Monster Kid se encontró sentado en algún borde de Snowdin, solo y sin nada que hacer. Frisk se había ido ya, según Toriel era demasiado tarde; Alphys había regresado al laboratorio, según ella el cuerpo de Mettaton había mostrado averías que debían ser reparadas lo antes posible, o al menos antes de que las rabietas del robot empeoraran; Undyne regreso a su casa, algo en su cara le hizo entender a MK que ese no era lo que tenía planeado; Papyrus siguió a Undyne, no tenía nada más que hacer, o al menos eso era lo que el esqueleto había dicho antes de irse.

Permaneció en silencio, viendo la nieve caer, sacudiendo la nariz de vez en cuando, moviendo los pies de un lado a otro mientras sentado, esperaba que algo interesante sucediese. Pero bien sabía que a estas horas, no habría movimiento alguno en todo el subsuelo, ni siquiera en la capital, en especial en la capital.

Se levanto y, aun no muy seguro de porque seguía allí, comenzó a caminar en dirección a su casa. Mientras pasaba, oyó un suspiro, uno muy conocido: era el vendedor de helados. Al parecer, su carrito se había descompuesto, lo que hacía que el helado se fuera derritiendo poco a poco, aun en Snowdin. Mientras veía si había algo que pudiera hacer, aun sin las herramientas, MK le pregunto porque había decidido volver de Hotland.

*Puede que el negocio fuera bueno, con esos dos guardias. Dijo el vendedor.

*Pero se comían todo el helado, no quedaba nada, ni siquiera para mí.

*Así que decidí que lo mejor era simplemente volver, vendo menos pero veo más caras.

Poco después, MK salió de debajo del carro, en su boca llevaba una herramienta que Alphys le había dado ya hacía tiempo.

*Gracias por arreglarlo, de nuevo, aun no entiendo que es lo que le pasa a esta cosa. El vendedor mira al carro, y luego a MK.

*Ten, toma un helado, es lo menos que puedo hacer. MK abrió la boca para decir que no era necesario, solo para que el sujeto azul le metiera el helado dentro de la boca.

*Nos vemos luego. Dijo, y se fue.

MK suspiro, no era la primera vez que algo como eso sucedía, y la verdad ya lo estaba cansando. Pero helado gratis era helado gratis, así que mientras reemprendía la marcha se dejaba llevar por el sabor a chocolate desasiéndose en su boca.

Se encontró sumergido en sus propios pensamientos, dejándose llevar por sus pies hacia donde ellos quisieran ir. Cuando al fin dejo de caminar, lo primero que vio fue el piano, ese piano que nadie sabía muy bien porque estaba allí, nadie sabía siquiera quien lo había colocado en tan extraño lugar.

MK se lo quedo mirando, y suavemente fue sacando un brazo por debajo de su remera. El era joven, por lo que ver el estado de su extremidad podría confundir a más de uno, parecía más una rama seca que otra cosa. Débiles al punto de no poder aguantar su propio peso sin quebrarse, apenas si útiles para tareas que no requieran esfuerzo alguno, los brazos de MK eran así de frágiles. Era por eso que el niño monstruo prefería dejarse caer antes de intentar parar la caída, un hueso roto duele más que un golpe en la cara, o al menos eso creía MK.

De a poco comenzó a tocar, nota por nota, una vieja canción que había aprendido años atrás. Una canción alegre, aunque para MK eso no era cierto. Siempre sentía un deje de melancolía en las notas, como si cada una de ellas contara una historia sin final. Sintió pasos detrás de él, lo que hizo que dejara de tocar de repente. Se dio vuelta para ver quien se acercaba, y aunque vio a Sans, algo en su interior le dijo que ese no era el mismo esqueleto que el niño conocía.

*¿Qué haces aquí? Pregunto irritado, el esqueleto se limito a sonreír.

*me sentía solo, así que decidí venir a visitar.

*Sobras. MK seguía con su mano apoyada en el piano, mientras miraba al esqueleto con un odio que parecía ajeno a él.

*no seas así, sabes que de donde vengo estoy solo como hueso sin perro.

*No me importa, aun si de verdad eres el único que está vivo, no debes estar aquí.

*Si él se da cuenta de que estas saltando de un lado a otro, intentara cortarte de raíz. Y contigo caerán muchos otros.

*no me puedes culpar por querer ver a mi hermano, verdad?

*Tu hermano está muerto. Eso le saco la sonrisa a SANS, quien ahora si miraba a los ojos a MK.

*Eso fue lo que me dijiste, ¿recuerdas? Sans miro a MK, quien le devolvió la mirada con una sonrisa.

*PREFERIRIA NO HABLAR DE ESO. Sans se puso serio de repente, aunque MK ya sabía que esa sería la reacción.

*Hubieras hecho algo entonces, en vez de ver como aquel niño los mataba a todos.

*A todos menos a ti, que aun siendo el más débil, le diste pelea hasta cansarlo.

*si, supongo que ni siquiera su determinación pudo darle lo que necesitaba para terminar la Ruta Genocida.

*¿Ruta geno…? MK lo miro, de arriba para abajo, sin saber muy bien que decir.

*¿Aun sigues hablando de "rutas? Qué crees que es esto, ¿un videojuego?

*sabes a que me refiero. Después de decir eso, hubo una pausa incomoda entre los dos.

*Deberías irte, si Frisk te ve, o peor, si Sans te encuentra, las cosas se pondrán feas.

*si, y arreglarlo sería demasiado trabajo….

*nos vemos entonces, adiós. SANS salió por donde vino, y aunque ni siquiera intento, MK sabía que sería inútil intentar averiguar cómo lo hacía.

MK volvió a fijar su atención en el piano, y de a poco volvió a tocar la vieja canción. Pero esta vez no era simple tristeza lo que acompañaba las notas, por alguna razón en cada tonada había un deje de desesperación, y mientras más tocaba podía jurar que el rostro de Frisk se iba haciendo más nítido en su mente. De repente el niño abrió sus ojos, solo para mostrar dos ojos verdes que miraban en direcciones opuestas. MK abrió los ojos, y de golpe saco la mano del piano.

Sacudió la cabeza, ya era demasiado tarde como para seguir dando vueltas, mejor sería volver a casa y dormir, mañana seria un día bastante complicado.