Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.
Capítulo catorce. Deseo que estuvieras aquí.
Bella
Puedo ser dura.
Puedo ser fuerte.
Pero cuando Edward estaba involucrado… no era tan fácil.
Me convencí de mantenerme alejada de él para detener mis sentimientos, pero cada que alguien entraba al bar esperaba verlo. Y cuando estaba ahí, lo más que cruzaba con él era un ademán como saludo y luego, mientras me recriminaba por ser tan débil, fingía que estaba ocupada atendiendo a otros clientes.
En el fondo, había una chica a quien le importaba una mierda el pasado y deseaba acercarse a Edward. Y luego estaba la otra chica que no dejaba de darle vueltas a sus temores y pensaba que era demasiado pronto para lanzarse sin protección a los sentimientos que rondaban en su cabeza, aún si se trataba de él.
Deseaba encontrar el equilibro para ambas chicas porque, sin importar que chica fuera, Edward siempre estaba ahí, en todas partes.
"¡Hey! Bella, ¿cierto?" me giré hacia la voz a mis espaldas, sorprendiéndome al encontrarme con el amigo de Edward.
"¿Sí?" respondí con cautela.
"Soy Emmett, ¿me reconoces?" tomé la mano que me ofreció y asentí con una sonrisa amable. "Bien, entonces… Edward me habló sobre ti y aunque he tratado de evitar involucrarme para no ganarme una patada en el trasero…" divagó, "estoy cansándome de verlos actuar tontamente".
Enarqué una ceja en su dirección. "¿De qué estás hablando?"
"Evidentemente reencontrarte con él te ha hecho recuperar viejos sentimientos, y no intentes negarlo porque eres bastante expresiva" me quedé en silencio y consciente de mi sonrojo. "No sé qué ha pasado, pero ya no lo verás más por aquí. No intento ser rudo, pero espero que saber que no lo volverás a ver te ayude a darte cuenta de lo que en realidad quieres".
Cuando el hombre se marchó decidí no creer en sus palabras.
Sin embargo, Edward no apareció en las siguientes semanas. Saber que su amigo dijo la verdad me entristeció e hirió, sabía que eso haría que fuese más fácil superar mis sentimientos hacia él, pero solo podía pensar en lo mucho que lo extrañaba y que no quería dejarlo ir. De verdad, deseaba que estuviera ahí.
Así que unos días más tarde, mientras salía del bar, reconocí su figura en el estacionamiento. Parecía vacilante cuando me vio, lo que sin duda me trajo recuerdos del Edward adolescente; nervioso y dulce. No me importó si estaba ahí para despedirse por siempre, antes de que dijera algo o hiciera cualquier movimiento, corrí y me lancé a sus brazos, abrazándolo lo más fuerte que pude.
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