Caminaban lentamente a través de los últimos metros del pasillo. Aesoph echaba de vez en cuando una mirada hacia atrás, mirando con preocupación al humano. La explicación que le había dado hacia no muchos instantes parecía haberle afectado de sobremanera. Chara miraba hacia el frente, sus ojos no veían nada específico, pero aun así Aesoph sentía que cada vez que volteaba su rostro, el humano clavaba sus ojos en su nuca.
Aesoph era sensible a las energías que lo rodeaban, debía serlo si quería ser capaz de crear, se necesita de esa creatividad única de las emociones para darle forma y sentido a los "mundos". A veces, esa misma sensibilidad podía ayudarlo a entender a alguien, y había sido solo eso lo que le permitió pedirle ayuda al humano apenas lo vio, pero ahora… ahora ya no estaba tan seguro. Era bueno, eso era obvio tanto en su energía como en su personalidad, pero parecía llevar a hombros una negrura inmensa.
Quería hablarle, decirle algo para calmarlo, pero nada se le ocurría. Es decir, ¿de qué se puede conversar con alguien a quien le acabas de decir que todo aquello que conoce puede estar muerto? Tacto, quizás un poco de eso era lo que necesitaba, encontrar algún otro tema para romper la tensión que se había generado. De lo distraído que estaba, no se dio cuenta de que Chara ya lo había superado, aunque en realidad eso poco le impresionaba con lo débil que se hallaba.
Abrió la boca, pero antes de que una sola palabra saliera sus ojos se posaron sobre la guitarra. En todos los mundos que conocía, más en los que la humanidad se desarrolló de manera similar a la del mundo de ese niño, la música aparecía como una constante, de alguna manera u otra. Quizás podría usar el tema para romper un poco la tensión, la presencia del instrumento sugería un gusto por la música. Es más, podría apostar que el niño solía practicar con ese mismo instrumento, cuando se tiene un objeto durante prolongados periodos de tiempo, como cuando se practica, lentamente se deja un rastro de la propia energía. Creía sentir la energía del pequeño por todo el instrumento, solo esperaba que no fuera que el cansancio le estuviese afectando. Tras pensarlo un poco más, se volvió a girar en dirección de Chara.
*Así que, ¿sabes tocar?
Chara se detuvo en seco, y comenzó a girar su cabeza hasta que sus ojos hicieron contacto directo con los de Aesoph. Su mirada expresaba curiosidad, pero para Aesoph era lo más parecido a "voy a partirte la madre".
*La guitarra, me refiero a la guitarra.
El humano se quedó pensando por unos segundos, levantando la vista al techo antes de abrir la boca, un "Aaaaaah" parecía salir, pero no emitió sonido alguno.
*Si, se usarla.
La respuesta fue algo tosca, como forzada, pero al menos le había respondido. La cara del niño se había suavizado bastante, lo que significaba que el plan había funcionado. De repente respirar se le hizo más fácil, no se había dado cuenta pero al hacer la pregunta había comenzado a contener el aliento.
*Suelo tocar con unos amigos en el único bar que hay en el subsuelo.
Eso pareció por fin romper la rigidez en su voz. Quizás hablar de aquellas cosas le hiciera bien. Quizás simplemente necesitaba hablar. Esta era una buena oportunidad para concentrar las energías del muchacho en algo positivo, debía hacerlo si quería que hubiese alguna esperanza de mandarlo a su mundo. O encontrarlo siquiera. Sin pensarlo demasiado, Aesoph puso en marcha la segunda parte de su plan.
*¿Por qué no me muestras?
Chara lo miro, aun mas confundido que antes. ¿No se suponía que estaban apurados?
*Tranquilo, ya estamos cerca dijo Aesoph, y Chara no puso sino pensar que le estaba leyendo el pensamiento.
*Además estoy cansado, este cuerpo ya no es lo que solía ser.
Estuvo a punto de discutir, pero se retractó enseguida. ¿Quería descansar? De acuerdo, lo harían. Tocar la guitarra le ayudaría a calmarse, aun cuando recién se hubiese dado cuenta de cuan intranquilo se hallaba. Se tomó unos minutos para ajustar las cuerdas, de a poco fue dejando que sus dedos se dejaran llevar por ellas. Levanto la mirada y vio a Aesoph apoyado contra la pared, sentado como un indio. Respiro profundamente, y cerró los ojos, quizás si se imaginaba a sí mismo en lo de Grillby las notas saldrían más fácilmente.
De a poco la música fue brotando del instrumento.
