"¿Pueden creer que olvidé publicar este capítulo? No puedo. Pero lo hice ... Se suponía que era el capítulo 6, por cierto. Todavía no puedo creer que olvidé este capítulo." Miniclio
Explorando
Van estaba aburrido, no había otra manera de decirlo. La reconstrucción de Fanelia estaba en marcha, y él todavía estaba ayudando, aún si su presencia era menos necesaria en esos días. Ahora que una buena parte de la gente había regresado, era más necesario que asumiera su papel de líder. Lo que significaba jugar el juego del dragón de la política.
Su país lo necesitaba, su gente lo necesitaba. Él podría pasar dos vidas sin ello. Era un mal necesario, así que él lo soportaba. Le daba la oportunidad de relativizar su situación. Se consideraba afortunado de alguna manera, y en cierto modo lo era. La guerra había cobrado millones de vidas, y destruido tanto.
Freid estaba en ruinas, las dos ciudades principales reducidas a escombros. El Duque estaba muerto y su hijo, aunque valiente, aún era un niño. Al menos la mitad de los monjes estaban muertos y la población también tuvo que pasar por la ocupación de Zaibach. Afortunadamente el país era viejo y no enfrentaba su primera crisis. Como tal, había planes y los métodos ya estaban dispuestos a volver a poner el Ducado sobre sus pies. Asturia había sufrido algunos daños en el campo, como el Fuerte Castello de Allen. Los principales daños fueron a la capital, Palas, pero se había reparado rápidamente. La mayor pérdida Asturiana en la guerra había sido las vidas de sus soldados. El rey Aston estaba enfermo y sus dos hijas aseguraban la regencia. Irónicamente, las dos princesas eran mejores gobernantes que su corrupto padre. Cesario, Basram y Dédalo no habían sido tocados como los demás. Unos pocos asentamientos en sus fronteras a lo sumo. Su verdadera pérdida había sido durante la batalla final, con los miles de soldados que murieron en la lucha.
En cuanto a Zaibach, si el país carecía de daños esenciales, las condiciones siempre habían sido duras para empezar. Innumerables soldados murieron durante la guerra en su conjunto, la unidad de Dragon Slayers fue solo una partícula de las vidas cosechadas. Los daños capitales los había recibido el palacio y la desaparición de los brujos era algo bueno para el mundo. Como los instigadores de la guerra y los últimos perdedores, su situación era grave. No quedaba ninguna familia real, ningún líder que tomara el mando, deudas sobre deudas debían pagarse a sus víctimas, más las dificultades naturales de su país ... Su única opción restante era cambiar su tecnología médica para eventualmente sacar la cabeza del agua, lo que llevaría décadas para producir cualquier resultado.
La capital de Fanelia fue destruida junto con el ejército, pero el campo quedó bastante intacto. Todavía faltaban años, pero el reino volvería a crecer más rápido de lo esperado gracias a la alianza entre Asturia, Freid y el comerciante Dryden Fassa. Eso y la reputación ganada por Van durante la guerra era una forma segura de sellar algunos acuerdos ventajosos con otros países.
En el momento en que se había restaurado la mitad de la ciudad, las personas que aún no habían terminado su hogar estaban alojadas en los pueblos de los alrededores. Una buena parte del castillo también había sido restaurada, fue útil para almacenar muchos de los materiales. Una parte de la gente trabajaba en los edificios, mientras que la otra trabajaba con fervor en los campos para prepararse para el próximo invierno. En cuanto al propio Van, se necesitaba trabajar con algunos eruditos para establecer los tratados y acuerdos comerciales necesarios para la reconstrucción y los fundamentos del reino. Era importante, y era para lo que había sido educado, pero era aburrido. Después de un largo día de revisar pilas de documentos, estaba cansado y terriblemente aburrido. No le quedaba energía para entrenar, y extrañaba a Hitomi aún más. Merle era un gran apoyo, pero ella era su hermana, él preferiría tener a su amada también a su lado.
Se estaba haciendo tarde y él se estaba preparando para ir a la cama. No había recibido palabras de Hitomi por algunos días, no era inusual per se, pero en este momento ella sería la distracción perfecta a la monotonía. Mientras yacía en la cama, pensó en ella, en cómo se veía hermosa cuando sonreía. Pensó en sus curvas y su piel clara. Se estaba relajando cuando pensó que no le importaría explorar su piel a fondo.
El sonido de la tela rizándose le hizo abrir los ojos de repente. ¿Se había dormido? El techo no era familiar, y al sentarse entendió por qué. Estaba en el dormitorio de Hitomi. La cama era una cama doble con un edredón azul claro. Por una vez pudo echarle un vistazo a su habitación, nunca antes había sucedido. Estar en el dormitorio de una mujer era bastante íntimo, especialmente de su novia. La habitación era simple pero estaba bien amueblada, la cama en la esquina era realmente cómoda, un escritorio debajo de la ventana con una gran cantidad de libros y una serie de fotografías, retratos de sus amigos y familiares. Un armario en el lado opuesto de la habitación estaba siendo saqueado por el objeto de su afecto. Estaba observando las extrañas pinturas coloridas en sus paredes, los pocos juguetes de peluche esparcidos por la habitación a lo largo de unos pocos cojines. La habitación no era grande, pero era completamente el espacio personal de Hitomi, era cálido, acogedor y ligero como ella. No se levantó de la cama porque estaba en una posición cómoda y así era más íntimo. Eso y la posibilidad de acurrucarse en las sábanas de Hitomi era demasiado tentador, incluso si era algo demasiado infantil por su parte.
Hitomi estaba profundamente metida en su armario, arrojando piezas de ropa en la alfombra detrás de ella. Llevaba un pantalón azul oscuro y solo una camiseta blanca sin mangas. Gracias al espejo junto a ella, podía verle el rostro y la frente. Desde su posición, podía verla haciendo pucheros, sabía que la ropa era importante para las mujeres, pero no sabía que tan importante. Los pantalones de Hitomi estaban apretados y colgaban bajos en sus caderas, acentuando la curva de su trasero. Su parte superior tenía un escote bajo y cuando se inclinaba, él podía ver la parte superior de sus senos en el reflejo del espejo. Él no entendía lo que estaba buscando, la noche había caído en su planeta y ella no solía salir por la noche. Un suéter se unió a una pila en el suelo, junto a una blusa con un suspiro de frustración proveniente de los labios de la vidente. Fácilmente podía imaginarla volviéndose hacia él y pidiéndole ayuda con lo que fuera que la estuviera molestando, y lo haría a cambio de un beso. O varios.
Mientras estaba distraído, Hitomi había arrojado un neglige blanco, dos pares de pantalones, un vestido, enfocándose de nuevo en ella cuando la escuchó hacer un sonido victorioso. No podía ver lo que ella había encontrado, pero parecía extasiada, su rostro estaba iluminado con su sonrisa. Van se sentó en la cama, tratando de obtener una mejor vista de lo que estaba haciendo, o vislumbrar el objeto que la empujó a desencadenar tal pandemónium en su armario. No tuvo la oportunidad de ver el artículo antes de que sus ojos fueran atrapados por los movimientos de Hitomi desnudándose. Descartó su playera desmangada sin una mirada del vidente hacia donde aterrizaría, luego sus pantalones se deslizaron por sus largas y suaves piernas, revelando sus pantys blancas. Van casi se traga la lengua ante la escena frente a él, la voluptuosa parte posterior de Hitomi se balanceaba delante de él y gracias al reflejo en el espejo, podía ver cómo sus movimientos hacían que su pecho aún cubierto rebotara. Se veía tan feliz e inocente, sin embargo, el hecho es que estaba en ropa interior moviéndose casi pecaminosamente frente a su novio.
Van sintió que sus mejillas se calentaban, pero no podía apartar los ojos del cuerpo de Hitomi. La observó hipnotizado mientras las manos de ella se alcanzaban la mitad de la espalda. Mientras disfrutaba de la vista de su amada vidente desnudándose, una parte de su cerebro tomaba nota de cómo ella se quitaba el sostén. El rápido giro de su dedo en el clip lo recordaría para un uso futuro, nunca lo admitiría, pero siempre había sentido curiosidad por cómo se colocaba aquella prenda después de que enterarse de su existencia. Además, él amaba la idea de desnudarla por completo con sus propias manos.
Vio cómo las correas se deslizaban repentinamente sobre sus hombros y comenzaban a caer. El ligero movimiento hizo que su corazón latiera más rápido, lo que le hacía desear reemplazar las correas por sus labios. Sintió su sangre correr hacia su virilidad, mientras el reflejo le mostraba cómo las copas de tela abandonaban la deseable carne de su amada, cómo recuperaban su forma y lugar natural, ya no estaban restringidos por el material sedoso de su sostén. Cuando conoció a Hitomi a los quince años, ella no mostraba muchas curvas, pero ahora, con casi dieciocho años, tenía las curvas de una mujer madura. Cuando la prenda llegó al suelo, él observó sus pechos, su plenitud hacía que sus manos picaran por tocarlos. Sus pezones de color rosa se erguían orgullosos, casi arrogantemente, burlándose de él, y su incapacidad por tocarlos. Todavía sentado en la cama, Van cerró los ojos por un segundo para concentrarse en otra cosa. No importaba la cantidad de visiones que tuviera de Hitomi desnuda, siempre lo dejaba hipnotizado, en este momento, sin embargo, era un golpe a su cordura.
Él volvió a abrir los ojos con la resolución de mantenerlos sobre la espalda de la joven y no en el reflejo de su parte frontal. No podía interferir con la visión y no era un santo, ¡pero tampoco un pervertido! Así que mantuvo los ojos en su espalda.
La extención de su espalda era una vista deliciosa para él. Como el resto de ella, estaba finamente tonificada, la piel suave y una imagen de vitalidad. Cada respiración tomada por Hitomi hacía que su cuerpo entero se moviera ligeramente, un sutil movimiento de los músculos de su espalda. La curva de su espina dorsal era su enfoque principal, desde la parte superior de sus hombros, donde sus largos mechones rozaban delicadamente la piel, hasta la parte baja de su espalda, donde sus bragas se abrazaban a sus caderas. Podía fácilmente imaginar sus dedos deslizándose a lo largo de aquella piel de arriba a abajo, trazando patrones y leyendo su piel como un mapa.
Sus omóplatos llevaban las marcas del sujetador y él con gusto le ofrecería un masaje para calmar aquellas marcas rojizas, solo para sentir la cálida piel debajo de sus manos y escucharla respirar más profundamente con su toque, imaginar la escena lo estaba endureciendo. Tuvo que contener un gemido cuando Hitomi estiró la espalda, arqueando la columna y girándola de izquierda a derecha. Era como ver a uno de los bailes tribales de los hombres lobos en el pueblo de Rum en Arzas durante el solsticio de verano, aunque éste era mucho más erótico para Van. Su sangre corría hacia el sur y tuvo que recurrir a todo su autocontrol para permanecer sentado sobre la cama y no marchar hacia ella para dejar que sus manos cayeran sobre su espalda.
Las puntas de sus dedos picaban por recorrer todo lo largo de la curva de su columna, jugando con la velocidad y presionando para verla retorcerse. Él sabía que Hitomi era cosquilluda, solo necesitó atraparla una vez para descubrir esto durante una de sus visitas. Él recordó su puchero cuando trató de tomar represalias y no obtuvo una reacción de él. Entonces sus ojos quedaron atrapados en su espalda baja. Sus hoyuelos de Inari * lo tenían hipnotizado, él sintió la extraña necesidad de dejar que su lengua los recorriera y se sumergiera en ellos. A pesar de que lo intentó, la mirada de Van siguió bajando hacia el trasero de la vidente, vestida con algodón, era redonda y nunca antes había tenido la oportunidad de estar tan cerca de esta parte de ella. La prenda creaba una pequeña depresión al hundirse las costuras en su carne, sus ojos devorando cada milímetro de piel cubierta o expuesta, luego su vista se vio obstruida por algo rojo.
Saliendo de su fantasía, Van se sorprendió y se decepcionó un poco al darse cuenta de que Hitomi se había cubierto a sí misma. Trató de razonar consigo mismo, era normal que ella no fuera a seguir observando su propia figura en el espejo, estando aún en bragas, solo para complacerlo. Hitomi se había puesto una camisa roja, demasiado grande para su delgado cuerpo, pero dejó escapar un pequeño suspiro de satisfacción una vez vestida con ella. Obviamente era una camisa de hombre, cubriendo hasta el vértice de sus muslos. Estaba un poco molesto de verla con la camisa de alguien, se le veía bien y poniéndolo celoso de solo pensar que alguien le diera su camisa por cualquier motivo. Lo peor era verla usarla felizmente. La miró a través del espejo para juzgar su expresión, sabía que probablemente estaba celoso por nada, pero a veces la amaba tanto, que dolía. Se sorprendió cuando vio la parte delantera de la camisa en el espejo. Reconoció la camisa como una de las suyas, roja y holgada, con una profunda forma de V en el cuello, ligeramente cerrada por una cuerda blanca. La forma en que ella había adquirido una de sus camisas era un misterio y esta se veía vieja, el color se había desvanecido un poco, si él la usara ahora, probablemente le quedaría demasiado pequeño.
Hitomi se dio la vuelta y Van tuvo una maravillosa vista de su escote. El cuello de la camisa era grande, se veía enorme en ella y la cuerda blanca apenas se cerraba sobre su pecho. De hecho, el nudo de dicha cuerda caía justo entre sus pechos. Mientras caminaba alrededor de su habitación para apagar las luces, Van estaba fascinado por la vista. Hitomi llevaba puesta su camisa, a altas horas de la noche, con la más que probable intención de dormir con ella y no llevaba nada más aparte de un par de bragas. La última luz en la habitación era su lámpara de noche, el brillo tenue hacía que la escena fuera más íntima en comparación con el inconsciente striptease que había presenciado hacía un momento. Con esta iluminación más suave, las sombras bailaban sobre su forma, mientras que la luz sobrante destacaba partes de ella, como las piernas o sus delgados brazos. Cuando ella se acercó a la cama, él observó atentamente cómo se veía la camisa por encima de sus curvas.
¡SU CAMISA! ¡DE ÉL!
Ella estaba prácticamente transmitiendo su relación y cómo se pertenecen entre sí, solo por tenerla en su poder. Ver a Hitomi vestida así era demasiado para su cerebro ya bastante nublado. Apenas podía concentrarse en cómo el cuello abierto mostraba una parte de su escote, o cómo con cada paso el material rojo subía por sus muslos. No vio cómo la ligera caricia de la tela cerca de su ingle le puso la piel de gallina. Cómo hizo que sus pezones se levantaran, apenas mostrándose contra la ropa suelta en su torso.
Van se recuperó cuando Hitomi retiró las sábanas y se inclinó para acostarse en la cama. Además de tener una fantástica vista del interior de la camisa, anteriormente suya, él se echó hacia atrás para dejarle espacio en la cama. Fue un poco extraño, la vio mover las mantas mientras estaba sobre ellas, pasaron a través de él, pero no lo hizo. No sentía nada. Lo que podía sentir, sin embargo, era su sangre cantando por atraparla en sus brazos y abrazarla contra su pecho, besarla intensamente y su deseo por ella, hacerla suya y dejarla usarlo para complacerse. Cuando Hitomi apagó la última luz y se acomodó bajo las mantas, Van se encontró acostado detrás de ella, curiosamente bajo el calor de sus mantas, sin mover un músculo. Mantuvo sus manos para sí mismo, incluso si ella no las sintiera, de todos modos y con su estado de emoción, tal vez fuera lo mejor. Todavía dejó escapar un sonido de alegría cuando Hitomi se acostó y la camisa se enrolló alrededor de su cintura en lugar de sus caderas. Ahora, incluso si estaba cubierta por la manta, una parte de su tonificado estómago estaba al descubierto, lo que era un sueño hecho realidad para él. Ambos acostados y apenas vestidos. En realidad, Hitomi usando su emblemática camisa roja, era una ventaja en este punto.
No había sentido realmente un propósito para esta visión hasta el momento y había presenciado bastantes cosas más temprano, por alguna razón esta visión no había terminado. ¿Qué se suponía que significaba? Mientras el débil sonido de la lluvia afuera se volvía audible, Van se enfocó en el sonido que su amada emitía. Gracias a la visión, podía ver la espalda de Hitomi y su forma, pero el resto de la habitación simplemente había desaparecido en la oscuridad de la noche. No era mucho, pero lo suficiente para verla moverse y alcanzar algo debajo de su almohada. Para tener una mejor vista, él se apoyó en su codo, observando cómo ella retiraba la mano, un débil resplandor escapaba de entre sus dedos. Él no tenía una buena vista de lo que era, hasta que ella abrió la mano cerca de sus labios. Si acaso soltó un gemido, nadie lo escuchó, pues que lo que estaba presenciando no era algo que pudiera expresar con palabras.
Hitomi no solo había recuperado una de su camisa, sino también una de sus plumas. Dicha pluma todavía era de un blanco resplandeciente y se veía bien cuidada, por lo que podía apreciar. Sin embargo, lo que hizo que Van gimiera no era la pequeña colección de Hitomi, sino el hecho de que estaba besando aquel recordatorio de su maldición con ternura. No estaba seguro de lo que debía sentir y no tuvo la oportunidad de sopesar sus sentimientos a profundidad, mientras Hitomi colocaba la pluma cerca de su pecho. Su mano recorrió la longitud lentamente, su respiración cambiando sin motivo para Van. Hasta que se dio cuenta de que no estaba seguro de dónde estaba la otra mano ...
No estaba muy lejos, obviamente, pero era como si un relámpago hubiera caído en sus nervios al darse cuenta de que aquella mano estaba entre sus piernas, frotando su piel con la misma ternura que aplicaba a su pluma. Su respiración se estaba acortando y con cada toma de aire, la piel expuesta de su pecho entraba brevemente en contacto con su pluma, provocando pequeños ruidos de placer en su garganta. Después de unos minutos, Hitomi dejó escapar un gemido de tono bajo que hizo que cada cabello de el cuerpo de Van se pusiera en punta. El sonido de puro placer que brotaba de ella, mientras sus dedos bailaban en un baile lento, aparentemente bien conocido, fue enloquecedor. El cuerpo entero de Hitomi temblaba por las sensaciones, mientras que el de Van estaba tenso por la necesidad y el deseo, observándola buscando un alivio que él podría darle si la más mínima posibilidad se presentaba, era una tortura. Saber que él era el tema de su fantasía era a la vez halagador y otro tipo de tortura. Estaba atrapado en una visión, no podía actuar, solo ser testigo de cómo su cuerpo lo estaba llamando, y su nombre escapaba de los labios de su amada con necesidad.
Su propio cuerpo no era ajeno a un desahogo manual, sin embargo, ver a Hitomi actuar así era algo completamente distinto. Ella era a quien él evocaba en esos momentos, pero nunca había imaginado que ella podría estar haciendo lo mismo. La realización prendió fuego a su mente, las imágenes que se formaban en su cerebro lo dejaron sin aliento. Apretar su puño hasta el punto del dolor no lo ayudó a calmarse, su sangre corría hacia su verga en venganza. La erección que había tratado de ignorar hasta ahora, ahora imposible de ignorar. Él debilmente había pronunciado el nombre de ella, era demasiado para él, ella le estaba robando la cordura con cada segundo, lo que podía ser una eternidad propia. En su febril necesidad de estar cerca de ella, cerró la distancia que quedaba entre sus cuerpos, presionando su forma no corporal a la de ella. Su pelvis buscando el calor de su trasero y sus brazos rodeando su cuerpo. Su respiración era fantasmagórica contra su nuca, sus labios buscaban desesperadamente el contacto con su piel, deseando fervientemente ser detectado. Sus manos alcanzaban las de ella en sus puntos de placer, entre sus piernas y en su pecho. Estaban casi tocando la de ella, intentando aprender con ellos como guías, los movimientos exactos para darle placer. Aparte del aliento estremecedor de los jóvenes amantes, el único sonido era la lluvia afuera que se había intensificado hasta casi cubrir los latidos atronadores del corazón de Van en sus oídos.
Lo que debió haber sido el sonido de un aguacero, de repente se convirtió e silencio y Van levantó la cabeza de su posición para ver de qué se trataba. Fue con rabia que se encontró a sí mismo de nuevo en su habitación en Fanelia, su cuerpo gritando con necesidad y su respiración entrecortada. Afuera, los primeros rayos de sol llegaban a su balcón. Debía haber llovido durante la noche, porque en dicho balcón, una de las plantas recién brotadas de una maceta, le mostraba una única gota de agua desliándose pecaminosamente por una de sus hojas, atrapando un rayo de luz, volviéndola atrayente a la mirada. Ante aquella vista, Van podía jurar que había escuchado a Hitomi gemir su nombre en su oído con un un tono de placer recién liberado. No necesitaba moverse para saber que no la encontraría a su lado, debajo de las sábanas, si se daba la vuelta y el hecho le dolía parcialmente. Sin embargo, también era un alivio, porque realmente dudaba que pudiera haber actuado como un caballero si ella estuviera en su habitación en este momento, era mejor para ambos si sus impulsos más bestiales no se mostraban antes de un largo rato. Ahora que estaba completamente despierto, claramente necesitaba lavar los restos de su última visión de ensueño. Antes de esta noche, había pensado que estaba aburrido, pero gracias a Hitomi, el aburrimiento era algo que nunca volvería a contemplar. Ahora tenía más que suficiente para llenar sus días y su mente distraída, o bien sus manos.
Era bastante probable que durante la próxima estancia, Hitomi perdiera un poco de sueño y fue con este agradable pensamiento y una sonrisa juguetona que Van se levantó de la cama por un nuevo día de reconstruir de su país.
Notas de la autora: ¡Hecho! ¿Qué piensas?
* Si te estás preguntando cuáles son los hoyuelos de Inari que utilicé, es simple: los dos hoyuelos que tienes en tu espalda baja se llaman "hoyuelos de Venus". Su nombre en realidad son "hoyuelos sacro-ilíacos", pero comúnmente se llaman hoyuelos de Venus.
Ahora, para estar más en el universo, me permito teorizar que en Gaea conocen estos hoyuelos, pero puede tener otro nombre para ellos. Dado que aqui llevan el nombre de la diosa romana del amor y la fertilidad, y tomando en cuenta que La Vision de Escaflowne es un anime donde cada gran reino es un reflejo de una era histórica y un país, y Fanelia representa al Japón feudal, ¿por qué no usar una deidad japonesa?
Inari es el dios de la fertilidad en Japón, para mí era lógico que los fanelianos usaran su nombre. (Sé que Inari también puede cambiar de sexo). Supongo que cada reino podría usar una deidad para el nombre, pero el hecho es que sigue siendo lo mismo. Sabemos poco sobre las creencias en la serie, así que usé lo que pude. No es mucho, pero es realmente satisfactorio jugar con ello.
Notas de la Traductora:
Admitámoslo, estuvo bastante cardíaco este capítulo, me pregunto porqué Miniclio aún no lo coloca en el lugar que va... bueno, si ella lo mueve al sitio adecuado, prometo hacerlo yo también, por cierto, mil disculpas por el retraso, pero, el capítulo ya está aqui, ahora si, se los prometo, se los juro, es el penúltimo, el capítulo once es el Gran Final, el Premio Mayor, la Cereza del Pastel... ya me darán la razón después, intentaré traducirlo pronto, aunque no prometo nada, de nuevo, mil disculpas.
Por último, muchísimas gracias a Caro y midori-chan por sus comentarios, ya han sido traducidos y enviados a Miniclio San.
SARABA
