V miraba sus manos con amargura, mientras su mente recitaba una y otra vez el conjuro. Una chispa salió de la punta de sus dedos, por quinta vez en las últimas dos horas, así que desistió de seguir intentando. Tiro el manuscrito sobre la mesa, le resultaba cada vez más difícil ocultar su ira. Comenzó a buscar entre las escrituras algún otro hechizo sencillo, algo que requiriese menos magia, algo que le saque la duda de encima. La puerta de la biblioteca se abrió, pero V la ignoro casi por completo.
*¿Otra vez aquí?
La voz sonaba tranquila, algo cansada quizás. La presencia de III demandaba respeto, más aun siendo el encargado de las llaves y terrenos, lo que para V significaba guardarse la rabia para él, más si realmente quería poder quedarse para averiguar qué era lo que estaba ocurriendo.
*Pensaría uno que alguien con tanto potencial utilizaría su tiempo con cosas más importantes.
*O al menos con libros y hechizos más complejos.
Las palabras de III podían sonar duras, o llenas de reproche, pero no era así. III era de los pocos en la Organización que decían lo que les pasaba por la cabeza sin pensarlo dos veces. Eso decía mucho de alguien en su posición, es extraño ver a alguien con un cargo tan alto se comporte de manera tan errática.
*Pues disculpa mi poca profesionalidad, pero si estoy indagando los escritos más básicos una razón ha de haber.
III tomo uno de los libros más avanzados, y luego de abrirlo leyó el primer encantamiento que vio. Al no tener resultado aparente volvió a intentarlo. Varios minutos después apoyo el libro sobre la mesa, frustrado, y alargo su mano hacia el siguiente.
*Ya intente con ese la mano de III siguió despacio al siguiente tomo, ese también, al igual que todos los de ese estante.
*¿Y nada funciona? Pregunto incrédulo el bibliotecario, mientras apoyaba lentamente su brazo a un costado de su cuerpo.
*Nada ni siquiera V podía salir de su asombro, que de a poco se iba transformando en miedo, ni los más avanzados, ni los más sencillos, ni siquiera aquellos que necesitan la menor cantidad de magia posible.
A los pocos minutos, ambos se encontraban revolviendo y releyendo cada libro que caía en sus manos. El lugar se convertía de a poco en un desastre, pero a ninguno de los dos parecía importarle, siendo solo lo suficientemente cuidadosos como para no romper las escrituras más antiguas. Cuando ya no pudieron más, tomaron asiento, derrotados por el cansancio.
*Esto es imposible, inadmisible, desafía toda lógica. Ver a III tan agitado era extremadamente raro, aunque bajo esas circunstancias era esperable.
*Pero es real, está pasando, y no hay nada que podamos hacer. La magia…
*¡No lo digas! El grito de III dejo pasmado a V quien quedo en silencio, la desesperación en el tono de su voz era palpable. Por favor, no lo hagas.
V se tomó unos minutos para razonarlo, era la respuesta correcta, la que más se aproximaba a la realidad, y si había algo que el Maestro les había enseñado era a aferrarse a los hechos, por mucho dolor que esto causara. V respiro hondo, tratando de concentrarse en los latidos de su corazón, aunque sea para juntar la fuerza necesaria para enfrentar la verdad. Miro a III, que tenía su ojos clavados sobre él, como esperando que todo sea una broma, una mentira.
*La magia está muerta. Dijo, y el castillo de naipes se derrumbó.
