Siendo completamente honesto, no sé cuánto tiempo paso desde que llegue aquí. Toriel asegura que fueron dos días, yo mismo sentí como si hubiesen pasado cuatro, mientras que el almanaque de la pared aseguraba que ya había pasado una semana. Cosa de locos.
Había dado tantas vueltas por lo que Toriel llamaba "las ruinas" que ya me sabia casi de memoria cada rincón, y conocía de cara a casi todos los monstruos que merodeaban, o al menos a los que se atrevían a acercárseme. Ese era otro tema, al parecer los monstruos me tenían miedo, o al menos así parecía en la mayoría de los casos. Yo por mi parte atendía mis propios asuntos, que en este caso eran caminar y mirar a mí alrededor a través de los mismos pasillos una y otra vez, hasta cansarme y regresar.
Así, un día tras otro, el tiempo pasaba, hasta el día de hoy. Sigo sin estar del todo seguro si siquiera pasaron días, o solo horas, pero poco importa ya.
Toriel me explico, de a poco y con algo de ternura, como funcionaban las cosas en el subsuelo. El hecho de que yo no me pudiera ir a causa de la barrera, que mantiene atrapados a los monstruos y ahora me impedía salir a la superficie. Algo sobre almas humanas que no entendí bien, por no decir que no entendí ni jota. Con sus palabras me explico cómo funcionaba la magia, concepto que los humanos parecemos haber perdido hace siglos. De repente empezó a hablarme de su vida, pero de repente dejo de hablar, algo sobre sus dos hijos y su marido, al verle la cara supe que era mejor no volver a tocar el tema.
Por lo general, todo progresaba de esta manera, hasta esta mañana.
Desperté al sentir el estruendo, era como si algo muy pesado fuese movido de manera repentina. Salí del cuarto para encontrarme a Toriel a los pies de la escalera, nos miramos nerviosos, ni siquiera tuve que preguntar si sabía lo que estaba pasando, su cara ya me lo decía.
Bajamos lentamente, aun no sé por qué. El supuesto peligro provenía de allí, y aun así bajamos a ver. Al llegar nos encontramos con algo más que inusual: un montón de monstruos con armadura intentado abrir una gran puerta reforzada. Al verme redoblaron la marcha, y antes de que pudiera moverme me habían rodeado.
Toriel intento protestar, pero era inútil, nadie le hacía caso, todos me miraban, me median pero no se atrevían a actuar. Poco después llego una armadura, y aunque el caso era enorme supe que me estaba mirando directamente a los ojos.
*Me llegaron reportes de que un humano había aparecido aquí, al parecer eran ciertos.
Toriel desvío la mirada, la armadura se acerco aun más a mí. Por poco y podía sentir su respiración.
*Por suerte para ti dijo mientras me apuntaba con su lanza.
*El rey dio la orden de llevarte ante él, de lo contrario estarías muerto en donde estas parado.
Me limite a mirarla, y al no sacar reacción alguna de mi, levanto su mano, y señalo el portal que ahora se encontraba totalmente abierto. Yo asentí, y a medida que los demás comenzaban a caminar, yo los seguía. Una mano se agarro de mi camisa, Toriel no quería que yo fuera, pero al parecer esa no era una opción. Sacudí la cabeza, y ella me soltó, su rostro estaba oscurecido, entristecido.
*Toriel, por favor prepárame un café para cuando vuelva.
La antigua reina de los monstruos me miro, primero desconcertada, un esqueleto que estaba cerca soltó una carcajada, otro más alto lo reprendió, mientras tanto Toriel me miraba con una pequeña sonrisa en su rostro.
¿Así que el rey quería verme? Por mi está bien, veamos cómo termina todo esto.
Estaba solo en la puerta de mi casa, hacia un frío de esos que hacen que el aliento parezca humo. Llevaba al menos dos días sin dormir, o al menos eso recordaba. Helena me dijo esa tarde que podría conseguir empleo en la Fabrica, pero al final el puesto lo agarro otro. Así que estaba ahí, parado mirando la calle, ya sin nada más que hacer. Una persona normal ya se habría retirado a descansar, pero recibí otro llamado de Helena, al parecer necesitaban a un vigilante para el puesto en la montaña. Lo tome, realmente necesitaba el dinero.
Regrese a casa después de una entrevista de dos horas en la que me entre me entere de que era el único postulante. Lo cual era bueno y malo a la vez. Es decir, quería el trabajo, pero el primer turno era esa misma noche, y yo sin dormir.
Bah, tonterías, ¿qué era lo peor que me podía ocurrir?
