprender… y que a Ikki igual nunca le había gustado la compañía. Igual, esta nueva rutina, sin ellos… era… rara.
—Sé que no hace tanto que nos separamos. Pero… desde mi recuperación, me ha resultado difícil funcionar sin ellos.
— ¿Y tu hermana?
—Seika… Bueno, Seika es muy amable. Estoy muy feliz de haberla encontrado, y aún nos queda mucho tiempo que recuperar. Creo que no tenemos tanto en común ahora. Sólo… supongo que estaba muy acostumbrado a mis hermanos.
Shaina sonrió. Algo en esa conclusión le gustaba. Estiró la mano para tomar la de Seiya, y la estrechó con fuerza. Siguieron caminando un largo rato, sin darse cuenta de que comenzaba a anochecer. Entraron a un callejón casi a oscuras, no muy limpio, y Shaina se sorprendió de que existieran sitios como este en una ciudad de apariencia tan organizada.
Seiya claramente se había perdido, y ya comenzaba a formular unas disculpas cuando una voz lo interrumpió.
Frente a ellos, dos pandilleros les cerraban el paso. Uno de ellos era muy alto, y avanzó un paso. El hombre prácticamente comenzó a ladrar, amenazándolos en un japonés muy poco cortés del que Shaina entendió menos de la mitad.
— ¿Qué dicen?
—Que les demos todo nuestro dinero o saca su navaja. Y que su amigo es muy fuerte también.
Shaina sonrió, sus blancos dientes brillaron en la oscuridad.
— ¿Puedo?
—Ahm…
Los dos pandilleros comenzaron a gritar otra vez. Shaina no alcanzó a entender todo.
— ¿Qué dicen?
—Si quieres puedes dejármelo a mí, tal vez ellos…
—Por favor.
Uno de los dos oponentes tomó una muy desatinada iniciativa y se lanzó contra Shaina, desenvainando una navaja. En la mente del hombre, la amenazaría con la navaja contra su cuello… pero la realidad fue otra.
Sorpresivamente la chica respondió tan rápida como un rayo, y el hombre no pudo siquiera ver cómo demonios su navaja estaba en manos de la chica, ni tampoco pudo seguir sus movimientos. Sin saber cómo, acababa de recibir un golpe fenomenal en el estómago que lo hizo retroceder. Sus compañeros, sin saber qué hacer, decidieron atacar también.
Shaina tiró la navaja al suelo y corrió hacia ellos.
Seiya podía seguir sus movimientos con la mirada, pero aún estaba bajo la sorpresa de lo que había ocurrido en tan solo unos segundos.
Eran tan lentos. Shaina podía predecir todos los movimientos que harían, y con gran facilidad esquivaba los golpes y propinaba puñetazos a los dos individuos que demasiado tarde comprendieron que no habían elegido bien la víctima de esa noche. Sin embargo, la amazona se sorprendió disfrutando los golpes que propinaba, pese a ser contra enemigos tan mediocres.
¡Paf! Uno a tierra.
El otro joven, que ya tenía un diente a punto de caerse y no se veía ni la mitad de amenazante que hacían unos minutos, retrocedió cuando la amazona volteó hacia él.
—Shaina, creo que es suficiente.
Entonces sintió unas manos deteniéndola. Seiya estaba sosteniendo sus brazos. Shaina resistió, el caballero aumentó la fuerza en su agarre.
—En serio, creo que entendió la lección.
El pobre pandillero no esperó ni quiso comprender lo que pasaba antes de echar a correr. Su compañero lo imitó pocos segundos después. Shaina los vio huir con el ceño fruncido, y siguió forcejeando para que el caballero la soltara. En realidad, ni ella ni él estaban usando demasiada fuerza: de haberlo querido, ella habría podido soltarse con mucha más facilidad… pero las manos de él se sentían bien sobre sus brazos.
Pese a ser breve, ella aún sentía la emoción del combate fluir por sus venas.
Probablemente lo extrañaba, luego de días sin entrenar.
—No son enemigos que valgan la pena. — dijo Seiya, soltándola poco a poco. La amazona asintió con la cabeza, y volteó hacia él. Lo tomó por la nuca, se acercó a él, y puso su cabeza entre su cuello y su hombro.
—Hueles tan bien…
Seiya tragó saliva. El aliento de la chica le cosquilleaba el cuello.
—Shaina.
—No… un poco más. Déjame un poco más.
En realidad Seiya no quería que la chica se separara de él. Le gustaba sentirla tan cerca de él. No pudo evitarlo, la rodeó con los brazos. El cuerpo de la amazona estaba caliente. Shaina se sorprendió ante este gesto. Se sentía como embriagada.
—Creo que necesito llevarte a casa. Parece que golpearlos te alteró un poco.
La amazona se sintió bastante avergonzada ante este comentario. Retrocedió y se separó del caballero, antes de echar a andar en una dirección que Seiya estaba casi seguro de que no era la correcta. De todos modos, no tardaron mucho en reencontrar el camino, y menos de una hora después estaban de vuelta en el YACHT HOUSE.
Esa noche, Shaina se quedó mirando fijamente al techo. Más exactamente, a lo poco que le permitía ver la luz que se colaba por la ventana. Eso no había estado bien.
Cerrando los ojos, se dijo por milésima vez que esto, indudablemente, era una locura.
Y sin embargo, no sintió ganas de volver a Atenas.
Dios mío este capítulo parece un Frankenstein, espero no demasiado... y si, estoy haciendo avanzar las cosas, espero no demasiado de golpe.
Como dato curioso, En mi país, a los pandilleros se les llama cholos. Por eso, este capítulo estuvo por mucho tiempo titulado en mi cabeza como "El cap de los Cholos". Los cholos son mi pretexto para avanzar las cosas en el capítulo.
Nico Burger es una marca ficticia del Minna no Nihongo, el libro que usábamos en mis clases de Japonés. Orale chicos: ¡Nico Nico Niiii!
Y finalmente, con cada comentario, le llegan a Marin cupones para NicoBurger. No sé si en Atenas hay, pero igual nunca están de más
(Prometido, el próximo capítulo no tendrá comida en el título)
