"¡Hola a todos! Ha pasado un tiempo, pero yo nunca dejo de escribir, simplemente no publiqué. Lo siento.

Este capítulo es probablemente (a quien engaño, está LLENO de errores) pero espero que puedan disfrutarlo de cualquier manera". Miniclio

De compras

Van estaba haciendo esfuerzos diariamente como rey para ser razonable, justo y amable. Él quería ser un buen gobernante para su pueblo como su padre antes que él, como Balgus le había enseñado y como su madre y hermano habían soñado que sería. Era una enorme responsabilidad por sí misma y cuidar de su gente lo era aún más. También era muy, muy frustrante, él estaba acostumbrado a no hacer las cosas a su modo todo el tiempo, por supuesto, pero el constante parloteo de sus consejeros lo hacían desear ser más dado a la violencia y la tiranía. Era inútil molestarlo con proyectos par redecorar el castillo con mármol y arte, con poner grandes grabados artísticos en madera por todos lados y colocar oro en los pasillos porque a él no le importaban éstas cosas. Esas cosas no alimentaban a su pueblo, él no les encontraba uso alguno, eran demasiado costosas y absolutamente vulgares.

Sus consejeros deseaban mostrar la fuerza y gloria de Fanelia pero sus formas no eran las de él. Esta clase de proyectos eran fáciles de lidiar, a él no le importaban demasiado desde que había aprendido a poner una sonrisa en su rostro con sus extravagantes demandas.

El problema real venía cuando alguno de ellos abordaba el tema de cómo se veía y su atuendo. Ellos trataban de explicarle que un nuevo corte de cabello podría hacerlo ver mejor en los retratos oficiales y podría ser bueno para visitar a los dignatarios, lo que realmente significaba a sus hijas. Que su atuendo del día era perfecto para ayudar a reconstruir la ciudad pero podría no ser apropiado para presentarse en la corte y recibir las quejas de su gente. Ellos siempre trataban de vestirlo como si fuera alguna especie de muñeco, tratando de hacerlo ver como un señor asturiano o algo así. Él no podría estar menos interesado en cómo se veía y cada uno de esos intentos llevaba a una discusión. Él tenía mejores cosas que hacer de todas formas.

Su padre se había visto como un guerrero, lo cual era normal dado que había sido uno, su armadura estaba llena de rayones y abolladuras, pero Van no era su padre y no tenía ningún uso para una armadura desde que Fanelia estaba en paz. Aún así tenía una, alguna más podría ser tonto y otra para ceremonias, pero él no las usaba seguido. Folken se había vestido como un estudioso, y aquello reflejaba perfectamente su mente, y no recordaba a nadie diciendo nada sobre cómo se veía su difunto hermano. Entonces, ¿por qué lo molestaban con la forma en que él se vestía? A él le gustaban las camisas planas y las túnicas y los pantalones gruesos, la clase de ropa que le permitía libertad de movimientos, ¿qué había de malo con eso? Al menos se veía como él mismo, eso y además sabía que a Hitomi le gustaba la manera en que se veía: accesible. Él disfrutaba la idea de no ser intimidante o percibido como peligroso cuando podía serlo, o que la gente podía verlo tal como era. Tenía algunos conjuntos elegantes para ceremonias oficiales y fiestas pero parecían no ser lo suficientemente lujosas para sus consejeros. El mismo tema seguía presentándose con sus consejeros y se estaba volviendo molesto y el día de hoy el tema se había alargado por lo que parecían ser horas. Aquella noche Van se dejó caer en su cama king size, uno de sus pocos lujos dado que le gustaba poder estirarse y girar a sus anchas. Cerró sus ojos pensando que ese tipo de trivialidades como la ropa que usaba no deberían ser tanto problema.

Cuando abrió sus ojos tuvo que cerrarlos de nuevo porque todo era demasiado brillante para él. Estaba sentado en alguna clase de sillón de felpa y podía escuchar el distintivo sonido del agua cayendo justo detrás de él. Aquello amortiguaba un poco los sonidos a su alrededor, del tipo que hace demasiada gente cuando se encuentra en un espacio pequeño, como un mercado o algo así, lo cual era extraño ya que Van estaba bastante seguro de estar en un interior. Entonces reabrió sus ojos para ver donde se encontraba y valorar la situación. ¿Qué tipo de visión estaba teniendo esta vez?

Era cierto que estaba en un interior y estaba en alguna clase de tienda por lo que podía notar. Había fila tras fila de coloridas mercancías pero no estaba interesado en que podría ser eso ahora. La luz artificial era clara y muy potente, el piso de madera ligeramente de un color claro y pulido al punto de que podía ver su reflejo en él, todo se veía demasiado artificial para su gusto pero era el mundo de Hitomi, así que suponía que era lo normal. A veces se preguntaba si ella se sentiría de esta manera en Gaea, un poco perdida por lo que ella veía. Detrás del sofá había una fuente, un lugar extraño para algo así, pero el sonido era relajante en comparación con el ambiente ruidoso de los paseantes. El sofá en sí estaba enfocando alguna especie de espacio pequeño y vacío con una cortina, ¿una habitación para cambiarse? Hasta ahora esta visión, este sueño, era refrescante y calmado. Lo único que faltaba era su amada…

Hablando de ella, ahí estaba. Justo entrando en su rango de visión con su amiga Yukari, ella tenía esa dulce sonrisa en sus labios. A menudo le hablaba sobre su amiga, cómo se habían conocido de pequeñas y como discutían de vez en cuando. Él prefería cuando ella hablaba sobre su amiga Yukari o de sus otras amigas a cuando hablaba de sus otros amigos y conocidos, los varones en particular, como este chico Amano. ¡Él no estaba celoso! Solo un poco angustiado, lo cual era normal para él que tenía tanto equipaje emocional con la pérdida de sus seres queridos.

De cualquier manera, ella se veía radiante cuando sonreía. Este sueño sería realmente agradable si presenciaba a Hitomi y su amiga teniendo una tarde pacífica. Ellas estaban buscando en una de las filas cercanas donde podía verlas, fue entonces que se dio cuenta de que no podía moverse de su posición. Podía ver a su alrededor pero no levantarse del sillón, no era lo ideal pero funcionaría, desde su primera visión a los quince años había aprendido a aceptar dejarse llevar por la visión en la que estaba. Movió su cabeza girándose tanto como pudo para ver donde estaba Hitomi y que estaba haciendo, de esa manera podía ver que tipo de cosas estaba comprando y parpadeó.

¿Qué estaba…? No. Debía estar equivocado, tendría que haber notado antes si estaba en… ¿Cierto? No había manera de que él, el Rey Dragón de Fanelia, Asesino de Dragones, Héroe de la Guerra del Destino, Colmillo de Arsas, uno de los Constructores de la Nueva Era, Último del linaje de los Fanel, estuviera en esa clase de lugar.

No, nop, na na, de ninguna manera, sus ojos no estaban viendo bien.

El sonido de las risitas de las chicas y la vista de sus rostros sonrojados lo trajeron de vuelta a la fría y cruel realidad.

Definitivamente estaba, para su descontento, en una tienda de lencería. La colorida mercancía que no se había molestado en identificar antes ahora se burlaba de él con sus luminosos colores, indecentes formas y propósitos. Al menos Hitomi no tenía idea de lo que él estaba atestiguando, Dryden podría partirse de risa si llegaba a enterarse de su predicamento, justo igual que la tripulación del Crusade de hecho. Ellos incluso podrían haberlo animado a disfrutar del show. Idiotas la mayoría de ellos.

Mientras su presión arterial subía con pánico, Hitomi volvía junto a él remolcada por su amiga. Sus brazos estaban llenos con los escandalosos productos y él podía sentir sudor formándose en su entrecejo, tratando de respirar con normalidad sin concentrarse en nada más que no fuera un punto frente a él. Aquello habría funcionado, si él no las hubiera escuchado.

"¡Vamos Hitomi! Tienes que probarte todos los conjuntos como prometiste, y yo pagaré por uno como regalo." Yukari parecía realmente emocionada.

"Todavía no entiendo porque insistes tanto en comprarme lencería, tengo suficiente ¿sabías?" ¿Qué estaba diciendo? ¿Su amiga le compraba lencería por diversión?

"Claro, ¡pero nada sexy! En verdad ya es tiempo de que tengas un par de bragas deslumbrantes. Los hombres realmente adoran a las mujeres que usan ropa interior sexy, créeme." Van podía sentir sus mejillas ardiendo. Tenía que admitir que era verdad que una mujer usando su atuendo interior podía encender la llama del deseo en un hombre. Él era un simple humano después de todo.

"¡No necesito que los hombres sepan que uso ropa interior sexy! ¿Cuántas veces debo pedirte que dejes en paz mi vida amorosa?" Hitomi la miraba como si esta no fuera la primera vez que tenían esta conversación. Y aunque él no pensaba revelarle su descubrimiento, Van se sentía un poco emocionado al saber que Hitomi estaba por poseer algunas tentadoras prendas innombrables. Solo esperaba ser el único que estuviera cerca de ellas.

"Un millón por lo menos, y yo te digo: estar solo es aburriiiiiiiidooo. En todo caso no tienes que mostrárselas a nadie si no quieres. No importa que sea una pena tener algunas y no dejar que nadie disfrute de la vista, ¡pero piensa en esto como un ritual de paso para transformarte de niña a mujer! Una vez te hayas probado algunas de éstas, comprenderás cuan confiada puedes sentirte mientras usas algunas prendas ardientes." Esta chica era otra cosa. Ella era entusiasta, eso era seguro y le recordaba un poco a Merle, ahora entendía porque era la mejor amiga de Hitomi.

"¿Por qué sigo saliendo contigo? ¿No te probarás algunas tú también?" Incluso con su sonrisa Van podía notar que Hitomi se sentía un poco avergonzada. Al parecer ella no quería hacer esto sola, y por lo que podía ver a causa de la selección de bienes que habían hecho, esto tomaría algo de tiempo.

"Hoy no, justo ahora estamos aquí por ti señorita "misteriosa relación a distancia", ¡un día cederás y me contarás todo!" Van no pudo evitar dejar escapar una risilla. La motivación de esta chica era impresionante y un poco bochornosa.

"Ok tú ganas, por ahora. Empecemos con esta "iniciación", éste en tonos pastel se ve tierno, ¿puedo probármelo primero?" Hitomi se notaba resignada, pero la sonrisa ligera en sus labios era una clara señal de que no le molestaba demasiado.

"Seguro, ve adentro, yo me sentaré en el sillón y recuerda: ¡Quiero verte con cada conjunto encima!" Ella tenía tal autoridad en la voz que Van estaba sorprendido de que no fuera alguna especie de líder. Era una fuerza a tener en consideración.

Con aquel intercambio terminado, Van metafóricamente comenzó su descenso por los círculos del infierno. Formas y colores danzaban frente a sus ojos, tentándolo sin piedad alguna. La cortina en la cabina de Hitomi era abierta constantemente por su amiga cuando se tomaba demasiado tiempo para mostrarse y cada una de las veces Van perdía el aliento, su sangre estaba hirviendo en sus venas y su corazón estaba a punto de explotar. Sus pantalones se habían vuelto demasiado ajustados luego del primer conjunto que Hitomi se había probado. El atuendo pastel parecía pintado sobre su piel, el color ténue hacía su tono de piel más obvio. La temperatura de la habitación había tenido un efecto inmediato en ella, haciendo que la piel de la chica se le erizara el vello y haciendo sus pezones erguirse contra la tela reluciente. Ella estaba sonrojada mientras le preguntaba a su amiga si las prendas se le veían bien. La aparición de Hitomi envuelta en tan poca tela hacía a Van retorcerse en su asiento. Avergonzado por su deseo porque Yukari estaba sentada justo a su lado, completamente ajena a su presencia astral y a su predicamento. Él cerró sus puños sobre sus rodillas, pero no podía quitarle los ojos de encima a su prometida mientras esta se giraba siguiendo las instrucciones de su amiga. Dios Dragón como desearía poder hacer algo.

"Es lindo pero demasiado aburrido. ¿Podrías probarte algo más salvaje?" ¿Más salvaje? ¿A qué se refería? Lo que Hitomi estaba usando era más que salvaje para sus estándares.

Cada pedazo de tela adornando el cuerpo de su amada era una daga para su alma, sus mejillas sonrojadas eran una maravilla y le ponían un toque de inocencia a esta visión, sin importar que tan escandalosamente estuviera vestida su rostro seguía siendo el epítome de la pureza. Él estaba enloqueciendo con lujuria de ambas formas, deseo y vergüenza por presenciar esta escena. Si tan solo Yukari pudiera dejar de pedirle que posara, como inclinándose para mostrar más de su pecho. Maldición, él sabía que su prometida tenía unas piernas fantásticas pero nunca las había visto expuestas de esta manera. No es que alguna vez hubiera soñado que tendría un show privado donde pudiera admirar su trasero cubierto con tan poco material.

Conjunto tras conjunto Van se estaba perdiendo a sí mismo en el sueño visión. Rosa, negro, pastel, verde, rojo, cada color estaba siendo probado junto con diferentes formas y materiales como seda, satín, algodón, encaje y nylon. Braguitas de corte alto con sostenes sin costura eran los favoritos de Hitomi dado que eran cómodos y prácticos pero Yukari seguía presionando para que se probara cosas más reveladoras y maduras. Él dejó escapar un gemido placentero cuando ella se probó un sostén rojo push up con una tanga a juego, el rosado de sus areolas apenas insinuado. Su escote parecía querer salirse de su sedosa prisión. Perlas y listones adornaban algunos conjuntos, y la vio probarse un conjunto con un estampado de pantera que era al mismo tiempo tentador y perturbador. De alguna manera se sentía agradecido de que ellas no estuvieran al tanto de su presencia ya que se le estaban escapando más y más gemidos de placer ante tal exhibición.

A más tiempo pasaba, más aprendía Van sobre la ropa interior femenina y sus curiosos colores. Para él algunos de los colores de qué estaban hablando eran los mismos (¿cual era la diferencia entre el rosa pálido y el durazno?). Palabras como trusa, tanga y thong, brasier y bikini, push-up y G-string nadaban en su cabeza con el vívido ejemplo sobre qué era qué para asegurarse de que nunca pudiera olvidarlo. Hasta ahora sus conocimientos sobre los innombrables femeninos se limitaba simplemente a bloomers y corsets, no tenía idea de que hubiera tanto que él desconociera. Viendo a su preciada vidente en satén blanco perla y prendas de encaje como una novia en su noche de bodas le provocaba una punzada de anhelo por el día en que pudieran estar juntos. Ella se veía tan sexy en ese, que él solo quería tomarla, y sentarla en sus rodillas. Hacerla sentir cuanto la deseaba. Tocar su piel sobre expuesta por completo, hacerla gemir contra su dolorido cuerpo. Dejarla sentir placer bajo sus manos y escucharla susurrar su nombre. Esta visión era realmente demasiado. Hasta ahora esta experiencia en el reino femenino de la seda con sus formas enloquecedoras y sus colores estaban tirando su cordura por la borda.

Dios Dragón Hitomi estaba despertando una bestia inconscientemente mientras se probaba un sostén estraples negro con un boxer a juego con un listón rojo resaltando ambos lados de su cuerpo. Aquello seguía la curva de sus senos de un modo pecaminoso, y el delgado material se ajustaba bastante contra sus pezones. Era absolutamente atractivo. Tenía un pequeño dragón rojo bordado en la parte trasera del boxer, enfatizando la curva de sus posaderas y provocando que las manos de Van picaran por masajear la carne escondida bajo el ligero material. Las garras del dragón se desplegaban de tal forma que parecían estar apretando su carne. Van habría dado lo que fuera con tal de poner las manos donde el dragón tenía sus garras. En cambio él tenía que sufrir mientras Yukari le pedía a su mejor amiga si podía balancear sus caderas para ver si el dragón daba esa vibra de "Sígueme" como ella le llamaba.

Hitomi era su reina, la única gobernante de su corazón y su ser pero él no podía proseguir con esta tortura. Viéndola reír divertida mientras estaba envuelta en una playera de tirantes verde con pantis a juego mientras su amiga trataba de convencerla para probarse unas medias… Era demasiado para él. Le habría gustado decir que podía hartarse a sí mismo con la vista de su amada pero la verdad era que no podía soportar esta situación por más tiempo. Él quería tomarla entre sus brazos y sentir su piel contra la propia. Quería que sus labios se abrieran y su nombre saliera de ellos antes de embelesarse besándolos a fondo. Él deseaba que esta visión fuera solo para él y no algo que cualquier fémina pudiera decir que había visto. Quería dejar que las manos de ella se movieran sobre él tal y como había tocado la tela de su ropa interior. Quería sentir por sí mismo la textura de los objetos que ella se había probado contra la piel de su amada. Probar la calidez que ella emitía en ellos y hacerla retorcerse. Él quería fricción y no atestiguar.

Él no podía pensar en un hombre lo suficientemente suicida como para poner un pie en esta tienda a menos que buscara cometer suicido por exposición a la femineidad. Solo quería un tiempo a solas con su novia y no tener que compartir con nadie más; o ese tiempo era el resultado de su enlace y sus poderes mentales. Su piel se sentía demasiado apretada, su verga dolía de tanto que quería tocarse. Van bajó su mirada y mantuvo su mente en un pequeño círculo de "si Yo pudiera", sin darse cuenta de que las chicas habían terminado y estaban listas para irse, pero sus voces lo trajeron de vuelta al presente.

"Ok Yukari tú ganas. te las arreglaste para convencerme de que podía sentirme sexy y poderosa en lencería y regresaré por algunos conjuntos una vez tenga la necesidad y los fondos. Mientras tanto escogeré este conjunto porque me queda perfectamente. PERO aun prefiero los atuendos sencillos." Hitomi estaba sonriendo, se veía un poco cansada pero realmente feliz. Sus mejillas estaban un poco sonrojadas también, no estaba acostumbrada a probarse tantas cosas exóticas.

"Te lo dije. Yo siempre tengo la razón, deberías saberlo en lugar de dudar de mi palabra. Cada palabra que sale de mi boca es sabiduría." Esa chica Yukari realmente se veía muy segura de sí misma, hinchando su pecho y con su mirada de victoria. Pensar que el show que debía ser para él había sido para ella era realmente agobiante, de todas formas muy en el fondo, bajo su lujuria por Hitomi, él estaba agradecido con ella por este momento.

"Y tienes la boca llena de verdad ¿sabes?, yo no me preocupo mucho sobre apariencias o estilo, pero debo admitir que tener uno de estos conjuntos en que te sientes bien es genial. Es como tener una armadura contra días malos, puedes derrochar confianza solo por usarlos sin importar nada. Debo admitir que tal vez, solo tal vez, la ropa interior sexy puede ser por cerca mi segundo atuendo favorito. En todo caso no veo porque no se puede usar la ropa que te haga sentir cómoda y dejar que el mundo te vea por quien eres." Hitomi siempre decía cosas extrañas y aún así lo comfortaban profundamente.

"Extrañas palabras de una chica extraña, pero comprendo lo que dices. De por sí tenemos que tolerar tantas cosas y reglas así que ¿porqué no podemos tener algunas prendas cómodas para sentirnos bien al respecto? Pasando a otra cosa, juro que quiero que uses estos bebés Hitomi. ¡Tú podrías dominar al mundo en ellos y tener a cualquier chico solo por caminar frente a él! Te los pondría encima a la fuerza si tuviera que hacerlo, sabes que lo haría." Era desconcertante ver sus ojos tomar un brillo depredador, y él preferiría si Hitomi pudiera ponerse sus inmencionables sola, y lo dejara a ÉL removerlos.

Fue con grandes ojos que Van vio como Hitomi escogía por sí misma, y finalmente sintió a su cuerpo reaccionar para al fin levantarse y buscarla mientras la visión se volvía negra. Van se despertó abruptamente, atragantándose de aire, como si hubiera estado demasiado tiempo bajo el agua, su cuerpo entero cubierto de sudoración y un fuerte deseo de atrapar a Hitomi y demostrarle cuánto la amaba como hombre. Su cuerpo estaba pidiendo a gritos por algo de atención y él no sería capaz de volver a dormir de nuevo aquella noche mientras no se encargara de esto. Por la tenue luz que entraba por la ventana, el sol no se mostraría en un buen rato. Su preciosa vidente le había dado cosas para hacer con su visión y nuevo material para las noches solitarias, él tenía que traerla de vuelta por esto. Agradecía a su mejor amiga, ¿tal vez debería agradecérselo algún día?

Ella incluso le había dado la respuesta a su problema recurrente con sus consejeros con respecto a sus atavíos reales. Encontraría un atuendo que le sentara bien y lo hiciera sentir a gusto, algo en lo que pudiera demostrar quién era él. Ésto seguro tomaría algo de tiempo pero sus consejeros no serían capaces de decirle nada nunca más, él no lo permitiría. Él era Van Slanzar de Fanel, Rey de Fanelia, Rey Dragón, Héroe de la Guerra del Destino, Colmillo de Arsas. Él era además Van el dragón blanco, uno de los mejores espadachines en Gaea, amigo de los hombres bestia, y en el futuro próximo no sería el último del linaje de los Fanel porque era el amado de Hitomi Kanzaki. Para ella él era solo Van, y eso era suficiente.

Tomó un tiempo pero Van cerró sus ojos para conciliar algunas pocas horas más de sueño. Había atendido su pulsante erección y terminado aguantando gemidos de placer que podrían haber sido demasiado fuertes, todos ellos el nombre de su amada. Una sonrisa contenida en sus labios mientras hacía a un lado su última frustración hacia su desolada cama y tomando nota de encargar a una costurera a hacer algunos conjuntos de ropa interior especialmente diseñados para la próxima visita de Hitomi. Él quería verla en cosas más tradicionales, incluso le preguntaría si podía mostrárselos si le quedaban…

(Notas de Miniclio: Puede que tenga algo con la lencería… Quiero decir, es la tercera vez que se convierten en el tema central en uno de mis fics. De todas maneras, ¡espero que hayan disfrutado el show! Lo mantuve lindo y dulce creo, y ¡Van se salvó de pensar en su madre o en Merle usando ropa interior! ¿No soy buena? Me gusta el tipo pero es demasiado divertido de molestar.)

Notas de la traductora: Definitivamente este es de mis capítulos favoritos desde que lo leí, me mata de risa el pobre de Van, pero ¿qué se le va a hacer? parece que no soy la única que disfruta de verlo metido en aprietos como este de vez en cuando.