Así como por debajo de la montaña se encuentra el subsuelo, las ruinas, el antiguo y el nuevo hogar, por debajo de este último yace la base de la montaña. Ahí no hay nada más que tierra y rocas, ningún espacio para guardar cosas más que el que caves, nadie que te moleste siempre que tu no lo entierres, ningún camino fuera del que tú te abras, lo que significaba que todos los caminos eran posibles si podías abrirte paso. Aunque claro, para quien ya fue a todos lados no queda donde ir, quien lo hizo todo no tiene que hacer y en tal carácter Flowey se aburría mas que una piedra. Avanzaba sin ton ni son por la homogeneidad bajo las ruinas. La pequeñez de su mundo, contenido por la barrera, no permitía realmente que se pierda.

Giro a la izquierda ¿por qué no? Giro a la derecha, abajo, y en el camino pudo sentir algo raro, empezó a subir, pero en un sentido se supo yendo cada vez más profundo. Derecha, más profundo, izquierda, lo mismo. En su errar presintió una espiral que se enredaba, sin saber con qué. Cada vez más estrecho, cada vez más cerca, hasta que la certeza lo invadió y dio un salto.

No, un salto no, no tiene sentido hablar de saltos donde el está, y aun cuando su entorno se mantenía inalterado haber salvado una distancia insalvable. Fue raro, como poco, algo en lo que reflexionar, tal vez, debería volver a la superficie, de momento.

El jardín detrás de la casa en las ruinas rebozaba de flores que, para bien o para mal, casi se cuidaban solas, descendencia de las únicas plantas que los monstruos pudieron traer y que sobrevivieron a la escasez de luz solar. Su cuidado resultaba de a ratos monótono, solo requerían agua una vez al día y bastante poca. Si Asriel seguía con eso en vez de instalar un sistema de riego automático era para tener un rato cada día dedicado a la reflexión. En esos momentos se hallaba cuando sintió movimiento entre los lirios.

* Buenas, no recuerdo ver tu rostro por aquí.

La flor que salió de la tierra no parecía esperar encontrarse con nadie. Al oír su voz se dio la vuelta para mirar a Asriel, solo para quedarse cual estatua, sin querer, o sin poder emitir palabra.

* Así que dime ¿Que te trajo de vuelta a las ruinas?, Al hogar… risa...si mi madre me oye diciéndole a este lugar ruinas, me mata. Así que hazme un favor: no le digas.

* Asriel...

La flor tenía una mirada que mostraba confusión y felicidad, un rostro a la vez extrañamente familiar, como profundamente siniestra, como mirar a un viejo amigo al que no vez hace mucho y que sientes que, aunque lo disimule muy bien, en el fondo quiere matarte, mucho y muy fuerte.

* Asriel... soy Flowey.

El silencio siguiente le hizo a dudar que aquella flor fuese a decir algo más que su nombre, quizás estaba nervioso, asustado ¿Asustado de qué? El no iba a hacerle ningún daño.

Ahora la flor sonreía.

* Cuanto ha pasado ¿no? Los dos éramos más jóvenes, más ingenuos. Tú no eras más que un cabrito y yo no era una flor. Tiempos aquellos...

La sonrisa ya no estaba. Ya no lo miraba a él. Asriel apoyaría su mano sobre el hombro de Flowey para decirle que no tenía que preocuparse, pero era demasiado grande para eso. Y Flowey no tiene hombros. No estaba seguro de que hacer.

No, era una flor.

* ¿Estás bien?

Ahora la flor miraba hacia el horizonte, como buscando mas allá de lo que llegaba a ver.

* Las Ruinas es un lugar pequeño, el techo causa ecos que se sienten de un lado para el otro para quien quiere oírlos. Pero ahora... no hay nadie. Dime, Asriel, que fue de ellos. Dime como los mataste...

Asriel, cual grande era, retrocedió lo que más que un paso pareció un salto. El rostro de Flowey sufrió un cambio drástico de aquella confusión inicial a la sonrisa ancha, torcida.

* Todos los monstruos siguen vivos, se fueron del subsuelo tiempo atrás. Solo yo vivo aquí ahora.

* Oh, pobre, pobre, Asriel. Tan ingenuo. Tan idiota.

No tuvo que ver dos veces, la vista no le jugaba trucos y no tenia porque desconfiar de ella. El rostro que veía frente a él se transmuto por unos instantes en el suyo propio, una versión de él cuando era más joven.

* Es como si nadie te hubiese enseñado, como si no hubieras vivido lo suficiente para saber cómo funcionan las cosas en el mundo. Para saber que es matar o morir ¡Pero si además, para redondearlo, te preocupa lo que diga tu mami! De risa.

- No sé qué mundo estés hablando. Pero en este mundo, quiero creer, ya se demostró que eso no es cierto. Sal a la superficie, si no me crees. Ya nadie está encerrado, hay paz entre hombres y monstruos, y para mas, todo esto se logro sin derramamientos de sangre.

Se hizo el silencio. Asriel se sentía cada vez mas incomodo mientras más charlaban y Flowey simplemente sonreía, de nuevo de una manera más normal.

* Y crees que es el final, Asriel. Realmente crees que las cosas van a tener un final lindo y bonito, ay ay besito besito. Esa ingenuidad, realmente... la extrañaba.

Y así como vino, la sensación de peligro, de que algo iba mal, disminuyo hasta que reapareció lo que sintió al principio. Un sentimiento que se parecía mucho a un recuerdo, el recuerdo de alguien que no estaba entre ellos desde aquellos años de juventud a los que Flowey quería referenciar. Algo extraño, casi incompresible para Asriel, que no veía en aquella flor más que pequeñas y distantes semejanzas con el pasado. No supo que iba a decir a continuación, o por que, hasta que se oyó hablando.

* Hace un tiempo tuve un hermano ¿sabes? Era humano, y una buena persona...

* El tiempo seguro te esta nublando la memoria, y el afecto no ayuda. Los humanos son basura. risas Seguro ahora mismo están planeando como matar a todos esos monstruos que subieron, si no los están exterminando ya. ¡Vamos! Eso es algo que deberíamos presenciar, a menos que pienses quedarte aquí oculto esperando a que te tomen por la espalda como a un chivito bebe, cosa que no queremos ¿no?

El no creía que Flowey estuviese en lo cierto, y no solo por su confianza en la buena disposición de la gente para hacer el bien, el también diría que basarse sola y exclusivamente en eso era de una ingenuidad considerable. A diferencia de lo que podría parecer, no se metió tan profundo como para no oír los ruidos de un genocidio, tenía sus razones para preferir las ruinas a la superficie, pero no se encontraba encerrado. Y aun así, sabía que si no subía a verificarlo no podría dormir bien esa noche, como cuando le entraba la idea de que no había regado las plantas, cerrado una puerta o apagado el horno.

De todas maneras, tenía pensado visitar a sus padres esa semana.

En alguna parte, en un jardín ubicuo, dos flores crecen juntas. Tan parecidas, tan diferentes. En la profundidad de la tierra sus raíces se enredan juntándose hasta que parecen ser una.