No supo muy bien cuando fue, pero una sensación de desconcierto asalto a Chara mientras dormía. Apenas si la sintió, como si esta fuera natural del sueño que estaba teniendo esa noche, aun cuando sabía perfectamente que estar en un concierto subterráneo poco y nada tenía que ver con aquel sentimiento ajeno como podía ser. Fue apareciendo de a poco, una extraña pregunta surgió de su mente: ¿Dónde estoy? De inmediato su cerebro intento responderse a si mismo: en un concierto; pero esa respuesta poco hizo para calmar la mente del humano. La pregunta reapareció minutos después, durante el encoré de la banda: ¿¡Donde estoy!? Esta vez, la parte racional de su cerebro intercedió: estoy durmiendo en mi habitación; pero una vez mas eso no pareció conformar al ya enloquecido inconsciente. La interrogante no desapareció, y como un grito de ayuda desesperado volvió, pero esta vez con más fuerza: ¿¡DONDE ESTOY!?

En ese momento, los sentidos de Chara se dispararon, sus ojos se abrieron, y lo que esperaba que fuese su oscura habitación rodeándole término siendo algo completamente diferente: se encontró a sí mismo en in pasillo, uno largo o al menos tanto que no importaba hacia qué lado mirara, no llegaba a ver el fondo. Se sentó con calma, con tanta calma como pudo juntar, la suficiente como para no sucumbir al miedo que le nacía desde la boca del estomago. Estaba sentado en un sofá, a su lado, apoyada en el suelo, se encontraba su guitarra. Lentamente se puso de pie, lentamente para saber si estaba solo o no, la paranoia del sueño aun presente. Después de varios segundos sin reacción alguna, respiro tranquilo. Tomo su instrumento y se lo colgó en la espalda, de nada serviría quedarse quieto.

Le tomo varios segundos decidir en qué dirección debía ir, y solo dio los primeros pasos hacia la derecha una vez estuvo completamente convencido de que esa era la mejor opción. Sin embargo, mientras más caminaba, más nervioso se ponía, ya que poco y nada cambiaba su entorno, y de no ser por tener aquel sofá como referencia, Chara no podría asegurar si estaba o no avanzando por aquel blanco pasillo. Junto coraje y siguió, no tanto por valentía, sino mas bien por el hecho de saber que quedarse quieto era tan en vano como en pensar… ¿pensar en qué?, ¿en cómo encontrar una salida, si es que siquiera este lugar tuviese alguna?

No tuvo tiempo de responderse esas preguntas: a lo lejos, o tan lejos como le permitían ver sus ojos, Chara vio algo. Parecía un bulto, o una bolsa de basura (aunque algo grande) desechada en un costado del camino. Se giro para ver si el sofá aun era visible, pero ya ni siquiera podía distinguirlo de lo pequeño que se veía a la distancia. Se encogió de hombros, no importaba, ahora tenía como objetivo averiguar que era aquella cosa delante de él.

Al acercarse, Chara pudo ver con claridad de que se trataba: era una persona, o un monstruo, o un algo, recostado sobre la pared. Se encontró a si mismo aliviado al ver un par de cuernos asomándose por lo que parecía ser el pelo gris. Aquel ser no reacciono cuando Chara se acerco, solo lo hizo cuando el humano amago a retirarse.

*Oye.

Su voz sonaba forzada, cansada, seca. Chara se le acerco, y la cabeza de pelo gris se giro lentamente, dejando ver su rostro: una piel marrón, unos ojos verde esmeralda, no había mucho mas, pero quizás era la simpleza de sus facciones lo que más resaltaba.

*¿Me podrías ayudar a levantarme? Casi no puedo sentir las piernas.