Este capítulo fue traído a ustedes gracias al patrocinio involuntario de Juanes y su "Pa Dentro", y de Joe Jonas y su "Cake By The Ocean. Sip, uno saca ideas de las canciones más inesperadas.

Gracias por sus paciencia y sus reviews (Y ustedes como "¡Cómo si nos pidieras permiso para actualizar mil años después!").

¡Así es, al fin, acá está el LEMMON del fanfic! Iba a subir este cap tarde en la noche, pero logré terminar la corrección antes de lo esperado, ni modo, será lemmon de tarde en lugar de lemmon nocturno como Dios manda (según mi horario).


Capítulo 6:

Risas


A la pregunta "¿Y qué quieres hacer hoy?" ella respondió que quería lo mismo que ayer: Pizza, TV y un paseo por la playa. La Pizza y la TV resultaron mucho mejor que el día anterior, esta vez sin interrupciones de temas dolorosos (y una excelente mala película de terror con monstruos y mucha, mucha sangre). Pese a esto, Seiya tenía la impresión de que Shaina estaba pensativa.

Y seguía pensativa durante el paseo por la playa.

Ambos estaban caminando, a pocos centímetros de la orilla. Con los zapatos en la mano, dejando que la frescura del mar mismo les acariciara los pies. El cielo era anaranjado, el clima estaba perfecto, y Shaina seguía callada.

Seiya tuvo ganas de sorprenderla.

Viendo el borde del mar, se le ocurrió una idea. Sonrió maliciosamente y volteó hacia la amazona, deteniendo su marcha.

Quiso empujarla contra el agua, pero la amazona reaccionó tan rápido que en menos de un segundo había esquivado su ataque… y Seiya cayó al agua de cabeza. Shaina lo miró caer y pasó de sorprendida a enojada, a confundida… a reírse a carcajadas en menos de unos segundos.

Seiya la miró falsamente enojado, lleno de agua de mar y arena.

—Genial, hiciste que cayera de cabeza contra el agua, ¿Orgullosa?

Shaina no podía dejar de reír.

— ¡Idiota! ¿Qué rayos intentabas hacer?

—Hacerte caer al agua, claramente. Y lo habría logrado si no estuvieras todo el tiempo en modo amazona-lista-para-el-peligro.

Shaina seguía riéndose. El caballero se dio cuenta de que la había tomado por sorpresa, y la miró reír sintiéndose visiblemente satisfecho. Probablemente había resultado mejor que la idea original.

…Aunque significara ahora tener toda la ropa mojada y la cara llena de arena.

— ¡Seiya, por Athena! Si Marin te hubiese visto te regresas directo al entrenamiento. ¡Pareces un niño!

Seiya sonrió burlonamente.

—No es mi culpa que cierta italiana no sepa relajarse.

— ¡Cómo caíste!— Ahora Shaina se sostenía el estómago.

"Wow, igual y tengo que caerme más seguido"

— ¡Bueno, pues ni creas que me quedaré aquí solo!— se levantó rápidamente y sostuvo a la amazona por el brazo. – ¡Ahora sí, Shaina, a nadar!

Shaina negó con la cabeza y protestó, pero no opuso mayor resistencia, y cayeron los dos salpicando en el agua. Una falsa pelea de agua y sal se impuso en poco tiempo, mientras ambos reían. Al principio Shaina no quiso seguirle el juego, pero cuando él la llenó de agua salada y no dejaba de invitarla a lanzarle agua, terminó rindiéndose y lanzándole agua tal vez con más fuerza de la necesaria.

— ¿Alguna vez habías hecho esto?

Ella negó con la cabeza.

— ¡Dioses, Shaina! ¡Vives en Atenas! ¡La playa allá es como mil veces más bonita que aquí!

—No se me había ocurrido que podría ser tan divertido. —respondió ella, mirando el agua a su alrededor. Igual, no es que la amazona se dirigiera por diversión.

Se quedaron un largo rato más. Seiya estaba feliz de que la amazona se comportara tan alegre, por una vez. Además era tan bonita…

—Bueno… creo que necesito cambiarme. — Estuvo por decir "Y definitivamente necesitas cambiarte" pero no quiso que la amazona se diera cuenta de que cada vez le costaba más trabajo mirar a otra parte que a lo pegada que se veía su camiseta.

—Regresemos, de cualquier forma esto se está enfriando un poco. — accedió Shaina.

…aunque no era desagradable en lo más mínimo ver cómo la tela se pegaba a sus músculos.

El regreso a casa fue interesante, y no sólo porque todas las personas que los vieron pasar los miraron raro. Iban tomados de las manos, él dibujando círculos en la mano de ella con el pulgar, ella apretando su mano con más fuerza de la habitual.

Shaina no era buena con sus propias emociones. Lo sabía. Pero sabía también que el cosquilleo que recorría sus venas no era desconocido. Ya no.

Empezó como un simple beso frente a la puerta. Tomándola por la cintura, él la acercó más a su cuerpo, y ella lo rodeó con sus brazos, aferrándose a él cada vez más fuerte. Las pocas neuronas que aún le reaccionaban cuando la besaba se volvieron insistentes: tenía que entrar al departamento con ella, y cerrar la puerta.

—Shaina, tenemos que entr…

La amazona no parecía escucharlo. Enmarcó su cara con las manos, besándolo insistentemente, recargando todo su ser en él. Era difícil pensar, y era igual de difícil no dejarse caer de una vez, pero de alguna manera el caballero de pegaso consiguió abrir la puerta y entrar llevándosela con él. Cerró con un portazo, pues ella lo empujó contra la puerta.

Su cuerpo se sentía caliente en sus manos. Ella se detuvo unos momentos, necesitada de aire, y fue entonces cuando él le dio la vuelta para aprisionarla contra la pared. No estaba seguro de por qué su propio cuerpo se había movido de ese modo, probablemente necesitando ganar un poco de control. La respiración de Shaina era acelerada y profunda, y la amazona se veía un poco aturdida.

—Me… gusta… besarte.

—Eso… — también a él le faltaba el aire. –Eso está claro, Shaina.

Seiya cerró los ojos, intentando ordenar sus pensamientos. Por suerte, Shaina no volvió a lanzarse sobre él quitándole la capacidad de pensar. Sus grandes ojos esmeraldas estaban fijos en él, intentando analizar en qué pensaba, qué sentía el caballero.

Finalmente, él dejó escapar un suspiró y le sonrió.

—También me gusta besarte, Shaina.

Los labios de ella se curvearon hacia arriba, y fue allí donde Seiya sintió que toda resistencia, toda duda o cualquier cosa que le impidiera actuar simplemente desaparecía. Los ojos de la amazona brillaban, recordándole la vez que había retirado su máscara frente a él, tantos años atrás: una mirada que pedía algo que no se atrevía a enunciar.

Esta vez, Shaina no pidió nada con palabras, pero él vio en sus ojos lo que la amazona quería.

Tomó su rostro entre sus manos, y acarició con sus pulgares las mejillas de la mujer. Ella cerró los ojos ante la caricia, rodeó al caballero con sus brazos. Seiya sonrió, conmovido de verla tan quieta de pronto, luego de la manera en que habían entrado al departamento. Alguna vez Shaina mencionó que la ternura le era completamente desconocida hasta conocerlo a él, por lo que el caballero se sentía obligado a mostrarle, al menos lo que él podía darle como ternura.

La besó en las mejillas, en la frente, en los labios, en la punta de su nariz. Ella se estremecía a cada contacto, sus manos aferradas a él con fuerza. La amazona sentía que si se movía de más arruinaría la maravillosa sensación que le producían esos simples besos. Su corazón latía fuerte en su pecho, y Seiya tomaba su tiempo con cada beso, sintiendo bajo sus labios la cálida piel de la chica.

Entonces, comenzó a dejarse llevar.

De tocar su rostro, comenzó a bajar hasta su cuello, haciendo que ella se aferrara a él con más fuerza y volviera a respirar aceleradamente. Sus manos regresaron a la espalda de ella, y sus labios se dedicaron a explorar su cuello. Su aliento cosquilleaba la piel de la amazona, quien mostraba reacciones cada vez más intensas; un gemido cuando él lamió su cuello, una de sus fuertes piernas rodeando su cintura para acercarlo más.

Seiya rió por lo bajo.

—Creo que rompiste mi camiseta.

— ¿Eh?

Shaina abrió los ojos y levantó la mirada hacia los hombros del chico. Se dio cuenta de que sus uñas habían hecho dos grandes hoyos en su camiseta y se ruborizó un poco.

—Lo siento.

— ¿Por qué tienes uñas tan largas, Shaina?

Ella no tenía ganas de responder. Quería que él siguiera con la labor que tan bien estaba realizando, y con respecto a la camiseta quería quitársela de una buena vez. Así que bajó sus manos de los hombros del joven y los deslizó por debajo de su camiseta, sintiendo con las palmas de sus manos sus pectorales. Él comprendió el mensaje y regresó al cuello de la chica, aunque esta vez su respiración comenzaba a entrecortarse.

Lo había visto sin camisa varias veces, pero nunca había sido el momento de fantasear con ello. Siempre había una guerra de por medio, un enfrentamiento, algo que la alejaban de pensar en sus propios deseos. Se dio cuenta de que llevaba mucho tiempo queriendo volver a tocarlo y poder memorizar cada centímetro de su pecho, así que dejó sus manos explorar cada rincón que alcanzaba.

Le gustó notar las reacciones en el cuerpo de él, pues además de su respiración acelerándose, sus manos se atrevieron a bajar más en el cuerpo de la amazona. Además de un bulto cada vez más notable en sus pantalones. Levantó el rostro hacia ella, y volvió a besarla en los labios, esta vez regresando a los besos hambrientos que habían empezado al entrar al departamento.

Ella respondió rodeándolo con las dos piernas, y sosteniéndose a él con los brazos, para que el caballero pudiese cargarla hasta la cama. Torpemente llegando hasta la cama sin dejar de besarla, y tirando uno de los posters de barcos en el proceso, se dejó caer con ella sobre las sábanas.

Todo su cuerpo lo pedía.

Besó a Shaina insistentemente, haciendo presión entre sus piernas con sus caderas, pues cada vez era más doloroso resistirse. Ella detuvo sus besos, sosteniendo su rostro con ambas manos, y luego lo empujó firmemente, haciéndolo girar y quedando sobre él. La amazona parecía saber exactamente qué quería.

Lo primero que hizo fue quitarse la camisa, desabrochando cada botón bajo la mirada atenta del caballero, y finalmente quedar en sostén frente a él. Luego, bajó sus manos hasta el pecho de él y le quitó la camiseta, mirando deleitada su pecho. Su bajo vientre ardía de deseo, tanto como el de él, por lo que fue mucho más rápida para quitarse los pantalones y desabrochar los de él.

Y así, recargándose en su pecho, movió sus caderas buscando cómo dejarlo entrar en ella. Él, con las manos la guió hasta que ambos encontraron lo que buscaban. La amazona apretó los puños, igual que él se aferró a su cuerpo, cuando ella lo sintió entrar entre sus piernas.

Shaina abrió los ojos lentamente, aún acostumbrándose a la sensación. Podía verlo a él, debajo de ella, respirando profundamente, procesando como ella lo que su cuerpo sentía: cada respiro de él ella podía sentirlo en todo su cuerpo.

Se movió sólo un poco, dándose cuenta de que todos sus movimientos los harían estremecerse a ambos, y en respuesta él sostuvo su cintura con fuerza, con los ojos cerrados. Entonces, la amazona comenzó a moverse, como si cabalgara, buscando más y más esa placentera fricción que los hacía perder la cabeza a ambos.

Los gemidos de ambos, cada vez más fuertes, cortaron el silencio del departamento.

La adrenalina que guiaba su cuerpo le hizo pensar en la adrenalina del combate, aunque definitivamente no eran lo mismo. Llevados por un instinto que desconocían hasta entonces, dejaron que sus cuerpos hablaran.

Él nunca habría imaginado al cuerpo de la amazona tan suave, tan cálida.

Cada movimiento los hacía sentir más a ambos. Cada gemido de la amazona era más fuerte.

Ella sentía una satisfacción visceral mirando en él lo que ella misma provocaba en su cuerpo. Necesitaba moverse cada vez más rápido, con el fuego en su interior esparciéndose hasta el último rincón de su cuerpo. Cada vez más cerca de lo que buscaban.

Pronto, con un fuerte apretón en su cintura, el caballero se liberó dentro de ella con un último movimiento un tanto errático. Poco después ella sintió los ardores del orgasmo recorriendo su cuerpo. Sentía que tantas emociones no cabían en su ser. Gritó extasiada. Le pareció escuchar que él decía su nombre entre gemidos.

Cuando esos gloriosos segundos se acabaron, ella miró al caballero. Seiya se veía alegre y cansado, con una enorme sonrisa satisfecha en su rostro.

—Dioses, Shaina…

Dioses.

Dioses.

El Santuario.

Su entrenamiento.

Eres una amazona.

Shaina sintió como si acabaran de echarle un balde de agua fría. Su cuerpo entero reaccionó, volviéndose tenso. Miró a Seiya con ojos asustados, de pronto dándose cuenta de que estaba allí, con él… dentro de ella, y en un departamento con posters de barcos. En Japón. A pocos centímetros de su armadura.

La expresión de Seiya cambió a una de completa confusión.

— ¿Shaina?

La amazona se separó tan bruscamente de él que casi lo lastima, y aunque él seguía bastante aturdido (felizmente aturdido), alcanzó a detenerla antes de que la chica saliera de su cama.

— ¡Ey! ¡Espera!— exclamó, sosteniendo el brazo de la chica tal vez con más fuerza de la que habría usado con otra mujer. – ¿Qué ocurre?

—Esto… esto no debió pasar, es una locura. — balbuceó la amazona, aunque parecía más confundida que enojada.

—Oye, oye… tranquila.

—Soy una guerrera. Esto no… no…

Seiya suspiró, y la jaló hacia él lo más suavemente que pudo. Extrañamente, Shaina no protestó, y él aprovechó para tomar sus dos muñecas, haciéndola mirar hacia él.

—Mírame, ¿Si?

Shaina cerró los ojos, y respiró profundo. Parecía estar ordenando sus propios pensamientos, por lo que por un largo rato Seiya se limitó a observarla, cada vez relajando más el agarre en sus manos. El caballero de pegaso dudó por un rato, pero finalmente se atrevió a besarla en la frente, consiguiendo una pequeña sonrisa de la amazona de ofiuco. Lo que sea que hubiese sido eso, parecía haber pasado.

— Oye… ¿Tan mal estuvo?— bromeó, casi murmurando.

Shaina río por lo bajo, y negó con la cabeza.

—No, definitivamente no es eso.

— ¿Entonces?

Ella no respondió de inmediato. En la respiración de ambos aún era posible adivinar el momento que acababan de pasar. Se suponía que justo después del orgasmo venía el acurrucarse, o al menos unos momentos de recuperarse juntos, ¿no? Seiya se lamentó en silencio. Definitivamente eso de "Una de las dos personas parece tener un ataque de pánico sin razón alguna" no había sido un buen final.

La amazona guardó silencio un poco más, y finalmente comenzó a hablar, también en voz baja.

—Recordé quién soy. O quien creía ser.

— ¿Y eso… es… malo?

Seiya necesitaba explicaciones. Y ella claramente aún las seguía formulando en su cabeza.

—Soy una amazona. Las amazonas luchamos por Athena, y no se supone que nos entreguemos a nuestros deseos egoístas. Por un momento sentí… sentí que estaba faltando a mi labor, pero lo estaba disfrutando tanto que…—se mordió el labio, miró hacia otra parte. —…siento culpa.

Seiya la escuchó atentamente. Luego, lo pensó por unos momentos. Soltó a Shaina lentamente, y llevó sus manos a los hombros de la amazona, mientras pensaba qué decir.

—Somos guerreros, Shaina, creo que sé a lo que te refieres –comenzó, dudoso. – Pero… — no sabía cómo continuar. Ella había levantado la mirada, y ahora lo observaba fijamente, lo que sólo lo hacía sentir más nervioso. Esta no era una conversación que tener estando desnudo. Y ella semidesnuda.

Ahora que lo pensaba, eso no era justo. ¿Por qué no estaba desnuda ella también? ¿Por qué no le había quitado ese estúpido brasier? ¿Por qué… No, se estaba saliendo del tema. Concéntrate, Seiya, concéntrate.

—Verás, cuando pasé todo ese tiempo en coma pensé en muchas cosas. En mi vida, en lo que me gustaría hacer cuando despertara, en lo que he vivido hasta ahora.

Hizo una pausa. Shaina seguía mirándolo con atención.

—No voy a decirte que encontré respuestas, o que tuve una epifanía, pero… digamos que cuando pasas tanto tiempo sin hacer nada, comienzas a lamentar no haber actuado cuando podías. Y… aunque sé que hemos logrado grandes cosas, mis hermanos y yo, siento que no hemos logrado gran cosa fuera de los campos de batalla.

— ¡Tú has logrado grandes cosas!— protestó Shaina apenas él terminó de hablar.

—Pero nunca algo para mi mismo. — sonrió. —Me di cuenta de eso apenas regresé aquí.

Acarició sus hombros suavemente, intentando que la amazona volviera a relajarse.

—Tal vez… tal vez Athena busca que seamos felices. Protegemos la humanidad, para que otras personas vivan en paz, pero… ¿Cuál es el sentido de ello si no nos permitimos un momento de felicidad? No creo que sea faltar a nuestro deber.

— ¿Entonces qué es?

Él se encogió de hombros.

—Aprovechar el tiempo que tenemos. El tiempo que es realmente nuestro, cuando las guerras paran un instante.

—Sin saber cuándo será la siguiente.

Seiya sonrió.

—Razón de más para vivir el presente, ¿No?— levantó sus manos y acarició sus mejillas. Shaina cerró los ojos, y meditó las palabras del caballero. Su vida no se ponía en pausa cuando las peleas se detenían, aunque no estuviera en misiones, aún en los momentos de calma ella seguía viva… ¿Por qué no concentrarse en ello? ¿Por qué no disfrutar de esos momentos?

¿Por qué no abandonarse al agradable calor de sus caricias?

Se recargó en una de sus manos, buscando más caricias. La amazona levantó sus propias manos hacia los hombros del caballero, aún maravillándose de lo cálida que se sentía su piel, y se recargó en él.

—Te quiero tanto, Seiya. — murmuró.

—Te quiero, Shaina. — la rodeó con sus brazos.

Afuera, alcanzaban a oírse las gaviotas, las olas del mar, los sonidos de los barcos llegando. El atardecer teñía la ciudad de naranja. Una brisa entrando por la ventana los hizo tomar conciencia de que no podían quedarse inmóviles por siempre.

Seiya sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Justo cuando estaba por mencionar algo de que necesitaba ponerse pantalones, Shaina levantó la cabeza y lo miró decidida.

—Quiero volver a intentarlo.

Él se sobresaltó.

— ¿Volver a int…? ¿En serio?

— ¿Qué, no te sientes listo?— Lo retó, levantando una ceja.

Él frunció el ceño.

— ¿Bromeas? Yo estaba perfectamente listo para continuar.

—Perfecto. Esta vez no dudaré.

— ¿Sin culpa?

—Sin culpa.

Motivado por el tono arrogante de su voz, Seiya cubrió con sus labios los de la chica, quien lo rodeó con sus brazos eliminando la ya escasa distancia entre ambos. Esta vez, el caballero tenía una idea bastante clara de lo primero que quería hacer.

Dirigió sus manos a la espalda de la amazona, intentó desabrochar el sostén, pero no lo consiguió sino hasta el tercer intento. Escuchó a la amazona reírse de él por lo bajo, pero poco importaba pues la ultima prenda entre ellos había sido descartada al fin. Y entonces, pudo dedicarse a mirar.

Notó que la amazona estaba llena de cicatrices, la mayoría de ellas casi imperceptibles. Sus senos tenían una forma exquisita.

Shaina intentaba descifrar su mirada. Lo observó con curiosidad mientras él la admiraba, y siguió con la mirada sus manos cuando se decidió a tocarla. Tímidamente al principio, luego un poco más decidido. La amazona se mordió el labio, sintiendo el deseo nacer en ella como una llamarada que se esparcía por el resto de su cuerpo. Cuando él quiso retirar sus manos ella las detuvo y devolvió a su lugar.

Seiya tragó saliva. Le costaba cada vez más trabajo pensar claro mientras miraba las reacciones que causaba en ella, y mientras sentía bajo sus dedos la piel suave de sus pechos. Aún sosteniendo sus manos, ella se dejó caer sobre la cama. Él se recostó sobre ella, siguió masajeando sus senos, intentado memorizar hasta el último detalle de su piel, mientras la miraba reaccionar.

Ella comenzaba a cerrar los ojos. Lentamente comenzaba a respirar de forma más rápida, apretaba los puños, sonreía entre gemidos.

Ho voglia di te…

Bueno, no entendía el italiano pero seguro que algo malo no era. Le gustaba ver lo mucho que Shaina comenzaba a dejarse ir, a entregarse al momento. Continuó sus caricias, mientras las piernas de ella comenzaban a rodearlo con más fuerza. Recordó lo que había sentido momentos atrás entre sus piernas, y aceleró un poco sus caricias.

Siguió su boca, causando que la amazona se revolviera de placer. Pequeñas mordidas resultaron ser un gran detonador al italiano de la chica, que apretaba los cabellos del caballero con las manos, diciendo toda clase de palabras dulces. Seiya se sentía un poco abrumado, pero no quería dejar de probar esa piel suave y cálida.

Finalmente subió desde sus pechos a su cuello y se quedó allí, depositando besos mientras la amazona recuperaba el aliento. Su cuerpo era tan cálido, y la respiración de la chica hacia que ambos cuerpos se acariciaran sin que los dos se movieran. Estaba entre sus piernas. Cerró los ojos y buscó la boca de la amazona otra vez.

La besó en la frente, acomodándose mejor entre sus piernas. Ella cerró los ojos y exhalo fuertemente. Su corazón latía otra vez a toda velocidad, y (ahora podía sentirlo) el de él también.

—Vamos, Pegaso. — susurró.

Seiya no necesitó mayor incentivo para entrar en ella. La escuchó gemir extasiada, y luego sintió como si la chica lo rodeara por completo, con sus piernas, sus brazos, toda ella. Comenzó a moverse, queriendo sentir más y más del cuerpo de la chica. Su cuerpo sobre el suyo la empujaba contra la cama. Ella cerró los ojos, por unos momentos, sintiéndose deliciosamente rodeada por la calidez del chico.

No controlaba lo que decían sus labios. En ese momento habría podido prometerle cualquier cosa pues sus sentimientos por el se revolvían en su cabeza.

Cosi mi piaci, cosi!

¿Cómo podía Shaina articular palabras en esa situación? Seiya a duras penas lograba balbucear su nombre entre gemidos, pues la cabeza no le daba para pensar en otra cosa. En ese momento, sólo era eso, Shaina, Shaina, Shaina…

Paraíso. Su cuerpo era el paraíso. Caliente, suave, reconfortante. Continuaba empujando en ella como si fuera posible sentir más de esa calidez. Y ella gemía, se aferraba a él con sus manos, intentando estar más y más cerca de él. Para fundirse con él.

Esa posición le gustaba. Escuchaba la respiración entre mezclada con gemidos del caballero, y sentía su aliento cerca de su oreja. Sin contar su cuerpo, sobre ella.

El movimiento, la fuerza, el modo en que él se movía. Ahora ella no necesitaba moverse más, contrariamente a la vez anterior.

Mi fai impazzire! Ti amo!...

Y escucharla sólo lo hacía perder más la cabeza.

Más rápido, más fuerte. Ella mordiéndole los labios vorazmente, su cuerpo cada vez más caliente. Cada vez que él alcanzaba a preguntarse por un segundo si la amazona podría lastimarse esta parecía complacerse más. Y su propio cuerpo que lo impulsaba a ir cada vez más rápido, a sentir más y más de ella. Igual que la primera vez, los gemidos se volvieron gritos mientras la amazona seguía fuera de sí.

Y por fin, ella alcanzó el orgasmo un poco antes que él, que no tardó en desplomarse sobre ella, ambos jadeantes y exhaustos. Todavía con el cuerpo temblando un poco, se abrazaron y por un rato esperaron que la respiración de ambos se nivelara, mirándose.

Esta vez, Shaina no pensó en nada que arruinara el momento.

—Te amo. — Murmuró.

Seiya la observó fascinado por sus facciones hermosas y en ese momento tan pacificas, por sus brillantes ojos, por sus mejillas que habían tomado un color rojizo… Ella lo miraba igualmente: La tranquilidad en su mirada, su sonrisa feliz, sus mejillas también color tomate.

—Te amo, Shaina.

Shaina fue hacia él y se recostó en su pecho, sintiendo bajo su mano el latido de su corazón. Se quedaron en silencio un largo rato, mirando la ventana abierta y la luz anaranjada que entraba por ella. Seiya jaló las cobijas de su cama y luego de unos cuantos movimientos logró cubrirlos a ambos. Tal vez era su imaginación, pero Shaina parecía muy cerca de quedarse dormida.

—Esta vez si te permitiste disfrutarlo.

—Lo siento, cuando terminamos la primera vez creo que arruiné todo.

—No digas eso… bueno, estuviste cerca de romperme algo, pero aparte de eso lo importante es que lo solucionamos.

—Supongo.

—La lección de hoy: ¡Disfrutemos la vida!

Shaina le sonrió, con una mejilla recargada en su pecho. Se veía cansada y feliz.

—...tenías mejores pectorales cuando me declaré.

—Déjame en paz, volveré a hacer ejercicio.

—…No dije que me desagradaran. Me gustan tus pectorales.

Shaina lo dijo rápido. Ambos se miraron con curiosidad; estaban en un extraño juego de ver qué decirse el uno al otro, y de en ocasiones confesarse cosas que no estaban acostumbrados a decir. Esto sería cosa de ajustarse, probablemente.

—...ahm… me encantaría decirte algo sobre tus pechos, pero apenas los conocí hoy.

— ¿Y que te parecen?— cerró los ojos, lista para abandonarse al sueño.

—Hermosos. — respondió él, no muy seguro de que la amazona lo hubiese escuchado. Inclinó la cabeza para besar su cabello, y cerró los ojos, no tardando mucho en quedarse dormido igual que ella.


Fin del capítulo

Estem… ¿Hola, cómo están? ¿Todo bien? Pues acá está este lemmon del que me siento tan avergonzada como orgullosa. Básicamente vomité todos mis Headcanons al respecto, y espero haya quedado decente. Los que hayan leído mi Lemmon de Shun y June notarán que acá me solté el pelo un poco más... y es gracioso porque justo esta semana también estuve escribiendo un lemmon yuri. Odio escribir lemmon pero siempre termino haciéndolo.

Y a la duda "Qué chingaus está diciendole Shaina a Seiya?!", debo agradacer a "The Nast Girl's Guide to talking dirty in italian" de Questadolcevita, que me ayudó a hacer realidad mi vicioso Headcanon de que a Shaina le da por hablar italiano... en... ciertos... momentos. Gracias amiga que de seguro no conoce la existencia de este fanfic, y probablemente tampoco de este fandom. Si de verdad quieren saber pueden consultar la guía, y si de verdad tienen ganas de avergonzarme pueden pedirme que incluya la traducción acá abajo. Supongo que por el contexto podrán imaginarse de qué se trata.

Por cada comentario... hmm... por cada comentario le mandamos una película con monstruos y sangre a Marin. Quién sabe si le gusten, pero son buenas para pasar el rato. Igual a Aioria le gustan (no, en serio, no sé si Aioria está vivo o no en este mentado fanfic) (neta no pensé en nadie menos en la OTP, qué vergüenza).

¡Saludos, y pasen lindo día!