Despertó antes que la alarma sonara, cosa rara viniendo de él que normalmente ni siquiera la oía. Se sentó sobre la cama y se estiro lo más que pudo, quitándose de encina los últimos rastros de pereza que le quedaban. Miro a su alrededor, estaba en su cuarto, y todo seguía en su lugar. Sonrió, esa tonta costumbre no se le iba, la duda siempre persistía por las mañanas. Se calzo, y se puso el gorro de lana que su madre le había hecho, luego se sentó junto al escritorio y tomo su guitarra. Era una de esas pocas cosas que habían aparecido en el basurero que realmente funcionaba, y como nadie la quería término conservándola.

Comenzó a tocar, suavemente, nota tras nota sin un orden específico, dejando que los dedos hagan lo suyo. No era el mejor guitarrista, pero cuanto más se le puede pedir a alguien que hubiera aprendido solo. De a poco la melodía empezó a llenar la habitación, y poco después el despertador sonó, recordándole de su presencia. Se levanto, apago aquel infernal sonido, y se sentó con la intención de volver a su práctica…

*TOC TOC TOC*

pero al parecer el mundo tenía otros planes para él. Suspiro, no le gustaban las interrupciones, pero poco podía hacer ya.

*Adelante. Dijo sin levantar la vista del instrumento. La puerta se abrió.

*Pensé que seguías dormido. Dijo Toriel, sonriente.

*A mí también me resulta raro, madrugar no es lo mío. Acaricio las cuerdas de la guitarra, haciéndola sonar suavemente.

*Sería bueno entonces que te acercaras a la cocina, acabo de preparar algo de café. Toriel seguía sonriendo.

*Gracias. Y buenos días mama. Dejo la guitarra sobre la mesa, podía esperar, pero el desayuno no.

*No es nada, y apúrate que se enfría.


Un café y un trozo de pastel, el desayuno ideal, por no decir el único que ha estado teniendo desde que tenía memoria. Toriel estaba sentada en su sillón, leyendo uno de sus libros. El resto de la casa estaba en completo silencio.

*¿Se fue a entrenar con papa otra vez? Pregunto, luego de dejar la tasa sobre la mesa.

*Si, salieron aun más temprano hoy, al parecer están compitiendo para saber quién de los dos es el más fuerte.

Rio un poco, y Toriel lo acompaño. La rivalidad entre su hermano y Undyne era algo que todos en el subsuelo conocían, tanto dentro como fuera de la Guardia Real. Seguían siempre la misma rutina: levantarse antes que nadie, desayunar como si sus vidas estuviera en juego, y después aparecer en el jardín del Rey para entrenar, o más bien para luchar. Pero no importaba cuanto se esforzasen, siempre terminaban empatados.

Limpio el plato y la tasa, se puso su abrigo y encaro hacia las escaleras. Puede que no lo pareciese, pero tenía cosas que hacer.

*Nos vemos luego. Dijo, levantando el brazo.

*De acuerdo, y pórtate bien Chara.

*¡Siempre! Grito desde abajo, al terminar de bajar.


La nieve lo sorprendió, había más que el día anterior, lo que significaba que el "invierno" había comenzado. Se ajusto el gorro y comenzó a caminar rumbo a Snowdin. En el camino, saludo a todos, o casi todos, los monstruos con los que se cruzaba. Era importante demostrar cortesía. Cuando llego a la ciudad, se dirigió hacia Grillby's, la primer parada del día. Al entrar no dijo nada, solo se acerco a Grillby, y este se limito a darle un paquete. Chara lo tomo, saludo al hombre de fuego, y se fu sin decir una sola palabra.

Marcho silbado hasta donde se hallaba la Persona del Rio. Así le decían y así se presentaba, si le preguntas cual es su nombre solo dice "No es importante", y Chara ya estaba cansado de hacerlo. Así que lo llamaba Persona del Rio, como el quería. Otro asunto complicado era saber si aquel ser era un hombre o una mujer, aunque eso tampoco parecía importarle en lo más mínimo.

Pidió que lo llevara a Hotland, y la Persona del Rio acepto. El bote iba dando saltos, como un perro, mientras el navegante canturreaba alguna canción que Chara jamás había oído. Trato de memorizarla, quizás podía intentar tocarla con la guitarra cuando volviera a su casa.

Al llegar, lo primero que hizo fue dirigirse a la gran puerta del Laboratorio. Este era su destino, así que levanto la mano y golpeo tres veces. Al principio no hubo nada que indicara que había sido oído. Golpeo de nuevo, y esta vez le respondieron.

*Ya va, ya va. Una voz dijo del otro lado, molesta.

*¿Qué puede ser tan urgente como para…? La puerta se abrió, mostrando a Alphys.

*Ah, eres tú. Dijo, algo sorprendida.

*Llegas temprano, no te esperaba hasta dentro de una hora.

*Se podría decir que me caí de la cama. Respondió Chara, sonriendo.

*Aunque para serte sincero yo también estoy sorprendido.

*Ahora déjame pasar, aquí fuera hace demasiado calor. Dijo, sacándose el gorro.

Alphys se corrió, dejando que Chara pasara. Dentro del laboratorio jamás hacía calor, cosa que era rara sabiendo donde estaba ubicado, pero era una de esas cosas que Chara había decidido dejar de cuestionar.

*¿Lo trajiste? El paquete, digo.

*Si, aunque déjame decirte que me ha costado mucho convencer a Grillby para que me lo de.

*Si no, esto habría encontrado su camino a las manos de mi madre, y de ahí a la basura. Chara apoyo la caja sobre la mesa.

Alphys se paró a su lado, y entre los dos la abrieron. Dentro había un montón de cosas, la mayoría de las cuales no le importaban a Chara, pero si absorbían toda la atención de Alphys. Chara siguió buscando, hasta que encontró lo que buscaba: una revista que tenia de titulo "Acordes mágicos", con esto podría mejorar con la guitarra. Alphys guardo los libros que le interesaban en la biblioteca, detrás de los libros de historia, no quería que nadie los viese ni por casualidad.

*Ahora ponemos cosas que no importen dentro, y cuando Toriel le pida la caja a Grillby ni notara la diferencia. Dijo Alphys.

*Esperemos que no la revise antes, si lo hace estaremos en problemas.

*Oye. Gracias, de verdad, se que hacer esto es más arriesgado para ti que para mí. Dijo Alphys, mirando a Chara.

*Ni lo menciones, además yo también saque algo de todo esto.

*Con esta revista, podre seguir tocando en Grillby's durante las noches de Sábado.

*Ahora que lo mencionas, ¿te molestaría si te acompaño a ver como practicas? Chara le sonrió.

*¿Cómo podría decirle que no a mi fan numero uno?

*Soy tu única fan. Chara abrió la boca.

*Mi primo no cuenta. Dijo Alphys, antes que las palabras dejaran la boca de aquel muchacho.

Ambos rieron. Mientras salían del laboratorio, Chara se paró en seco, y respiro profundamente. Ya habían pasado años desde que cayese en el Monte Ebott, y su vida no podía ser más diferente desde entonces. Había aprendido a olvidar el dolor, las cosas que le habían ocurrido en la superficie ya no le afectaban más. Su odio hacia los humanos había desaparecido, o al menos había disminuido lo suficiente como para poder ignorarlo. Ahora tenía una familia, una de verdad. Amigos con los que pasar el rato. Un hermano al que amaba, más allá de las diferencias que los separaban. Personas en las que podía confiar. Una vida real, llena de experiencias que no cambiaría por nada.

Sonrió de nuevo, ya le dolía el rostro de tanto hacerlo pero no podía evitarlo.

Era feliz.