El campo de flores era tan hermoso e inquietante como lo recordaba. Los pétalos se movían lentamente, mostrando una gama de colores que se fundían entre sí solo para volver a separarse. Chara miraba a su alrededor, tan atónito como extrañado. ¿Cómo habían llegado hasta ese lugar? Sujeto la guitarra con aun más firmeza, solo entonces se dio cuenta de que las cuerdas se estaban hincando en sus manos. Intento relajarse, pero no pudo, algo había allí que despertaba su instinto de supervivencia. Se volteo para hablar con Aesoph, solo para encontrarlo a pocos pasos de sí mismo, temblando.

*No deberíamos estar aquí.

Aesoph murmuraba esto en intervalos cada vez más cortos, como si de algún mantra se tratase.

*¿Qué sucede, porque estas tan nervioso?

Aesoph miro a Chara como si a este le hubiera crecido otra cabeza, solo para recordar que el humano poco y nada sabía de aquel lugar, mucho menos de las consecuencias que podrían haber por estar allí. Aesoph se relajó, solo tenía que explicar la situación, muy seguramente el Guardián lo entendería, pocos eran los Guardianes que no daban tiempo para explicaciones.

*No se supone que debamos estar aquí, es más, tú no deberías haber aparecido en La Galería, esos lugares solo deberían ser accesibles por los protectores.

Mientras hablaban, los dos se movían de forma cautelosa. Aunque había espacio entre las flores, era mejor evitarlas, no todas eran agradables al tacto, y más allá de tener apariencia de ser exactamente lo que parecían, la realidad es que algunas podían ser tan afiladas como alambre de púas. Unos minutos después de caminar en puntas de pie llegaron a lo que Chara podría llamar el centro de aquel Jardín, una flor blanca brillante que resaltaba de entre las demás.

Las dudas se iban apilando en la mente del humano mientras esperaban. ¿Qué o a que esperaban? Esas eran las primeras preguntas que surgieron en su mente, pero estas fueron desplazadas por otras más urgentes. Si estar aquí no estaba permitido, ¿cómo se explicaba el hecho de que esta no fuese la primera visita que el hacía en aquel extraño lugar? Si realmente había alguien que pudiese molestarse, ¿dónde estuvo en aquellas ocasiones que él y Alphys terminaron allí? Expresar esas dudas a Aesoph no trajo claridad alguna.

*…eso es imposible. Dijo con finalidad, como respuesta a lo que el humano le acababa de decir.

*Si alguien hubiese venido aquí antes de tiempo, el Guardián se habría hecho presente.

*Algo debió haber cambiado respondió Chara, mirando a Aesoph para medir su reacción.

*Porque no miento al decir que ya estuve aquí, y nadie ni remotamente parecido a un "guardián" apareció.

Ambos permanecieron inmóviles, como intentando hacer que el otro cediese, que cambie su versión de las cosas. Eso, hasta que Aesoph vio en Chara algo que hacía mucho creía había desaparecido: Determinación. Era poca, pero ahí estaba, y eso desencadeno en él dos reacciones: asombro, la Determinación era algo escaso en estos días, más aun en los humanos; y pánico, porque si lo que Chara decía era realmente cierto, lo que implicaba podría ser desastroso. Intento tomar aire cuando un temblor los sacudió a ambos. Ese debía ser el guardián, y aunque podían estar en problemas Aesoph lo conocía, ella entendería.

Lo que vio cuando el temblor término supero su credibilidad de una forma que, de no ser por estar cerca de él, Chara hubiese creído que Aesoph había dejado de respirar. Era enorme, y tristemente esa palabra le quedaba corta. Tenía una de esas caras que solo una madre podría amar, y por las muescas que hacia al verlos a ellos ahí parados Chara no pudo sino pensar que aquel ser intentaba decidir si ellos eran flores o no.

*¡Oye, imbécil! algo en el cerebro se detuvo, escuchar a Aesoph hablar de esa manera le resulto tan extraño como que de repente tuviera la energía necesaria para hacerlo. El gigante lo miro a los ojos, no estaba muy contento.

*Hombre, no creo que sea buena idea…

*¿¡Que le hiciste!? ¿¡Donde la dejaste!?

El gigante se abalanzo sobre ellos, como una montaña derrumbándose. El suelo tembló, y con él las flores. Algunas parecían estar cerca de ser arrancadas, pero aun así permanecían en su lugar, como si nada estuviera sucediendo. En momentos como este, Chara aprovecharía cada segundo para pensar en cómo salir de la situación, como cuando su madre se enteró de que pasaba las noches tocando en el bar, en vez de estar estudiando, o durmiendo. Ese mismo día lo acorralo lentamente en la esquina de la cocina, y Chara pudo sentir el terror que ahora mismo le inundaba mientras el gigante se les acercaba.

No supo cuando empezó, pero cuando se dio cuenta estaba corriendo entre las flores, corriendo tan rápido como podía mientras intentaba no pisar ni patear esas pequeñas, delicadas, peligrosas, importantes flores. Lo sentía a su espalda, el sonido de un gigante que sacudía la tierra con cada paso. Compararlo con un derrumbe fue erróneo. Los derrumbes, por catastróficos que sean, no te persiguen con la única intención de aplastarte. En su huida en ningún momento se detuvo para buscar, aun con la vista, a Aesoph, quien seguía a la mole lanzando cualquier cosa parecida a un insulto que se le ocurriese. Aquel bruto no parecía estar interesado en responder las preguntas más simples, así que formularlas era un desperdicio de tiempo.

Otra cosa que Chara tampoco noto fue el grito, agudo y aterrado, que salía de su propia garganta. Si no tocaba ninguna flor en su huida era por efecto de la suerte, que al parecer después de abandonarlo todo el día decidía volver a arreglar esas nimiedades. De todo esto, el grito, su velocidad, Aesoph en si no, pero si su lejanía, se percató recién cuando se detuvo. El miedo, alimentado por los pasos cada vez más cercanos, le había impedido notar algo más importante. Se dio vuelta, los pasos se mezclaron con el ruido de madera rompiéndose y el descubrimiento de Chara de que no llevaba nada en las manos. Y el silencio de Aesoph, que de un instante a otro sintió un odio abrumador proveniente del niño, todo sentimiento se apartó y tuvo miedo.

Chara sintió el brazo del monstruo pasando justo sobre su cabeza. No había sido alcanzado, el mismo ahora corría hacia el desgraciado para arrancarle todo lo que se dice cabeza, aun si tenía que usar los dientes para eso y llevándose por delante todas las flores en su camino. Agraciadamente, principalmente para el mismo Chara, una voz retumbo por el lugar, devolviéndolo en sí y llamando la atención de ese bruto y de Aesoph.

* ¡Chara!

La voz solo fue familiar para Chara. Por un momento no pudo moverse, la sensación de alivio le gritaba que salte, corra, ría, y no podía hacerlo todo al mismo tiempo, por lo que termino simplemente girándose. Seguido por Alphys llegaba Asriel, sosteniendo su zweihänder.

*¿Ves, Alphys? Te dije que iba a necesitar mi espada.

* ¡Y yo te dije que la mantuvieras alejada de mí, carbón!

Era refrescante, mientras duro el momento Chara pudo relajarse. Es decir, si Asriel y Alphys estaban aquí, eso quería decir que las cosas en casa estaban bien. Se sintió aliviado, pero un pequeño pensamiento se escurrió por su mente: si Asriel esta con Alphys, muy seguramente su madre también haya estado con ellos, lo que quiere decir que la desaparición del humano no paso desapercibida.

Las cosas se iban a poner realmente complicadas cuando todo esto termine. Solo esperaba que Toriel este de humor para escuchar explicaciones.