Sophie
Hay un lugar llamado Pogo's.
A veces me gusta ir después del trabajo. Es un lugar agradable donde la risa excesiva nunca es un problema. Ahí las personas hacen comedia en vivo. Se paran delante del público y cuentan sus bromas. Siempre me siento en una mesa pequeña, de esas que tienen solo una silla. Me aseguro de llevar conmigo mi cuaderno. Intento aprender más para poder ser un buen comediante. Para eso es importante anotarse algunas cosas. Por ejemplo, parece que los temas sexuales siempre son graciosos, aunque no entiendo muchos de esos chistes. También noto que es importante el tono de voz que uno utiliza y los gestos que uno hace con las manos y con la cara. Debo trabajar un poco más en mis bromas, y entonces cuando esté listo, me presentaré aquí. Me pregunto qué se siente estar en esa tarima, con todas esas luces y toda esa gente mirándome. Imagino sus aplausos...sus risas... sí, sería extraordinario!
"Quisiera ser comediante...sin embargo soy solo un payaso. Los grandes son lo que quieren. Los pequeños son lo que pueden."
En el trabajo tengo dos colegas, Randy y Gary. Randy es enorme y bastante gordo. Gary, por el otro lado, es un enano. Literalmente. Esta mañana cada uno de nosotros está alistándose para salir a trabajar. Randy se pinta la cara, al igual que yo. Gary no. Él no necesita disfraz. A veces usa sombreros extraños pero nada más. Gary me agrada. Él no se ríe de mí. Quizás porque todos se burlan de él...al igual que se burlan de mí.
- Oye Art- me dice Randall -Supe que tuviste algunos incidentes la semana pasada.-
- Ah sí...todo está muy loco ahí afuera.- le digo.
- Toma esto. Necesitas protegerte.- me dice, entregándome un pequeño paquete.
- Qué es ésto?
Lo abro con cuidado.
- Randall...se supone que yo no debo tener algo así.
Cómo se le ocurre darme una pistola?! Él sabe de mi condición. Se la quiero devolver, pero él insiste.
- Escucha, consérvala, Art. Me la pagas cuando puedas.
En verdad no la quiero pero Randall se va y me la deja. Guardo el arma en mi bolso, sin ninguna intención de darle uso jamás.
La terapeuta no tiene problema con que fume durante sus sesiones. Es una suerte, porque sin eso, me sería más díficil hablar.
- Podría darme una tarjeta nueva? La última me la quitaron...
- Si, claro. Aquí tienes. Cuídala.
-...
- Me contaste sobre una niña en nuestra última sesión. Quieres hablarme más sobre eso?
- Si, Gigi. Ella me visita cada noche antes de irse a dormir. No son ni cinco minutos, pero es la mejor parte de mi día. Es mejor aún que el show de Murray.
- Te visita?
- Sí, toca la puerta solo para desearme buenas noches y luego se va. A veces me trae algo y a veces me pide que le cuente un chiste.
- Su madre está al tanto?
- No lo sé...casi nunca la veo. Creo que trabaja hasta muy tarde.
- No es una buena idea que un hombre adulto reciba visitas de una niña pequeña sin que su madre lo sepa. Ella podría creer que tienes malas intenciones con su hija.
- Qué? Por qué dice algo tan horrible?!
No entiendo bien qué, pero percibo algo perverso en todo ese razonamiento.
- Gigi es amable conmigo...solo trato de ser amable también...no entiendo cuál es el problema con eso.
- No quiero decir que estés haciendo algo malo, Arthur. Solo digo que podría PARECER algo malo.
- Parecer?
Me disgusta el sonido de eso... cómo me dice eso?!
- JAJJAJAJAJJAJAJAJA
- ...Arthur...
Fumo un cigarrillo para tranquilizarme.
- JAJAJJAJAJAJ...No ve como están las cosas ahí afuera? Las personas ya solo se gritan entre ellas. Nadie tiene oídos para nadie. Nadie tiene tiempo, nadie tiene piedad...y usted me habla de lo que puede PARECER?
- Arthur, escucha...
- No no, usted escúcheme a mi una vez en su vida! Yo nunca le he hecho daño a nadie! Pero aún así, todos los días las personas me golpean, se ríen de mí y me maltratan. Eso no parece inquietarle tanto. Pero cuando una niña tiene compasión de mí, usted dice que está mal que yo le corresponda con un poco de cariño?
- Tus intenciones podrían malinterpretarse.
- Malinterpretarse? No entiendo lo que trata de decir...
- Tú mismo acabas de decir que el mundo está más loco cada vez...hay gente mala...
- No es necesario que me lo recuerde. Encuentro a gente mala todos los días. Para todos soy igual que una bolsa de basura como las millones que están botadas en las calles. El mundo está sordo para mí. Y la única persona que se compadeció de mí fue esta niña que se afligió cuando me vio llorar. Usted me ve llorar ahora y lo único que hace es prescribirme otra receta. Quizás si hubieran más personas como Gigi, yo no necesitaría todas esas píldoras...
Mi voz se quiebra y la frase termina en un sollozo.
- Arthur escucha, no quise alterarte...
Me seco los ojos con la manga de mi sweater.
- Solo deme la maldita receta por favor...me quiero ir ya.
Por la noche procuro preparar algo de cena para mamá y para mí. No tengo ganas de anotar nada en mi cuaderno hoy. Pero parece ser la única forma de descargar mis pensamientos en alguna parte. Mis pensamientos regresan al bolso donde ahora se encuentra un arma.
"Por qué Randy me daría un arma?"
Toc toc.
Levanto la vista de mi cuaderno. Esas no son las manos de Gigi. Suenan más fuerte, son manos de adulto. Quién podrá ser? Abro la puerta.
Es ella...de quien no conozco ni el nombre...trae una falda roja, una blusa negra y una cinta en el cabello. Se ve increíblemente hermosa.
- Ho- hola!
- Hola Arthur.
Ah, sabe mi nombre?
- Tienes un minuto? Quería hablarte de mi hija, Gigi.
- Ah, sí, claro.
- Me mostró el globo que le regalaste.
Y entonces recuerdo lo que me dijo la terapeuta.
- Ah sí...yo... perdón. Quizás no debí, yo...ella me hizo un dibujo y lo dejó delante de mí puerta. Yo...yo solo quería darle algo a cambio. Lo siento...no fue mi intención molestar...
- No, no. Está bien.- dice ella, su expresión se relaja y se ríe un poco.
-Yo solo quería conocer a la persona de la que tanto habla mi hija todo el día.
Hay curiosidad en su mirada y su voz es suave.
- Ah...bueno, yo...mi nombre es Arthur.
- Si, eso lo sé.
- Ah sí, verdad...
Ella ríe suavemente. Su risa es agradable, melodiosa...todo lo que no es la mía.
- Yo soy Sophie.
Sophie...es un lindo nombre...Sophie...
- Hola Sophie...
Hay un breve silencio y no sé qué decir.
- Arthur, te gustaría tomar una taza de té?
- Té?
- Bueno, si prefieres, puede ser café...
- Oh no, es decir sí...yo...
Me pongo muy nervioso y seco las palmas de mis manos en mi pantalón.
- Ehm, me darías un minuto? Veré que a mamá no le falte nada.
- Está bien, estaré calentando el agua...
