¡Hola a todos!
Aquí de vuelta por fin con una gripe espantosa que me tiene confinada en cama, decidí aprovechar y terminar este capítulo de una vez por todas. Primero que nada disculpen la tardanza (Eso ya va implícito), y muchas, muchas, muchísimas gracias a todos los que me escribieron sus comentarios y los que me pedían por la continuación. No me esperaba tener una respuesta tan buena a esta historia. Son geniales, los amo.
Capitulo 07
Una Nueva Vida
Los días que siguieron fueron extraños.
De pronto, el contacto físico se volvió algo cómodo, deseado e irresistible. Desde la mañana siguiente, parecía que algo los tenía atados el uno al otro, de pronto sintiéndose ligeros y felices, ansiosos por seguir explorando esos caminos aún desconocidos.
Se instalaron en una rutina de comida, algunos paseos por la ciudad, y muchos, muchos encuentros como el que acababan de pasar. Ni Shaina ni él sabían cómo rayos se supone que uno se comporta en dichas situaciones, así que improvisaban, torpemente en muchos casos.
Él habría preferido que Shaina fuera más sutil, más seductora, pero no sabía ni siquiera qué rayos esperaba exactamente de ella, así que no mencionó nada. Ella reclamaba contacto pero nunca de forma sutil. Esto combinado con su extraordinaria fuerza física y resistencia hacían preguntarse al caballero si de no ser por su propia naturaleza no estaría ya medio muerto, en un rincón de su departamento.
El pensamiento le hizo reír por lo bajo.
Era de noche. No había logrado conciliar el sueño, no sabía exactamente por qué. Miró el techo de su habitación, pensando que de ahora en adelante todo sería diferente. Sentía haber cruzado algún tipo de umbral desconocido.
La ventana estaba abierta y dejaba entrar una brisa agradable, junto con el sonido de las olas. Seiya se sentía cansado. Escuchaba también la respiración de la chica junto a él. Volteó hacia ella, pensando que en el futuro le haría a Shaina alguna broma sobre lo rápido que caía dormida apenas terminaban de hacer ciertas cosas.
La amazona dormía, dándole la espalda.
Estiró un poco la mano hasta alcanzar a tocar su piel. La luz de la luna alumbraba un poco la espalda de la chica, por lo que concentrándose un poco conseguía distinguir lo que buscaba. Sus dedos se detuvieron a la mitad de su espalda, y se alejaron unos milímetros de ella.
Contempló unos segundos esa parcela de piel un poco oscurecida y de forma irregular, antes de tocarla con delicadeza. La chica reaccionó a la caricia, poniéndose en guardia, pero se relajó al darse cuenta de quien se trataba.
—…Seiya. — Murmuró, adormilada – ¿Qué haces?
Él tardó un poco en reaccionar, tan concentrado estaba en la cicatriz frente a él.
–Nada. Sólo estaba mirando tu espalda.
—… ¿Qué tiene de especial mi espalda?
—…tienes una cicatriz.
—…
—… ¿Es de esa vez, verdad?
Shaina frunció el ceño. Claro que era de esa vez. ¿En qué otra ocasión podía haber sido? Esa cicatriz aún dolía a veces. Le era imposible olvidar en qué circunstancias la había obtenido.
—…no sé, no lo recuerdo. —mintió ella.
—…Fue la flecha de sagitario que recibiste cuando me enfrenté a Poseidón, ¿Verdad?
Ella suspiró y guardó silencio por un rato.
— ¿Por qué quieres saberlo?— preguntó finalmente.
—Nunca te di las gracias, ¿Verdad?
La amazona de Ofiuco se quedó en silencio unos segundos. Aún recordaba el dolor en su espalda, y también recordaba las semanas enteras que le había tomado recuperarse. Aún si su cosmos le ayudaba a recuperarse rápidamente, nada le impedía sentir el dolor en su cuerpo. Nunca había creído recibir alguna vez un arma aliada en carne propia.
—No necesitas darme las gracias… sólo cumplí con mi deber…
—Me protegiste. Gracias. Y no sólo una vez.
Sintió los labios del caballero en su hombro derecho. Luego, sus brazos rodeándola. Se quedaron un largo rato en silencio, sólo así. El pasaba su mano por la cicatriz de la amazona de vez en cuando.
Shaina se dio vuelta lentamente para quedar frente a él. Por un largo rato se miraron, él ahora podía leer en los ojos de la amazona y se dio cuenta, en el tenue brillo que alcanzaba a ver, que la amazona tenía cosas que preguntarle.
— ¿Qué pasa, Shaina?
—Quiero saber.
— ¿Saber qué?
—Cuéntame de tu familia. —murmuró la amazona. Seiya por un momento le sostuvo la mirada: Leía en Shaina una verdadera curiosidad.
— ¿Mi familia? Los conoces a todos: Seika, Shiryu, Shun, Hyoga, Ikki…
—No conozco a Seika.
Por un momento Seiya tuvo una pequeña imagen mental de su hermana y Shaina en la misma habitación. Imaginó el rostro adorable de su hermana confrontado al aspecto feroz que la amazona de Ofiuco nunca dejaba. No parecía una buena idea.
—Bueno… de conocer a Seika hablaremos luego. — Dijo esto lo más rápido posible, observando el rostro de Shaina en búsqueda de cualquier gesto que le indicara que acababa de cometer un error. Por suerte, ella no parecía tan interesada en seguir con el tema de Seika.
— ¿Y tus padres?— preguntó. Aparentemente lo de la familia seguía rondándole la cabeza. Seiya suspiró. Odiaba hablar del tema.
—Shaina, sabes quién es mi padre. A estas alturas, creo que lo sabe todo el santuario. — más exactamente, odiaba hablar de su padre.
—Nunca hablas de tu madre.
Seiya abrió los ojos un poco más. Tal vez desde un principio Shaina había querido llegar ahí, y ahora el tema lo incomodaba bastante. Le perturbaba pensar en su madre, porque era lo único en su vida que no parecía estar relacionado con el santuario, peleas, dioses desquiciados y el cosmos. Bueno, no era como si fuera un gran tema de conversación. Ni como que él y Shaina hubiesen mantenido demasiadas conversaciones en donde se puedan hablar de esos temas. Pero comprendió que la amazona quería saber.
—No sé mucho de ella, casi no la conocí. Seika dice que tengo su sonrisa.
—Entonces debió ser muy bonita.
Se sonrieron por unos segundos, pero Seiya reconoció que Shaina no iba a dejar el tema. En los ojos de la amazona brillaba una curiosidad aún mayor que hacía unos minutos.
—Tengo su archivo. — confesó el caballero, finalmente.
— ¿Su archivo?
—Una vez, tuve curiosidad. Fui a la Fundación (o lo que queda) y pedí que me mostraran cualquier archivo relacionado conmigo. Decir que soy el heredero fue una buena idea. Aunque sospecho que el viejo tenía más información sobre ella en otra parte.
— ¿Y qué descubriste?
Seiya tardó unos momentos en responder. Mientras se veía reflejado en los ojos de la amazona, se dio cuenta de que esa información no la había revelado a nadie antes. Ni siquiera a Miho. Ni a ninguno de sus hermanos.
—Shiori Kazehaya. Era su nombre. Era una mesera en uno de esos bares de ejecutivos. Supongo que allí llamó la atención de ese hombre. Murió poco después de que yo cumpliera el año. Según el reporte, de una enfermedad.
Shaina guardó silencio. Sus manos fueron hacia el rostro del caballero y acarició sus mejillas con los pulgares. Seiya cerró los ojos y suspiró, su cara enmarcada por las manos de la amazona.
—Oye, no es una historia tan triste.
Por unos minutos, sólo escucharon la respiración el uno del otro, sin decir nada más.
— ¿Una mesera, en serio?
—De hecho tengo el nombre del local donde trabajaba.
— ¿Y has ido?
Seiya negó con la cabeza. No tenía ganas de ir a un sitio lleno de otros Mitsumasa Kido-en potencia y de otras Shiori Kazehaya-en potencia, aunque no dejaba de sentir curiosidad. Pero algo lo hacía retroceder, una especie de repulsión por toda esa historia. No soportaba la idea de imaginar a su madre, una pobre mesera cediendo a los avances de un millonario desagradable.
Pero al mismo tiempo…
— ¿Quieres ir, verdad?— murmuró Shaina.
—Bueno… no lo sé. Quisiera ver lo que ella veía, o estar en algún lugar que tuviera que ver con ella. Aunque sea ese sitio.
—Pero no te has atrevido a ir.
—Creo que mamá no era muy inteligente. –se lamentó el caballero. —No sé si quiero imaginar algo tan sórdido.
— ¿La típica historia del hombre rico seduciendo a la chica pobre? Es verdad que es una historia repugnante. Aún así… Siento un poco de celos. Al menos sabes algo de tu familia.
Seiya frunció el ceño mientras Shaina cerraba los ojos. La amazona parecía estar dispuesta a dormirse, pero ahora él sentía curiosidad. En el santuario, casi todos eran huérfanos o venían de familias que estaban descocidas, destruidas. Pocos habían vivido una infancia que pareciera infancia y Shaina probablemente no había tenido esa suerte.
Seiya miró a la mujer, cuya figura apenas si podía distinguir en la oscuridad. Los cuerpos de ambos, adultos, llenos de heridas, combinando tan bien cuando se encontraban, lo hicieron pensar en que así como él había sido un niño algún día, Shaina también habría sido pequeña.
Y sin embargo, no podía imaginarla fuera de como la había conocido. Shaina y el santuario, y la vida de amazona, estaban tan entrelazados que no podía imaginarlo de otro modo.
Shaina era italiana, no había nacido en el santuario. Alguna vez fue ajena a él.
— ¿Y tu familia, Shaina?
Sabía que se estaba arriesgando. La tensión en sus hombros le confirmó que a la amazona no le gustaba el tema. Por un momento creyó que Shaina se levantaría y se iría a dormir al sofá, pero ella no se movió.
—Nací en Roma. Mataron a mi familia.
A Seiya lo sorprendieron lo concisas que fueron sus palabras.
— ¿Por qué?
—No tengo idea. No recuerdo gran cosa. Mi maestra fue quien me encontró y me llevó al santuario. Es todo.
"Debe ser muy frustrante saber sólo eso" pensó Seiya.
Ella le había dado la espalda otra vez, aunque más parecía una invitación a abrazarla. O eso pensó el caballero, que no encontró resistencia al rodearla con sus brazos. Recargando la mejilla en el hombro de la amazona, dejó que varios pensamientos invadieran su mente.
—Shaina.
— ¿Si?— murmuró la chica.
— ¿Si alguna vez decido ir a ese bar a preguntar por mi madre, vendrías conmigo?
Shaina se encogió de hombros.
—Si te ayuda en algo, desde luego.
— ¿Golpearemos a cualquier salary men que veamos propasándose con las meseras?
Shaina rió por lo bajo.
–Cuenta conmigo.
No recordaba haber dormido mejor en toda su vida, que las noches que acababa de pasar. Shaina abrió lentamente uno de sus ojos, observando el techo de la habitación. Podía oír el mar a lo lejos, sólo agregándole tranquilidad a la mañana.
Los rayos del sol se colaban por la ventana cercana.
La italiana se pasó una mano por la cara, sintiendo una ligera resaca. Pese a ello, se sentía bien. Shaina estaba acostumbrada a dormirse y despertarse con algún dolor muscular, algunos días una pierna, un brazo, el cuello… pero esta vez, nada.
Sólo esa sensación de paz extendiéndose por todo su cuerpo, como si fuera un sueño, aunque los fuertes brazos que la rodeaban la convencieron de que no lo era. Miró hacia su lado, donde Seiya dormía con la cara contra la almohada.
Shaina lo miró con curiosidad durante un largo rato.
En parte, estaba feliz de haber despertado antes que él, contrariamente a las otras veces. Le permitía asimilar la nueva situación con más tranquilidad, además de que verlo dormir era muy relajante. Mientras lo miraba, algunas de las cosas dichas la noche anterior pasaron por su mente. Nunca nadie le había preguntado sobre su familia, nunca había hablado al respecto.
No saber mucho de su origen era tan frustrante como reconfortante. No le gustaba tener un pasado en el que había sido niña, había sido débil, era mejor hacer como si no existiera.
Cerró los ojos, se acurrucó junto a él, y dejó que el sueño se la llevara otra vez. Despertó unas horas después, sola en la cama. Miró el reloj en la mesita de noche, que indicaba alguna hora extraña de la mañana, y luego dejó que su mirada viajara por toda la habitación.
Cómo le gustaba ese departamento. Se parecía a su hogar en Grecia porque era muy pequeño, pero Seiya indudablemente tenía más cosas. Le daba la impresión de que el caballero le tenía un miedo al vacío: prueba de ello eran los posters de barcos pegados en la pared. Para Shaina, todo el departamento resultaba acogedor. De no ser por todo lo que habían vivido juntos y por las cicatrices que cubrían sus cuerpos, parecerían una pareja normal. Unos humanos comunes como por los que peleaban cada día. Se acurrucó en la cama deshecha, y cerró los ojos. Las sábanas tenían su aroma; ningún lugar podría ser mejor que ese.
Giró hasta dar la cara al techo. Oía las gaviotas, el ruido de las olas, algunas voces de pescadores y marineros. Y pensar que eso oía él cada mañana…
La amazona se sintió adormecer otra vez. ¿Qué hora era? Dioses...
Oyó la puerta abrirse y la voz de Seiya anunciar que había regresado. O eso supuso la amazona.
— ¡Hola, Shaina! ¡Buenos días!
Seiya apareció ante ella con una bolsa de papel llena de comida. Shaina le sonrió aun somnolienta. Seiya se acercó a ella, aún con toda la bolsa llena, y se inclinó para besarla haciendo todo tipo de maniobras para no dejar que el contenido de la bolsa le cayera encima.
Logró su cometido, Shaina lo besó.
—Compré de todo para el desayuno. –murmuró Seiya.
—Genial. Tengo hambre.
Seiya, visiblemente satisfecho consigo mismo, fue hacia la cocina a dejar las cosas. Shaina no tenía realmente ganas de levantarse.
—Seiya…
— ¿Si?
—Llévame a la tienda de mascotas otra vez.
— ¿Oh? ¿Quieres ir a saludar a tu amigo? — preguntó él, regresando de la cocina.
—Tal vez.
Seiya le sonrió divertido. Shaina le devolvió la sonrisa, pensando cuan agradable era no preocuparse de lo que opinaran o vieran los demás. En el santuario le daba la impresión de que todos la vigilaban.
Él la beso en la frente.
Entonces, un sonido intrusivo los hizo sobresaltar a ambos. Seiya había olvidado completamente que tenía teléfono, por lo que tardó unos segundos en reaccionar y lanzarse a contestar el aparato, enterrado bajo varias cosas en una repisa.
Shaina lo miró responder.
En todos los días que llevaba en ese departamento, nunca había sonado el teléfono. Seiya en realidad vivía una vida bastante solitaria. De vez en cuando saliendo a trabajar, aunque aparentemente había decidido dedicarse a su invitada esa semana.
—oh...— dijo Seiya, con el teléfono recargado contra su oído. Volteo hacia Shaina, y a sorpresa de la chica, dijo: —Ehm… es para ti.
— ¿Para mí?
¿Quién rayos podía estar llamando al departamento para buscarla específicamente a ell…?
—Marin.
— ¿Marin? Oh... dioses...— murmuró la amazona mientras tomaba el aparato y lo recargaba contra su propia oreja. Seiya sonrió divertido viéndola incorporándose un poco y tratando de aclarar la voz.
— ¿M...Marin?— la voz de Shaina no dejaba en duda que acababa de despertar.
— ¡Buenos días, desvelada!— dijo Marin. —Y yo tomándome la molestia de marcar a una hora que para ustedes no resulte muy temprano.
—Buens días…— masculló Shaina. — ¿Qué ocurre?
—No necesito preguntar si la semana ha ido bien, si aun sigues en su departamento... y has despertado a esta hora. Bueno. ¿Cuándo piensas regresar?
—Yo...— Shaina levantó la vista hacia Seiya. El caballero simplemente le sonrió y se encogió de hombros. Por la cabeza de la amazona pasaron varios pensamientos. De verdad había olvidado que debía de regresar.
—Shaina, no sé qué está ocurriendo allá pero estoy en una cabina telefónica en Atenas, y esta llamada me va a costar una fortuna. ¿Cuándo regresas?
Miró otra vez hacia Seiya.
—Marin… ¿Sería posible que me cubrieras una semana más?
—Una semana… No me...
— ¡Por favor! De... verdad la necesito.
La escuchó suspirar del otro lado de la línea.
—Sabía que impulsarte a tomar estas vacaciones me causaría problemas. Vas a tener que trabajar un montón la próxima semana. Probablemente no descanses un segundo.
Shaina se mordió el labio, más que satisfecha.
—Gracias, Marin.
—Hago esto en honor a las veces que me cubriste cuando Aioria y yo necesitábamos tiempo a solas. Sólo asegúrate de regresar el lunes en la mañana.
—Desde luego.
—Disfruta tu semana. Y ahora pásame al tonto de mi discípulo.
Shaina estiró la mano para darle el teléfono. Seiya charló por unos minutos más con Marin, luego colgó, y volteó hacia la amazona con cara de sorpresa.
— ¿Cómo la convenciste?
—Me debía un favor.
— ¿Qué clase de favor? Va a tener que trabajar el doble en la semana.
—Desde el final de la guerra, yo tuve que trabajar el doble varias veces para que Aioria y ella pudieran encontrarse.
—Oh.
—Y escaparse. O encerrarse en su cabaña.
Seiya vio desfilar frente a él un montón de imágenes vividas en esa misma cabaña, donde Marin lo había entrenado.
— ¡Mi infancia!— protestó cómicamente. Ambos se rieron un poco ante la idea. Él la miraba sonreír y le costaba trabajo creer lo bonita que era. Si ya de por si la amazona tenía un rostro muy bello, con una sonrisa se volvía divino. Mientras miraba a la amazona, despeinada, desarreglada, con el top y sus bóxers, en un momento recordó que Shaina en poco tiempo regresaría a su armadura y su máscara en el Santuario.
—Oye Shaina… ¿Oficialmente tenías derecho de hacer esto?— preguntó Seiya.
Ella levantó una ceja.
— ¿En serio me estás preguntando eso ahora, Pegaso?
—Es que… bueno, dejaste tus guardias y todas esas obligaciones.
—Esta visita es completamente fuera de lo que considera el santuario. No hay un protocolo para irse de vacaciones una semana. Pero últimamente todas las reglas allá se han relajado un poco. Supongo que estoy aprovechándome de un momento de debilidad en las reglas del santuario.
Seiya se quedó pensando unos segundos.
— ¿Lo que estás haciendo ahora no podría considerarse deserción o algo así?
—Si a esas vamos lo mismo te preguntaría a ti.
—No es lo mismo… mis hermanos y yo no somos realmente parte del santuario. – hizo una pausa. — ¿…o… si lo somos?
Shaina suspiró. Tal vez la gran recompensa por salvar a la humanidad tenía que ver con poder tomarse las cosas tan a la ligera.
—Bueno, Marin me ayudará. Ya llegaré a pelear con mis superiores si es necesario.
La idea era absurda. Shaina y Marin eran las amazonas más importantes, y los otros caballeros de plata las respetaban mucho. Si acaso, por encima de la jerarquía estaban los caballeros dorados, que parecían estar más concentrados en otras cosas que en vigilar las guardias de los caballeros de plata.
"Rayos, estoy empezando a pensar igual que él" pensó Shaina, sorprendiéndose de su propia despreocupación. Miró a Seiya por sobre su taza de café. El caballero acababa de quemarse la mano con un poco de café que se derramó de su taza. "…Mala influencia".
Comenzaba a encantarle esa mala influencia.
— ¿Ya elegiste un nombre?
Estaban dentro de la tienda de mascotas que habían visitado antes. Shaina levantó la mirada luego de muy largos minutos de acariciar la bola de pelos blanca que ahora se refugiaba en su regazo. Seiya comenzaba a sentirse ligeramente celoso de la atención que la amazona le brindaba al animalito.
—Carota.
—Y eso… ¿Qué significa?
—Zanahoria— respondió Shaina, decidida.
Seiya se sintió casi intimidado por su modo de decirlo, por alguna razón Shaina estaba muy segura del nombre.
—Ah.
La amazona sonrió y continuó acariciando al conejo atrás de las orejas.
— ¿En serio quieres llevártela al santuario?
—Mi cabaña no me parecerá tan vacía.
Seiya miró a la conejita, un poco preocupado. Pero Shaina se veía tan feliz sólo de tenerla en sus brazos… además la amazona había comprado una bolsa entera de cosas que, bajo recomendación de la empleada del local, le servirían para cuidar de su nueva mascota.
—Bueno, sólo… no la dejes salir mucho en el santuario. Quién sabe, algún niño malcriado podría confundirla con su cena.
Shaina se echó a reír y asintió con la cabeza.
Definitivamente, Seiya era una mala influencia.
Fin Del Capítulo
No se preocupen, el santuario está lleno de caballeros de bronce y guardias sin cosmos para que Marin no se mate demasiado. Probablemente las rondas las va a terminar haciendo Jabu.
Es más, cada comentario es una ronda de guardia que alguien hace en lugar de Marin.
¿Pueden creer que a veces me atoro por pensar en la logística de ese tipo de cosas? En el anime ni quien se ocupara de saber si los caballeros tienen días libres, o jerarquía, o si cómo le hacen para tomar vacaciones, o si tienen vacaciones, y yo aquí partiendome el coco de forma completamente improductiva. ¿Alguno de ustedes se ha atorado en un fanfic por algo como eso? Cuentenme con confianza.
¡Ya sólo a un capítulo del final!
Como ven, puro fluff. Y si, la idea de que la mamá de Seiya era mesera es una de mis firmes creencias en este anime, por ninguna razón.
Espero el título del cap no haya estado muy troll de plano. Como pueden ver, este fic sigue su ruta más Slice of Life, y creo que estos dos últimos episodios van a pasarse de eso. Un saludo para todos, muchas muchas gracias por el apoyo.
Gracias a Camilo Navas por la idea de que adopten un conejito. ¡Le agrega más fluff al fanfic!
La idea del nombre de la conejita se la debo a Xocowilde. ¡Gracias!
