Ya habían pasado horas desde que se encontró con Aesoph, que por cierto era el nombre de la extraña criatura. El pasillo seguía indefinidamente, solo cambiando de vez en cuando con la aparición de unos cuadros muy extraños en las blancas paredes. Eran raros ya que aun teniendo forma aparente mientras uno más observaba las figuras que allí se mostraban, más detalles podía uno ver. Era como si todos y cada uno de los puntos de la pintura estuviese vivo, lo que hacía que al final la imagen total se distorsionara, cambiando pero siendo la misma mientras más uno la miraba. A Chara le dolía la cabeza.
Pero era mejor así, concentrarse en su alrededor le evitaba pensar en el ser que llevaba a cuestas, que apenas si parecía respirar, o caminar. Parecía humano, era tonto pensar así, pero ese era el primer pensamiento que surgía de su mente cada vez que lo miraba, por muy imposible que eso fuera. Los humanos no tienen cuernos.
Mientras más lo pensaba, peor era. Dentro de Chara, de a poco, fue resurgiendo un viejo sentimiento que creía haber perdido: el ODIO. Se sentía como braza, pequeña y apagada en la boca del estomago, que iba volviendo amargo todo lo que tocaba. El creía haber superado esa etapa de su vida, pero al parecer esta se negaba a desaparecer.
Llegaron al fin a lo que parecía ser el final del pasillo. No había puertas a la vista, aunque de ser sincero Chara no esperaba ver ninguna de todas formas. Lo que si habían eran mas y mas pinturas, cada una mas "viva" que la otra. Se encontraba tan fascinado y distraído que, cuando Aesoph se abalanzo a uno de los cuadros con una fuerza que parecía imposible que saliera de su cuerpo, casi cae al suelo.
*¿¡Que paso!?
Estaba iracundo, confundido, triste, pero nada de eso impidió a su cuerpo recordar que tan cansado se hallaba. Con las manos aun en la pintura, su cuerpo se desplomo, cayendo al suelo como una bolsa pesada. Fue más complicado levantarlo esa vez, ya que además de pesado no paraba de mover los brazos.
*¡Aesoph, por lo que más quieras, quédate quieto!
Eso pareció funcionar. Chara coloco el brazo de la criatura por sobre sus hombros, y este hizo el esfuerzo por mantenerse en pie, aun mientras temblaba.
*¿Cuál es el problema? ¿Qué te hizo reaccionar de esa manera?
Aesoph miro al humano extrañado, y luego volvió a clavar la mirada sobre la pintura. Chara hizo lo mismo, y aunque le tomo varios segundos pudo ver la diferencia entre este y los demás cuadros: no había rastro de movimiento, ni cambios repentinos como si había visto antes. No tenía idea de que significaba, pero era lo único que podía percibir.
*Alguien hizo que este mundo desapareciera.
Eso llamo la atención de Chara.
*Me di cuenta de que algo estaba mal, así que vine aquí para verificar que nadie estuviese tocando algo.
*Enorme fue mi sorpresa al darme cuenta que no podía regresar, y ahora entiendo porque.
El humano se tomo unos segundos para procesar lo que había oído, solo para que una pregunta apareciera en su mente. Una pregunta sencilla, pero complicada al mismo tiempo. Y sin poder pensarlo dos veces, la soltó.
*¿Cómo llegue yo aquí?
