El odio que te envenena

Los niños ven a sus padres como protectores, héroes increíbles capaces de todo. Para un pequeño no hay nada más importante que tener el amor de su progenitor. Hiccup lo anhelaba con todo su ser, quería ver el orgullo y el amor de otros tiempos, mejores tiempos, otra vez.

Quería reír como antes, jugar como antes, platicar como antes, tener un padre como antes. Los buenos días, cuando los inviernos parecían más cálidos y la enfermedad menos violenta, bajo la chimenea del hogar donde estaba su familia esperando por el antes de la cena, cuando aún tenían algo de amor que darle.

La ansiada redención jamás llego, el tiempo continúo corriendo, cayendo en picada cual cascada sobre los hombros del joven herrero. Alargando las sombras de su pasado, que se acomodaron a su alrededor y lo acosaron constantemente.

Dale tiempo al tiempo, el tiempo tan terrible que todo lo que nos trae son consecuencias. Las heridas sin tratar se infectan, el polvo se acumula, la carne se pudre y el dolor se fermenta en el odio del mañana.

El tiempo es inevitable, Hiccup ciertamente no pudo evitarlo. Cayo sin gracia, sin una mano amiga, sin una mirada empática, sin salvación se rindió ante el mundo y dejo que su dolor fermentara, que su cabeza lo encerrara y que su tristeza colapsara.

El tiempo puede ser terrible por que nadie nota su paso, nadie nota los cambios hasta que es demasiado tarde. Empieza levemente, pequeñas cosas sin importancia que por un día se dejan pasar, estas eventualidades son alienadas fuera de lo cotidiano como sucesos extraños.

Quien diría que lo pequeño se hace grande, se acumula y engorda hasta convertirse en una nueva norma. Lo cotidiano se hace extraño y viceversa. La nueva realidad vive pacíficamente sin ser notada.

Hoy en día es cotidiano ver a Hiccup tomando junto a su mentor en las noches, es común que el joven ignore a su padre o lo evite como la mismísima plaga, es común no verlo por días, es común que un día salga del bosque con comida, es común que no responda preguntas. El vivaz adolescente paso a ser esta sombra, un ente tranquilo que se pasea entre las calles de la villas y rara vez hace notar su presencia, siempre con una canasta a cuestas y a veces hablando en soledad con sus mochilas, deteniéndose únicamente cuando se siente observado.

Uno pensaría que el odio es visible, fácil de ver. Sin embargo la verdadera cara del odio es la ira silenciosa y apenas notoria, justo como el joven herrero.

Una ira reprimida que día con día crecía en su interior. Hasta que un día fue liberada de una forma anónima pero estridente.

Dragoncito, dragoncito, déjame te cuento un secreto. Las ovejas se esconden en el edificio con techo alto y un escudo rojo.

Quien no utilice sus dones para bien los usara para mal.

Dragoncito, dragoncito, si derriban las antorchas no los podrá ver.

Quien no comparta sus dones al mundo, los usara en su contra.

Dragoncito, dragoncito, dejen a los dragones grandes distraer esos brutos

Los invisibles tienen la libertad de ser considerados inofensivos, Hiccup parecía ser solo un espectador, callado y reservado. Que siempre ayudaba en la reparación y siempre dentro de la forja, como el supuso nadie se dio cuenta, posiblemente nunca lo harían, era un crimen perfecto; y sin embargo aquello le causaba un dolor profundo, que se extendió desde la boca del estómago hasta su lengua donde dejaba un sabor amargo, un dolor que le presionaba el pecho.

El dolor quería gritar, para hacer notar su presencia y deleitarse en la atención que sería recibida, pero el odio lo contuvo y dejo que su existencia fluyera cual rio.

Como muchos otros días no se quedó en casa, salió, y se adentró al bosque. Adentro, adentro, adentro del bosque, con árboles más y más grandes, más y más frondosos... dentro, dentro del bosque, donde nadie lo escucharía hablar con los dragones, dándoles nuevas ideas para aterrorizar a los vikingos.

Dragoncito, dragoncito, dime ¿No sería divertido traer nueva compañía a nuestro pequeño juego?

Que divertido, pensaba.Él arruinaría lentamente la vida de muchos y nadie se daría cuenta, porque él era un Hiccup, nadie jamás lo pensaría capaz de tal hazaña y eso alimentaba su odio, que poco a poco lo enveneno de locura.

Y esta locura algún día llamaría a otros a unirse.

+ Nota +

Hemos llegado al final, la locura, el odio, la soledad a consumido a nuestro protagonista. Su felicidad es falsa pero su determinación es real.

Creo que cada quien puede imaginar como acabaran.

El enclenque está en el fondo

FINAL A/N

¿Qué si tengo idea de lo que acabo de escribir?

Claro que no. 😂

Esto salió después de un documental sobre las estrategias de salida en los grupos de primates. Es muy interesante y aun que no quieran leer igual se los explico.

Mientras más agresiva sea una especie, es más imposible que los primates de menor rango salgan del grupo donde nacieron para unirse a uno nuevo, pero para las especies pacificas es super fácil, si no eres aceptado por unos lo serás en otros.

Luego…

👉 "I would listen to what they would have to say, and that's what no one did."

Luego, por alguna razón incoherente, lo relacione con una de las entrevistas que le hicieron Marilyn Manson sobre la masacre de Columbine y TAN nació esta cosa. 😂

Hasta yo se que esto es demasiado random, por lo que les agradezco de todo corazón si lo leyeron todo 🙏

No es perfecto, pero es lo que hay.