Disclaimer: La historia es de mi pertenencia, en ella sólo utilizo sin ningún fin de lucro, a los personajes de Naruto, cuyo creador es Masashi Kishimoto. Está prohibido re-suban esta o cualquier otra de mis historias, o adaptarlas.

Beta: Caripradi -sigan su página en fb, hace dibujos hermoso

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Es cuando él toma su mano, cuando su piel roza la suya es que algo identificable recorre su cuerpo.

Una sensación extraña.

Y es notorio en su rostro un cambio luego del breve contacto, que sus ojos se agradan y miran hacia los ojos de esa persona frente a ella, como queriendo saber la respuesta de una pregunta que no sabe formular.

Ojos negros le miran también -porque ella le había estado observando, que pudo notar el breve cambio, como sorpresa y confusión en su rostro, que tan sólo duró segundos, pues él, a diferencia de ella, supo componer su semblante, mostrándose indiferente.

Ella no estaba al tanto del tiempo qué pasó, ni que seguía sujetando la mano de ésta persona, pero es que alguien más aclara su garganta, que ella recuerda que no están solos. Al contrario, un salón lleno de personas que se han detenido y han sido testigos de la extraña demostración que ella estaba dando.

Demasiado consciente, la chica suelta esa mano, como si el tacto fuera ácido, y da un paso atrás, pero sus ojos aún le mira. Insegura. Su acompañante suelta una breve risa.

—Sé que Sasuke puede parecer el villano de una historia, pero sólo es su rostro gruñón, no tienes que preocuparte —Kakashi, su acompañante habló, tratando de aligerar la tensión que cada segundo se iba acumulando. Desafortunadamente su intento no tuvo éxito. —Sakura, quizá quieras ir a saludar a tu antigua mentora.

La mencionada tardó en responder, aún demasiado renuente en dejar de ver al joven que acababa de conocer.

—Claro.
Dijo un instante después, rompiendo el enlace de miradas que estaba teniendo con aquel pelinegro, al fin dando su atención a su acompañante. Trató de sonreír, pero por una razón desconocida esta era una mueca forzada.

—Sasuke, nos vemos luego. Salúdame a tu hermano. —El mencionado no respondió, y tal parece Kakashi no esperaba que lo hiciera, porque su mano se posó en la espalda de la pelirrosa, señal que indicaba debían moverse.

—Ha sido un gusto, señorita Haruno.

Y es la profundidad de esa voz, que a ella le eriza la piel y aumenta esa extraña sensación en su ser.

Inexplicablemente, ella quería correr.

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El regresar a su ciudad natal, luego de tanto tiempo en el extranjero, debía de hacerle sentir contenta, emocionada. Pero al contrario, había en Sakura emociones confusas. Estas tenían un origen, y era ese motivo el que le hacía consciente de cuán extraño todo era. Porque desde aquella noche que había salido con Kakashi a cenar -junto a él y su antigua maestra y compañera -es que el adulto le presentó a ese joven. Sasuke, su mente invocó su nombre, reacia a dejarle en el olvido.

Era que cada momento a solas o incluso cuando estaba con alguien más, que tras sus parpados podía verle. Su imagen quemaba en su memoria, su voz reproduciéndose en su mente. Una urgencia en su ser, una incomodidad que no podía nombrar. Fue un encuentro sin importancia de una persona irrelevante en su vida o futuro, pero incluso tratando de razonar así, que ella no entendía por qué su mente seguía invocando a esa persona.

—Despabila, —se dijo a sí misma. Se estaba hartando de actuar así. —No importa, porque no hay manera de que alguna vez vuelva a verle.

No quería gastar su tiempo en pensamientos tontos.

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Lo que Sakura no sabía era que las casualidades no existen. Y una vez que tú conoces a alguien, que intercambias palabras o simplemente compartes una mirada, esa persona ya forma parte de tu vida, que estás destinado a enlazar tu futuro con dicha persona.

Y así fue.

Y cada vez que se veían un mismo patrón se llevaba a cabo. Intercambiaban un breve saludo, y sus ojos se miraban fijamente. Un silencio prevalecía, pero la atmosfera a su alrededor se iba haciendo cada vez más grande. En ocasiones era Kakashi quien le acompañaba a ella, y siendo así que inevitablemente ellos se acercarían a intercambiar palabras con el misterioso pelinegro. Sakura odiaba eso. Le creaba una ansiedad.

En otras ocasiones estaba sola, no había nadie que le obligara a interactuar con él. Ya fuera en la entrada de un establecimiento, o al otro lado de la calle –desgraciadamente era ahí que Sakura se daba cuenta de cuan pequeña era la cuidad de Konoha- y verle era inevitable. Como un poder magnético, de manera inconsciente su rostro se levantaba o giraba, y sus ojos se movían brevemente sólo para vislumbrar una figura que su memoria había grabado. Ojos de un negro profundo, rostro de facciones bellas, pero impasible. Eran esas ocasiones que Sakura odiaba más, pues su ser añoraba algo, su cuerpo tenso, esperando a reaccionar de manera desconocida para ella.

Ridículo.

—Tú de nuevo —Con cada encuentro era que el humor de Sasuke parecía oscurecer. Sakura notaba en su voz el hastío y molestia dirigida únicamente a ella.

Era mutuo el desagrado. Ambos lo mostraban, luego del primer encuentro, cada breve ocasión donde notaban la presencia del otro, que ambos jóvenes no tenían la tolerancia entre ellos. Una sutil agresividad les rodeaba, una repelencia.

Pero el destino se encaprichaba en conectarles.

—Uchiha-san —Replicó ella, conteniendo el ácido de su voz.

Demasiado extraño, Sakura Haruno no solía comportarse así con las personas. Sasuke elevó su mentón, en parte como reconocimiento al "saludo" de ella, y en parte como despedida. Sin duda, ellos no debían cruzar camino.

Y sin más que decir que el pelinegro comienza a caminar, pasando a un lado de ella.

Nada más, solo el mismo patrón de siempre. Verse, detestarse... Ignorar la tensión, para luego no poder dejar de pensar en él hasta su próximo encuentro.

No era más fácil ignorar, al contrario, se estaba volviendo agotador.

Y es así, sorprendiéndoles a ambos, que ella decide darle marcha al destino.

—¡Uchiha-san! —Su voz elevada, nerviosismo o negación, no sabía cuál, pero lo suficiente para hacerle detener. Para que las personas alrededor voltearan a verle. Pero ellos no importaban, no. Eran esos ojos negros que le miraba con precaución, con ciertas emociones que parecían un manojo de molestia y luego confusión cuando ella continúo. —Uhm, Sasuke-san… ¿te importaría acompañarme…? —la pregunta quedó en el aire, inconclusa, pero era bastante obvio a que se refería ella. Estaban justo afuera de un café. El olor de dicha bebida traspasaba las puertas.

¿Por qué?

¿Por qué ella le sugirió eso? No se toleraban, apenas si eran conocidos. Ella tampoco sabía el motivo, fue sólo un impulso, de lo que sí era consciente era del nudo en su estómago y del repentino nerviosismo que le invadió al esperar la respuesta de él.

—¿Por qué? —él vociferó la misma pregunta que su subconsciente le había dado. En ese momento Sasuke mostraba precaución, sus ojos negros taladraban suspicacia y desconfianza en ella. No sabía qué responder, era notorio. Quizá por eso, en cuanto ella pasó saliva y entreabrió sus labios para responder —¿qué iba a responder?— que de cualquier manera él le interrumpió. Fue cortante, rápido y sus palabras enlazadas de desagrado. —No. Hasta luego, señorita Haruno.

Y dio la vuelta, retomando la partida que había sido interrumpida por la pelirrosa.

Ella se quedó ahí, viéndole caminar sobre la acera, evitando contacto con cualquier persona que caminara cerca. Sólo su cabello rebelde siendo movido por la insistente brisa, su espalda fuerte e inalcanzable ser.

El rechazo debería doler más, suponía.

Pero sólo un poco de desilusión le envolvió, porque ella en realidad no estaba interesada de él, cierto.

Sakura no sabía qué eran esas emociones, ni qué era lo que realmente esperaba. Sólo sabía que era algo, había algo. Iba más allá de desagrado.

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No había evitado verle. Al contrario, desde esa vez frente al Café que Sakura era más consciente de él, o bien, la falta de su presencia. Sus ojos siempre parecían buscarle entre un mar de personas. Su mente se remontaba en las breves interacciones, su cuerpo intranquilo. ¿Se había mudado? No tenía cómo saber. Bien, estaba Kakashi, pero ella sentía que no podía preguntarle tal cual. Claro, ¿cómo podía ella preguntarle a su pretendiente por el paradero de otro chico?

Así que fingía. Sakura sonreía a sus amigos, aceptaba la mano de Kakashi, salía con él y reía de la vida. Ojos verdes siempre atentos a las palabras de las demás personas, aportando a las conversaciones.

Pero eran segundos que su atención se perdía en la imagen de una persona. Eran sus ojos que no paraban de buscar por Sasuke Uchiha. Era que ella sonreía ante su caballero de brillante armadura, pero su mente conjuraba a un hombre más joven, ojos color ébano y cabello igual de oscuro, rebelde.

Fueron semanas desde que ya no lo veía. No lo topaba y no había escuchado de él.

La confusión era ignorada, la tensión se iba, dejaba la intranquilidad y el sensación de frustración, como si algo que debía pasar —que esperaba pasara— simplemente se evaporaba.

Así, componiendo su mejor sonrisa, ella enderezó los hombros y aceptó la mano de su acompañante. Vestía de manera elegante, rojo carmín su vestido, una abertura que mostraba su pierna derecha hasta el muslo —sólo cuando caminaba. Y era provocativa, seductora, pero no vulgar. No, ella lucía demasiado bien, y cualquiera que le mirara podría corrobóralo. Ella lo sabía, y su ego estaba alto. Junto a Kakashi proyectaban una buena pareja, sofisticada y envidiada.

Encajaban bien, y en esa fiesta de alta sociedad ellos eran unos más entre varios. Pero la novia de Hatake Kakashi destacaba, eso no se negaba. Vistiendo aquel rojo llamativo y sonrosado cabello rosa, ella era una mujer joven, hermosa e inteligente, educada. El perfecto par para Kakashi, eso decían aquellos que intercambiaban palabras con la pareja.

—Gracias —Sakura sonreía con educación, mientras que Kakashi no decía mucho al respecto, siempre manteniendo su mano en la espalda de ella, educado, respetuoso.

Esto era lo indicado. La tranquilidad, la seguridad y la complacencia. Esa era su vida, su destino. Ella lo aceptó, la propuesta de Kakashi por salir. El iniciar una relación. Se sentía tranquilo, ameno.

No había pasión desbordante ni deseo enloquecedor, pero no era algo que Sakura alguna vez buscó. No era algo que necesitaba o aspiraba por tener.

No fue algo que alguna vez anheló.

—Oh, Sasuke.

Y todo autocontrol se rompió.

Inaudito, cuán grande el deseo de girar su rostro de inmediato a donde Kakashi dirigía su saludo. Nunca antes ella se había dado cuenta de cuán grande su autocontrol era. Un simple nombre había logrado romper la tranquilidad que había luchado por recuperar en esas semanas.

Sakura era orgullosa, así que simplemente mantuvo su posición. No se movió, seguía dándole la espalda, reacia a reconocer la presencia de esa persona que le había estado provocando los más desconocidos sentires.

Pero no podía permanecer en la misma postura todo el rato -a pesar de que ella deseaba que Sasuke se alejara, no le toleraba a después de todo, ¿no?

La mano de su acompañante le guio de nuevo, era evidente lo que se esperaba. A regañadientes, ella giró su cuerpo hasta estar frente al hombre que había supuesto no volvería a ver.

—Joven Uchiha.

—Señorita Haruno.

El intercambio de saludo fue lo más frío y cortés por parte de ambos, nada relevante entre su círculo social. Sin embargo, si alguien notaba la pesadez que se instalaba, no se mencionó.

—No esperaba verte. ¿Qué te hizo cambiar de opinión? —Kakashi, cuya mano aún estaba en contacto con la espalda de la pelirrosa habló. No estaba al tanto del ambiente.

—Itachi tiene maneras de que los demás acaten su voluntad. —Sakura notó como el joven Uchiha mantenía su vista y atención en el hombre mayor. Se dirigía sólo a él.

Kakashi rió ante el comentario de Sasuke, y continuó hasta entablar una conversación. Sakura maldijo eso. La personalidad de su pareja era una bastante tranquila, a veces hasta desinteresada. Era de los que se dejan llevar por la corriente, y rara vez tiene problemas con alguien. Sin embargo, pocas personas Sakura conocía fueran de sus favoritas. Si, Kakashi era amable, pero tal parecía que tenía una historia más grande con Sasuke, una relación más amena, más de confianza.

Envuelta en sus pensamientos, tratando de apagar todos sus sentidos y hacer como que ese joven de profundos ojos negros no estaba frente a ella. Queriendo apagar las sensaciones que su voz provocaba, y la tensión en su cuerpo debido a la poca distancia.

Sakura podría haber saltado de alivio cuando Kakashi comenzó a excusarse, obviamente la conversación con el joven había terminado.

—Hotaru-sama me llama, —medio apenado decía. Sakura suspiró, alivio en todo su cuerpo, pues recuperaría la distancia de ese joven. Recompuso su sonrisa, y su mano recayó en el brazo de él, lista para alejarse. Pero su sonrisa queda congelada cuando la propia mano de su pareja sostiene la de ella y la aleja de su brazo, rompiendo el enlace. —Quizá prefieras no ir. Será más aburrido, ¿Por qué no me esperas aquí con Sasuke?

—¿Qué? Pero sería mejor si fuera contigo, quiero decir, estamos juntos y-

—Lo sé, pero el consejo tomara bastante rato. Además, sabes lo que opinan de las personas externas.

Sus hombros recayeron, inaudito lo que sucedía. ¿Por qué Kakashi sonreía como si nada, cuando ella se estaba derrumbando por dentro?

—Sasuke, lamento esto, pero acompaña a Sakura. Los jóvenes se sienten más a gusto entre sus iguales, ¿no?

Sakura quería retomar esa mano, enlazarla con la suya y rogar que no le permitiera ir con él. Sin embargo estaba demasiado estática, incrédula. Ojos verdes se agrandaban, labios entre abiertos y aire atorado. Pasar saliva se volvió difícil, la consciencia de su cuerpo se hacía más grande, y cuando una mano desconocida toco brevemente la piel de su hombro, Sakura no pudo evitar respingar.

Por su expresión, se podía notar que Sasuke estaba ofendido por la reacción de la chica, incluso molesto por la misma.

—Lo siento —Apenas audible ella habló, lamió sus labios, su boca se sentía seca.

—Da lo mismo. —su tono indiferente, mirada en otro lado.

Estuvieron callados por varios minutos, y con cada uno que pasaba la tolerancia se hacía más pequeña. Sakura sentía querer gritar, aunque no había una razón.

¿Por qué? ¿Por qué se sentía tan ansiosa, su cuerpo tan tenso?

—Señorita Haruno.

—¿Uhm? —¿De verdad él rompía el silencio?

—¿Me acompañarías? —Su rostro levemente inclinado, apuntando hacia la barra donde el barista contratado preparaba las bebidas. Tan casual, como si no le detestara. Aquí otra duda surgió en ella: ¿Qué tanta influencia tenía Kakashi sobre Sasuke, como para que el joven llevara a cabo la tarea de hacerle compañía a alguien que no toleraba?

Mientras cavilaba, Sakura le siguió, algo pensativa, pero no tan distraída como para olvidar mantener la distancia entre ellos.

Llegaron hasta la barra, estaban lo bastante alejados de las personas ahí, y Sakura se da cuenta que cierto peso se borra de sus hombros. Siempre era cansado mantener la imagen pulcra y sofisticada que debía tener en ese tipo de eventos, con esa clase de personas. Al menos el agradarle a Sasuke o crearle una impresión diferente no era prioridad de ella. Mientras el barista preparaba las bebidas que habían pedido, Sakura mantuvo la vista en las personas de ese salón. Cierto era lo que decía Kakashi, sin contar a Sasuke y a ella, debía de haber al menos otras cinco personas jóvenes de la edad de ambos.

—Tu bebida.

—Gracias. —Silencio. Pesado silencio. —Lamento que Kakashi te haya obligado.

—Hn.

—No eres alguien de muchas palabras.

—Al contrario de ti, que hablas demasiado.

¡¿Ah?! Ella pudo replicar, en serio que sí, pero las palabras se quedaron atoradas en su boca al vislumbrar la breve sonrisa en el rostro de ese hombre, y en sus ojos negros un brillo de diversión. Eso fue breve, pero lo suficiente para que esa imagen -igual que muchas otras de él- quedara impregnada en la memoria de ella. Sakura se limitó a tomar su bebida, concentrada en mantener a raya la masa de emociones confusas dentro de sí.

—Yo no actúo por mandato de nadie. —Completó él, a lo anterior que dijo ella.

Sakura volteó rápidamente, justo al momento de ver sus labios tocar el cristal de la copa. El movimiento sutil de su bien definida mandíbula, de la manzana de adán. En su mente, la imagen fue erótica.

Ella no sabía cómo se estaba mostrando ante él, nada sutil el escrutinio que tenía sobre Sasuke. Labios entre abiertos, ojos verdes enfocados en cada plano que tenía a la vista. Siguiendo sus sutiles movimientos, recorriendo con sus ojos su piel, su mentón, sus labios… hasta toparse con un par de ojos negros.

Ella retrocedió un paso cuando él avanzó un poco más hasta ella. Su brazo pasó sobre el de ella, esto era para dejar su copa en la barra. Sakura contenía el aliento. Esa era la primera vez que ellos estaban así de cerca, y no sabía cómo explicar sus pensamientos.

El calor llegó a ella como un golpe, pena -¿por haber sido descubierta? ¿O por sus evidentes pensamientos?

—Realmente, no es un favor a Kakashi. Al contrario. —¿Que era esa firmeza en su voz? Su profunda, hechizante voz. Lo dijo acompañado por la seriedad de sus hipnotizadores ojos. Sakura no podía desviar su vista.

—Entonces… ¿Por qué estás aquí? —conmigo.

—Simplemente decidí ya no oponerme a esto.

—¿A qué te refieres? —Ahora era ella la que se mostraba insegura. ¿Cómo no, con tantas preguntas y pocas respuestas? Este hombre… este hombre era un creador de tumultos e inseguridades en ella.

No, era más que eso.

Expectativa. Pasión. Anhelo. Necesidad… todo lo que había estado siendo suprimido, y que ella trataban de nombrarle de otra forma, de expresarlo en forma de desagrado.

—No hay manera en que esto no vaya a suceder, Sakura.

No se tocaban, no había un acercamiento físico, solo se miraban. Tomando sin pena en cada rasgo de sus rostros, enlazando sus miradas de la manera más íntima que alguien pudiera imaginar. La gota que derramó el vaso fue cuando Sasuke dijo su nombre que ella lo entendió.

Había una historia que se desarrollaría entre ellos, una que se sabía bien traería arrepentimientos después. Eso era algo que ambos trataron de ignorar la primera noche que se conocieron.

Quizá si trataban de detener eso por cuanto pudiera, quizá si…

No, no había manera en que pudiera seguir deteniéndole.