"Ram Chahe Leela Chahe Leela Chahe Ram In dono ke love mein Duniya ka kya kaam...

(Si Ram ama a Leela y Leela ama a Ram, ¿Por qué el mundo ha de interferir?)"

Pues nada, acabo de pasar la semana en friega organizando en mi ciudad un ciclo de cine bollywood. Claro, ocasión de oro para volver a ver todas mis pelis favoritas. La corrección de este capítulo les fue traída por el soundtrack de Ram-Leela.

¡Claro, a ustedes todo esto no les importa, pasen al capítulo! Muchas, muchas, muchas gracias por sus reviews y paciencia.


Capitulo 5:

Luces y Sombras


Esa mañana, despertaron sintiéndose extraños. Lo que había ocurrido la noche anterior los había dejado incómodos, pero a la vez les dio la impresión de que una pared se había roto entre ambos: En el siguiente paseo que hicieron, tomarse de las manos se sintió mucho más natural. Seiya la llevó a caminar por la playa.

—Creo que puede funcionar— dijo el caballero, mirando las olas.

Shaina lo miró extrañada.

—Esto, quiero decir… nosotros. — explicó Seiya, señalándola y luego a sí mismo.

La cara de Shaina le dijo que la amazona no había comprendido la frase. Como si le hubiese hablado en otro idioma. En realidad, no es que la amazona no hubiese comprendido, simplemente eran temas que les resultaban ajenos.

— ¿Qué te hace decirlo?

—No lo sé. Contigo puedo hablar libremente. Y… creo que si me esfuerzo suficiente podría conseguir que te sientas cómoda cuando estamos juntos. Alguna vez.

La amazona de Ofiuco tragó saliva. Sonaba tentador. Muy, muy tentador. Seiya se rió, pasándose una mano por el cabello.

—Je, creo que no te puedo ofrecer mucho más.

Ella frunció el ceño. Sonaba francamente surrealista tener a Seiya tratando de convencerla.

—Digo, no tengo trabajo fijo.

—Excepto levantar mariscos en un mercado.

—Exacto. Mi departamento es muy pequeño…

—… ¿Por qué todo eso debería de importarme?

Seiya se detuvo y la miró.

—Bueno, no sé… supongo que… supongo que si vamos a empezar algo juntos igual y…— ok no, sonaba estúpido. De entrada, ni siquiera estaba seguro de si eso que estaban empezando iba a ser un "noviazgo" una "aventura", un…

algo.

—En ese caso, yo tengo mucho menos que ofrecerte, Seiya. — Shaina interrumpió sus pensamientos, cruzándose de brazos. –Y eso mismo me hace preguntarme si esto realmente es buena idea.

Seiya frunció el ceño. No, no, no, eso no era bueno. Suspiró.

—Shaina, ¿Alguna vez te he dicho que eres muy complicada?

— ¿Por qué?

—Porque justo cuando siento que estamos dejando algo claro, dices algo que cambia todo. ¿Recuerdas que me dijiste que te confundo? Creo que tú me confundes mucho más.

Tomó su mano y la apretó con fuerza.

—No hay vuelta atrás, y esto no es una mala idea. Deja de dudar, por favor.

—Tú empezaste, ofreciendo cosas como si aún tuviese que decidir.

Touché.

—Ehm… bueno… hay una razón por la que quise hablar de eso.

—Entonces dilo.

Seiya dudó por unos segundos. Luego, dejó de mirar a Shaina para clavar su mirada en el mar.

—Saori Kido.

Ambos se detuvieron. Un frío cayó entre ambos, coincidiendo con una corriente de aire.

—Es nuestra diosa, Seiya. — dijo Shaina, sintiendo que el simple hecho de tener esa conversación podría considerarse una blasfemia.

—De Saori, quiero decir, no Athena.

Sonaba raro, disociar ambos nombres. Shaina no sabía qué pensar de Saori Kido. Recordaba haber sentido, hacían ya años, unos celos abrasadores en una ocasión, al verla tan cerca de Seiya, pero no recordaba ya cuando había sido la última vez que había pensado en Saori sin asociarla a Athena. En la actualidad no sentía celos cuando pensaba en ella.

Para la amazona, Saori pertenecía al terreno de lo divino. Era Athena, lejana, inalcanzable y dirigiendo su santuario con sabiduría y benevolencia. Sabía también que para Seiya no era exactamente lo mismo: él la conocía mucho mejor, la había visto desde que era sólo una niña malcriada.

—No siento hostilidad por ella, Seiya.

— ¿No?

—No.

—Bueno… eso es excelente. Es que… bueno… ella es muy importante en mi vida. A veces olvido que es… una diosa.

Shaina asintió con la cabeza y lo dejó continuar.

—Siempre daré mi vida por ella, no puedo cambiar eso. Estoy consciente de que no es…— suspiró— no es lo mejor que un hombre pueda ofrecerle a una chica. Realmente no tengo mucho que ofrecerte. A eso me refiero.

—No es la oferta perfecta, supongo.

—lo sé, lo sé…

—Y la acepto.

Seiya volteó hacia ella, sorprendido. Shaina tenía la mirada clavada en el piso.

— ¿En serio?

Ella asintió con la cabeza.

—No puedes amarme como a una diosa. Pero si puedes amarme como a una mortal… no hay mucho más que pudiera pedir. Sé que no puedo competir con ella. No es mi lugar. En cierta forma, no soy tan diferente de ti: también daría mi vida por ella. Soy una amazona, ¿No?

Seiya parpadeó varias veces, aún sin poder creer que la chica no opusiera mayor resistencia. Comenzaba a pensar que daría mucho por saber en qué rayos estaba pensando la mujer. Por más que lo intentara, nunca predecía lo que Shaina respondería. Su mirada tan fuerte no parecía concordar con lo que decía en esos momentos.

—Déjame estar a tu lado. Muéstrame más de esa dulzura. — Shaina sonrió. –No pido más. Convénceme de que esto es una buena idea.

Seiya la tomó en sus brazos. Por un rato, ninguno dijo nada, sólo manteniéndose el uno contra el otro, mientras el mar los salpicaba sólo un poco.

Shaina sonrió maliciosamente.

— ¿Y Miho?

— ¿Eh?

— ¿Miho es importante en tu vida?

—Bueno, sí, pero…

— ¿Algún día me llevarás a visitarla?

—Ok, no, ya no quiero hablar de esto. –escuchó a Shaina bufar, por lo que comprendió que la amazona no insistiría. — ¿Y ahora qué quieres hacer?

—No lo sé— respondió ella. –Regresemos a casa.

Vaya, entonces YACHT HOUSE ya era "casa". Eso definitivamente era un progreso. Seiya sonrió: su campaña personal de "Hagamos que Shaina se sienta más cómoda con… todo" parecía empezar a funcionar.

Mientras caminaban de vuelta a casa, Shaina poco a poco se sumergió en sus propios pensamientos. Miraba de reojo al caballero, preguntándose por qué había sentido la necesidad de hablar de Saori. Claramente era algo que lo preocupaba, y se preguntó si ella no lo había descartado demasiado rápido. ¿Debería estar preocupada también?

Nunca había considerado qué ocurría si de verdad él aceptaba estar con ella. En realidad nunca se había atrevido siquiera a imaginarlo.

Entonces se dio cuenta de que ella misma comenzaba a pensar en cosas que si que la preocupaban. Más exactamente, de cosas que quería decirle y que la asustaban. Apretó su mano con fuerza.

—Entonces creo que hoy sólo será… hmm…— a Seiya se le ocurrió una idea. – ¿Ver TV y comer pizza, te parece?

Shaina estaba distraída en sus propios pensamientos.

— ¿Ah? Si, como digas.

—…aunque ahora que lo pienso, no sé si es buena idea invitar pizza a una italiana. Tengo miedo de que al descubrir cómo preparan la pizza fuera de tu país te ofendas y regreses a Atenas.

Shaina parpadeó un par de veces.

—Digo, eso me pasó cuando fui al restaurante "japonés" en Atenas. ¿Lo conoces?

La amazona negó con la cabeza.

—Dios, llamarle Ramen a eso que me sirvieron… merecían un meteoro de Pegaso. Sobre todo por la decoración del año nuevo chino.

Shaina lo miró en silencio unos segundos.

—…la comida es algo muy importante para ti, ¿verdad?

Seiya se rió y asintió con la cabeza.

Bueno, la pizza no estaba mal. Tampoco es que la amazona fuera experta en pizzas, pese a lo que Seiya insinuaba. Estaban sentados en el sofá, frente a la pequeña TV, buscando algo que no fueran extraños programas de concurso con colores chillones e invitados haciendo cosas ridículas. A Seiya le parecían hilarantes, pero no lograba hacerle entender a la amazona el por qué. Y claro, cuando uno explica chistes ya no son graciosos.

— ¿Nunca has pensado tener una Televisión?

—No.

—Hmm… son buenas para pasar el tiempo.

Ella levantó una ceja.

— ¿En lugar de entrenar?

—Ahí vas, diciéndome gordo otra vez.

Shaina sonrió, pero no respondió nada. Seiya ya comenzaba a sospechar que la amazona tenía cosas que decirle. Se notaba en su forma de "mirar" la televisión y las miradas de reojo que le lanzaba. El caballero de Pegaso se preguntó a sí mismo cuándo la amazona dejaría de ocultarle cosas. Era complicado. Seiya se aclaró la garganta, atrayendo la atención de la amazona, que no dudó mucho en apartar la mirada de la película con monstruos y sangre que habían terminado viendo (lo único que le había resultado tolerable para ver).

Cómo odiaba cuando Shaina se quedaba en silencio, en ese tipo de silencios más específicamente.

—Bueno— el caballero se decidió a romper el silencio. – ¿Empiezo yo, o empiezas tú?

Shaina lo miró escéptica.

— ¿Empezar qué?

—A hablar. Como adultos que se supone que somos, ¿no?

—Ya hemos hablado.

—Si… pero creo que hay un tema del que no hemos hablado.

Se miraron los dos. Shaina se puso tensa, comprendiendo a qué se refería.

— ¿De verdad quieres que removamos el pasado?

—Yo no quiero. Tú quieres. O bueno… tal vez no quieras, pero tienes cara de que necesitas decirme cosas. Tal vez podemos hablar de una vez y esto se vuelva un poco menos incómodo. — se pasó una mano por el cabello. Shaina le quitó el control y apagó la televisión (luego de confundir el botón de apagado con el de lista de canales).

—Puedo empezar con ofrecerte una disculpa, aunque no sea suficiente.

—Bueno, yo no…

—Lo siento. De verdad lo siento. — dijo, mirándolo a los ojos. –Debí dejarlos en paz, a Marin y a ti, mientras ella te entrenaba. No me formé del lado de la justicia cuando el santuario estaba en crisis.

El caballero de Pegaso se sintió asustado por lo rápido que la amazona acababa de lanzar todo eso.

—Al menos quisiera saber por qué.

—Tenía que ser así. Tenía poder, seguidores… una vida plena. Me sentía bien. Estar del lado del patriarca me concedió mucho poder… y quería usarlo para vengarme de ti.

—Eras totalmente aterradora.

—Creo que lo peor fue cuando te fuiste del santuario. En mi cabeza no dejaban de sonar una y otra vez tus palabras, el modo en el que te burlaste de mí…

— ¿Qué querías que hiciera? Llevabas tanto amenazándome y de repente aparecías con ese rostro tan hermoso. No me digas que no ameritaba una burla.

—Tonto.

Ella no siguió hablando. En su lugar, volteó hacia la ventana. Seiya dudó en si preguntarle lo que le rondaba la cabeza desde que el tema había empezado.

—Shaina, ¿Por qué?

— ¿Qué cosa?

— ¿Por qué estabas tan obsesionada con matarme?

—Ya lo sabes, la ley de las máscaras…

—La verdad, por favor.

Shaina guardó silencio por un largo rato. Quiso decirle que no insistiera, que esa era la verdad. Pero sabía que su obsesión por matarlo, en otros tiempos, había llegado a ser risible, incluso para el santuario. La ley de la máscara era un pretexto perfecto, pero no podía ser todo.

—Creo que te perseguía pues era una forma para mí de perseguirme a mi misma… —bajó la mirada a sus manos. —verte me recordaba constantemente que era humana, que sentía… que podía sentir amor. Me asustaba.

—A mi me asustaba mucho más, te lo aseguro.

—Debo confesarte algo. — Shaina se mordió el labio. No estaba segura de si quería decir lo que estaba por decir, pero necesitaba decirlo. –Mis deseos de matarte, mi odio hacia ti eran tan intensos, que sólo son comparables con el amor que siento ahora por ti.

Lo miró a los ojos.

—Intentaba ponerle nombre a lo que sentía, algo que me resultara familiar.

Aunque Seiya recordaba el miedo que ella llegó a inspirarle, y aunque podía enumerar todas las amenazas y ataques sufridos a manos de la amazona, cada vez le costaba más trabajo recordar que la Shaina que ahora lo miraba con ojos temblorosos y brillantes había sido una terrible enemiga en el pasado.

—Cuando éramos niños, provocaste en mí un cambio que no pude detener. Y al darme cuenta de que no lo podía detener, quise destruirte. Como si eso lo fuera a resolver todo.

—Destruir lo que te hacía sentir incómoda.

Ella asintió con la cabeza.

—Shaina… si hubieses logrado matarme, ¿Crees que te habrías sentido mejor?

Shaina lo pensó.

—Eso creía. Pero ahora me pregunto si no habría sido lo mismo que matarme… en todo caso, la Shaina que te habla ahora no existiría.

Seiya sonrió.

—Exageras. Habrías podido enamorarte de otra persona.

Shaina bufó.

—Lo dudo.

Siguieron hablando hasta la madrugada. A veces con más facilidad, a veces con largos momentos en silencio. Era como si se hubiesen lanzado en una dirección sin poder detenerse. Como si se hubiese roto una barrera entre ambos. Shaina no se consideraba como una persona muy dada a las palabras. El lenguaje es vago, poco expresivo, débil: prefería mucho más demostrar sus sentimientos con acciones. En muchos casos, con golpes. Eso solía funcionar muy claramente.

Ahora, se enfrentaba a hablar. Encontrar palabras lo suficientemenre importantes para hablar de lo que sentía, de sus recuerdos. Pero esta noche, sentía de pronto que no podía detenerse, no podía dejar de intentarlo.

A veces las palabras se mezclaban con sollozos. A veces él la abrazaba, a veces también hablaba con la voz entrecortada. Shaina se dio cuenta de que tenía muchas cosas que decirle, Seiya escuchaba, y a su vez le decía cosas que se había guardado por demasiado tiempo. Algunas cosas, no sabía que quería decirlas hasta ese momento.

Seiya no estaba acostumbrado a que alguien lo mirara con tal atención cuando hablaba. Tampoco estaba acostumbrado a hablar por tanto tiempo. Ni siquiera sabía qué rayos hacía, contándole a Shaina cualquier tontería, como cuando, años atrás, se había preguntado si alguna vez podría oírla decir algo dulce en italiano. Y sin embargo, ella lo escuchaba con atención. Cada palabra.

Fue como un viaje en lo que había sido su relación, por medio de recuerdos, sentimientos, secretos y detalles que uno u otro no recordaban. Desde el principio completamente hostil, hasta el confuso presente. Recordaron las peleas pasadas, los momentos de ternura, los sacrificios, la frustración, las dudas, la curiosidad, las guerras santas. La vida en la tierra, las batallas en el mismo infierno. Hablaron de lo que habían visto, sentido, pensado, cada uno en su propia realidad.

Cuando se sintieron demasiado agotados para continuar hablando, afuera el cielo poco a poco se tornaba azul. Sus frentes se tocaban, Shaina tenía los brazos de él a su alrededor. Podía ver en el caballero que estaba tan cansado como ella.

—Tal vez deberíamos dormir.— murmuró él, pero no hizo ningún movimiento para separarlos.

Shaina sonrió levemente y se acercó a el, aun dudando de que tanto tenía permitido hacerlo. Al no encontrar resistencia de ningún tipo se inclinó y lo besó en los labios suavemente. A su sorpresa él no sólo recibió el beso sino que la tomó de la barbilla para besarla otra vez.

Shaina se sorprendió, pero luego de la sorpresa inicial se recargó en él con tanta fuerza que prácticamente lo aventó sobre el sofá. Continuaron besándose hasta que el sueño los derrotó.

A la mañana siguiente Shaina despertó con varios músculos entumidos. Esa parecía mejor idea la noche anterior. Un fuerte peso aplastaba su cuerpo y no ayudaba en gran cosa a sus músculos entumidos. La amazona enrojeció y abrió los ojos como platos al descubrir que el "peso" era simplemente Seiya, dormido sobre ella.

—Oh… Dioses…— murmuró. De hecho, no se sentía nada desagradable.

Al contrario, más bien. Entre más consciente se hacía del cuerpo de Seiya sobre ella más agitada se sentía. Era una sensación atrozmente placentera, y terriblemente confusa también: su cerebro se había llenado en pocos segundos de ideas y pensamientos que la estaban atormentando. Estaba demasiado cerca de él. Podía olerlo, sentir cada parte de su cuerpo, escuchar su respiración.

Su aliento le cosquilleaba el cuello.

Shaina cerró los ojos. Ya sabía lo que le pasaba, después de haberlo experimentado tantas veces en el pasado, y especialmente durante este viaje. Deseo.

Nunca lo había sentido tanto como en ese momento.

Por eso, obedeció su primer instinto de rechazo a esta emoción que amenazaba con esparcir un calor abrasante más allá de su vientre…

Y empujó a Seiya sólo unos centímetros hacia un lado. Gracias a la gravedad, Seiya cayó del sofá y profirió una queja al impactar contra el suelo.

Mientras lo miraba recuperar el sentido, Shaina intentó nivelar su respiración. Gracias, dioses, que él no pudiese notar lo que pasaba por su cabeza en ese momento!

—Lo siento, Seiya.— alcanzó a decir.

Al levantar la cabeza y ver el rostro rojo de la amazona, Seiya también se tiñó de color tomate.

—Oh… ¡¿Oh no, me dormí encima de ti?!

—Aparentemente.

—¡Lo siento! ¿Estás bien?

—Estoy bien, no eres tan pesado.

—Shaina, esto es… rayos, esto es… — Seiya estaba nervioso. Shaina podía verlo en su cara.

—No importa, es como dormir con la armadura puesta.

—¡Qué dices! Esto…

Seiya no lograba explicar qué le molestaba tanto. Simplemente… dormir sobre una chica no sonaba apropiado. Al menos no en esta circunstancia. Musitó una disculpa y corrió a la cocina para preparar café.

Shaina por un rato se quedó en el sofá. Se sentía cansada, pero sobretodo decepcionada de que él se hubiese ido tan fácil. Tardó aún unos segundos en ir y alcanzarlo, siendo recibida por el ya familiar aroma a café. El caballero había dejado caer café sobre la mesa, así que lo encontró limpiando con un trapo.

Ya le había servido una taza. Shaina se sentó frente a ella.

—Marin me contagió el gusto por el café.

—¿Ah si?

—Si… decía que si su cafetera no habría sido capaz de entrenarme.— sonrió ampliamente y luego pareció pensarlo un momento. –No sé cómo tomar eso.

—No te ofendas, pero creo que la paciencia de Marin se volvió legendaria en todo el santuario después de entrenarte.

Seiya le sonrió por sobre las tazas de café.

—Y dime… ¿Ese es algún ataque amazónico desconocido?

Shaina levantó la mirada.

—¿El qué?

Él hizo una pausa, y su sonrisa se volvió burlona.

—¿Besar a un hombre hasta dejarlo completamente agotado?

Shaina levantó la mirada al techo. Seiya se dio cuenta de que una parte de él se sentía bastante divertido viendo incómoda a la chica. Se antojaba seguir.

—¿Aún tienes ataques como ese que mostrarme?

—Seiya…

—Eres una adversaria terrible.

—¡Tú empezaste!

—¿Crees que sea normal besarse con alguien por tanto tiempo?

—¿Por qué me preguntas a mí?

Se sonrieron, dedicándose por un rato sólo a terminar sus tazas. El caballero de pegaso notó que el rostro de la amazona lentamente comenzaba a ensombrecerse. Luego de ir a poner más café, al regresar a la mesa se dio cuenta de que la amazona estaba perdida en sus pensamientos.

—¿Qué pasa?

Shaina suspiró.

—Cassius.

Se dio cuenta de que hacían años desde que pronunciaba ese nombre, y sobre todo se dio cuenta de que sentía un peso terrible sobre el corazón al decirlo. Toda jovialidad pasada entre ambos pareció esfumarse en un instante. Seiya se preguntó si estaban condenados a que cada que parecían acercarse más intervendrían nuevos temas terribles. Nuevas razones de sentirse mal.

—¿Sabes, Seiya? Hubo un tiempo en que habría sido capaz de matarlo con mis propias manos.

Apretó con más fuerza la taza.

—¿Qué? ¿Por qué…?

—Si me decepcionaba. – explicó Shaina. –Si no obtenía la armadura de Pegaso. Estaba dispuesta a matarlo sólo por ser una decepción.

—Bueno, eso…

—En el combate entre ustedes.— interrumpió a Seiya, con la vista fija en su taza de café. –Le ordené que me trajera tu cabeza.

Seiya tragó saliva. En ese momento, luego de días y días de tenerla allí como invitada, reconoció por un instante a su enemiga. Esas palabras lo hicieron tomar conciencia de lo distinto que había sido el entrenamiento de Cassius al suyo. Lo distinta que era la forma de ver al Santuario que tenía Shaina de la suya, o la de Marin.

—No quería sólo que ganara la armadura.— continuó Shaina, quien desvió la mirada de Seiya. –Quería verlo matarte. Creí que con eso terminaría todo. Mi alumno destruyendo eso que me volvía incómoda… arrastré a Cassius a mi locura.

—Shaina.

La amazona de Ofiuco comenzó a temblar.

—¡Yo lo maté, Seiya!— murmuró. SE oía como algo que la amazona había guardado por mucho tiempo. Shaina parecía asustada de su propia conclusión.—Todo es mi culpa… ¡Todo es mi culpa!— gritó. La taza de café se rompió en sus manos. –Es mi culpa por no haber sido una buena maestra.

Ambos guardaron silencio. Por un rato, Seiya no supo qué decir. Shaina aún tenía en sus manos los pedazos de la taza, sin importarle si sus manos ahora estaban manchadas de café y un poco de sangre. La amazona había bajado la mirada. El caballero se acercó y delicadamente comenzó a quitarle los fragmentos del recipiente para ponerlos sobre la mesa.

—Le debo la vida.— dijo, suavemente. —No sabes cuanto lloré pensando en lo cruel que fue su destino.

Ella negó con la cabeza, y respondió en un murmullo.

—No tienes por que culparte, Seiya. Soy yo quien carga con su muerte.

—Déjame cargar con ella también, Shaina.

—Qué dices…

—Dio su vida por mi, shaina. Porque no quería que estuvieras triste si moría.— se levantó a buscar un trapo de la cocina.

— Yo era su maestra, y tal vez su muerte me enseñó mucho más de lo que yo pude enseñarle. Sé que se sacrificó por mi, por no dejar que te mataran.— frunció el ceño.— Supongo que fue su forma de decirme que me volviera más humana. Y quiero hacerlo.

—Deseaba que fueras feliz.— concluyó él, mientras se acercaba a ella otra vez. Shaina lo observó en silencio. Aún pensando en las palabras del caballero. Seiya comenzó a limpiarle las manos.

—Seiya… ¿La fundación está muy lejos de aquì?

—Ehm… tendrás que ser más específica. ¿Te refieres a la mansión de Saori, las oficinas, el exorfanato, el hospital?...

—El hospital.

—Pues… no está muy lejos, ¿Por qué?

—Quiero ir. Contigo.

Menos de media hora después del incidente de la taza, estaban de vuelta a los alrededores del hospital de la fundación. Shaina no había querido entrar, sino sólo caminar por los alrededores, por el parque lleno de árboles. Seiya suspiró. Shaina no se veía mucho más animada que hacía rato, ni parecía querer hablarle. Probablemente tenía un montón de cosas en la cabeza (conociéndola, probablemente muchas reflexiones cargadas con culpabilidad), y no hablaba.

—Así que… este es el hospital.— intentó.

—Lo reconozco.

—No ha cambiado mucho en todos estos años.

—…

—Sigo pensando que la mejor parte es el parque.

—¿Cuándo fue la última vez que estuviste aquí?

—Ahm… honestamente no podría darte fechas. Pero no estuve internado mucho tiempo.

—¿Te dieron de alta, o te escapaste?

—See… odio los hospitales. Creo que resisto con tranquilidad uno o dos días y luego me desespero. Miho solía atarme a la cama todo el tiempo.

Ambos se detuvieron al mismo tiempo. Shaina lo miró seriamente perturbada.

—…Para evitar que me escapara del hospital, quiero decir.

Tristemente, Shaina no pareció celosa o con ganas de indagar más sobre Miho. Sólo asintió con la cabeza, musitando un "Ah, ya veo…" y regresó a su silencio. El caballero de Pegaso repasó mentalmente un par de ideas para hacerla relajarse otra vez. Entonces la respuesta apareció en su cabeza, evidente.

Detuvo su andar y señaló hacia los árboles.

—Acepto tu reto.

—¿Mi reto?

—Sí, peleemos.

—¿Aquí?

—Bueno, aquí querías matarme y Aioria nos amenazó, ya que tenemos recuerdos violentos de este sitio tal vez podemos vivir algo un poco... más armónico.

Ella dudó, pero finalmente se dijo que tenía que aprovechar la ocasión.

—…Suena bien.

Ambos se pusieron en guardia. Tardaron un largo rato en decidirse a atacar, pero finalmente la amazona tomó la delantera y se lanzó al combate.

Era muy extraño estar peleando en modo amistoso entre ellos. Nunca se habían enfrentado como compañeros en lugar de cómo enemigos, y para Shaina el resultado era más que liberador. Mientras disparaba golpes, algunos que el caballero esquivaba y otros que no, la amazona comenzaba a sentir sus preocupaciones volverse cada vez más ligeras.

No desaparecían, pero pelear contra Seiya la hacía sentir tan viva que parecían lejanas.

Seiya tenía la impresión de reencontrar algo perdido. Hacía mucho que no peleaba o entrenaba, y no se había dado cuenta de cuánto lo extrañaba hasta ese momento, peleando con Shaina. La amazona conservaba una técnica excelente y ver la agilidad de sus ataques era inspirador.

No le gustaba pelear con mujeres. Sin embargo, mientras peleaba con ella veía una compañera, una hermana de armas. El combate duró un largo rato, púes ninguno de los dos quería rendirse.

Al final de un ataque, Shaina lo detuvo ágilmente, hasta que los dos se encontraron detenidos únicamente por sus manos. Comenzó una lucha de fuerzas sobre quien empujaría al otro para tirarlo al suelo. Shaina apretó con más fuerza su agarre y comenzó a empujar, sintiéndose definitivamente más fuerte que él en esos momentos.

La amazona sonrió mientras que Seiya apenas si lograba responder con la misma fuerza. Estaba demasiado impresionado por la agresividad con la que Shaina contraatacaba, decidida a derrotarlo: él no lograba dar tanto de si en un simple entrenamiento.

Shaina logró hacerlo retroceder un paso, así que el caballero de Pegaso se vio obligado a responder. Le sonrió a la chica burlonamente y apretó con más fuerza: también tenía su orgullo como para dejarse ganar tan fácilmente.

Probablemente una persona normal habrá no sólo caído al suelo, sino que habría tenido uno de los brazos o los dos fracturados ante la fuerza que ambos aplicaban.

Pero para ellos, era un simple entrenamiento.

La ofensiva de Seiya comenzó a ser más evidente, lo que hizo que Shaina se esforzara aún más para continuar empujándolo. Dio un paso hacia adelante, atacando con su fuerza y con su propio peso.

Otra vez, Seiya retrocedió.

El caballero estaba en desventaja; se daba cuenta de que en cualquier momento la chica lo haría caer. Necesitaba sacar más fuerza de sus brazos, ya que no podía contar en su cosmos para vencerla. Comenzó a concentrarse como cada vez que necesitaba mayor esfuerzo en un combate…

…cuando se le ocurrió una idea mucho mejor.

—Prepárate a morder el polvo, Pegaso.— amenazó Shaina.

—No estés tan segura, ophiuco.

Seiya estaba sonriéndole otra vez. Shaina se preguntó por qué, si estaba cerca de vencerlo. Empujó con más fuerza, cerró los ojos y envió todo su cuerpo hacia adelante. Comenzaban a dolerle los tobillos de mantenerla de pie.

Y entonces, como cada vez que un adversario estaba por derrotarlo y todo parecía perdido, el caballero de Pegaso sorprendió a su enemigo con una técnica nueva y renovadas energías:

Soltándola de repente, acercándola a él y dándole un beso en los labios. Como lo esperaba, Shaina se sorprendió, perdió el equilibrio y no pudo defenderse cuando el caballero la tomó entre sus brazos y se dejó caer…

…para finalizar la contienda con los dos en el suelo.

En premio a su victoria, Seiya fue recompensado con una bofetada en la mejilla izquierda.

—¡Seiya! ¡Tómate esto en serio!

—¡Hey, me lo tomo en serio!— respondió Seiya, pasándose una mano por la mejilla adolorida. –Me lo tomo tan en serio que me hiciste usar una técnica sorpresa.

—¡Eso fue hacer trampa!

Seiya comenzó a reírse.

—¡Si es tu técnica secreta!

—Sabes bien que no puedo concentrarme si me estás…

El caballero la calló con otro beso. Y efectivamente, Shaina dejó muchos pensamientos atrás.


Fin del capítulo.

Wow. Hablé de Saori y de Cassius en un fic de Shaina y Seiya. Espero haya quedado soportablemente angsty. Insértese el meme de Black Panther "We don't do that here". El chiste de Miho y la cama va dedicado a mi amiga Mel.

Este cap me quedó algo cargadito, una disculpa… y bueno, pasé horas preguntándome cómo titularlo y lo único que salió fue ese título garca. Si tienen una mejor idea pueden mandarla.

Por cada review, le mandamos una taza nueva a Marin. Y café.

Otro detalle: La escena donde se ponen a hablar y llorar juntos es un homenaje descarado al pedazo de obra de arte que es el fanfic "Compasión" de Rihannon. Vayan a leerlo.

PD. Por ahí hubo algunos curiositos que preguntaron "¿Y pa cuando el lemmon?". Pues… el próximo capítulo estará divertido.