La insensibilidad de la compasión

El niño pequeño y macilento de hace 6 años, se había esfumado pero nadie parecía notarlo aun que el nuevo joven, ahora con 21 inviernos, diariamente trabaja en la forja del pueblo donde los grandes martillos y las toscas hachas habían dejado de presentar obstáculo y en cambio él las levantaba de un solo tirón, las embutía sin titubear en el fuego para enseguida zurrarlas con fuerza utilizando, como no, el martillo del herrero.

Parecería una gran obviedad que este joven mozo ya no era un enclenque, algo de musculo tuvo que haberle sido otorgado después de tantos años en el oficio.

Berk es un pueblo vikingo que no cambia así pasen las generaciones, y menos lo harán sus perspectivas, nadie era tan ciego eso es cierto y el joven era un talentoso herrero, más de uno le pedía personalmente que les hiciera una nueva hacha, un escudo, una espada, un martillo, incluso cosas tan pequeñas e ínfimas como afilar sus armas; pero acarreaba el grave pecado de no ser un guerrero, aun cuando ahora podía levantar peso no significaba que fuera un hábil combatiente, al entrar al campo de batalla su torpeza jugaba en su contra y tan pronto algo salía mal todas las cualidades de herrero eran olvidadas.

Es simple y lamentable, pero así son los vikingos tercos como un burro aferrándose a las memorias de años no tan lejanos en sus mentes, memorias que son como las pulgas: inconvenientes, enfermizas y engorrosas. Claro que lo que ocurre es que nuestro protagonista, Hiccup, desde los 10 años provoco tantos caos en Berk que muchos lo culpan de haber provocado más destrucción que los propios dragones.

El niño nació escuálido, cual hueso de pescado pero torpe cual cervatillo recién nacido, y de alguna forma se las ingenio para caer en desgracia tras desgracia, humillación tras humillación. Tras tantos fracasos todos a su alrededor se alejaron, después de todo no era aceptable que el hijo de Estoico el bato fuera tan débil y deshonroso.

En el 15° otoño de su vida hizo tal ridículo en la arena, donde ni siquiera pudo contra el más pequeño de los lagartos, que hubiera merecido el destierro o la muerte según sus reglas. Sin embargo su padre en un último acto de horroroso amor lo desheredo, perdonándole la vida.

Así es como fue dejado sin hogar, sin padre y sin apellido (obviamente sin familia), hecho a un lado cual despojo, indeseado pero no odiado, era la piedrecilla en el zapato de todos de la cual nadie se deshizo.

+ Nota +

Pan y circo. La vida es un espectáculo lúgubre, cínico y cruel.

Hiccup tiene muchos talentos, pero no tiene los talentos de un heredero.

¿Podrá nuestro enclenque vivir una vida feliz? (Seguro que si, pero ¿como?)

Hiccup lo sabía, siempre lo supo, solo un milagro le otorgaría respeto entre sus pares.

El enclenque esta cada vez más cerca del fondo

¿Como podría salir esto mal?