Avanzo con calma por el pasillo, como tantas otras veces lo había hecho ya. El esqueleto había demostrado ser un oponente formidable, un tramposo y un pésimo comediante, pero lo cierto era que cada vez que la batalla terminaba a favor del monstruo, la determinación del humano aumentaba. Podía sentir la victoria acercándose, su triunfo cada vez más cercano con cada intento. Casi comenzó a sentir lastima por el huesudo, casi, pero no había tiempo para sentimentalismos.

Dio los últimos pasos, haciéndose el distraído, y miro al esqueleto que lo esperaba… esperen un segundo, no está solo… hay otro humano al lado. ¿Pero de dónde salió? No había escuchado nada sobre otro humano cayendo en el Subsuelo, aunque supuso que al matar a todo lo que se le cruzaba tampoco iba a enterarse de mucho.

Era un adulto, con esa cara que tienen todas las personas mayores cuando están muy cansadas o les pasan mil cosas por la cabeza.

*¿Este es el niño que te está causando problemas?, pero si apenas es más alto que mi hermana.

Eso le pareció indignante, no por ser comparado con una niña sino por menospreciar lo que él pudiera hacer aun siendo un niño.

*puede que no sea muy aterrador, pero es muy persistente, y me estoy cansando.

Ya lo sospechaba, le faltaba poco para romper a ese saco de huesos, pero ahora hay otro obstáculo, o puede que no. Su determinación le había ayudado hasta ahora, no había motivos para que comenzase a fallarle.

*Tendré que encargarme entonces. Pero que engreído era, bah, ya le enseñaría a no entrometerse.

*Bien muchacho, el asunto es así, tú te detienes ahora, o me veré obligado a darte un correctivo.

Dio un paso hacia adelante, el esqueleto se rio, era exactamente lo que esperaba, como también el monstruo sabía que él no retrocedería.

*No va a ceder, ¿no?

*no lo hizo nunca, ni tampoco lo hará. El adulto sonrió, con muy mal gusto.

*Entonces mucha opción no me deja.

Se preparó para la pelea, su alma se manifestó delante de él. El adulto corrigió su postura, metió su mano en uno de los bolsillos del sobretodo que llevaba puesto, y… esperen un segundo, ¿eso es una…?

El disparo atravesó su alma y alcanzo su cabeza mucho más rápido de lo que sus ojos pudieron reaccionar, como era de esperarse.

Cuando su determinación lo regreso al punto de anclaje más cercano, podía jurar, por más absurdo que pareciese, que aun sentía el dolor expandiéndose en su cabeza. Se llevó una mano a la frente, todo estaba en su lugar.

Volvió lentamente hasta encontrarse de nuevo con el monstruo y con el otro humano.

*¿De verdad te está dando problemas semejante enclenque? Eso era diferente, no recordaba que había dicho antes, pero sabía que no era lo que había dicho ahora. Eso no le gusto para nada.

*puede que no sea muy aterrador, pero es muy persistente, y me estoy cansando.

Sans estaba repitiendo, pero el adulto no, ¿qué podía significar aquello? Nada bueno, seguramente.

*Pues, algo habrá que hacerse.

Subió la guardia de repente, y esta vez fue el adulto el que se acercó. El combate comenzó igual que la última vez, el alma del niño se manifestó delante de él, pero esta vez estaba preparado. Lo único que tenía que hacer era moverse a la primera oportunidad para que el adulto errara, tan complicado no podía… ni siquiera pudo pestañear, y el proyectil ya estaba, literalmente, entre ceja y ceja.

Esta vez el dolor lo acompaño, y al regresar tuvo que apoyarse en la pared para no caerse. Respiro profundamente, intentando calmarse. Levanto la vista, no para ver lo que tenía delante, pero por puro reflejo, y lo vio ahí, con el arma en la mano, sonriéndole.

*Interesante había dicho el otro humano, pero si eso lo había dicho hace unos pocos segundos o hace varios minutos, el niño no lo sabía.

Se sintió extraño, pero estaba determinado a acabar con esto, aun si no supiera como. El esqueleto volvió a aparecer, y la sonrisa que llevaba se ensancho más al ver el rostro del niño.

*guau, con solo verte ya se está poniendo nervioso.

*Si, supongo que sí.

La manera en que el adulto le estaba sonriendo le ponía los pelos de punta. Esta vez debía hacerlo. No podía dejar que aquel imbécil le afectara. Tomo el cuchillo tan fuertemente como pudo y se abalanzo sobre él. Esta vez, el adulto no tendría el tiempo para apuntarle a la cabeza, ahora si podría… perdió el equilibrio como si de repente le hubieran arrancado una pierna. Puede que eso no haya sucedido en realidad, pero así es como se sintió. Una voz algo estúpida en su cabeza se preguntó si los fideos podrían ayudar, pero la respuesta era obvia.

*…que desastre. Apenas si podía escuchar a Sans, apenas si le importaba si estaba hablándole a él o no.

Quedo tendido en el suelo en una posición incómoda, pero eso era lo de menos. El dolor en la pierna no tenía nombre. Quiso gritar, pero no pudo, su voz simplemente se negaba a salir. Sintió que lloraba, su respiración se agitaba como su corazón, que estaba tan acelerado como un coche de carreras. Oyó unos pasos acercarse, abrió los ojos y levanto la cabeza…

al menos la pierna ya no le dolía.

Estaba furioso, totalmente encabronado, y en cualquier otra circunstancia eso le podría haber parecido gracioso, si no fuera por ese maldito infeliz que… estaba a tres pasos de distancia… ¿cómo…?

Otra vez, pero esta vez a dos pasos.

De nuevo, a un paso.

Esta vez a su lado.

Ni siquiera tuvo que darse vuelta para saber que estaba detrás de él, y ahí se quedó. Una y otra vez, muerte tras muerte, sin posibilidad de escapar, el niño decidió entonces tomar la medida más drástica que se le pudo ocurrir.


Estaba tirado entre las flores amarillas, envuelto en aquella eterna tranquilidad y silencio tan característico de las Ruinas. Se sintió relajado, aun no entendía porque había pasado todo aquello, de donde había salido aquel humano, pero poco le importaba. Suspiro de manera sostenida, y abrió los ojos.

Imposible. Estaba ahí. Parado casi sobre él, con las piernas a cada lado de su cuerpo. El arma asesina podía verse claramente, y solo verla fue suficiente para que su cuerpo se tensara de manera atroz.

*Ahora si te comportaras, ¿verdad? Asintió con tantas fuerzas como pudo encontrar, consumido por el miedo.

*Bien le dijo aquel monstruo, y en un parpadeo desapareció. Si había sido real o no, al niño no le importaba, no se arriesgaría a averiguarlo.

Cuando Toriel lo encontró, duro como una piedra, no pudo evitar sentirse mal por él.

*Oh, mi niño dijo la reina con tristeza

*¿Que maldad te habrán echo para quedar en este estado?

Lo levanto suavemente del suelo, y cargándolo con tanta delicadeza como pudo, lo llevo hasta su casa.