Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.


Capítulo trece. Algo que ya sé.

Edward

Había pasado una semana desde la última vez que vi a Bella. Siete días y siete noches de intentos vacíos por concentrarme en algo que no fuera ella. Hablé con Emmett unas veces más, incrédulo de cual debería ser el primer paso, pero él tampoco tenía mucha experiencia porque Rose había sido su única pareja desde… siempre.

"De nuevo estás a mil kilómetros de aquí, hijo" habló mi madre, trayéndome de regreso al presente. "¿Qué te ocurre?"

Fijé mis ojos en su mirada preocupada, encogiendo un hombro. "Es solo que me di cuenta que nada cambió".

"¿Qué quieres decir? ¿A qué te refieres?" sus ojos se abrieron con más preocupación.

No intentaba ser tan profundo, pero estaba siendo honesto con mi madre. Me tomó años darme cuenta que mis sentimientos por Bella se mantenían, pero temía que para nosotros no hubiese un punto de retorno por habernos lastimado en el pasado.

Deseaba poder leer su mente y saber si ella nos daría una segunda oportunidad. Sabía que ya no éramos los mismos jóvenes de antes así que esta vez podríamos hacerlo funcionar. ¿Pero cómo dar ese primer paso?

"Edward, estás preocupándome".

Le sonreí de manera tranquilizadora a mi madre. "Estoy enamorado de alguien".

Jadeó con sorpresa, parpadeando en mi dirección con desconcierto.

"Esa es una buena noticia, pero ya que apenas han pasado unos meses desde que terminaste con Kate, me arriesgo a suponer que conoces a esta persona hace muy poco así que estar enamorado es algo… fuerte y pronto".

Sonreí ante su preocupación materna y tomé su mano para calmarla.

"Puedes tener razón, pero en realidad la conozco desde hace algún tiempo, aunque recién volví a verla" confesé. "Tranquila mamá, no importa si es apresurado o no, lo importante aquí es si ella siente lo mismo por mí".

Una sonrisa alentadora apareció en su bonito rostro al escucharme. "Deberías preguntarle".

Mi madre tenía un buen consejo y decidí seguirlo. Al final de nuestro almuerzo se acercó y me abrazó.

"Estás equivocado, tú no eres él mismo y ella tampoco así que creo que ahora todo irá mejor. Salúdame a Isabella".

La miré con asombro, separándome para verla. "¿Como?"

"Te lo dije antes, tienes esa mirada que no había visto desde que, específicamente, ustedes estaban juntos" me sonrió presumidamente.

Ni siquiera me molesté en contradecirla porque, en el fondo, era algo que ya sabía.