No estaba muerta, andaba de parranda. Vendiendo aretes.

Un saludotototote a todos los que se han asomado a dejar reviews, de verdad estoy entusiasmada y esta historia ha tenido mucho mejor recepción de la que esperaba. Los amo tres millones.

¿Se acuerdan de las tiendas de CD donde había aparatos para oír los CDs? ¿Aún existen? ¿No? ¿Sí?...

¿Y se acuerdan de la guitarra de Seiya?...


Capítulo 4:

Música


Por encima del estante atiborrado de discos, Seiya le echó una mirada divertida a la amazona. Shaina no se dio cuenta pues estaba absorta en las portadas de los CDs. No estaba segura de qué pensar, y los kanjis la confundían (¿De verdad él había crecido entendiendo esa escritura? ¿Cómo alguien podía entender tantos signos?). Cuando por fin levantó la mirada y se dio cuenta de que Seiya llevaba un largo rato observándola se sintió bastante incómoda.

— ¿Qué miras?

—Nada, solo me preguntaba qué música escuchas. Me preguntaba si prefieres a Metallica o a Queen.

Shaina parpadeó un par de veces. No había entendido la pregunta.

—Géneros, quiero decir. ¿Qué te gusta escuchar? ¿Rock? ¿Pop?...— Shaina lo miraba como si le estuviera hablando en un idioma extraño. Seiya siguió intentando buscando alguna palabra que la chica reconociera. — ¿Electrónica? ¿Música folklórica?…

—No lo sé.

Cerca de ellos, los reproductores de CD, donde las personas podían escuchar algunos discos antes de decidir si comprarlos o no, estaban casi vacíos. Seiya tuvo una idea. Tomó a Shaina del brazo y la llevó con él hasta uno de los reproductores. Sin preguntarle nada, le puso los audífonos. La amazona lo miró, sorprendida, mientras se los ajustaba.

Seiya apretó el botón de play, y miró a Shaina mientras la amazona escuchaba la primera parte de una canción popular japonesa. La italiana al principio no podía concentrarse, estando tan cerca del caballero, pero finalmente logró dirigir su atención sólo a lo que escuchaba.

Una melodía romántica, con violines, un coro de fondo, y la voz edulcorada de una cantante (probablemente de edad avanzada).

— ¿Y bien? ¿Qué te parece?

Shaina se concentró un poco más.

—Aburrido.

Seiya pareció decepcionado.

–Oh, vamos, ni siquiera estás escuchando la letra.

—No entiendo la letra.

— ¿Y la música?

Shaina hizo una mueca. Seiya le quitó los audífonos y la llevó frente a otro disco, esta vez de un género diferente. Repitió el gesto de ponerle los audífonos y poner play a la música. Shaina veía que el caballero encontraba ese ejercicio divertido.

Sonó en sus oídos una estruendosa combinación de sonidos, algunos que Shaina no pudo identificar. Esbozó una sonrisa cuando la canción comenzó a tomar forma, ya que sonaba llena de agresividad.

—Esto me agrada. — dijo la amazona, moviendo un poco la cabeza. – Se oye poderoso.

—Bueno, es heavy metal.

— ¿Tienes algo más que se parezca?

Luego de pasar un largo rato explorando música ruidosa y "poderosa" como decía Shaina, salieron de la tienda con unos cuantos discos más. En su cabeza el caballero de pegaso intentaba imaginarse a Shaina poniendo un disco en su radio. La simple idea parecía una completa contradicción.

Mientras caminaban fuera de la tienda de discos, la amazona se percató de algo que llevaba llamándole la atención desde hacía un buen rato. Observó por unos momentos el modo de moverse del caballero y frunció el ceño: acababa de encontrar qué le parecía tan raro en Seiya desde que había llegado a Japón.

—Esto… Shaina, no que no me halague que mires mis piernas, pero… ¿Podrías ser un poco más discreta?

Shaina se sonrojó un poco y negó enérgicamente con la cabeza.

— ¡No estoy mirándote!— era una verdad a medias. –ES sólo que acabo de descubrir algo que me parece raro.

— ¿Eh? ¡¿En mi?! ¿Raro?

Shaina se cruzó de brazos y pareció estar a punto de preguntar algo muy grave.

— ¿Seiya, has estado entrenando?

—Claro, te dije que sor cargador en…

—Dije entrenando. De verdad.

"¿Cargar kilos y kilos de pescado no cuenta…?" tuvo ganas de preguntar el caballero. Pero, imaginando lo que probablemente debía de ser la rutina de entrenamiento de Shaina decidió que la pregunta era tonta.

—Pues… un poco— sonrió culpablemente, haciendo que la amazona se viera aún más exasperada.

— ¿Es en serio? ¿Apenas ves que no hay peligro dejas de entrenar? ¿Y si otro dios vuelve a causar problemas?

— ¡Oye, apenas salgo del coma!

— ¡Saliste del coma hace dos meses!

— ¡¿Llevas la cuenta?!

— ¡Ese no es el punto!

— ¿Estás enojada por eso?

— ¿Cómo no voy a enojarme con eso? ¡Mírate! Caminas igual que cualquier otro humano, con la misma flacidez… hasta comienzo a preguntarme si no estás más gordo que la última vez que te vi.

— ¡Ey! ¡No estoy gordo!

—Pero a este paso, lo estarás— afirmó ella tajantemente. –Y si volvemos a necesitar de tu ayuda, valiente caballero vas a ser.

La amazona aceleró el paso, cruzada de brazos. Seiya suspiró y la siguió.

—No es para tanto.

Shaina guardó silencio unos segundos, aún con los brazos cruzados. Se detuvo, y el caballero pudo alcanzarla. La amazona negó con la cabeza.

—Tanto potencial desperdiciado… — levantó la mirada hacia él, mirándolo directamente a los ojos. —Seiya, eres probablemente el hombre más poderoso de todo el santuario. Pero si no haces nada para mantener ese poder y tus habilidades…

—Wow. Espera. –Seiya levantó las manos. –¿El hombre más poderoso de todo el santuario? ¿Yo? ¿De dónde sacaste eso?

—Tú venciste a Poseidon. A Hades. A la muerte misma. — por un momento los ojos de Shaina parecieron brillar con más fuerza, antes de volver a fruncir el ceño. –Y en lugar de entretener ese poder te llenas de comida chatarra, duermes hasta tarde y no haces ningún entrenamiento.

Seiya suspiró.

—Primero que nada, cuida que Saga y Shaka nunca te oigan decir eso de mí. Bueno, en realidad cuida que ningún dorado te oiga decirlo. No quiero entrar en una competencia de quién es más poderoso, sobretodo porque en circunstancias normales dudo mucho que el resultado sería el que esperas. En segundo lugar… suenas exactamente igual a Marin.

Shaina dejó escapar una pequeña risa. Era raro ser comparada a Marin.

— ¿En serio?

—Sí, aunque… ella nunca me ha dicho que soy el más poderoso del santuario. Lo más deprimente es que es mi maestra.

Shaina miró su andar por un largo rato, sin decir nada. Marin nunca alardeaba. Seiya podía haber liberado al santuario, pero ni él ni su maestra lo habían restregado en cara de nadie. Marin era disciplinada, devota a su labor. Shaina mil veces la había mirado llena de celos; pues de ambas, la amazona de águila era la que había alcanzado la virtud. Shaina era un fracaso. O al menos, se sentía como un fracaso, cuando lo pensaba demasiado.

—Alguna vez podría decirme algo como eso. Aunque sea mentira. — Bromeó Seiya.

—Nunca has alardeado tampoco. — observó Shaina.

— ¿Por qué te sorprende tanto?

Shaina volvió a guardar silencio. Sabía perfectamente por qué le molestaba, o le resultaba extraño, que ni Marin ni Seiya hablaran de lo virtuosos que eran; ella, en el lugar de Marin, no habría podido mantenerse tan modesta. De hecho, aun desde su posición siempre había echado en cara de cualquiera de sus adversarios su poder. Se aferraba a cualquier cosa que la hacía sentirse más arriba del resto. Era terrible, y una parte de ella sabía que no era lo que se esperaba de ella… y sin embargo.

Aunque era verdad que desde que se había reformado y quedado sin seguidores, sus humos habían bajado bastante.

—No lo sé. Cuando Marin y yo éramos rivales, me fastidiaba que no presumiera.

"…Que no se rebajara a mi nivel…" pensó amargamente.

Seiya se detuvo unos segundos, pensando. Luego comenzó a reírse.

— ¡¿Qué es tan gracioso?!

—Nada, nada… sólo… sólo imagina por unos segundos a Marín presumiendo de algo. — vio la cara escéptica de Shaina. –En serio, sólo imagínalo.

Seiya tomó una pose exagerada.

— ¡Uy, mírame, que mi alumno es dizque el mejor de todo el santuario! ¡Y mi novio es un caballero dorado! ¡Y mi cabello luce espléndido!

Ya sea por la sorpresa, por el tono de su voz, o por la pose ridícula del caballero, Shaina no pudo evitar sonreír, y reírse, igual que Seiya. Cuando terminaron, Shaina parecía menos triste. "Funcionó" pensó Seiya.

—Seiya… ¿Por qué elegiste estar lejos del santuario?

—Ya te lo he dicho antes. No quiero estar allí. Demasiados malos recuerdos. Y… no lo sé, llámame egoísta, pero aquí me siento bien.

—Podrías tener el santuario a tus pies. — murmuró Shaina.

Seiya negó con la cabeza.

—Ni soñando. ¿Y de qué me serviría? Aquí estoy perfectamente bien. Puedo fingir que no tengo nada de especial, y ser sólo una persona más. Nadie viene a molestarme, puedo ver a mi hermana, o a los niños del orfanato… en realidad no necesito nada más. Vencimos peligros terribles, mis hermanos y yo, y ahora puedo disfrutar de un poco de paz. Es todo.

Shaina no respondió. No lograba comprender del todo ese modo de ver las cosas.

— ¿Y tú?

— ¿Yo?

— ¿Sigues entrenando para una posible catástrofe?

—Sabes que todos los días entreno.

— ¿Por qué?

—Porque si dejo de ser la amazona más fuerte… sé que tomarán mi lugar. Ya es suficientemente complicado para mí compartir el liderazgo del recinto amazónico con Marin.

Seiya la miró con atención. Algo en esa frase lo hizo pensar en qué tan estresada debía vivir la amazona de Ofiuco, siempre con ese objetivo en mente. Marin nunca le había hablado de ser el mejor. Mejor que los demás, en todo caso, no. Nunca le había enseñado el santuario como una competencia, y ella misma parecía estar completamente despreocupada del rango que ocupaba.

Aparentemente, Shaina tenía una idea muy diferente del santuario.

—Bueno, desde que llegaste no te he visto entrenar.

—Supongo que eres una mala influencia.

Seiya sonrió, y le extendió una mano. La amazona dudó unos segundos en si tomarla o no, pero finalmente aceptó. Entrelazó sus dedos con los de él, y echaron a andar en otra dirección, hacia otra calle. Llegaron a un cruce de traseúntes.

— ¿Sabes? Me decepciona un poco que no escuches música.

Shaina volteó hacia él, que sólo parecía mirar distraídamente hacia las personas frente a ellos. La amazona frunció el ceño, mientras la luz del semáforo volvía a ponerse en verde. Ambos caminaron en medio de la multitud que esperaba por cruzar, y la amazona se cruzó de brazos.

— ¿Por qué te decepciona?

Seiya le sonrió.

—Esperaba que me cantarías algo en italiano, o algo.

La amazona abrió la boca en sorpresa y se detuvo, pese a que el semáforo estaba por ponerse en rojo otra vez.

— ¿Qué?

—Oye, no te detengas.

— ¿Por qué te cantaría algo en italiano? De donde sacaste que me gusta cantar?— protestó la mujer, echando a caminar otra vez. Miró a Seiya, ahora convencida de que el caballero estaba mal de la cabeza. El, en cambio, solo se encogió de hombros.

—No es que piense que cantas, o algo… más bien quería escucharte.

—Me estás escuchando.

—Pero en italiano suenas siempre muy bien.

Había estado a punto de decir "sexy".

— ¿Y tú cuándo me has oído hablar en italiano?

Seiya la miró extrañado.

— ¿Ah? ¿No te das cuenta?

— ¿De qué?

—Hablas en italiano todo el tiempo, en el santuario.

— ¿Qué? ¿Yo?

Seiya asintió con la cabeza.

—A veces hasta le hablas italiano a Marin, ¿No te has dado cuenta? Y cuando das órdenes.

Shaina negó con la cabeza, sorprendida. No sólo de no haberse dado cuenta, sino de que Seiya hubiese notado tanto de ella. ¿Tal vez tras esa apariencia de idiota que se cargaba el caballero en realidad tenía un talento especial para observar a la gente? O tal vez sólo imaginaba cosas.

—En todo caso, suena muy bien.

Siguieron caminando. Shaina iba pensando en su idioma natal, y mirando de reojo a Seiya. Este intentaba disimular que la miraba de vez en cuando, sin éxito. Llegaron frente a la puerta del departamento. Mientras Seiya se peleaba con las llaves, intentando abrir, Shaina decidió preguntar.

—Seiya… ¿Qué quieres lograr conmigo aquí?

Él dudó si responder. Dejó de luchar con sus llaves, y volteó hacia la amazona.

—Yo… a decir verdad no sé cómo explicarte esto, no sé si tiene sentido o no. Quería verte porque… Me siento responsable. Siento que te debía esto, por lo menos. — se pasó una mano por el cabello. –Y quería verte. Eso es lo más importante. Quería verte.

— ¿Verme?

—Verte, conocerte un poco. Saber si… no, olvídalo.

Logró abrir la puerta.

— ¿Qué querías saber?

—No, déjalo, Shaina. No es importante.

Ella lo sostuvo por el cuello de la camisa.

— ¿Saber qué, Seiya?

—Saber…. Saber si aún sentías lo mismo por mí.

El agarre de la mujer se volvió mucho más fuerte en un instante. Shaina parecía estar en shock. Bajó la cabeza.

— ¿Cómo puedes dudarlo?— murmuró. – ¿Cómo puedes creer que mis sentimientos por ti han cambiado, aunque sea un poco?

— ¿Estás diciendo que todavía…?

—Todavía. Como el día que te lo confesé.

— ¡¿Entonces era verdad?

— ¡Claro que era verdad! ¿Cómo crees que mentiría con algo como eso? ¿Crees que fue fácil confesártelo? Mis sentimientos por ti me abruman, todos los malditos días. Creí morir cuando regresaste del inframundo. Nunca… nunca había sentido tanto miedo. Seiya, nunca había sentido tanta repulsión ante la sangre.

—Shaina…

—Las heridas de los demás no me importan. Pero las que llevabas… esas heridas me dolían. Hubiera recibido gustosa la espada de Hades en tu lugar. Seiya… Me insulta tu pregunta. Me hace enojar.

—Shaina, yo lo siento, no quería…

— ¡No me arrepiento de haberme puesto entre tú y el peligro! No me arrepiento de haber recibido la flecha de Poseidón, los ataques de Thanatos, el cosmos de Aioria. Lo volvería a hacer. Con tal de saberte bien. Porque daría mi vida por ti. ¡Porque te amo!

La amazona sintió como si todo un torrente de emociones la hubiese arrastrado. Todo había salido tan fácil. Tan brutal.

Seiya se quedó sin palabras. ¿Qué se supone que uno contesta a eso? Shaina lo hacía sentir terriblemente incómodo cuando se lanzaba en ese tipo de confesiones. Todo era fuerte, intenso en ella. Sus sentimientos nunca estaban diluidos, siempre que Shaina lograba articular sobre su corazón eran sentimientos crudos, tal cual.

Seiya sentía miedo cuando ella lo hacía.

Sentía como si tuviera en sus manos una vida que no le pertenecía. Era la persona ante la cual Shaina era más vulnerable, y ambos lo sabían. No quería lastimarla. Ella esperaba ansiosamente a ver su respuesta. Él tragó saliva.

—…Ya veo. Sólo quería saber.

En ese momento Seiya se preguntó cuáles eran sus propios sentimientos hacia Shaina. Se dio cuenta de que no lo sabía, o al menos era completamente incapaz de formularlo tan contundentemente. Sabía (y cada día se daba más y más cuenta de ello) que la amazona era hermosa. También que disfrutaba su compañía, aunque fuera siempre extraña; le gustaba mostrarle cosas, hablar con ella, y hasta le gustaba esa cara que hacía cuándo algo la sorprendía o incomodaba. También le gustaba todo ese mundo que lograba adivinar tras los ojos de Shaina: ella había vivido aventuras parecidas (a veces incluso las mismas), era poderosa, noble, fiel…

El caballero interrumpió sus pensamientos para abrir el departamento lo más rápido posible.

Si bien ya estaba acostumbrado que al volver al departamento se instalaba siempre un silencio incómodo (Seiya ya había dejado de contar los silencios incómodos desde que Shaina había llegado), este fue especialmente pesado. Seiya se preguntó si Shaina estaba esperando una respuesta de su parte, pero la amazona no preguntó nada. Seiya suspiró. Claro que Shaina quería una respuesta. Probablemente por eso mismo estaba allí en primer lugar.

Seiya llevaba tiempo sin sentirse tan idiota.

Shaina fue a asomarse a la ventana que daba al mar. La luz anaranjada del atardecer iluminó su silueta a contraluz, y Seiya sintió su corazón latir con más fuerza; en esos momentos volvió a verla como parte de otro mundo, ajeno a la sencillez de su departamento. Tenía sentido que todo fuera tan incómodo: era su capricho de querer mezclar el mundo del santuario con el mundo del común de los mortales.

Shaina volteó hacia una repisa en la pared, y frunció el ceño. El caballero de Pegaso estaba seguro de que la amazona iba a decir algo que sólo aumentaría la incomodidad entre ambos, pero en su lugar Shaina señaló un objeto en la repisa.

— ¿Tocas la guitarra?— preguntó ella. El caballero de Pegaso tuvo que voltear a la repisa. Ni siquiera recordaba que su vieja guitarra estaba allí.

—Ah, Algo así, un poco…

—Muéstrame. — pidió ella, sentándose en el sofá.

Seiya la miró sorprendido. Nunca nadie le había pedido que tocara la guitarra.

Mientras se sentaba junto a ella y comenzaba a acomodar la guitarra sobre sus piernas, Shaina lo observaba fascinada; para ella no era común ver a alguien tocando un instrumento. En sus años de entrenamiento nunca había visto a alguien hacer música, y en el resto de su vida era algo que no era común en su día a día.

Con ella mirándolo, Seiya comenzó a sentirse nervioso, cosa que nunca le pasaba. De cualquier forma logro tocar una melodía que, para él habría podido sonar mucho mejor, pero Shaina parecía alegrarse más y más con cada nota. Seguía sus dedos con atención, y movía un poco la cabeza al ritmo de la música. No tardó mucho en cerrar los ojos, y fue allí que Seiya se permitió mirarla con atención.

El caballero no recordaba haberla visto así de relajada antes. Y si de costumbre solía sorprenderse de lo hermosa que era la amazona, esta vez fue demasiado. Sus facciones eran tan finas, sus pestañas tan largas... su cabello largo y desordenada caía sobre sus hombros, la luz que entraba por la ventana iluminaba sólo un poco su silueta. Se dio cuenta de que desde que la había invitado había querido verla así de tranquila.

Seiya siempre había actuado de modo impulsivo. Invitarla en sí había sido completamente improvisado. Esta vez sintió un impulso diferente. Shaina se le había declarado. ¿Besarla era considerado impulsivo, o no?

Dejó de tocar.

Ella abrió los ojos y quiso preguntarle por qué se detenía.

Él la besó en los labios.

Tantas cosas pasaron por la mente de Shaina en tan poco tiempo. El santuario. Su entrenamiento. Todas las veces que había odiado a Seiya por ese calor que sentía en su interior. Todas las lágrimas derramadas, toda la sangre en sus manos. La flecha en su espalda. El dolor. El deseo. Su corazón aceleraba, como antes de una pelea.

Cuando se separaron, la chica tenía lágrimas asomándose en sus ojos. Seiya la miró sorprendido.

— ¡Oye! No beso tan mal como para que estés llorando, ¿No?

—No… estoy… llorando. — respondió ella. Fijó la mirada en él.

— ¿Shaina?

La amazona de Ofiuco no pudo controlar por más tiempo la adrenalina. Lo rodeó con sus brazos y buscó sus labios otra vez, haciendo tambalear al caballero que no se lo esperaba. Shaina se había lanzado sobre él y lo abrazaba con fuerza, recargándose en su cuerpo con total abandono. Su cálida boca y su cuerpo contra el suyo le hicieron difícil al caballero mantenerlos de pie a ambos.

Ella retrocedió apenas se separaron.

—Bueno eso fue… inesperado. — musitó el caballero de pegaso.

—Lo siento.

—No, por favor no te disculpes. Eso… vaya, eso fue muy agradable.

Ella se relajó.

— ¿En serio?

Seiya asintió con la cabeza y le sonrió. Shaina inclinó la cabeza hacia un lado, sonriendo como él nunca la había visto.

Mi fa bene essere qui…— murmuró la chica.

—Definitivamente, el italiano suena muy sexy.

—Seiya.

— ¿Hm?

—Te reto.

— ¿Eh?

—Tú contra mí. Un combate amistoso, para activar los músculos, ¿Qué dices?

—Ahm…— Seiya la miró de pies a cabeza. —no peleo contra mujeres.

— ¡Estoy hablando en serio!

— ¡Y yo te digo en serio, no peleo contra mujeres!

—Yo recuerdo algunas de nuestras peleas en el pasado… la diferencia es que esta vez será una pelea amistosa.

— ¿Peleas en el pasado, quieres decir cuando literalmente me obligabas a pelear contigo?

— ¿Tengo que volver a obligarte?

Él suspiró.

—Dame un descanso.


Y se acaba el episodio de "La Rosa de Athena", ahorita ponemos el ending cantado por Gloria Trevi, acá en Televisantuario.

Dios mío, espero que esa última parte del capítulo no haya quedado de plano muy telenovela. Hablando de música "poderosa", ya vieron el videoclip de "Deutschland" de Rammstein? ¿No? ¡Corran a verlo! Llevo desde que salió completamente obsesionada. Probablemente ayude a curarles el exceso de miel de este cap.

En fin. Por cada comentario, para variar un poco, le mandamos un CD de música japonesa a Marin.

(Como prometí, este capítulo no tiene comida en el título)