CAPÍTULO 4: SIRVIENTAS ESCOLARES

Después de lo ocurrido con las dos niñas ex bravuconas, Seris salía del baño del colegio, acompañada de quienes desde ese momento, eran sus nuevas sirvientas. Al regresar al aula, se sentó al lado de Applebloom, mientras Tiara y Silver ocupaban sus respectivos asientos. De pronto, Diamond se levantaba y miraba a la maestra Cheerilee que estaba sentada en su escritorio leyendo un libro.

—Profesora, Silver y yo tenemos algo que decirle— decía la susodicha con una sonrisa.

—… De acuerdo, pero que sea breve. Nos toca dar historia— comentaba cerrando el libro para ver a la niña de la tiara. Spoon igualmente se levantó.

—Con respecto a la pelea de hace unos días con Pumpkin y Seris, fue solamente culpa nuestra, profesora— confesaba Tiara sorprendiendo a los alumnos.

—Sí, y es cierto que yo insulté a Pumpkin, y a sus padres— reconoció Silver arrepentida.

—Lo hemos estado pensado y lo sentimos. Y… lamentamos también que…— la niña de la tiara veía a Seris y ella la miraba con una sonrisa —Que algunas veces, hemos molestado a nuestros otros compañeros de clase. Así que para compensarles a todos, nos haremos cargo de la limpieza del aula y tareas similares todos los días de clase de ahora en adelante— decía sonriéndole a la maestra.

— ¿En serio?— se extrañaba Pip al escuchar eso.

— ¿Ustedes solas se ocuparán de la limpieza? Mmm. No estoy segura— dudaba Cheerilee de lo que pedía Tiara.

—Las dos serían unas buenas sirvientas, si no hacen nada peligroso— opinó la ama de las dos ex abusonas.

—… ¿Usted cree?— preguntaba la adulta mirando a la princesa con duda.

—Si van a ser sirvientas, que se sienten solas al fondo de la clase y cada una en una esquina— opinaba Pip señalando con su pulgar el fondo.

—Eso y tendrán que tratarnos a todos de usted, nada de tuteos— decía Pumpkin con una sonrisa maliciosa.

—Chicos, no se pasen. Ellas ya se han disculpado. No sean así— las defendía Applebloom mirando con lástima a Diamond y a Silver.

— ¿Tú las defiendes? No tiene sentido. Ellas nunca te han defendido a ti— respondió Scootaloo mirando a su amiga la granjerita.

—De todos modos, sentarlas separadas me parece exagerado. Son amigas desde… ¿siempre?— contestaba Sweetie Belle dando su opinión.

—Pero no tiene sentido que, por un lado sean sirvientas y al mismo tiempo, que se les dé el mismo trato que a cualquier alumna normal ¿o sí? Deben de ser subor… subordi… Esto… ¿Cómo se dice cuando alguien obedece a otro?— preguntaba Pound Cake confundido.

— ¿Subordinado?— preguntó Scootaloo.

—Sí, eso, pero ¿cómo es el verbo?

—Subordinar.

—Eso, pero… no es eso. ¿Cómo es el adjetivo?— la niña pegaso se empezaba a fastidiarse.

—Subordinado o subordinada.

—Eso, pues, deben ser subordinadas.

—De todos modos, esto es una clase, niños. Aquí todos sois alumnos, mis alumnos. Yo tengo que responder ante los padres y dar una imagen de imparcialidad— comentaba la maestra con seriedad.

—Que ellas se limiten a limpiar el aula y ya está— opinó Snips con una sonrisa

—Eso y a mimarnos a los demás— intervenía Snails con alegría.

—Creo que Snips y Snails tienen razón. Que se limiten a mimarnos y limpiar, y ya está— opinaba Twist con una sonrisa.

—La limpieza del aula siempre ha sido rotativa, por turnos. Aquí nadie va a ser sirvienta de nadie, que despropósito. Los padres se me echarían encima— mencionaba Cheerilee preocupada.

—No, si Silver y yo les explicamos que es nuestra decisión— respondió Tiara con una sonrisa sincera.

—Queremos hacerlo. Deje que mimemos a nuestros compañeros, profe. Es lo mínimo por cómo nos hemos comportado con ellos— contestó Silver arrepentida.

A pesar de que tocaba clase de historia, la mayor parte del tiempo, se consumió en decidir ¿cuál debía ser el trato que recibirían Diamond Tiara y Silver Spoon, a partir de ese momento?

—Ah. Veo que nadie se pone de acuerdo. No quiero ser víctima de un expediente a causa de una denuncia de sus padres— la profesora miró a las dos ex bravucona con preocupación — ¿Usted qué opina, princesa?— preguntaba viendo a Seris dudosa.

— ¿Yo? No veo problema. Si ellas no sufren abusos ni corren a algún peligro. Mientras se limiten a limpiar y algunas tareas más, no creo que pase nada— daba su opinión con una sonrisa.

—Mmm. Diamond Tiara, Silver Spoon ¿Realmente es lo que quieren? ¿Quieren ser las sirvientas de la clase?— preguntó con mucha duda.

—Sí, profesora.

—Sí, maestra— respondían las dos casi al unísono.

—Mmm. Supongamos que accedo, pero cómo veo que no os ponéis de acuerdo, entonces… Princesa, usted decidirá cómo deben ser tratadas estas dos alumnas si pasan a ser sirvientas, pero quiero que sigan estudiando y presentándose a los exámenes— le ponía una condición, si serían las sirvientas.

—Claro, profe. Mmm. Pues, seguirán dando clase normal, pero se sentaran al fondo del aula, en el rincón derecho, pero juntas. Deberán evitar tutearnos y sus labores consistirían en tareas de limpieza, y mantenimiento, y algunos recados básicos. Lo cual no quita que se examinen y estudien— sugería la niña sobre el destino de esas dos.

—Mmm. A ver… Haremos una cosa. Redactaré una petición para sus padres. Si ellos la firman, entonces, dejaré que sean sirvientas del colegio, pero solo hasta que acabe este curso. Después volverán a ser alumnas normales. ¿Le parece bien, princesa?— preguntaba Cheerilee mirándola con una sonrisa.

—A mí sí— estaba de acuerdo con eso.

«Mmm. La profesora no sabe que esas niñas están hipnotizadas por mí y que el hechizo es permanente. Ellas serán sirvientas toda su vida, pero quizás podría ser más suave con ellas a partir del segundo curso… Ya se verá, aunque… ¿Cómo lograr que sus padres firmen ese papel? Habrá que hipnotizarles a ellos también. Mmm. Genial. Voy a tener tres familias de sirvientes. Los Cake para mimarme y tener una familia, y las otras dos para servirme, y comprarme caprichos caros» pensó Seris con una sonrisa alegre. Las dos niñas que aún seguían de pie, se sentaban por orden de la profe.

—Ya casi es la hora, pero aprovecharemos los últimos quince minutos. Tomen nota de lo que les dictaré— decía la maestra aclarando su garganta —Equestria se fundó hace 3000 años, a raíz de una alianza militar entre tres grandes dirigentes, los cuales… ¿Sí, señorita Applebloom?— la aludida había levantado el brazo para hacer una pregunta.

— ¿Una alianza militar? Pero… ¿Y los Windigos?— preguntaba confundida.

—Suponiendo que ellos realmente existieran, cosa no demostrada, es de suponer que no tendrían tanta influencia ni poder como en la leyenda. Lo más probable, es que no existiesen o fuesen animales adiestrados para la guerra— respondía con una sonrisa.

—Pero en la noche de los corazones cálidos, la historia dice que…— fue interrumpida por Cheerilee.

—Aquello es una celebración milenaria y una leyenda linda para contar a las masas.

—…— al ver que la niña terrestre se quedó callada y confundida, se fastidió.

— ¡AY! Miren niños, no hay evidencias reales sobre la existencia de los Windigos. Equestria fue primero una ciudad militar y conforme fue creciendo, pasó a ser un Estado independiente— explicaba para que entendieran.

—Jo. Mola más la versión de la tormenta y los Windigos— se quejaba Scootaloo.

En ese momento, sonó la campana de clase.

—Ya es la hora. No ha dado tiempo a nada— se quejó la maestra —Tiara y Silver, si realmente quieren ocuparse del aula, entreguen esas cartas a sus padres. Si cambian de idea, tírenlas a la papelera. Hasta mañana a todos— se despedía de sus alumnos mientras agarraba sus cosas.

—Hasta mañana, profe— gritaban algunos alumnos y la profesora abandonaba la aula.

Diamond y Spoon cogían sus mochilas, y se disponían a marcharse cuando varios alumnos/as, se posicionaban delante de la puerta impidiéndolas salir.

—No van a cambiar de idea y romper la carta de la profe ¿Verdad, sirvientas?— decía Pip de forma acusador.

—Nos parece muy bien que vosotras nos miméis a los demás, criadas— opinó Scootaloo.

— ¿Podemos pasar?— preguntaba Tiara con algo de nerviosismo.

—Sí, pero prometan que mañana van a traer esos papeles firmados— respondía la pequeña pegaso anaranjada.

— ¡Ya vale! Dejen que se vayan— Applebloom se ponía al lado de Diamond quedando la clase un poco desconcertada, porque nadie se esperaba esa reacción por parte de la niña granjera.

—Basta, chicos. Un poquito de orden. Sirvientas, ustedes no pueden irse aún; primero, tienen que recoger y limpiar el aula. Los demás, es mejor que nos vayamos y las dejemos solas para que trabajen tranquilas. ¿Os parece bien?— sugería Seris y los demás aceptaban.

Casi todos los estudiantes se marchaban de clase menos las dos ex bravuconas y su ama.

—Bueno, yo me voy. Limpien el aula y luego pueden irse a casa a estudiar. No se olviden de hablar con sus papás y darles la carta de la profesora— hablaba la princesa con una sonrisa.

—Sí, princesa— respondió Tiara inclinándose un poco.

—Sí, ama Seris— contestó Silver también inclinándose con respeto.

—Me pueden decir Seris. Mmm. Puede que al principio, algunos compañeros de clase las molesten un poco como sirvientas. Si tienen graves problemas, díganmelo a mí y veré qué se puede hacer, pero de todos modos, ustedes tendrán que obedecernos a todos. ¿Entendido?

—Sí, ama Seris— respondían a la vez las dos aludidas con una sonrisa.

—Bien. Hasta mañana— se despedía Seris con una mano.

—Hasta mañana, ama— se despedían las dos con una pequeña inclinación.

La princesa se marchó y dejaba a las dos niñas recogiendo el aula, pero de pronto, entraba Pumpkin.

—Quietas— ordenaba la niña unicornio con seriedad.

Ambas aludidas se paraban y miraban a la recién llegada como esperando una orden de la susodicha.

—Ahora no está Seris ¿Verdad? No crean que con recoger un poquito, ya van a poder irse a descansar. Quiero que limpien las estanterías, los libros, las ventanas, la pizarra… ¡Todo! Por último, quiero que barran y frieguen el suelo— ordenó la pequeña Cake.

—Entendido.

—Como usted diga.

— ¿En serio? ¿No me van a llevar la contraria?— preguntaba entre extrañada y desconfiada.

—No, señorita Pumpkin.

—Ahora estamos para servir.

—Muy bien. Tiara, ve a buscar los trastos de la limpieza y vuelve rápido— le ordenaba a la aludida. Diamond Tiara salió del aula, dejando a solas a Silver y Pumpkin — ¿No crees que mereces que te castigue por haber hablado mal de mis padres?— preguntó molesta.

—… Si esa es su decisión, lo aceptaré— respondía con respeto.

— ¿En serio? ¿Aceptarás el castigo que te ponga?— preguntaba incrédula.

—Sí, señorita— respondió con una sonrisa y con un tono sumiso de hacer cualquier cosa por ella.

—Señorita Cake para ti.

—Sí, señorita Cake.

—Muy bien. Quítate los zapatos— la niña gris obedeció y se lo quitó poniéndolo a un lado, quedándose en medias —Ahora las medias— la aludida se quitaba las medias quedando descalza y los ponía en sus zapatos para que no se pierdan —Muy bien. ¿Ves esa papelera?— Pumpkin señalaba con un dedo a una papelera cercana situada al lado de la pizarra — ¿La ves?

—Sí— respondió viendo a esa papelera.

—Pues, tira tus medias y calzado en ella— al oír eso, se sorprendía un poco, pero la pobre sirvienta tenía que obedecer agarrando sus zapatos con las medias e iba hacia la papelera descalza sintiendo el frio suelo hasta que los tiraba en la papelera.

— ¿Tienes frío en los pies?— preguntó con una sonrisa maliciosa.

—Sí— respondía mirando sus pies.

—Pues, ahora suponte que tienes que limpiar el aula completamente descalza, con lo frío que está el suelo. ¿Lo harías si te lo mando?

—Sí.

— ¿Sí? Y si te ordenase que regresases a tu casa descalza, exponiendo a lastimarte los pies en la calle, entonces ¿Qué harías al respecto?— preguntaba con curiosidad.

—Obedecer— respondió con un tono sumiso viendo a la pequeña Cake.

— ¿Obedecerme? ¿Realmente vas a obedecerme sí o sí? ¿A toda la clase?— preguntó ladeando un poco su cabeza.

—Sí. Lo haré— contestaba con una sonrisa sincera.

—Bien. Muy bien. Puedes recoger tus cosas y calzarte, pero desde ahora, me llamarás, señorita Cake. ¿Entendido?— decía con seriedad.

—Sí, señorita Cake— Silver se inclinaba un poco.

—Bien. Cálzate— al escuchar eso, Spoon agarraba sus zapatos con las medias y se empezaba a ponerse las medias mientras oía a Pumpkin —Como castigo por hablar mal de mis padres y sus dulces, mañana irás vestida de manera diferente. Quiero que uses un vestido largo de color rosa con volantes blancos. Por debajo de él, usarás una braguita blanca, zapatos negros, pero sin tacones. Aparte, te peinarás haciéndote varias trenzas en plan niña pequeña. ¿Entendido?— le ordenaba que hacer mañana. La aludida terminó de ponerse los zapatos nuevamente y se ponía de pie para responderle.

—Sí, señorita Cake.

En ese momento, Diamond Tiara regresó al aula llevando consigo los trastos de la limpieza y lo dejaba a un costado de ella.

—Hola, Tiara. Silver, explícale a tu amiga cómo te he dicho que te tienes que vestir mañana— ordenó la niña Cake.

—Sí, señorita Cake. Pues, verás Tiara, según me ha dicho la señorita Cake, me tengo que vestir…— le contaba lo que debía tener puesto mañana.

— ¿En serio?— preguntaba la terrestre rosa algo sorprendida.

—Sí, Tiara. Y pensándolo bien, tú también te vestirás como Silver, pero en tu caso, con un vestido azul celeste e igualmente con volantes blancos— le ordenaba a la otra que vestirse para mañana.

— ¿También debo hacerme trenzas?— preguntó con curiosidad Diamond.

—No. Eso lo hará Silver. Tú te harás dos coletas. Hasta mañana y no se os ocurra desobedecerme— decía inexpresiva y se marchó del salón.

Durante unos instantes, nadie dijo nada. Las dos niñas se miraban e intentaban procesar las órdenes que les dio.

—Empecemos a limpiar, Tiara— habló Silver para empezar a cumplir con las órdenes de hoy.

—Sí. Cuanto antes mejor— decía Tiara empezando las dos a limpiar la aula.

MIENTRAS TANTO, EN EL PORTAL DE LA ESCUELA

Seris se encontraba en compañía de las CMC, y Pound. Applebloom no veía con buenos ojos que las dos ex abusonas hubiesen sido denigradas a sirvientas, pero sus amigos no parecían tener nada en contra. De pronto, Pumpkin salió por la puerta.

— ¿Dónde estabas?— le preguntó su hermano curioso.

La joven pastelera les había contado lo sucedido entre ella y la niña gris.

—Ja, ja, ja, ja, ja. ¿La obligaste a descalzarse? Ja, ja, ja. Hermanita… con lo frío que es ese suelo. Ja, ja, ja…— se reía su hermano.

—No me llames hermanita. Somos gemelos— se quejaba de que le dijera así.

—Pero yo nací dos minutos antes, soy el mayor— se defendía con una sonrisa burlona.

—… Ya estamos presumiendo— decía con un tono de molestia.

—Me hubiese gustado ver a Silver descalza. Je, je, je… Quizás algún día lo haga— comentó Scootaloo con una sonrisa maliciosa.

—No me parece bien, chicas. O sea… esto es una escuela. Las niñas no pueden ser sirvientas— mencionaba la niña granjera fastidiada por eso.

—Oh, vamos, Applebloom. No seas exagerada. No es para tanto. No les vendrá mal a esas vagas trabajar un poco— opinó la pegaso anaranjada con burla.

—Y siendo dos ricachonas, nos pueden mimar un poco— opinaba Sweetie Belle ganándose las miradas de los demás — ¿Qué?

—Pero hasta poco ellas eran unas abusonas. Ahora que han sido humilladas, la gente se vengará. Algunos podrían lastimarlas a propósito— opinaba la pequeña granjera ganándose las miradas de todos.

—No te preocupes, amiga. Estaremos atentos y si alguien se pasa un poco, yo misma le llamaré la atención. ¿Sí?— hablaba Seris con una sonrisa sincera.

—… Mmm. Bueno… vale— aceptó Bloom no muy convencida.

—Ahora hay que hacer que sus padres firmen ese consentimiento. ¿Cómo lo harás, Seris?— preguntaba la unicornio blanca curiosa.

—Fácil. Hablando con ellos. Ahora que están ocupadas, es el momento perfecto para ir a sus casas. Llévame allí— decía la princesa con una sonrisa.

—Mi hermana y yo tenemos que irnos. Habíamos quedado en volver pronto de la escuela para ayudar a mamá a preparar algunos dulces— explicaba Pound y su hermana asentía con la cabeza. De modo que al final, solamente las CMC acompañaban a Seris a la casa de los Rich.

EN EL AULA

—Tiara, ya he limpiado esta librería.

—Genial. Estoy con estos libros. Ponte con la mesa de la profesora— decía Diamond sacudiendo los libros mientras su amiga iba ahora a la mesa para limpiarlo.

.

.

Seris y su grupo llegaban a la casa de Diamond Tiara y llamaban al timbre. Les abrió Spoiled Rich, estaba vestida con una blusa rosa oscuro de mangas cortas con un escote, un jean ajustado y unos tacones altos. Dirigía su mirada amable a Seris sin centrarse demasiado en las demás.

—Bienvenida a mi casa, alteza. Veo que… trae compañía— decía la yegua con una sonrisa forzada.

—Sí. Queríamos ver a Diamond Tiara— por supuesto que los potrillos sabían que la niña no estaba en casa, pero fingían ignorar este hecho.

—Lo siento, pero aún no ha llegado. Si quiere, espérela dentro. Tengo una limonada de importación deliciosa— mencionaba la adulta alegre de tener alguien de la realeza en su hogar.

— ¿Y mis amigas también pueden pasar?— preguntaba la princesa señalando a las otras.

— ¿Ellos? Es decir…— Spoiled Rich no tenía ninguna gana de invitar a nadie más a su casa, pero como eran amigas de Seris, la adulta accedió —Digo… Pasen, pasen todas por favor— respondía con una sonrisa algo nerviosa. Al decir eso, todas entraban en la casa —Querido, tenemos visita.

El señor Filthy Rich se encontraba leyendo en el salón. Estaba vestido con una camisa marrón de mangas largas, un pantalón negro largo y unos zapatos negros elegantes. Cerraba su libro y miró a su esposa dándose cuenta del grupo de potrillas.

—Buenas tardes, que agradable sorpresa. Bienvenidas todas— se levantaba el semental y hacía una leve reverencia ante la princesa —Por cierto, Applebloom, ¿Cuándo estará lista la nueva sidra?— preguntaba mirando a la niña granjera con una sonrisa.

—Mi hermana dijo que hay que esperar a que nazcan las manzanas trueno. Creo que en un mes— decía la aludida con una sonrisa.

—Genial. Luego te daré un sobre para tu hermana. Querida, ofrece algo de beber a nuestras invitadas— mencionaba Filthy haciéndole señas a su esposa.

—Claro, tomen asiento— las invitaba y las niñas se sentaban —Esa mesa y sillas valen tanto como sus casas, puede que más— decía con molestia.

— ¡Querida!— su esposo la reclamaba.

—… Bien. Vamos allá— Spoiled Rich hacía sonar una campana y se presentó, un poni terrestre vestido de mayordomo —Limonada para las jóvenes, un té para mí y… ¿Tú que quieres, querido?— preguntaba curiosa.

—Un café solo, por favor.

— ¿De qué clase, señor?— preguntó el terrestre con una expresión de seriedad.

—Java.

—Sí, señor. Marchando— el mayordomo se retiraba para traerles lo que les pidió.

— ¿Qué es Java?— preguntaba Scootaloo con curiosidad.

—Una variedad de café— respondió Spoiled con seriedad.

—Señores, ¿podemos hablar un momento en la cocina? Tengo algo importante que decirles y creo que a su mayordomo también— decía Seris con una sonrisa.

—Oh, claro, alteza. Pero puede decírnoslo aquí— respondió la adulta con una sonrisa amable.

—Mmm. No— se negaba a decírselos ahí mismo.

—Seris, ¿Quieres que nos salgamos?— preguntaba Scootaloo extrañada.

— ¿La tuteas? Oh, que descaro. Que grosería, niña— reclamaba Spoiled con algo de desprecio.

—Querida, son amigas y son jóvenes— las defendía su esposo.

—Sí, bueno… eso no significa que este bien tutear a una princesa. Alteza, debería ponerles unos límites— sugería la esposa.

—… Salgamos los tres afuera— la mirada de la princesa se había endurecido.

EN EL AULA

—Ya están las mesas, Silver.

—Pues, ya está casi todo. Solo falta fregar y barrer— decía la niña gris secándose el sudor de su frente.

—Esto… ¿Se barre primero y luego se friega, o es al revés?— preguntaba Tiara confundida.

—Mmm. No lo sé. Supongo que el orden da igual. ¿O no?— respondía su amiga también confundida.

Si ambas niñas hubiesen tenido más experiencia sobre tareas domésticas, entonces, habían sabido que se barre antes de fregar para que la fregona no se ensucie ni arrastre el polvo. Las sirvientas hacían el fregado en primer lugar, lo que significaba que arrastraron el polvo y ensuciaban la fregona. Tenían que limpiar con la escoba y la fregona, esperar a que el suelo se secase y luego volver a empezar con el barrido y el fregado.

EN CASA DE DIAMOND TIARA.

Los señores Rich, su mayordomo y Seris se encontraban en la cocina. El mayordomo preguntó si los jóvenes querían algo más aparte de la limonada.

—Mmm. Algunos bollos o dulces estarían bien, pero ahora tengo que decirles una cosita importante, la merienda después— decía la princesa mirándolos con una pequeña sonrisa.

—Alteza ¿Qué sucede?— preguntó el señor Rich extrañado.

—Chis. Mírenme todos— al oír eso, se quedaban confundidos —A los ojos. Mírenme a mis lindos ojitos— sonreía la potrilla y los adultos miraban fijamente sus ojos que brillaban con intensidad. Se quedaban los adultos inmóviles y con cara de trance.

—… Que lindos ojos tienes— decían los tres al unísono con voz de zombis.

—Gracias. Todos me dicen lo mismo. Ji, ji. Muy bien... A partir de ahora, son mis sirvientes. Harán todo lo que yo les diga sin cuestionar nada— hablaba Seris con una sonrisa.

—Sí, ama— contestaban los tres adultos a la vez y con voz de zombis.

—Hablen normal— decía rodando sus ojos.

—Sí, ama— ahora hablaban con voces normales.

—Mejor. Por decisión mía y de la profesora, su hija será desde hoy, la sirvienta de toda la escuela. Ustedes firmaran la autorización que ella les entregará. Incluso la educaran para que sea una buena criada para mí, para mis amigos y para toda la clase.

—Sí, ama.

—Bien. No se preocupen. No van abusar de su hija. No lo permitiré, pero ella tendrá que acostumbrarse a servir a sus compañeros de clase. Aunque podrá seguir examinándose. ¿Entendido?

—Sí, ama— decían los padres de Diamond Tiara.

—Vale. Eso era todo. Yo vuelvo al salón y ustedes tres, sirvan la merienda— ordenaba la princesa con una sonrisa retirándose de la cocina mientras sus nuevos sirvientes, iban a hacer la merienda para ella y las amigas de su ama.

UN RATO DESPUÉS

Las dos niñas ya habían terminado la limpieza.

—Ya está— decía Tiara suspirando con cansancio.

—Ahora somos meras criadas. Sirvientas de toda la escuela— comentaba Silver secando el sudor de su frente.

—Sí.

—Pero… ¿Te gusta?— preguntaba con curiosidad.

—Sí. Lo hacemos por nuestra linda ama. ¿A ti no te gusta, Silver?— preguntó la niña rosa con una sonrisa.

—Sí, pero… me da miedo que mis padres no firmen el permiso— respondía algo temerosa.

—A mí también. No querrán que su hija sea una sirvienta, aunque sea para complacer a tan linda ama y princesa— decía con una pequeña sonrisa.

—Bueno, guardemos estos trastos de limpiar y vámonos a casa, Tiara— al oír eso, su amiga asentía con la cabeza y se iban a guardar las cosas.

MEDIA HORA DESPUÉS.

Silver Spoon ya había llegado a su casa. La recibían a la vez sus dos padres, también había una criada, pero salió de compras. El padre era un semental terrestre grisáceo, ojos marrones, tenía unos lentes azules como su hija y crines negras, su cutie mark era una moneda de bit. Se llamaba Silver Gold que estaba vestido con un saco negro, un pantalón negro y unos zapatos marrones. La madre era una yegua pegaso de naranja claro, ojos azul celestes y cabello rubio con mechas azules, su cutie mark era una pulsera. Se llamaba Bracelet Spoon que estaba vestida con un vestido algo corto con un escote que le llegaba a sus rodillas y unos tacones bajos. Ambos esposos se encontraban con su hija en la sala de estar y le preguntaban a la niña del por qué se había retrasado tanto. Ella les explicó lo sucedido en clase y les enseñó la carta de la profesora. El señor Spoon abrió el sobre y leyó la misiva.

— ¡Esto es absurdo! ¡Será una broma!— exclamaba el semental enojado de leer esa carta.

— ¿Qué es, cariño?— preguntaba su esposa confundida por su reacción.

—Lee, querida. Lee— la madre cogió la carta.

—Pero… ¡Esto es un abuso! ¿¡Tú de sirvienta!? ¿Mi hija de sirvienta de la escuela? ¡No! Mañana mismo, hablaremos con la profesora, la haremos entrar en razón, y si no razona, la denunciaremos— volvió a mirar la carta —También han humillado a tu amiga Diamond Tiara. ¡Qué vergüenza!— exclamaba Bracelet molesta.

—Pero mamá, papi, yo quiero hacerlo— decía Silver con ganas de hacerlo.

—Tú estás tonta. ¿Diamond Tiara y tú de sirvientas de todo el colegio? Ja. Para dos niñas lindas y elegantes que hay, y os degradan así… Ya te dije, querida. Que debería haber ido a un colegio privado— comentaba su padre aun molesto.

—Cariño, en este pueblo, no hay colegios privados— mencionaba la yegua.

—Bueno… pues, a Canterlot o donde sea. Incluso un internado sería mejor que esto— se quejaba.

— ¡Papá, yo no quiero estar interna!— exclamó la niña exaltada de que vaya a ser internada.

—No vas a ser una criada. Vas a ir a la universidad, vas a estudiar empresariales y vas a convertirte en una gran empresaria, y heredera de las empresas Spoon— comentaba con seriedad ya que tenía el futuro planeado para su hija.

—Pero, yo quería ser abogada— mencionó Silver deprimida.

—A callar, hija. Tu futuro está decidido desde que naciste, incluso desde antes. Tu padre y yo ya hablamos de que hicieses empresariales. Es más, siempre quisimos una hija que fuese una gran empresaria— decía su madre con una sonrisa de arrogancia.

— ¿Y si no quiero ser empresaria?— preguntaba su hija sin tener ganar de esa profesión.

— ¿O sea que prefieres ser una sirvienta que una empresaria de éxito?— preguntó Bracelet con algo de indignación.

—Sí, mamá— respondía muy segura.

— ¿Sí? Querido… ¿La has oído? ¿Has oído las barbaridades que está diciendo?— se indignaba y se molestaba de lo que dice la niña.

—Querida, cálmate— su esposo trataba de tranquilizarla.

— ¿Qué me calme? Más de nueve meses de embarazo, poco más de diez horas de hospitalización y parto, once años de crianza y ahora me responde así— hablaba la yegua enojada.

—Mamá…

— ¡¿Qué te hecho yo?! ¡Responde! ¡¿Te he lastimado de alguna forma para que me trates así?! ¡Contesta!— exclamaba la adulta con dramatismo.

—Querida…— su esposo iba por ella y la abrazaba.

—Bueno… si lo que querías era disgustar a tu madre, ya lo has conseguido— decía su madre viendo con disgusto a su hija.

—Mamá, yo no…— Silver no sabía que decir.

—Vete a tu habitación. Estas castigada— regañaba su padre molesto sin dejar de abrazar a su esposa.

— ¿Por qué, papá?— preguntaba la niña confundida.

— ¿Por qué? ¿Me lo preguntas en serio? Mira cómo has dejado a tu pobre madre— respondía con disgusto.

—Yo no quería… Mamá, no quiero que te disgustes— decía Silver algo deprimida.

—Pues, no me hagas esto— mencionó su madre.

— ¡A tu habitación!— ordenó el padre y su hija se fue disgustada —Tranquila, cariño. Esto es una fase. Tú y yo juntos lo resolveremos.

—Sí. ¿Cómo puede la maestra hacer esto? ¿Por qué trata así a nuestra hija? ¿Y a Tiara?

—Envidia, querida, envidia.

—La voy a denunciar, querido. Voy a denunciar a esa miserable docente— decía rompiendo el abrazo con molestia.

—Primero hablemos con los Rich. Ellos sabrán cómo tratar este asunto— sugería su esposo con seriedad. La madre volvió a mirar la carta.

Estimados señor y señora Spoon:

Les escribo para comunicarles una decisión de aspecto parcial, pero que ha sido tomada bajo el consenso de la princesa Seris, más el resto de los alumnos y alumnas de su mismo curso. Las señoritas Silver Spoon y Diamond Tiara, han manifestado voluntariamente y por iniciativa propia, su deseo de convertirse en las sirvientas de todos sus compañeros y compañeras de clase. Al principio me opuse a semejante petición, pero las dos afectadas han insistido encarecidamente en ello y el resto del alumnado está de acuerdo. A partir de este momento, éstas dos alumnas serán consideradas las sirvientas del colegio. Sus labores se limitaran a funciones básicas como limpiar y recoger el aula, o hacer pequeños recados. Deberán seguir un cierto protocolo como sentarse al fondo de la clase o abstenerse de tutear a sus compañeros/as del aula. Todo esto compaginándolo con su estudio y presentación a los exámenes. No obstante, nada se hará si los padres de Diamond Tiara y ustedes no aprueban esta petición. Para su aprobación, solo se requiere de su firma al pie de página.

Atentamente, Cheerilee.

Mientras toda esta situación familiar se daba en la casa de los Spoon, Diamond Tiara había regresado a la suya. Se extrañó de ver a tanta gente en el salón, pero saludó amablemente a todos al tiempo que hacía una reverencia a Seris.

—Hola, Tiara. Tus padres nos han dado la merienda— respondió la princesa con una sonrisa.

—Siéntate con nosotras— sugirió Applebloom con una sonrisa, pero la aludida no se atrevía a tomar asiento.

—Bueno, no sé si debo. O sea, ahora estoy a su servicio— decía la niña rosa dudosa.

—Di que sí— respondía Scootaloo con fastidio.

—Scoot, esta es su casa— contestó Sweetie Belle molesta por su amiga la pegaso.

— ¿Y? Una sirvienta normalmente no se sienta con quienes sirve— comentaba la niña anaranjada alzando sus hombros.

—Pues, Rarity a veces come con sus clientes y conocidos— contestaba la potrilla unicornio con una sonrisa.

—…— la pequeña pegaso dudaba mucho.

En ese momento, entraba la señora Rich.

— ¿Todo está bien, señoritas?— preguntaba Spoiled con una sonrisa mirando a las niñas.

—Sí, señora— respondía Seris con una sonrisa.

—Mamá ¿me puedo sentar a merendar con ellas?— preguntó su hija mirándola fijamente.

—Pues… no lo sé, cielo. Su alteza me dijo antes que tú querías ser una sirvienta de tu clase, mencionó una carta de la maestra— respondió su madre sin dejar de sonreír.

—Ah sí. Aquí esta— Diamond Tiara le daba un papel a la adulta, que lo leyó detenidamente.

—Dile a tu padre que venga— ordenaba Spoiled sin dejar de leer la carta.

—Sí, mamá— obedeció la niña que salió un momento de la sala y regresó con Filthy Rich.

—Mira, querido. Esta es la carta de la que nos habló su alteza— le decía a su esposo mostrándole la carta.

—A ver…— cogió la misiva y la leyó —Mmm. Ya veo. Bueno, no sé qué opinaran los Spoon, pero centrémonos en nosotros. Hija, ¿Tú de verdad quieres hacer esto? ¿Quieres subordinarte a ellos y ser su sirvienta?— preguntaba su padre mirando a Seris y a sus amigas.

—Sí, papá— afirmaba con una sonrisa.

— ¿Estas segura, cielo?— preguntaba ahora su madre.

—Sí, mami— respondía igualmente con una sonrisa decidida.

—Y ustedes ¿desean que mi hija les sirva?— preguntó el semental mirando a las niñas.

—Sí, señor— respondió la princesa con una sonrisa.

—Sin lugar a dudas— contestó Scootaloo sonriendo.

—A favor— decía Sweetie Belle alzando sus hombros.

—Yo no sé qué pensar, pero si todos dicen que sí…— comentaba Applebloom fastidiada en no estar de acuerdo con eso.

—Bueno tesoro, si ellas están conformes y realmente tú lo quieres, entonces, papá y yo te dejaremos ser su sirvienta— decía la yegua con una sonrisa.

—Pero tienes que seguir estudiando— matizó el señor Rich con seriedad.

—Claro, papi. Todas vamos a estudiar. ¿Verdad, señoritas?— Tiara miraba a las otras niñas con una sonrisa.

—Claro— respondía su ama con una sonrisa alegre.

—Bueno, en el caso de Scoot, tampoco es que estudie mucho— reía la potrilla blanca.

— ¡Oye, para!— exclamaba la aludida mientras las demás se reían.

—Bueno, vale. Mamá y yo firmaremos la autorización— decía el semental con una sonrisa y seguidamente, los Rich firmaban la carta enviada por la maestra.

—Bueno, hija. Ahora estas a su cargo— mencionaba Filthy con una sonrisa mirando primero a su hija y luego al resto de las niñas.

—Querido, vamos un momento fuera. Dejemos a solas a las niñas un momento— decía Spoiled Rich y su esposo asentía con la cabeza. Ambos salían del salón dejando a solas a las niñas.

—Bueno Tiara, ahora responder ante nosotras, ante toda la clase, pero especialmente, ante nosotras y sobre todo ante mí— decía Seris con una sonrisa.

—Sí, princesa— respondía Diamond con una pequeña reverencia.

—Tiara, ¿de verdad estas conforme con esto?— preguntaba la niña granjera dudosa.

—Sí, señorita Applebloom.

— ¿Sí? A ver… Ponte de rodillas mirando al suelo— ordenaba Scootaloo con una sonrisa burlona y la aludida obedeció haciendo lo que le pidió sin cuestionar nada.

—Scoot, ya vale. Y tú, levántate— ordenó la potrilla amarilla fastidiada.

—No puedo, señorita Applebloom. No hasta que la señorita Scootaloo o su alteza me lo ordenen— decía Tiara sin levantarse del suelo y seguía mirando el suelo.

— ¿Y si yo no te lo ordeno?— preguntó la niña pegaso con burla.

—Entonces, lo haré yo, Scoot. ¡Levántate!— ordenaba Seris molesta. La niña de la tiara se levantaba al tiempo que la pegaso anaranjada se cruzaba de brazos molesta —Anda, ven a sentarte con nosotras— ordenó dando una palmadita con una mano a su lado.

—Sí, princesa. Gracias— agradecía la sirvienta sentándose al lado de su ama.

Al poco tiempo, el mayordomo traía una limonada para Diamond y las niñas que continuaban merendando.

—Esta limonada está muy buena— comentaba la niña granjera con gusto al darle el sorbo a su bebida.

—La compra mi papá en Hoofington. Allí hay una granja parecida a la de los Apple, pero ellos cultivan limones— mencionaba la niña de la tiara con una sonrisa mientras tomaba un sorbo a su bebida con elegancia.

— ¿Sí? Mi hermana no es muy de limones, pero creo que le gustaría probar esta limonada— decía con una sonrisa.

—Pues, luego si quiere, le digo al mayordomo que prepare una jarra para que se la lleve— sugería con una sonrisa.

—Y para los demás también, niña— respondió Scootaloo con tono de protesta.

—Bueno, no sé si habrá tanta como para llenar 4 jarras, pero sino, le pediré a mi papá que compre más y os la envíe— al oír eso, estuvo de acuerdo esa pegaso.

En ese momento, el timbre de la puerta principal, empezó a sonar como un loco. Abría el mayordomo la puerta para saber quién era.

—Oh. Es el señor y la señora Spoon, y la señorita Silver. Pasen, por favor. Avisaré a los señores— decía el terrestre con un tono educado.

—Sí, hazlo. Hemos venido a hablar con tus señores, muy seriamente— comentaba el señor Spoon con seriedad, aun nadie había entrado en la casa.

—Por favor, aguarden un momento. Avisaré a los señores. Están en la cocina— mencionaba el mayordomo haciendo que arquearan las cejas los padres de Silver.

— ¿En la cocina? ¿Qué pintan en la cocina? Ahí tendrías que estar tú— decía la señora Spoon incrédula.

—Es que la princesa Seris y sus amigas tienen ocupado el salón— comentó el terrestre con el mismo tono educado.

—Mira por donde, con esa quería hablar yo. Apártate— el semental gris entró precipitadamente en la casa y le seguían su esposa e hija.

Si los Spoon hubiesen llegado antes a la casa, se habrían encontrado a Diamond Tiara merendando tranquilamente con la princesa Seris y las CMC; pero en ese momento, la niña rosa se había levantado de la mesa y se encontraba sirviéndoles un segundo vaso de limonada a sus "amigas".

—Buenos días a todas— el señor Spoon entraba precipitadamente en el salón —Tiara, ¿Qué haces sirviendo la mesa? ¿Es que tu sirviente está en huelga?— preguntaba incrédulo.

—Solo les pongo limonada— respondía Diamond sirviéndole el vaso a Sweetie Belle.

—Así que es cierto. Mi hija Silver y tú pretendéis ser un par de sirvientas— comentaba con disgusto.

—Solo de cara a la princesa Seris y nuestros compañeros de clase.

—Eso. Muy bien dicho— intervenía Scootaloo.

—Tú, cállate. No te metas en esto, jovencita pegaso— decía el semental con desprecio.

—Oiga, no le hable así a mi amiga— la defendía Seris con molestia.

—Princesa, usted tiene la culpa de todo— la acusaba muy molesto.

— ¿Yo? ¿De qué?— preguntaba confundida.

—Querido, cálmate— Bracelet veía a la princesa —Disculpe a mi marido, princesa; pero no queremos que nuestra hija sea sirvienta de nadie. Silver va a ser una empresaria de éxito— respondía con algo de orgullo.

—Bueno, pero también puede ser sirvienta— contestaba la niña pegaso sin ver el problema del asunto.

—Eso. Puedo ser las dos cosas. Y no me gustan las empresas, quiero ser abogada. Princesa, ¿Cuándo seamos grandes, puedo ser sirvienta y abogada a la vez?— preguntaba Silver con una sonrisa esperanzada.

— ¡Qué no! Hazle caso a tu madre— hablaba la yegua molesta.

En ese momento, entraban los señores Rich.

—Hombre, el señor de la casa. ¿A ti te parece lógico todo esto, Filthy? ¿Nuestras hijas de sirvientas?— preguntó el señor Spoon con molestia.

—No vamos a consentir que Silver tire su dignidad y su vida a la basura— decía su esposa también molesta.

—Primero, esta es mi casa, dejen de armar escándalo. Segundo, si es lo que quieren las niñas, no veo problema mientras sigan estudiando— comentaba el padre de Tiara con los brazos cruzados.

— ¡Narices! Veo que ustedes están locos, pero su locura no va a contagiar a mi niña— hablaba la señora Spoon con desprecio.

—Señora, está siendo muy grosera en mi casa— se quejaba la señora Rich molesta.

—Pues, lo siento, Spoiled, pero igualmente no voy a consentirlo. No voy a consentir que una campesina, una gallina y una bobale den órdenes a mi hija— decía la madre de Silver mirando a las CMC con desprecio.

—Pero yo quiero hacerlo, mamá— mencionó Silver Spoon con tristeza.

—Cállate.

Seris harta, se levantó rápidamente dando un golpe en la mesa.

—Basta, basta, basta, basta. ¡Basta! ¿Campesina? ¿Gallina? ¡Groseros! Ustedes han insultado a mis amigas. ¡Y eso no está bien!— exclamaba enojada y no se daba cuenta que sus ojos brillaban con intensidad.

—Cálmate, Seris. Si no es la primera vez que dicen cosas así— admitió Applebloom rascándose su brazo con pena.

—Sí, nosotras pasamos— decía Scootaloo levantando la mano.

—Lo de boba creo que es nuevo, pero yo paso— respondió la potrilla unicornio blanca sin darle importancia.

—… Me da igual. Se van a disculpar— ordenaba la princesa con enojo.

—No.

—No si mi hija no se quita esas tonterías de la cabeza— contestó la señora Spoon enojada.

—…— De pronto, Seris con enojo, hacía brillar su cuerno y desapareció junto con los señores Spoon para reaparecer en el baño, que era bastante grande e incluso tenía una bañera de hidromasaje y yacusi.

— ¿Cómo hemos llegado, querido? Esto es el baño— se confundía la yegua al observar su alrededor.

—No sé, cariño— también estaba confundido su esposo. La niña veía alrededor y se rascaba la nuca apenada.

—Ji, ji, ji, ji, ji… Creí que apareceríamos en otra habitación— decía con pena.

—Princesa…— iban a decir algo ellos, pero la princesa los calló.

— ¡Cállense! Mírenme, mírenme a los ojos— los adultos se sorprendían y se indignaban por cómo les habló. Iban a reclamarle, pero al mirar sus ojos que brillaban con intensidad, se quedaban inmóviles y con los ojos en trance —Desde ahora, serán mis sirvientes. Pueden hacer su vida normal, pero si yo les digo algo, tendrán que obedecerme— decía con seriedad.

—Sí, ama— hablaban con voces de zombis.

—Hablen normal— ordenaba rodando sus ojos.

—Sí, ama— ahora tenían sus voces normales.

—Vale. Primero, van a disculparse con mis amigas por llamarles cosas feas, también con los señores de la casa por ármales follón. Aceptaran que su hija sea una sirvienta mientras siga estudiando y no se lastime. ¿Entendido?

—Sí, ama.

—Vale. Mañana su hija tendrá que ir vestida a clase de una determinada forma, ella les dirá.

—Sí, ama.

UN RATO DESPUÉS.

Los Spoon ya se habían disculpado con todos y regresaban a casa. Silver estaba muy alegre, porque al final, sus padres la dejaban ser una sirvienta escolar.

MIENTRAS TANTO

EN LA DIMENSIÓN DE NIGHTMARE MOON

EN EL CASTILLO DE CANTERLOT

En un gran baño, donde había una tina y una ducha, donde el o la poni en cuestión quiera bañarse, a la par, que era espacioso como si fuera una sala pequeña. Se encontraba cerca de la tina, Lunar que estaba sentada en una sillita usando una toalla que le tapaba lo justo como sus pezones y sus partes íntimas mientras detrás de ella, estaba Brodek que usaba una toalla en su cintura. Se encontraba pasándole una esponja a su esposa por la espalda.

— ¿En serio? ¿Por qué te tengo que restregar la espalda?— preguntaba el semental fastidiado.

—Porque si y porque quiero que mi juguete lo haga— respondía la yegua con una sonrisa infantil.

— ¿Y por qué no lo hace la esclava en vez de yo?— preguntó extrañado.

—Porque no quiero. Además, que Moony está algo ocupadita— respondió con burla al observar a una tercera individua en el baño. Era nada menos que Nightmare Moon que llevaba solamente una tanga tipo hilo dental y un sostén tan pequeño que solo le cubría un poco sus pezones. Se encontraba en la punta de uno de sus pies mientras alzaba su otra pierna a un lado y tenía sus brazos hacia arriba con sus dedos entre sí, como si fuera una pose de ballet y empezaba a bailar dando vueltas en un pie, daba saltos majestuosos hasta hacía piruetas. Cuando estaba haciendo eso, sus pechos no dejaban de rebotar para nada.

—Je, je, je. Sí, lo sé. Moony es una buena bailarina. Debió ser bailarina que princesa, porque le da bien. Je, je— decía Brodek con una sonrisa pervertida al ver cómo les daba la espalda mostrando su gran trasero para estar en puntas.

—Sí. Es una buena bailarina. Al menos sirve para eso, en vez de hacer tonterías— comentaba Lunar rodando sus ojos.

—Sí, lo sé. No me canso de verla— mencionaba sin apartar de vista al baile de la emperatriz.

—Sí, ni yo… pero creo que deberíamos detenerla— decía pensativa.

— ¿Por qué?— preguntaba curioso.

—Porque dentro de unos días, será la gala del galope y lo único que no quiero, es que se lastime una pierna por andar haciendo payasadas— respondía con fastidio.

—Ay, por favor, linda. No creo que se resbale por bailar— comentaba con una sonrisa de confianza, pero en eso, Nightmare Moon daba un salto con una pierna delante y la otra detrás, sin embargo, al aterrizar con un pie, se resbaló yéndose para atrás y caía al suelo de trasero.

—Ay…— la alicornio de las pesadillas se sobaba su trasero.

—… ¿Qué decías?— su esposa lo miraba con una sonrisa burlona.

—Bueno, al menos cayó de trasero y no se fracturó un tobillo— decía el semental con burla. La aludida rodaba sus ojos.

—Ok, mi juguete. Sigue restregando mi espalda y tú, tonta emperatriz, masajea mis pies— ordenaba la yegua estirando sus pies moviendo los dedos de sus pies.

—Como ordenes, ama— obedeció la emperatriz levantándose del suelo y se ponía delante de su ama para luego arrodillarse, y le agarraba uno de sus pies para masajearlo.

—Así me gusta y tu Brodek, no te quedes atrás— decía Lunar con una sonrisa infantil.

En eso, su esposo abandonaba la esponja durante un segundo.

— ¿Qué haces? ¡No te pares, mi juguete!— exclamaba algo fastidiada.

—Un segundo, querida. Quiero probar una cosa— decía con una sonrisa maliciosa mientras sacaba algo de por ahí.

— ¿El qué?— estaba confundida, pero en eso, se daba cuenta de una cosa que no le dio tiempo de reaccionar — ¡¿Qué demonios?! ¿Cuándo y cómo? ¡Suéltame!— Lunar se encontraba atada por muchas toallas para que no moviera sus brazos.

—Enseguida, amor, pero antes…— el semental sacaba unos extraños guantes de su crin —Tú, Emperatriz Boba, usa estos guantes para masajear a tu ama— decía lanzándole en toda su cara los guantes y de casualidad, que lo atrapaba con sus manos al dejar de masajear el pie por un segundo.

—Sí, amo— la aludida se ponía los guantes y continuaba con el masaje de pies para su ama.

—… ¿Qué pretendes, mi j-juguete? Ah, ah, ah— la yegua estaba sorprendida y ruborizada, porque había dado leves gemidos al sentir como masajeaba sus pies ahora — ¿Qué es esto? Se siente tan bien— disfrutaba mucho de ese masaje.

—Esos guantes son un regalito para ti. Tienen pequeños nano robots que producen sensaciones placenteras, y ahora, ya verás cómo esto te gusta, amor— mencionaba Brodek sacando una nueva esponja de su crin o eso parecía, porque tenía un aspecto metálico. Lunar podía sentir como aquella esponja flotaba su cuerpo y activaba sus deseos —No voy a limitarme a la espalda, también las extremidades y el cuello. Je, je— se reía un poco pasando la esponja por su cuello.

—Sí, sí. No pares. ¡No pares!— exclamaba su esposa disfrutando mucho de esas sensaciones en sus pies y espalda como el cuello. Le daba mucho placer eso —… Cuando termines, yo te restregaré la espalda… o… ¡algo más que eso!— exclamó lo último girando su cabeza para verlo con una sonrisa seductora haciéndolo sonrojar —Además, Moony te masajeara tus pies también ¿verdad, Moony? ¡MÁS!— seguía con su exclamo de que siguiera con ese masaje de pies.

—Sí, ama. Haré de todo para complacerlos, mis amos— respondía con un tono sumiso sin dejar de masajear el pie de su ama.

—Ok, querida. Cuando termine, quiero una restregada, pero de lo bueno ¿oíste? Je, je— reía un poco burlón.

—… ¿Quieres que te pase mis senos en tu cara?— preguntaba su esposa mirándolo con burla y daba aun leves gemidos de placer por esas sensaciones.

—Quizás ¿o prefieres que lo haga, Moony?— preguntó con una sonrisa maliciosa.

—Ay no, ella no te restregará nada. Mis senos son mejores que los de ella— respondía fastidiada mientras se ponía derecha. Quería tomar sus pechos, pero seguía atada. Así que bajaba y subía de golpe para que sus senos rebotaran — ¿Ves? Son mejores que de esta tonta, dolor de cabeza— agregaba presumida.

—Sí, lo sé y son todos míos. Je, je, je— Brodek con una sonrisa pervertido, abrazaba a Lunar por la espalda y le agarraba sus pechos con las manos haciéndole gemir levemente de placer.

—Sí, son todos tuyos— suspiraba de placer por cómo se lo apretaba. El terrestre jugaba con sus senos haciéndolos rebotar como balones y la besaba del cuello haciendo que gimiera de placer por lo que hacía mientras su esclava seguía masajeando el pie de su ama con sus dos manos que usaba los guantes para complacerla, y no le prestaba atención a lo que hacían sus amos, solo seguía la orden dada por su sexy ama.

EN LA DIMENSIÓN DONDE SE QUEDA SERIS

AL DÍA SIGUIENTE

Obedeciendo las órdenes de Pumpkin, Silver Spoon se había presentado en clase vestida con un vestido rosa con volantes blancos y zapatos negros planos a juego. Además, se había peinado haciéndose trencitas; por su parte, Diamond Tiara llevaba un vestido del mismo estilo, pero en azul y dos coletas, una a cada lado. Los otros niños se partían de risa al ver a las dos antiguas abusonas vestidas de semejante manera, parecían dos niñas pequeñas. Sin embargo, Applebloom no se reía ni tampoco Pound y miraban a las dos niñas con lástima.

—Ja, ja, ja, ja… Muy lindas— se reía Pip fuerte.

—Parecen dos parvulitas— Pumpkin también se reía.

— ¿A qué viene ir así, niñitas?— preguntó Scootaloo con burla.

—Bueno, es que… nos lo ordenaron— se ruborizaba Tiara.

—Solo cumplimos órdenes— se sonrojó Silver.

—Ja, ja, ja, ja… Pues, menos mal que no las pidieron venir en pijama. Ja, ja, ja— se reía Berry Pinch.

—Ji, ji, ji. ¿En pijama? Ji, ji, ji… Eso molaría. Mañana que vengan en pijama— sugirió Scootaloo con una sonrisa burlona.

—Eso, eso, eso.

—En pijama, en pijama…

— ¡En pijama!— gritaban varios estudiantes de la clase, mientras las dos niñas se sonrojaban.

En ese momento, entró la maestra al aula con una sonrisa.

—Buenos días a to…— no terminó de hablar al ver a dos niñas vestidas de una forma poco común —Silver, Tiara ¿Qué significa esto? Vale que no mando uniforme, pero… ¿Por qué van así?— preguntaba extrañada.

—Porque son dos bebitas adorables. Ja, ja, ja…— respondió Scootaloo riéndose.

—Bebés, bebés— gritaba Snails y algunos alumnos le imitaban.

— ¡Basta! Esto es una clase seria. Tiara y Silver, vayan al pasillo, castigadas— ordenó Cheerilee con seriedad.

— ¿Castigadas? Pero profesora, nosotras no hemos hecho nada malo— se defendía Tiara temerosa.

—No hicimos nada— respondió Silver igual que su amiga.

— ¿Venir a clase haciendo el ridículo no les parece bastante? ¡Al pasillo, castigadas!— exclamaba con autoridad. Ambas niñas se iban cabizbajas. A Applebloom le daba la impresión de que estaban a punto de llorar.

—Profesora, ellas… no se merecen irse al pasillo— decía la niña granjera.

— ¡A callar, Applebloom!— exclamaba la adulta seria mientras ponía sus cosas en su mesa.

—Maestra, Applebloom tiene razón— comentaba Pound defendiéndolas.

— ¿En serio? Vale. Pues, como tiene razón, iros los dos al pasillo para hacer compañía a vuestras compañeras— decía la yegua señalando a la puerta. La potrilla amarilla y el joven pastelero abandonaban el aula.

— ¡Y los demás, a callar o mando deberes extra!— gritaba la maestra molesta y los demás se callaban de golpe para no tener deberes extras.

«No era mi intención que castigasen a esas dos, menos aún a Applebloom, y menos aún a mi hermano. Creo que me pasé. No se me da bien ser malota» pensaba Pumpkin cabizbaja.

EN EL PASILLO

Las dos sirvientas se encontraban sentadas en uno de los bancos del pasillo, tenían los ojos humedecidos.

—Nos odian— decía Tiara con ganas de llorar.

—Sí. Todos nos odian— admitió Silver estando igual que su amiga.

—No, chicas. Nadie las odia. Simplemente las están molestando un poco, pero no las odian. Pound diles algo— comentaba la niña granjera al estar frente de las dos junto con el niño.

— ¿El qué? Lo siento, Applebloom. No se me da bien esto. No sé qué decir— mencionaba apenado.

—Algo sincero para animarlas.

— ¿Sincero? Pues… Mmm. Me gustan los cómics de "My Little Human"— decía Pound con una sonrisa. Las dos niñas lo veían extrañadas y Applebloom se daba un facepalm — ¿Qué? Eso era algo sincero— agregaba con una sonrisa apenada.

EN EL PATIO

Durante el recreo, la situación de las dos ex abusonas no fue a mejor. La maestra levantó el castigo a los cuatro afectados, pero quizás no fue una buena idea. En el patio, ambas sirvientas fueron rodeadas por varios estudiantes, quienes formaban un círculo en torno a ellas para que no se escapasen.

—Por favor, déjennos irnos— pidió Silver temerosa.

—Por favor…— pedía también su amiga.

—Sí, niñitas. Ahora las dejamos irse, pero antes chúpense el dedo— ordenaba Pip con burla.

—Chupen sus pulgares como las bebés que son— ordenó Scootaloo con una sonrisa maliciosa.

—Por favor, no nos hagan eso.

—Es muy vergonzoso, por favor.

—Chúpense el pulgar— pidió Twist con burla.

—Chupen, chupen, chupen— empezaban a ovacionar varios estudiantes. Ambas niñas se encontraban al borde de las lágrimas. Poco a poco, iban subiendo las manos y acercaban sus pulgares a su boca.

— ¡Basta! ¡Déjenlas!— interrumpió Applebloom abriéndose paso antes de que las dos sirvientas se metiesen el dedo en la boca —Deberían avergonzarse. Esto no es tenerlas de sirvientas, esto es acoso— los acusaba.

—Tú no te metas, Applebloom— decía el niño manchado.

—Ya vale, chicos. Váyanse a jugar y dejen de molestar a las sirvientas— ordenaba Seris con seriedad y los aludidos se retiraban, aunque de forma molesta.

—Gracias, princesa.

—Gracias, Apple Bloom— las dos niñas agradecían a sus salvadoras.

—De nada. Seris, dile por favor a la profesora que ellas y yo tenemos que irnos un rato. Si tenemos suerte, creo que estaremos de regreso antes de que acabe el descanso. Este pueblo no es muy grande— decía la niña granjera con una sonrisa —Vosotras, venid conmigo— ordenaba a las dos aludidas y las tres niñas se marchaban fuera de la escuela dejando confundida a la princesa, pero ésta última no quiso detenerlas.

— ¿A dónde vamos, señorita Bloom?— preguntaba Diamond curiosa.

—A pedir un favor, Tiara. Aunque no me gusta pedir este tipo de favores, pero creo que es necesario— respondía la potrilla amarilla con algo de fastidio.

El recreo llevaba veinte minutos terminado cuando la joven Apple y las dos sirvientas, regresaban a clase. Los alumnos se extrañaban de verlas con su nuevo aspecto. Ahora Diamond Tiara usaba un vestido azul celeste y sin volantes, que combinaba muy bien con unos zapatos amarillo claro de tacón bajo; en tanto que Silver Spoon llevaba un vestido rosa sin volantes y con mangas cortas, y zapatos rojo pálido. Ambas niñas se habían alisado el pelo y su cabello se veía deslumbrante.

—Veo que por fin se han cambiado de ropa, menos mal— decía la maestra aliviada de que se quitaran lo que traían puesto antes.

— ¿A dónde fueron?— preguntó Sweetie Belle extrañada.

—A casa de tu hermana. Ella les ayudó a cambiarse de ropa y las peinó— respondió Applebloom con una sonrisa.

—Quedamos en que luego le diría a mi padre que se pasase a pagar— explicaba la niña de la tiara con una sonrisa.

—Espero que este tipo de comportamientos no se vuelva a repetir o tendré que plantearme mandarles a todos que vengan con uniforme escolar. Y todos tendrán hoy deberes extra— decía Cheerilee con seriedad y los alumnos se quejaban por eso mientras las recién llegadas, se sentaban en sus respectivos puestos para que continuara la clase.

DEVUELTA CON LUNAR Y BRODEK

En una habitación del castillo, se encontraba los susodichos vistiéndose y arreglándose para la ansiada noche… en teoría. Para otros lo sería, pero para ellos, no tanto, porque un semental se quejaba por la corbata.

— ¿En serio tengo que ponerme esta corbata?— preguntaba Brodek con fastidio. Estaba vestido con un elegante esmoquin negro con los bordes verdes oscuros, usaba unos zapatos negros elegantes y una corbata, la cual, su esposa se lo acomodaba.

—Sí. Lo debes tener para que te veas muy elegante para la gala, mi juguete— respondía Lunar concentrada en ese nudo ya que estaba combatiendo con fuerza. La yegua llevaba un hermoso vestido largo negro de tirantes con un escote que mostraba la parte superior de sus pechos, tenía una pierna descubierta y usaba tacones altos de punta.

—Ay, por favor ¿no puedo estar sin esta condenada corbata? No creo que nadie se dé cuenta— decía fastidiado.

—Creo que se darían cuenta, si eres el único que no lleva corbata— comentaba con burla y terminaba de acomodar esa corbata. Él lanzaba un bufido molesto.

—Ok, ok…— su esposo resignado de tener esa molestia en el cuello —Ok. Estamos más puesto que un zapato— decía el semental viéndose en el espejo que era de cuerpo completo y después se ponía su esposa para verse en el espejo.

—Sipi. Me veo muy sexy con este vestido que me hizo Rarity. Ji, ji— daba una risita al hacer poses sensuales frente al espejo.

—Je, je. Sí, muy sexy— el aludido disfrutaba del cuerpazo de Lunar cuando hacía esas poses.

—Ji, ji, ji. Gracias, mi juguete— agradecía algo sonrojada —Bueno, creo que deberíamos ir por la tonta emperatriz para ver si ya se vistió y se puso las cosas bien— decía fastidiada.

—Sí. Je, je. Vamos, mi amor— habló Brodek con una sonrisa y le extendía su brazo derecho. Su esposa daba una risita y le abrazaba su brazo para salir del cuarto como una linda pareja e iban a la siguiente puerta que estaba cerca de ahí —Me sigo preguntando del ¿Por qué le ordenaste que se cambie en un cuarto aparte en vez de vestirse junto con nosotros?— preguntaba confundido caminando hacia la puerta donde era custodiada por dos guardias.

—Porque Moony también se merece un poco de privacidad y dejar de sorpresa el vestido que le hizo Rarity— respondía con una sonrisa burlona. Ya estaban frente a la puerta.

—Pues, a ver si hizo un buen trabajo ¡Emperatriz, ¿Estas lista?!— exclamaba Brodek para que la oiga.

— ¡Si, estoy lista!— exclamó Nightmare Moon desde el otro lado de la puerta para acto seguido, abrir la puerta y dejaba ver a una alicornio que dejó con las bocas bien abiertas a los guardias que estaban ahí junto con un sonrojo. Brodek que estaba impactado y Lunar bien shockeada, y celosita.

La emperatriz usaba un vestido largo muy hermoso con un escote de color azulado como la noche misma junto con una pequeña chaquetita de color azul claro que posaba en sus hombros. Era ajustada que resaltaba sus anchas caderas. Tenía una pierna descubierta igual que la espalda que llegaba bajo sus grandes alas. Llevaba unos tacones altos igual que los de Lunar. Además, de una corona plateada que posaba en su cabeza, unos brazaletes plateados que llevaba en sus muñecas y un collar plateado parecido la que llevaría Celestia.

—… ¿Y bien? ¿Cómo me veo… amigos?— preguntaba la yegua de las pesadillas para dar una vueltita para que vean todo su cuerpo por delante y detrás. Los guardias que custodiaban ahí, se desmayaban con un sangrado en su nariz.

—… Ahí responde tu pregunta, Moony— decía su ama con burla al mirar a los inconscientes.

— ¿Me veo bien o hice algo mal, mis amos?— preguntaba la esclava al ver que como no había "nadie", podría llamarlos por cómo eran, sus amos.

—Te ves… sexy. Impactarás a todos— comentaba Brodek alzando un pulgar para darle un like.

—Eso es lo que quiero. Que se queden en shock total al verte y así no hagan preguntas estúpidas. Ji, ji— daba una risita la esposa del semental.

—Gracias, mis amos. Me alegro que les guste— agradecía Nightmare con una sonrisa mientras se inclinaba haciendo que sus pechos queden colgados y se dejaba observar mucho sus senos.

—De nada, Moony. Bueno, es mejor que vayamos al salón. Es hora de hacer que todos le caigas bien, o sea ¿sabes que hacer en la gala?— preguntó su ama con curiosidad.

—Sí, ama. Caerles bien, saludar a todos, bailar si me lo piden cualquiera y todas esas cosas típicas de las galas— respondía la emperatriz con una sonrisa al levantarse y hacía rebotar mucho sus pechos.

—Excelente. Je, je. Como no sé nada de galas, le ordené que haga lo típico que se hace en una gala. No creo que sea de otro mundo— mencionaba con burla el terrestre. Su esposa rodaba sus ojos.

—Espero que con eso, no termine con una pésima y horrible gala— decía Lunar con los ojos entrecerrados.

—Bueno, al menos así hacemos una gala divertida y no aburrida. Je, je, je— se reía con burla.

—Como sea. Moony, ve delante de nosotros al salón. Nosotros te seguiremos por detrás— ordenaba su ama señalando un pasillo.

—Sí. Te seguiremos y te miramos tu trasero en ese ajustado vestido. Je, je— se reía pervertido.

—Claro, mis amos— respondió la alicornio de las pesadillas obediente y empezaba a caminar por el pasillo señalado por Lunar, y no evitaba mover sus caderas de un lado a otro mientras los dos aludidos la seguían por detrás para ir al salón donde sería la gala del galope.

FIN DEL CAPITULO 4.


Espero que les haya gustado el capítulo.

Bueno, les aclararé algunas cosas que vieron en el capítulo como por ejemplo: SCRITTORE y yo pensamos en que estos antropomórficos tengan pies. Antes tenían cascos, pero ahora pies. No cambia mucho tener cascos o pies, solo tendría que ponerle el calzado que tendría tal personaje. Solo eso.

Si alguien pregunta por cosas que le dejan con duda, no lo piensen mucho. Hay cosas en el capítulo que no se mostraron, porque todo eso estuvo fuera de cámara… para no complicarse la vida uno XD

Eso es todo.

Nos leemos.