El mundo está en decadencia, y no lo digo de la misma forma deprimente como algunos cuando buscan explicar porque sus vidas son tan miserables, o cuando las cosas no salen de la manera en que ellos querrían. Lo digo de manera literal, el mundo, y por obvia extensión la humanidad, están en decadencia. La tasa de natalidad es bajísima, lo que es igual a decir que hay poca sangre joven dando vueltas. Por un lado eso es bueno, los recursos escasean pero al estar controlados por un proceso cuasi natural, la situación termina siendo manejable. Por otro lado, el hecho de que solo dos o tres parejas de diez tengan hijos significa que, de seguir esta tendencia, no tardaremos mucho en desaparecer de la faz de la Tierra.

Me puse a pensar en esto no por derrotista, o por cínico, sino simplemente por el hecho de no tener nada más que hacer. La idea original era ir a ver al rey directamente, pero en el trayecto nos topamos con algo que podría describirse como el interior de un volcán. Adoro el calor. Eso fue sarcasmo. No sabía que uno podía transpirar tanto en tan poco tiempo. Esto no debería ser legal. Los guardas parecían estar bien acostumbrados al clima, todos excepto Undyne, la chica pez, que tuvo que ser devuelta a la Cascada para recuperarse del golpe de calor. Casi y hasta siento lastima por ella, casi.

Uno de los perros me llevo hasta lo que dijo era un laboratorio, y después de cruzar unas palabras, quedo acordado que yo debía quedarme allí hasta que Undyne se recuperase. Al parecer, había insistido en ser ella la que me entregara al rey. Qué lindo. La mujer que quedo a cargo mío, Alphys si no recuerdo mal, me examino de pies a cabeza con la mirada. Me hizo algunas preguntas sobre los humanos, pero como yo de eso se muy poco, tuvo que conformarse. No sé en qué momento se dirigió al baño, y durante dos horas no volvió a aparecer.

El que si se presento fue uno de los esqueletos, el bajito, no recuerdo su nombre. Me dijo que necesitaba ayuda, se veía aún más desprolijo que la última vez que lo vi, y su voz sonaba cansada, como si hubiese llegado hasta aquí corriendo. No tenía mucho que hacer, así que…

Y aquí estoy, sentado otra vez en el viejo sillón del laboratorio, meditando sobre la vida y sus cosas mientras intento darle sentido a lo que había ocurrido. Se sentía como un sueño, uno muy raro, es decir, hace años que no hago cosas como esa, además de que estoy totalmente seguro de que estoy desarmado.

Un monstruo pequeño y amarillo paso corriendo delante de mí, parando en seco en el momento en que hicimos contacto visual.

*¡Es imposible que haya desaparecido! ¡Nadie lo vio salir!

La voz parecía venir desde lejos, de muy dentro del baño por raro que parezca. Daba la ligera sensación de estar intentando disimular los nervios, pero de ser así lo hace lamentablemente mal. Sea lo que sea que esté buscando, ojalá lo encuentre rápido o le va a dar un ataque.

Volviendo al pequeño amarillo, seguimos mirándonos como si ninguno hubiese oído nada, aunque puedo apostar que el si lo oyó y seguro sabe que yo lo oí y que se que él lo sabe. Quizás me compliqué un poco con eso ultimo… no importa, dejémoslo así, competencia de miradas.

*Dijiste que no estaba aquí la voz sonó fría, calculada, cargada de ira.

*N-no estaba aquí hace un momento, la voz le temblaba aún más, pero ni eso se comparaba con el pánico en su rostro, ¡lo juro!

La mirada que me está dedicando no tiene nombre, al igual que mi asombro cuando una lanza se manifestó en sus manos, lanza que no tardo más de medio segundo en ponerme en la cara.

*¡Oye, ten cuidado, mis brazos aún no se recuperan! el monstruo que estaba delante de mi estaba ahora tirado a un costado. La chica de antes corrió a su lado para ayudarlo a levantarse.

La punta de la lanza estaba tan cerca de mi rostro como podía estar sin lastimarme. El ojo de la mujer azul me miraba de manera fulminante. Tuve ganas de decirle algo, pero no sabía que. De a poco, la habitación se fue llenando de perros en armadura, todos miraban a su alrededor no entendiendo muy bien que es lo que pasaba. La chica pez abrió la boca, pero no fue su voz la que rompió el silencio.

*Suficiente.

Mi cabeza se giró hacia la fuente del sonido, solo para sentir un déjà vu tan grande como una casa, o en este caso como una cabra. No tuve que girarme para saber que la lanza había desaparecido. El recién llegado hizo un par de gestos y dijo un par de cosas que no llegue a entender, más por falta de atención que por otra cosa. Todas las miradas se posaron en mí, y el rey hablo:

*Humano, sígueme, es hora de terminar con esto.