Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer, simplemente estoy jugando con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.


Capítulo once. El primer amor.

Edward

"Sigues siendo dulce, Edward" comentó. "Lo justo es que sepas que si tú necesitas a alguien, estaré feliz de ser esa persona" continuó, irradiando honestidad en su voz y conmoción en su mirada.

Estaba satisfecho de que esa promesa nos uniera de alguna manera. Podría ser poco, o nada, pero para mi era suficiente para seguir adelante.

"¿Quieres hablarme sobre lo que te sucedió?" inquirí.

Soltó un suspiró cansado, pero asintió. "¿Tienes tiempo para un café?"

Acepté de enseguida y la guié a mi auto. Una vez en su casa, me invitó a acomodarme en su sala mientras nos preparaba café. Cuando volvió a la sala, se sentó a mi lado. No la presioné a hablar enseguida porque su expresión me decía que era algo difícil, y por eso, estaba agradecido que confiara en mí para hablarlo.

"Mi ex esposo me llamó hace unas horas, en realidad no hablamos, pero no puedo evitar sentirme... vulnerable. ¿Tiene eso sentido?" murmuró con expresión distante.

Apretando mi mandíbula, me moví más cerca de ella.

"¿Qué fue lo que él te hizo en realidad?" pregunté con voz tensa.

"Nunca me maltrató físicamente" priorizó, y confieso, que me alivió un poco. "Los primeros años lo pasamos fortaleciendo nuestra relación y haciéndonos una vida laboral. Nunca noté nada malo, parecía que lo hacíamos bien. Su familia me apoyó a iniciar mi propio negocio, insistiendo que no tenía que ser una empleada cuando podía ser la jefa" una sonrisa irónica se posó en sus labios, mostrando su desacuerdo. "Pero me emocionaba tener algo mío y acepté su ayuda. Él empezó a trabajar en el negocio familiar y yo en mi cafetería, pero conforme pasaron lo años y él obtuvo mayor responsabilidad en la empresa de su familia, tuve que empezar a pasar más tiempo de su brazo en sus reuniones de negocios, lo que me llevó a tener que cambiar mi manera de vestir, de hablar y de reír" hizo una mueca. "Me convertí en lo que él necesitaba, alguien que seguía sus órdenes y no reprochaba. Me volví… otra" bajó la voz y me miró fijamente. "Me traicioné".

Su mirada afectada me hizo hacer una mueca cuando detecté que se culpaba y reprochaba injustamente.

"¿Puedo darte un consejo?" la miré fijamente, con cautela y apreté su mano cuando asintió con la cabeza. "Deberías detenerte, dejar atrás a esa Bella. Aprende de ese error, pero no mantengas la culpabilidad, dile adiós y sigue adelante" dije con suavidad. "Demonios, sé que es más fácil decirlo, pero ya diste el primer paso cuando te divorciaste. Ese matrimonio ya no podrá afectarte".

Sus labios temblaron un poco antes de suspirar profundamente y abrazarme. "Gracias, Edward. No sabía que necesitaba sacarlo, pero ahora me siento mejor. Gracias".

Cuando volví a casa, recordé el rostro de la mujer que solía amar, el cómo se sentían sus abrazos, su risa melodiosa y, a veces, ruidosa, el aroma de su cabello y como sus mejillas se coloreaban con el viento frío. A pesar de que la escondí por muchos años de mis recuerdos, nunca la olvidé.

No entendía como su ex marido no pudo amar aquello cuando eran aquellas características que la hacían ella.

Nuestro primer amor fue doloroso y, como muchos, no pudo ser a pesar de nuestra persistencia.

No lo pudimos tener aun si nos amamos demasiado.

Siguiendo el consejo de Emmett, estando en la cama apunto de dormir, le dije adiós a mi primer amor.

Dicen que el primer amor es como un niño pequeño que no tiene experiencia. Era joven entonces, no sabía lo que hacía, pero puede que ahora sí lo supiera.