CAPÍTULO 3: PRIMER DÍA DE ESCUELA
EN LA DIMENSIÓN DE NIGHTMARE MOON
EN EL CASTILLO DE CANTERLOT
En los pasillos, se encontraba caminando Lunar teniendo puesto un vestido largo, ajustado y escotado con la espalda descubierta igual que una pierna. Llevaba puesto unos tacones bajos. Ella revisaba un pergamino con detenimiento y estaba acompañada por Brodek que tenía cara de aburrido.
—Lunar ¿Cuándo vamos a buscar ese hechizo y traer a la pechugona del sol? Porque ya estoy aburrido haciendo cosas del "gobernante"— decía el semental suspirando con aburrimiento.
— ¿Qué cosa? Si lo único que haces, es jugar con la tonta emperatriz que tenemos— comentó la yegua con burla sin apartar su vista del pergamino.
—Bueno, eso es para matar el aburrimiento. Je, je— el terrestre se rascaba la nuca apenado.
—Si tú lo dices— rodaba sus ojos —Y además, que todavía no podemos buscar el hechizo hasta que Equestria sea un lugar para vivir, como era antes de que Nightmare Moon lo echara a perder. Que el reino sea un poco más habitable y todo eso— explicaba un poco Lunar.
—Pero no debemos hacer eso, o sea nuestro objetivo es traer el sol y que se bronceen todos— habló Brodek con un tono bromista.
—Sí, lo sé, pero si buscamos el hechizo, nos tomará mucho tiempo y podríamos dejar la labor del reino por un rato.
— ¿Y qué pasa con la emperatriz? Ella se encargaría— mencionó mirando a su esposa y la aludida lo miraba con una ceja alzada.
— ¿En serio? No recuerdas que…
Flashback
En un pasillo del castillo, iba caminando Nightmare Moon con tranquilidad, tenía la frente en alto y la espalda bien recta. No había nada fuera de lo normal… si no fuera que estaba en toalla. Sus pechos se veían mucho en la parte superior ya que la toalla le tapaba lo justo y que le llegaba bajo el trasero.
—Emperatriz ¿Por qué está en toalla?— preguntaba un guardia sorprendido hasta uno le salía sangre por la nariz al verla pasar de esa forma.
—Acabo de bañarme— respondió con simpleza Nightmare Moon sin dejar de caminar. Una yegua sirvienta con su hijo que lo había llevado para que conociera el castillo.
—Mira mami, la emperatriz va cubierta con una toallita— decía el pequeño señalando a la emperatriz.
—No mires, hijito. No mires— decía la susodicha sonrojada y le tapó los ojos a su hijo para que no viera a la alicornio en toalla.
— ¿Por qué me miráis todos así? ¿No habéis visto nunca a una emperatriz recién duchada?— preguntaba Nightmare Moon extrañada del comportamiento de los guardias o sirvientes.
Fin del flashback
—Emmmmm. Creo que se te olvidó ordenarle que se vistiera después de bañarse o al menos que se pusiera unos tacones— decía Brodek con burla.
—Sí, lo sé. Con ella tengo que ser muy específica— hablaba Lunar fastidiada.
—Bueno, pero no deberías hacer esto, o sea cuando venga Celestia, se encargará de todo— comentaba el semental.
—Sí, pero después se quejará del desastre que hay y no quiero que me venga con sus quejas, y además que en unas semanas, será la gala del galope. Hace mucho tiempo que no se celebró aquí una— explicaba la yegua cerrando el pergamino.
— ¿Tenemos que ir?— preguntaba Brodek con aburrimiento al pensar en eso.
—Pues claro. Ya que esa gala dará una imagen buena de la emperatriz para que vean que cambió y también que no pienso dejar a la loca esa sola, porque es tan tonta que puede provocar una tontería sin remedio— decía Lunar fastidiada cruzándose de brazos elevando un poco sus pechos.
—Ay, por favor. Pasó el de la toalla y no pasó nada— habló el semental despreocupado.
— ¿Cómo que nada? Unos guardias terminaron en la enfermería por sangre en la nariz.
—Bueno, eso le pasa a cualquiera. Je, je… Por cierto ¿Dónde está la "emperatriz" tonta y sensual?— preguntaba curioso.
—Le ordené que hiciera ejercicio— respondía con simpleza.
—Ya veo… Para mantener esa figura que tiene ¿verdad? Je, je.
—Pues claro. Tiene que mantenerse sana, bella y fuerte como yo— decía Lunar poniendo una mano en su cadera y caminaba algo presumida mientras movía su trasero de un lado a otro.
—Je, je. Ya veo, pero no vencerá lo sexy que eres, mi sexy yegua— decía Brodek con una sonrisa pícara al ver como caminaba.
—Gracias, mi juguete— agradecía la yegua con una sonrisa y se sonrojaba un poco.
—Por cierto ¿cuándo le ordenaste hacer ejercicio?— preguntaba con curiosidad.
—Desde hace cinco horas— respondía Lunar sin preocupación.
—Emmmm. Le ordenaste que parara cuando terminara de hacer ejercicio en tal determinado tiempo ¿verdad?— al escuchar eso, su esposa se detenía en seco con los ojos bien abiertos.
—Oh rayos— se maldecía y salía corriendo. Su esposo al verla correr, la seguía por detrás.
Un rato después
Llegaban al campo de entrenamiento de la guardia y se detenían poco a poco al lado de una unicornio blanca vestida con una camisa ajustada de color azul oscuro como la noche con un escote que se le vería un poco su sostén negro, una falda del mismo color de su camisa que le llegaba cerca de sus rodillas, era ajustado que le resaltaba su trasero, llevaba unos tacones altos y tenía su cabello atado casi como una cola de caballo.
—… Rarity ¿desde cuándo está así?— preguntaba Lunar con seriedad.
—Está así desde hace una hora que llegue para poder medirle su cuerpo para hacerle su vestido. Esperé a ver si se detenía y aún seguía trotando, mi lady— explicaba la unicornio que era la Rarity de esa dimensión con la expresión de sorprendida y la aludida se daba un facepalm.
Nightmare Moon estaba trotando como podía, pero muy lenta. Llevaba un sostén deportivo que se veía mucho sus pechos en la parte superior e inferior. Un pantaloncito deportivo ajustado que resaltaba mucho su trasero, a la par, que estaba descalza y sudaba a mares. Algunos guardias que estaban ahí, estaban flipados con sangre en su nariz y algunos estaban desmayados.
—Emperatriz, ya puedes descansar— ordenaba Lunar con fastidio.
—G-g-g-g-gracias… am…— sin poder terminar de hablar, se caía de espalda al suelo y sus pechos rebotaron por esa caída, y respiraba agitada aun sudando mucho. Estaba muy cansada que a poco segundos, se desmayó.
—… Rarity, ya puedes medirla para que hagas su vestido— decía la esposa de Brodek fastidiada y el semental aguantaba las ganas de reírse.
—Ok, mi lady— respondía la unicornio con una gota de sudor en la nuca y se acercaba a la emperatriz para tomarle las medidas con un metro mientras la alicornio azul estaba en el suelo echando una larga siesta.
MIENTRAS TANTO, EN LA DIMENSION DONDE ESTÁ SERIS
Era temprano cuando Pinkie Pie entró en el cuarto de las niñas para despertarlas. Esta vez, no tenía su pijama. Estaba vestida con una blusa de tirantes de color rosado oscuro con un estampado de tres globos y escotado por obvias razones, un pantalón corto azul que le llegaba casi a las rodillas y unas sandalias. A la yegua rosada le resultó súper tierna ver a ambas potrillas dormidas. Ambas descansaban plácidamente abrazadas entre ellas.
«Son tan adorables que da pena tener que levantarlas. Da gusto verlas dormir, pero tienen que ir al cole» pensaba la fiestera lamentando de tener que despertarla.
—Niñas, despierten— las llamaba con su voz alegre.
—…— no reaccionaban.
—Despierten. Tienen clase— lo intentaba de nuevo.
—…— nada. Ni siquiera un movimiento de una de ellas.
— ¡A levantarse!— gritaba para que se despertaran.
—…— pero nada. Estaban dormidas como un tronco.
—Mmm. Tengo una idea— Pinkie salió del cuarto con rapidez y regresó en unos segundos con una radio —A ver si con un poco de música, se despiertan… Subiré el volumen— subió el volumen a tope.
"WE LIVED BENEATH THE WAVES
IN OUR YELLOW SUBMARINEEEEEEEEEEEEEEE…"
— ¡Aaaaaaaaaahhhhhhhh! — gritaban las dos niñas asustadas por el escándalo.
— ¡Arriba, dormilonas!— apagaba la radio y las miraba con una sonrisa —Hoy es el primer día de clase de nuestra princesita— veía a Seris con esa misma sonrisa.
— ¿Y para eso tienes que provocarnos un infarto?— se quejó la alicornio molesta de despertarse de esa forma.
—Ji, ji, ji… No querían despertarse— decía la fiestera apenada —Así que bueno, bajen a desayunar— agregaba sin quitar su sonrisa.
—Si aún no nos hemos duchado— se quejó Pumpkin también.
—… ¡A desayunar!— Pinkie tomó a ambas niñas en brazos mientras ellas pataleaban y se quejaban, sobre todo, porque las aplastaba la cara con sus enormes senos. Las tres… digo la yegua rosada que llevaba a las dos en contra de su voluntad, bajaban al piso de abajo y entraban en la cocina.
—Buenos días, Pinkie— saludaba la señora cake con una sonrisa.
—Hola, señora Cake. Aquí traigo a estas dos señoritas— Pinkie dejó a las niñas en el suelo. Ambas respiraban agitadas.
—Niñas, ¿Qué les pasa?— preguntaba la yegua regordeta extrañada.
—Nada, mamá— respondió la niña unicornio tratando de recuperar aire.
—Solamente que hemos estado varios minutos sin apenas poder respirar, porque nos tapaba la cara un misil gigante— se quejó Seris mirando a Pinkie molesta.
—Ji, ji, ji, ji… Perdón— se disculpaba la fiestera.
—Bueno, siéntense a desayunar. Tienen zumo de naranja con tostadas y leche con cacao, también hay galletas— decía la señora Cake con una sonrisa.
Ambas potrillas se sentaban y empezaban a desayunar.
—Mamá ¿Dónde está papá?— preguntaba Pumpkin curiosa después de tragar.
—Limpiando la tienda. Pinkie, ¿Ya desayunaste?— preguntaba ahora la yegua regordeta a la fiestera.
—Sipi— respondió con una sonrisa mientras asentía energética.
—Pues, entonces por favor, ve a ayudar a mi esposo— le ordenaba la señora Cake.
—Vale. Luego acompañaré al cole a estas dos linduras— decía Pinkie sin dejar de sonreír acariciando sus cabecitas fastidiándolas un poco para luego marcharse de la cocina.
—… Mamá ¿desayunaste?— preguntaba la niña unicornio con curiosidad.
—Sí— asentía con la cabeza la adulta y las observaba detenidamente —Observo que no se han duchado.
— ¿Cómo lo sabe?— preguntaba Seris curiosa.
—Esas cosas se notan cuando eres madre, princesa— respondía la señora Cake con una sonrisa.
— ¿Sí? ¿Yo también?
—Claro, pero no tenga tanta prisa por serlo. Je, je— se reía un poco la mayor.
—… Ok— decía la alicornio extrañada.
—Bueno, iré a ver qué hace Pinkie y si hace lo que le pedí— mencionaba algo fastidiada y se marchaba.
—Pumpkin, como es mi primer día de cole ¿podrías enseñarme la escuela y de paso, presentarme a los demás niños?— preguntaba Seris con una pequeña sonrisa.
—Claro, ama— respondía con una sonrisa alegre.
—Mmm. En público, prefiero que me llames Seris. Bueno… y en privado, pues… también— decía alzando sus hombros.
—Entendido, ama Seris— contestó asintiendo con su cabeza.
—Solo Seris— habló fastidiada.
—Sí, ama, dijo Seris— se corregía Pumpkin apenada.
—… ¿Sacas buenas notas en clase?— preguntaba la alicornio mientras seguía con su desayuno.
—En lengua sí, pero en mates no— respondía como si nada.
—Bueno… pues… tres cosas. Una, llámame Seris; dos, quiero que me ayudes a hacer amigos y tres, quiero que subas tus notas— ordenaba algo seria.
—… Entendido, ama, digo Seris— respondió con una gran sonrisa.
Después de eso, continuaban desayunando hasta que en unos minutos, terminaban de desayunar.
—Ya he acabado, am… Seris— se corregía de nuevo Pumpkin sin poder acostumbrarse a eso.
—Y yo. Lava los cacharros— ordenaba poniendo los platos encima del otro y los vasos juntos.
—Sí, Seris. Ahora lo dije bien, creo— decía la niña unicornio agarrando las cosas con su magia.
—Sí. Lava los trastos y luego ve a ducharte. Yo mientras voy a tomar una ducha— hablaba la alicornio levantándose de la mesa.
— ¡A la orden!— Pumpkin ponía una mano en su frente como en plan militar, pero su ama, no le hacía caso y se retiraba.
«Mmm. Si la amita se va a duchar, necesitará el agua caliente, pero el calentador es eléctrico. Si lo uso para lavar…» la niña unicornio estaba pensativa.
Un rato después
Seris salía del baño con la toalla puesta y tenía su cabello algo mojado. Pero al salir, se encontró con Pumpkin en la puerta. Tenía cara de estar medio congelada.
— ¿Qué te pasa?— la tomaba de las manos — ¿Pero qué? ¡Tienes las manos heladas!— exclamaba sorprendida.
—E-Es que eran muchos cacharros y al lavarlos solamente con agua fría…— fue interrumpida por su ama.
— ¿Hiciste todos los cacharros de la cocina?— preguntaba incrédula.
—Sí, como ordenaste— respondía la niña unicornio con una sonrisa y aún seguía temblando de frio.
—Me refería solamente a nuestro desayuno, a los que usamos nosotras y no a la cocina entera— la regañaba molesta.
—Pues, yo creí…— trataba de hablar, pero Seris la interrumpió.
— ¿Y los lavaste con agua fría?— preguntaba con fastidio.
—Para que no se quedase, digo… no te quedases sin agua caliente en la ducha— respondían soplando sus manos heladas tratando de darles algo de calor.
—Estás loca. Metete a duchar y frótate bien con agua caliente hasta que entres en calor— le ordenaba con autoridad al ver la estupidez que hizo.
—Como ordenes, ama digo Seris— Pumpkin se metió en la ducha con la cabeza abajo. La alicornio la esperó fuera del baño sin importarle estar en toalla y descalza en el pasillo con tal de que haya hecho lo que le pidió.
Había pasado un rato y la unicornio salió del baño con una toalla puesta. Por lo visto, se encontraba mejor.
— ¿Estas mejor?— preguntaba Seris curiosa.
—Sí, Seris— respondía Pumpkin con una sonrisa.
—El otro día durmiendo en el suelo y ahora esto. Si sigues portándote así, enfermarás— la regañaba con sus mejillas infladas.
— ¿Usted cree? Digo ¿Tú crees? No creo, pero yo con tal de servir a mi amita…— decía con una sonrisa sincera y con un tono algo sumiso.
—Pues, tu amita quiere que te cuides. Por cierto ¿Dónde está Pound?— preguntaba sin saber en dónde estaba.
—Acuérdate de que se quedó a dormir en casa de un amigo suyo— le recordaba con esa misma sonrisa.
—Ah sí. Bueno, vamos al cuarto a vestirnos y a prepararnos para la escuela. No podemos ir en toalla— decía Seris con un tono bromista.
—Ok, Seris— dicho eso, las dos empezaban a dirigirse hacia el cuarto donde dormían las dos juntas.
UN RATO DESPUÉS.
Ambas niñas se encontraban listas y vestidas para ir a clases. Pumpkin le había prestado una mochila a su ama.
— ¿Lo tenéis todo, niñas?— preguntaba la fiestera con una gran sonrisa.
—Sí, Pinkie— respondió Seris con una sonrisa.
— ¿Segura? ¿Libros?
—Sí, yo los compartiré con Seris— respondía la niña unicornio con una sonrisa.
— ¿Estuche?
—Cada una llevamos uno.
— ¿El almuerzo?
—Mamá nos lo preparó.
— ¿El cañón de confeti?
—… No— las dos niñas estaban extrañadas por lo que dijo.
— ¡Cachis! Menos mal que llevo uno de repuesto— sacaba un cañón de bajo de una mesa —Pumpkin dame tu mochila— le quitaba la mochila a Pumpkin —Meteré dentro el cañón— decía con una gran sonrisa.
—Eso no va a… caber— la dos aludidas se quedaban sorprendidas al ver como metió por completo el cañón en la mochila —Ha entrado— la niña unicornio cogía la mochila —No pesa nada. ¿Cómo es posible?— preguntaba al sentir que seguía siendo el mismo peso desde que lo tenía.
—Claro, bobita. ¿Por qué pensabas que no iba a caber? ¿Y por qué habría de pesar un cañón de confeti?— preguntaba la terrestre rosada con inocencia.
«Mejor no darle vuelta. Ya me dijo mamá que Pinkie es rara» pensó Seris rodando sus ojos.
—Bueno… mejor vámonos o llegaremos tarde— decía la alicornio con una sonrisa alegre de ir a la escuela.
— ¿Quieren que las lleve en brazos hasta llegar a la escuela?— preguntaba Pinkie extendiendo sus manos, pero las niñas con solo ver esos grandes pechos asesinos…
— ¡No!— se apresuraban a responder ambas niñas a la vez dejando bastante sorprendida a la fiestera haciendo que bajara sus brazos.
—Jo. Vale, vámonos— Pinkie salía del establecimiento seguida de Pumpkin y Seris que iban detrás de ella mientras la terrestre saludaba a cualquier poni que pasaba a su lado.
Al rato, llegaban a la puerta de la escuela. Cerca de ella, estaba Applebloom que las vio llegar y se les acercó.
—Buenos días, Seris. Hola, Pumpkin y Pinkie— saludaba la niña terrestre a las aludidas.
—Hola, Applebloom— saludó la fiestera con una sonrisa y se acercaba a ella con la intención de abrazarla, pero la niña unicornio la apartó para evitar un abrazo mortal.
—Vamos entrando ¿vale?— decía con una sonrisa nerviosa.
—Sí. Hasta luego, Pinkie— se despedía la alicornio con una sonrisa.
—Oki Doki— se despedía la terrestre rosada con una mano y se iba dando saltitos, y a la par, sus pechos rebotaban al hacer eso. Las tres la veían irse.
—No dejes que Pinkie te abrace. Eso es peligroso— susurraba Pumpkin a Applebloom y la susodicha asentía con la cabeza algo extrañada.
Dicho eso, las tres niñas iban a entrar cuando escucharon dos voces a sus espaldas.
—Vaya. Hola, granjera.
El grupo se volteó y veían a dos potrillas, una rosa y otra gris que caminaban hacia ellas. Una de ellas usaba una tiara en la cabeza. Estaba vestida con una blusa de mangas cortas, una falda que le llegaba bajo sus rodillas y unas zapatillas con medias rosadas. Mientras la otra, tenía unos anteojos. Estaba vestida con una blusa también de mangas cortas, una falda que le llegaba a las rodillas y unas zapatillas con medias grises.
—Hola, Tiara y hola, Silver— saludaba sin mucho ánimo la terrestre amarilla —Les quiero presentar a la princesa Seris— la presentaba señalándola y la aludida alzaba una mano como saludo.
—Ya me había dicho mi madre que había venido una joven princesa al pueblo. Ella es mi mejor amiga, Silver Spoon. Soy Diamond Tiara. Nosotras pasamos el fin de semana con mi padre en Canterlot. Por eso no nos hemos visto hasta hoy— explicaba la susodicha de su ausencia.
—Entiendo. Buenos días a las dos— saludaba Seris con un tono educada.
—Si de verdad eres una princesa, no deberías mezclarte con… ella— Diamond Tiara señaló a Applebloom.
— ¿En serio? ¿Por qué no?— preguntaba la alicornio extrañada.
—No es de su clase— respondía la niña de la tiara con una sonrisa burlona.
— ¿Vosotras sí?
—Sí. Silver y yo somos las únicas niñas con clase en este pueblo— habló Diamond de forma arrogante.
—Ella no es más que una granjera y fea— añadió Silver con desprecio en su voz.
—…— la hija de Lunar se quedaba callada. Su silencio ponía algo temerosa a la terrestre amarilla.
—Seris…— intentaba hablar Applebloom mirando cabizbaja a Seris.
—... Silver, Tiara…— las llamó a las dos haciendo que la granjerita se pusiera nerviosa.
— ¿Siiií?— decían ambas a la vez.
—Las únicas aquí sin clase, sois vosotras. Sois molestas y presumidas. Ni siquiera tenéis buen gusto ¿Applebloom es fea? Miraros en el espejo, monstruitas— las dos amigas de la alicornio estaban sorprendidas por lo que dijo hasta tenían la boca abierta y más a las insultadas que estaban en shock.
— ¡Ah! ¿Cómo te atreves? ¡No eres más que una costado en blanco!— se quejó Tiara con enojo.
— ¿Una qué?— Seris la miraba confundida.
— Una costado en blanco, o sea sin cutie mark— aclaró Silver molesta por el insulto.
—… Oh. Vaya. ¿Y tú qué eres? Una cucharilla. ¿Tu talento especial es remover el café?— daba una risita burlona la alicornio.
— ¿Cómo te atreves?— la niña gris la veía enojada.
—Calma, Silver. No es más que una tonta— insultaba Diamond con enfado hacia Seris.
—Tú tienes una tiara como marca. Imagino que tu habilidad especial es vestir elegante, normal, porque eres fea— decía la alicornio con burla.
—Serás… ¡Te vas a enterar!— gritaba la niña de la tiara con rabia y saltó sobre la "princesa" para luego caer al suelo rodando y la tiara se le había caído de su cabeza. Cuando se detenían, comenzaban a tirarse de las crines entre ellas.
— ¡Suéltame, fea!— exclamaba Seris jalando con fuerza esa crin que tenía Diamond.
— ¡Mi pelo! ¡Deja en paz mis crines, costado en blanco!— gritaba la otra con rabia sin dejar de jalar el pelo de la alicornio. Applebloom estaba impactada por lo que pasaba.
—Oigan, deténganse— trataba de detenerlas, pero hacían caso omiso.
— ¡No toques a mi amita!— exclamaba Pumpkin enojada al ver que maltrataba a su ama. Intentó ir a por Tiara, pero Silver se interpuso y la empujó tirándola al suelo.
—Tú no te metas, Nata Montada. Los pastelitos de importación que me compra mi papá, son mejores que las porquerías que venden tus tontos padres— decía la niña de los anteojos con burla.
—Retira eso— hablaba la unicornio levantándose lentamente y tenía una mirada de rabia.
—No quiero, Nata Montada.
— ¡Qué lo retires!
— ¡No!— Silver la miraba desafiante. Pumpkin la veía con furia.
— ¡Nadie pega a Seris! ¡Nadie se mete con mis padres!— gritaba la unicornio soltándole una bofetada a la terrestre grisácea, marcándole la cara y a la vez, le tiró sus lentes al suelo por ese golpe. La granjerita veía eso sorprendida ya que nunca la vio actuar así y pues, esa situación se estaba saliendo de control. Así que entró en la escuela para buscar ayuda con rapidez.
Silver retrocedió asustada y comenzó a sollozar mientras se sobaba su mejilla, pero Pumpkin la empujó contra un árbol arrinconándola.
— ¡Te voy a partir la cara, Pija!— la unicornio estaba realmente enfadada y la terrestre gris temblaba de miedo.
— ¡PAREN, NIÑAS!— gritaba una voz femenina haciendo que las peleas se detuvieran y las cuatro aludidas observaban que la maestra Cheerilee salió por la puerta de la escuela y se dirigía hacia ellas.
— ¿Qué ha pasado aquí?— preguntaba la maestra mirando como estaban las niñas. Diamond tenía su traje con algo de sucio y su pelo desordenado igual que Seris.
—Señorita Cheerilee, ha sido ella. La chica nueva me ha pegado y Pumpkin ha agredido a Silver— decía Tiara señalando a la alicornio.
—Embustera. Tú empezaste— corrigió Seris molesta.
— ¡Basta! ¡Sepárense!— ordenó la maestra y las aludidas se separaban.
Cheerilee miró a las niñas. Silver tenía la cara hecha un mar de lágrimas y enrojecida por el bofetón que había recibido.
—Pumpkin, ¿Te parece bien tratar así a tu compañera?— preguntaba la maestra mirando a la unicornio con seriedad.
—Ella empezó. Insultó a mis padres y a sus pasteles— respondía Pumpkin molesta aun por la terrestre gris.
—No es cierto. Es mentira, profe. No le hice nada y me pegó por qué sí— mentía Silver llorando.
— ¡Embustera!— exclamaba la unicornio mirándola con rabia haciendo que se asustara un poco la niña gris.
— ¡Basta! ¡Silencio las dos!— Miró a Seris y Tiara —Y ustedes mírense— suspiraba frustrada —Tiara y Pumpkin, están castigadas por pegar a sus compañeras. Vayan al baño a asearse y luego vayan a clase.
— ¡NO ES JUSTO!—se quejaban ambas niñas.
— ¡Silencio! Mírense las cuatro, están horribles. Vayan a la enfermería para que les revisen esos moretones, aséense y después vayan al aula— ordenaba la maestra con autoridad.
Diamond Tiara, Silver Spoon, Pumpkin y Seris se fueron a la enfermería. Allí le ponían a la terrestre gris una pomada anti-inflamatoria en la cara y de paso, la enfermera ayudó a las cuatro niñas a peinarse un poco. Sus crines estaban alborotadas por la pelea. Para cuando las alumnas llegaban a clases, la lección ya estaba terminando. Al acabar, la maestra habló con ellas.
—La primera clase ha sido sobre los adjetivos y su uso. Como deberes, me haréis una redacción de tema libre subrayando al menos cinco adjetivos. En cuanto a la pelea, no quiero que se repita y vosotras dos— señaló a Pumpkin y a Tiara —Tendréis que cumplir el castigo. Nada de recreo el día de hoy y saldréis una hora más tarde— decía Cheerilee con seriedad.
— ¿Y por qué a ella no la castiga?— protestó Diamond señalando a Seris.
—Porque no ha hecho nada malo— respondió la maestra sin más y no cambiaba el semblante de su rostro.
— ¿Qué?— estaba confundida, sorprendida y molesta.
—Ni una palabra más, Diamond Tiara. ¡Ni una palabra más!— exclamaba la adulta con autoridad y la niña de la tiara se quejaba de que no castigara a la alicornio, y la aludida sonreía algo maliciosa.
Sin más, las que no estaban castigados, salían al recreo. Al estar en el patio, se acercaban varios niños a Seris.
— ¿En serio eres una princesa?
— ¿De dónde eres?— preguntaban unos niños con emoción.
—Hola, soy Snails y este es mi mejor amigo Snips— hablaba uno con una sonrisa mientras señalaba a su amigo que la saludaba con una mano.
—Yo soy Pipsqueak— se presentaba con una sonrisa.
—Soy Berry Pinch. No hagas casos de esas dos niñas pijas, siempre quieren presumir.
Entretanto, Pumpkin y Diamond Tiara estaban en el aula.
—En vez de hacer deberes, voy a dictar una frase. ¡Tomen nota!— exclamaba la maestra que estaba parada frente al escritorio con los brazos cruzados.
—…— las dos niñas estaban calladas y se miraban de reojo con enfado.
—"Está muy mal pegar a los demás, es malo pelearse. A partir de ahora, prometo respetar a todos mis compañeros y compañeras de clase".
—… De clase.
—… Compañeras de clase.
— ¡Bien! Si ya la habéis terminado, copiarla 50 veces— decía Cheerilee sentándose en la silla frente al escritorio.
— ¿50?— la unicornio se sorprendía al oír eso.
— ¿Ha dicho 50 veces?— preguntaba Tiara con sorpresa.
— ¿Son pocas?— habló con un tono de ironía —Vale. Que sean 100 veces. Con buena letra. Si veo que la caligrafía es mala, lo repetiréis tantas veces como sea necesario.
—Esto es culpa tuya, Nata Montada— se quejaba la niña terrestre insultando a Pumpkin.
—Tuya, Pija.
— ¡120 veces por hablar! Y si no os calláis serán más. ¡Empezad!— exclamaba la maestra molesta por verlas discutir. Las dos niñas resignadas, empezaban a hacer lo que le dijo la adulta.
DE REGRESO EN EL PATIO.
—No está bien pelearse, Seris— decía Sweetie Belle estando al lado de ella.
—Es que esas dos siempre están presumiendo y provocando. Tenía que haber estado presente. Para una vez que me quedo a dormir en casa de Pipsqueak…— comentó Pound fastidiado.
—Calma, no está bien pelearse. Lo mejor es ignorar a esas dos— respondió la unicornio blanca.
—Mmm. Tienes razón. Lo mejor es pasar de esas abusonas. Si ellas nos hablan, nosotros ni las miraremos. ¿Estáis de acuerdo?— sugirió Pipsqueak.
—Yo sí— aceptó Snails.
—Y yo— respondió Snips.
—Yo también— intervino una niña llamada Berry Pinch —Pero… ¿Y Pumpkin? O sea… ella pegó a Silver…— decía al poder ver cómo le dio una bofetada a Silver.
—Porque ella ofendió a mi hermana. Hablaré con ella cuando pueda, pero la culpa es de Silver— comentaba el gemelo cake molesto por esa niña gris con anteojos.
Al final, todos los alumnos acordaban que no les harían nada a Tiara y a Silver, simplemente las ignorarían.
Al regresar al aula, los estudiantes se encontraban con que las dos castigadas, estaban escribiendo bajo la supervisión de la maestra.
—Paren. Toca la siguiente clase. Diamond Tiara ha copiado la frase… 32 veces. Las últimas ocho no cuentan, porque su letra es horrible. Pumpkin… 40 veces. Continuareis en el siguiente recreo— decía Cheerilee con seriedad mientras los alumnos se sentaban en sus puestos —Sentaos todos. En esta próxima clase, toca matemática. Repasaremos las tablas de multiplicar. Lo haréis en parejas y luego preguntaré a cada pareja una tabla. Veamos… vosotras dos juntas— señaló a Silver y Tiara —Pumpkin y Pound, Snips y Berry, Snails y… Scootaloo, Applebloom y Sweetie Belle, y Pipsqueak con la princesa Seris. Cada pareja escogerá una tabla de multiplicar para repasarla. Tenéis 20 minutos y después os preguntaré. Los que respondan mejor, no tendrán deberes de mates hoy— explicaba Cheerilee.
—Profesora, yo quiero ir con Seris— se quejaba Pumpkin de no estar con su ama.
—Eso no lo decides tú, Pumpkin. ¡Empezad!— exclamaba para que empezarán los estudiantes con la actividad.
20 MINUTOS DESPUÉS.
—Bien. Se acabó el tiempo. Primero Diamond Tiara y Silver Spoon, ¿qué tabla habéis escogido? Recítenla— decía la maestra sentada en su escritorio.
—Sí, profe. Escogimos la tabla del tres— respondió Tiara.
—Vamos a recitarla las dos juntas— comentó Silver con una sonrisa.
—Tres por una, tres; tres por dos, seis; tres por tres, nueve… tres por ocho, veinticinco…
—Mal. Tres por ocho son veinticuatro. Los siguientes… vosotros dos— señaló a los hermanos Cake.
—Escogimos la tabla del cinco— decían los dos hermanos a coro —Cinco por una, cinco; por dos, diez; por tres, quince; por cuatro, veinte… por nueve, cuarenta y nueve.
—Mal.
—Perdón, cuarenta y… y… cuarenta y seis— intentaba acertar Pumpkin nerviosa.
—Cuarenta y cinco. El cuarenta y seis no es múltiplo de cinco.
—…— la unicornio se ponía triste.
—Los siguientes. Snips y Berry.
—Tabla del seis— decía Berry.
—Y no vamos a fallar— comentó Snips.
—Seis por una, seis; seis por dos, doce; seis por cuatro, veinticuatro…
— ¿Y qué pasa con el seis por tres?— preguntaba Cheerilee extrañada.
—Ups. Nos lo hemos saltado— admitió el potrillo apenado.
—Siguientes. Snails y Scootaloo.
—Nosotros vamos a hacer la tabla del dos— decía Scootaloo con una sonrisa.
—Pues empiecen.
—Dos por una, dos; dos por dos, cuatro… dos por siete… por siete…— ambos participantes se miraban entre ellos.
—Son… — dudaba la niña pegaso.
—Pues… ¿trece?— preguntó Snails confundido.
—Mal. Catorce. Era una tabla muy fácil. Tendréis deberes extra sobre la multiplicación. Siguientes, Applebloom y Sweetie Belle.
Applebloom se levantaba y miraba a la maestra con una sonrisa.
—Hemos escogido la tabla del ocho.
— ¿En serio, niñas?— preguntaba Cheerilee algo sorprendida.
— ¿La del ocho?
—Es la segunda más difícil después de la del nueve.
— ¿En serio, granjera? Tú y esa unicornio ridícula vais a atreveros con la tabla del ocho, si no sabes ni sumar— decía Diamond con burla.
— ¡Silencio, Tiara! Empiecen — ordenó la maestra.
Las dos niñas estaban en pie.
—Ocho por una, ocho, ocho por dos, dieciséis; ocho por tres, veinticuatro… por diez, ochenta.
— ¡Perfecto! Muy bien, niñas.
Algunos estudiantes aplaudían.
—Ha sido suerte— decía Diamond Tiara con fastidio.
—La última pareja, Pipsqueak y la princesa Seris.
—Pip y yo haremos la tabla del nueve— comentaba la alicornio con una sonrisa.
— ¿Ha dicho la del nueve?
—Van a hacer la del nueve.
—Es la más complicada.
— ¡Silencio, niños! ¡Empiecen!
Seris y Pip se sonreían entre ellos.
—Nueve por una, nueve, nueve por dos, dieciocho; nueve por tres, veintisiete… por diez, noventa.
— ¡Magnifico! ¡Ni un solo fallo! Clase, tomen ejemplo. Las dos últimas parejas, de las tablas del ocho y nueve, no tendrán deberes de mates hoy. En cambio, voy a poner ejercicios extra a los demás— decía Cheerilee con seriedad mirando a los demás alumnos y algunos se quejaban.
HORAS DESPUÉS
—Eso es todo por hoy, niños. Id a casa, menos las dos castigadas que tienen aún que copiar cierta frase— decía la maestra.
Tiara se acercó a Pumpkin con desprecio.
—Me voy a chivar a mi papá y también al papá de Silver.
—Me da igual, Pija— decía la unicornio con fastidio.
— ¡Fuera todo el mundo!
Al final, el aula se vació. Solo quedaban en ella la profesora y las dos niñas castigadas. Cuando Pumpkin volvió a casa, su hermano la recibió con cara triste.
—Vamos a mi cuarto, hermana.
—Vale— decía la unicornio sin más.
Ambos hermanos miraban a su padre. El semental estaba detrás del mostrador atendiendo a los clientes.
EN EL DORMITORIO.
— ¿Por qué lo hiciste? Tú no eres así— decía el niño pegaso curioso.
—Esa asquerosa insultó a papá y mamá, y a nuestros dulces— habló Pumpkin fastidiada.
—Bueno… eso está mal, pero no deberías haberla pegado.
—Se lo merecía.
—Tal vez, pero los cake no hacemos eso. El papá de Silver ha venido aquí a quejarse y la madre de Diamond Tiara también. Mamá y papá están enfadados. Creo que te van a castigar— decía Pound deprimido.
—…— se quedaba callada.
—Para una vez que duermo fuera de casa y la que se arma— comentaba el pegaso con fastidio.
—… Se lo merecía.
—Mamá, está en la cocina. Quiere hablar contigo.
—Vale. Voy a verla…— la unicornio iba a salir, pero antes de abrir la puerta, miraba a su hermano — ¿Cómo está la amita?— preguntaba preocupada.
—Bien. Molesta, pero solo fueron unos tirones de pelo— respondió Pound con una sonrisa.
—Iré a ver a mamá— salía del cuarto y cerraba la puerta detrás de ella para luego ir a la cocina. Al entrar, veía a su madre junto con Pinkie y Seris. La señora Cake miró a Pumpkin y fue hasta su hija para abrazarla ensuciándola un poquito de harina.
—Pinkie, sigue con los pedidos. Yo vuelvo enseguida, pero antes quiero estar un rato con mi hija— decía la yegua regordeta con una sonrisa.
—Y yo seguiré ayudando a Pinkie. ¿Verdad, Pinkie?— preguntaba la alicornio mirando a la terrestre rosada con una sonrisa.
—Ji, ji, ji… Claro, mi princesita— decía la fiestera abrazándola con un brazo. Seris tuvo cuidado teniendo su cabeza bajo sus pechos para no terminar asfixiada.
A LA HORA DE ACOSTARSE
—Qué raro que papá y mamá no me castigaran— decía la niña unicornio estando en pijama y estaba acostada en su cama.
—Sí, que raro— comentó la "princesa". Tenía puesto su pijama y estaba acostada a su lado.
«No tan raro. Hablé con ellos»— pensaba la alicornio sonriendo disimuladamente.
— ¿Les ordenaste que no me castigaran?— preguntaba Pumpkin con curiosidad.
— ¿Yo? ¿Qué va?
«Tan solo les convencí de que no era tu culpa y tú eras la víctima» pensaba Seris.
—Pumpkin… no quiero más peleas— la alicornio la miraba con seriedad.
—Pero ama… ella se lo merecía— decía la unicornio con fastidio.
—Lo sé, pero no más peleas. La próxima vez, se lo dices a la profe y a mí.
— ¿A usted?— preguntó extrañada.
—De tú.
—Perdón. ¿A ti?
—Sí. De hecho, nuestros compañeros y yo, decidimos ignorar a esa par de sinvergüenzas, porque no valen la pena realmente— decía Seris sin importarle mucho a esas niñas.
—Pero ama…
—Ignóralas. Y si vuelven a insultarte, avísame ¿ok? No quiero más pelea— decía la alicornio con seriedad.
—… Ok amita. Haré lo que pueda— decía Pumpkin con una sonrisa y la "princesa" le devolvía la sonrisa para luego irse a dormir las dos.
Fue el primer día de escuela de Seris y no quería dar problemas con esa par. Así que pensó mejor en ignorarlas, o sea para que molestarse. Puede ser que dejen de fastidiar en estos días… pero que equivocada estaba.
Había pasado una semana. En esos días, ignorarlas era imposible ya que esas dos mocosas digo Diamond Tiara y Silver Spoon daban palabras hirientes cuando podían. Las niñas intentaban ignorarlas y no provocar otra pelea para no darles problemas a los señores Cake.
A veces, Pound tenía que sostener a su hermana antes de que lanzara una patada voladora en todas sus jetas. Esas dos abusonas, si eran irritantes y más para Seris. A diferencia de Pumpkin, la alicornio las ignoraba totalmente, pero por dentro, se estaba fastidiando mucho de esas dos que les daba ganas de lanzarlas por la ventana.
Resistía esas ganas hasta que quiso pedirle consejo a alguien y pues, estaba Pinkie siempre disponible para ella. Iba mejor a hablar con la señora Cake, pero estaba ocupada atendiendo.
Era un Domingo en la tarde y Seris le pidió hablar a solas con la fiestera en el cuarto de Pumpkin. La alicornio le contó lo que sucedía y le pedía un consejo. La terrestre se arrodillaba para abrazarla con ternura y la "princesa" tenía cuidado de sus senos poniendo su barbilla en ellos para verla a sus ojos que la miraba con una sonrisa.
—La verdad, no tengo un consejo para darte ya que tú puedes resolverlo, amita. Tú eres mi ama y sabrás como resolverlo, y yo tu sirvienta que te mimará, y te amará por siempre. Aunque si alguien te molesta, ordéname y les daré bien duro a esas dos por molestarla, amita. Les daré con mis enormes senos— decía Pinkie con una gran sonrisa soltándola para luego alzar sus pechos con sus manos.
—… Te dijo mi mamá que me dijeras eso ¿verdad?— decía Seris rodando sus ojos con una sonrisa.
—Sipi. La ama Lunar me dijo que te dijera eso y si tal cosa, que usa mis senos para el bien— comentaba la fiestera sin vergüenza a decir cosas sobre sus pechos.
—Ya veo. Lo tendré en cuenta… Espera ¿mi mamá te ordenó que memorizaras consejos por si los necesito?— preguntaba curiosa.
—Sipi. No solo yo, también mis demás amigas. Si necesitas ayuda en cualquier cosa, pídeles ayuda a mis amigas y te ayudarán de otra forma. Mis amigas y yo estamos dispuesta a ayudarte con lo que sea— respondía Pinkie acariciando la cabeza de su ama.
—Ok. Gracias— agradecía la alicornio con una sonrisa —La verdad, creo que por ahora, no necesito la ayuda de tus amigas ya que se me ocurrió algo para que me dejen de fastidiar a mí y a mis amigos— decía con una sonrisa maliciosa.
—Si vas a hacer lo que vas a hacer, recuerda, sé responsable de lo que harás— mencionaba con una gran sonrisa.
—Mi mamá ¿te dijo que me dijeras eso?
—Sipi— Seris rodaba sus ojos.
«Bueno, le agradezco a mi mamá que hiciera eso por mí. Al menos, estoy con mi madre de forma "espiritual", o sea con escuchar sus consejos, me da alegría al saber que se preocupa por mi» pensaba la "princesa" con una sonrisa alegre y además, sabía qué hacer. Solo tenía que esperar hasta mañana para otro día de clase.
AL DIA SIGUIENTE
En el recreo, Seris había visto a Silver Spoon y Diamond Tiara dirigirse hacia el aseo de niñas. Así que las seguía también hasta que entró.
— ¿Qué haces aquí, bajeza?— preguntaba la niña de la tiara con desprecio.
—Es un lavabo. ¿Eres tan tonta que no sabes para qué sirve?— daba una risita la alicornio.
— ¡No hables así a Tiara!— exclamaba la de los anteojos con enojo.
—Calma, Silver. Déjamela a mí— decía Diamond tranquilizando a su amiga.
—Que miedo me das— daba otra risita y disimulaba teniendo miedo.
—Somos dos contra ti— amenazaba Tiara enojada.
—Dos niñas feas que a partir de ahora, van hacer todo lo que yo quiera, y lo que quieran mis amigos— decía Seris con una sonrisa maliciosa.
—Claro que sí— habló con un tono de sarcasmo — ¡Ahora no está la profe! ¡Te voy a partir la cara!— exclamaba Diamond y las dos niñas se acercaban con enojo a la "princesa".
—Lo dudo mucho— De pronto, los ojos de la alicornio brillaban con intensidad. Las dos aludidas estaban viendo fijamente sus ojos y de repente, se tranquilizaban de golpe, quedándose inmóviles y con cara de trance, pero decían con voz de zombi.
—Qué bonito ojos tienes.
—Ay, gracias por sus cumplidos— daba una risita Seris —Bueno, ahora vuestra voluntad es mía. ¿Entendido?
—Sí, ama— respondían ambas con voz de zombis.
—Hablen normal.
—Sí, ama— decían con voces normales.
—Mejor. A partir de hoy, seréis las sirvientas de la escuela. Limpiareis el aula todas las mañanas y las tardes, y haréis cualquier cosa que os pidan los compañeros de clase, siempre que no sea algo peligroso. Además, si los hermanos Cake, Applebloom, Scootaloo, Sweetie Belle o yo os pedimos cualquier cosa, la haréis sin rechistar. Estudiareis más para sacar mejores notas y confesareis a vuestros padres que la pelea de hace una semana fue solamente culpa vuestra. ¿Entendido?— ordenaba con seriedad.
—Sí, ama— respondían de forma obedientes.
—Tiara, he oído que tu casa tiene una piscina— decía con curiosidad.
—Sí, ama.
—Vale. Este sábado, iré a tu piscina junto con mis amigas. Silver y tú tendréis que atendernos, y mimarnos en tu casa. Y a no ser que os demos permiso, tenéis prohibido bañaros en la piscina— ordenó con una sonrisa maliciosa.
—Sí, ama.
—Bien. Ahora volvamos a clase— habló la alicornio saliendo del lugar seguida de las dos nuevas "sirvientas" que seguían a su ama hacia la aula.
FIN DEL CAPÍTULO 3.
