EL era único, o al menos tan único como podía ser algo que no tiene un igual. O tal vez no lo era, es decir, estar solo no significa que en algún otro lado no hubiese otro "el", muy seguramente igual de solitario pero jamás tan inteligente como EL lo era.

Había despertado una vez, hacía mucho tiempo, en este raro jardín lleno de flores. No sabía cómo había llegado, no sabía dónde estaba, no sabía quién era, pero pronto todo eso dejo de ser importante. Al ser el tan listo pudo entenderlo todo: el era un Jardinero, y este era su jardín, su hermoso jardín de flores que eran suyas y de nadie más. Lo supo cuando entendió que estaba solo, lo entendió cuando vio en sus manos esas pequeñas tijeras plateadas, lo supo porque, si nadie mas había allí, entonces el jardín era necesariamente de su propiedad. Y eso le encantaba.

Pasaba el tiempo admirando su entorno, sin pensar demasiado en lo que hacía, cuando vio algo que no fue de su agrado: una flor morada, que estaba perdiendo de a poco sus pétalos. Eso EL no lo podía tolerar, una flor marchita en su jardín no podía existir. Estiro su mano para arrancarla, envolviendo sus enormes dedos en el tallo de la flor, pero al tirar de ella, la planta no cedió. Se extraño, aunque no le duro mucho. Sintió un dolor agudo en su mano, y al verla se asusto: un líquido rojo brotaba de los cortes, y en su dolor entendió que eso que era rojo debía quedar dentro de su cuerpo.

Se quedo ahí, parado, sosteniendo su mano herida como si de un bebe se tratase, mientras tanto miraba a aquella flor morada, ¿cómo podía ser que algo tan feo e inútil le hubiese hecho tanto daño? Estaba furioso, quería deshacerse de esa cosa a como dé lugar, pero como hacerlo escapaba de su entendimiento. Cuando al fin el rojo dejo de fluir, y su mano ya no le dolía, tomo de nuevo su tijera. Fue entonces cuando se le ocurrió: ¡la tijera, eso era lo que debía usar para cortar aquella cosa! ¿Pero cómo podría algo tan pequeño hacer algo que sus manos no habían podido? Se dijo entonces que era mejor simplemente intentar, al fin y al cabo sus manos ya no sufrirían de dolor si la tijera no lo lograba.

Tomo con sus dedos y de forma delicada aquel objeto plateado que era de su propiedad, abrió su boca en el tallo de la flor, y con tanta fuerza como pudo juntar, cerro la tijera. Tal vez había sido demasiado brusco, o al menos eso pensó al sentir dolor en los dedos, pero un simple PLOP proveniente de la flor le hizo olvidar. La flor había caído, y de a poco rodeada de flores, desapareció. El estaba contento, ahora su jardín volvía a estar tan hermoso como EL lo quería. Al ver la flor caer, algo dentro de EL se sintió vacio, pero hizo el esfuerzo de ignorar aquella sensación, después de todo, para mantener la belleza de su jardín, había que cortar algunas malas hierbas.

Pensó, entonces, que si había una flor marchita en su jardín, tal vez hubiese más que se había pasado. Y después de todo, EL era el Jardinero, y su deber era mantener el orden allí. Y eso era exactamente lo que iba a hacer.