¡Hola! ¡Bonjour! ¡Hello!
Tarde pero Segura. O más bien, muy tarde pero segura.
¡Así es! ¡Al fin, al fin el final oficial de esta cuuuuursi historia!
¡Estoy tan feliz de haber logrado terminar, aún si es mucho después! A cualquier fan lo suficientemente fiel como para asomarse a leer este capítulo pese a la larga espera le mando un fuerte abrazo. Esta es la Despedida de este fic.
Capoítulo 08
Epílogo:
Una Despedida
Una semana. Llevaba una semana olvidándose de sus deberes como amazona, y olvidándose de sí misma. Una semana casi recluida en ese departamento, escuchando el mar, a miles de kilómetros de casa, y a miles de kilómetros incluso de su país natal. Del otro lado del mundo. Apenas si hablaba japonés, por todos los dioses.
Una semana de despertar tarde, dar vueltas por el puerto, caminar un montón, y comer comida chatarra. Una semana de no estar sola como lo acostumbraba. De hecho, no hacía nada como lo acostumbraba en esa semana. Una semana de estar con él. Una semana de convertirse, al menos un poco, en una persona normal.
En sólo siete días, habían creado una utopía en donde sólo cabían ellos. Un mundo que giraba en torno a ambos, un pequeño universo propio ajeno al exterior. Por unos días, se habían sentido ligeros; él, sin el peso del mundo en sus hombros, ella, sin sus errores pasados atormentando sus noches. Quedaba ver si ese mundo propio resistiría al encontrarse con el mundo exterior.
Shaina se levantó perezosamente, y sentada en el borde de la cama se estiró. Seiya, al escucharla despertar, se obligó a abrir los ojos para poder verla en esa forma tan exquisita que le mostraba cada mañana. La fuerte espalda de la chica, su blanca piel llena de cicatrices (que de algún modo la hacían aún más atractiva), apenas un atisbo de sus pechos (que felizmente ya conocía), el cabello cayendo sobre sus hombros, alcanzando apenas la cicatriz más grande de la chica, justo en medio de la columna vertebral.
—Algún día vas a hacer que pierda la cabeza.
Shaina se encogió de hombros, volteando un poco más hacia el caballero.
—Sería lo justo, tú me hiciste perder la cabeza.
—Hmm… me pregunto cómo rayos lo hice. — dijo él, sonriendo. La amazona sonrió a su vez, se inclinó hacia él y lo besó en los labios, haciendo que él la tomara por los hombros para acercarla aún más.
—No hiciste nada. Fuiste tú mismo. — murmuró Shaina, separándose de él sólo unos centímetros.
—Eso es bueno, hasta la fecha no he logrado dejar de ser yo. — bromeó él. Por un momento, se mantuvo sólo así, observando los ojos esmeraldas de la chica, y con la nada desagradable sensación de sus pechos contra su torso. Su corazón latiendo un poco más rápido de lo normal por la cercanía con ella lo hacía sentir vivo. Vivo, y libre. Maravillosamente libre.
—Prepararé café. — anunció Shaina, aunque nada en su cuerpo indicara que estaba por levantarse.
— ¡Oh, justo en la mejor parte!— se quejó el joven.
—Lo anuncio porque si no nos quedaremos aquí todo el día.
— ¿Y? Ayer no te quejaste al respecto. — dijo burlonamente. La amazona se sonrojó.
— ¡Seiya! — Shaina avergonzada era una vista divertida. A la vez sonrojada y enojada, Seiya siempre se preguntaba cuándo se terminaría ganando una bofetada por su insolencia. Se volvía menos y menos probable.
—Bueno, de cualquier forma tu café instantáneo es el mejor que he probado.
Shaina se levantó lentamente, bien consciente de a dónde iban dirigidas las miradas del chico, y se incorporó, otra vez sentándose en el borde de la cama. Empezó a buscar por el piso algo que ponerse, y se puso el primer T-Shirt que apareció cerca.
—Hoy regresas a Grecia, ¿Verdad?
Shaina asintió con la cabeza, no muy feliz. No concebía la posibilidad de instalarse definitivamente lejos de Atenas. Después de todo, el santuario siempre había sido su hogar.
—No puedo quedarme aquí, tú lo sabes. Vivir fuera del santuario sería renunciar a mi condición de amazona.
—No me gustaría que dejaras de ser una amazona. — reflexionó Seiya, negando con la cabeza. –Sería muy raro. Yo… siento que el hecho de que seas una amazona en realidad me gusta mucho, me hace sentir tranquilo.
— ¿Tranquilo, en serio?
Tranquilo. Shaina no podía pensar en una palabra más alejada de cómo describiría la historia de ambos.
—Sí, porque sé que tu entiendes cosas que la gran mayoría de la gente no. No todo el mundo ha vivido experiencias al borde de la muerte, ni ha tenido que pasar lo que hemos pasado. Siento confianza al hablar contigo. Y sobre todo no tengo que escarbarme la cabeza para explicar cosas imposibles. Eso es agotador.
Shaina sonrió.
— ¡En serio! Si llego y te digo: "Oye, cuando andábamos en el inframundo y Shun estaba poseído por Hades..." no vas a poner caras raras.
—Dime que no vas por el mundo diciendo cosas así.
—Eh… bueno digamos que probablemente Miho cree que gran parte de lo que le cuento es producto de alucinaciones. Digo, ya lleva muchos años creyendo que estoy loco de todos modos.
Shaina levantó una ceja.
—Vaya, ¿Le has narrado todos tus combates?
—No, sólo… ehm… la versión muy muy resumida de algunas cosas.
La amazona se cruzó de brazos.
—No me la has presentado. Ni a Seika.
—Y… ¡Es hora de darle de desayunar a Carota!— Seiya prácticamente saltó de la cama hacia la cocina. Shaina negó con la cabeza. Aparentemente Seika y Miho debían de tener cierta autoridad hacia él para que les tuviera tanto miedo.
Un rato después, Shaina estaba tomando su café, con Carota descansando en su regazo. Mientras con sus dedos acariciaba atrás de las orejas de la pequeña criatura, Shaina miró a Seiya con aprehensión.
Dioses, de verdad lo iba a extrañar, y ese departamento. Desde la silla, alcanzaba a ver parte del pasillo que daba a la sala-dormitorio. En lo que lograba ver del pasillo, una foto de un barco pesquero y otra fotografía muy mal enmarcada de Seiya y sus hermanos eran el único adorno visible.
Seiya arrastró su silla hasta ella, y se sentó a su lado. La acercó a él con un a mano y la besó en la cabeza.
—Entonces volverás a Atenas, y yo me quedaré aquí.
—Eso parece.
Se instaló un silencio incómodo entre ambos. El caballero de Pegaso tuvo ganas de protestar, pues llevaban tiempo récord sin uno de esos desde hacían varios días. Estúpido silencio, cómo le ponía los nervios de punta. Suspiró.
—Bien, me has hecho cambiar de opinión.
— ¿En qué sentido?
—En que me gusta estar aquí, me gusta sentirme normal, pero… tal vez esté bien ir al santuario más seguido. Esta vez me quedaré más tiempo cuando viaje hacia allá. — Observó la ventana— Aquí es muy tranquilo, pero no tengo verdaderos amigos aquí. Nadie me creería si cuento mis historias. Y si no las cuento, no pueden conocerme de verdad. Creo que la única que intenta creerme es Miho. Pero no sé si es bueno que pase mucho tiempo con ella.
Shaina frunció el ceño. Tal vez esa última frase estaba de más. Seiya estuvo a punto de hacer una broma sobre que en el santuario forzosamente pasaría tiempo con Saori, pero se dijo que jugar con los celos de Shaina no parecía una muy buena idea. Le acarició el hombro cariñosamente y sonrió.
—Oye, no pongas esa cara, acabo de decir que iré a visitarte.
Shaina se relajó un poco.
—Tendré que cambiar muchas cosas en mi cabaña entonces.
Era extraño pensar en amenizar su vivienda. Su cabaña era útil, pero no forzosamente agradable. Imaginar a Seiya despertando entre sus sábanas era extraño. Los muros grises, un poco cuarteados, sin adornos de ningún tipo, el suelo desnudo, los muebles viejos y sencillos…
—…agregaré un par de posters de barcos.
Seiya echó a reír.
El avión de Shaina salía tarde en la noche. Pasaron el día así, perezosamente, hablando, disfrutando de la compañía de ambos, jugando con Carota. En la tarde dieron un último paseo, visitaron lugares en los que habían pasado tiempo juntos. Cada segundo parecía ser un bien precioso.
Las horas pasaban rápido. Antes de que se dieran cuenta, comenzaba a anochecer. Luz naranja se colaba por la ventana, la hora de ir hacia el aeropuerto se acercaba.
— ¿Llevas todo?
Shaina bufó.
—Llevo tooodas las cosas que traje para el viaje.
Ambos rieron por lo bajo, pues la maleta de la amazona no llevaba gran cosa. Poca ropa, pocas cosas. Shaina era muy austera y no muy cuidadosa con sus pertenencias. Se veía pues más de una vez había encontrado cosas suyas regadas por la casa, sin que la amazona les prestara demasiada atención.
Shaina tomó su maleta, y empezó a caminar hacia la puerta. Seiya la siguió, pero justo en el marco de la puerta, como golpeada por un rayo, la amazona se detuvo. Por unos segundos, Seiya quiso ponerse en guardia, pensando que la amazona acababa de percibir alguna amenaza antes que él, pero en el aire no se sentía ningún cosmos hostil.
— ¿Shaina?
Ella cerró la puerta de un portazo, tan rápido que el caballero temió que la hubiese destrozado, y volteó hacia él con una mirada con la que el caballero ya estaba algo familiarizado. Antes de que él pudiera reaccionar, lo besó tan fuerte que casi lo hace caerse.
—Oye… esto…
—Algo rápido, voy a extrañarte.
Él la recargó en la pared preguntándose por qué rayos todo tenía que ser tan extremo con ella.
Un rato después, la pareja de guerreros, aún algo alborotados y tomados de la mano, corrían por el aeropuerto de Narita, buscando la terminal por la que se iría Shaina.
Por suerte, no tardaron demasiado en encontrar la terminal correcta. Aun quedaba un pequeño rato para despedirse, para alivio de ambos. Dejaron de correr, dejaron la maleta y la jaula de Carota (que aún estaba algo agitada por el viaje) en el suelo, junto con la sospechosamente disimulada caja de la armadura, y descansaron unos momentos. Seiya volteó hacia su compañera, y le acomodó un tirante del sujetador que estaba demasiado visible por su desacomodada blusa. Shaina ni siquiera se había dado cuenta, por lo que miró las manos del caballero con curiosidad.
—Ehm… esto es para evitar algún accidente, es todo.
Ella levantó la mirada de sus manos a su rostro. Esperó unos segundos, él retiró sus manos de la blusa. Finalmente, la amazona preguntó, en voz baja, queriendo que sólo él la escuchara:
— ¿Vendrás a verme?
Seiya tragó saliva. Shaina tenía la perfecta mirada de desamparo que lo hacía perder la concentración. La mirada que lo hacía olvidar por completo que esa mujer poseía poderes, que podía destruir rocas con sus puños. Los ojos de Shaina reflejaban tal vez más de lo que la amazona quería decirle. ¿Ternura? ¿Miedo? ¿Devoción?
A veces lo asustaba. Eran sentimientos demasiado fuertes.
—Desde luego que iré.
La amazona lo envolvió con un fuerte abrazo. Por unos segundos, ninguno hizo nada, ni dijo nada. Se separaron un poco, ella comenzó a besarle el cuello.
—Te advierto— murmuró, causándole cosquillas con su aliento. —si me entero que comenzaste a salir con otra chica o algo por el estilo… vendré a buscar mi venganza.
Seiya decidió no pensar demasiado en si esa frase resultaba sexy o simplemente aterradora. Probablemente era mejor no saberlo.
—Bueno, si lo dices así…
—No tardes demasiado… te has vuelto indispensable. — murmuró. Seiya se sonrojó y se sintió bastante desamparado de pensar que tendría que quedarse sin ella dentro de un corto tiempo. Todo su cuerpo parecía gritar que no la dejara ir.
—Voy a extrañarte.
Se separaron un poco, ella tomó sus manos y las apretó con fuerza. No estaba segura de lo que sentía. Nunca había experimentado algo como esto, y no sabía qué hacer. Sentía ganas de llorar, incluso la enojaba no poder obligarlo a seguirla. Quería tenerlo junto a ella.
—Mi cabaña está abierta para ti. Ni siquiera necesitas avisar cuando vengas.
Él sonrió y la besó en la frente. Se quedó un rato así, con los labios pegados a su piel, deseando que la caricia la siguiera hasta Atenas. Luego siguieron sus mejillas, su nariz, sus labios.
—Espera por mí, Shaina. – murmuró cuando dejó de besarla. – Prometo no tardar.
—Si estalla otra guerra santa mientras estamos separados voy a odiarte tanto...— respondió Shaina.
El comentario les causó bastante gracia a ambos, en una forma bastante extraña.
Se hacía tarde.
Ella tenía que acercarse a su vuelo. Nunca había sentido tanto rencor contra un aeropuerto, contra los guardias de seguridad, contra el mundo entero. Otra vez levantó la mirada hacia su caballero. Seiya le sonrió, y al verse reflejada en sus ojos, Shaina sintió como si le quitaran un peso de encima.
Podía confiar en él.
¿Había confiado en él en batalla, cuál era la diferencia ahora?
El caballero era sincero. En parte porque había visto lo inútil que era para mentir, pero también porque era su filosofía de vida.
Le dio un abrazo tan fuerte como pudo, casi desgarrando su camiseta con sus uñas otra vez. Se separaron, y ella echó a andar hacia la siguiente puerta, mirando hacia él constantemente.
Justo antes de que cruzara esa puerta, alcanzó a escucharlo gritar:
— ¡Daisuki, Shaina! Nos veremos pronto en Grecia.
Y ella le creyó.
Fin.
Ufff terminar fanfics mil años después, mi gran especialidad.
Como ultimo regalo para Marin, porque me cae bien, por cada comentario recibe un regalo japonés nuevo. El primero es un Maneki Neko.
¡Muchas, muchísimas gracias por haber leído hasta aquí! Este fanfic definitivamente tuvo mucho mejor recepción de lo que yo esperaba, por eso estoy muy entusiasmada. Gracias de verdad a los que acompañaron este fanfic con sus comentarios. Los amo mil.
Espero no me odien por terminar el fanfic con una separación, me pareció una idea interesante. Claro, es sólo una separación temporal. Todos son felices, todo está bien. Un abrazo a todos, que les vaya bonito.
No será lo último que escriba de ellos, tengo otra bomba en preparación (bastante diferente, eso sí). Pero ya saben, sólo el tiempo dirá…
¡Saludos, Lallen fuera!
