Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer, simplemente estoy jugando con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.
Capítulo ocho. Estamos bien.
Bella
"¿Buscas un regalo para tu padre?" me preguntó él.
Asentí hacia su dirección con una sonrisa, mirando hacia los objetos que traía. "¿Qué hay de ti?"
"Para el esposo de Alice" respondió.
"No sabía que Alice se había casado" comenté, recordando a su hermana menor.
Continuamos con nuestra compra en aquel lugar de pesca. Luego seguimos conversando sobre los cambios que habían sucedido entre los miembros de nuestras familias mientras comprábamos los presentes, lo más relevante era que su hermana se había casado con un amigo de la familia y que mi padre con Sue, nuestra vecina más cercana.
"Sabía que no debía dejar los regalos para el último momento" me quejé, después de superar una fila de treinta minutos para pagar por una pulsera destinada a la esposa de mi padre.
"Te recuerdo que solo tienes que comprar para dos personas" comentó sin humor.
"Puedo acompañarte en tus compras, si quieres" dije, sin pensarlo mucho.
Dudó por un momento antes de aceptar, diciendo que un consejo femenino le vendría bien. Continuamos pasando entre una gran cantidad de personas y tiendas hasta que conseguimos regalos para todos los miembros de su familia. Era difícil recordar cómo me sentía antes de reencontrarme con Edward, era como si de alguna manera recuperara a un viejo amigo.
Al final del día me invitó a cenar hamburguesas y bufé cuando vi que recordaba mi lugar favorito. Se rio de mi cuando empujé su hombro y pedí lo mismo que cuando era más joven.
"¿Y en qué proyecto estas trabajando ahora?" inquirí mientras esperábamos por nuestro pedido.
Escuché atentamente cuando Edward empezó a hablarme acerca de la remodelación de una iglesia. En algún momento creí que sería imposible estar así: que cuando lo viese los recuerdos me golpearían negativamente, pero no. Los recuerdos buenos y malos se veían tan lejanos que no dolían porque el tiempo había ayudado.
Sí, los niños habían crecido, pero en esencia, seguíamos siendo los mismos.
Estaba feliz por él, se había convertido en arquitecto como deseaba y trabajaba en un lugar rodeado de su cálida familia. Esperaba que, a pesar de que mi vida estaba desordenada, también estuviese feliz por mí.
Tal vez solo estaba siendo dramática, pero pensaba que nuestra interacción era un milagro.
Era bueno estar con él y darme cuenta que a pesar de todo lo que vivimos, estábamos bien.
