"¿Tres capítulos en un día? Bueno, espero que ustedes sigan disfrutándolo en este punto… Oh bueno, ¡qué empiece el show!" Miniclio
Onsen.
Había algunas ventajas de visitar el campo en la opinión de Van. Una luna al año era tradición para el Rey de Fanelia viajar por todo el país para asegurarse de que su gente lo conociera y tuviera la oportunidad de escuchar sus dolencias. Era realmente importante para aquellos que no podían viajar a la capital. También era la ocasión perfecta para que el joven rey escapara de sus consejeros y tuviera unos pocos días de relajación y disfrute en el campo, entre visitas diplomáticas por supuesto.
En aquel momento se encontraba en el sur del país, en las montañas que separan a Fanelia de Freid. El pueblo en el que se alojaba era uno muy conocido y uno que siempre le había gustado. La aldea de Izumi* era bien conocida por su manantial de primavera, pues se rumoreaba que tenía una serie de virtudes curativas. También era uno de los pocos asentamientos de hombres mono en esta parte de Gaea.
Los hombres mono eran gente que tenía muchas tribus diferentes y amables, pero la mayoría de ellos vivían entre Freid y Basram. Los de Fanelia eran fácilmente reconocibles por su pelaje de color claro y sus caras rojas, entre otras cosas. Maestros en el arte de hacer vino, realmente adoraban las aguas termales. Los balnearios fanelianos de agua caliente eran un negocio prolífico, se sabía que el agua caliente en las montañas tenía propiedades curativas. Algunas fuentes tenían fama de aliviar las almas. También había sido en uno de ellos que sus padres se habían encontraron. Recientemente se había enterado que dicha terma era conocida por permitirle a uno encontrar la paz interior para encontrar el amor ... Debido a las muchas virtudes de las aguas termales, mucha gente viajaba para beneficiarse de ellas, era un ingreso constante para el aldeas y el país en su conjunto. Muchas casas de baño se habían desarrollado alrededor de los manantiales y los hombres mono eran excepcionales atendiendo dichos baños.
En ese momento Van estaba disfrutando de uno de los baños naturales, con una taza de licor a mano, se relajaba en el agua casi hirviendo. Estaba disfrutando de lo que tenía delante. La terma escondida en el lado de la montaña, con suficientes árboles alrededor de la casa de baños para mantenerla aislada y en paz. Desde la piscina podías ver cómo una ligera brisa sacudía las copas de los árboles y cómo el cielo nocturno estaba despejado, obteniendo una maravillosa vista de la Luna Fantasma donde sabía que estaba Hitomi. Con los brazos extendidos y apoyados contra las rocas de la orilla del estanque, respiró hondo y dejó que el agua hiciera efecto sobre su cuerpo cansado. Tomó un largo trago de alcohol mientras miraba las lunas. El calor del agua, junto con el licor lo arrullaban lentamente para dormir. Mientras él inclinaba la cabeza hacia atrás, cerró los ojos, pensando que lo único que le faltaba ahora era su amada Hitomi a su lado.
Van abrió sus ojos cuando oyó el agua siendo alterada. El paisaje era diferente, no era la fuente termal en la que se había estado relajando. Estaba en otra visión, algo estaba fuera de lugar. El cielo estaba oscuro pero despejado, además ninguna señal de una segunda luna colgando entre las estrellas le aseguraba que estaba en la Luna Mística. Estaba en una fuente termal cómo momentos atrás, pero ésta estaba rodeada por una cerca de bambú. No podía ver mucho a través del vapor pero estaba seguro de que no estaba solo. Podía oír a una persona cerca, caminando lentamente hacia él dentro de la piscina. Se sentía un poco nervioso ya que estaba bastante seguro de que la persona era Hitomi. Efectivamente, la vidente atravesó la niebla creada por el agua caliente y lo dejó sin aliento.
Sus cabellos estaban húmedos y sus mejillas enrojecidas gracias a la temperatura del agua. Estaba completamente desnuda, envuelta en una toalla corta que sostenía al frente con una mano. Solo cubría lo estrictamente necesario, la otra descansaba sobre las rocas al costado de la piscina para mantener estable su avance. Su expresión era serena y gustosa, su lenguaje corporal relajado, la sonrisa ligera en el rostro lo estaba haciendo sonrojar. Nunca iba a acostumbrarse a estas visiones que revelaban gran parte del cuerpo de la joven. No es que no estuviera disfrutando de la vista, la toalla no cubría demasiado, estaba sosteniéndola delante de ella para evitar que se mojara y con cada paso que daba se movía un poco de lado a lado, casi imitando el balanceo de su colgante. El movimiento del péndulo de sus caderas era una maravilla para mirar. Sin mostrar su lugar más secreto, sus movimientos hacían que sus caderas se balancearan de una manera seductora, mostrando el inicio de sus muslos. El agua salpicaba su piel, a veces acariciaba, otras se deslizaban pecaminosamente contra ella. Su pecho también estaba expuesto a esos movimientos, su mano mantenía la toalla sujeta al corazón, pero los costados de sus pechos eran completamente visibles. Cada paso los hacía rebotar ligeramente, una parte de sus areolas rosadas asomaban de vez en cuando detrás de la toalla hipnotizando a Van.
Ella estaba muy cerca y él la miraba con ojos ansiosos mientras ella se sentaba a su lado en el agua. Él la observó mientras ella se hundía en el agua, nada detenía su mirada deambulando por su cuerpo.
Primero, mientras ella doblaba las rodillas, mantuvo la vista fija en sus muslos mientras se hundían en el agua clara del manantial. Cómo lamía sus caderas, su trasero y su intimidad, lo que casi hacía que cerrara los ojos por respeto, podía sentir su miembro endurecerse. Su corazón latía tan fuerte que se preguntó cómo era posible que ella no pudiera oírlo. Era una vista fantástica, una que grabaría en su memoria por la eternidad. Ella desechó su toalla cuando el agua llegó a su cintura. La vista del agua que le cubría el estómago era realmente sensual con lo lentamente que se estaba asentando en el agua. Especialmente con la forma en que su toalla ya no cubría sus pechos cuando se detuvo a su lado. Ella estaba dejando escapar suaves suspiros mientras el calor del agua se filtraba en su piel, el sonido era suficiente para causar escalofríos en su espina dorsal y hacer que los dedos de sus pies se curvaran.
Entre que ella puso su toalla en el borde de la piscina y se sentaba junto a él en el agua, solo habían pasado unos pocos latidos. Sin embargo, podría haber sido toda una eternidad y él no se habría dado cuenta. Había tenido la vista más maravillosa frente a él durante un par de segundos. Sus senos ofreciéndose sin reservas ante sus voraces ojos. Sus areolas rosadas y los pezones endurecidos con la forma redonda de sus pechos exclusivamente para su vista y por solo un segundo, un vistazo a la suave área de rizos entre sus piernas. Se sentía como un pervertido por la forma en que él estaba descubriendo su cuerpo con aquella mirada lujuriosa, pero al mismo tiempo le importa poco. Esto había sido perfecto. Nunca iba a olvidar esta visión, ni iba a contarle a nadie al respecto. El agua era lo suficientemente opaca como para enmascarar la mayor parte de su piel una vez que estuvo dentro. Solo la parte superior de sus senos junto con sus hombros estaban ahora fuera del agua. Su piel cremosa, encerrada en el agua, hacía que el sonrojo en su rostro se destacara más y lo hacía querer besarla con tanta necesidad en ese preciso instante.
Él observó como su cuerpo entero se relajaba bajo la cálida temperatura. El suspiro que soltó una vez que dejó descansar su cabeza contra el borde y la forma en que sonreía con rebeldía era tan erótico que tuvo que contener un gemido. Estaba respirando profundamente, sus ojos pegados a las formas de Hitomi. Podía sentir su deseo ardiendo más fuerte que el sake que había consumido, más fuerte que el agua de la fuente termal incluso. Su cara se estaba poniendo un poco roja para ese momento gracias a la calidez de la piscina. Ella estaba completamente a gusto. Una verdadera ninfa en un lecho de agua apartado, el cielo aterciopelado de arriba era una manta espolvoreada con estrellas como diamantes y los árboles que rodeaban el lugar daban la impresión de ser algo místico. La escena era una extraña mezcla de quietud y erotismo, incluso si su sangre estaba hirviendo en sus venas, Van no pudo encontrar cómo moverse. Tenía miedo de perturbar el momento. Ella era su diosa personal en aquel instante.
La deseaba más que a nada, pero compartir ésta terma bajo el cielo nocturno era lo que él desearía poder hacer con ella tan a menudo como fuera posible. Un momento tranquilo entre ellos, saboreando el instante. Ella era un espectáculo para la vista, pero había cosas más importantes. Él volvió la cabeza hacia el cielo, echándose hacia atrás. Mientras su brazo derecho estaba todavía en el borde de la piscina, su izquierda suavemente se extendía bajo el agua hasta que sus dedos pudieran rozar los de Hitomi con normalidad, si estuviera físicamente. Lo real sería mejor, pero ahora mismo ésto era lo más que podía tener. Era tan cómodo, solos ellos dos en la noche bajo las estrellas. También era lo mejor que podía hacer para ignorar su furiosa erección.
Sus ojos estaban cerrados, como los de Hitomi. Estaban escuchando el sonido del viento entre los árboles. Los pocos sonidos de animales cercanos, escondidos en la noche. Juntos a solas. Podía oler su perfume, era ligero y relajante, florido. Un bálsamo en su corazón aún latente. Podía sentir el calor del agua, pero también percibir el calor emanando de ella. El solo hecho de estar a su lado lo hacía relajarse más que su taza de alcohol anterior o su baño. Ésta mujer tenía su corazón en la mano, no había nada que él no haría por ella. Cómo desearía estar realmente a su lado, no solo en otra visión, incluso si ésta fuera particularmente agradable, él preferiría que fuera real y que Hitomi se apoyara en él. Se relajó más en el agua y sonrió ante la deliciosa sensación de la presencia de su amada a su lado. Hitomi también dejó que su cuerpo se sumergiera más profundamente en la piscina, haciendo que el agua cambiara con sus movimientos. Todo era tan tranquilo, nunca se había sentido más completo antes.
Fue entonces cuando Hitomi dejó escapar un suave suspiro que puso a Van en un estado de trance "Oh Van, desearía que estuvieras aquí". Era apenas un susurro, pero para Van era suficiente. El anhelo en su voz tuvo un fuerte efecto en él.
Inclinando su cabeza hacia ella, él dio su propia respuesta, era la oportunidad perfecta. Con los ojos aún cerrados y el agua tibia que rodeandolos, dejó que su corazón dictara a su boca por una vez. Él se acercó a su oído, y con voz baja dejó escapar su respuesta.
"Yo también Hitomi… te amo."
Podía sentir su corazón latiendo en sus sienes. Su cuerpo estaba entumecido, pero las sensaciones no eran malas y definitivamente estaba sintiendo el resultado de su deseo de que Hitomi llegara a su punto máximo. Estaba un poco mareado y desorientado, así que era comprensible que saltara cuando escuchó una voz desconocida detrás de él.
"Su Alteza, ¿puedo ofrecerle más sake?" La voz quedó amortiguada por la pared de bambú de la cabina. Era una de las jóvenes sirvientas de la casa de baños, una dócil joven mono que mantenía los ojos en el suelo en cuanto oyó que era el rey. Incluso si su cara era naturalmente roja, él podría decir que estaba sonrojada porque no solía estar cerca de la realeza. Ella no había puesto un pie cerca de la piscina por si su presencia no era bien recibida, por lo que no podía ver el estado de Van, lo cual era una bendición en este momento.
Un poco avergonzado por la interrupción, Van recuperó rápidamente la compostura. Ni siquiera se había dado cuenta que su visión había terminado. "No, gracias, no debería consentir más de lo que ya he bebido".
La joven se fue sin preguntar más y Van salió del agua hirviendo sintiéndose liviano y tímido. Si hubiera permanecido más tiempo en la terma, probablemente se habría desmayado de todos modos. Con una última mirada a la hermosa vista de las lunas gemelas sobre él y el paisaje a su alrededor, se retiró a sus aposentos. Planeaba llevar a Hitomi a estos manantiales durante su próxima visita. Ahora mismo necesitaba relajarse.
(Notas de la autora: *Izumi significa terma, o fuente, no es muy original pero encaja bieny cuando lo estaba escribiendo a las dos de la mañana era lo mejor que podía pensar.
Me divertí creando a los hombres mono. Tuve que buscar un mapa de Gaea para ver dónde podía esperar con seguridad que vivieraneste tipo de hombres bestias. El sur de Fanelia y Freid fueron perfectos para ellos. Me inspiré en el mono japonés de aguas termales, así como en el mono hindú nativo que puedes encontrar en la India. Como Fanelia es el equivalente de Japón y Freid, India, pensé en cómo la fauna podría coincidir, después de todo, los hombres lobo se basan en los lobos japoneses.
Este capítulo es un poco más corto y más calmado en comparación con los otros, pero tuve que pasar por algunos eventos recientes que me llevaron a buscar un momento de relajación pacífica. ¡Espero que lo hayan disfrutado!)
Notas de la traductora: Antes que nada, una enorme disculpa por la tardanza, en serio, no recordaba que el trabajo docente fuera tan demandante, me he quedado con poquísimo tiempo libre, traigo algunos problemas con mi celular (hoy de plano decidió que aborrece el internet y se está negando incluso a que le cargue datos ¬¬ ) pero bueno, al menos encontré un momento para terminar de traducir este capítulo, a mí me pareció genial y divertido al mismo tiempo la primera vez que lo leí... es que Miniclio tiene esa forma de narrar escenas completamente eróticas sin tener que meter sexo de por medio... la amo.
SARABA
